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El Gobierno impulsa la remoción del juez Alejo Ramos Padilla

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El Ministerio de Justicia presentó un expediente en el Consejo de la Magistratura que es el organismo que propone y remueve magistrados.
El Ministerio de Justicia presentará el lunes un expediente en el Consejo de la Magistratura para buscar la remoción del juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, que tiene en sus manos la investigación sobre la supuesta trama de espionaje y extorsiones que rodeaba al falso abogado Marcelo D’Alessio.
El escrito será presentado por el representante del Poder Ejecutivo ante el organismo que designa y remueve a los jueces, Juan Bautista Mahiques.
La decisión del Gobierno llegó luego de la polémica presentación de Ramos Padilla ante la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, ocurrida el miércoles, por impulso del diputado ultra K Leopoldo Moreau. “Creemos que lo que hizo ahí fue un caso evidente de mal desempeño de sus funciones, y por eso consideramos que debe dejar su cargo”, explicó a este diario un funcionario del Ministerio de Justicia, para explicar la decisión oficial.
Según la nota que envió al Consejo, el Gobierno cree que su polémica presentación en el Congreso configuró una “manifiesta actuación irregular y violatoria de los deberes de imparcialidad y reserva que todo juez debe guardar respecto de las causas que tramitan ante sus estrados y en resguardo de los derechos de las partes involucradas”. La presentación fue hecha el mismo día que Ramos Padilla volvió ordenar la citación a indagatoria de Carlos Stornelli, el fiscal de la causa de los cuadernos de las coimas.
“No sólo careció de imparcialidad sino que tampoco demostró observar en forma alguna el deber de objetividad que la ley impone a quienes llevan adelante la acusación pública que, en la normalidad de los casos, son los representantes del Ministerio Público Fiscal”, sostuvo el Ministerio de Justicia en la nota. Esta párrafo alude a que el fiscal federal de Dolores, Juan Pablo Curi, declaró la incompetencia de Ramos Padilla en el caso Etchebest y no formuló un requerimiento de instrucción por nuevos casos que el juez empezó a investigar.
En una nota dirigida a Mahiques, la cartera de Justicia afirmó que parece haber una clara intencionalidad en la actuación del juez, “afirmando como verdaderos, extremos de la investigación que conforme sus propios dichos, todavía no han sido verificados”. Sucede que la causa todavía no tiene probados los hechos que el juez exhibió ante los diputados K que, en un hecho inédito, lo aplaudieron efusivamente tres veces.
En esa línea, se solicitó al Consejo que se abra una investigación para determinar si el juez incurrió en incumplimiento de sus funciones, y argumentó que “hizo de su investigación una cuestión política y mediática alejada del rol que la Constitución Nacional reconoce al Poder Judicial”.
En la nota el ministerio de Justicia señaló que “la actitud confrontativa demostrada contra algunos de los legisladores, también exhibe un accionar incompatible con la prudencia y decoro esperados de un Juez Federal”. Esta frase alude a las críticas que hizo a las diputadas Elisa Carrió y Paula Oliveto a quien presentó como “usuarias” de datos de D’Alessio, aunque nunca hicieron una presentación legislativa o una denuncia judicial con ellos. Es más, hizo escuchar un audio del falso abogado que habría mandado a Oliveto antes de quedar detenido, pese a la reserva que mantiene la causa.
Y concluye la nota que, “con motivo de todo lo hasta aquí expuesto, le solicito que por su intermedio se expongan los hechos descriptos precedentemente ante el Consejo de la Magistratura a los efectos de que se dé inicio al procedimiento legalmente previsto”.
Por otra parte, se remarcó la “evidente finalidad política” que parece dirigir el accionar del juez, al solicitar su pedido de colaboración “a dependencias a las que no correspondía, como lo es el programa Verdad y Justicia, omitiendo con plena conciencia y conocimiento la obligación de requerir a aquellas que se encuentran reguladas por la ley a tales efectos, como el Centro de Asistencia a las Víctimas de Delitos (CENAVID), y el Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados”, atento que el programa Verdad y Justicia solo puede intervenir en causas vinculadas a delitos de lesa humanidad”. Es decir, que un organismo controlado por los K en la provincia, tuvo las pruebas que algunos acusados aún no había visto.
“El Dr. Ramos Padilla no puede desconocer que este Ministerio siempre prestó colaboración en todos los procesos judiciales en los que fue requerido conforme las disposiciones legales vigentes” y, sin embargo, no fue requerida su intervención, finaliza la nota.
Fuentes del Consejo adelantaron a este diario que al Gobierno le resultará difícil conseguir los votos necesarios entre los consejeros para impulsar la investigación a Ramos Padilla. Será clave si los consejeros del peronismo renovador apoyan la investigación o se alían con los kirchneristas para bloquearla.
Paralelamente, a este pedido el juez Ramos Padilla es investigado en una causa penal abierta en Bahía Blanda por presionar a personal del juzgado de esa ciudad. Cuando fue subrogante en Bahía Blanca se retrasó una causa contra Lázaro Báez por haber comprado facturas truchas para lavar dinero.
Además, Ramos Padilla es candidato a asumir en el juzgado electoral de La Plata que es clave para el control de las elecciones en la provincia de Buenos Aires.
El día de la presentación del juez en la cámara baja, Cambiemos vació la comisión y sostuvo que la convocatoria al juez por parte de su presidente, el ultrakirchnerista Leopoldo Moreau, era “una puesta en escena” y una “maniobra”.
En los pocos casos en que jueces han expuesto ante el Congreso, como el ex juez federal Juan José Galeano por la causa del atentado contra la AMIA, las conferencias se hicieron a puertas cerradas y bajo juramento de no divulgar información. En cambio, Ramos Padilla habló en una sesión pública y exhibió pruebas originales de la causa.
En sus varias horas de exposición, el juez hizo graves consideraciones: “Lo cierto es que el caso que puede involucrar a un fiscal, no a uno solo, sino a varios, a un periodista, a un juez, es ínfimo… Lo que estamos viendo puede perjudicar las relaciones con Estados Unidos, con Venezuela, con Israel y con la República del Uruguay. Porque esta organización tuvo incidencia en distintos ámbitos de incumbencia de varios países”, sostuvo Ramos Padilla.
Esa posición está en línea con la postura de la senadora y ex presidente Cristina Kirchner quien, hace dos semanas atrás, pidió que la Corte Suprema tome la causa D’Alessio porque estaba metida “una potencia extranjera”, en la medida que el falso abogado decía que era de la DEA.
Fuente Clarín

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Las tapas del viernes 8: La economía, las tasas del BCRA, la corrupción y la campaña

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A continuación reproducimos las tapas de los principales diarios del país. La economía es la principal preocupación de los argentinos en el cierre del veranito. Las tasas bancarias, la crisis en la construcción y la industria son los temas del momento.
Desde la Justicia, Bonadio retoma las causas por corrupción, procesando a 92 intendentes del país. La causa es el manejo de la basura a través del GIRSU que llegó a 190 municipios del país. Habría un misionero imputado, Federico Neis de Puerto Rico, quien aseguró que tiene todos los papeles y que el dinero que no se uso sigue en una cuenta bancaria.
 


 

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Milagro Sala fue condenada a 13 años de prisión por defraudación al Estado, asociación ilícita y extorsión

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La dirigente jujeña Milagro Sala fue condenada a 13 años de prisión por la causa “pibes villeros”
La dirigente social Milagro Sala fue condenada a 13 años de prisión en el marco de la causa “pibes villeros”, por la que la encontró culpable de los delitos de asociación ilícita, fraude a la administración pública y extorsión.
El juicio estuvo a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal 3. En el banquillo también se sentaron otros 29 imputados que vivieron una jornada cargada de contratiempos dado que el fallo se tuvo que postergar en reiteradas ocasiones.
La audiencia que debía comenzar las 9 se suspendió hasta 16 debido a que el imputado Juan Manuel Aguilera fue detenido en la provincia de Salta por una causa de tráfico de estupefacientes y no pudo comparecer al debate.
Cuando se disponía el comienzo de la audiencia, poco después de las 9 la dirigente Milagro Sala ingresó al Palacio de Tribunales acompañada de dos efectivos del Servicio Penitenciario.
En los pocos minutos que la líder de la organización Tupac Amaru estuvo en el recinto se dirigió a los medios de comunicación presentes, para cargar contra el gobernador jujeño, Gerardo Morales, al indicar “que le tiene miedo para competir políticamente” y que por ello “quieren condenarla”.
“Si Gerardo Morales es un señor que me de la libertad y compitamos mano a mano por la gobernación”, sostuvo Sala, que ya había adelantado sus intenciones de postularse para ese cargo, a pesar de encontrarse en prisión.
“Gerardo Morales me tiene miedo y es un cagón”, reiteró en varias oportunidades y aseguró que los cooperativistas imputados en esta causa “son todos inocentes”.
En este juicio además de Sala hay otros 29 acusados por asociación ilícita, fraude a la administración y extorsión, entre ellos exfuncionarios provinciales y cooperativistas, acusados de defraudar al Estado en unos 60 millones de pesos cobrados por cooperativas para construir viviendas sociales, las cuales no se habrían realizado.
En relación a la situación de Juan Manuel Aguilera, -hijo de la diputada provincial de Cambiemos Mabel Balconte también imputada en esta causa- las juezas del Tribunal jujeño exhortaron un oficio a la justicia federal para que el mismo puediera comparecer a la audiencia.

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El 53% de los argentinos cree que el Presidente y sus funcionarios están involucrados en actos de corrupción

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El trabajo se titula “Indicadores internacionales de la corrupción en la Argentina 2018” y fue coordinado por Marcelo Bermolén, profesor de la Escuela de Gobierno, Política y Relaciones Internacionales y director del Observatorio de Calidad Institucional de la Universidad Austral.
El informe está basado en las mediciones de Transparencia Internacional, del Banco Mundial, el Foro Económico Mundial, la Corporación Latinbarómetro y el Banco Interamericano de Desarrollo. Si bien en algunos índices de 2017 y 2018 se demuestra una leve mejoría (que se percibe desde 2016), el resultado global de la Argentina no es bueno.
“La mayoría de los indicadores sobre corrupción están basados en estudios o encuestas de apreciación. La corrupción es por naturaleza opaca y clandestina, y por lo tanto los indicadores son mayoritariamente de percepción”, explica Bermolén. “Ningún indicador por sí solo es concluyente ni determinante -explica el autor-. Pero en conjunto genera tendencias que muchas veces si lo son”.
Bermolén señala que Argentina sigue reprobada en casi todas las series de indicadores de medición, en materia de percepción de la corrupción o efectividad de las políticas públicas implementadas para su lucha o erradicación, ocupando el lote de países peor posicionados “en el mundo, el continente o la región”. “Argentina sigue por debajo del promedio general de los países de América (o Latinoamérica) aunque ha logrado reducir esa brecha por la suma de mínimas mejoras propias y el estancamiento o empeoramiento de otros países. Ha mejorado la percepción del estado de derecho, aunque eso no se ha traducido en una mayor confianza en las instituciones, en los sujetos que transitoriamente ejercen sus funciones o en las políticas de combate a la corrupción”, detalla. 
Índice por índice
Según Latinobarómetro, en 2017, dentro de una escala del 0 al 10, los argentinos creían que la corrupción en el gobierno alcanzaba el altísimo valor de 7,7 por encima del valor promedio de Latinoamérica (7,5). En 2018, consultados ya no por las instituciones sino sobre quienes ejercen las funciones y buena parte del poder, el 53% de los argentinos cree que el Presidente y todos -o casi todos- sus funcionarios están involucrados en actos de corrupción, porcentaje que lo muestra por encima de legisladores, jueces, policías y empresarios. También, por encima del promedio respecto de quienes ejercen la misma institución presidencial en Latinoamérica (50%). 
Bermolén, quien además es abogado y especialista en Acceso a la Información Pública, Calidad Institucional y Transparencia Electoral; señala que “ello, pone en jaque cualquier posibilidad de liderar exitosamente la lucha contra la corrupción desde la percepción de ejemplaridad, ejercicio de la ética pública y cambio de paradigmas. El primer mandatario y sus funcionarios superan la media latinoamericana de corrupción junto a los empresarios argentinos. No le va mejor a los parlamentarios, la policía o los magistrados que son percibidos con altos índices de sospecha de estar implicados en hechos de corrupción”.
 

Latinobarómetro 2018.

Además, si ya era delicado que en 2017 el 61% de los argentinos consultados por Latinobarómetro creyeran que la lucha contra la corrupción no había progresado, más relevante es aún que el 56% de los encuestados en 2018 expresen que perciben un aumento de la corrupción. Si bien esos valores están por debajo del promedio de América Latina, son lo suficientemente altos para encender las alarmas del gobierno nacional y analizar con detenimiento la eficacia -o ineficacia- de las políticas de combate a la corrupción desde la percepción social.
No obstante, Bermolén afirma que “cuando se trata de obtener algún beneficio -directo o indirecto-, 4 de cada 10 argentinos se muestran dispuestos a tolerar cierto grado de corrupción en la medida que se resuelvan problemas. Idéntica proporción de argentinos que en 2017 se mostraban con disposición a sobornar, jueces, policías o funcionarios”. “Es necesario que la lucha contra la corrupción también comience en la propia sociedad, vía educación de valores, para generar cambios culturales en su propia conducta. Lo que no impide considerar el descreimiento que genera en ella, el accionar de una justicia ineficiente, la ausencia de ejemplaridad o de sanciones reales”, reflexiona el director del Observatorio de Calidad Institucional de la Universidad Austral.
 

Latinobarómetro 2018.

La encuesta sobre corrupción del Foro Económico Mundial (WEF) refleja que continúa la tendencia de ligera mejoría en la calificación respecto al “Desvío de fondos públicos” y “Pagos irregulares y sobornos”. Pero lo  cierto es que la Argentina integra el lote de países con peores indicadores, situándose para el primer valor en el puesto 121º y para el segundo en el 98º. Mostrando en conjunto una notoria falta de avances.
 

Índice Global de Competitividad (Foro Económico Mundial).

Una última encuesta del WEF referida a 16 “factores que limitan la capacidad de hacer negocios” en Argentina, muestra una perdida de peso relativo de la corrupción entre esos rubros respecto del año anterior, cayendo de la cuarta posición a la séptima. Si bien, una primera lectura permitiría pensar en una mejora de las condiciones de este factor, lo que habría sucedido es una agravamiento de las otras condiciones en un contexto de inestabilidad político económico y notables dificultades. Adquieren una mayor relevancia en el ultimo año, condiciones tales como la inestabilidad, las regulaciones laborales o la burocracia ineficiente que se suman a la inflación, las altas tasas de impuestos y el financiamiento como factores centrales.
 

Índice Global de Competitividad, la corrupción como factor que limita la capacidad de hacer negocios (Foro Económico Mundial).

Con respecto al “Comportamiento ético de la empresas”, también del WEF, que se mostraba en descenso, mostró una módica mejoría tanto en la valoración del país como en el ranking. Aún así, se encuentra entre los peores registros, al final de la tabla.
“La corrupción en la Argentina es de carácter estructural, endémica y transversal. Abarca todos los niveles, poderes y estamentos. Atraviesa a todos los actores sociales y lleva décadas instalada sin que se vislumbre un cambio cultural mayoritario. El comportamiento ético de los empresarios del país obtiene una de las peores evaluaciones a nivel mundial (puesto 130° sobre 137 lugares). La denominada causa de los cuadernos parece convalidar esa tendencia”, afirma Bermolén.
 

Índice Global de Competitividad, comportamiento ético de las empresas (Foro Económico Mundial).

También se tomó en cuenta un reciente estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo que mide la gobernanza de la corrupción -a través de la evolución de un conjunto de indicadores-. Las políticas de lucha contra la corrupción en Latinoamérica -en la mayoría de los casos- “han sido parciales, irregulares y con un mayor enfoque en la mera aprobación de normas”. En un indicador que va de -2.5 a +2.5, considerando los últimos 20 años (1996-2017) Argentina muestra una involución en esa lucha con un valor final de -0,26 y un descenso de -0,16 puntos; integra el pelotón de los países que han empeorado.
 

Banco Interamericano de Desarrollo.

El índice de Transparencia Internacional sobre Percepción de la Corrupción muestra una leve mejora de Argentina respecto a los últimos dos años, lo que marca una tendencia progresiva y positiva que resulta insuficiente, toda vez que Argentina sigue por debajo de la mitad de tabla (85° compartiendo lote de 5 países) y mantiene la condiciones de aplazo (3.9 sobre 10). Si bien la brecha con el promedio de América se reduce al mínimo (11,4%), ello sucede en un contexto de estancamiento del progreso de esa lucha en los países del continente.
 

Índice de Percepción de la Corrupción (Transparencia Internacional).

Finalmente, según datos del Banco Mundial, se percibe un leve incremento en el control de la corrupción en Argentina mientras que el promedio de la región desciende levemente, acercándose las posiciones. Sin embargo, nuestro país permanece por debajo del promedio de América Latina y el Caribe. 
 

Gobernabilidad en el ámbito mundial (Banco Mundial).

“La lucha contra la corrupción muestra un fracaso estrepitoso en las dos últimas décadas, lo que involucra al menos a seis administraciones, incluida la actual, que no han conseguido -más allá de cambios normativos, modificaciones estructurales cosméticas y variadas recomendaciones- alterar la percepción social del flagelo, ni generar la confianza necesaria para producir una transformación cultural, profunda y sostenible en el tiempo. Como ejemplo reciente y revelador de contradicciones entre el decir y el hacer, vale recordar la discordancia de haber logrado sancionar una ley de responsabilidad penal de las personas jurídicas privadas (Ley 27.401) y, a la vez, permitir a muchas de las empresas que se han declarado partícipes en hechos de corrupción, continuar en licitaciones o proyectos de participación público-privada, más allá de las razones jurídicas o economicistas esgrimidas”, manifiesta Bermolén.
“Es necesario dejar atrás la retórica, los compromisos moralistas -propios de  promesas de campaña- y mostrar acciones ejemplares que induzcan cambios sociales en la lucha contra la corrupción. Fortalecer los órganos de control, investigar toda la corrupción (ahondar en el pasado pero también en el presente), evitar los atajos como: blanqueos, aceptación de renuncias de jueces susceptibles de ser juzgados políticamente por mal desempeño, o promover amnistías encubiertas, obviar la designación y actuación en las sombras de operadores judiciales y la protección de ciertos magistrados. Promover la designación del Procurador General y del Defensor del Pueblo de la Nación -y otros estamentos- sin amiguismos, esclarecer y castigar todos los casos de financiamiento irregular de la política, profesionalizar los cuerpos de auditores, aplicar criterios uniformes de transparencia, generalizar la aplicación de normas contra el nepotismo en el poder, asegurar contrataciones, licitaciones y acuerdos con el estado intachables, generar organismos anticorrupción independientes del poder político, procurar la meritocracia en las designaciones de funcionarios, y evitar los conflictos de intereses”, concluye el académico de la Universidad Austral.
Acceda al INFORME COMPLETO 

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