Ian Dutari en Misiones: “El dibujo es un proceso mental y una forma de generar pensamiento”
La arquitectura atraviesa una transformación profunda. La digitalización modificó las herramientas con las que se proyecta, se representa y se comunica el espacio, mientras la inteligencia artificial comienza a alterar incluso los procesos creativos y profesionales. En ese escenario, el arquitecto Ian Dutari llegó a Posadas para abrir una discusión que excede las técnicas de diseño: cómo formar profesionales capaces de utilizar las nuevas tecnologías sin perder las capacidades cognitivas, expresivas y culturales que históricamente estuvieron asociadas a la disciplina y el dibujo.
Dutari, arquitecto, docente, investigador y exdecano de la Universidad Nacional de Córdoba y de la Universidad Católica de Córdoba, desarrolla desde 1990 su actividad profesional. Invitado por la carrera de Arquitectura de la Universidad Gastón Dachary (UGD), participa entre el 18 y el 20 de agosto de una agenda que combina capacitación docente, clases abiertas, dibujo, recorridas profesionales y una conferencia sobre patrimonio jesuítico.
El eje de su visita es “Cartografías para una formación en proyecto de arquitectura”, una propuesta dirigida principalmente a docentes y centrada en revisar cómo se enseña en función de cómo aprenden los estudiantes. Para Dutari, la educación no produce resultados inmediatos, sino procesos acumulativos que requieren tiempo y continuidad.
“En educación, el lunes no pasa nada. Esto tiene que ver con procesos de siembra muy prolongados, a largo plazo”, planteó durante la entrevista. La frase sintetiza una preocupación por la formación profesional que, en su mirada, no puede reducirse a incorporar nuevas herramientas, sino que debe revisar las capacidades que esas herramientas pueden potenciar o desplazar.
Uno de los puntos centrales de su planteo es el dibujo. Dutari propone recuperar la práctica no como una técnica meramente instrumental ni como un producto destinado a quedar sobre el papel, sino como una forma de pensamiento.
“El dibujar como forma de generar pensamiento”, explicó. En arquitectura, esa capacidad adquiere una dimensión particular porque permite explorar el espacio antes de construirlo, imaginar relaciones, probar alternativas y avanzar mediante un proceso iterativo en el que cada representación modifica y amplía la anterior.
La tecnología digital, desde esta perspectiva, no aparece como un enemigo. Autocad, los sistemas de modelado y renderizado y las nuevas herramientas digitales forman parte irreversible de la profesión. El desafío consiste en evitar que la incorporación tecnológica implique abandonar experiencias cognitivas que siguen teniendo valor.
“Son tecnologías que facilitan procesos”, reconoció Dutari, aunque planteó que también es necesario sumar experiencias que la humanidad desarrolla desde hace miles de años. “Nosotros, como especie, dibujamos desde siempre. Y vos, cuando nacés, dibujás antes de hablar”, señaló.
La cuestión adquiere mayor complejidad con la expansión de la inteligencia artificial. Para el arquitecto, la discusión no debería plantearse en términos de aceptación o rechazo de la tecnología, sino alrededor de sus efectos sobre la formación y la producción cultural.
La potencia de estas herramientas, sostuvo, es difícil de dimensionar. Pero junto con esa capacidad aparece el riesgo de una “despersonalización” o “deshumanización” de los resultados cuando la tecnología reemplaza procesos que también cumplen una función formativa. El problema, en consecuencia, no reside únicamente en qué puede hacer una herramienta, sino en qué capacidades humanas se dejan de ejercitar cuando esa herramienta realiza el proceso completo.
Dutari vinculó esa preocupación con un fenómeno que observa entre las nuevas generaciones: dificultades crecientes para expresarse oralmente y una reducción del universo de palabras utilizado cotidianamente. Allí encuentra una conexión directa entre lenguaje, pensamiento y formación profesional.
Retomando una idea asociada a Ludwig Wittgenstein, planteó que los límites del lenguaje también condicionan los límites del mundo que una persona puede conceptualizar. “Nosotros, como especie, pensamos en términos de lenguaje”, sostuvo, para advertir que desarrollar el lenguaje no constituye solamente una habilidad comunicacional, sino una condición para ampliar las capacidades cognitivas.
Para la arquitectura, el planteo tiene una consecuencia específica. Si el lenguaje y la ciudad son dos de las expresiones más potentes de la cultura humana, la formación de arquitectos necesita preservar ambas dimensiones: la capacidad de interpretar y construir espacios y la capacidad de explicar, comunicar y conceptualizar aquello que se proyecta.
Dibujar para volver a mirar
En ese contexto se inscribe la clase abierta “¿Por qué dibujar en arquitectura?”, que Dutari desarrollará en el Museo Aníbal Cambas y que continuará con una salida grupal de dibujo en el Parque Paraguayo. La actividad estará abierta a estudiantes de Arquitectura y también a estudiantes secundarios.
La propuesta busca establecer una suerte de contraste con el universo digital en el que crecieron las nuevas generaciones, pero no desde una posición nostálgica. “No es rechazarte porque obviamente llegó para quedarse”, explicó. La intención es recuperar la pertinencia del dibujo dentro de una disciplina que históricamente utilizó esa herramienta para pensar el espacio.
Dibujar, en ese sentido, no significa solamente representar algo que ya existe. Es una forma de observar, seleccionar, interpretar y construir mentalmente una idea. La mano, el ojo y el pensamiento trabajan de manera simultánea.
La experiencia adquiere además una dimensión pedagógica: frente a un entorno dominado por imágenes producidas y consumidas rápidamente, detenerse a dibujar obliga a observar durante más tiempo. Esa pausa puede convertirse en una herramienta de formación en una disciplina donde comprender las relaciones espaciales resulta tan importante como representarlas.
El patrimonio como infraestructura cultural
La visita de Dutari también propone mirar hacia atrás para comprender el presente. El cierre de su agenda en Posadas estará dedicado a una intervención realizada en el contexto jesuítico de la ciudad de Córdoba, una experiencia que le permite conectar arquitectura, historia y patrimonio.
Dutari trabaja en la Universidad Nacional de Córdoba como secretario de Planificación y parte de su actividad profesional está vinculada con intervenciones sobre edificios y espacios históricos. Entre las experiencias que presentará se encuentra un fragmento del antiguo conjunto jesuítico de Córdoba que fue recuperado y transformado en un centro cultural universitario.
La historia de ese patrimonio permite comprender que una obra arquitectónica puede transportar mucho más que una determinada solución constructiva. Puede contener capas de historia, transformaciones urbanas, usos sociales y decisiones políticas que permanecen visibles en el territorio.
En Córdoba, explicó, la ciudad actual se encuentra incluso por encima de buena parte de la ciudad histórica. “La ciudad original está setenta centímetros más abajo en Córdoba y ves los pisos que son de 1607 y están ahí hoy”, señaló para graficar la persistencia física del pasado.
Ese concepto puede trasladarse directamente a Misiones. La provincia posee un patrimonio jesuítico reconocido internacionalmente, pero también una arquitectura moderna que, en muchos casos, todavía no recibió la valoración social o institucional que merece.
Dutari recordó el caso de obras modernas demolidas y planteó la necesidad de reconocer el valor de edificios que forman parte de la historia reciente. En ese sentido, mencionó ejemplos de arquitectura misionera vinculados con grandes profesionales argentinos, además de construcciones asociadas al desarrollo turístico y urbano de distintas localidades.
La advertencia es especialmente relevante porque el patrimonio no siempre se presenta como una pieza monumental. “A veces los patrimonios modestos” son los que conforman la identidad cotidiana de un territorio, sostuvo. Su valor no está necesariamente determinado por una comparación con los grandes monumentos de Roma, Turquía o Europa, sino por la relación que establecen con la historia local.
“El humilde ladrillo es nuestro ladrillo. Ese es nuestro territorio, es nuestra identidad”, resumió.
La definición plantea una discusión de política pública: conservar patrimonio no implica congelar las ciudades, sino reconocer qué elementos construidos tienen capacidad para explicar quiénes somos y encontrar nuevos usos compatibles con su preservación.
Una arquitectura que conecta pasado, presente y futuro
La agenda de Dutari en Posadas reúne tres dimensiones que suelen abordarse por separado: enseñanza, práctica profesional y patrimonio. Sin embargo, su mirada las vincula mediante una misma pregunta: qué significa formar arquitectos capaces de intervenir sobre una sociedad en transformación.
La carrera de Arquitectura de la UGD organizó las jornadas precisamente con ese objetivo. Según explicó su director, Alberto Solano, la visita busca enriquecer la disciplina y contribuir al crecimiento de la arquitectura regional.
Durante las tres jornadas, Dutari trabaja con docentes, estudiantes y profesionales, visita talleres locales y desarrolla actividades abiertas. La propuesta incluye la capacitación “Cartografías para una formación en proyecto de arquitectura”, la exposición de ejercicios realizados por los participantes, la clase “Obras de una trayectoria”, la actividad sobre dibujo y la conferencia sobre patrimonio jesuítico.
La agenda propone, en definitiva, una mirada amplia sobre la profesión. La arquitectura no aparece solamente como construcción de edificios, sino como una disciplina capaz de interpretar territorio, producir conocimiento, preservar memoria y proyectar futuros posibles.
Para Misiones, esa discusión tiene una relevancia adicional. La provincia reúne patrimonio jesuítico de escala mundial, arquitectura moderna, ciudades en expansión y territorios rurales y urbanos atravesados por transformaciones productivas, ambientales y tecnológicas. Formar profesionales capaces de leer esas capas y traducirlas en proyectos puede convertirse en una herramienta de desarrollo urbano y cultural.
En ese punto, la reivindicación del dibujo y la discusión sobre inteligencia artificial dejan de ser asuntos exclusivamente académicos. Son parte de una pregunta mayor: qué capacidades humanas necesita preservar una profesión mientras incorpora tecnologías cada vez más potentes.
Dutari propone no elegir entre pasado y futuro. La apuesta consiste en utilizar la tecnología sin abandonar aquellas herramientas que permiten pensar, imaginar, comunicar y reconocer el territorio. Porque, en última instancia, una arquitectura capaz de proyectar el futuro necesita también saber leer las huellas que dejó el pasado.
