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Siete cóndores fueron liberados en Sierras Paileman, Río Negro

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El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, que conduce Juan Cabandié, a través de su secretaria de Política Ambiental en Recursos Naturales, Florencia Gómez, participó de la liberación de siete cóndores andinos en Sierras Paileman —departamento Valcheta, Río Negro— en un suceso denominado “El Retorno del Cóndor al Mar”, que incluyó la realización de ceremonias ancestrales de pueblos originarios. Se trata de la liberación más grande realizada en el país hasta el momento, en el marco del Programa Binacional de conservación del Cóndor Andino Chile-Argentina, una iniciativa que cuenta con apoyo de la cartera nacional de Ambiente.
Los ejemplares de la especie Vultur gryphus que volvieron al entorno natural tienen diferentes historias. Piuque Wenú (que significa “gran corazón”) fue rescatada por personal del Parque Nacional Nahuel Huapi, en Villa La Angostura, Neuquén. Había sido intoxicada por la ingesta de balas de plomo y luego rehabilitada en el Ecoparque de Buenos Aires. Otro ejemplar rescatado es Kurruf (viento), gracias a miembros de la Estación de Fauna Autóctona de Salta y rehabilitado posteriormente en el bioparque Temaikèn.
Por su parte, Tayel (canto sagrado), proveniente de ese mismo bioparque, fue incubada artificialmente y criada con asistencia de títeres de látex en el mencionado Ecoparque porteño. Otro ejemplar incubado y criado en el Ecoparque es la hembra Mawun (lluvia) y provino de Olavarría, del bioparque La Máxima, en cuyo espació nació asimismo Lihuen (luz de vida). También podemos mencionar a Kume Feleal (buen vivir), nacida en Temaikèn y criada en aislamiento humano en el Ecoparque nombrado. La lista se completa con Pachamama (madre tierra), nacida y criada en ZooParc de Beauval, Francia.
Cabe indicar que a mediados del siglo XIX naturalistas como Charles Darwin, Enrique Hudson y Perito Moreno daban cuenta de la presencia de cóndores en la costa Atlántica Patagónica, imagen que se perdió con su extinción local durante más de un siglo. A partir de diciembre de 2003, gracias a un esfuerzo internacional de conservación, fue posible reintroducir la especie en su antigua área de distribución. El acto realizado esta tarde se convirtió en el décimo séptimo capítulo de liberación del “Retorno del Cóndor al Mar”, que con estos ejemplares sumó 64 cóndores liberados en la costa del Atlántico.
Durante la ceremonia de liberación también participaron Dina Migani, secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro; Federico Hollmann, subsecretario Biodiversidad y Cambio Climático de la misma provincia; Luis Jácome, presidente de la Fundación Bioandina Argentina y director del Proyecto Conservación Cóndor Andino.
Ligado a estos esfuerzos, el Ministerio de Ambiente nacional conformó el año pasado la Mesa de Trabajo Académico-Científica originada por la Estrategia Nacional contra el uso de Cebos Tóxicos, un espacio que busca amplificar acciones, generar nuevos aportes y unificar impulsos frente a esta problemática que ocasionó la matanza de cientos de cóndores y de más de 50 especies de fauna nativa.
Está liderada por la cartera de Ambiente de la Nación, a través de la Dirección Nacional de Biodiversidad de la Secretaría de Política Ambiental en Recursos Naturales; de la Dirección Nacional de Sustancias y Productos Químicos de la Secretaría de Control y Monitoreo Ambiental; y de la Dirección Nacional de Educación Ambiental y Participación Ciudadana de la Subsecretaría Interjurisdiccional e Interinstitucional.
Además, se encuentra conformada por representantes del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), del Ministerio de Salud de la Nación, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), de la Red de Evaluación y Monitoreo de Ecosistemas Acuáticos (Rem.Aqua), del Ecoparque de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, del Programa de Conservación del Cóndor Andino, de la Fundación Bioandina Argentina, del Hospital Italiano, del Hospital Posadas, del Centro de Investigaciones en Toxicología Ambiental y Agrobiotecnología del Comahue (CITAAC), del Centro de Excelencia en Productos y Procesos de Córdoba (CEPROCOR), de las facultades de Farmacia y Bioquímica y de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA), del Centro de Asesoramiento Analítico Toxicológico (CENATOXA), de la Asociación Toxicóloga Argentina (ATA), de las universidades nacionales de La Plata, del Litoral y de Córdoba, y del Grupo de Investigación en Biología de la Conservación (GrInBiC); entre otras instituciones.
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Liberaron con éxito a siete crías de cóndores, la suelta más grande realizada en Argentina

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Se trató de la décimo séptima liberación del programa del “Retorno del Cóndor al Mar”, que ya suma 64 aves que fueron devueltas a la naturaleza en la costa del Atlántico.

Siete crías de cóndores nacidas en cautiverio fueron liberadas en la Bioestación de Sierra Pailemán, en Río Negro, que comparten el Ecoparque y la Fundación Bioandina, en lo que significó la suelta más grande de esas aves realizada en Argentina.

Cuatro de esos animales fueron criados y rehabilitados en el Ecoparque porteño, y de los siete seis llevan nombres mapuches.

Una de las crías es Piuque Wenú (Gran corazón), que fue rescatada por personal del Parque Nacional Nahuel Huapí, en Villa La Angostura, Neuquén, tras ser encontrada gravemente intoxicada por ingesta de balas de plomo.

Tayel (Canto Sagrado) nació en el Bioparque Temaikén, fue incubada artificialmente y criada con asistencia de títeres de látex, al igual que Kume Feleal (Buen Vivir); mientras Kurruf (Viento) fue criado allí tras su rescate por parte de miembros de la Estación de Fauna Autóctona de Salta.

Por su parte, Mawun (Lluvia) nació en el Bioparque La Maxima, en Olavarría, como Lihuen (Luz de Vida).

Por último, Pachamama, que en quechua y aimara significa Madre Tierra, nació y fue criada en ZooParc de Beauval, en Francia.

Se trató de la décimo séptima liberación del programa del “Retorno del Cóndor al Mar”, que ya suma 64 aves que fueron devueltas a la naturaleza en la costa del Atlántico.

En tanto, 215 de esa aves fueron liberadas en toda Sudamérica como parte del Programa de Conservación de Cóndor Andino, que se realiza “con intensos trabajos de campo y sofisticados sistemas de seguimiento satelital”, indicó un comunicado del Ecoparque.

Por esos seguimientos, se sabe que “ya nacieron 10 cóndores de forma natural en la meseta, de las aves que fueron soltadas allí”, explicaron desde el Ecoparque a Télam.

“Sabemos que unen en sus vuelos la cordillera con el mar, llegando a recorrer distancias mayores a 600 kilómetros desde su lugar de suelta, evidenciando los lugares clave para la conservación de estas fabulosas aves”, se indicó.

Federico Iglesias, subsecretario a cargo del Ecoparque, aseguró que “la liberación de los pichones, además de ser el momento más emocionante de todo el proceso, es donde se evidencia el necesario trabajo de articulación entre distintos actores de la conservación”.

El Programa cuenta con el apoyo de las Secretarías de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Río Negro, Chubut y Neuquén, la Fundación Temaikén, Bioparque La Máxima, Aerolíneas Argentinas, la Fundación Bioparc, Grand Parc du Puy du Fou, AFdPZ y la Asociación Beauval Nature de Francia.

Por otra parte, el Ecoparque anunció la restauración de “la tradicional jaula de los cóndores”, un trabajo que requirió más de tres toneladas de acero para reemplazar algunas de las 16 columnas y las vigas, y en el que se suplantaron los arcos perimetrales y diagonales y todos los componentes afectados por el deterioro de la estructura.

La jaula se construyó para ornamentar la Plaza de Mayo para los festejos de las Fiestas Mayas a inicios del siglo XX, una instalación que dirigió el ingeniero Jorge Newbery, pionero de la aviación argentina, quien entonces era director general de Instalaciones Eléctricas y Mecánicas de la Ciudad de Buenos Aires.

Tras las celebraciones el entonces director del zoológico, Clemente Onelli, solicitó al intendente Alberto Casares destinarla para el recinto de cóndores.

En el predio de Palermo se la montó nuevamente con una cobertura de alambre tejido y se ambientó el recinto con una réplica de una formación rocosa conocida como Piedra del Águila.

En la jaula, de 600 metros cuadrados, se agregaron grandes piedras traídas de San Juan y La Rioja, y allí vivieron cóndores, caranchos, águilas y gamuzas.

Cuando se finalicen las tareas de limpieza, el recinto volverá a alojar cóndores que pertenecen al Programa de Conservación de Cóndor Andino que no pueden ser liberados en su ambiente natural.

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