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Los cinco cuellos de botella que pueden alterar el comercio mundial: Ormuz, Suez, Bósforo, Bab el-Mandeb y Kerch

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El comercio mundial atraviesa un escenario en el que la geografía vuelve a adquirir un peso estratégico. Los estrechos de Ormuz, Bab el-Mandeb, Bósforo y Kerch, junto con el Canal de Suez, concentran una parte decisiva del tránsito marítimo internacional y se transformaron en puntos de presión para una economía global que depende de cadenas de suministro extensas y altamente interconectadas.

El fenómeno no es menor. Según los datos recopilados por la Bolsa de Comercio de Rosario a partir de información del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, la población mundial supera actualmente los 8.000 millones de personas, mientras que la producción de bienes y servicios se multiplicó 4,5 veces en los últimos 50 años. Esa expansión fue posible, entre otros factores, por una división del trabajo cada vez más sofisticada y por la ampliación de los mercados.

La lógica que Adam Smith identificó hace casi 250 años conserva plena vigencia: cuanto mayor es el mercado disponible, mayor es el margen para la especialización y el incremento de la productividad. En esa arquitectura, el comercio internacional dejó de ser solamente un mecanismo de intercambio para convertirse en uno de los soportes centrales del nivel de vida contemporáneo.

En 2025, el valor de las mercancías comercializadas globalmente alcanzó los US$ 26,3 billones, una magnitud equivalente a 1,3 veces el PBI de China. Una proporción sustancial de ese movimiento depende del transporte marítimo y, dentro de este, de determinados corredores que funcionan como verdaderos cuellos de botella.

El FMI monitorea en tiempo real la actividad portuaria y comercial de 2.065 puertos y 28 canales y estrechos, cubriendo el 99% del comercio marítimo global. Entre 2023 y 2025, más de 2.000 buques atravesaron diariamente, en promedio, las principales vías marítimas del mundo. Eso equivale a más de 730.000 embarcaciones al año transportando energía, granos, insumos industriales y todo tipo de cargas.

El problema es que cuatro de esos puntos estratégicos —Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez y Kerch— ingresaron en zona de riesgo durante 2026, mientras el Bósforo también registra una reducción del tránsito. En conjunto, estos corredores ponen bajo presión aproximadamente el 11% del flujo marítimo global, el 25% de la carga tanquera, el 19% de los contenedores y el 7% de la carga granelera.

Ormuz: el principal riesgo energético

El estrecho de Ormuz constituye el punto más sensible de esta red. Ubicado entre Irán y la península arábiga, conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico y representa la única salida marítima de toda la región del Golfo hacia el resto del mundo.

Por allí circula, en un año normal, cerca de una quinta parte del petróleo consumido globalmente, alrededor del 20% del comercio mundial de gas natural licuado y aproximadamente un tercio del comercio marítimo internacional de fertilizantes nitrogenados, con la urea como uno de los productos principales.

La estructura del tráfico refleja esa importancia: los tanqueros representan cerca del 60% de los buques que atraviesan el estrecho y concentran el 72% del peso transportado. En condiciones normales, durante 2023-2025, Ormuz registraba un promedio de 95 buques diarios.

En 2026, esa cifra cayó hasta 31 buques por día, una contracción del 68%. El derrumbe se produjo de manera abrupta en marzo, tras el inicio de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel a fines de febrero. Los tránsitos pasaron de 89 a apenas cinco buques diarios entre febrero y marzo y, aunque posteriormente se recuperaron parcialmente, en julio alcanzaron apenas 18 buques por día.

La diferencia también se observa en la carga. Durante los últimos tres años, Ormuz canalizó diariamente cerca del 15% de la carga tanquera mundial. En lo que va de 2026, esa participación cayó al 5%.

Los períodos de alto el fuego permitieron cierta recuperación, con más de 150 buques atravesando el estrecho durante algunas semanas frente a menos de 50 durante el conflicto. Pero la reanudación de los ataques volvió a reducir el tránsito. El resultado es un corredor todavía muy lejos de los más de 600 buques que lo atravesaban en promedio durante 2019-2025.

Con el petróleo nuevamente por encima de los US$ 100 por barril durante la última semana analizada, Ormuz continúa funcionando como uno de los principales puntos de riesgo del tablero energético internacional.

Bab el-Mandeb: el petróleo sigue, los contenedores buscan otra ruta

El estrecho de Bab el-Mandeb conecta Yemen con Yibuti y Eritrea y articula el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el océano Índico. Junto con Suez, constituye la ruta marítima estratégica entre Asia y Europa que evita el rodeo del continente africano.

Su importancia está particularmente vinculada al transporte de contenedores. Antes de los ataques hutíes, el corredor concentraba el 9,8% del peso mundial transportado en portacontenedores, por encima de su participación en tanqueros y carga a granel.

El deterioro del tránsito comenzó entre octubre y diciembre de 2023 y continúa casi tres años después. El promedio de buques diarios pasó de 61 antes de los ataques a 36 durante 2026, una reducción del 42%.

Sin embargo, el dato más significativo no está solamente en la cantidad de embarcaciones, sino en qué transportan. El peso movilizado en contenedores se desplomó 92%, desde alrededor de un millón de toneladas diarias hasta apenas 80.000. Su participación en el comercio mundial de contenedores cayó del 9,8% al 0,8%.

El petróleo mostró una capacidad de adaptación mucho mayor. Los tanqueros redujeron su tránsito en una proporción significativamente menor y pasaron a representar el 54% del peso movilizado por el estrecho, frente al 34% durante 2019-2023.

La conclusión es relevante para entender la nueva geografía del comercio: el petróleo encontró alternativas para seguir circulando; los contenedores, en cambio, debieron abandonar masivamente el corredor.

Suez: el desvío que encarece las cadenas globales

El Canal de Suez conecta el Mediterráneo con el Mar Rojo a lo largo de 193 kilómetros y constituye, en la práctica, la continuidad logística de Bab el-Mandeb. Su funcionamiento está estrechamente vinculado con el comercio entre Asia y Europa.

El impacto de la crisis también se refleja en este punto. El tránsito promedio cayó de 61 a 41 buques diarios, una contracción del 33%, mientras que la participación de los contenedores en el comercio mundial se redujo del 9,9% al 2,1%.

La carga que más se retrajo fue precisamente aquella que concentra mayor valor por tonelada. Comparado con el promedio semanal de 2019-2022, el volumen de contenedores que atraviesa Suez cayó 53% desde los primeros ataques hutíes de fines de 2023. La carga a granel disminuyó 32%, la carga general 26% y los tanqueros 23%.

La consecuencia económica va más allá del volumen de buques. Cuando una ruta estratégica deja de ser confiable, las empresas deben modificar itinerarios, asumir mayores distancias, elevar costos de combustible, aumentar tiempos de tránsito y reconfigurar inventarios. El cuello de botella marítimo termina trasladándose a las cadenas productivas.

Bósforo: la puerta del Mar Negro

El estrecho del Bósforo conecta el Mar Negro con el Mar de Mármara y, a través de los Dardanelos, con el Mediterráneo. Su ubicación convierte a Turquía en un actor central para el comercio marítimo de Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria y Georgia.

La estructura de su tráfico es diferente. Por cantidad de buques domina la carga general, pero por peso predominan los graneleros y los tanqueros. Esa composición refleja el papel del corredor en la salida de granos, petróleo y derivados provenientes de la región del Mar Negro.

Entre 2023 y 2025 atravesaban el estrecho unos 95 buques diarios. Durante 2026, el promedio descendió a 84 y en las últimas semanas analizadas llegó a 75, una caída del 21%.

Su importancia excede el volumen de tránsito. El conjunto de los estrechos turcos constituye la única salida marítima de varios países y regiones productoras del Mar Negro. Además, la navegación está regulada por la Convención de Montreux de 1936, que garantiza el paso de los buques mercantes y otorga a Turquía capacidad para restringir determinadas operaciones.

Kerch: un cuello de botella para los granos del Mar de Azov

El estrecho de Kerch tiene una escala comercial menor que Ormuz o Suez, pero su relevancia estratégica aumentó como consecuencia de la guerra entre Rusia y Ucrania. El corredor conecta el Mar de Azov con el Mar Negro y constituye la única salida marítima de un espacio que incluye regiones cerealeras centrales para Rusia.

Antes de la guerra, por Kerch transitaban unos 51 buques diarios. En 2026 el promedio se redujo a apenas 11, una caída del 78%.

El descenso fue consecuencia de sucesivos shocks: la invasión rusa de 2022, los ataques ucranianos al puente de Kerch en octubre de 2022, julio de 2023 y octubre de 2024 y, más recientemente, la decisión rusa del 10 de julio de 2026 de suspender formalmente la navegación civil después de ataques con drones contra buques rusos.

El conflicto también modificó la composición de la carga. La participación de los graneleros en el peso transportado saltó del 13,7% al 47,7%, mientras que la carga general se desplomó del 50,1% al 17,6%.

El problema se profundizó con el cierre de Kerch y del canal Don-Azov. Los puertos de Rostov y Taganrog dejaron de aceptar carga de granos, afectando directamente una ruta por la que históricamente llegó a circular hasta una cuarta parte de las exportaciones rusas de trigo.

La nueva geografía del riesgo comercial

El mapa que surge de estos cinco corredores muestra que el comercio mundial no depende únicamente de la capacidad productiva de los países ni de la demanda global. También está condicionado por la seguridad de unas pocas rutas físicas cuya interrupción puede modificar precios, costos logísticos y disponibilidad de productos a miles de kilómetros de distancia.

Ormuz concentra el mayor riesgo energético; Bab el-Mandeb y Suez muestran cómo los conflictos pueden expulsar a los contenedores de una ruta estratégica; Bósforo mantiene bajo tensión la salida de granos y energía del Mar Negro; y Kerch evidencia cómo una infraestructura de alcance regional puede adquirir relevancia global cuando afecta a una zona exportadora de cereales.

Para economías agroexportadoras como la Argentina, la cuestión no es meramente geopolítica. Los cambios en las rutas marítimas alteran los costos de flete, las primas de riesgo, la competitividad FOB y las posibilidades de colocación de granos y derivados.

El comercio global logró multiplicar varias veces la producción mundial gracias a mercados cada vez más amplios y especializados. Pero esa misma integración creó una vulnerabilidad: cuanto más extensa y eficiente es la red, mayor puede ser el impacto de una interrupción en sus puntos críticos.

La experiencia de 2026 vuelve visible ese riesgo. La economía mundial no solo necesita producir más; necesita que sus principales corredores marítimos permanezcan abiertos, previsibles y seguros. En esos estrechos y canales, una crisis local puede terminar convirtiéndose en un problema global.

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La guerra con Irán expone la fragilidad alimentaria del Golfo y tensiona el control del estrecho de Ormuz

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La guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán ya no impacta solo en el mercado petrolero. El conflicto tensiona una variable estratégica menos visible pero igual de decisiva: la seguridad alimentaria de los países del Golfo Pérsico. Omán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Barein y Kuwait importan alrededor del 85% de sus alimentos y más del 90% de sus cereales. Con el tráfico marítimo ralentizado en el estrecho de Ormuz y unas 200 embarcaciones varadas según Lloyd’s List, la vulnerabilidad estructural de la región quedó expuesta.

El dato central es contundente: en condiciones normales, unos 138 barcos cruzan diariamente Ormuz, según el Centro Conjunto de Información Marítima. No transportan solo petróleo y gas. Llevan buena parte del abastecimiento alimentario que sostiene a poblaciones urbanas altamente dependientes del comercio exterior. Si esa arteria se obstruye, el impacto no se mide en barriles sino en góndolas.

Dependencia estructural y geografía adversa

La ecuación es conocida pero pocas veces adquiere dimensión política. Las temperaturas estivales que alcanzan los 50 °C y una precipitación anual promedio inferior a 100 milímetros en la mayoría de los territorios hacen inviable la agricultura a gran escala. Incluso Omán, el más autosuficiente del grupo, importa la mayoría de sus alimentos.

Esa realidad convierte al comercio marítimo en infraestructura estratégica. El estrecho de Ormuz funciona como punto de estrangulamiento energético global, pero también como corredor alimentario. Iraq, Kuwait, Barein y Qatar tienen escasas alternativas logísticas: la mayor parte de los envíos marítimos debe atravesar ese paso.

Desde el inicio de la guerra y las represalias iraníes, el tráfico de petroleros se ralentizó drásticamente. La mayoría de las grandes navieras suspendió reservas hacia Medio Oriente. El cierre del espacio aéreo en varios países del Golfo añade presión y limita opciones de transporte alternativo.

La consecuencia inmediata no es el desabastecimiento automático, sino el aumento del riesgo sistémico. Cada día de interrupción tensiona cadenas logísticas diseñadas para flujos constantes.

Seguridad alimentaria y estabilidad política

Los gobiernos del Golfo llevan años intentando reducir esa dependencia mediante reservas estratégicas y diversificación de proveedores. Desde el inicio del conflicto, han buscado transmitir calma y asegurar que cuentan con reservas de emergencia de cereales y alimentos suficientes para varios meses.

Sin embargo, la dimensión política es evidente. En Estados donde la estabilidad interna descansa en contratos sociales basados en bienestar y provisión estatal, la seguridad alimentaria es un componente central de legitimidad. Una disrupción prolongada podría impactar en precios, subsidios y gasto público.

Además, el escenario internacional agrega presión. Si el conflicto se prolonga, los costos de transporte y seguros marítimos podrían escalar, trasladando tensiones al presupuesto estatal y al consumidor final.

Un equilibrio frágil bajo observación

La clave no está solo en si Ormuz se cierra formalmente, sino en cuánto se encarece y ralentiza su tránsito. Con 138 barcos diarios en tiempos normales y 200 buques actualmente varados, la señal es clara: el corredor no opera con normalidad.

En las próximas semanas habrá que observar tres variables: la duración de la guerra, la reacción de las grandes navieras y la capacidad de los Estados del Golfo para activar rutas o acuerdos alternativos. También será determinante si las reservas estratégicas alcanzan para amortiguar una crisis prolongada o si el conflicto obliga a redefinir la política alimentaria regional.

Por ahora, la guerra con Irán redefine el tablero más allá del petróleo. En el Golfo, la seguridad alimentaria dejó de ser un tema técnico para convertirse en una cuestión de poder y estabilidad.

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Puertos y navegación: cómo será el nuevo régimen de excepciones a la Ley de Cabotaje

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La Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPYN) aprobó un nuevo procedimiento para el otorgamiento de excepciones a la Ley de Cabotaje Nacional, previsto en el artículo 6° del Decreto-Ley N° 19.492/44. La Resolución 41/2025, publicada el 9 de septiembre en el Boletín Oficial, deja sin efecto la Resolución 52/2021 del entonces Ministerio de Transporte y establece un esquema más ágil y transparente para autorizar embarcaciones extranjeras cuando no existan barcos argentinos disponibles.

Con este cambio, el organismo busca atender las necesidades del comercio marítimo y fluvial con mayor previsibilidad y seguridad jurídica, en un contexto en el que el 80% de los pedidos de excepción presentados en 2024 y 2025 no pudieron ser cubiertos por buques de bandera nacional.

El Decreto de Necesidad y Urgencia 3/2025 creó la ANPYN como autoridad portuaria nacional, en reemplazo de la antigua Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables. Este reordenamiento administrativo otorgó al organismo autarquía y capacidad para actuar tanto en el ámbito del derecho público como privado, bajo la órbita del Ministerio de Economía.

El marco legal de referencia es el Decreto-Ley 19.492/44, que estableció la reserva del cabotaje para embarcaciones de bandera argentina, salvo excepciones en casos de inexistencia de oferta nacional. Desde 2021, esos permisos eran gestionados por la cartera de Transporte, pero las demoras y la baja disponibilidad de barcos con matrícula local evidenciaron la necesidad de un cambio.

En los últimos dos años, sobre 130 publicaciones para cubrir operaciones de cabotaje, solo 23 recibieron ofrecimientos de buques de bandera y apenas 2 resultaron viables, según datos oficiales.

El nuevo procedimiento: digitalización y plazos claros

El Anexo I de la Resolución 41/2025 establece un procedimiento con tres pilares: digitalización de trámites, plazos mínimos y declaraciones juradas de inexistencia de buques disponibles en la matrícula nacionalanexo_7459769_1.

  • Presentación digital: las solicitudes deberán realizarse a través de la plataforma Trámites a Distancia (TAD), con un plazo mínimo de 3 días hábiles antes del inicio de la operación.
  • Documentación exigida: se requerirán estatutos del solicitante, matrícula y certificados del buque, seguros (P&I, casco y maquinarias), contrato de servicio (si corresponde) y una declaración jurada sobre la inexistencia de alternativas nacionales.
  • Certificado de Excepción: una vez aprobado, será válido por hasta 180 días y podrá presentarse ante Prefectura Naval, Aduanas, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) y otros organismos.
  • Prórrogas y renovaciones: los permisos podrán extenderse por razones climáticas o técnico-operativas debidamente justificadas, e incluso renovarse de forma ilimitada siguiendo el mismo procedimiento.

El régimen también fija un control ex post: dentro de los 15 días hábiles posteriores a la operación, el peticionante deberá presentar documentación aduanera y un informe detallado. La falta de cumplimiento podrá derivar en la negativa de futuros permisos.

El Director Ejecutivo de la ANPYN, Iñaki Miguel Arreseygor, subrayó que el nuevo esquema “no busca flexibilizar la normativa, sino adaptarla a la realidad del sector”, garantizando transparencia y eficiencia.

Para las navieras extranjeras y cargadores, el procedimiento abre un canal más ágil para cubrir operaciones críticas de comercio, especialmente en tráficos regionales vinculados a la hidrovía Paraná-Paraguay y el Atlántico sur.

Sin embargo, desde el sector naviero local podrían surgir críticas: la posibilidad de renovar excepciones “de forma ilimitada” genera temores de una mayor extranjerización de los servicios, en detrimento de la flota nacional. El artículo 13 del anexo incluso habilita a los armadores locales a impugnar un certificado si demuestran que cuentan con un buque disponible en las mismas condiciones, lo que anticipa posibles conflictos administrativos y judiciales.

Desafíos y próximos pasos

El nuevo régimen busca equilibrar dos objetivos: preservar la prioridad de la bandera argentina en el cabotaje y, al mismo tiempo, evitar cuellos de botella logísticos por falta de flota nacional.

De cara al futuro, la clave estará en el desarrollo de una política integral para la marina mercante argentina: la agilización de excepciones puede dar previsibilidad a corto plazo, pero no sustituye el desafío estructural de fortalecer la flota de bandera.

La ANPYN queda posicionada como actor central en esa agenda, con capacidad regulatoria y de control sobre un sector clave para la competitividad de las exportaciones, la integración territorial y la soberanía logística del país.

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