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Estudian el impacto de plantaciones de pino y proponen manejos sustentables

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En Misiones, investigadores del Instituto de Biología Subtropical analizaron las prácticas de cultivo de productores forestales, verificaron el impacto sobre la biodiversidad y recomendaron alternativas.

En Argentina, más de 700 mil hectáreas – el equivalente a unas 500 canchas de fútbol como la del estadio de River Plate – están cubiertas por plantaciones de pinos*, una especie que tiene gran rendimiento industrial para la producción de papel y de madera. De esa superficie total, más de 300 mil hectáreas corresponden a la provincia de Misiones, un territorio en el que las extraordinarias condiciones bioclimáticas permiten un crecimiento récord de los árboles, que no se registra en otros lugares del mundo.

Aunque la industria forestal representa una actividad productiva de gran importancia para toda la región del Nordeste – Corrientes también cuenta con más de 200 mil hectáreas cultivadas con pinos a las que se suman otras 100 mil con eucaliptos -, el impacto ambiental de esta práctica en territorios de gran biodiversidad genera preocupación. Para obtener evidencia local de los efectos de las plantaciones, investigadores del Instituto de Biología Subtropical (IBS, CONICET – UNaM) estudiaron dos tipos de manejos forestales que se realizan en la provincia de Misiones, mostrando cómo la alta densidad de cultivo afecta al ecosistema.

En el trabajo, que fue publicado en la revista Forest Ecology and Management, se caracterizan los manejos actuales y se evalúa una práctica alternativa intermedia, con el fin de determinar aquellas prácticas que contribuyan con la conservación de especies. Las recomendaciones incluyen la disminución de densidad de las plantaciones mediante la técnica de raleo, que consiste en la remoción de algunos de los árboles plantados –en distintos porcentajes-, a fin de incrementar los recursos para las plantas.

“En el trabajo pusimos a prueba los dos tipos de manejo que se realizan actualmente en la provincia de Misiones. Las prácticas varían de acuerdo al destino que se dará a los pinos, que corresponden a la especie Pinus taeda. Existe un método habitual para las plantaciones destinadas a pasta de papel y otro para las que tienen como fin la industria maderera”, explica Carolina Trentini, becaria doctoral del nodo de Puerto Iguazú del IBS y una de las autoras del artículo. El estudio, que es el primero en Misiones que aporta evidencia del efecto de estos manejos en la conservación de especies de plantas nativas que ofrecen refugio y alimento a especies animales, se extendió por dos años.

El equipo de trabajo, del que también participaron otros investigadores del IBS, del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET – UBA) y de la Universidad de Arkansas, Estados Unidos, analizó el efecto de cada uno de estos manejos en el ecosistema. Según explica Trentini, en las plantaciones de pinos que tienen como destino final la industria papelera los árboles se plantan a muy poca distancia y se los deja crecer sin tocarlos durante aproximadamente 12 años, sin realizar ningún tipo de poda o recolección, ya que no importa el tamaño que puedan alcanzar, sino la cantidad de madera que pueda contener en su conjunto toda la plantación. De esta manera, aumenta la cantidad producida por área aunque los árboles sean pequeños.

“El problema con este tipo de manejo intensivo es que el espacio debajo de los pinos (sotobosque) recibe muy poca luz del sol y esto afecta el crecimiento y el establecimiento de especies vegetales nativas. A eso se suma que estos manejos generan condiciones de acidez más elevada que aquellos con de plantaciones destinadas a madera, que presentan valores equivalentes al bosque nativo. Estos resultados sugieren que el incremento de la vegetación estaría regulando el pH. Todos estos factores generan condiciones extremas para el ecosistema”, agrega Trentini, al tiempo que advierte que este manejo, de mayor intensidad, es el más extendido en Misiones.

En el otro tipo de manejo, que se aplica en plantaciones destinadas a la producción de madera, se remueve a los siete años el 50 por ciento de los árboles que se plantan, a fin de que los que quedan puedan alcanzar un mayor tamaño y optimizar su rendimiento. El proceso se repite a los 12 y 15 años. “Este manejo complejiza la estructura del sotobosque y diversifica la vegetación nativa y en consecuencia, aumentan los hábitats y el alimento para la fauna silvestre. Esto es fundamental si tenemos en cuenta que se trata de un lugar con muchas especies endémicas y nativas”, señala la autora del estudio.

Una de las recomendaciones de los científicos consiste en alejar este tipo de manejos intensivos de terrenos que limiten con bosques nativos, evitando generar cortes abruptos en el ecosistema. “Si bien con la aprobación de la Ley 26.331 en 2007 se establece el manejo sostenible de los bosques nativos, en la práctica vemos que la región de la Selva Misionera sigue siendo afectada de alguna u otra manera. Teniendo en cuenta que estamos trabajando en la zona que alberga la mayor biodiversidad del país, es importante que se genere un compromiso tanto por parte de las empresas como de los organismos del estado encargados de los controles,” opina Trentini.

Además, señaló que el trabajo puede ser una herramienta para que certificaciones como la de Forest Stewardship Council (FSC), que garantiza que los productos tengan su origen en plantaciones bien gestionadas permitiendo la apertura a nuevos mercados, tengan en cuenta al raleo como variable o requisito para certificar los productos provenientes de estos manejos y no de aquellos intensivos e incompatibles con la conservación.

*Según datos del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

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Fabrican bioplástico a partir de residuos de aserraderos

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Un equipo internacional de investigadores coordinado desde el Instituto de Materiales de Misiones (IMAM, que depende de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales y CONICET) busca desarrollar bioplásticos para impresiones 3D a partir de residuos agro y foresto industriales, como el aserrín de pino y eucalipto y bagazo de la caña de azúcar. Eso convierte a esta investigación en una propuesta sumamente original, ya que si bien existen iniciativas similares en el mundo, esta es la primera que lo hace con residuos forestales.

El proyecto se llama ValBio-3D (Valorización de residuos de biomasa para materiales de alto valor agregado para bio-impresiones 3D) y busca desarrollar tecnologías eficientes para la producción de biomateriales, integrando bioplásticos y nanocelulosas, que sean biodegradables y reciclables.

Es coordinado por la doctora María Cristina Area, vicedirectora del IMAM. Intervienen equipos de investigación de Alemania, Finlandia, Noruega, Chile y Perú, además de empresas privadas.

Area destacó que en principio se está trabajando en el desarrollo de dos productos, pero una vez que se haya llegado a los primeros resultados, será cuestión de creatividad determinar qué elementos se podrán fabricar por medio de Impresión 3D. Adelantó que incluso, tras realizar estudios de biocompatibilidad con la piel, se podrían desarrollar prótesis.

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Científicos argentinos descubrieron una bacteria que puede estirar la vida más allá de los 120 años

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Un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad Nacional de Rosario, del que participaron investigadores del CONICET, reveló que una bacteria probiótica llamada Bacillus Subtilis, además de sus propiedades positivas en el sistema inmunitario, puede actuar en forma directa sobre la longevidad.

La Bacillus Subtilis no es una novedad en sí misma. Se consume hace miles de años, sobre todo en algunos países asiáticos, donde no por casualidad su longevidad promedio se ubica por encima de la media mundial. Ahora los científicos rosarinos comprobaron sus efectos de longevidad en los gusanos nematodo Caenorhabditis elegans, que según los especialistas poseen las mismas vías regulatorias que los seres humanos.

Roberto Grau, director de la investigación publicada en la prestigiosa revista Nature Communications, pasó más de 30 años en el estudio de la bacteria. “Lo que pudimos observar en el caso del nematodo es que además de alargarles la vida tiene el efecto de mantener la vitalidad. Esto, extrapolado a humanos, significaría vivir más allá de los 120 años con una vitalidad de una persona de 50“, remarcó.

La bacteria tiene la peculiaridad, a diferencia de otras, de no requerir refrigeración para emanar sus efectos positivos. “Además, tiene la particularidad de producir un tipo de célula que se llama espora, que es altamente resistente y que, luego de ser consumida, germina y aparece la bacteria probiótica activa, produciendo efectos beneficiosos”, señaló a La Capital.

Para Grau, la Bacillus subtilis puede proteger contra las dos principales causas de muerte a nivel mundial. Por un lado, los distintos tipos de enfermedades. Por otro, el envejecimiento natural tanto de células, como de tejidos y órganos.

En el experimento realizado, el equipo de investigación demostró que el probiótico extendió la expectativa de vida de los gusanos y retrasó su envejecimiento. A su vez, lograron definir los mecanismos que entran en juego en el proceso. “Sabemos qué genes de la bacteria están implicados en regular genes del hospedador que llevan al aumento de la longevidad y encontramos que existe una correlación directa con los que se encuentran afectados en personas centenarias”, explicó Grau.

Uno de los puntos fuertes que arrojó la investigación radica en que la bacteria se puede incorporar sin mayor inconveniente tanto en comidas como en bebidas, aunque todavía queda esperar por el trámite que permita su inclusión como aditivo alimenticio.

“Puedo incorporar el probiótico en el alimento o bebida que más me guste o que esté más accesible según mi nivel económico o gustos culturales. Este es otro plus de nuestro trabajo ya que puede traducirse en un futuro cercano en una manera de mejorar la calidad y la duración de la vida de todas las personas de la sociedad”, resaltó el investigador.

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