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Caputo acelera vínculos con Silicon Valley y Chevron mientras el Gobierno busca consolidar inversiones bajo el RIGI

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El ministro de Economía, Luis Caputo, mantuvo este martes una serie de reuniones con actores clave del ecosistema financiero y energético internacional, en un movimiento que el Gobierno busca capitalizar como señal de confianza externa hacia la Argentina de Javier Milei.

En el Palacio de Hacienda, Caputo recibió primero al empresario estadounidense Peter Thiel, uno de los nombres más influyentes de Silicon Valley, y luego a directivos de Chevron, compañía que evalúa una inversión de más de US$ 10.000 millones en el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

Las reuniones ocurrieron en un contexto donde el oficialismo intenta consolidar dos objetivos simultáneos: mostrar capacidad de atracción de capitales internacionales y reforzar políticamente el alineamiento del Gobierno con sectores empresariales globales vinculados a tecnología, energía e innovación.

Peter Thiel y el vínculo entre Milei y el ecosistema libertario global

Durante el encuentro con Thiel participaron también el viceministro de Economía, José Luis Daza, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

Según informó Caputo, la conversación giró sobre “numerosos temas de actualidad económica y geopolítica”.

La presencia de Thiel en Buenos Aires tiene una dimensión que excede lo estrictamente financiero. Cofundador de PayPal y primer gran inversor externo de Facebook, el empresario construyó influencia en el ecosistema tecnológico global a partir de inversiones en compañías como Uber, Airbnb, Spotify y SpaceX.

Semanas atrás ya había mantenido una reunión con Milei en la Casa Rosada, donde —según trascendió— se deslizó la posibilidad de inversiones en Argentina.

La cercanía ideológica entre Thiel y el Presidente también agrega una dimensión política al vínculo. El empresario estadounidense es identificado con posiciones libertarias y respaldó públicamente a figuras como Donald Trump.

En términos de poder, el acercamiento funciona además como una validación simbólica para la narrativa oficial de inserción internacional basada en desregulación económica, apertura de mercados y atracción de capital privado.

Chevron y el RIGI: el Gobierno busca mostrar volumen inversor

Horas después, Caputo recibió a ejecutivos de Chevron para avanzar en conversaciones sobre el proyecto de inversión anunciado recientemente por la compañía bajo el esquema del RIGI.

Del encuentro participó además el secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González.

Según informó el ministro, la empresa comunicó expectativas de mejoras de eficiencia durante el próximo año y una reducción del diferencial de costos respecto de la cuenca de Permian, uno de los principales polos petroleros de Estados Unidos.

Caputo confirmó además que dialogaron sobre el proyecto de inversión superior a los US$ 10.000 millones que la empresa había anticipado durante el viaje oficial del equipo económico a Estados Unidos.

El dato adquiere relevancia porque el Gobierno necesita mostrar casos concretos de adhesión al RIGI para fortalecer políticamente un régimen que el oficialismo considera central para atraer dólares, incrementar exportaciones y sostener el ingreso de capitales.

Energía, tecnología y geopolítica: la agenda que prioriza Economía

La simultaneidad de ambas reuniones refleja la hoja de ruta que intenta consolidar el Ministerio de Economía: captar inversiones en sectores considerados estratégicos y posicionar a la Argentina como un destino competitivo para capitales vinculados a energía, innovación y economía digital.

En el plano institucional, el Gobierno también busca convertir esos encuentros en señales hacia el mercado internacional, en momentos donde la administración Milei necesita sostener expectativas favorables sobre estabilidad macroeconómica y capacidad de financiamiento externo.

La presencia de figuras con fuerte peso global como Thiel aporta además un componente reputacional que el oficialismo intenta capitalizar tanto en el frente económico como político.

El impacto potencial para el NEA y las economías regionales

Aunque las reuniones estuvieron centradas en sectores tecnológicos y energéticos, la estrategia oficial de atracción de inversiones también podría tener efectos indirectos sobre las provincias y economías regionales.

El Gobierno apuesta a que un mayor ingreso de capitales permita sostener actividad económica, infraestructura y demanda de servicios asociados. En regiones como el NEA y Misiones, donde la economía depende fuertemente del consumo, la producción primaria y el comercio, cualquier mejora en disponibilidad de divisas o recuperación de inversión privada podría generar efectos secundarios sobre cadenas logísticas y actividad empresarial.

Sin embargo, hasta el momento no se anunciaron proyectos específicos vinculados a la región.

Un escenario que el Gobierno necesita convertir en resultados

La administración nacional busca transformar reuniones y anuncios en señales concretas de inversión real. El desafío político pasa ahora por demostrar que el RIGI y la agenda de apertura económica pueden traducirse en desembolsos efectivos y no sólo en gestos de respaldo empresarial.

La evolución de los proyectos anunciados, el avance regulatorio y la estabilidad macroeconómica serán variables determinantes para medir si el Gobierno logra convertir ese acercamiento con actores globales en resultados económicos sostenibles.

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“Súper RIGI”: Milei anunció un proyecto para dar más beneficios a los grandes inversores

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Tras su gira por Estados Unidos, el presidente Javier Milei anunció el envío de un proyecto de ley para establecer un “Súper RIGI”, un esquema de beneficios profundizados para inversiones de escala que apunta a sectores económicos hasta ahora inexistentes en el país. Para Misiones, este anuncio representa una encrucijada estratégica: mientras se abren puertas a flujos de capital masivos, se acentúa la brecha de incentivos con las PyMEs y los sectores tradicionales de la tierra colorada.

El anuncio presidencial, calificado por el propio mandatario como una “mega bomba” informativa, busca superar las prestaciones del actual Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). El objetivo es atraer capitales para áreas productivas dinámicas que multipliquen el empleo, basándose en la desregulación y la apertura de mercados. Esta nueva iniciativa surge tras el compromiso de Chevron de desembolsar u$s 10.000 millones bajo el paraguas del régimen vigente, lo que confirma la tracción de los incentivos fiscales y cambiarios en el sector energético.

El mapa del RIGI actual: Energía y Minería como polos de succión

Hasta la fecha, el RIGI ha logrado canalizar iniciativas por un total de u$s 94.965 millones. Los proyectos ya aprobados suman u$s 27.210 millones, concentrándose mayoritariamente en la Patagonia y la región de Cuyo:

  • Vaca Muerta Sur (VMOS): Inversión de u$s 2.900 millones liderada por YPF para duplicar exportaciones de petróleo.
  • Minería (Litio y Cobre): Proyectos como Río Tinto en Salta (u$s 2.744 millones) y McEwen Copper en San Juan (u$s 2.672 millones).
  • Infraestructura: La Terminal Multipropósito Timbúes en Santa Fe, con u$s 277 millones, orientada a agrograneles y líquidos.

El anuncio de Milei

El presidente Javier Milei anunció el envío al Congreso de un nuevo proyecto para profundizar el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI)“Estaremos mandando al Congreso una ley sobre SÚPER RIGIel cual tiene mayores ventajas que el RIGI original y que aplicará para sectores que nunca han existido en Argentina“, escribió el mandatario en su cuenta de X.

Según Milei, “servirá para crear nuevas empresas que satisfagan las necesidades productivas de los nuevos sectores dinámicos de la economía al tiempo que multiplicará la cantidad de empleos”

El anuncio del mandatario se dio en medio de su regreso por su gira en Estados Unidos, donde participó de la 29.ª Conferencia Anual del Instituto Milken.

Allí se encargó de defender el rumbo de su gestión, sostuvo que la Argentina atraviesa un proceso de transformación basado en la desregulación económica, la reducción del Estado y la apertura de mercados, y revalidó el alineamiento que tiene Argentina con los Estados Unidos. 

“No estamos copiando un modelo extranjero, estamos volviendo a nuestras raíces liberales. El corazón de nuestro programa es simple: devolverle la libertad a los argentinos de dirigir sus propias vidas. Y esa libertad es a donde apuntamos todos los cañones de nuestro gobierno”, indicó durante su exposición en la ciudad de Los Ángeles.

Los beneficios del RIGI actual

La actual versión del RIGI contempla más de 30 proyectos con proyecciones de más de US$100.000 millones en inversiones. Al tiempo, son 14 los aprobados por el Comité Evaluador, por un total de US$28.000 millones.

En ese sentido, el último anunciado fue el de la empresa petrolera Chevron, por una cifra superior a los US$10.000 millones.

“(Chevron) nos garantizó que estarán enviando un nuevo proyecto RIGI en los próximos días por más de 10.000 millones de dólares”, señaló el ministro de Economía, Luis Caputo. Estuvo acompañado por el canciller Pablo Quirno y el embajador argentino en Estados Unidos, Alec Oxenford.

Contexto Regional: ¿Dónde queda Misiones en la carrera por el capital?

A diferencia de los polos energéticos y mineros que hoy absorben el 71% del stock de IED (Inversión Extranjera Directa), la estructura productiva de Misiones se sostiene en sectores con ciclos de inversión atomizados y de menor escala nominal, pero de alto impacto social.

La llegada de un “Súper RIGI” profundiza las asimetrías fronterizas. Mientras que en Brasil y Paraguay existen regímenes de incentivos para parques industriales y zonas francas que captan inversión media, el modelo argentino parece virar hacia una híper-concentración en grandes proyectos. Para el bolsillo del misionero, el riesgo reside en una economía de “dos velocidades”: una macroeconomía de enclaves exportadores (energía/minería) y una microeconomía regional que debe lidiar con la presión impositiva estándar y la volatilidad del consumo.

Impactos proyectados y tensiones de competitividad

El régimen actual ya ofrece una reducción de Ganancias del 35% al 25% y exenciones en derechos de exportación. Un esquema “Súper” elevaría la vara de beneficios, lo que genera interrogantes en el sector productivo local:

Sector Madera y Yerba: Estas industrias, que requieren modernización tecnológica constante, quedan fuera de los umbrales mínimos del RIGI. La falta de un régimen “espejo” para inversiones medias podría desincentivar la reinversión de utilidades en la foresto-industria.

Empleo vs. Escala: Aunque el RIGI promete miles de empleos (como los 9.700 en Timbúes o los 7.391 en Los Azules), estos se localizan lejos del NEA. Misiones debe competir por el talento frente a salarios petroleros o mineros altamente subsidiados por el esquema fiscal.

Infraestructura: Mientras se anuncian oleoductos para exportar u$s 16.600 millones anuales, la logística del NEA sigue pendiente de la hidrovía y el ferrocarril para reducir costos de flete.

Lo que hay que seguir de cerca

La clave para Misiones será la definición de los “sectores que nunca han existido” que integrarán el Súper RIGI. Si el Gobierno nacional incluye dentro de estos conceptos a la bioeconomía avanzada o la economía del conocimiento de alta escala, la provincia podría encontrar una rendija para insertar su Polo TIC o proyectos de carbono. Sin embargo, la brecha de incentivos entre el gran capital y la PyME misionera seguirá siendo el principal factor de fricción en la coparticipación indirecta de beneficios que el modelo de Milei propone para el interior.

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Chevron elogió a Milei y volvió a poner a Vaca Muerta en el centro de su mapa global

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En medio de la tensión global por la guerra en Medio Oriente y el impacto sobre los mercados energéticos, Chevron envió desde Houston una señal política que el Gobierno buscaba capitalizar: su CEO global, Mike Wirth, elogió las reformas de Javier Milei, destacó mejoras en las condiciones para invertir y colocó a Vaca Muerta entre los activos estratégicos de la compañía a futuro. La definición no es menor. Llega en el marco de CERAWeek by S&P Global, el principal foro del sector, y en un momento en que la administración libertaria intenta consolidar un relato de normalización económica capaz de atraer capital en áreas sensibles como energía, infraestructura y exportaciones. La incógnita es si ese respaldo empresario se traducirá en inversiones sostenidas o si, por ahora, funciona sobre todo como validación política internacional.

El elogio no fue a la geología, sino al cambio de reglas

Wirth no presentó a la Argentina como una novedad geológica. De hecho, dejó claro que el potencial de sus recursos nunca estuvo en discusión. “La geología es excelente”, dijo, y ubicó el problema histórico del país “arriba del suelo”: régimen impositivo, legislación laboral, restricciones a la importación de equipos y límites para exportar producción.

Ahí es donde el CEO de Chevron marcó el cambio. Según planteó, esas trabas empezaron a ser abordadas de manera sistemática, y por eso elogió al presidente Milei por “mejorar la capacidad de inversión” en el país. El mensaje tiene una lectura institucional precisa: el principal activo político que hoy ofrece el Gobierno al sector energético no es el subsuelo, sino la promesa de un entorno regulatorio más previsible.

En términos de poder, la intervención de Wirth refuerza uno de los ejes discursivos del oficialismo. Milei necesita mostrar que su programa de reformas no solo ordena variables macroeconómicas, sino que también modifica decisiones concretas de inversión en actores globales. Cuando una de las petroleras más grandes del mundo sugiere que Argentina mejoró su clima de negocios, el Gobierno gana una pieza de validación externa que vale más que una declaración de apoyo doméstica.

Vaca Muerta deja de ser un proyecto lateral y sube en la cartera global

La señal más relevante quizá no estuvo en el elogio político, sino en la forma en que Chevron reubicó a la Argentina dentro de su estructura operativa. Wirth mencionó al país junto a Bolivia, la cuenca Permian y Bakken como parte de una misma cartera de yacimientos no convencionales administrados bajo una estructura única. La lógica es clara: acelerar la circulación de tecnología, capital humano y mejores prácticas entre activos shale de distintos países.

Ese cambio de encuadre no es retórico. Si Vaca Muerta ingresa a esa arquitectura común, deja de ser observada como una apuesta marginal y empieza a ser gestionada como parte de un núcleo productivo donde Chevron espera mejorar productividad y costos. La propia empresa, según el texto base, prevé que Vaca Muerta desempeñe un papel más importante en su cartera de productos en los próximos años.

Para el Gobierno, esa definición funciona como un respaldo estratégico. En una economía que necesita dólares, exportaciones y señales de largo plazo, que una petrolera global asigne mayor centralidad a Vaca Muerta fortalece la narrativa oficial de que el sector energético puede convertirse en uno de los motores de la estabilización. También ordena expectativas dentro del propio mercado: si una firma de esa escala eleva el perfil de Argentina, otros jugadores miran con más atención.

El apoyo llega en un momento global inestable

El respaldo de Chevron no ocurrió en un vacío. CERAWeek estuvo atravesado por la crisis en Medio Oriente, el freno logístico en el Estrecho de Ormuz y el encarecimiento de combustibles y seguros en la cadena energética global. En ese contexto, el debate sobre inversión dejó de girar solo en torno al precio del crudo y pasó a concentrarse también en la seguridad de suministro.

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, abrió el evento con una definición alineada con ese nuevo clima: “El mundo necesita masivamente más energía”. En su exposición, vinculó el conflicto con Irán a la estabilidad de los mercados y remarcó que los precios todavía no habían subido lo suficiente como para provocar una destrucción significativa de la demanda.

A su vez, el CEO de Total Energies, Patrick Pouyanné, cuantificó la magnitud del problema: entre 10 y 11 millones de barriles diarios de crudo varados fuera de circulación en Ormuz, equivalentes al 20% del abastecimiento global destinado normalmente a exportación. En refinados, la interrupción ronda entre 4 y 5 millones de barriles diarios, mientras que en gas natural licuado también quedó detenido otro 20% del mercado mundial por la paralización de flujos desde Catar.

Ese cuadro vuelve más valioso cualquier activo energético que ofrezca previsibilidad fuera de la zona de conflicto. Ahí Vaca Muerta gana relevancia relativa. No porque pueda reemplazar de inmediato esos volúmenes, sino porque aparece como parte de un portafolio global menos expuesto a un corredor geopolítico hoy bajo máxima tensión.

El mercado mira menos el barril y más el cuello de botella

La conferencia también dejó una señal importante para entender el nuevo tablero: el mayor impacto de la crisis no se agota en el petróleo, sino que se traslada a combustibles, logística y seguros. El texto base señala que el diésel cotiza a USD 160 por barril y el combustible para aviones a USD 200, por encima de las referencias del crudo. Además, las primas de riesgo de guerra para petroleros en la zona saltaron de 0,25% a 5%, lo que puede llevar el costo de seguro de un buque a USD 5 millones por trayecto.

En la práctica, eso modifica la ecuación de competitividad global. Ya no alcanza con producir; también importa desde dónde se produce, por qué rutas se exporta y qué costo financiero y logístico soporta cada operación. En ese escenario, Argentina mejora su atractivo relativo como proveedor futuro de energía, aunque todavía deba resolver sus propios problemas de infraestructura, costos y estabilidad normativa.

Una validación que fortalece al Gobierno, pero no cierra el proceso

El elogio de Chevron fortalece a Milei en un terreno donde el oficialismo necesita resultados visibles: la captación de inversión real. También robustece el lugar de Vaca Muerta como activo estratégico en la agenda económica nacional y le da densidad internacional a una política que el Gobierno presenta como apertura y desregulación.

Pero la señal empresaria, por sí sola, no clausura nada. Que un CEO global valore las reformas no equivale automáticamente a una expansión inmediata de desembolsos. Tampoco elimina los problemas que el propio Wirth señaló: impuestos, legislación laboral, trabas operativas y condiciones de exportación. Más bien confirma otra cosa: que el potencial argentino sigue atado tanto a la calidad del recurso como a la persistencia de las reglas.

En las próximas semanas habrá que observar si este respaldo se traduce en anuncios concretos, aceleración de proyectos o nuevas definiciones sobre infraestructura y comercio exterior. Porque en energía, como en política, las señales importan. Pero el poder real se mide cuando esas señales empiezan a modificar decisiones.

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Ex ejecutivo de Chevron busca US$2.000 millones para invertir en Venezuela

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Un ex ejecutivo de Chevron está recaudando US$ 2.000 millones para realizar inversiones en Venezuela, luego de que Donald Trump anunciase que las petroleras de Estados Unidos invertirían en el mayor país petrolero del mundo, tras poner a Maduro a un lado.

Así lo publicó Financial Times en una nota exclusiva con Ali Moshiri -exdirector de operaciones de Chevron para America Latina-, quien declaró que su fondo de inversiones Amos Global Energy Management está en conversaciones con inversores para colocar dinero en activos ya identificados en Venezuela.

Moshiri dijo a Financial Times: “Hemos estado anticipando este avance por un tiempo y nuestro memorando de colocación privada de USD 2 mil millones está listo para entrar en vigencia con varios objetivos de inversión identificados”. 

Y agregó: “He recibido una docena de llamadas de posibles inversores en las últimas 24 horas. El interés en Venezuela ha pasado de cero al 99 %”.

Sin embargo, la nota de FT alerta que las empresas petroleras tienen dudas sobre invertir en el país caribeño: “Pero las tres principales petroleras estadounidenses han recibido con cautela el pedido de inversión de Trump debido a las preocupaciones sobre la inestabilidad política, un historial de activos expropiados en Venezuela y las enormes sumas necesarias para aumentar la producción”.

Las grandes empresas ni siquiera fueron consultadas por sus posibilidades de inversión antes de la destitución de Maduro:

“Ninguno de los actores de la industria que tienen el capital y la experiencia para invertir en Venezuela fueron asesorados o consultados antes de la destitución de Maduro o de las declaraciones del presidente de ayer”, dijo una fuente al mismo medio.

Ali Moshiri 

El plan de inversión de Amos

El memorando para inversores preparado por Amos, al que ha tenido acceso el Financial Times, está fechado en diciembre de 2025. Indica que el fondo pretende adquirir entre 20.000 y 50.000 barriles diarios de producción de petróleo y 500.000 barriles de reservas de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Prevé una salida en un plazo de cinco a siete años y una rentabilidad de la inversión de dos veces y media. 

Otros inversores

Aunque otros inversores del sector podrían estar interesados en invertir, aún las condiciones no están claras y las históricas expropiaciones de Venezuela frenan a las empresas. Varias petroleras extranjeras todavía esperan pagos del Estado venezolano en contrapartida por haber tenido que ceder sus capitales.

Financial Times pone como ejemplo a un aliado de Donald Trump: Harold Hamm, el magnate estadounidense del esquisto y destacado donante de Trump, dijo al FT que su compañía Continental Resources consideraría invertir en Venezuela bajo las circunstancias adecuadas. 

“Si bien no tenemos planes inmediatos con respecto a Venezuela, creemos que el país tiene un potencial de recursos significativo y con una mejor estabilidad regulatoria y gubernamental definitivamente consideraríamos inversiones futuras”, dijo. 

 

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Trump mira el petróleo venezolano, pero la recuperación demandará años según analistas

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La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de avanzar sobre el control político y económico de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro reactivó un viejo objetivo estratégico de Washington: el acceso a las mayores reservas de petróleo del mundo. Sin embargo, aunque el mandatario dejó en claro su intención de que empresas estadounidenses lideren la recuperación de la industria petrolera venezolana, los analistas advierten que el costo económico, los riesgos políticos y los plazos de maduración convierten al plan en una apuesta de largo aliento, con impactos limitados en el mercado global en el corto y mediano plazo.

Trump afirmó que Estados Unidos “administrará” el país hasta que se concrete una transición “segura” y sostuvo que las petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para reparar una infraestructura “muy dañada” y “empezar a generar dinero para el país”. El anuncio, de fuerte carga política e institucional, abre interrogantes sobre la viabilidad real de explotar un recurso hoy subutilizado y condicionado por sanciones, deterioro operativo y un escenario político incierto.

Reservas récord, producción mínima y una infraestructura colapsada

Venezuela cuenta con aproximadamente 303.000 millones de barriles de reservas probadas, la mayor cifra a nivel mundial. No obstante, la brecha entre ese potencial y la producción efectiva es significativa. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía, en noviembre el país produjo cerca de 860.000 barriles diarios, apenas un tercio de lo que generaba una década atrás y menos del 1% del consumo mundial de petróleo.

El declive productivo se profundizó desde comienzos de los años 2000, cuando los gobiernos de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro reforzaron el control estatal sobre PDVSA, lo que derivó en la salida de personal calificado, falta de inversiones y deterioro sostenido de las instalaciones. A ese proceso se sumaron las sanciones estadounidenses, aplicadas inicialmente en 2015 durante la presidencia de Barack Obama por presuntas violaciones a los derechos humanos, que restringieron el acceso a financiamiento, repuestos y tecnología clave.

El verdadero desafío que enfrentan es su infraestructura”, señaló Callum MacPherson, jefe de cotización de materias primas de Investec. Las refinerías, oleoductos y campos petroleros muestran un desgaste acumulado que, según los especialistas, no se resuelve con inversiones puntuales ni en plazos breves.

A esto se suma una característica técnica relevante: el crudo venezolano es mayormente pesado y agrio, más complejo y costoso de refinar que el petróleo “ligero y dulce” que produce Estados Unidos y que resulta más apto para la elaboración de naftas.

Riesgos políticos, sanciones y contratos en suspenso

Más allá del diagnóstico energético, los principales obstáculos para una reactivación a gran escala son de carácter legal y político. Homayoun Falakshahi, analista principal de Kpler, advirtió que las empresas interesadas en operar en Venezuela deberán alcanzar acuerdos con un nuevo gobierno, algo inviable mientras no se consolide un sucesor de Maduro con estabilidad institucional.

Aun si la situación política es estable, es un proceso que tomará meses”, sostuvo Falakshahi, quien remarcó que las compañías estarían arriesgando miles de millones de dólares en un contexto de alta incertidumbre. Antes de iniciar inversiones significativas, las petroleras necesitarían firmar contratos con el nuevo gobierno, definir marcos regulatorios y garantizar seguridad jurídica.

En paralelo, Estados Unidos incautó dos buques petroleros frente a las costas venezolanas e impuso un bloqueo a la entrada y salida de buques cisterna sancionados, lo que añade presión sobre los flujos de exportación y refuerza el carácter coercitivo de la estrategia.

Los analistas coinciden en que restablecer los niveles históricos de producción demandará decenas de miles de millones de dólares y podría llevar hasta una década, incluso bajo condiciones políticas favorables. Neil Shearing, analista jefe de Capital Economics, consideró que los planes de Trump tendrán un impacto limitado sobre el suministro global y, por lo tanto, sobre los precios internacionales del crudo.

“El plazo de tiempo de lo que va a suceder es muy largo”, señaló Shearing, quien estimó que en 2026 los precios del petróleo mostrarán muy pocos cambios asociados a Venezuela. Incluso si el país lograra recuperar una producción cercana a tres millones de barriles diarios, seguiría fuera del grupo de los diez principales productores del mundo.

El interés de las petroleras y una apuesta de largo plazo

En este escenario, Chevron es la única petrolera estadounidense que permanece activa en Venezuela, tras recibir una licencia de operación en 2022 durante la presidencia de Joe Biden, a pesar de las sanciones vigentes. La compañía es responsable de aproximadamente una quinta parte de la producción venezolana y afirmó que su prioridad es la seguridad de sus empleados y el cumplimiento de “todas las leyes y regulaciones relevantes”.

El resto de las grandes firmas mantiene silencio público, aunque los analistas señalan que internamente evalúan la oportunidad. “El apetito de ir a alguna parte está vinculado a dos factores principales: la situación política y los recursos sobre el terreno”, explicó Falakshahi, quien consideró que, pese a la incertidumbre, “la ganancia potencial podría ser demasiado grande para eludirla”.

En la misma línea, el ex director ejecutivo de BP, John Browne, definió la reactivación petrolera venezolana como un “proyecto a muy largo plazo”. “La gente subestima el tiempo que se demora hacer las cosas. Alinear recursos, materiales y personal lleva muchísimo tiempo”, afirmó, y advirtió que incluso podría darse una caída inicial de la producción mientras la industria se reorganiza.

Para Browne, sin embargo, el atractivo estratégico persiste: “Como oportunidad de negocio, si estás dirigiendo una compañía, vas a querer involucrarte muy rápidamente”. Aun así, el consenso entre los expertos es claro: el petróleo de Venezuela representa una promesa enorme, pero su explotación efectiva exigirá estabilidad política, inversiones masivas y una paciencia que excede ampliamente los tiempos de la coyuntura.

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