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Caputo ratifica el rumbo económico y descarta cambios mientras busca respaldo financiero internacional

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El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró desde Washington que el Gobierno nacional no se desviará “ni un centímetro” del rumbo económico, en un mensaje dirigido tanto a los mercados como al frente político interno. La definición se dio durante su participación en un panel del Atlantic Council, donde compartió escenario con el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

En ese contexto, el funcionario ratificó la continuidad de las reformas estructurales basadas en reducción de impuestos, desregulación y mejoras en la logística, al tiempo que destacó avances legislativos y el respaldo de organismos internacionales en materia de financiamiento.

Reformas, Congreso y respaldo externo

El planteo del ministro se apoya en dos pilares. Por un lado, un Congreso que, según afirmó, quedó “más alineado” con el oficialismo tras las elecciones de medio término, lo que habilitaría el envío de nuevas leyes para profundizar el proceso de reformas.

Por otro lado, el Gobierno busca sostener el programa económico con respaldo internacional. En ese marco, el Grupo Banco Mundial evalúa una garantía de hasta US$2.000 millones destinada a refinanciar deuda argentina, reducir costos financieros y mejorar las condiciones para la inversión privada.

Este esquema combina ajuste interno con financiamiento externo, en una estrategia orientada a consolidar el orden macroeconómico.

Continuidad del programa y foco en competitividad

Caputo reafirmó que el eje del modelo seguirá centrado en la baja de impuestos, la reducción de regulaciones y la mejora de infraestructura como herramientas para ganar competitividad.

En su exposición, el ministro rechazó explícitamente la utilización de devaluaciones como mecanismo de ajuste, planteando que la competitividad debe construirse por otras vías.

También mencionó reformas ya impulsadas, como la laboral y la denominada Ley de Inocencia Fiscal, con el objetivo de avanzar en mayor formalización y atraer inversión real.

Señal a mercados y disputa política interna

El mensaje de “no desviarse” funciona como una señal de previsibilidad hacia los inversores, en un contexto donde el Gobierno intenta consolidar credibilidad tras meses de ajuste económico.

Al mismo tiempo, el discurso incluye una confrontación con la oposición, al descartar la posibilidad de volver a esquemas económicos anteriores. En ese sentido, la estrategia oficial busca fijar un marco de irreversibilidad del programa.

La combinación de respaldo internacional, mayoría legislativa relativa y narrativa de resultados configura un intento de fortalecer la posición política del Gobierno en la segunda etapa de gestión.

Inversión, financiamiento y expectativas

El eventual respaldo del Banco Mundial, de concretarse, podría aliviar el frente financiero en el corto plazo, facilitando la refinanciación de deuda y reduciendo el costo del crédito.

A su vez, el énfasis en la estabilidad macroeconómica y la competitividad apunta a mejorar las condiciones para la inversión privada, tanto local como extranjera.

El Gobierno también sostiene que el contexto internacional —incluyendo tensiones como la guerra en Medio Oriente— abre oportunidades para países con recursos estratégicos, como energía y alimentos.

El planteo oficial sobre competitividad e inversión tiene implicancias indirectas para regiones como el NEA. La mejora en infraestructura y logística, mencionada como eje del programa, aparece como un factor clave para economías alejadas de los grandes centros productivos.

Sin embargo, el impacto concreto dependerá de cómo se traduzcan esas políticas en inversiones reales y en reducción de costos para las economías regionales.

Reformas, financiamiento y clima político

El rumbo económico queda condicionado a múltiples variables: la capacidad del Gobierno para sostener el apoyo legislativo, la concreción del financiamiento internacional y la evolución del contexto global.

También será clave observar si las reformas logran traducirse en crecimiento y empleo, objetivo central del discurso oficial.

En ese marco, la definición de Caputo busca cerrar la puerta a cambios de estrategia, pero deja abierto el interrogante sobre la velocidad y profundidad de los resultados.

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Caputo busca respaldo empresario y promete crecimiento sostenido en la cumbre AmCham

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El ministro de Economía, Luis Caputo, se presentó este martes ante empresarios en la cumbre de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham) y pidió confianza en el programa económico del Gobierno. Allí aseguró que el país “será el que más crecerá en los próximos 30 años” y proyectó que los próximos 18 a 20 meses podrían marcar el mejor desempeño en décadas.

El mensaje se dio en una jornada atravesada por dos variables clave: la difusión del índice de inflación de marzo —que, según lo esperado, rondaría el 3%— y el inminente viaje del equipo económico a Washington para avanzar en la revisión del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el objetivo de destrabar un desembolso de US$1000 millones.

Estabilización, FMI y señales al mercado

La exposición de Caputo se inscribe en una estrategia del Gobierno para consolidar expectativas en el sector privado. El ministro defendió que la actual gestión implementó un esquema económico inédito en el país y sostuvo que la estabilidad macroeconómica es el eje central del programa.

En ese marco, destacó la utilización de herramientas como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que acumula 35 proyectos por un total de US$85.000 millones, según lo informado. La iniciativa apunta a generar previsibilidad y atraer capital en sectores estratégicos.

La agenda oficial también incluye negociaciones con el FMI, donde el Gobierno busca cerrar la segunda revisión del acuerdo vigente. Esa instancia resulta clave para sostener el flujo de financiamiento externo.

Nueva lógica económica y reconfiguración del consumo

Uno de los ejes del discurso fue la reinterpretación del comportamiento económico actual. Frente a las señales de caída en algunos indicadores, Caputo rechazó la idea de una contracción generalizada y planteó que existe una “heterogeneidad” en la actividad.

Según explicó, el cambio de modelo —basado en la reducción del déficit, menor presión impositiva y mayor apertura— modificó los incentivos. En ese nuevo escenario, algunas empresas reducen operaciones mientras otras expanden su actividad e incluso exportan.

El ministro vinculó esta dinámica con una transformación del consumo. Afirmó que ya no responde a conductas defensivas frente a la inflación —como el sobrestockeo— sino a decisiones más racionales en un contexto de mayor estabilidad.

Respaldo condicionado del sector privado

El planteo del Gobierno apunta a consolidar apoyo empresarial en una etapa de transición. La presencia de ejecutivos, gobernadores y funcionarios en el evento refleja la centralidad del mensaje político: sostener el rumbo económico pese a señales mixtas en la actividad.

Caputo también dejó una definición implícita sobre el rol del sector privado: la adaptación al nuevo esquema será determinante. En su exposición, diferenció entre empresas que ajustan su estructura y aquellas que invierten para competir en un mercado más abierto.

Inflación, inversión y empleo en transición

El ministro insistió en que la inflación “va a tener certificado de defunción”, vinculando su evolución a la demanda de dinero, la confianza y la baja de tasas de interés. En paralelo, proyectó una recuperación de la actividad impulsada por la inversión, más que por el consumo.

En el plano laboral, reconoció que algunos sectores industriales registran caídas, mientras el empleo total crece con mayor peso de la informalidad. Según explicó, este fenómeno responde a un proceso de reconversión hacia servicios, que ya representan cerca del 60% de la economía local.

Impacto indirecto en Misiones y el NEA

Aunque el discurso tuvo un alcance nacional, las definiciones económicas tienen impacto en las economías regionales. En provincias como Misiones, donde la estructura productiva combina industria, servicios y economías primarias, los cambios en consumo e inversión pueden traducirse en dinámicas dispares.

La evolución del crédito, la obra pública —como los corredores viales anunciados— y la llegada de inversiones bajo el RIGI aparecen como variables a seguir para medir el efecto territorial del modelo.

Inflación, financiamiento y reacción del mercado

El Gobierno enfrenta un escenario donde las expectativas juegan un rol central. La publicación del índice de inflación, el resultado de la negociación con el FMI y la respuesta del sector privado serán determinantes para validar —o tensionar— el diagnóstico oficial.

También quedará bajo observación la evolución del consumo, el empleo industrial y la capacidad del programa para sostener un crecimiento basado en inversión.

El rumbo está definido, pero su consolidación dependerá de variables que todavía no terminan de estabilizarse.

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Hassan abrió sesiones en Oberá: “Superávit, las tasas más bajas y seguimos haciendo obras”

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En la apertura de sesiones del Concejo Deliberante, el intendente de Oberá, Pablo Hassan, presentó un balance de gestión atravesado por cuatro ejes centrales: orden fiscal, obras concretadas, menor carga tributaria y contención social.

En un escenario nacional complejo, marcado por la retracción económica y la caída de recursos, el jefe comunal destacó que la ciudad logró sostener el equilibrio financiero y cerrar su cuarto año consecutivo con resultado positivo, manteniendo previsibilidad en sus cuentas públicas.

“La responsabilidad fiscal continúa siendo un pilar inquebrantable de esta gestión, que nos permite afrontar los desafíos de 2026”, expresó ante concejales, funcionarios y vecinos.

Además, brindó números proporcionados por el ministerio de economía de la nación que posiciona a Oberá como uno de los municipios con menor carga fiscal en algunas actividades y líder en inversión de obras privadas.

Eficiencia e inversión en infraestructura: 

Hassan explicó que el orden no fue casual, sino producto de acciones sostenidas de eficiencia. Desde 2021, la planta municipal se redujo un 14% y solo en el 2025 pasó de 1052 a 1019 personas, se reorganizó el organigrama y se profundizó la digitalización de trámites. A ello se sumó una reducción superior al 32% en el consumo de combustible con sistemas de monitoreo, control por GPS y optimización de recorridos.

Ese proceso con una administración responsable permitió destinar recursos a infraestructura esencial y necesaria para los barrios, “obras que durante muchos años fueron postergadas por lo que cuestan”.

Entre las intervenciones más relevantes mencionó la obra integral de la avenida Juan Domingo Perón, con entubado, drenajes y cordón cuneta; mejoras en avenida Berrondo, calle Alemania, 25 de Mayo y Código 115; la reconstrucción del puente sobre calle Paraguay; el plan de saneamiento con la colocación de mil tubos; cuadras de cordón cuneta, de asfaltado y cuadras de empedrado en el programa Camino a la Escuela. También se ejecutaron nuevos salones de usos múltiples y mejoras en plazas en distintos barrios.

La construcción de puntos saludables y puesta en valor de los primeros bulevares de avenida Gendarmería. Además, confirmó que los recursos generados por el Sistema de Estacionamiento Medido serán destinados a la compra de una máquina bacheadora para agilizar los trabajos viales.

Tasas bajas y crecimiento privado

Uno de los puntos más fuertes del discurso fue la política tributaria. Según datos del Ministerio de Economía de la Nación, Oberá se ubica entre los municipios con menor carga fiscal de la provincia en actividades primarias, industriales, hipermercados y actividades financieras.

“Esta fue una decisión que tomamos para generar condiciones favorables para la inversión privada”, remarcó Hassan.

Los resultados, sostuvo, son concretos. En un contexto nacional donde la construcción atraviesa niveles históricamente bajos, Oberá lidera en Misiones y en la región NEA en cantidad de permisos de obra otorgados y crecimiento de superficie construida, superando incluso a capitales provinciales.

En paralelo, las habilitaciones comerciales registraron un aumento del 51% respecto a 2024, aun contemplando bajas.

“El crecimiento no es casualidad. Es previsibilidad, reglas claras y confianza”, sintetizó el intendente.

El jefe comunal subrayó que el orden fiscal no implicó ajuste social. Por el contrario, destacó el fortalecimiento de acciones vinculadas al deporte, la niñez, adultos mayores y discapacidad, además del sostenimiento del Hogar Mitaí y del Hogar de Ancianos Municipal.

“Nos diferenciamos porque entendemos que la buena administración no es opuesta a la sensibilidad social”, afirmó.

Durante el año, más de 1.200 niños de barrios vulnerables participaron de la colonia de vacaciones en el Complejo Turístico Salto Berrondo, mientras que cientos de adultos mayores accedieron a actividades recreativas y mantienen el beneficio del boleto gratuito.

Proyecciones y desafíos 2026

De cara al nuevo año, el Municipio proyecta finalizar obras claves en el ingreso a la ciudad por avenida de las Américas, continuar el plan de asfaltado “Oberá Integrada” en distintos barrios y avanzar con nuevas etapas en avenida Gendarmería. También se ejecutarán los 4 proyectos del Presupuesto Participativo 2026.

En el plano institucional, el intendente anunció el envío de proyectos de ordenanza para modificar los requisitos de conformación de comisiones vecinales —excluyendo a funcionarios y empleados municipales— y  avanzar en el cobro de tasas por servicios en asentamientos con más de 15 años, vinculando a procesos de regularización que conlleva no sólo derechos sino responsabilidades como todos “una ciudad justa es la que se solventa entre todos, no solo unos pocos, nos gustaría que estas familias con el tiempo accedan a su título de propiedad. Pero no gratis, con su esfuerzo como el de todos”.

Asimismo, informó que enviará el proyecto de ordenanza para iniciar la venta de los lotes del Parque Industrial, que ya se encuentran en condiciones de comenzar su proceso de comercialización, consolidando una herramienta estratégica para el desarrollo productivo local.

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¿Qué margen hay para crecer en 2026?

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Se fue nomás el 2025, un año que empezó con altas expectativas pero que fue, otra vez, presa de las propias inestabilidades políticas y económicas argentinas. En ese contexto, las provincias han sufrido nuevamente un escenario de caída de recursos, de discrecionalidades centralistas y de falta de apoyo traducido en fondos que condicionaron notablemente las gestiones presupuestarias en el territorio. Pero aún más: también sufrieron consecuencias de cambios normativos, totalmente inconsultos, que agravaron aún más esos problemas y que todo indica que seguirán haciéndolo.

Al cerrar diciembre, pudimos ver cómo fue el desempeño de los fondos nacionales que se reparten automáticamente a las provincias en el año. La performance del año fue pobre y solo estuvo parcialmente salvada por aspectos puntuales y no sostenibles. Veamos el caso Misiones: los recursos por coparticipación terminaron el 2025 con variación 0%; es decir, en pesos constantes, se recibió exactamente lo mismo que en 2024, un año donde había caído 9% contra el 2023. Por ende, estos fondos siguen muy retrasados y se dio lo que se temía: no se logró crecer contra un año que, a priori, debía ser un piso del cual rebotar. Por otro lado, el conjunto de Leyes Especiales, que hacia mitad de año mostraban una buena dinámica, cerraron el 2025 con una variación de apenas +0,2% contra 2024, año donde habían caído 16%. De nuevo: no se logró crecer contra lo que era un piso de reparto. ¿Qué fue lo que salvó el año? La Compensación del Consenso Fiscal, que creció 91,6%. Estos fondos representaron el 4,8% de los envíos automáticos a Misiones en el año, cuando en 2024 representaron el 2,6%.

¿En qué se basó esa suba? Para esto, recordemos que son las transferencias por compensación del Consenso Fiscal. Estos tienen su origen en los acuerdos fiscales firmados entre la Nación y las provincias a partir de 2017, en el marco del Consenso Fiscal, cuyo objetivo fue ordenar la relación tributaria interjurisdiccional y avanzar en la reducción gradual de impuestos distorsivos a nivel provincial. Como contrapartida a la pérdida de recursos que implicaban esos compromisos (principalmente la baja de Ingresos Brutos y Sellos), se establecieron mecanismos de compensación financiados con recursos nacionales, destinados a sostener los ingresos provinciales durante el período de transición.

Con el paso del tiempo, y tras sucesivas adendas y renovaciones de esos acuerdos, la compensación quedó institucionalizada como una transferencia automática y diaria, distribuida según cálculos teóricos administrados por la DNAP. De este modo, los fondos de Compensación del Consenso Fiscal pasaron a formar parte del esquema regular de transferencias automáticas. Pero estos fondos no surgen de la recaudación tributaria (a diferencia de la coparticipación y de las leyes especiales), sino que salen del Tesoro y se distribuyen según un cálculo preestablecido. Por ende, sus subas (o bajas) dependen de esos cálculos.

En sus inicios, estos fondos debían ser actualizados por inflación cada tres meses, pero eso no siempre se cumplió. Ello derivó en reclamos, algunos incluso judicializados, de provincias ante la Nación y quedó etiquetado como “deuda del Estado nacional a provincias”, lo que permitió que muchos distritos hayan compensado mutuamente pasivos incluyendo estos envíos. Pero a la par, este 2025 la Nación aplicó actualizaciones y permitió que crezcan de manera importante, al mismo tiempo que a una determinada cantidad de provincias se les haya transferido una porción significativamente mayor a la establecida justamente como cancelación parcial de deuda acumulada.

Entonces, hay dos cosas a destacar: en primer lugar, bienvenido que la Nación se “ponga al día” en este concepto; pero, en segundo lugar, que esto haya sido el motivo para que las transferencias automáticas hayan terminado con leve alza refleja la débil sostenibilidad de los fondos nacionales. Lo que las provincias necesitan es recomposición real de la coparticipación, que solo se dará por vía de mejora y expansión de la actividad económica.

Con esto en consideración, abrimos alertas para el 2026. La primera: la actividad seguirá mostrando heterogeneidades en su evolución. Esto es: la economía va a seguir creciendo, pero apoyada en sectores de bajo derrame como la minería y la energía. Esto no logrará impulsar el consumo, por ejemplo, y ante ello, el IVA no podrá mostrar una expansión muy significativa, lo que producirá que no haya más fondos para distribuir entre los estados subnacionales. 

Pero además, se suman otros dos problemas de tipo normativo: los cambios que propone el proyecto de Reforma Laboral y que impactan sobre fondos coparticipables. Primero: las alícuotas del impuesto a las Ganancias de empresas se reducirán en las escalas más altas: las que pagan el 30% bajarían a 27% y las que tributan el 35% pasarían a 31,5%. Esto va a impactar en la recaudación general del impuesto y, por ende, en su distribución a las provincias. 

Segundo: eliminación de Impuestos Internos, que también son parte de la masa coparticipable. Esto provocará una pérdida de casi 1,7 billones para las provincias; Misiones, en ese marco, dejaría de percibir unos 57 mil millones de pesos, según las proyecciones existentes.

Si bien las reformas tributarias y el alivio a empresas son necesarias para reactivar la actividad, el Gobierno nacional avanza de manera unilateral sin considerar sus impactos en las cajas provinciales: en caso de darse una pérdida de recursos como la detallada antes, estamos en las puertas de un 2026 donde las provincias van a volver a sufrir por menores ingresos y, por ende, más dificultad para aplicar políticas de desarrollo que colaboran con la expansión de la economía a nivel local.

El grado de desfinanciamiento a los subnacionales es fenomenal: pensemos solo en el caso misionero. En 2025, comparado con 2023, la provincia perdió unos 179 mil millones de pesos de recursos automáticos; además, perdió otros 188 mil millones de pesos por fondos no automáticos. Dicho de otro modo: en este año que acaba de terminar dispuso de 367 mil millones de pesos menos que en el año 2023, el equivalente a casi tres masas salariales mensuales.

Para 2026 ya se arranca con una alerta: la potencial merma de fondos por las reformas antes mencionadas, que pueden sumarse a otras cuando se presente la Reforma Tributaria, que posiblemente también recorte fondos a distribuir entre las provincias. Esto, y sin la garantía de que una eventual mejora de la actividad realmente impacte en las arcas nacionales y, por ende, en las provinciales, equivale a pensar en un nuevo año de pensar más en cómo “sobrevivir” que en desarrollarse y lograr avanzar en los desafíos pendientes.

¿Qué margen hay para crecer entonces? Desde el punto de vista subnacional, poco. Nuevamente, condicionado por una política centralista unilateral cuya única respuesta es “arréglenselas”. Bienvenido 2026, ojalá no seas lo que parece que vas a ser.

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Es hora de modernizar las medidas de crecimiento

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Escribe Rebecca Riley / F&D FMI – Las evaluaciones de las economías mundiales pueden estar equivocadas en billones de dólares. Las métricas existentes como el PIB, los precios al consumidor, la productividad y similares están luchando por igualar el rápido ritmo de cambio en tecnología, modelos de negocio y comportamiento del consumidor en la economía actual basada en datos. Se necesita una innovación continua en los sistemas de medición de crecimiento para evitar una brecha creciente entre lo que se mide y la nueva y cada vez más diversa realidad económica que vivimos.

Sin información precisa sobre el verdadero estado de la economía, los responsables de la política económica quedarán en la oscuridad, sin saber cuándo pisar el acelerador para contrarrestar una recesión o frenar para frenar la inflación. Sin información detallada sobre la estructura de la economía, no pueden saber cómo promover mejor el crecimiento económico para todos. Esto resulta más que extraño en un mundo digital caracterizado por abundantes datos nuevos que podrían ayudar a monitorizar la economía y a guiar la acción de banqueros centrales, fiscales y responsables de la política económica en general.

Es hora de replantear la infraestructura crítica de las estadísticas económicas clave. Esto significa que nuestros conceptos económicos deben adaptarse a los tiempos cambiantes, desarrollando datos y métodos para medir estos conceptos e integrándolos en la producción de datos económicos fundamentales. También significa acceder a nuevas fuentes de información.

Por muy prometedor que parezca, es importante reconocer los importantes obstáculos para aprovechar nuevas fuentes de datos y desarrollar estadísticas económicas significativas y fiables. Y, sin embargo, como demuestran muchos avances ya logrados, superar los obstáculos promete beneficios reales en forma de una mejor formulación de políticas económicas.

La economía reconfigurada

Los responsables de la toma de decisiones se basan en estadísticas económicas para proporcionar un mapa de la economía. Las agencias estadísticas nacionales elaboran los principales informes económicos de las naciones basándose en conceptos articulados en el Sistema de Cuentas Nacionales de las Naciones Unidas (SNA), el referente global. De manera similar, la medición de la inflación se guía por el manual de precios al consumidor del FMI. Las estadísticas económicas resultantes se incluyen en las políticas oficiales y sustentan las evaluaciones de políticas y las previsiones presupuestarias. Estas estadísticas también guían la política de tipos de interés y los ajustes a los pagos de bienestar y los contratos comerciales.

La economía digital basada en los datos ha transformado la forma en que producimos bienes y servicios y cómo los consumimos. En esencia, los avances tecnológicos han reconfigurado nuestra economía, pero hemos sido lentos en reconfigurar nuestras estadísticas económicas, lo que deja enormes puntos ciegos para los responsables de la toma de decisiones.

No hace falta mucho para captar la desconexión. Productores y consumidores utilizan tecnologías digitales basadas en datos a diario para crear productos y servicios nuevos y mejorados, como aplicaciones de transporte compartido, plataformas de redes sociales, software mejorado con IA y mercados online. Las mayores empresas del mundo por capitalización bursátil son casi exclusivamente empresas tecnológicas globales que dependen de los datos. Gran parte de esta nueva actividad económica no se contabiliza o es invisible en las métricas económicas.

Por ejemplo, una característica distintiva de la economía digital basada en datos es su dependencia de intangibles como el software, las bases de datos de marketing y el “capital organizacional” de las empresas (la estructura, los procesos y la cultura que les permiten operar de forma eficiente). En muchas economías avanzadas, las empresas invierten al menos tanto en intangibles como en edificios y fábricas, lo que sin duda asciende a cientos de miles de millones de dólares y probablemente a billones.

Pero las medidas oficiales de productividad y PIB no reflejan completamente estos intangibles. La economista del Conference Board Carol Corrado y sus colegas de investigación estiman que la mitad de las inversiones intangibles en economías avanzadas son, esencialmente, inversiones en datos que las cuentas económicas apenas están empezando a incluir como parte de una actualización del SNA este año. Estos añadirían sustancialmente a nuestra comprensión de los factores que impulsan el crecimiento de la productividad.

La creciente importancia de la inversión intangible, junto con la globalización de la producción, plantea un conjunto separado de dificultades para medir la producción nacional. Por ejemplo, el uso de bienes intangibles por parte de empresas multinacionales ha provocado el traslado de beneficios para minimizar las obligaciones fiscales, trasladando la propiedad intelectual y los ingresos a países con bajos impuestos. Esto puede dar lugar a que los insumos de producción se cuenten en un país mientras que los ingresos asociados se contabilizan en otro.

Agregados macroeconómicos

Los investigadores han demostrado la importancia de estos temas para agregados macroeconómicos como el PIB, las balanzas comerciales y la productividad al redistribuir la producción de las multinacionales entre países en línea con el empleo o las ventas. En algunas economías pequeñas y abiertas, como Irlanda y Dinamarca, las agencias estadísticas recurren cada vez más a un conjunto más amplio de datos para trazar una imagen de la salud económica, complementando el PIB con otros agregados e indicadores de cuentas nacionales menos sensibles a los efectos de la globalización.

Los cálculos del PIB real y del consumo real de los hogares son una base para estimar los cambios en el nivel medio de vida material. Los aumentos en el PIB real pretenden captar las ganancias en la cantidad y calidad de bienes y servicios, más que solo aumentos en el valor monetario. Pero medir la calidad de los productos es notoriamente esquivo, especialmente cuando la innovación rápida conduce a productos nuevos o mejorados que sustituyen a los antiguos.

Consideremos, por ejemplo, las industrias de servicios de información y comunicaciones. Dependen en gran medida de los datos y las tecnologías digitales, y esperamos que registren un crecimiento fuerte y impulsado por la innovación. Y, sin embargo, la productividad medida en esos sectores se estancó sustancialmente en varias economías avanzadas durante la década posterior a la crisis financiera de 2008, contribuyendo a una desaceleración del crecimiento global.

Una investigación del economista Richard Heys de la Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido, en colaboración con ingenieros y académicos, condujo en 2021 a un nuevo enfoque. La investigación sugiere que el crecimiento real en la industria de las telecomunicaciones estuvo más en línea con lo esperado debido a una fuerte caída en los precios ajustados por calidad. Este hallazgo, implementado junto con otros avances metodológicos, recortó un cuarto de punto porcentual la desaceleración estimada del crecimiento de la productividad en el Reino Unido durante esa década. Las agencias estadísticas nacionales han adoptado una variedad de enfoques para ajustar las mejoras de calidad en productos digitales, lo que ha afectado el equilibrio entre la inflación medida y el crecimiento económico dentro de los países, así como la comparabilidad de estas estadísticas entre países.

El reto de medir con precisión la calidad de la producción adquiere un giro particular en un mundo digital basado en datos. Muchos servicios digitales se consumen esencialmente de forma gratuita y, por tanto, simplemente no se cuentan en el consumo doméstico. Por ejemplo, los consumidores utilizan motores de búsqueda, redes sociales y software de código abierto sin coste monetario. Pero el valor de estos servicios digitales está lejos de ser nulo, según experimentos que preguntan a los consumidores cuánto estarían dispuestos a pagar por ellos.

Paul Schreyer, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, desarrolló una forma de conceptualizar estos servicios. Incluye el uso de las redes sociales como insuyo para servicios de ocio habilitados digitalmente e incorpora ese valor a una mayor medida de actividad económica. Las estimaciones experimentales sugieren que el valor nominal de los servicios digitales de ocio producidos por los hogares es elevado. Investigaciones preliminares sobre el Reino Unido lo sitúan en el 8 por ciento del PIB nominal.

Los hogares también utilizan servicios digitales gratuitos para realizar actividades que antes podrían haber tenido lugar en la economía de mercado, donde se contarían en el PIB, como organizar los viajes. Otra actividad es la producción voluntaria en el hogar de software y material de asesoramiento. Una evaluación precisa de la magnitud de este tipo de actividad requiere buena información sobre el uso del tiempo por parte de los hogares.

Aprovechamiento de nuevos datos

La economía, rica en datos, necesita estadísticas económicas reconfiguradas para reflejar nuevas realidades. Una actualización del SNA este año —la primera desde 2008— es un esfuerzo bienvenido que busca captar mejor los desarrollos macroeconómicos, como la digitalización y la globalización, teniendo en cuenta la sostenibilidad y el bienestar medioambiental.

Pero hay otro conjunto de desafíos. La economía actual ofrece una serie de oportunidades en forma de nuevos datos recogidos a través de la interacción de las personas con sistemas digitales. Estos podrían ayudar a que las estadísticas económicas sean más actuales, precisas y detalladas. Para lograrlo, sin embargo, se requerirán capacidades significativamente ampliadas y potencialmente elevados costes iniciales en un entorno de recursos limitados e incentivos en competencia.

Dirigir nuevas fuentes de datos hacia el bien público puede requerir acuerdos de intercambio de datos o cambios legislativos, inversión en tecnologías para el procesamiento de datos e instituciones de confianza. Nuevas formas de datos que proporcionan estadísticas económicas significativas y fiables exigen inversión en el desarrollo de nuevos métodos económicos y estadísticos, pruebas de concepto y métodos de exploración de datos.

Esto ya está ocurriendo con los índices de precios al consumidor, que son algunos de los indicadores de inflación más seguidos. Tradicionalmente, las agencias gubernamentales elaboran estos índices utilizando datos obtenidos del seguimiento de precios de los minoristas y mediante encuestas a los consumidores sobre el gasto. Esto es caro. También se está volviendo más difícil a medida que la gente está menos dispuesta a responder a las encuestas.

Sin embargo, el aumento del uso de códigos de barras y escáneres por parte de los minoristas y la prevalencia de los datos en línea están cambiando las reglas del juego. Durante la última década, las agencias estadísticas de Países Bajos, Australia y Canadá han incorporado gradualmente datos de puntos de venta en los índices de precios al consumidor. La agencia estadística del Reino Unido también está avanzando en este ámbito. La recopilación de estos datos permite una medición de la inflación más oportuna y precisa; Además, estos avances también pueden permitir a las agencias estadísticas captar mejor las experiencias de los consumidores en diferentes partes del país y en distintos niveles de ingresos. Detrás de estos avances se sustenta una avalancha de avances técnicos en el manejo de datos a gran escala e intrínsecamente caóticos, como ilustran Kevin Fox y sus colegas de la Universidad de Nueva Gales del Sur y el Centro de Excelencia en Estadísticas Económicas del Reino Unido.

Uno de los principales beneficios de los datos del sector privado para cartografiar y seguir la economía es el potencial de mejorar la puntualidad y granularidad de los indicadores económicos. Esto fue especialmente evidente durante la pandemia. Había demanda de evidencia de alta frecuencia sobre desarrollos económicos tanto a nivel nacional como local. Las agencias estadísticas y los investigadores adoptaron los datos del sector privado para satisfacer esa demanda. En parte compensan los beneficios el ruido estadístico, la posibilidad de doble recuento y muestras insuficientes que podrían ocultar señales económicas.

Los investigadores han explorado estos problemas comparando datos del sector privado con estadísticas nacionales representativas, destacando los ajustes necesarios y el valor añadido por fuentes de datos complementarias. Otros han destacado los beneficios de los datos administrativos y de encuestas vinculados, así como el potencial de las encuestas asistidas por IA. La producción de estadísticas económicas clave probablemente se basará cada vez más en una variedad de fuentes de datos del sector privado, sistemas administrativos públicos y encuestas, en un enfoque mixto impulsado por agencias nacionales.

El camino a seguir

Es hora de reforzar la inversión en nuestra infraestructura de estadísticas económicas. Podemos estar perdiendo la capacidad de monitorizar la economía y tomar decisiones informadas porque billones de dólares en actividad económica pueden estar sin medir o medir con un detalle insuficiente. No debe subestimarse la importancia de abordar este asunto, y tampoco los desafíos.

Los obstáculos incluyen superar la inercia burocrática, financiar la reforma de los sistemas contables económicos y llevar a cabo acciones coordinadas. Si no avanzamos en estadísticas fiables producidas por agencias nacionales con rigor estadístico de manera responsable y transparente —con imparcialidad y acceso igualitario— habrá mucho ruido para cubrir el vacío en el mundo actual tan rico en datos.

¿Qué podría deparar? La revisión de 2025 del SNA y las actualizaciones del manual de balanza de pagos del FMI son un punto de partida y serán más eficaces si se implementan ampliamente por agencias estadísticas de todo el mundo. Pero los problemas implicados sugieren que no se puede esperar que las agencias estadísticas resuelvan los problemas por sí mismas. La pandemia de COVID-19 nos mostró lo que se puede lograr mediante la coordinación y el liderazgo. El avance de las estadísticas económicas en una economía digital y rica en datos exige la colaboración entre los propietarios de datos del sector público y privado, así como entre agencias gubernamentales, respaldada por marcos legales y técnicos. También es necesaria la colaboración entre agencias estadísticas internacionales y con académicos universitarios.

Parte de esto ocurre en los márgenes. Ejemplos incluyen el Centro de Excelencia en Estadísticas Económicas del King’s College London, establecido por la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido; el Instituto de Investigación en Medición Económica en la Oficina Nacional de Investigación Económica en EE. UU.; el trabajo del Centro de Investigación Económica Aplicada de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia; y la cátedra de Medición en Economía en la Escuela de Economía de París, apoyada por la agencia nacional de estadística, en Francia. Economistas y estadísticos harían bien en adoptar esa colaboración.

REBECCA RILEY es profesora de práctica económica en King’s Business School, King’s College London, y directora del Economic Statistics Centre of Excellence.

Referencias:

Abdirahman, M., D. Coyle, R. Heys y W. Stewart. 2020. “Una comparación de deflactores para la salida de servicios de telecomunicaciones.” Economie et Statistique/Economics and Statistics 517-518-519: 103–22.

Corrado, C., J. Haskel, M. Iommi y C. Jona-Lasinio. 2022. “Midiendo los datos como activo: marco, métodos y estimaciones preliminares.” Documento de trabajo del Departamento de Economía de la OCDE 1731, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, París.

Fox, K. J., P. Levell y M. O’Connell. 2025. “Medición de la inflación con datos de alta frecuencia.” Revista de Estadísticas Empresariales y Económicas. DOI: 10.1080/07350015.2025.2537392.

Schreyer, P. 2022. “Contabilizando los servicios digitales gratuitos y la producción doméstica: una aplicación para Facebook (Meta).” Eurostat Review on National Accounts and Macroeconomic Indicators (EURONA): 7–26.

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