Milei llega a la cumbre de Asunción con frentes abiertos con Brasil y una agenda que redefine el rumbo del bloque
La cumbre presidencial del Mercosur que se desarrollará este lunes y martes en Asunción llega atravesada por un escenario de creciente tensión política y comercial entre sus principales socios. El presidente Javier Milei participará del encuentro regional en un contexto marcado por diferencias cada vez más profundas con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, mientras Argentina impulsa una estrategia de inserción internacional que comienza a desafiar algunos de los pilares históricos del bloque.
Aunque la agenda oficial contempla avances en las negociaciones comerciales con la Unión Europea y el inicio de conversaciones formales con Japón, la discusión política estará dominada por tres temas que reflejan el cambio de orientación de la política exterior argentina: el acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos, la intención de incorporarse al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y el rechazo del Gobierno nacional a cualquier intento de rehabilitar a Venezuela dentro del Mercosur.
El viaje se produce apenas días después del paso de Milei por España y en un momento en que la relación bilateral con Brasil atraviesa uno de sus momentos de mayor frialdad desde el inicio de la gestión libertaria. La principal preocupación de Itamaraty gira en torno al entendimiento arancelario alcanzado entre Buenos Aires y Washington, mediante el cual Argentina eliminó aranceles para más de 1.600 productos estadounidenses.
Desde Brasil sostienen que cualquier esquema de apertura comercial con terceros países debe respetar el Arancel Externo Común y los mecanismos de negociación conjunta previstos por el Mercosur. En otras palabras, consideran que los acuerdos bilaterales por fuera del bloque pueden generar distorsiones competitivas y debilitar la unión aduanera.
La posición argentina responde a una lógica distinta. El Gobierno considera que la flexibilización comercial constituye una condición necesaria para acelerar la inserción internacional del país y ampliar mercados, aun cuando ello implique revisar algunos de los compromisos tradicionales del bloque regional.
A esa diferencia se suma un nuevo capítulo de la estrategia internacional de la administración Milei: el pedido formal de adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico. La iniciativa, impulsada por la Cancillería, abre una dimensión geopolítica inédita para Argentina al proyectar su ingreso a uno de los principales acuerdos comerciales del mundo, integrado por economías de Asia-Pacífico y que incluye, entre otros miembros, al Reino Unido.
La decisión también alteró el tablero regional. Especialistas en comercio internacional interpretan que el reciente anuncio de Brasil de acelerar una negociación entre el Mercosur y Japón responde, en parte, a un intento por ofrecer nuevas alternativas comerciales dentro del propio bloque y reducir los incentivos para que Argentina y Uruguay profundicen estrategias de apertura individual mediante el CPTPP.
Más allá de la discusión económica, la cumbre también tendrá un fuerte componente político. La situación institucional de Venezuela volverá a aparecer sobre la mesa, aunque sin figurar formalmente entre los principales temas del encuentro.
Mientras Brasil, Colombia e incluso algunos sectores del gobierno paraguayo manifestaron durante los últimos meses disposición para revisar la situación de Caracas dentro del Mercosur, la administración Milei mantiene una posición inflexible y anticipa que utilizará su derecho de veto frente a cualquier intento de reincorporación.
La posición argentina se fundamenta en el incumplimiento de la cláusula democrática de Ushuaia y en las observaciones sobre el funcionamiento institucional del gobierno venezolano, criterios que, según sostienen desde la Casa Rosada, permanecen inalterados pese al reciente diálogo humanitario mantenido tras los sismos registrados en ese país.
La distancia política entre Buenos Aires y Brasilia también tendrá una expresión simbólica fuera de la mesa de negociaciones.
Antes de partir hacia Asunción, Milei recibirá en la Casa Rosada al senador brasileño Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y principal referente opositor al gobierno de Lula da Silva de cara a las elecciones presidenciales previstas para octubre. El encuentro será interpretado como una nueva señal del alineamiento político del mandatario argentino con el espacio conservador brasileño y agrega un componente adicional de tensión a una relación bilateral ya condicionada por diferencias ideológicas y comerciales.
En este contexto, la cumbre del Mercosur trasciende la habitual revisión de la agenda económica del bloque. El encuentro pondrá a prueba la capacidad de convivencia entre modelos de integración cada vez más divergentes: por un lado, la visión brasileña de fortalecer las negociaciones colectivas y preservar la institucionalidad del Mercosur; por otro, la estrategia argentina orientada a flexibilizar las reglas del bloque para acelerar acuerdos bilaterales y ampliar su inserción en nuevos mercados globales.
El resultado de las deliberaciones difícilmente produzca definiciones inmediatas, pero sí ofrecerá una señal sobre el rumbo que adoptará el Mercosur en una etapa en la que las tensiones geopolíticas, la competencia por nuevos mercados y las diferencias ideológicas entre sus principales socios comienzan a redefinir el equilibrio interno del principal bloque económico de América del Sur.
