En el marco de una investigación doctoral del CONICET y la Fundación Barceló se analizó la validez del Índice de Vulnerabilidad Vectorial (IVV), un indicador que permite identificar qué viviendas presentan mayor riesgo de infestación por Triatoma infestans, principal vector de la enfermedad de Chagas, en viviendas de la provincia de La Rioja.
El estudio se llevó a cabo por la investigadora Bioq. Jimena Luz Rodríguez, becaria doctoral de CONICET y Fundación Barceló, entre 2022 y 2024 en 58 viviendas rurales y periurbanas, donde se evaluaron condiciones estructurales, ambientales y antecedentes de control vectorial. A partir de estos datos, los investigadores diseñaron un índice que integra factores como los materiales de construcción, la presencia de grietas, los refugios potenciales para insectos y la convivencia con animales.
Los resultados evidenciaron una relación directa entre el nivel de vulnerabilidad y la presencia del vector: las viviendas con un índice alto presentaron hasta un 60% de infestación, mientras que en aquellas con bajo nivel de vulnerabilidad no se registraron casos. Esto demuestra que el riesgo de transmisión del Chagas no depende únicamente del insecto, sino de un conjunto de condiciones sociales y ambientales que favorecen su persistencia.
Desde una perspectiva de salud pública, el Índice de Vulnerabilidad Vectorial se posiciona como una herramienta estratégica que permite anticipar zonas de riesgo, priorizar intervenciones y optimizar los recursos disponibles para el control vectorial. Además, propone un enfoque integral que incluye no solo fumigación, sino también mejoras habitacionales, educación comunitaria y acciones sostenidas en el territorio.
En un contexto en el que la citricultura enfrenta una de sus amenazas sanitarias más severas, una startup surgida de investigadores del CONICET avanza en el desarrollo de un biopesticida específico contra la chicharrita, el insecto que transmite la bacteria responsable del HLB, una enfermedad que puede devastar plantaciones de cítricos. El proyecto, impulsado por la empresa RNAgro y liderado en su dimensión científica por la biotecnóloga María José Blariza, se encuentra en etapa de patentamiento y ensayos regulatorios, con la expectativa de contar con un primer producto comercializable en aproximadamente 18 meses.
La iniciativa no surge de un laboratorio aislado sino de una línea de investigación científica que busca convertirse en tecnología aplicada. La pregunta que sobrevuela el desarrollo es estratégica: ¿puede una solución biotecnológica local cambiar el modo en que se combate una de las enfermedades más destructivas de la citricultura mundial?
De la investigación científica a la creación de una empresa biotecnológica
El origen del proyecto se encuentra en investigaciones desarrolladas dentro del CONICET, donde dos de los fundadores de la empresa trabajan como investigadores. A ese núcleo científico se sumó un tercer socio especializado en el área de negocios, lo que permitió transformar resultados de laboratorio en un emprendimiento tecnológico con potencial aplicación productiva.
Según explicó Blariza, el trabajo inicial consistió en estudiar genes involucrados en los procesos reproductivos y de supervivencia de insectos vectores de enfermedades. Esa línea de investigación permitió identificar mecanismos que, al ser intervenidos, podrían limitar la reproducción del insecto o incluso provocar su muerte.
A partir de esos resultados, el equipo decidió avanzar en una solución orientada a un problema concreto de la producción regional: el control de la chicharrita que transmite el HLB en cítricos.
La tecnología que desarrollan busca interferir en genes específicos del insecto, afectando su reproducción o su supervivencia. El rasgo distintivo del producto es su altísimo grado de especificidad: actúa únicamente sobre la plaga objetivo.
Ese punto es central en el planteo científico del proyecto. A diferencia de los pesticidas químicos tradicionales, el biopesticida está diseñado para no afectar otros organismos del ecosistema, como abejas u otros insectos beneficiosos.
Un biopesticida específico que se degrada sin dejar residuos
La tecnología que desarrolla RNAgro introduce un cambio conceptual en el control de plagas.
El producto se aplica sobre las plantaciones, entra en contacto con el insecto y genera el efecto biológico deseado —interrumpir la reproducción o reducir la supervivencia—, pero se degrada con el tiempo sin dejar residuos en las plantas, el suelo o los frutos.
Esto marca una diferencia relevante respecto de los pesticidas químicos tradicionales, que suelen tener impactos más amplios sobre el ambiente y la biodiversidad, además de generar residuos en los alimentos.
El enfoque responde a una tendencia global que busca reemplazar insumos químicos por soluciones más específicas y ambientalmente amigables, una transformación que Blariza describe como una “oleada verde” dentro de la agricultura moderna.
Además, el diseño molecular del biopesticida evita otro problema frecuente en el manejo de plagas: la aparición de resistencia.
Cuando los pesticidas convencionales se utilizan de manera intensiva, las poblaciones de insectos pueden desarrollar adaptaciones que reducen su eficacia. La estrategia genética, en cambio, apunta a intervenir procesos biológicos específicos que limitan esa capacidad de adaptación.
El HLB, la enfermedad que amenaza a toda la citricultura
La investigación se focaliza en una de las enfermedades más devastadoras para los cítricos: el HLB, causado por una bacteria que se disemina a través de la chicharrita.
La dinámica de la enfermedad presenta una dificultad adicional: los síntomas visibles en las plantas aparecen entre seis meses y un año después de la infección. Durante ese tiempo, el insecto vector puede trasladar la bacteria a numerosas plantas dentro de la misma plantación.
El resultado es una degradación progresiva de la producción: frutos deformes, con sabor ácido o agrio, que terminan fuera del circuito comercial.
La gravedad del problema ya se observó en otros países productores. En regiones citrícolas clave de Estados Unidos, como Florida, la enfermedad provocó caídas de producción cercanas al 90%, un antecedente que dimensiona el impacto potencial sobre economías regionales dependientes de esta actividad.
El protocolo actual frente a la detección de una planta infectada refleja esa gravedad: la única solución disponible es erradicar y quemar la plantación afectada.
Para los productores, esa medida implica un golpe económico inmediato que no sólo afecta a la explotación agrícola sino también a las familias que dependen de ella.
Ensayos regulatorios y una posible salida tecnológica para el sector
El desarrollo del biopesticida atraviesa ahora una etapa clave.
El equipo ya inició el proceso de solicitud de patente, mientras se preparan los ensayos regulatorios ante el SENASA, paso indispensable para validar el producto antes de su comercialización.
La estimación del equipo es contar con un primer MVP (producto mínimo viable) en aproximadamente 18 meses, con el objetivo de iniciar su aplicación inicialmente en Misiones.
La elección de la provincia no es casual. Según explicó Blariza, Misiones se considera la puerta de entrada del HLB en la región, lo que convierte al territorio en un escenario clave para la prevención y el control sanitario.
El impacto potencial, sin embargo, trasciende la provincia. Aunque el NOA —principal región productora de limones del país— todavía no registra la enfermedad, sí está presente el insecto vector, lo que abre la posibilidad de utilizar la tecnología como herramienta preventiva.
Una tecnología con potencial regional y global
El problema sanitario que intenta resolver la startup no es local.
El HLB afecta a grandes productores internacionales de cítricos como Estados Unidos, Brasil y China, donde la enfermedad generó pérdidas significativas en la producción.
Si los ensayos regulatorios confirman la eficacia del biopesticida, el desarrollo podría transformarse en una herramienta relevante no sólo para la citricultura argentina sino también para otros mercados internacionales.
Por ahora, el proyecto se encuentra en una etapa temprana de desarrollo empresarial. El equipo fundador está compuesto por investigadores del CONICET y profesionales del área de negocios, junto a colaboradores en el campo científico.
La evolución de los ensayos regulatorios, la validación tecnológica y la futura estrategia de escalamiento productivo marcarán el rumbo del emprendimiento.
Mientras tanto, el proyecto plantea una posibilidad concreta: que una solución biotecnológica desarrollada desde la investigación pública encuentre un lugar en la cadena productiva y abra una nueva estrategia contra una de las plagas más destructivas de la citricultura.
Científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) encontraron una nueva especie de dinosaurio en Argentina. Los restos del dinosaurio fueron hallados en el norte de Neuquén. La especie sorprende por varias cosas, incluido su tamaño y su peculiar cabeza. Todos los detalles de este descubrimiento.
Los dinosaurios saurópodos se caracterizan por su cuello largo y ser gigantes, tal como la nueva especie de dinosaurio encontrado en Argentina.
El dinosaurio recién descubierto fue bautizado como “Yeneen houssayi” y se calcula que vivió hace aproximadamente 83 millones de años, era de gran tamaño y tenía una cabeza particularmente pequeña.
“Yeneen houssayi tenía una cabeza pequeña en relación al resto del cuerpo. Medía entre 10 y 12 metros de largo y unas 8 a 10 toneladas de peso”, indicó Leonardo Filippi, primer autor del trabajo e investigador del CONICET en el Museo Municipal “Argentino Urquiza” (MAU), de Rincón de los Sauces, Neuquén.
Nuevo dinosaurio encontrado en Argentina
Para tener una idea, 12 metros es lo que podría medir un autobús. “Las características distintivas que permitieron definir la nueva especie se encuentran principalmente en las vértebras dorsales, que cabe mencionar todas ellas fueron preservadas, el sacro y la primera vértebra caudal”, agregó el investigador.
En concreto, el ejemplar recién descubierto conserva seis vértebras cervicales, todas sus vértebras dorsales -diez en total- con varias costillas asociadas, el sacro y la primera vértebra caudal.
De acuerdo con Filippi, este hallazgo “tiene relevancia porque no solo representa una nueva especie, sino que además aporta un gran avance al conocimiento de la anatomía y la filogenia (relaciones de parentesco) de los dinosaurios saurópodos titanosaurios”, dijo a la AFP.
¿Por qué el nuevo dinosaurio se llama Yeneen houssayi?
El nombre del nuevo dinosaurio encontrado en Argentina ha llamado la atención, entre otras cosas, porque los investigadores rindieron homenaje al legado de Bernardo Houssay.
Según el CONICET, el nombre del género, Yeneen, fue inspirado en la cultura tehuelche, también conocido como Aónikenk, que significa “espíritu o entidad relacionada al invierno” debido al área de La Invernada, sitio donde se halló el nuevo dinosaurio.
Mientras, el nombre de la especie, houssayi, es en honor al fundador y primer presidente del CONICET y Premio Nobel de Medicina en el año 1947, Bernardo A. Houssay.
Otros dinosaurios descubiertos
Vale recordar que hay más dinosaurios, pertenecientes al grupo de los saurópodos titanosaurios, que han sido descubiertos en la zona: Overosaurus paradasorum e Inawemtu oslatus.
Pero, aunque todos son valiosos, probablemente ninguno impresione tanto como el Patagotitan mayorum, el dinosaurio más grande que se conoce y que vivió en la Patagonia Argentina.
El nuevo descubrimiento fue publicado en la revista especializada Historical Biology, pero, por lo visto, los investigadores tienen mucho más trabajo por hacer.
Y es que, en el mismo lugar, “se halló un segundo individuo juvenil, representado por un hueso de la cadera de pequeño tamaño, y un tercer ejemplar localizado a pocos metros de distancia, del cual se recuperaron algunas vértebras y huesos de las extremidades”, contó Filippi.
“Este último presenta notables diferencias con Yeneen, por lo que se interpreta como un saurópodo titanosaurio distinto, que será objeto de un estudio futuro”, concluyó el científico.
La Fundación SALES logró reunir el aporte de 782 donantes, empresas y ciudadanos para adquirir e instalar un microscopio escáner de más de U$S 90.000, destinado al equipo científico que lidera la doctora Claudia Lanari. El equipamiento, incorporado en el marco del acuerdo de colaboración entre SALES y el CONICET, representa un salto cualitativo para la investigación sobre cáncer de mama en la Argentina, al permitir trabajo simultáneo y remoto con centros científicos de Estados Unidos, Alemania, Francia, Portugal y otros países, reduciendo tiempos, costos y barreras operativas.
Inversión estratégica en ciencia: cooperación público-privada y alcance internacional
La incorporación del microscopio escáner es el resultado de una campaña especial de recaudación impulsada por la Fundación SALES, que canalizó aportes mayoritariamente ciudadanos junto con contribuciones empresarias. El equipo fue destinado al grupo de investigación que conduce Claudia Lanari en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, en el marco del acuerdo de colaboración vigente con el CONICET.
Desde el punto de vista operativo y presupuestario, el nuevo dispositivo introduce un cambio estructural en la dinámica de trabajo científico. El microscopio permite que los investigadores analicen muestras en tiempo real y en modalidad remota, integrándose a redes internacionales de investigación sin necesidad de traslados físicos. Esto implica una reducción significativa de costos logísticos, optimización de tiempos de investigación y una mayor eficiencia en la producción de conocimiento científico desde la Argentina.
En términos institucionales, el equipamiento refuerza la capacidad local para sostener investigaciones de frontera, consolidando esquemas de cooperación internacional desde el país y fortaleciendo la infraestructura científica disponible para proyectos estratégicos en salud.
Una línea de investigación que cambió el enfoque sobre el cáncer de mama
La doctora Lanari desarrolla su trabajo desde 1993, a partir de una hipótesis que desafió el paradigma dominante: que la hormona progesterona, y no solo el estrógeno, puede inducir cáncer de mama. Sus investigaciones demostraron en modelos animales que la progesterona puede generar este tipo de cáncer, en un contexto donde se sostenía que el estrógeno era el único factor hormonal relevante.
Este enfoque alcanzó validación internacional en 2002, cuando un estudio realizado sobre 16.000 mujeres en los Estados Unidos confirmó los hallazgos, otorgándole reconocimiento global a la línea de investigación. A partir de estos resultados, Lanari revalorizó el uso de la Mifepristona, un medicamento existente y desarrollado originalmente con otro propósito, como potencial tratamiento para el subtipo de cáncer de mama vinculado a la progesterona.
Las pruebas realizadas en pacientes en laboratorio arrojaron resultados positivos, un avance que fue destacado por la revista científica internacional Clinical Cancer Research, en su edición de marzo de 2023. Este reconocimiento consolidó el trabajo del equipo como una referencia en el estudio de hormonas y cáncer de mama.
Impacto científico y sanitario: hacia terapias personalizadas y mayor eficiencia
El objetivo actual del equipo es avanzar en un estudio de identificación de pacientes que puedan beneficiarse del tratamiento con Mifepristona, habilitando el acceso a terapias personalizadas. En este punto, el nuevo microscopio escáner resulta clave: su capacidad de análisis acelerará de manera sustancial los tiempos necesarios para alcanzar resultados concluyentes.
Desde una perspectiva sanitaria y económica, el avance hacia tratamientos personalizados no solo mejora la eficacia terapéutica, sino que también optimiza el uso de recursos del sistema de salud, al orientar los tratamientos a los pacientes que realmente pueden beneficiarse de ellos.
La inversión de más de U$S 90.000 en equipamiento científico, financiada mediante aportes privados y ciudadanos, se traduce así en un impacto concreto: más velocidad en la investigación, menor costo operativo y mayor competitividad internacional del sistema científico argentino en un área crítica como el cáncer de mama.
Repercusiones
La incorporación del microscopio escáner fortalece la posición de la Argentina en redes internacionales de investigación biomédica y consolida un modelo de financiamiento mixto para la ciencia. Para el sector científico, implica mejores condiciones de trabajo y mayor integración global; para el sistema de salud, abre la puerta a tratamientos más precisos; y para la sociedad, demuestra el impacto tangible de la participación ciudadana en proyectos de alto valor estratégico.
En un contexto donde la inversión en ciencia es un factor clave para el desarrollo, el caso de la Fundación SALES y el equipo de Claudia Lanari muestra cómo la articulación entre organizaciones civiles, investigadores y organismos públicos puede traducirse en avances concretos con impacto sanitario, económico e institucional.
Crisis climática y fronteras: el LIF celebra su décimo aniversario con un ciclo de conferencias internacionales.
El Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF) del CONICET-UNaM lanza una propuesta para repensar los territorios y las geografías del cambio climático con la participación de destacados especialistas de Argentina y Canadá.
Un espacio de reflexión interdisciplinaria sobre los territorios en crisis
En el marco de su décimo aniversario, el Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF), perteneciente al Instituto de Estudios Sociales y Humanos (IESyH, CONICET-UNaM), organiza un nuevo encuentro dentro del Ciclo de Conferencias sobre Fronteras, que busca abrir el debate sobre los límites, las tensiones y las transformaciones espaciales en un mundo atravesado por el cambio climático.
La conferencia titulada “Los lugares, territorios y terrenos de un mundo en llamas. Una tríada espacial para la crisis climática” se realizará el martes 4 de noviembre a las 17 horas (Argentina) en modalidad virtual, y será transmitida en vivo a través del canal de YouTube @iesyh.conicetunam.
El evento contará con la disertación del Dr. Gastón Gordillo, investigador de la Universidad de British Columbia (Canadá), reconocido por sus estudios sobre geografía crítica, territorialidad y espacialidad en contextos de conflicto y transformación ambiental.
La conferencia será comentada por Facundo Rojas, investigador del IANIGLA (CONICET-Universidad Nacional de Cuyo), y moderada por Tania Porcaro, integrante del Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires (GEFRE).
Una tríada espacial para entender el cambio climático
El encuentro propone repensar las dimensiones espaciales de la crisis climática a partir de tres conceptos centrales —lugar, territorio y terreno—, en el marco de un mundo marcado por los incendios forestales, el extractivismo y la degradación ambiental.
“Reflexionaremos sobre cómo los incendios y los desastres ecológicos reconfiguran las nociones tradicionales de espacio, y cómo el territorio se convierte en un campo de disputa política, económica y simbólica”, señalaron desde la organización del LIF.
La propuesta busca tender puentes entre la geografía crítica, la antropología, la ecología política y los estudios ambientales, promoviendo un diálogo entre investigadores del norte y del sur global sobre las fronteras como espacios dinámicos de conflicto y resistencia.
Este ciclo se inscribe en una línea de trabajo consolidada por el LIF en la última década. Orientada al análisis de las fronteras geográficas, sociales, culturales y epistemológicas desde una mirada interdisciplinaria.
Una década de investigación sobre fronteras y territorialidades
El Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF) celebra en 2025 diez años de trayectoria como espacio de referencia en el estudio de las dinámicas de frontera en América del Sur. Integrado al IESyH (CONICET-UNaM), el laboratorio ha impulsado investigaciones sobre movilidad, soberanía, extractivismo, migraciones, pueblos originarios y conflictos ambientales en zonas de frontera.
El ciclo de conferencias, que se desarrolla a lo largo de todo el año, tiene como propósito fortalecer la red académica regional e internacional. Y consolidar un enfoque crítico sobre las transformaciones territoriales contemporáneas.
“El LIF reafirma su compromiso con la producción de conocimiento situado, interdisciplinario y con perspectiva latinoamericana”, destacaron desde la organización.