desempleo

Resumen del primer semestre de 2017

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Durante el primer semestre de 2017 pasaron muchas cosas, y se publicaron también muchas otras. 
 
Vamos a hacer un repaso veloz de algunas de ellas.
 
El consumo según Came registra 18 caídas de las ventas minoristas seguidas desde que asumió Cambiemos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Criticar el nivel de presión tributario es un clásico de la derecha vernácula, y engloba una clara pertenencia de clase. Cuando sube la presión tributaria, lógicamente, a partir de un punto su estructura se hace más progresiva, al menos de hecho. Más allá de eso, sólo el Estado puede redistribuir el ingreso con equidad, criterio, planificación y sustentabilidad de largo plazo (en la Argentina esto último nunca ocurrió, dicho sea de paso, pero sí lo demás). El Estado siempre es árbitro del ingreso, tanto para concentrar la economía cuidando las externalidades de ello que pueden impactar en el sistema como para desconcentrarla, mejorando la equidad. En este último caso, cuanto más impuestos se recauden más posibilidades tiene de hacerlo: 1) por supuesto que la recaudación sola no alcanza, debe gastarse e invertirse con criterio, 2) el exceso de presión tributaria puede resultar en una menor recaudación, por eso un plan de desarrollo claro, acuerdos multisectoriales, claridad y transparencia de gastos, y una presión estable en el tiempo, emergen como cuestiones claves. 
 
Debe notarse que el promedio de la OCDE está por encima de todos los países de AL.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El gráfico que sigue salió en Clarín. La fuente es Bein. Como puede verse refleja una proyección temible: subirán los intereses de la deuda mientras se achicará el déficit primario, posiblemente en base a ajuste. 
 
 
 
 
 
 

Con datos del actual INDEC se puede ver que la distribución del ingreso está en niveles de 2010.

No es menor tener en cuenta que los indicadores sociales de la Argentina suelen mejorar en correlación con el crecimiento del empleo industrial. Esto se vincula con la estructura productiva y la alta propensión a marginal a consumir de grandes porciones de la sociedad. 

También es cierto que el empleo en negro baja de igual modo, cuando mejora el empleo industrial. Una correlación que posiblemente tenga un alto grado de causalidad, pero también vinculado a otras muchas variables. 

 

El cuadro que sigue lo publicó la UCA hace unos meses. Parece que cuando no aparece algún índice de precios en los estudios, en disputa con el índice del Indec, los datos que arroja no son tan negativos para el ciclo anterior. De hecho son bastante positivos. Una pena que no los haya publicado antes. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

En el marco de todo este contexto, es notable como en la CABA las comunas ricas (2, 6, 10 (excepción), 13 y 14) mejoran sus indicadores de mortalidad infantil mientras el conjunto de la Ciudad empeora. 

Esperemos que el segundo semestre sea más feliz. 

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Restauración neoliberal y embestida contra los trabajadores

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El contexto actual, en el cual el neoliberalismo vuelve a tener la hegemonía en el Estado y repitiendo la lógica histórica de estos procesos, la situación de los trabajadores nuevamente es  de retroceso. Las desigualdades en la distribución de la renta nacional entre capital-trabajo se profundizan; los índices de desocupación, pobreza e indigencia aumentan significativamente; la industria manufacturera local, la producción, el comercio y el consumo interno se desploman en un escenario donde las políticas del gobierno nacional lejos del bienestar de los trabajadores se orientan a garantizar “la revolución de la alegría” para las elites oligárquicas a la que representan.

Desde que asumió el gobierno de la alianza Cambiemos no hubo políticas concretas que -más allá de la pura retórica-  beneficien a los trabajadores. El escenario es desesperante y la embestida cada vez es más elocuente. Los últimos informes del INDEC revelan que la brecha entre el ingreso familiar promedio del diez por ciento de los hogares más pobres y el diez por ciento más rico llegó a 21,8 veces en el primer trimestre de 2017 (era de 17,8 veces en el 2015) y la desocupación trepo al 9,2%, llegando a los dos dígitos en algunas de las capitales más importantes del país (Gran Buenos Aires 11,8 %, Gran Catamarca 10,8%,  Mar del Plata 10,4 % y Gran Rosario 10,3). Datos alarmantes que ponen a la vista la “restauración de una tasa “natural de desempleo”, o sea, la creación de un ejército de reserva” (Perry Anderson: 2003) para disciplinar a los trabajadores y  garantizar la maximización de las ganancias del capital.

Los hechos, las acciones y las propias palabras del presidente de la Nación demuestran su afán por destruir los logros obtenidos hasta aquí en materia laboral[1], como así también profundizar los malestares  no resueltos en la última década. en relación a esto, es importante remarcar que a pesar de los grandes avances logrados, en el 2015 la mitad de la población económicamente activa (PEA) aún se encontraba en situación de vulnerabilidad (34% de trabajo no registrado (según INDEC), 7% de desempleo (CIFRA), salarios bajos, inestabilidad laboral, etc.) y un importante sector que sobrevivía gracias a subsidios del Estado.

No obstante, en este nuevo devenir restaurador, el gobierno de la alianza oligárquica orienta todas sus fuerzas -acompañados por los medios de comunicación hegemónicos, sus editoriales y sus tanques de pensamiento- para  legitimar y allanar el camino hacia una nueva reforma laboral, cuyo único fin es la de profundizar la flexibilización y la precarización de las relaciones laborales.[2] Dicha reforma les resulta crucial, para reducir los “costos laborales” (contribuciones, despidos, accidentes); descentralizar las negociaciones colectivas; flexibilizar la distribución de tiempos de trabajo para mejorar la competitividad y por ende maximizar las tasas de plusvalía del capital. Con respecto esto, en la editorial del Diario la Nación[3] Carlos Zarlenga, presidente de General Motors en Argentina y Brasil, argumenta: “la flexibilización laboral hizo una diferencia importante” “generó productividad…y eso trajo más empleo” y enfatiza como ejemplo a seguir los avances de la reforma laboral de Temer en Brasil[4]. Entonces, según la visión del gobierno y del capital concentrado, la reforma laboral en Argentina permitiría la proliferación de las inversiones que, como una catarata, generarán “el derrame” hacia los más necesitados, solucionando los grandes problemas de nuestra economía. Discurso fácilmente refutable con tan solo mirar las experiencias de nuestro  pasado que demuestran todo lo contrario.

Es en este camino que se esgrimen los insostenibles argumentos sobre la “industria de los juicios laborales”[5], “el exagerado gasto público” “los altos costos laborales” y demás políticas “populistas” [6] que, según la visión de los amos del poder, son los principales causantes de la destrucción de puestos de trabajo futuro, del mal estar de la economía y del sector empresarial. Ante esto, es evidente la estrategia de atacar para deslegitimar todo lo referido al  derecho del trabajo y sobre todo a la Justicia laboral que es el fuero donde se dirimen los derechos de los trabajadores. En este sentido, las injustificables escusas sobre la “mafia” y/o “la industria de los juicios laborales” sirven como maniobra ,por un lado para desvirtuar los verdaderos problemas económicos que generan los cierres de las Pymes y las pérdidas de empleo: la inflación, la devaluación, los tarifazos, los despidos masivos destructores del poder de compra de los trabajadores; la reducción del consumo y contracción del mercado interno; unido a la apertura indiscriminada de las importaciones y las altas tasas de interés, detonaron un combo explosivo para la economía argentina, que nada tiene que ver con la litigiosidad laboral. Por otro lado sirve también para construir sentido y legitimar la necesidad de una reforma flexibilizadora pro-mercado, que vuelva a poner entre las cuerdas a los trabajadores.

Al igual que en los 90, también se plantean avanzar con reformas profundas en las prestaciones de la seguridad social. En línea con los ajustes fiscales que viene recomendando el FMI[7], y al igual que los cambios impulsados por temer en el Brasil, la reforma previsional vuelve a estar en la agenda de los ajustes neoliberales. El proyecto en estudio[8] plantea elevar la edad jubilatoria, cambiar el sistema de cálculo de actualización de los haberes, crear cajas complementarias para la realización de “aportes voluntarios”, entre otras. El primer puntazo de esta reforma ya se forjó a través de la ley de reparación histórica aprobada en el año 2016. En la misma se aprobó, entre tantas otras cosas, la creación de la pensión universal para el adulto mayor (pensión por vejez) – esta viene a suplir las conocidas moratorias que permitió a más 3 millones de personas completar sus aportes en Anses y lograrla jubilación mínima-. Esta nueva pensión, lamentablemente, no mejora la situación de los adultos mayores sino que profundiza las desigualdades: La misma se puede cobrar a partir de los 65 años tanto para hombres como para mujeres, es decir ya sentaron un antecedente en el cambio de la edad jubilatoria pasando de 60 a 65 para las mujeres, con lo cual se elevó a cinco años la posibilidad de obtener un beneficio previsional a las mujer que no cuenta con los años de aportes correspondientes. Por otro lado, realizan una diferenciación con respecto a las jubilaciones ordinarias con aportes: en la nueva pensión se cobra el 80% de la jubilación mínima, generando una división entre jubilaciones de primera -aquellos que pudieron trabajar en forma registrada y completaron sus aportes- y jubilaciones de segunda –aquellos que sus patrones nunca registraron la relación laboral y no realizaron aportes, o por distintos motivos no pudieron contribuir a la seguridad social y tiene que conformarse con un pensión por debajo de la mínima-. Además, la prestación es incompatible con el cobro de una pensión, retiro o plan social y, a diferencia de las jubilaciones con o sin moratoria, es personalista y no permite el derecho a pensión a los familiares del titular. La visión que expresan estas políticas, en principio, benefician a los grandes empresarios por sobre los trabajadores y, más aun, perjudica a aquellos sectores del trabajo que se desempeñan en la economía informal o están desempleados.

Con respecto a la provincia de Misiones, el impacto de las políticas del gobierno nacional también son contundentes: disminución de la recaudación, caída de las exportaciones, desempleo, avance del trabajo no registrado, pobreza y profundas asimetrías con los países vecinos dejan en evidencia la regresividad del momento histórico que estamos viviendo. La situación de la ciudad de Posadas es categórica para ejemplificar la crisis que generan las políticas neoliberales, donde la suba galopante de la inflación (por encima de la suba de salarios) y la correspondiente pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores impactó fuertemente en la contracción del mercado interno. Como consecuencia se registran cierres de cientos de locales comerciales y pérdidas de empleo por la escases de las ventas[9]. Esto, además, provocó una reducción de la recaudación del municipio: estiman que en lo que va del año, en comparación con el 2015, “hubo una caída de entre el 30 y el 40% de la recaudación” [10]. Con todo lo que ello implica para las finanzas municipales. “El Municipio perdió en recaudación en el Impuesto a los Ingresos Brutos un importe estimativo de 534 millones de pesos en el 2016. Además,  se fugaron 12 mil millones de Pesos (incluye IVA) en todo el 2016 hacia Paraguay y Brasil. La muestra, con cargas fiscales calculados sobre las ventas, revela que el IVA creció un 34%, los Ingresos Brutos un 25% y la ciudad de Posadas un 17%. Con lo cual la actividad comercial del municipio capitalino creció a la mitad de la Argentina y, por consiguiente esa recaudación se incrementó a la mitad de lo que creció en promedio en el país”.[11] Los datos son elocuentes y demuestran que si no se cambia el rumbo de la política económica a nivel nacional (orientándola hacia la producción y el trabajo: donde se  genere empleo que active el consumo, etc.) será imposible revertir la tendencia regresiva de nuestra economía.

A todo ello, la situación de crisis y los argumentos que la justifican son insostenibles; los ajustes salvajes en áreas fundamentales -salud, educación, seguridad social, etc.- son recurrentes; el avasallamiento de derechos y reivindicaciones populares se agravan, en una coyuntura en el cual cada día es mayor la redistribución de los ingresos desde los trabajadores hacia los sectores concentrados del capital (agro-exportadores y sector financiero). Pero a pesar de las evidencias empíricas que constatan los retrocesos, resulta sustancial  preguntarnos ¿Qué motorizó a que los trabajadores elijan democráticamente a gobiernos de derecha? ¿Por qué aún siguen habiendo sectores de la sociedad que acompañan, defienden y tienen la esperanza en este gobierno? El análisis complejo de esta cuestión obliga a reflexionar, evaluar y repensar sobre los errores -y la falta de profundidad en algunas políticas- cometidos por los proyectos nacionales populares de los últimos tiempos, que permitieron el retorno de las iniciativas estratégica de la derecha neoliberal. Siguiendo lo planteado por Merino (2015) ello tiene, entre otras cosas, estricta relación con los cuellos de botella que no se pudieron resolver en Argentina y en Latinoamérica: los cuellos de botella en la economía (economía extranjerizada, concentrada y primarizada), en la integración regional (la fragmentación como  condición de nuestra dependencia y alienación como pueblos) y en el plano de las ideas y valores (construcción de una identidad propia y una empresa civilizatoria que escape a la decadencia actual y constituya la base sobre la cual construir otro proyecto de sociedad más humano) ( ver: Es tiempo de lucha político estratégica, no de resistencia, Merino:2015)- Sin el avance profundo en la resolución de estos problemas es imposible una transformación que vaya más allá de lo conquistado. En la misma línea García Linera (2016), manifiesta la necesidad de ahondar en la construcción de un nuevo sentido común de la sociedad, es decir, en “los preceptos íntimos, morales  y lógicos con que la gente organiza sus vidas”. El desarrollo de esta cuestión decisiva -que implica lo cultural, lo espiritual, lo ideológico- permitirá vislumbrar los proyectos políticos en pugna y los verdaderos intereses que los mismos representan.

En definitiva -entendiendo el momento histórico de reflujo regional (García Linera:2016) para las fuerzas nacionales populares, con oleadas neoliberales de restauración conservadora en asenso- resulta imperioso entender que todo no está perdido. La temporalidad histórica nos demanda el compromiso, la responsabilidad de retomar la iniciativa y la organización popular en miras de construir fortaleza y unidad – tanto en las ideas como en las acciones- para cambiar  las relaciones de fuerza imperantes en el Estado y traccionar hacia el bienestar de los trabajadores. Es momento de redefinir estrategias y aportar desde cada espacio a la construcción de una sociedad que transite hacia la verdadera JUSTICIA SOCIAL.

[1] Se crearon: 2002/2003 Ley de Emergencia que duplicaron las indemnizaciones por despido (ley 25.561); En marzo de 2004 fue sancionada la ley 25.877 que derogó la ley 25250 (Ley Banelco) restableció la indemnización por despido en un sueldo por año de antigüedad, llevó el mínimo indemnizatorio a un sueldo, limitó el período de prueba a un lapso improrrogable de tres meses previendo la obligación patronal de preavisar la extinción durante su curso o, en su caso, de abonar una indemnización sustitutiva, y derogó disposiciones flexibilizadoras de las leyes 24.467 y 25.013. entre otras (HectorRecalde:2014. revista del trabajo,MTEySS)

 

[2] Ver: Batista, Leonardo (2016): La flexibilización y precarización laboral en la agenda de los grandes medios para legitimar los objetivos del gobierno. CEFIPES.

[3] Diario la Nación: miércoles 28 de junio de 2017. (http://www.lanacion.com.ar/2037621-carlos-zarlenga-la-flexibilizacion-laboral-puede-hacer-una-diferencia-importante)

[4] Globo.Com: 28/06/2017. (Reforma trabalhista http://g1.globo.com/politica/noticia/ccj-do-senado-aprova-texto-base-da-reforma-trabalhista.ghtml)

[5] Diario Infobae: (http://www.infobae.com/economia/2017/06/18/jorge-triaca-la-industria-del-juicio-laboral-genera-una-enorme-imprevisibilidad-a-las-empresas-y-no-favorece-al-trabajador/)

[6] Mario Vargas llosa: El populismo, nuevo enemigo de la democracia. La Nación 06/3/2017

[7] Agencia Paco Urondo:( http://www.agenciapacourondo.com.ar/economia/ajuste-macrista-el-fmi-impone-cambios-en-el-sistema-previsional)

[8] Página 12 (https://www.pagina12.com.ar/40396-reforma-previsional)

[9] El territorio digital: (http://www.elterritorio.com.ar/m/mnota.aspx?c=4153757829860810)

[10]Primera Edición: (http://www.primeraedicion.com.ar/nota/249131/en-dos-anos-la-recaudacion-de-posadas-cayo-un-30-por-ciento.html)

[11]Primera Edición: (http://www.primeraedicion.com.ar/nota/249591/la-economia-misionera-cayo-casi-seis-puntos-el-ano-pasado.html)

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La economía moderó crecimiento en abril: avanzó 0,6%, según el INDEC

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La actividad económica moderó su crecimiento en abril al registrar un ascenso del 0,6% interanual, anunció este miércoles el INDEC.

Además, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) se mantuvo estable respecto del mes previo.

La suba interanual estuvo impulsada por el mejor nivel de actividad de la construcción, el sector agrícola, y los bienes de consumo durables, informó el organismo.

En marzo pasado, la actividad económica había mostrado una mejora del 1,3% interanual.

De esta manera, el primer cuatrimestre del año acumuló una mejora del 0,4% en relación a enero-abril del 2016.

El sector agrícola registró indicadores positivos, tras presenciar una cosecha récord de trigo, de trabajar intensamente en la del girasol, que dejó una producción de 3,6 millones de toneladas, contra los 3 millones del año pasado, y la de maíz, con 47,5 millones, por sobre los 40 millones del 2016.

También durante abril, promediaba la campaña de soja, afectada por las intensas lluvias, cuya producción podría alcanzar a 57 millones de toneladas, por debajo de los 58,8 millones del año pasado.

El comercio exterior arrojó un déficit de u$s 144 millones, pero con un crecimiento interanual del 5,4% en las importaciones y del 3,9% en las ventas al exterior.

Otro sector que impulsó el crecimiento de la actividad económica en su conjunto fue la construcción, que según el Indec, subió 10,5% en términos interanuales, merced al mayor nivel de obra pública. Esto se reflejó en un aumento del 9% en los despachos de cemento y del 76% en el consumo de asfalto por las obras viales.

Desde el lado del consumo de bienes durables, se destacó el aumento de un 3% interanual en los patentamientos de autos y del 31% en el caso de las motos.

Sin embargo, las ventas en los supermercados bajaron en abril 1,7% en términos internuales, y en los shoppings el 8,9%, según el Indec.

El organismo de estadísticas también precisó que la actividad industrial retrocedió en abril 2,3% interanual, signada por una fuerte caída en el sector textil.

Pese al contexto, las expectativas de los empresarios son favorables hasta julio inclusive, ya que el 43,4% previó un aumento de la demanda interna, el 14,6% anticipó una baja, mientras que el 42% restante adelantó un ritmo estable.

Entre las firmas exportadoras consultadas, el 60,3% estimó un ritmo estable en sus exportaciones hasta julio, mientras que el 22,1% previó una suba y el 17,6% opinó que disminuirán.

De acuerdo con los datos del Indec, el PBI de Argentina se contrajo 2,3% en 2016, pero registró en el primer trimestre de este año un aumento interanual del 0,3%.

Para 2017, de acuerdo con las metas de la Ley de Presupuesto, el Gobierno espera que la economía se expanda 3,5%.

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¿Por qué sube el desempleo en la Argentina?

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Vamos a ser muy puntuales.

El desempleo en esta Argentina sube por distintas razones, pero que se pueden resumir en las consecuencias de un proyecto extranjerizante, de altas ganancias en pequeños grupos concentrados de pocos sectores.

El desempleo llegó a 9,2% en el primer trimestre de 2017.

¿Cómo funciona esto?

La devaluación de fines de 2015 generó un shock en los precios, tanto internos como externos,  subiendo a su vez los costos de las empresas, y aumentando los precios de manera geométrica. Si bien a lo largo del año los salarios registrados fueron recuperando poder adquisitivo, después de su peor momento en junio de 2016 (más de 10% abajo que en diciembre de 2015), perdiendo sólo 4 puntos para diciembre, el promedio del año resultó 5,9% abajo que en diciembre de 2015.

La proporción de salarios registrados en el conjunto de la economía está en cerca del 22% del PBI, el total de los asalariados podría estar en el orden del doble, la caída promedio real de estos salarios registrados equivale a alrededor de 1,2% del PBI. Son números rápidos para tener una referencia. Supongamos una caída del 2% del PBI en lo que hace a salarios totales.

Más datos que ayudan a entender la performance de la demanda agregada, el PBI en 2016 (respecto de 2015) cayó 2,3%, lo que resulta de una caída del consumo privado de 1,38% y de una caída en la inversión interna total de 5,5%.

El sector de la industria manufacturera cayó, según las cuentas del PBI, 5,6%. Siendo en la Argentina el sector más dinámico del empleo, junto a la construcción que cayó 11,2% en 2016. Ambos son sectores que generan un importante derrame por su utlización de bienes difundidos. Lo curioso de la lógica de Cambiemos es que quiere que el campo sea tracción de la economía pero abre sin ningún plan la importación hasta de tractores.

Este combo de caídas vinculadas a un modelo de acumulación establecido para mejorar las ganancias financieras, las ganancias de las empresas de servicios (tarifazo mediante), y de los sectores exportadores sin valor agregado, genera que la actividad sea menor, y que haya menos empleo en su conjunto. Este problema se potencia por el crecimiento natural de la población (estimado en 1% anual) y por un salario que en los sectores más postergados tuvo un impacto negativo mucho mayor.

Entonces a la expulsión de mano de obra de sectores productivos, que todavía no es tanta, se suma la necesidad de búsqueda de empleo de personas que sienten que no llegan a cubrir sus gastos, y de nuevos jóvenes que salen al mercado.

Entonces, devaluación, tarifazo, quita de derechos sociales, quita de recursos del Estado que promueven el ajuste (ejemplo retenciones), y una deuda creciente (que perjudica la competitividad de la economía argentina) son elementos que hacen al desempleo, que de ningún modo ha tocado su piso, porque esto recién empieza.

 
 

Cita M. Kalecki, “Political aspects of fulI employment”Political Quarterly, vol. 14, 1943: 

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¿Cuál es la situación del mercado laboral?

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  • La retracción del mercado de trabajo desde fines de 2015 ha asentado un nuevo nivel de empleo, más bajo que en el periodo anterior. A marzo de 2017 aún se contabilizan más de 23 mil puestos menos (serie “original” estacionalizada), y más de 51 mil puestos menos si se considera la serie desestacionalizada.
  • A la sostenida expulsión de trabajadores experimentada desde fines de 2015 hasta mediados de 2016, le sigue una leve recuperación de puestos de trabajo pero impulsados principalmente por demanda de empleo estacional. Es decir, no se percibe en el mercado de trabajo demanda adicional de empleo por fuera de lo “habitual” en cada momento del año.

Una dinámica heterogénea: las grandes son las que más expulsan, la pymes intentan recuperar

  • Las empresas del segmento más pequeño, con menos de 100 trabajadores, han aumentado levemente su plantilla de trabajadores, a una tasa de 0,24% mensual acumulativa entre diciembre 2015 y marzo 2017. Cabe indicar que hasta septiembre 2016 este segmento registraba una reducción de 31.772 trabajadores, y la recuperación posterior arroja un saldo positivo a marzo de 7.941 trabajadores adicionales respecto de diciembre 2015.
  • Las empresas de entre 100 y 2.500 trabajadores cesantearon a razón de 0,66%, por debajo del promedio general de 0,80%. Registran en todo el periodo un neto de 16.812 trabajadores menos.
  • Las empresas que detentan más de 2.500 trabajadores concentran el grueso de los despidos, ya que han reducido sus planteles laborales desde diciembre con una caída de 6,56% entre diciembre de 2015 y marzo de 2017, totalizando 44.059 despidos.
  • Las pequeñas y medianas empresas involucran cerca del 80% de su producción a la venta en el mercado interno y se han visto serian afectadas por la reducción de poder adquisitivo y consiguiente caída del consumo interno, los incrementos de precios vía costos tarifarios y la creciente e irrestricta apertura importadora. Amén de ello, no han sido las primeras en expulsar trabajadores y, muy por el contrario –y a diferencia de las empresas más grandes-, han sido las que han recuperado en los últimos meses una parte de los puestos de trabajo perdidos.
  • Son las pymes quienes lideraron la relativa recuperación de empleo, mientras que las grandes empresas mantienen los mismos planteles derivados del comportamiento expulsivo. Así entonces, si a septiembre de 2016 los despidos en las empresas de más de 2500 trabajadores representaban el 52% del total de despidos, en marzo de 2017 ascienden al 83% de los mismos.

La crisis trajo concentración: menos empresas en actividades críticas

  • Al igual que en cada período histórico signado por crisis, se produce una concentración en el orden empresarial: menos empresas, y de mayor tamaño. 
  • La amplia mayoría de las empresas desaparecidas refieren a empresas de menos de 100 trabajadores, ascendiendo a 3.087 en total entre diciembre 2015 y marzo de 2017. Esta destrucción se aceleró los últimos meses. Entre septiembre 2016 y marzo 2017 pasaron de ser 1.992 bajas, a un total de 3.198 casos. Son 107 las empresas que dejan de existir con un rango de ocupados entre 101 y 2.500 trabajadores. Sólo hay una baja de 4 empresas de más de 2.500 trabajadores. Esto es llamativo dado que son estas mismas empresas las que encabezaron las contrataciones (de empleo estacional) en el período septiembre 2016 a marzo 2017. Se puede concluir que son las grandes empresas las que marcar el pulso en lo referido a sostener en la actualidad niveles de empleo sensiblemente menores a los de 2015 y que aceleran el proceso de concentración.
  • La retracción en cantidad de empresas pareciera explicarse por la crisis de las economías regionales y asimismo por el sector industrial, ostensiblemente afectado en el último año y medio (48.706 trabajadores industriales menos en la serie estacionalizada, los cuales ascienden a 51.275 en serie desestacionalizada).
  • Asimismo, tanto la construcción y los servicios asociados tanto a industria y construcción experimentaron un repliegue que explica la destrucción de empresas. En todos estos sectores se fortalece, entonces, un proceso de concentración empresarial.
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