crisis industrial argentina

Hilo belgraniano

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El general Manuel Belgrano murió a los 50 años, postrado en su casa de Buenos Aires. Pobre y casi solo. Es una ironía que el presidente Javier Milei haya aprovechado la fecha en homenaje a su memoria como atril para mostrar su respaldo a Manuel Adorni, el jefe de Gabinete investigado por una obscena acumulación de tropelías que se agrandan con el pasar de las horas. 

Gastos exorbitantes, compras difíciles de justificar aún con esfuerzo de imaginación, herencias no declaradas y miles de dólares olvidados en criptomonedas. Lujos angurrientos desde que asumió en la función pública. 

El contraste es doloroso. A Belgrano se le rinden honores. Adorni está a un paso de ser el primer jefe de Gabinete con una moción de censura en el Congreso, a pesar de la tregua de quince días que consiguió el oficialismo en el Senado. 

Milei bajó a la vicepresidenta Victoria Villarruel del Palco y eligió mostrarse con Adorni en un nuevo gesto de respaldo que agota la paciencia política y desprecia la condena social. Al mismo tiempo, se apropió del prócer para presentarlo como un libertario inicial que, cómo él mismo, pensó en la grandeza económica de la Argentina. “(Belgrano) puede ser considerado el primer intelectual liberal económico argentino, un criollo que empezó a pensar la generación de riqueza desde la libertad económica, la propiedad y la iniciativa privada mucho antes de que esas palabras formaran parte de nuestras constituciones y de nuestras instituciones. Le dio centralidad a la agricultura, promovió el respeto al sistema de precios y al trabajo como organizador de la vida social. En contraste con los beneficios que disfrutaba la casta de la época, defendió la libertad económica, la competencia y la propiedad como pilares de su programa, y consideró al mérito como impulsor del desarrollo económico y personal”, recitó el Presidente para ponerse en el mismo plano. 

Pero Belgrano no fue libertario en los cánones actuales, aunque haya sido contemporáneo a los postulados de Adam Smith. 

Era un entusiasta del libre comercio, pero básicamente en contra del monopolio comercial impuesto por la Corona española. Abogó por abrir los puertos, especialmente con Inglaterra, entendiendo que el intercambio fluido era vital para el progreso económico.

A pesar de su admiración por el libre comercio, entendía que un país no podía depender exclusivamente de las importaciones. Creía que la riqueza nacía del trabajo, la agricultura y el fomento de la industria, argumentando que el país debía exportar productos elaborados y no solo materia prima, como celebra ahora el Gobierno. Detrás de los récords exportadores se esconde una paradoja incómoda. El motor del crecimiento no fue la industria, sino los combustibles y la energía, que avanzaron 167% de la mano de Vaca Muerta. Son dólares que entran, pero con limitado impacto sobre el empleo, la innovación y el tejido productivo nacional. El resultado es una economía que exporta más, pero que al mismo tiempo profundiza su proceso de reprimarización. Celebramos las cifras mientras se achica el peso relativo de la producción con mayor valor agregado.

Más preocupante aún es el comportamiento de los indicadores que anticipan el futuro. Las importaciones de bienes de capital cayeron 6,8% y las de piezas y accesorios para bienes de capital se desplomaron 26,6%. Es decir, se está enfriando la inversión que determina la capacidad productiva de los próximos años. Menos maquinaria, menos equipamiento y menos componentes hoy significan menor potencial de producción mañana. La consecuencia puede no sentirse de inmediato, pero condiciona el crecimiento de 2027 y los años siguientes. Un proceso de desindustrialización gradual, casi imperceptible, pero persistente.

A esto se suma un factor coyuntural que ayuda a maquillar los resultados. La mejora de los términos del intercambio, del orden del 5,8%, aportó unos USD 487 millones adicionales al saldo comercial. No es un salto de productividad ni una mejora estructural de competitividad: es renta derivada de precios relativos más favorables. Un viento de cola que puede desaparecer tan rápido como llegó ante cualquier corrección de los mercados internacionales de commodities.

El cuadro general obliga a mirar más allá de los titulares. 

Belgrano sostenía que sin producción propia no podía haber verdadera independencia económica. En esa línea, propuso proteger y subsidiar la industria y la manufactura local para generar empleo y bienestar general, justo lo opuesto a lo que sucede ahora. 

Según datos elaborados por el Centro de Estudios de la UIA (CEU), la actividad industrial se ubicó en marzo un 12% por debajo de los niveles registrados en junio de 2022.  Entre los sectores más afectados aparecen la siderurgia, la petroquímica, caucho y plástico, bebidas, textiles, confecciones, calzado, electrónica y maquinaria industrial. También se observa una caída significativa en la demanda de materiales para la producción. Entre agosto de 2023 y febrero de 2026 se perdieron 240.980 puestos de trabajo asalariados en el sector privado. La industria manufacturera figura entre los sectores más golpeados, junto con la construcción, acumulando una destrucción de 75.399 empleos formales. Los datos oficiales describen un industricidio en cámara lenta. 

Belgrano también consideraba que la educación era el motor del desarrollo económico. Fue un visionario al impulsar escuelas gratuitas, obligatorias y de oficios. Hoy Milei impone una reducción presupuestaria sin precedentes en áreas vinculadas a salud, educación, desarrollo social, ciencia, producción y obra pública. Mientras tanto, aumentan los recursos destinados a inteligencia y se mantiene un elevado peso del pago de deuda dentro de la estructura del gasto estatal.  

La actividad económica está en constante destrucción. El consumo privado cayó 2,2% interanual en mayo y acumula seis meses en negativo. Según la Universidad de Palermo: entre enero y mayo, acumuló una contracción de 1,8% respecto del mismo período de 2025. En abril las ventas en los grandes supermercados registraron un descenso del 3,7% interanual, la cuarta baja consecutiva. En Misiones, las ventas totalizaron $ 25.048 millones en abril y en relación con igual mes del 2025 mostraron una caída del 15,6% real (la más fuerte del país), baja que aceleró de manera notable en comparación al mes previo (fue -4,3% en marzo) y marcó un año de descensos consecutivos. La mora bancaria de las familias volvió a incrementarse durante abril y alcanzó el 12,1%, el nivel más elevado en más de dos décadas, según los últimos datos publicados por el Banco Central (BCRA).

El indicador acumula 18 meses consecutivos de deterioro y evidencia el creciente estrés financiero que enfrentan los hogares argentinos. El poder adquisitivo de los salarios continúa deteriorándose, aún con la inflación en baja. En Misiones el salario de marzo 2026 muestra el nivel más bajo desde junio de 2024. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 desaparecieron 26.448 empleadores y se perdieron 339.841 puestos de trabajo registrados en unidades productivas. Si se suman las trabajadoras de casas particulares, la destrucción alcanza a 370.487 empleos formales.
Traducido a una escala cotidiana, la Argentina perdió 31 empresas por día y 435 empleos registrados diarios durante los primeros 28 meses de gestión de Javier Milei.
El dato expone una realidad menos visible que la desaceleración inflacionaria o la mejora financiera: la economía continúa expulsando unidades productivas y empleo formal.

El esplendor económico imaginado por Belgrano, no se refleja en los datos de la gestión libertaria, a pesar de los esfuerzos por encontrar algún punto positivo y la promesa de que en cualquier momento, en los próximos meses, ahora sí, llegarán los mejores meses de la historia argentina y se materializará el mítico segundo semestre invocado también por Mauricio Macri. 

El malabarismo para matizar la realidad es digno de destacar. Adrián Núñez, el referente libertario en Misiones, celebró que el turismo creció 37 por ciento en el último fin de semana largo, dedicado a Miguel de Güemes, el prócer salteño que también fue protagonista en los tiempos de la independencia y la expulsión de los españoles. Pero en el último fin de semana largo no hubo un éxodo como el que describe el diputado con una foto de Milei saludando con las Cataratas de fondo. En realidad, fue el peor fin de semana largo del año para el turismo. De acuerdo con el informe de relevamiento emitido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, el feriado nacional logró movilizar apenas a 993.683 turistas con un impacto económico de $216.649 millones. El crecimiento se dio contra 2025, cuando fueron 721.800 turistas, menos que en 2024 y que en 2023, cuando viajaron por el país 2.247.966 argentinos. Contra 2023, el último año de un Gobierno peronista malo, la caída es de 55,8 por ciento. Lo mismo hizo Rodrigo Correa hace un par de meses para celebrar un “crecimiento” en el consumo de la yerba mate desregulada, cuando las ventas en el mercado interno están 6,51% por debajo de 2023.

Belgrano definió la identidad de Misiones, cuando desde el cuartel general de Candelaria, la antigua capital de los 30 pueblos guaraníes, redactó el Régimen Político y Administrativo y Reforma de los 30 Pueblos de las Misiones en 1810. “Todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode”, escribió para darles libertad a los guaraníes. “Mis ideas no se dirigen a despojar a nadie de su propiedad, sino a darla al que no la tiene”, fue la frase que sintetizó el espíritu de reforma agraria y distribución justa de tierras que puso en práctica.

En la tierra del Sarandí histórico, este sábado se rindió un nuevo homenaje a Belgrano. Fue una postal de sobriedad institucional en tiempos de una silenciosa procesión política. El gobernador Hugo Passalacqua encabezó el acto acompañado por el vice, Lucas Romero Spinelli y el ex gobernador y ahora diputado nacional Oscar Herrera Ahuad, enrolados en Encuentro Misionero, el espacio que lidera Carlos Rovira. 

Nadie desconoce que por estas horas el oficialismo vive horas de intenso debate interno. Por eso la postal con el tridente cobra relevancia. Aún con diferencias, se privilegia la estabilidad y la gobernabilidad en tiempos en los que se necesita de mucha templanza para sobrellevar las consecuencias del modelo económico nacional. Passalacqua sabe de gobernar con la Nación en otra sintonía y esa experiencia lo pone hoy entre los mejor valorados de la Argentina, lo que fortalece la búsqueda de un nuevo mandato para 2027. Uno de los pilares de la valoración positiva es saber manejar los tiempos. “No hay que confundir ser cortés con ser débil. Lo que da fortaleza a una persona, son sus convicciones y sus valores”, aseguró durante su discurso. 

Los que apuran definiciones políticas no conocen de la historia reciente ni la génesis de la propia Renovación allá por 2003. Nunca fue con frases altisonantes, sino con una apertura cuya única condición era romper con las estructuras partidarias y pensar a Misiones desde Misiones. Esas convicciones siguen presentes en el Gobierno y en Encuentro Misionero, aunque se distingan matices.

Passalacqua gestiona con la mira puesta en atender las demandas de los misioneros. Para la primera semana de julio estaría lista la reestructuración de gabinete, casi en coincidencia con el fin del cobro anticipado de Ingresos Brutos en los controles fiscales, que tanto enojo generaba. También desaparecerán las retenciones automáticas en billeteras digitales, una acción destinada a que el dinero circule sin cortapisas en momentos en los que cada centavo importa para miles de familias. 

De la Legislatura y de la mano de Rovira en la usina de ideas que es Encuentro Misionero, emergen iniciativas que también apuntan al mismo objetivo. Desburocratizar, despapelizar, generar más derechos. Acompañar la gestión. 

El momento no admite distracciones ni especulaciones. La sociedad está ensimismada en llegar a fin de mes.

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El mayor fabricante de electrodomésticos cerró su planta en Argentina y decidió que otro país de la región absorba todo

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La multinacional Whirlpool confirmó el cierre de su planta en Pilar y trasladará toda su producción a Brasil, donde invertirá cerca de 200 millones de reales para consolidar un polo industrial más automatizado. La decisión profundiza la pérdida de empleo industrial y la concentración regional de la manufactura en el vecino país.

En un mapa industrial que se viene reconfigurando casi en silencio, la decisión de Whirlpool marca un nuevo punto de inflexión para la industria argentina. La multinacional, uno de los mayores fabricantes de electrodomésticos del mundo, confirmó el cierre de su fábrica en Argentina y el traslado completo de su producción hacia Brasil.

La planta afectada es la ubicada en Pilar, provincia de Buenos Aires, que dejó de operar como parte de una revisión estructural de la compañía. Desde ahora, toda la producción, la maquinaria y el abastecimiento de mercados de la región serán absorbidos por la unidad industrial de Rio Claro, en el estado de São Paulo.

La decisión no es menor: implica que productos que antes se fabricaban en Argentina pasarán a producirse íntegramente en Brasil, desde donde luego serán distribuidos al resto de América Latina.

En paralelo, Whirlpool proyecta una inversión cercana a los 200 millones de reales en Brasil, con el objetivo de consolidar un centro industrial más automatizado, apoyado en nuevas tecnologías como inteligencia artificial, robótica y procesos de mayor escala.

La estrategia responde a una lógica que se repite en distintos sectores manufactureros de la región: concentrar la producción en polos industriales con mayor competitividad, menores costos logísticos y mejor integración de la cadena de abastecimiento. En este escenario, Brasil vuelve a posicionarse como el principal nodo industrial sudamericano.

La compañía ya había intentado reducir costos en Argentina mediante ajustes operativos y mejoras en los procesos de producción de la planta de Pilar. El objetivo era sostener competitividad frente al avance de productos importados y el deterioro del mercado interno.

Sin embargo, la caída del consumo, el encarecimiento de la estructura industrial local y la necesidad de redefinir la huella regional de su cadena de suministro terminaron por precipitar el cierre definitivo de la fábrica.

El impacto excede lo estrictamente empresarial. El cierre de una planta industrial implica pérdida de empleo directo, debilitamiento de proveedores locales, menor demanda de servicios asociados y una reducción de la participación argentina en procesos de valor agregado.

En un contexto en el que la industria manufacturera ya concentra la mayor parte de la pérdida de empleo registrado del país, la salida de Whirlpool refuerza una tendencia preocupante: menos producción nacional y mayor dependencia de bienes fabricados en el exterior.

A pesar del cierre fabril, Whirlpool S.A. aclaró en un comunicado presentado ante la bolsa que continuará operando comercialmente en Argentina. Las actividades de importación, comercialización y distribución no se verán afectadas, por lo que la marca seguirá presente en el mercado local, aunque ya sin producción propia.

La decisión expone una realidad cada vez más visible en la industria regional: mientras Brasil consolida inversiones y gana escala productiva, Argentina sigue perdiendo peso en el mapa manufacturero de América Latina.

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La vidriera Rigolleau comienza a importar desde China tras pérdidas millonarias

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La histórica vidriera Rigolleau reconfiguró su estrategia productiva tras registrar pérdidas por $5.500 millones en 2025: redujo su producción en Berazategui, opera al 60% de su capacidad instalada y comenzó a importar vajilla desde China para abastecer el mercado interno. La decisión incluyó la paralización de un horno y la salida de cerca de 100 trabajadores, en un movimiento que excede lo empresarial y se proyecta como síntoma de un cambio más amplio: ¿es un ajuste coyuntural o una señal estructural sobre la competitividad industrial en la Argentina actual?

El dato no es menor en el contexto político y económico. La reconversión de una firma fundada en 1882, con fuerte presencia en el entramado productivo, se produce en paralelo a un esquema económico que promueve apertura comercial, desaceleración inflacionaria y reconfiguración de costos internos. En ese cruce, la decisión de importar lo que antes se producía localmente instala una tensión directa entre competitividad y sostenimiento del empleo.

Un cambio de modelo forzado por el mercado interno

La propia empresa explicitó el giro. En su balance presentado en febrero y en el reporte enviado a la Comisión Nacional de Valores (CNV), reconoció que “debe cambiar su modelo de negocio tradicional”. La caída del consumo interno, eje central de su operación —el 95% de su línea Hogar se destina al mercado local—, impactó de lleno en la estructura de costos.

El diagnóstico es claro: menor actividad, mayor ociosidad productiva y presión sobre la rentabilidad. Aun con esfuerzos por mejorar eficiencia y renegociar condiciones, el resultado fue negativo por segundo año consecutivo, duplicando incluso las pérdidas de 2024, que habían sido de $2.599.109.500.

En ese marco, la importación aparece como una salida pragmática. Según la empresa, los productos traídos desde China resultan más baratos incluso considerando flete y embalaje. La consecuencia es directa: las líneas vinculadas a vajilla y consumo hogareño dejarán de sostenerse mayoritariamente con producción local.

Sin embargo, el repliegue no es total. Rigolleau mantiene activas sus unidades ligadas a los sectores farmacéutico y alimentario, donde la demanda se muestra más estable. Esa segmentación revela que el problema no es uniforme, sino concentrado en los rubros más expuestos al consumo masivo.

Impacto laboral y señales al sistema productivo

El ajuste operativo ya tuvo efectos concretos: de una planta de más de 800 trabajadores, quedaron alrededor de 700. La paralización de un horno y la reducción de la producción implican una pérdida de escala que tensiona no solo a la empresa, sino al entramado industrial que la rodea.

El movimiento también reconfigura incentivos. Si importar resulta más competitivo que producir localmente, incluso en sectores tradicionales, el mensaje se amplifica hacia otras industrias que enfrentan estructuras de costos similares. En ese sentido, la decisión de Rigolleau puede leerse como un caso testigo dentro del proceso de apertura y reordenamiento económico en curso.

Al mismo tiempo, el vínculo histórico de la empresa con figuras como Enrique Ernesto Shaw y su tradición dentro de la doctrina social empresaria introduce una dimensión simbólica: el tránsito desde un modelo industrial con fuerte anclaje local hacia uno más flexible y globalizado.

Entre la supervivencia empresarial y el nuevo esquema económico

El dato más delicado no está en la caída, sino en la incógnita que deja abierta el propio balance: la capacidad de la empresa de sostenerse como “empresa en marcha”. Esa advertencia no es habitual y coloca el foco en la viabilidad futura del negocio.

En paralelo, los primeros meses de 2025 muestran señales de mejora, aunque todavía insuficientes para revertir el impacto previo. La recuperación aparece, pero no alcanza a compensar la caída estructural en ventas que disparó el cambio de estrategia.

Lo que está en juego no es solo la reconversión de una firma, sino la adaptación de un sector a nuevas reglas. El equilibrio entre costos locales, apertura comercial y demanda interna será determinante en las próximas decisiones.

Un caso abierto en medio de la transición económica

La decisión de Rigolleau no cierra un ciclo, lo abre. Marca un punto de inflexión en la lógica productiva de una empresa emblemática y, al mismo tiempo, deja planteadas preguntas sobre el rumbo de la industria nacional en el nuevo escenario económico.

Habrá que observar si este viraje se consolida o si, ante cambios en el consumo o en la estructura de costos, la producción local recupera terreno. También si otros actores siguen el mismo camino o si logran sostener esquemas productivos competitivos sin recurrir a importaciones.

Por ahora, el movimiento es claro: una empresa centenaria ajusta su modelo para sobrevivir. Lo que todavía no está definido es si ese ajuste será transitorio o el anticipo de una transformación más profunda.

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Lumilagro redefine su modelo tras 85 años: menos industria, más importaciones

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La histórica fabricante argentina de termos Lumilagro atraviesa una de las transformaciones más profundas de su trayectoria. Tras más de ocho décadas de producción industrial, la empresa decidió apagar los hornos de su planta de Tortuguitas y discontinuar la fabricación local de ampollas de vidrio, en un giro estratégico que combina importaciones, diseño propio y fortalecimiento comercial.

El cambio se inscribe en un proceso de reconversión más amplio, marcado por la caída del consumo, el avance de productos importados -legales e ilegales- y una reconfiguración de la cadena de valor.

Fundada en 1941 por Eugenio Suranyi y hoy conducida por la cuarta generación familiar, la compañía supo ser líder regional en termos de vidrio. Sin embargo, el nuevo escenario obligó a replantear su esquema productivo. “La caída del 50% en las ventas es real”, reconoció el CEO Martín Nadler, quien además explicó que el apagado de hornos responde tanto a necesidades técnicas como a una menor escala de producción que ya no justifica su operación.

En ese marco, Lumilagro optó por un modelo híbrido: mantendrá en Argentina el ensamblado, la fabricación de carcasas y parte de la producción de termos de acero, mientras que componentes clave comenzarán a importarse desde Asia. Las ampollas de vidrio llegarán desde India y Vietnam, y los termos de acero inoxidable se producirán en China.

La reestructuración tuvo un fuerte impacto laboral. La planta de Tortuguitas pasó de 220 empleados en 2022 a cerca de 100 puestos entre directos e indirectos en la actualidad. En total, unos 170 trabajadores dejaron la empresa mediante esquemas de retiro voluntario.

Desde la firma sostienen que se trató de un proceso ordenado y sin despidos, aunque reconocen que fue una de las decisiones más complejas en la historia reciente de la compañía.

Uno de los factores clave detrás del cambio es el crecimiento del contrabando de termos, principalmente desde Bolivia y Paraguay. Según la empresa, estos productos -fabricados con acero de menor calidad- ingresan al país de forma ilegal y ganaron fuerte participación en el mercado.

“Antes de la pandemia, uno de cada diez termos era tóxico. Hoy es uno de cada cuatro”, advirtió Nadler. Estos productos, prohibidos por la ANMAT, compiten en precio con la producción nacional y generan distorsiones en el mercado.

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Gerardo Grippo: “Todavía no vemos un proyecto integral para aprovechar el gas de Vaca Muerta”

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Mientras Argentina proyecta convertirse en exportador global de energía, la industria misionera advierte que la falta de gas natural y las asimetrías estructurales profundizan la pérdida de competitividad en el norte del país.

En un escenario donde la Argentina busca posicionarse como proveedor global de energía a partir del desarrollo de Vaca Muerta, las economías regionales del norte enfrentan una realidad muy distinta: altos costos energéticos, limitaciones de infraestructura y crecientes dificultades para competir.

El ingeniero Gerardo Grippo, presidente del Movimiento Industrial Misionero, puso el foco en una de las principales brechas estructurales: la ausencia de gas natural por redes en Misiones, un factor que -según advierte- condiciona el desarrollo productivo y desalienta inversiones.

“Contar con Vaca Muerta es un activo estratégico enorme para el país, pero todavía no vemos un proyecto integral de desarrollo nacional que permita aprovechar plenamente ese potencial”, señaló.

Energía: la gran asimetría

Grippo remarcó que la Argentina debería no solo exportar gas, sino también utilizar ese recurso para garantizar energía competitiva en el mercado interno. En ese esquema, la falta de infraestructura aparece como el principal cuello de botella.

“La extensión de los gasoductos es clave. Hoy existe un proyecto que llegaría hasta Paso de los Libres para exportar a Brasil, pero también debería contemplar su llegada a Misiones. De lo contrario, la provincia seguirá en una situación de aislamiento energético”, advirtió.

La consecuencia directa es una pérdida de competitividad. Sin acceso a gas natural, las industrias misioneras enfrentan mayores costos de producción en comparación con otras regiones del país que sí cuentan con ese insumo estratégico.

Yacyretá, energía sin impacto local

La paradoja energética también atraviesa a la región. A pocos kilómetros de Misiones, la represa de Yacyretá aporta entre el 15% y el 20% de la energía eléctrica nacional, pero ese recurso no se traduce en ventajas competitivas para la provincia.

“La disponibilidad de energía genera desarrollo industrial, urbano y social. Pero hoy esa energía no está impulsando el crecimiento local”, planteó Grippo

En el debate sobre reformas laborales, el dirigente industrial fue claro: el problema central no es el costo del trabajo, sino la falta de condiciones estructurales para producir.

“El empleo no se genera porque sea más barato contratar. Se genera cuando hay demanda. Hoy la industria tiene niveles de capacidad instalada cercanos al 50%, con sectores mucho más abajo”, explicó.

En ese contexto, advirtió que las reformas sin consenso social pueden derivar en mayor precarización, sin resolver los problemas de fondo.

Grippo también subrayó el rol del tipo de cambio como herramienta de competitividad, aunque señaló las limitaciones del caso argentino por su estructura bimonetaria.

“A diferencia de otros países, cualquier ajuste cambiario en Argentina impacta rápidamente en los precios internos. A eso se suman otros factores como la carga impositiva, los costos logísticos y el acceso al financiamiento”, detalló.

Mercosur y apertura: oportunidad con condiciones

Sobre el escenario internacional, el presidente del Movimiento Industrial Misionero consideró que el Mercosur sigue siendo una plataforma clave, pero advirtió sobre los riesgos de una apertura sin políticas productivas.

“La integración es necesaria, pero si no resolvemos las asimetrías internas -energía, infraestructura, financiamiento- la apertura puede profundizar las desigualdades y debilitar a las economías regionales”, sostuvo.

Un reclamo estructural

La conclusión es clara: mientras el país proyecta exportar energía al mundo, una parte de su entramado productivo sigue operando con desventajas estructurales.

Para Misiones, el acceso a energía competitiva no es solo una cuestión técnica, sino una condición indispensable para sostener la industria, generar empleo y consolidar su rol dentro del Mercosur.

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