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El BCRA vuelve a expandir la base monetaria y el crédito acelera: qué muestran las cifras de julio

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El proceso de normalización monetaria comenzó a mostrar en julio una señal que, hasta ahora, había permanecido ausente: la base monetaria volvió a crecer en términos reales después de diez meses consecutivos de contracción. El dato aparece acompañado por una recuperación de la demanda transaccional de dinero y por una aceleración del crédito al sector privado, en un contexto que el Banco Central (BCRA) vincula con la consolidación del proceso de desinflación.

Según el Informe Monetario Mensual correspondiente a julio, publicado este viernes, la base monetaria aumentó 0,2% en términos reales y sin estacionalidad. En valores nominales, el stock se incrementó en $0,5 billones respecto del cierre de junio. El cambio adquiere relevancia porque interrumpe una secuencia de diez meses de contracción y lleva la base monetaria a representar el 3,9% del PIB, todavía 0,4 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado en julio de 2025.

La expansión no respondió a una reapertura del financiamiento monetario al Tesoro. Por el contrario, el principal factor expansivo fue la compra neta de divisas al sector privado. Durante julio, el BCRA adquirió USD 2.162 millones, operación que generó una expansión monetaria de $3,2 billones. Parte de ese efecto fue compensado por las operaciones del Tesoro a través de su cuenta en pesos y por la esterilización realizada por la autoridad monetaria mediante operaciones de mercado abierto y repos.

El mecanismo resulta central para interpretar la fotografía monetaria de julio: la expansión de la base se produjo asociada a la acumulación de activos externos, mientras que el resto de las operaciones funcionó como contrapeso sobre la liquidez. En términos acumulados, las compras de divisas del BCRA alcanzaron USD 13.337 millones durante los primeros siete meses del año. Las reservas internacionales, en tanto, finalizaron julio en USD 47.599 millones, USD 2.729 millones por encima del cierre de junio.

El segundo dato relevante aparece del lado de la demanda de dinero. El M2 privado transaccional creció 1,8% real y sin estacionalidad en julio y acumuló tres meses consecutivos de expansión. La recuperación estuvo explicada principalmente por los depósitos a la vista transaccionales, que avanzaron 2,7% real, mientras que el circulante en poder del público aumentó 0,4%. El comportamiento es consistente, según el BCRA, con una recuperación de la demanda de dinero en un escenario de moderación de la inflación.

La contracara estuvo en los instrumentos remunerados. Los depósitos a plazo fijo del sector privado disminuyeron 0,4% real y sin estacionalidad, con una dinámica diferenciada entre hogares y empresas. Mientras las personas incrementaron levemente sus colocaciones, las empresas redujeron sus depósitos a plazo y aumentaron sus tenencias de depósitos a la vista remunerados. Como resultado, el M3 privado cayó apenas 0,1% real en julio y se ubicó en el equivalente a 12,9% del PIB, 1,9 puntos porcentuales por encima del mínimo observado en abril de 2024.

El crédito privado aportó otra señal de mayor profundidad financiera. Los préstamos en pesos crecieron 1,2% real y sin estacionalidad durante julio, con un incremento promedio de $3,0 billones. El BCRA señaló que se trató del mayor crecimiento mensual desde fines de 2025 y que, en términos interanuales, el crédito en pesos mantuvo una expansión real de 1,7%. Su participación sobre el PIB permaneció en 9,2%, mientras que al incorporar los préstamos en moneda extranjera el crédito total al sector privado alcanzó 12,5% del producto.

La composición del crédito también ofrece una lectura relevante para la actividad económica. Por tercer mes consecutivo, los préstamos comerciales fueron el principal motor de la expansión, con una suba de 2% mensual real y sin estacionalidad. Dentro de esa categoría, los adelantos en cuenta corriente crecieron 7,6%, mientras que las financiaciones mediante documentos prácticamente no se movieron.

El crédito hipotecario, por su parte, continuó exhibiendo una trayectoria expansiva. Los préstamos con garantía real aumentaron 0,8% real en julio, impulsados por las financiaciones para vivienda, que crecieron 2,1% mensual y acumularon más de dos años de variaciones positivas. En términos interanuales, el crédito para la compra de vivienda avanzó 50,2% real, principalmente por el comportamiento de los préstamos ajustables por UVA.

En paralelo, el financiamiento en dólares mantuvo un ritmo particularmente intenso. Los préstamos al sector privado en moneda extranjera aumentaron USD 1.115 millones durante julio y alcanzaron un stock de USD 24.826 millones, con un crecimiento interanual de 45,4%. El BCRA señaló que la expansión se explica principalmente por documentos a sola firma destinados a financiar operaciones de comercio exterior, en una trayectoria ascendente prácticamente ininterrumpida desde enero de 2024.

La otra pieza del esquema monetario que comienza a tomar forma es institucional. Durante julio, el Gobierno envió al Congreso un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA que establece la preservación del valor de la moneda como misión primaria y fundamental de la entidad. El texto propone prohibir el financiamiento al Tesoro mediante Adelantos Transitorios, eliminar mecanismos de transferencia de reservas y restringir la distribución de utilidades a aquellas realizadas y líquidas, una vez constituidas las reservas correspondientes.

El proyecto busca, en términos del propio informe, impedir que el financiamiento del Gobierno por parte del Banco Central genere expansiones monetarias que no estén respaldadas por una mayor demanda de dinero. La propuesta también contempla transitoriamente la posibilidad de utilizar utilidades bajo el criterio normativo vigente para cancelar saldos pendientes de Adelantos Transitorios y Letras Intransferibles, con el objetivo de mejorar la calidad del activo del BCRA.

El cuadro de julio, por lo tanto, combina tres movimientos que merecen ser observados en conjunto: una base monetaria que deja atrás diez meses de contracción, una demanda transaccional que acumula tres meses de crecimiento y un crédito privado que vuelve a ganar dinamismo. La clave para la sostenibilidad de esta trayectoria estará en que la mayor cantidad de dinero y crédito continúe acompañada por una demanda monetaria creciente, acumulación de reservas y una disciplina que limite la creación de pesos desvinculada de la actividad económica.

Para Misiones y el NEA, el dato más tangible aparece en el canal crediticio. La recuperación de los préstamos comerciales puede traducirse en mayor disponibilidad de capital de trabajo para empresas, mientras que el crecimiento del financiamiento en dólares mantiene una conexión directa con actividades vinculadas al comercio exterior. El desafío ya no es solamente que el crédito vuelva a crecer, sino que esa expansión logre transformarse en inversión, producción y capital de trabajo a costos compatibles con la rentabilidad de las economías regionales.

El informe del BCRA deja así una fotografía menos centrada en la cantidad absoluta de pesos y más en su composición: mientras la base monetaria recupera terreno, los depósitos transaccionales crecen, el crédito privado gana profundidad y las reservas aumentan. La evolución de estos cuatro indicadores será determinante para saber si la recuperación monetaria de julio representa apenas un cambio estadístico o el comienzo de una etapa de mayor intermediación financiera con estabilidad nominal.

Informe Monetario Mensual 2026 07 by CristianMilciades

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El crédito volvió a crecer, pero la mora especialmente en las familias sigue en alza

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El sistema financiero argentino comenzó a mostrar en mayo señales de una recuperación gradual del crédito, luego de varios meses de retracción. De acuerdo con el último Informe sobre Bancos publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), el saldo real del crédito al sector privado creció 0,8% mensual en términos consolidados —sumando préstamos en pesos y moneda extranjera— y acumula una expansión interanual del 10,8% real.

La mejora representa un dato relevante para una economía que busca recuperar el financiamiento como motor de la inversión y del consumo. El informe destaca que el crecimiento estuvo impulsado principalmente por las líneas comerciales destinadas a empresas y por los préstamos con garantía real, como los créditos hipotecarios y prendarios, segmentos considerados estratégicos para estimular la actividad económica.

En pesos, el crédito privado avanzó 0,3% real respecto de abril, interrumpiendo cuatro meses consecutivos de caídas. Paralelamente, el financiamiento en moneda extranjera registró un incremento del 2,6% mensual medido en dólares, con una expansión interanual superior al 52%, reflejando una mayor utilización del crédito vinculado al comercio exterior y a empresas exportadoras.

Sin embargo, el informe también expone una señal de alerta que acompaña este proceso de expansión. La morosidad del sistema financiero volvió a incrementarse durante mayo y alcanzó el 7,7% del total de la cartera de préstamos, cuatro décimas por encima del registro de abril.

El mayor deterioro continúa observándose en los créditos destinados a las familias. El índice de irregularidad de ese segmento llegó al 12,8%, aunque el Banco Central destacó que durante los últimos meses comenzó a moderarse la velocidad de crecimiento de la mora, un dato que podría indicar una estabilización del fenómeno tras el fuerte aumento registrado durante el último año.

En contraste, la cartera de empresas mantiene un nivel de incumplimiento considerablemente menor, con una mora del 3,5%, reflejando un comportamiento más sólido del financiamiento corporativo.

A pesar de este incremento en la cartera irregular, el BCRA sostiene que el sistema financiero conserva una elevada capacidad para absorber eventuales pérdidas. Las previsiones constituidas por los bancos cubren el 86,3% de los préstamos en mora, mientras que la cartera irregular neta de previsiones representa apenas el 2,2% de la Responsabilidad Patrimonial Computable (RPC), un indicador que refleja la fortaleza patrimonial del sector.

La solvencia continúa siendo uno de los principales activos del sistema financiero argentino. En mayo, la integración de capital alcanzó el 30,7% de los activos ponderados por riesgo, muy por encima de los mínimos regulatorios. El excedente de capital representó el 280,3% de la exigencia normativa, un nivel que otorga margen para enfrentar escenarios de mayor volatilidad.

La liquidez también permanece en niveles considerados adecuados. Los activos líquidos en pesos equivalieron al 32,7% de los depósitos en moneda nacional cuando se incluyen títulos públicos utilizados para integrar encajes y operaciones remuneradas con el BCRA. En moneda extranjera, los bancos mantuvieron activos líquidos equivalentes al 50,9% de los depósitos en dólares, preservando un amplio colchón frente a eventuales retiros.

Del lado del ahorro, el escenario fue menos favorable. Los depósitos privados en pesos disminuyeron 0,9% en términos reales durante mayo, principalmente por la caída de los plazos fijos, mientras que los depósitos en dólares permanecieron prácticamente estables respecto del mes anterior.

En materia de rentabilidad, el sistema financiero continúa mostrando resultados positivos, aunque moderados. El rendimiento sobre activos (ROA) alcanzó un 2,2% anualizado tomando el promedio de los últimos tres meses, mientras que el indicador acumulado de los últimos doce meses se ubicó en 1,1%.

Más allá de los indicadores técnicos, el informe deja una conclusión con fuerte impacto económico y social. La recuperación del crédito constituye una condición necesaria para sostener la inversión privada, facilitar el acceso a la vivienda y fortalecer el capital de trabajo de las empresas. Sin embargo, la persistencia de elevados niveles de morosidad entre los hogares refleja que la recomposición del ingreso real todavía no alcanza para normalizar plenamente la capacidad de pago de muchas familias.

El desafío para los próximos meses será consolidar un crecimiento del financiamiento compatible con una reducción gradual del riesgo crediticio. Para ello, la evolución del empleo, los salarios y la inflación continuará siendo determinante, ya que de esas variables dependerá que la recuperación del crédito se transforme en una herramienta de desarrollo económico sostenible y no en un factor adicional de vulnerabilidad financiera.

Informe sobre Bancos 05_26 Banco Central by CristianMilciades

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¿Por qué se desaceleró el crédito hipotecario en 2026 y cuáles son las trabas que frenan las operaciones?

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Después del fuerte impulso que mostraron los créditos hipotecarios durante 2025, el mercado comenzó a exhibir un ritmo más moderado en 2026. Para los operadores inmobiliarios, el interés de los compradores sigue vigente, pero las condiciones que imponen los bancos están dificultando el acceso al financiamiento y limitando la cantidad de operaciones que finalmente se concretan.

Oscar Puebla, director de Puebla Inmobiliaria, considera que uno de los principales obstáculos está en los criterios con los que las entidades financieras evalúan a los solicitantes. Según explicó, muchas personas interesadas en comprar una vivienda quedan fuera del sistema porque no alcanzan la calificación exigida o reciben una aprobación insuficiente para adquirir la propiedad que buscan.

“Hay mucha gente que se presenta y no reúne las condiciones para obtener la calificación necesaria. En muchos casos, el monto que les aprueban tampoco alcanza para concretar la compra”, afirmó.

¿Cuáles son las principales trabas de los bancos para otorgar créditos?

A su entender, las entidades financieras deberían revisar sus parámetros de evaluación y otorgar mayor peso a la garantía que representa el propio inmueble.

  • Calificación exigida rigurosa: Muchos interesados no reúnen las condiciones necesarias que imponen los bancos.
  • Montos de aprobación insuficientes: El capital prestado no alcanza para cubrir el valor real de la propiedad que se busca adquirir.
  • Falta de flexibilidad en la evaluación: El historial crediticio es importante, pero no debería ser el único factor determinante. “Si alguien va a hipotecar una propiedad que vale 120.000 dólares, la garantía es justamente esa propiedad”, sostuvo Puebla.

¿Cómo se comporta la demanda del mercado inmobiliario en 2026?

Pese a estas dificultades regulatorias y financieras, Puebla asegura que la demanda no desapareció. Por el contrario, afirma que existe un importante interés de compra enfocado en segmentos específicos.

  • Fuerte interés en unidades de menor valor: “Las publicamos y se venden enseguida. Eso demuestra que están baratas y que hay una demanda muy fuerte”, señaló el empresario.
  • Cambio en el perfil del comprador: El movimiento actual está impulsado principalmente por familias que necesitan una vivienda para uso propio. Esto marca una diferencia respecto a ciclos anteriores del mercado inmobiliario, donde predominaban los inversores que buscaban resguardar capital o transformar sus pesos en ladrillos.

Financiamiento privado: ¿una alternativa al sistema tradicional?

Como respuesta a la desaceleración del crédito bancario, comienzan a surgir alternativas de financiamiento privadas que buscan complementar la oferta del sistema tradicional.

Aunque estas opciones todavía presentan costos elevados, podrían ampliar las posibilidades de acceso a la vivienda para aquellos solicitantes rechazados por la banca comercial. En este contexto, Puebla considera que una mayor competencia entre las distintas fuentes de financiamiento podría contribuir a dinamizar nuevamente el mercado y facilitar el acceso al crédito para un mayor número de compradores.

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La otra cara de la recuperación: la deuda de los hogares se triplicó en dos años y crece la morosidad

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Mientras los indicadores macroeconómicos muestran señales de estabilización y algunas variables sociales comienzan a exhibir mejoras, una dinámica menos visible avanza sobre la economía cotidiana de los argentinos: el fuerte crecimiento del endeudamiento de los hogares. Un informe de la Fundación Éforo revela que, entre diciembre de 2023 y enero de 2026, la deuda promedio por persona se triplicó, pasando de 337.000 pesos a más de un millón de pesos, en un contexto donde el acceso al crédito se expandió, pero también lo hicieron las dificultades para cumplir con los compromisos financieros.

El fenómeno pone de relieve una de las tensiones más importantes del actual ciclo económico. La desaceleración de la inflación y la recuperación parcial de algunas líneas de financiamiento conviven con una creciente dependencia del crédito para sostener el consumo, especialmente en los sectores de ingresos medios y bajos.

Los datos recopilados por la Fundación Éforo muestran que el sistema crediticio continúa ampliándose, aunque con señales crecientes de fragilidad. En apenas dos años, la cantidad de personas endeudadas a través de proveedores no financieros pasó de 9,5 millones a 11,3 millones. Se trata de usuarios que acceden a financiamiento mediante fintech, mutuales, billeteras virtuales y tarjetas emitidas fuera del sistema bancario tradicional.

El crecimiento no sólo se refleja en la cantidad de usuarios. El volumen total financiado mediante estos canales aumentó de 3,2 billones de pesos a 11,8 billones, una expansión que evidencia el papel cada vez más relevante de los actores no bancarios dentro del ecosistema financiero argentino.

Sin embargo, la expansión del crédito viene acompañada por un deterioro de la capacidad de pago. La morosidad muestra una tendencia ascendente en prácticamente todos los segmentos. En los préstamos otorgados por bancos privados, el incumplimiento pasó del 4,5% al 10,6%, más que duplicándose en el período analizado. La situación es aún más delicada entre los proveedores no financieros, donde la mora alcanzó el 16,2%, mientras que las tarjetas no bancarias registraron un incumplimiento del 14,5%.

La relevancia de estos números radica en que estos instrumentos se han convertido en una de las principales herramientas de financiamiento para el consumo cotidiano. En muchos hogares, especialmente aquellos con dificultades para acceder al sistema bancario formal, las fintech y las tarjetas alternativas funcionan como una vía indispensable para afrontar gastos corrientes.

Para Carla Pitiot, vicepresidenta de la Fundación Éforo, los datos reflejan una situación compleja y contradictoria. Según señaló, el sistema muestra una mayor inclusión financiera, pero al mismo tiempo evidencia un aumento de la vulnerabilidad económica de numerosos hogares.

“Los datos muestran una realidad ambivalente. Más argentinos acceden al crédito, pero una parte creciente de los hogares lo hace en condiciones cada vez más exigentes y con mayores dificultades para sostener sus compromisos financieros. El aumento simultáneo de la deuda promedio y de la morosidad sugiere que estamos frente a una señal de alerta que merece seguimiento, especialmente en los sectores de menores ingresos”, sostuvo.

Uno de los factores que explican este deterioro es el elevado costo del financiamiento. Aunque las tasas de interés han descendido respecto de los picos registrados durante los años de alta inflación, continúan siendo significativamente elevadas. Durante 2025 y comienzos de 2026, los préstamos personales otorgados por bancos operaron con tasas nominales anuales de entre 70% y 90%.

La situación resulta aún más exigente en el universo de los proveedores no financieros, donde el costo promedio del crédito alcanzó el 129% nominal anual. Este diferencial impacta principalmente sobre los sectores con menor bancarización, que terminan accediendo a financiamiento más caro y enfrentan mayores riesgos de sobreendeudamiento.

La fotografía del endeudamiento adquiere especial relevancia en momentos en que diversos indicadores sociales muestran mejoras parciales. Recientemente, UNICEF informó una reducción de la pobreza infantil durante 2025, aunque advirtió sobre posibles retrocesos para 2026. El crecimiento del crédito permitió amortiguar parte de las dificultades económicas de los hogares, pero los datos de morosidad sugieren que una porción creciente de ese financiamiento podría estar funcionando como mecanismo de supervivencia más que como herramienta de inversión o consumo sostenible.

No todas las líneas crediticias presentan el mismo comportamiento. El informe destaca una excepción significativa: el crédito hipotecario. Impulsado por la estabilización macroeconómica y la reaparición de préstamos ajustados por inflación, este segmento registró un crecimiento real superior al 50% interanual y mantiene niveles de mora considerablemente inferiores al promedio del sistema financiero.

La diferencia pone en evidencia una creciente segmentación del mercado crediticio. Mientras los sectores con capacidad de ahorro y acceso al sistema financiero formal comienzan a recuperar instrumentos de financiamiento de largo plazo, los hogares más vulnerables enfrentan costos más elevados y una carga financiera cada vez más difícil de sostener.

Desde la Fundación Éforo advierten que esta evolución configura una estructura crediticia dual. Por un lado, un sistema financiero que muestra signos de recuperación y expansión. Por otro, una creciente concentración del endeudamiento riesgoso en los segmentos de menores ingresos.

La preocupación trasciende el plano individual. El aumento simultáneo de deuda, morosidad y financiamiento de alto costo plantea desafíos para las políticas de inclusión financiera, la protección de consumidores y la estabilidad económica de mediano plazo. Si bien el crédito continúa siendo una herramienta clave para sostener la actividad económica y el consumo, la velocidad con la que crecen los incumplimientos comienza a encender señales de alerta sobre la capacidad real de los hogares para absorber nuevas obligaciones.

En una economía que busca consolidar la estabilidad luego de años de volatilidad, el endeudamiento de las familias emerge como una de las variables a monitorear. Porque detrás de los indicadores de recuperación macroeconómica, la situación financiera de millones de hogares sigue mostrando signos de fragilidad que podrían condicionar la sostenibilidad de la mejora económica en los próximos años.

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Arriazu ve una oportunidad histórica para Argentina: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”

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En medio de una de las etapas más complejas para la industria de la construcción, el economista Ricardo Arriazu eligió transmitir un mensaje que combinó diagnóstico duro y optimismo estratégico. Durante la 71° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), sostuvo que Argentina atraviesa una oportunidad histórica de crecimiento impulsada por el ordenamiento macroeconómico, el potencial exportador de la energía y la minería y una mejora sustancial de las cuentas externas. Sin embargo, dejó una advertencia que resume su mirada sobre el momento actual: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”.

La exposición estuvo marcada por una fuerte diferenciación entre el presente y el futuro de la economía argentina. Arriazu reconoció que la construcción atraviesa una situación crítica luego del desplome de la inversión pública y la ausencia de mecanismos de financiamiento de largo plazo, pero consideró que el sector podría convertirse en uno de los principales beneficiarios de un escenario de estabilidad económica sostenida.

“La participación de la construcción en el PBI llegó a ser del 25%, ahora está en el 3%, cuando el promedio mundial es del 6%”, señaló el economista, al describir la magnitud del retroceso. Según explicó, Argentina enfrenta además un déficit estructural en materia habitacional y un mercado hipotecario prácticamente inexistente. “Estamos invirtiendo menos que la depreciación de las viviendas”, afirmó, reflejando la pérdida de capacidad de acumulación de capital en uno de los sectores históricamente más dinámicos de la economía.

Para Arriazu, la recuperación de la construcción depende de una condición indispensable: la eliminación definitiva de la inflación. Sin estabilidad de precios, sostuvo, resulta imposible reconstruir el crédito hipotecario y desarrollar instrumentos financieros de largo plazo que permitan movilizar inversiones.

Mientras ese proceso madura, propuso avanzar con sistemas de financiamiento indexados, aunque reconoció las limitaciones actuales. “Hay que utilizar un sistema indexado, pero el salario no acompaña y los bancos no tienen fondeo”, explicó. En ese sentido, planteó la necesidad de crear mecanismos de compensación que permitan equilibrar la evolución de ingresos y cuotas.

El economista también apuntó contra la falta de instrumentos de ahorro de largo plazo, un problema que considera central para financiar el desarrollo. En particular, cuestionó el deterioro de herramientas como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los sistemas de seguros, históricamente utilizados para canalizar recursos hacia proyectos de infraestructura y vivienda. Su propuesta fue reducir la exposición del FGS a títulos públicos y direccionar parte de esos recursos hacia la actividad constructiva.

Sin embargo, la parte más contundente de su presentación estuvo vinculada a las perspectivas macroeconómicas. Arriazu aseguró que el país atraviesa una transformación estructural que podría modificar décadas de restricciones externas recurrentes. A diferencia de otros ciclos de crecimiento que terminaron en crisis cambiarias, sostuvo que la expansión actual podría apoyarse en una oferta genuina de divisas proveniente de sectores altamente competitivos a nivel internacional.

En esa línea, corrigió significativamente sus propias estimaciones sobre el desempeño externo de la economía. Mientras inicialmente proyectaba un superávit comercial de 13.500 millones de dólares para este año, ahora estima que la cifra podría alcanzar los 20.000 millones de dólares, acompañada incluso por un saldo positivo en la cuenta corriente.

La explicación se encuentra en el fuerte crecimiento de las exportaciones. Según sus cálculos, Argentina sumará este año alrededor de 20.000 millones de dólares adicionales por ventas al exterior, impulsadas principalmente por una cosecha agrícola récord y el avance de los complejos energético y minero.

Desde su perspectiva, el país está transitando un profundo cambio en la estructura productiva. Históricamente, explicó, el esquema económico argentino favoreció a determinados sectores mediante subsidios y protección, generando distorsiones que limitaron la competitividad general. La nueva etapa implica un proceso simultáneo de destrucción y creación de actividades económicas.

Allí aparece uno de los principales desafíos de la transición. Los sectores que actualmente generan dólares —energía, minería y agroindustria— demandan relativamente poca mano de obra, mientras que actividades intensivas en empleo como la construcción, el comercio y parte de la industria todavía enfrentan dificultades. “El problema es entrar en el péndulo del ajuste y salir de él. Hoy es clave cómo me adapto, cómo cambio hacia sectores que van a crecer”, planteó.

Respecto de la política cambiaria, Arriazu respaldó la estrategia oficial y consideró que una devaluación brusca hubiera puesto en riesgo todo el programa económico. “Devaluar hubiera tirado todo el programa al demonio”, afirmó, al tiempo que defendió la apreciación relativa del peso como una consecuencia natural de un proceso exitoso de estabilización.

Su argumento se basa en que los países que logran consolidar estabilidad macroeconómica suelen volverse más caros en términos internacionales. “Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”, sostuvo. Para el economista, el principal obstáculo que aún persiste no es económico sino reputacional: “Tenemos los mejores números macro de América Latina, pero también el riesgo país más alto porque fuimos estafadores seriales”.

Esa referencia apunta directamente a la necesidad de reconstruir credibilidad institucional y financiera luego de décadas de defaults, reestructuraciones y cambios permanentes de reglas de juego. En su visión, la reducción sostenida del riesgo país será la llave para destrabar inversiones masivas en infraestructura, vivienda y producción.

La apuesta de largo plazo está puesta en el sector energético. Arriazu proyectó que para 2030 Argentina podría exportar más de 30.000 millones de dólares anuales únicamente por energía, una cifra que transformaría de manera estructural la disponibilidad de divisas y modificaría una de las principales restricciones históricas al crecimiento económico.

Por eso, más allá de los problemas coyunturales que enfrenta hoy la construcción, el economista llamó a los empresarios a mirar el horizonte estratégico. Su mensaje final fue una síntesis de advertencia y esperanza: Argentina cuenta con recursos naturales, capacidad exportadora y condiciones macroeconómicas que podrían abrir un ciclo de crecimiento sostenido. La incógnita, según planteó, no está en las oportunidades sino en la capacidad política y social para aprovecharlas.

“Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”, concluyó.

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