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Un viaje a la experiencia AguaVista: el country que convirtió el lujo en calidad de vida

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A pocos minutos de Encarnación, AguaVista se consolidó como uno de los desarrollos inmobiliarios más exclusivos de Paraguay. Con cerca de 1.000 lotes vendidos, golf, náutica, deportes, seguridad y un flamante aeródromo privado, el proyecto busca convertirse en una experiencia regional. Elio Saurini, presidente de A+E y del consorcio de propietarios, explica la filosofía empresarial detrás de un country que apuesta a vender realidades antes que promesas.

Hay proyectos inmobiliarios que venden metros cuadrados. Otros venden ubicación, amenities o una promesa de valorización futura. AguaVista intenta vender algo bastante más difícil de medir: una experiencia.

Para comprenderlo hay que salir de Encarnación, cruzar hacia San Juan del Paraná y entrar en un espacio donde el paisaje empieza a explicar el negocio antes que cualquier brochure comercial. Golf, residencias, náutica, áreas deportivas, caminos internos y seguridad conforman una suerte de pequeña ciudad privada construida alrededor de una idea que aparece repetidamente en la conversación con Elio Saurini, presidente de A+E Sociedad Anónima -la desarrolladora- y también presidente del consorcio de propietarios: calidad de vida.

Ahora hay además una pieza que cambia la escala del proyecto. AguaVista inauguró su propio aeródromo.

No es solamente un nuevo servicio para los propietarios. Es probablemente la expresión más acabada de hacia dónde pretende ir el desarrollo: convertirse en un destino en sí mismo y acortar las distancias entre el sur de Paraguay y los grandes centros de negocios de la región.

“Queremos que sea una experiencia para todas las personas que visiten el sur, no solamente paraguayos, sino también extranjeros”, sintetiza Saurini. Y define tres pilares: calidad de vida, seguridad y bienestar.

La frase puede sonar a slogan inmobiliario. Pero detrás hay 17 años de construcción, inversión y decisiones empresariales, algunas bastante alejadas de la lógica tradicional del negocio inmobiliario.

AguaVista comenzó alrededor del deporte. Más específicamente, alrededor de una cancha de golf. Con el tiempo, el proyecto fue adquiriendo otra dimensión.

A+E significa originalmente Asunción más Encarnación, las dos procedencias de los accionistas que dieron origen a la sociedad. Después llegaría una figura determinante para la transformación del proyecto: Andrés Trosiuk, actualmente accionista mayoritario. Saurini le atribuye buena parte del cambio de escala.

La familia Trosiuk aportó capital, conocimiento empresario y, especialmente, tiempo. Pero la transformación más profunda estuvo en la filosofía con la que comenzó a desarrollarse AguaVista.

La premisa fue sencilla de formular y costosa de ejecutar: hacer todo al mejor nivel posible. Y apareció una segunda decisión todavía más disruptiva. No vender promesas.

En una industria acostumbrada a financiar buena parte de sus desarrollos mediante ventas “en pozo”, AguaVista decidió avanzar en sentido contrario.

“Nosotros no vamos a vender en pozo, vamos a vender realidades. Vamos a terminar y ahí recién vamos a vender”, recuerda Saurini sobre la estrategia impulsada por Trosiuk.

El comprador adquiría algo que podía utilizar prácticamente al día siguiente.

La diferencia parece semántica, pero en términos de negocio es enorme: significa trasladar parte importante del riesgo desde el cliente hacia el desarrollador.

La náutica fue uno de los primeros grandes ejemplos de esa filosofía y, según Saurini, también uno de los puntos de inflexión en la historia de AguaVista. Desde entonces el proyecto no dejó de incorporar capas.

Hoy reúne golf, náutica, fútbol, pádel, espacios para eventos, barrios residenciales y una infraestructura interna concebida para que buena parte de la vida cotidiana transcurra dentro del complejo. Y llegó el aeropuerto.

El lujo de comprar tiempo

En los negocios premium existe un activo cuyo valor suele crecer más rápidamente que el metro cuadrado: el tiempo.

El nuevo aeródromo de AguaVista debe entenderse desde esa perspectiva. Durante años, uno de los problemas para quienes llegaban desde Asunción o Ciudad del Este en vuelos privados era que el último tramo terrestre podía demandar casi tanto tiempo como el propio viaje aéreo.

El aeropuerto de Encarnación se encuentra, según Saurini, a unos 40 o 45 minutos de AguaVista. Un vuelo privado desde los principales centros paraguayos puede durar entre 40 minutos y una hora y veinte, dependiendo de la aeronave.

La paradoja era evidente: se podía cruzar medio Paraguay en el mismo tiempo que después demandaba completar el último tramo por tierra. El aeródromo elimina buena parte de esa fricción.

No fue sencillo. El proyecto llevaba más de una década en discusión. El masterplan original no contemplaba una pista y la topografía tampoco facilitaba la solución. Hace alrededor de siete años se intentó adquirir un terreno vecino, pero inconvenientes documentales frustraron aquella alternativa. Las negociaciones continuaron hasta conseguir finalmente la propiedad donde se construyó la infraestructura actual. La pista es privada, pero no exclusiva para propietarios.

Cualquier aeronave privada puede operar cumpliendo las condiciones correspondientes. AguaVista incluso imagina una etapa posterior: apoyar eventualmente una conexión regular Asunción-AguaVista o un circuito que incluya Ciudad del Este. Todavía es una idea hacia el futuro.

Pero revela algo sobre la ambición del proyecto. AguaVista ya no piensa únicamente en cómo llegar al country, sino en conectar el country con Paraguay.

El crecimiento también puede medirse en otra cifra: alrededor de 1.000 lotes vendidos.

Si cada lote representa potencialmente un núcleo familiar, Saurini calcula un universo cercano a las 4.000 personas vinculadas al complejo. El público es heterogéneo. La mayoría de los propietarios son paraguayos, procedentes principalmente de Encarnación, Asunción y Ciudad del Este. Pero existe una presencia significativa de argentinos, además de brasileños y, en menor medida, europeos. También cambió la manera de habitar AguaVista.

Ya no se trata exclusivamente de casas de fin de semana. Es una pequeña ciudad multicultural. 

Hay familias que viven permanentemente allí y salen diariamente a trabajar; otras utilizan sus propiedades durante determinados períodos del año y otras mantienen la lógica tradicional de segunda residencia.

Ese cambio es probablemente uno de los indicadores más importantes de maduración de cualquier country: cuando deja de ser solamente un destino ocasional y comienza a transformarse en lugar de residencia.

Para Saurini, el diferencial está en dos conceptos que aparecen constantemente durante la conversación: seguridad y libertad.

Un chico, ejemplifica, puede desplazarse en carrito de golf por el complejo sin necesidad de atravesar una calle convencional. La seguridad representa además una inversión permanente dentro del presupuesto y de la concepción general del desarrollo.

Es una concepción del lujo menos vinculada con la ostentación que con otra clase de privilegio: poder moverse, hacer deporte, vivir rodeado de naturaleza y reducir ciertas preocupaciones de la vida urbana.

Paraguay y el negocio de la previsibilidad

Pero AguaVista tampoco puede entenderse aislado de lo que ocurre alrededor. El desarrollo creció mientras Paraguay atravesaba una transformación económica que comenzó a atraer cada vez más capital extranjero. Saurini identifica una característica fundamental: la estabilidad.

Y aquí aparece una diferencia interesante entre la cultura empresarial paraguaya y la argentina.

En Paraguay los márgenes son menores, pero son mucho más seguros”, explica.

El empresario argentino, acostumbrado históricamente a convivir con retornos nominalmente elevados, inflación, saltos cambiarios y horizontes cortos, puede sorprenderse frente a rentabilidades más moderadas.

La contrapartida paraguaya es otra. Previsibilidad.

Saurini asegura que en Paraguay un empresario puede realizar proyecciones a cinco, seis e incluso diez años con un grado razonable de certidumbre. Ese cambio de paradigma ayuda a explicar el creciente interés argentino.

No necesariamente se trata de ganar mucho y rápido. Se trata de poder estimar cuánto puede ganar un proyecto dentro de varios años sin que todas las variables cambien violentamente en el camino.

Saurini observa incluso una suerte de efecto dominó entre inversores extranjeros. Uno llega, invierte, obtiene resultados y transmite su experiencia a otro potencial inversor.

“Vemos muchos extranjeros queriendo invertir, muchos extranjeros que ya invirtieron y el que ya invirtió, le fue bien, vuelve a traer a otra gente”, describe.

Entre ellos aparecen muchos argentinos.

Saurini evita opinar sobre inversiones en Argentina porque nunca realizó una personalmente. Pero asegura que los argentinos que invirtieron en AguaVista se muestran conformes con la experiencia.

El contraste entre ambos modelos es inevitable. Argentina ofrece históricamente oportunidades extraordinarias asociadas también a riesgos extraordinarios. Paraguay está construyendo otra propuesta: retornos posiblemente menos espectaculares a cambio de una economía donde el tiempo puede formar parte de la ecuación empresarial. Y para un inversor, poder pensar a diez años también es una forma de rentabilidad.

Saurini describe al empresario paraguayo como cauto. Esa cautela, combinada con estabilidad macroeconómica, explica en parte el patrón de crecimiento del país. Pero también reconoce una asignatura pendiente: la industria.

El ejecutivo observa especialmente lo que está sucediendo en el este paraguayo, donde la cercanía con Brasil y los incentivos de la Ley de Maquila están impulsando nuevas inversiones industriales. Su lectura es que esa transformación recién comienza.

Paraguay construyó durante años estabilidad, previsibilidad y condiciones favorables para el capital. El próximo salto, entiende, debería producirse en la sofisticación de su matriz productiva.

Para AguaVista, esa expansión económica representa además una oportunidad.

Porque los countries premium no prosperan únicamente por sus atributos internos. Necesitan un ecosistema económico que produzca empresarios, ejecutivos, profesionales e inversores dispuestos a pagar por una determinada forma de vida.

Del rooftop al hotel para pilotos

El aeródromo tampoco está concebido como una pista aislada. AguaVista prepara un rooftop, un espacio de coworking y alojamiento destinado a pilotos, una necesidad frecuente para quienes operan vuelos privados. También aparecen proyectos vinculados con hotelería y gastronomía.

La intención es que la infraestructura aeronáutica funcione como otra puerta de entrada al ecosistema AguaVista y, eventualmente, también hacia Encarnación.

El aeródromo está abierto a aeronaves privadas aunque sus pasajeros no sean propietarios del country.

Eso modifica nuevamente el concepto original. El proyecto inmobiliario empieza a adquirir características de hub privado de turismo, negocios y servicios premium.

Y esa transformación ocurre en un momento particularmente interesante para el sur paraguayo, con Encarnación consolidándose como destino turístico y polo de servicios frente a una región transfronteriza de enorme potencial.

Disciplina de ultramaratonista

Hay otro elemento que permite entender a Saurini. Corre ultradistancias. Y cuando se le pregunta cuánto de la disciplina deportiva traslada al mundo empresarial, no duda: “El 100%”.

Su fórmula tiene dos palabras: constancia y disciplina.

“En la vida todo es disciplina para lograr los objetivos”, sostiene.

Puede parecer una digresión personal dentro de una conversación sobre inversiones inmobiliarias, pero probablemente explique más de AguaVista que muchos indicadores financieros.

Un proyecto que lleva 17 años desarrollándose necesita precisamente eso.

No solamente capital.

Tiempo.

Persistencia.

Capacidad de atravesar ciclos económicos.

Y una visión suficientemente larga como para continuar invirtiendo cuando todavía no existe un comprador esperando del otro lado.

Incluso la mirada deportiva de Saurini termina infiltrándose en el diseño. Caminos, circuitos y espacios son pensados también para quienes corren, caminan o utilizan bicicleta.

No es casual.

AguaVista nació alrededor del golf y el deporte continúa formando parte de su identidad.

La experiencia AguaVista

Cuando mira hacia atrás, Saurini admite algo poco frecuente entre quienes conducen grandes desarrollos empresariales.

Ni siquiera él imaginó que llegarían hasta acá.

No esperaba un aeropuerto de estas características. Tampoco algunos de los barrios que terminaron construyéndose.

El proyecto superó las expectativas de quienes participaron de su propio desarrollo.

Tal vez allí esté la clave para entender AguaVista.

No se construyó de una sola vez. Se fue agregando ambición.

Primero fue el golf.

Después llegaron la náutica, las residencias, los servicios, el deporte, la seguridad, nuevos barrios y una comunidad que hoy reúne alrededor de un millar de propietarios de lotes.

Ahora los aviones pueden aterrizar dentro del propio complejo.

Y el próximo paso ya no parece ser simplemente vender más terrenos.

Es construir una marca capaz de trascender el negocio inmobiliario.

Porque en el segmento premium, el verdadero producto rara vez es una casa.

Puede ser el silencio.

La seguridad.

La naturaleza.

El tiempo que se ahorra.

La posibilidad de subir a un avión en Asunción y aterrizar prácticamente frente a casa. O simplemente la sensación de que todo aquello que se compró ya existe. Después de 17 años, AguaVista parece haber entendido que el lujo contemporáneo no consiste solamente en tener más. Consiste, cada vez más, en vivir mejor.

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