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¿Son reales los datos económicos que dio Macri ante la Asamblea Legislativa?
El discurso del presidente Mauricio Macri abundó en menciones económicas que vale la pena poner sobre relieve. A continuación se realiza un repaso sobre las principales menciones del discurso presidencial. 1. Crecimiento “Hace cinco años que no crecemos ni generamos empleo”, resaltó Macri en un pasaje de su discurso, en evidente crítica a la gestión anterior. Sin embargo, tal como se observa en los cuadros 1 y 2, la economía creció en el año 2011, 2013 y 2015 y cayó en los restantes, 2012 y 2014.
Cabe agregar que al tercer trimestre de 2016, y según el Indec – dirigido por Jorge Todesca- el PBI registra una caída de 3,8% en términos interanuales. La proyección del FMI para 2016 ha sido corregida a la baja y señala una caída de 1,8%. En lo referido al empleo, se observa que entre noviembre de 2010 y noviembre de 2015 el empleo privado registrado aumentó en 441.240 casos, es decir, un 7,58%. Si se calcula la variación anual acumulativa esta alcanza el 1,47%.

En ostensible contraste, y siguiendo la misma fuente, entre el cuarto trimestre de 2015 y el tercer trimestre 2016 fueron expulsados 127.905 trabajadores del mercado laboral.
2. Inflación
Macri indicó en el discurso de apertura de sesiones que “la inflación estará bajo control. Es tóxica, destruye el salario de los trabajadores”. Y agregó que “nosotros la enfrentamos y hoy está en claro camino descendente”.
Al analizar lo sucedido durante 2016, se observa que la inflación según el instituto de estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires superó el 40%. En cambio, durante el 2015, incluso considerando el mes de diciembre donde la variación de precios tuvo un incremento significativo, el valor para la Ciudad de Buenos Aires asciende a 27,17%.
Por otro lado, si se compara los últimos cinco meses de la gestión de Cambiemos (de septiembre 2016 a enero 2017), la inflación mensual promedio acumulativa asciende a 1,86%, guarismo similar al promedio de los últimos cinco meses de la gestión anterior (de julio a noviembre 2015). Si bien la comparación no se realiza sobre períodos similares, se observa que los niveles actuales de inflación distan de haber reducido sensiblemente la variación de precios en la actualidad.
3. Exportaciones
El Presidente sentenció que las exportaciones “aumentaron 2 por ciento en dólares y 7 por ciento en cantidades respecto de 2015”. Los datos correspondientes al informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) publicado por Indec confirman la variación de 1,67%.
Sin embargo, resulta útil analizar que ese leve aumento de exportaciones sólo se produjo en la exportación de productos primarios, sector beneficiado con la quita de retenciones y alteración del tipo de cambio, e incentivado por la desregulación cambiaria. Como contracara, la evolución de las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) cayeron 6,64%, lo que refleja el perfil de la actual gestión económica, que tampoco ha logrado mejorar significativamente la performance de las Manifacturas de Origen Agropecuario (MOA).
4. El desempeño del agro argentino
Macri habló del campo argentino y mencionó que se registró “la cosecha más alta de la historia de trigo” y que se espera una producción de 130 millones de toneladas.

Está claro que, de cumplirse la proyección de 130 mil millones de toneladas se trataría de una cosecha superior a los años previos (aunque cabe indicar que el último año del gobierno anterior registró una de las cosechas más elevadas con 126 millones de toneladas). Amén de ello, es interesante reparar en la relación existente entre el nivel de producción agrícola y el empleo involucrado, donde vemos una constante reducción del impacto en el empleo. Entre 2001 y 2016 aumento la producción en 34 millones de toneladas, mientras que los trabajadores se redujeron en 12 mil.
5. Plan Belgrano
Mauricio Macri mencionó que “El desarrollo tiene que llegar a todo el país. Con el Plan Belgrano empezamos a saldar una deuda histórica con las provincias del norte”. El Plan Belgrano fue anunciado como la solución de los problemas de norte argentino. Sin embargo, la ejecución presupuestaria fue de solo 36,99%, en el marco de un presupuesto cuyo objetivo era sencillamente poner en marcha la Unidad Plan Belgrano.
Cuadro 6 – Ejecución del presupuesto del Plan Belgrano. Período 2016. En millones de pesos.

Asimismo, como se observa en el Cuadro 7, resulta llamativo que las transferencias por coparticipación a las provincias del Plan Belgrano (Catamarca, Corrientes, Chaco, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán) recibieron menos dinero que el resto. La variación de las transferencias de coparticipación en 2016 respecto de 2015 para el primer semestre en el caso de las provincias incluidas en el Plan ascendió a 26,98%, mientras que las provincias de la Región Centro (Córdoba, Santa Fe, San Luis) recibieron 36,47% más, las de Región Patagonia 26,68% y las de Región Cuyo (sólo Mendoza y San Juan) aumentaron 27,08%. En efecto, el promedio de las transferencias por coparticipación se incrementó 31,36% entre 2015 y 2016, por lo que las provincias del Plan Belgrano tuvieron un aumento por debajo del promedio.
6. Coparticipación
“Comenzamos a devolver a las provincias el dinero que les correspondía para hacer un país realmente federal” expresó Mauricio Macri. En este último aspecto los datos son contundentes. Luego de 11 años donde las transferencias por coparticipación en términos reales crecieron sustancialmente (sólo cayeron en 2009 y levemente en 2008 y 2014 si se considera IPC CABA), el 2016 mostró una fuerte caída.

Como se observa en el cuadro precedente, en 2016 sin considerar lo recibido por la Ciudad de Buenos Aires, resultante de las trasferencias derivadas del traspaso de la policía, la caída en términos reales ha sido de entre 6,32% y 6,60%.
El interminable mito de que el consumo precede a la producción
Por Alejandro Rodríguez, Economista. Bien sabemos que el consumo es un objetivo clave de la actividad económica y la producción es simplemente su medio. Aunque parece evidente que para consumir algo, ese “algo” deba existir primero, en esta sociedad nos rodea con frecuencia la falsa idea de estimular el consumo para expandir la producción. Pero deberíamos saber que los bienes de consumo no caen del cielo, deben producirse y están al final de una larga cadena de procesos entremezclados de producción llamada “estructuras de producción” que cuanto más larga sea, producirá más y mejores bienes. Incluso la fabricación de un producto tan sencillo como un lápiz, requiere una red intrincada de procesos de producción que se extiende en el tiempo y abarca tanto países como continentes.
El proceso de formación de capital a través de “La Teoría Austríaca del Ciclo Económico” fue expuesto por Ludwing Von Mises en 1912 y desarrollado por F.A. Hayek en 1930. El mismo plantea claramente las etapas que deben sucederse para incrementar la productividad, lograr un aumento considerable en el consumo y con ello mejorar la calidad de vida para la población, incluyendo mejoras en el salario. Pero sucede que es un proceso natural, no estimulado artificialmente por los gobiernos de turno a través de sus bancos centrales.
El proceso inicia con un cambio en las preferencias temporales por parte de los consumidores, es decir, ahorristas que a través del precio del dinero, o sea la tasa de interés, valoran más el consumo futuro que el consumo presente y el incentivo es justamente la tasa de interés que recibirán a cambio. Ahora bien, ese cambio en las preferencias temporales producirá en el corto plazo un aumento considerable del ahorro y esa mayor liquidez en el sistema llevará a una caída posterior en la tasa de interés. Dicha reducción estimulará notablemente la inversión debido a que ahora hay mayores proyectos que son viables y que antes no lo eran.
Lógicamente, tal postergación de consumo hacia adelante, producirá una caída en el consumo actual y eventualmente las empresas de bienes cercanas al consumo se verán resentidas por la menor demanda y el salario caerá producto de esa menor producción, inclusive puede haber despidos en esas industrias. Sin embargo, al mismo tiempo las industrias de bienes alejadas al consumo incrementaran tanto la demanda de trabajo como el salario para producir en mayores etapas, es decir, habrá un traslado de trabajadores de una industria hacia otra.
Adicionalmente, y ya hablando del largo plazo, ese ahorro y modificación en las preferencias de los consumidores no solo permite estructuras de producción mayores sino que obtendrán como resultado mayor productividad y un consumo futuro mucho mayor del que existía previo a los cambios en las preferencias mencionadas, aumentando así la demanda de trabajo en las industrias cercanas al consumo y con ello también los salarios serán mayores allí. Ergo, habrá tanto mayor demanda de trabajo como mayor oferta de bienes provenientes tanto de industrias cercanas como alejadas al consumo y sobre todo a menores precios. No obstante para que el consumo siga creciendo, será necesario que se repita este proceso tantas veces como sea deseado y necesario.
Por otro lado, nótese que todo el proceso descripto anteriormente es tan natural como sostenible en el tiempo puesto que estos cambios en las preferencias de los consumidores hacia el consumo futuro igualan tanto una menor demanda de bienes por un lado como una menor oferta de bienes por otro (porque se produce pensando en el largo plazo), es decir no hay presiones ni excesos de ningún tipo. Sin embargo, si el banco central estimulara artificialmente para que baje la tasa de interés, por ejemplo mediante mayor oferta de dinero en el mercado, también habrá mayor cantidad de proyectos viables, pero en este caso las tasas de interés dejan de ser un precio que comunica información y los agentes económicos no podrán diferenciar qué produjo la baja de esas tasas, si fue por ahorro genuino de la gente o bien por artilugios de la banca central. En este último caso donde hay una clara intervención, las preferencias temporales de los consumidores no se modificaron, es decir, sigue habiendo mayor preferencia por consumo presente que por consumo futuro y esa tasa de interés reducida no estimula a ahorrar. Pero como los proyectos igualmente se llevan adelante, se pasa a producir menos para consumo presente pensando en el futuro y así, se contrae la oferta de bienes pero la demanda sigue firme, produciendo esta vez sí un descalce que presionará sobre los precios inmediatamente, hecho que obligará al banco central a que
eventualmente suba los tipos de interés salvo que insista en seguir alimentando esa estimulación artificial (que en algún momento deberá cortarse), poniendo en jaque los proyectos que se están llevando adelante cuando la tasa era menor, volviendo inviables a
proyectos que antes si lo eran y obligando a los agentes a desarmarlos, produciendo una crisis.
En conclusión, cuando se rompe la relación que existe entre ahorro e inversión, o lo que es lo mismo, cuando se pone al consumo por delante de la producción y para colmo se desincentiva el ahorro, el resultado es un beneficio de muy corto plazo que termina mal para todos. Muy diferente es el caso, cuando genuinamente los ahorristas trasladan crédito a través de las entidades financieras hacia las empresas para que estas con ese capital, inviertan en procesos de producción que requieran mayores etapas (cuanto más largas esas etapas aún mejor porque se traducen en bienes más importantes). Ello permitirá el crecimiento tanto de la productividad, el consumo, empleo y salarios y la renta nacional en forma permanente, y así el beneficio es total. Es el ahorro lo que permite la inversión y el alargamiento en la estructura de la producción y no viceversa.


