Combustibles

El Gobierno frena el impuesto a los combustibles y apuesta a los biocombustibles para contener la inflación

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Con el precio de la nafta por encima de los $2.000 y el impacto de la guerra en Medio Oriente trasladándose a los surtidores, el Gobierno nacional decidió suspender la actualización del impuesto a los combustibles prevista para abril. La medida, oficializada en las últimas horas, busca contener la escalada inflacionaria en un rubro sensible, pero también expone una tensión de fondo: hasta dónde puede intervenir el Estado sin desarmar su propio esquema fiscal.

La decisión no llegó sola. Se complementa con otra señal: el aumento del corte obligatorio de bioetanol al 15% en las naftas, en un intento por amortiguar el traslado del precio internacional del petróleo. En conjunto, el paquete configura una respuesta de corto plazo frente a una presión externa que el Gobierno no controla, pero que impacta de lleno en su principal objetivo económico.

Un equilibrio delicado entre inflación y recaudación

La suspensión del impuesto se inscribe en una lógica más amplia: evitar que el aumento del costo energético termine filtrándose al resto de los precios. En términos prácticos, implica resignar ingresos fiscales en un momento donde el equilibrio de las cuentas públicas sigue siendo una prioridad.

Al mismo tiempo, el incremento del componente de biocombustibles introduce un mecanismo de sustitución parcial. No se trata solo de una decisión técnica, sino de una señal política: reducir la dependencia del petróleo importado y amortiguar la volatilidad internacional con producción local.

El trasfondo es claro. La suba del barril, empujada por el conflicto en Medio Oriente, reconfigura los márgenes de maniobra. Frente a ese escenario, el Gobierno combina herramientas fiscales y regulatorias para sostener el ancla inflacionaria sin modificar el esquema general de política económica.

Presión política y disputa por la agenda energética

La decisión oficial reactivó de inmediato el frente legislativo. Desde Provincias Unidas, un grupo de diputados y una senadora reclamaron que el Congreso trate el proyecto presentado el 19 de marzo para elevar el corte obligatorio de biocombustibles a nivel nacional.

El planteo no es nuevo, pero adquiere otra dimensión tras las medidas del Ejecutivo. Los impulsores del proyecto sostienen que el contexto internacional abre una “oportunidad concreta” para reducir importaciones, generar empleo y fortalecer la industria local. También buscan que el Ministerio de Relaciones Exteriores impulse gestiones ante la Unión Europea para evitar restricciones al comercio de biocombustibles.

En ese cruce, la política energética empieza a mostrar una disputa más amplia: quién fija el rumbo de la matriz productiva y bajo qué criterios. El Gobierno toma medidas puntuales, mientras sectores legislativos intentan capitalizar ese movimiento para instalar una agenda más estructural.

Entre la urgencia y el rediseño de la matriz

El combo de medidas revela un movimiento táctico más que un cambio de paradigma. La prioridad sigue siendo contener la inflación en el corto plazo, incluso a costa de resignar recursos o intervenir precios indirectamente.

Sin embargo, el debate sobre biocombustibles introduce una variable de mediano plazo. La posibilidad de diversificar la matriz energética, reducir la exposición a shocks externos y generar divisas aparece como una discusión que excede la coyuntura.

En las próximas semanas, la clave estará en observar si el Congreso toma el guante y avanza con el proyecto pendiente, y si el Gobierno profundiza esta línea o la mantiene como una herramienta puntual. La presión internacional no cede. Tampoco la inflación. Entre ambas, se juega algo más que el precio en surtidor.

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El Gobierno habilita más bioetanol en naftas para contener el impacto del petróleo

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Un ajuste técnico con lectura económica En un contexto de presión sobre los precios energéticos, el Gobierno avanzó con una decisión de impacto indirecto pero estratégico: habilitó a las refinadoras a incrementar el contenido de bioetanol en las naftas hasta un 15%. La medida, formalizada el 26 de marzo a través de la Resolución 79/2026 de la Secretaría de Energía, busca amortiguar el traslado del encarecimiento del petróleo a los surtidores.

El movimiento no modifica el corte obligatorio vigente, pero introduce una flexibilidad clave en la composición del combustible. Para hacerlo viable, el Ejecutivo elevó el límite máximo de oxígeno permitido en naftas al 5,6%, un ajuste técnico que habilita mayor presencia de biocombustibles sin alterar formalmente la estructura regulatoria. La decisión abre una pregunta de fondo: ¿es una herramienta coyuntural para contener precios o el inicio de un rediseño más amplio en la política de combustibles?

Marco regulatorio y lógica de intervención

La resolución se inscribe en el esquema definido por la Ley de Hidrocarburos y la Ley 27.640 de biocombustibles, que establece los porcentajes obligatorios de mezcla. En ese marco, la Secretaría de Energía actúa como autoridad de aplicación y tiene facultades para ajustar las especificaciones técnicas de los combustibles.

El punto central de la norma no está en el porcentaje en sí —que ya estaba contemplado en regulaciones previas— sino en la adecuación del parámetro de oxígeno. Ese indicador resulta determinante para la calidad del combustible y está directamente vinculado con la proporción de bioetanol en la mezcla.

Según los informes técnicos que respaldan la decisión, elevar el contenido de oxígeno mejora la eficiencia de la combustión, incrementa el número de octano y reduce las emisiones de monóxido de carbono. Pero, en términos políticos, el efecto más relevante es otro: habilita a las empresas a sustituir parcialmente componentes derivados del petróleo por biocombustibles, con potencial impacto en los costos.

La resolución aclara un punto sensible: no se incorporan nuevos compuestos oxigenados. Es decir, el cambio se limita a ampliar el margen para el bioetanol, sin alterar la naturaleza del producto final ni imponer nuevas exigencias regulatorias.

Impacto en el mercado y señales a la cadena energética

El Gobierno elige un camino intermedio. No interviene directamente en precios ni modifica los cortes obligatorios, pero introduce una herramienta que puede influir en la estructura de costos de las refinadoras. En un escenario de volatilidad internacional del petróleo, esa flexibilidad puede funcionar como amortiguador.

Para las empresas, la medida abre un margen de decisión: podrán aumentar el contenido de bioetanol hasta el nuevo límite si lo consideran conveniente. No es una obligación, sino una opción habilitada por regulación. Esa lógica preserva el funcionamiento de mercado, pero bajo parámetros redefinidos por el Estado.

Al mismo tiempo, el sector de biocombustibles encuentra una señal implícita de respaldo. Aunque no se modifican los porcentajes mínimos, la ampliación del techo potencial refuerza su rol dentro de la matriz energética. En paralelo, el gasoil mantiene sin cambios su esquema, con mezclas de hasta el 20% de biodiesel ya contempladas.

Entre la coyuntura y la estrategia

La decisión aparece alineada con un objetivo inmediato: reducir el impacto del petróleo en los precios internos. Pero también deja abierta una dimensión más amplia. El uso de biocombustibles como herramienta de política energética no es nuevo, pero su activación como variable de ajuste frente a shocks externos introduce un matiz distinto.

En ese sentido, el Gobierno evita una intervención directa en precios —con alto costo político y fiscal— y opta por un mecanismo técnico que desplaza parte del problema hacia la composición del producto. Es una forma de intervenir sin hacerlo de manera explícita.

Queda por ver hasta qué punto las refinadoras utilizarán esta flexibilidad y cómo impactará en la dinámica de precios. También, si este tipo de medidas se consolidan como parte de una estrategia más amplia o quedan circunscriptas a la coyuntura.

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YPF proyecta un superávit energético récord y busca contener el impacto en combustibles en plena tensión global

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En medio de la volatilidad internacional por el conflicto en Medio Oriente, el CEO de YPF, Horacio Marín, trazó un escenario ambicioso para 2026: la Argentina alcanzaría un superávit energético récord de al menos u$s10.000 millones. El dato, presentado en el IEFA Latam Forum 2026, no solo proyecta un salto en las exportaciones, sino que instala una tensión central para la política económica: cómo capitalizar el ciclo alcista del petróleo sin trasladar plenamente ese shock a los precios de los combustibles en el mercado interno.

La definición llega en un momento donde el barril de crudo se disparó hasta los u$s100, impulsado por la crisis geopolítica y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% de la producción global. En ese contexto, la estrategia oficial —expresada por la conducción de YPF— busca administrar esa renta extraordinaria sin erosionar el frente inflacionario.

Superávit energético: de déficit estructural a motor de divisas

El salto proyectado por YPF se apoya en una transformación estructural del sector energético argentino. El país pasó a ser exportador neto, con un peso creciente de Vaca Muerta como eje productivo.

El superávit estimado —no menor a u$s10.000 millones— representa un cambio de escala en la balanza comercial energética, históricamente deficitaria. La magnitud, además, podría ampliarse si los precios internacionales del crudo se sostienen en niveles elevados.

Sin embargo, la proyección no está exenta de incertidumbre. El propio Marín introdujo una variable de ajuste: analistas del sector anticipan que el precio del barril podría retroceder hacia la franja de u$s70 u u$s80 en las próximas semanas, en función de la evolución del conflicto en Medio Oriente.

Esa dualidad —precios altos en el corto plazo, posible corrección posterior— condiciona tanto la estrategia exportadora como la política de precios domésticos.

Combustibles: el equilibrio entre rentabilidad y presión inflacionaria

El punto más sensible del planteo de YPF aparece en el mercado interno. Con el crudo en alza, la discusión sobre el traslado a surtidor se vuelve inevitable.

Marín explicitó un criterio operativo: acompañar las subas y bajas del petróleo con un esquema simétrico. “Cuando sube, sube, y cuando baja, baja”, sintetizó. Detrás de esa fórmula hay un intento de construir previsibilidad en un contexto volátil.

En la práctica, los precios de los combustibles ya registraron incrementos en torno al 5%, con estimaciones que los ubican cerca del 10% desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Aun así, la petrolera busca moderar el impacto a través de herramientas como el “micropricing”: valores diferenciados según franjas horarias y descuentos vinculados al autodespacho.

El mensaje es doble. Hacia el mercado, YPF intenta sostener márgenes sin perder competitividad. Hacia el Gobierno, busca alinearse con una estrategia de contención inflacionaria en un rubro altamente sensible.

Correlación de fuerzas: energía como activo político

El anuncio de un superávit energético de esta magnitud reconfigura el tablero económico. El sector energético se consolida como generador clave de divisas, en un contexto donde la restricción externa sigue siendo un factor estructural.

Para el Gobierno, el dato fortalece el frente externo y ofrece margen para la acumulación de reservas. Pero al mismo tiempo introduce una tensión interna: el precio de los combustibles impacta de forma directa en la inflación y en el costo de vida.

YPF, en ese esquema, opera como un actor bisagra. Su política de precios no es neutra: influye sobre el resto del mercado y funciona como referencia para las demás compañías. La decisión de moderar el traslado del crudo al surtidor implica, en los hechos, una intervención indirecta sobre la dinámica inflacionaria.

Un escenario abierto entre la renta externa y la presión interna

La proyección de un superávit récord no cierra el debate. Lo desplaza.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en dos variables: la evolución del precio internacional del petróleo y la consistencia de la política de precios en el mercado local. Si el barril se mantiene alto, la presión sobre los combustibles será difícil de contener. Si retrocede, se abrirá la discusión sobre la velocidad de ajuste a la baja.

Al mismo tiempo, el desempeño de Vaca Muerta y el volumen de exportaciones definirán si el superávit proyectado se materializa o queda condicionado por factores externos.

La energía vuelve al centro de la escena. Como oportunidad de dólares y como fuente de tensión interna. El equilibrio entre ambos planos todavía está en construcción.

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Horacio Marín dijo que YPF no tocará el precio de los combustibles

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El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, dijo que no tocarán el precio de los combustibles, a pesar de la escalada en el costo del petróleo por la guerra en Medio Oriente. 

Así lo expresó Marín en un posteo oficial en su cuenta de X: “Entiendo la incertidumbre que genera la volatilidad del precio internacional del petróleo, por eso creo importante reafirmar nuestra posición”.

@YPFoficial no va generar cimbronazos en los precios de los combustibles, somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores”, escribió el titular de la compañía. 

Según Marín, YPF trabaja “con una estrategia de micropricing para ir analizando los precios día a día, semana a semana y mediante el sistema de moving average” donde podrán “atenuar picos de aumento y bajas dando mayor previsibilidad a los consumidores, teniendo un precio más estable”.

La volatilidad y la incertidumbre no genera valor real sino especulación de corto plazo y nosotros buscamos ser confiables en el tiempo”, cerró.

Continuidad de precios

La posición había sido fijada por el CEO de YPF Horacio Marín la semana pasada con el precio del crudo Brent en US$80 y ratificada en la mañana de este lunes por encima de los US$100 por barril.

Marín participa desde hoy en el Argentina Week que se desarrolla en Nueva York, donde se espera que se refiera a la situación de la producción energética y las oportunidades de inversión que ofrece el país, como así también de lo que se puede esperar para el mercado interno.

“En YPF tenemos una política de precios, no vemos el precio del petróleo en el día, tenemos un acuerdo con los consumidores. Lo que hacemos es tener un promedio, entonces cuando hay precios del petróleo que duran muy poco no afecta al precio de los combustibles”, había señalado Marín en sus últimas declaraciones públicas antes de la última escalada del petróleo.

La intención de la compañía es que tanto en las caídas y subidas rápidas no impacten de lleno en los surtidores.

No obstante, también advirtió que “si el precio del barril se queda muy alto va a afectar el precio de los combustibles, aunque muy de a poco.

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Argentina rompe su récord petrolero y el Gobierno apuesta a Vaca Muerta en medio de la suba global del crudo

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Argentina alcanzó en enero la producción de petróleo más alta desde que existen registros oficiales: 4.262.675 metros cúbicos de crudo. El dato, informado por la Secretaría de Energía de la Nación, supera el récord previo de diciembre de 2025 (4.245.403 m³) y marca un punto de inflexión tras 26 años sin perforar de forma sostenida la barrera de los cuatro millones en el primer mes del año.

La cifra adquiere dimensión política y económica por el contexto internacional. Con el recrudecimiento del conflicto entre Irán e Israel y la amenaza sobre el Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del suministro mundial— el barril Brent volvió a ubicarse por encima de los 80 dólares. En ese tablero energético inestable, el salto productivo local abre una pregunta estratégica: ¿puede el Gobierno convertir este récord en mayor ingreso de divisas sin trasladar la presión a los surtidores?

El rol decisivo de Vaca Muerta y la concentración territorial

El Ministerio de Economía celebró el resultado y precisó que en enero el país generó 882,2 barriles por día, un 16,5% más que en igual período del año pasado. El crecimiento interanual de la producción total fue de 15,7%.

El motor del récord fue Vaca Muerta. La formación no convencional impulsó un aumento interanual del 35,5% y explicó la mayor parte del salto. Si se desagrega el volumen total, la provincia de Neuquén produjo 2.971.259 m³ en enero, lo que representa el 69,7% del total nacional y un crecimiento del 32,37% interanual. La concentración territorial es evidente: una sola jurisdicción sostuvo casi siete de cada diez metros cúbicos extraídos en el país.

El contraste con otras provincias petroleras es marcado. Chubut produjo 587.163 m³, con una caída del 6,51% interanual y el peor enero en 25 años. Santa Cruz registró 255.014 m³, un retroceso del 21,5% y su inicio de año más bajo desde que se tiene registro. En 1999 había producido 1.243.834 m³, un 387% más que en la actualidad. Mendoza, por su parte, alcanzó 240.586 m³, con una baja del 10,63% frente a enero de 2025 y niveles que equivalen a la mitad de lo que extraía a comienzos de siglo. Río Negro mostró una suba del 6,97%, con 114.849 m³, aunque aún lejos de los más de 200 mil m³ que superaba entre 2000 y 2002.

El mapa productivo consolida una reconfiguración estructural: el eje energético se desplaza hacia el no convencional neuquino mientras las cuencas maduras continúan en declive.

Impacto económico: divisas, inversiones y riesgo inflacionario

El escenario externo ofrece una ventana de oportunidad. Un precio internacional más alto mejora la “caja” de las productoras que exportan y podría acelerar decisiones de inversión en infraestructura y desarrollo en Vaca Muerta. Hasta hace una semana, el crudo local se comercializaba en torno a los USD 70 por barril; un Brent por encima de los 80 dólares modifica proyecciones y rentabilidad.

Pero el beneficio tiene un límite interno. El petróleo representa alrededor del 40% del precio final del combustible. Si la cotización internacional continúa en alza, la presión sobre naftas y gasoil podría trasladarse al surtidor. Y cada ajuste impacta en costos logísticos y, en cadena, en bienes y servicios de la economía. Para el Gobierno, el desafío será administrar esa tensión entre ingreso de divisas y estabilidad de precios.

En términos de poder real, el récord fortalece la narrativa oficial sobre el desarrollo energético como pilar macroeconómico. También refuerza el peso político de las provincias productoras, en especial Neuquén, en la discusión sobre infraestructura, regalías y reglas de juego para el sector.

Un récord con interrogantes abiertos

El dato de enero no es un hecho aislado: en los últimos 325 meses, apenas cinco veces se superaron los cuatro millones de m³. Tras el antecedente de enero de 1999, hubo que esperar hasta agosto de 2025 para volver a cruzar ese umbral, con repeticiones en octubre, noviembre y diciembre de 2025 y ahora en enero de 2026. La diferencia es que hoy la marca comienza a consolidarse.

La incógnita es doble. Por un lado, si la producción podrá sostener este ritmo sin cuellos de botella en transporte y exportación. Por otro, si la volatilidad internacional se convertirá en una oportunidad estratégica o en una fuente adicional de presión inflacionaria.

El mercado energético global seguirá bajo tensión mientras el conflicto en Medio Oriente no encuentre un canal de desescalada. En ese contexto, Argentina exhibe números récord. La dimensión política y económica de ese logro dependerá menos del dato histórico y más de cómo se gestione la próxima curva del precio internacional.

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