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Argentina captó datos del microsatélite ATENEA en el marco del programa Artemis

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El Gobierno nacional confirmó este 2 de abril de 2026 que las estaciones terrenas de la CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego lograron recepcionar con éxito las primeras señales y datos de telemetría del microsatélite ATENEA, integrado al programa Artemis de la NASA. La validación técnica, comunicada por la Oficina del Presidente, no solo marca un avance en materia aeroespacial: también funciona como una pieza de construcción política en un momento donde la administración busca mostrar resultados concretos de inserción internacional. ¿Se trata de un logro científico aislado o de un intento por consolidar un nuevo posicionamiento estratégico del país?

Un hito tecnológico con lectura política

El desarrollo del microsatélite ATENEA —un CubeSat 12U diseñado para operar desde órbita baja hasta el espacio profundo— se inscribe en el programa Artemis, la iniciativa que reabre la carrera por la exploración lunar con participación internacional. La novedad central es que Argentina no aparece como observador, sino como parte activa, aportando tecnología propia como carga secundaria en una de las misiones más relevantes del sector.

Desde el Ejecutivo, el énfasis estuvo puesto en ese cambio de rol: pasar de espectador a protagonista. En términos institucionales, el proyecto articula a la CONAE con universidades nacionales —UNLP, UNSAM y FIUBA—, organismos técnicos como el IAR y la CNEA, y la empresa VENG S.A. Esa red evidencia una política de cooperación interna que, proyectada hacia afuera, se vincula directamente con Estados Unidos y la comunidad internacional.

En términos concretos, ATENEA permitirá medir niveles de radiación, evaluar componentes electrónicos en condiciones extremas y analizar señales de navegación GNSS a grandes altitudes, además de validar sistemas de comunicación de largo alcance. Traducido al plano político: el país prueba capacidades críticas en un sector donde la soberanía tecnológica y la cooperación internacional conviven en tensión permanente.

Ciencia, Estado y narrativa de gestión

El comunicado oficial no se limitó a informar el logro técnico. Introdujo una interpretación: el avance sería resultado de un “cambio de paradigma” impulsado desde la actual gestión, orientado a la inserción global y la excelencia tecnológica. Esa lectura busca anclar el hito en una narrativa más amplia de política exterior y científica.

En ese marco, la articulación entre organismos públicos, universidades y empresa estatal aparece como un activo que el Gobierno decide exhibir. No es menor: en un contexto de ajuste y redefinición del rol del Estado, el sector científico-tecnológico funciona como un terreno donde se pueden mostrar resultados sin impacto fiscal inmediato visible, pero con alto valor simbólico.

La referencia al “concierto de las Naciones que hacen historia” también marca una línea discursiva. No apunta al corto plazo, sino a posicionar al país en una liga de cooperación estratégica donde el conocimiento y la tecnología operan como moneda geopolítica.

Entre legitimación y expectativas

El logro técnico fortalece al Ejecutivo en un terreno donde la discusión política suele ser menos polarizada: la ciencia aplicada y la innovación. En términos de correlación de fuerzas, permite al Gobierno exhibir gestión en un área de alto consenso social, lo que puede amortiguar tensiones en otros frentes más conflictivos.

Al mismo tiempo, el proyecto refuerza el rol de la CONAE y del sistema científico nacional, actores que quedan posicionados como piezas clave en la política de inserción internacional. La cooperación con la NASA no solo implica transferencia tecnológica, sino también validación externa, un factor relevante en la construcción de credibilidad.

Sin embargo, el impacto económico o productivo inmediato no aparece en el horizonte cercano. El valor está en la generación de capacidades y en la posibilidad de escalar desarrollos futuros. En ese punto, la pregunta que sobrevuela es si este tipo de iniciativas podrá sostenerse en el tiempo o si quedará como un hito aislado dentro de una estrategia más amplia aún en construcción.

Un punto de partida más que de llegada

La recepción de datos de ATENEA abre una etapa. El desafío no es técnico —la prueba inicial ya fue superada— sino político e institucional: sostener la continuidad de estos desarrollos, ampliar la cooperación internacional y traducir capacidades en políticas de largo plazo.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en cómo el Gobierno capitaliza este logro. Si lo convierte en plataforma para nuevas iniciativas o si queda encapsulado como un símbolo dentro de una narrativa más general.

Porque en la política tecnológica, los hitos no cierran procesos. Los inauguran.

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El satélite ATENEA busca posicionar a Argentina en el espacio profundo

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El Gobierno nacional salió a capitalizar el desarrollo del satélite ATENEA y lo presentó como un “paso histórico” para la ingeniería argentina, en un movimiento que excede lo tecnológico y se inscribe en la disputa por el rumbo de la política científica. El anuncio fue realizado por la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología tras la confirmación de que el microsatélite formará parte de la misión Artemis II de la NASA, con operación prevista a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, una distancia inédita para desarrollos nacionales.

El dato no es menor: en medio de un escenario de ajuste y redefinición del rol del Estado, el oficialismo decide destacar un proyecto de alto contenido científico y cooperación internacional. La pregunta queda planteada: ¿se trata de una señal de continuidad estratégica en el sector o de un caso puntual difícil de replicar?

Un proyecto que combina Estado, ciencia y cooperación internacional

ATENEA fue diseñado y construido en el país por equipos vinculados a la CONAE, universidades nacionales y empresas tecnológicas, en el marco de un esquema de cooperación con la NASA. El satélite viajará como carga secundaria en Artemis II, misión que marcará el regreso de vuelos tripulados alrededor de la Luna después de más de 50 años.

Desde el punto de vista institucional, el proyecto se ubica en un terreno donde convergen capacidades estatales, académicas y privadas. La Secretaría de Innovación lo definió como algo más que un desarrollo puntual: una plataforma para validar tecnología propia en navegación y comunicación de largo alcance.

Ese aspecto técnico tiene una traducción política concreta. Validar sistemas en condiciones de espacio profundo implica ampliar el margen de autonomía tecnológica y posicionar a Argentina en un segmento donde la barrera de entrada es alta. No es solo investigación: es capacidad estratégica.

Capital político y señales hacia el sistema científico

La decisión del Gobierno de resaltar ATENEA introduce una señal hacia el ecosistema científico y tecnológico. En un contexto donde otras áreas del Estado atraviesan recortes, el reconocimiento público de este tipo de desarrollos funciona como un gesto de respaldo selectivo.

El proyecto también impacta en la proyección internacional. Formar parte de Artemis II ubica a Argentina en una misión de alto perfil global, lo que fortalece su inserción en redes de cooperación científica. En términos de poder, implica acceso a información, estándares y validaciones que luego pueden trasladarse a otros desarrollos.

Al mismo tiempo, la visibilidad del satélite tensiona una discusión de fondo: qué lugar ocupará la ciencia en la agenda del Gobierno y bajo qué modelo de financiamiento y articulación se sostendrán estos avances.

Entre hito tecnológico y estrategia de largo plazo

El lanzamiento de ATENEA abre más preguntas que certezas. La operación a más de 70.000 kilómetros y la participación en Artemis II marcan un hito técnico, pero también obligan a mirar la continuidad del proceso.

En las próximas etapas, el foco estará en los resultados de validación tecnológica y en la capacidad de traducir ese conocimiento en nuevos proyectos. También en cómo se sostendrá la articulación entre organismos públicos, universidades y sector privado.

La señal ya está dada: Argentina puede insertarse en el espacio profundo. Lo que queda por definirse es si ese logro será el punto de partida de una estrategia sostenida o un episodio destacado dentro de un escenario más fragmentado.

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Microsatélite argentino viajará en la misión lunar Artemis II

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La República Argentina participará de la misión Artemis II de la NASA, el primer vuelo tripulado hacia la Luna desde el fin del Programa Apolo en 1972. El anuncio oficial, realizado el 16 de enero de 2026 por la Oficina del Presidente, implica un salto institucional y tecnológico para el país, que aportará desarrollo propio a una de las misiones espaciales más exigentes del mundo y se integrará a la nueva arquitectura global de exploración lunar.

La decisión posiciona a la Argentina dentro de un reducido grupo de países con capacidades técnicas y operativas validadas para misiones tripuladas de órbita profunda, con impacto directo en el sistema científico, tecnológico e industrial nacional.

El aporte argentino a Artemis II y el despliegue del microsatélite Atenea

Durante el lanzamiento de Artemis II, se desplegará el microsatélite argentino Atenea, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en conjunto con la empresa VENG S.A., el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA).

El despliegue se realizará en la primera etapa de la misión, a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, lo que constituye un récord para un satélite argentino y amplía significativamente el alcance operativo de la tecnología espacial nacional.

Según detalla el comunicado oficial, el microsatélite permitirá validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales, aportando información clave a la NASA. Entre sus funciones, Atenea medirá radiación en órbitas profundas, evaluará componentes para uso espacial, captará datos GPS para órbitas de transferencia geoestacionaria y validará enlaces de comunicación de largo alcance.

Exigencias técnicas, estándares internacionales y validación institucional

El lanzamiento de Artemis II, con tripulantes a bordo, requiere los estándares de calidad y confiabilidad más exigentes del mundo para actividades espaciales. En ese contexto, la selección del microsatélite argentino constituye una validación explícita del nivel técnico y operativo que mantiene la República Argentina en materia de ciencia y tecnología aplicada.

Desde el Gobierno se destacó que el desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos constituyen una prioridad de la inversión en ciencia, en un esquema que busca eficientizar recursos mediante la eliminación de gastos considerados innecesarios en otras áreas del Estado.

La participación en Artemis II no solo refuerza la posición de la Argentina como socio confiable en programas científicos internacionales, sino que también fortalece su entramado institucional, promueve la transferencia de conocimiento y consolida capacidades locales en áreas de alto valor agregado vinculadas a la industria espacial.

Proyección estratégica

Desde una perspectiva económica y tecnológica, el proyecto impulsa la formación de recursos humanos altamente especializados, el desarrollo de proveedores nacionales y la integración de la Argentina en cadenas de valor globales asociadas a la exploración espacial. A nivel institucional, la participación en una misión lunar tripulada refuerza el posicionamiento del país en cooperación internacional de alto nivel.

El despliegue de Atenea en órbita profunda representa, además, un salto cualitativo para el sistema espacial argentino, con potencial impacto futuro en telecomunicaciones, navegación satelital y misiones científicas avanzadas.

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Orgullo obereño en la NASA: Luis Santiago López integra la misión ATENEA

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El joven obereño Luis Santiago López, ingeniero en sistemas de la CONAE, forma parte del equipo argentino que trabaja en el Centro Espacial Kennedy (NASA, Florida) en la integración final del satélite ATENEA, que será lanzado como carga secundaria en la misión Artemis II, el histórico regreso de astronautas a la Luna.

“ATENEA es un cubesat que llevará experimentos para medir radiación, obtener soluciones GNSS en altas órbitas y probar un sistema de comunicación a largas distancias”, explicó López. Su rol dentro del equipo fue el de Ingeniero en Sistemas a nivel misión, encargado de coordinar la interacción entre subsistemas como estructuras, comunicaciones, potencia y térmico.

López comenzó a trabajar en la CONAE en abril de 2022, primero en el proyecto SAOCOM-2 y desde diciembre de 2023 en ATENEA. “Sinceramente, nunca imaginé llegar tan pronto a un proyecto conjunto con la NASA. Fue un sueño cumplido”, confesó.

Sobre el proceso del desarrolló, explicó, “el ciclo de vida de una misión espacial arranca en la concepción, luego pasa por diseño, fabricación e integración. En Córdoba realizamos pruebas ambientales y funcionales, y en Florida integramos el satélite al dispensador que lo conectará al cohete”.

La participación de Argentina se dio tras la firma de los Acuerdos Artemis en 2023. Los mayores desafíos, contó López, fueron el cronograma ajustado y las estrictas exigencias de seguridad de la NASA.

Aun así, el joven obereño destaca la perseverancia, el esfuerzo y la gratitud como valores fundamentales. “Siempre agradezco tener la oportunidad de vivir estas experiencias. Y la familia fue clave, sin mis padres y hermanas no habría podido estudiar y llegar hasta acá”.

El ingeniero obereño, lleva como insignia la bandera de la ciudad y tuvo que explicar que significa para él, “tuve que explicarles a los de la NASA de dónde era la bandera porque no la conocían, y les gustó el gesto. Sentí un orgullo indescriptible”.

López anima a los obereños a no dejar de soñar, “que sueñen, que se esfuercen en cumplir sus metas. Puede que no todo salga como uno planea, pero si uno apunta alto puede llegar bastante lejos”.

El equipo de ATENEA se conforma por las siguientes personas:

Juan Pablo Cuesta González (Líder de Proyecto)

Andrés Sakamoto (Aseguramiento de Misión y Seguridad)

Nicolás Conde (Ensamble, Integración y Ensayos)

Luis Santiago López (Ingeniería de Sistema)

Aldana Guilera (Ingeniería Térmica, UNLP-CTA)

Joaquín Brohme (Ingeniería Mecánica Estructural, UNLP-CTA).

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El SMN y el IGN abren hoy los concursos para la incorporación de personal científico-tecnológico

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En el marco del Plan de Fortalecimiento de los Recursos Humanos de Organismos de Ciencia y Tecnología pertenecientes a la Administración Pública Nacional impulsado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCyT) y la Secretaría de Gestión y Empleo Público de la Jefatura de Gabinete de Ministros, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) abren el llamado para la cobertura de cargos de personal científico-tecnológico, entre los cuales se valorará especialmente a profesionales altamente calificados. Las inscripciones estarán abiertas entre el 21 de marzo y el 8 de abril para el caso del SMN, y el 11 de abril para el IGN de 2022. Por su parte, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) abrirá los llamados a concurso entre el 25 de marzo y el 11 de abril.

Las personas interesadas podrán conocer los cargos vacantes en la web del Plan. Para concursar, deberán registrarse, cargar sus antecedentes y aplicar a los puestos que sean de su interés en la plataforma SIGEVA-CICYT.

Cabe destacar que el Plan coordina la apertura de concursos públicos para el ingreso de personal especializado a 16 organismos de ciencia y tecnología, los cuales se iniciarán en forma escalonada entre las fechas arriba mencionadas. Para recibir todas las novedades se pueden suscribir al mailing institucional del Plan.

Concursos IGN

Concursos SMN

Concursos CONAE

Además, continúan abiertos los llamados de SEGEMAR hasta el 25 de marzo y de INTACITEDEF y CNEA hasta el próximo 11 de abril.

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