crisis industrial argentina

La industria del té pide a Nación un dólar exportador para no perder mercados

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La industria tealera de Misiones atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Tras un 2025 marcado por una caída cercana al 18% en las exportaciones, el sector enfrenta una combinación de factores que amenaza su competitividad internacional: costos internos en dólares en fuerte alza, un tipo de cambio considerado poco competitivo y una demanda externa cada vez más exigente.

En diálogo con Canal 12, el empresario yerbatero y tealero Renso Klimiuk analizó el escenario actual y advirtió que el problema no es exclusivo de Misiones, sino que forma parte de un contexto que atraviesan muchas economías regionales del país.

El debate se da además en medio de un deterioro industrial a nivel nacional. En los últimos dos años, la industria argentina acumuló una caída cercana al 7,9%, una de las más pronunciadas del mundo, según distintos informes internacionales. En ese marco, la Unión Industrial Argentina respondió al discurso del presidente Javier Milei en el Congreso con una frase que volvió a instalar la discusión sobre el rol productivo del país: “Sin industria no hay país”.

Klimiuk explicó que el 2025 fue particularmente duro para el sector tealero, que depende casi exclusivamente de los mercados externos.

“Fue un año muy duro, con una caída brusca en las exportaciones. Hoy Argentina tiene un costo de elaboración en dólares muy caro para producir. Con un dólar que no es competitivo, producir en el país se vuelve bastante complicado para un producto commodity como el té”, señaló.

Argentina representa alrededor del 4% del comercio mundial de té, lo que obliga a competir con grandes productores internacionales como Kenia, Sri Lanka o China.

“Cuando los costos suben en dólares se hace muy difícil trasladarlos al precio final. Competimos con países que tienen estructuras mucho más eficientes o costos más bajos”, explicó.

Energía, combustible y costos en dólares

Uno de los principales problemas del sector es el fuerte incremento de costos medidos en dólares durante los últimos años.

“El combustible se nos triplicó en dólares y la energía aumentó cerca del 300%. Son insumos fundamentales para la elaboración del té y todo eso termina impactando en el precio final”, indicó.

Para Klimiuk, el problema radica en que esos aumentos ocurren en una actividad donde los precios internacionales están fijados por el mercado global.

“El té es un commodity. No podemos trasladar esos aumentos como sí ocurre en otros productos. Entonces terminamos perdiendo competitividad y mercado”, sostuvo.

La crisis también impacta en la producción primaria. Según explicó el empresario, la zafra pasada terminó antes de lo habitual y muchos productores decidieron no fertilizar los cultivos ante el escenario de incertidumbre.

“A eso se suma la sequía, que también afectó los rendimientos. Todo eso genera una caída en la producción y una oferta que no acompaña la demanda del exterior”, explicó.

En este contexto, el sector viene reclamando medidas que permitan mejorar la competitividad exportadora.

Entre las alternativas aparece la posibilidad de implementar un tipo de cambio diferencial para el agro y las economías regionales, una herramienta que el sector viene solicitando desde hace meses.

“Durante todo el año pasado venimos buscando alguna herramienta para poder competir. Hoy lo que pedimos es un dólar diferencial para el agro, porque vamos perdiendo mercado”, afirmó.

Sin embargo, sostuvo que hasta el momento no hubo respuestas concretas del Gobierno nacional.

“Desde las cámaras y consorcios exportadores venimos buscando respuestas, pero hoy no hay un acompañamiento”, señaló.

Para Klimiuk, el escenario actual genera preocupación entre las pymes industriales del interior del país.

“Con un dólar barato y costos altos en dólares, el riesgo es que nos llenemos de productos importados y que eso termine destruyendo la industria nacional”, advirtió.

El empresario sostuvo que la situación no es aislada del sector tealero.

“Si uno recorre el interior del país ve que la cadena de pagos está muy complicada, creció la morosidad bancaria y la cantidad de cheques rechazados es muy alta”, aseguró.

También remarcó que hasta ahora las pymes no registraron reducciones impositivas que alivien la presión sobre los costos.

No hubo una sola baja de impuestos para el sector pyme exportador o no exportador. En cambio, sí tuvimos fuertes incrementos en energía, combustible y fletes”, explicó.

India, un mercado en exploración para la yerba mate

El panorama es algo diferente para la yerba mate, donde las exportaciones muestran una tendencia de crecimiento, aunque el mercado interno sigue siendo el principal destino.

Mientras el té destina cerca del 90% de su producción al exterior, la yerba mate concentra alrededor del 85% de su consumo en el mercado interno.

En ese marco, Klimiuk participó recientemente en una misión comercial en India junto a empresas y autoridades de Misiones.

“India es un mercado enorme, de 1.500 millones de personas y con una fuerte cultura de consumo de infusiones. La yerba mate es un producto nuevo para ellos, pero tiene un potencial enorme”, explicó.

Según indicó, ya se realizaron algunos envíos iniciales y el objetivo es avanzar en el desarrollo de ese mercado en los próximos años.

“Si logramos posicionarnos aunque sea en un pequeño nicho de ese mercado, puede abrirse una oportunidad enorme para la yerba mate argentina”, concluyó.

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La fábrica de neumáticos Fate anunció su cierre definitivo y echará a más de 900 empleados

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El cierre definitivo de la fábrica de neumáticos Fate no es solo el final de una empresa histórica: es la postal más contundente del retroceso industrial que atraviesa la Argentina. Con 920 despidos y el cese total de actividades en su planta de Virreyes, en el partido bonaerense de San Fernando, la firma de más de 80 años de trayectoria se convierte en uno de los símbolos más fuertes del actual ciclo económico.

“FATE S.A.I.C.I. comunica que, a partir del día de la fecha, cesa la actividad en su planta industrial”, informó la compañía en un comunicado oficial, en el que atribuyó la decisión a “los cambios en las condiciones de mercado”.

La empresa, que fue pionera en abastecer neumáticos radiales a la industria automotriz local y el único productor nacional de neumáticos radiales para transporte, arrastraba años de crisis por caída de ventas, conflictos gremiales y pérdida de mercados de exportación.

Pero el impacto del cierre excede a la firma. Se produce en un contexto en el que el sistema productivo argentino viene reduciéndose a una velocidad sostenida.

La salida de Fate del mapa productivo no ocurre en el vacío. Se inscribe en un proceso más amplio de contracción del entramado empresario formal que viene profundizándose desde fines de 2023. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 el sistema perdió 21.938 empleadores registrados. En el mismo período, el número de trabajadores formales cubiertos cayó en 290.602 personas. Si en noviembre de 2023 había 512.357 empresas y 9.857.173 trabajadores, dos años después los registros muestran 490.419 empleadores y 9.566.571 trabajadores. Solo en noviembre último el cierre neto fue de 892 empresas, y en los primeros once meses de 2025 la pérdida acumulada alcanzó a 9.722 empleadores.

La construcción aparece como el sector más golpeado por el freno de la obra pública y la retracción de la inversión privada, pero la industria manufacturera también viene mostrando señales persistentes de debilidad. En ese contexto, el caso Fate adquiere una dimensión simbólica: no se trata de una pyme marginal, sino de una firma con liderazgo tecnológico, presencia exportadora en Europa, Estados Unidos y América Latina, y un rol estratégico dentro del complejo automotriz argentino.

La crisis de la compañía no comenzó este año. En 2019 aplicó una reducción de 450 puestos y volvió a ajustar en 2021 y 2022. En julio de 2024 solicitó la apertura de un Procedimiento Preventivo de Crisis ante la abrupta caída de ventas y la pérdida de mercados externos. La empresa sostuvo entonces que la demanda interna se había desplomado un 30% y que acumulaba pérdidas superiores a los 30 millones de dólares en el primer semestre de 2024. En mayo de ese mismo año ya había anunciado cerca de 200 despidos para adecuar su estructura. Entre los factores señalados figuraban los elevados costos de producción, la sobrecarga impositiva, las restricciones cambiarias para importar insumos, la deficiente infraestructura, los sobrecostos laborales, la baja productividad y la conflictividad gremial.

El cierre de Fate deja así una doble lectura. Por un lado, el drama inmediato de casi mil trabajadores que pierden su empleo. Por otro, la confirmación de una tendencia estructural: la economía argentina atraviesa una etapa de fuerte reducción de su base empresaria formal. Con casi 22 mil empleadores menos en dos años, la pregunta que comienza a instalarse no es solo cuántas compañías más resistirán el nuevo escenario, sino qué perfil productivo quedará en pie una vez que el ajuste termine de reconfigurar el mapa industrial del país.

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