DEUDA ARGENTINA

El británico Ben Kelmanson es el nuevo representante del FMI en la Argentina

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Kelmanson es un economista con 22 años de experiencia en el Fondo. Anteriormente fue asesor del Directorio Ejecutivo del Reino Unido y también en el Tesoro Nacional de ese país.

El economista británico del Fondo Monetario Internacional, Ben Kelmanson, comenzará esta semana su nueva posición al frente de la oficina en Buenos Aires, en reemplazo del jamaiquino Trevor Alleyne.

Kelmanson es un economista con 22 años de experiencia en el Fondo, y ha trabajado “en una variedad de asuntos a nivel global y regional y de políticas de la institución para economías avanzadas, de bajos ingresos y emergentes”, según detalló el FMI tras la designación.

En este sentido, durante los últimos tres años el economista fue representante permanente del organismo en Turquía. Antes, se desempeñó como economista en Moldavia y Letonia, y además, fue subjefe de Unidad en el Departamento de Europa.

Kelmanson es graduado en la Universidad de Leeds en 1994. Antes de su incorporación al staff del Fondo, trabajó como asesor del Directorio Ejecutivo del Reino Unido en el directorio del FMI y también tuvo un puesto en el Tesoro del Reino Unido.

Kelmanson trabajará para el economista brasileño Ilan Goldfajn, quien la semana pasada asumió como nuevo director para el Hemisferio Occidental en el Fondo Monetario Internacional, el cargo que había dejando vacante el mexicano Alejandro Werner.

Goldfajn, que resultará el responsable técnico de supervisar el acuerdo que se negocie con la Argentina, fue ex presidente del Banco Central de Brasil durante los mandatos de Dilma Rousseff y Michel Temer, es un economista de tilde ortodoxo, y adherente a políticas como las metas de inflación.

“Una cálida bienvenida a Ilan Goldfajn en tu primer día como director para el Departamento del Hemisferio Occidental del FMI”, escribió la titular del FMI, Kristalina Georgieva, en Twitter, el día de su estreno en el cargo.

“La profundidad de tus conocimientos sobre la región y el trabajo del Fondo, y tu trayectoria como funcionario y comunicador serán invaluables”, agregó la economista búlgara.

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Con el FMI, la clave pasa por las reservas y las importaciones

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Una manera de visualizar las fronteras bajo las que se moverá la economía con un nuevo programa con el FMI es analizar casos recientes con particularidades similares a la Argentina. Surgen dos: Egipto y Angola, ambos con acuerdos de facilidades extendidas, restricciones cambiarias e inflaciones moderadas.

De la evaluación de estos programas (Egipto comenzó en 2016, Angola en 2018) surgen algunos elementos concretos:
o Los fundamentales (resultado fiscal y cuenta corriente, que se mueven en tándem) mejoraron.
o La acumulación de reservas internacionales apuntó a niveles equivalentes a seis meses de importaciones.
o El tipo de cambio creció por encima de la inflación.
o El crecimiento del PBI no se vio afectado significativamente.

Esto es, ambas experiencias conllevaron ajustes sin grandes efectos reales. ¿Puede la Argentina replicar este patrón? A nuestro juicio, las claves pasan por la administración de las importaciones, los subsidios económicos, los impuestos y
los acuerdos salariales.

En el caso argentino, las reservas brutas, representan entre 7 y 8 meses de importaciones, número similar al que alcanzaron Egipto y Angola, con la salvedad alarmante de un préstamo de entre 3 y 10 veces el de esos países. La inflación, además, duplica la de los países africanos, condicionando el sendero de tipo de cambio y los salarios.

Sin embargo, la economía local presenta mejores fundamentos. Ambos países africanos tenían déficits gemelos (fiscal y externo), en tanto la Argentina registra superávit en la cuenta corriente y un menor déficit fiscal total (se espera que sea alrededor de 5% del producto en 2021, frente a 7% en Angola y 12% en Egipto en el año previo a sus respectivos acuerdos).

La tabla ilustra la situación inicial y las transiciones para Angola y Egipto.

En nuestra opinión, una parte sustantiva de la discusión con el Fondo debe centrarse en encontrar la mejor relación entre las importaciones de bienes y servicios respecto de las reservas internacionales, de modo de evitar una drástica recesión y un empeoramiento en los indicadores sociales.

El nivel de importaciones de bienes y servicios de Argentina ya alcanza los valores promedios de 2015 y 2016, al tiempo que el nivel de producto se encuentra en la misma tendencia. Las reservas mantienen un sendero de desacumulación medidas en meses de importaciones, visible desde mediados de 2019, tanto para las reservas brutas como netas.

La Argentina hoy cuenta con U$S 41.100 millones de reservas brutas y entre U$S 6 y 7 mil millones de importaciones mensuales de bienes y servicios, lo que equivale a una relación de entre 6 y 7 meses, en línea con los niveles alcanzados en los acuerdos del Fondo con Angola y Egipto. Sin embargo, los préstamos no son comparables y las reservas netas cubren un solo mes de importaciones en el caso argentino. El crédito refinanciado de Angola era de U$S 3.700 millones y contaba con unos U$S 15.400 millones de reservas al firmar el acuerdo, una relación de 0,25. El programa de Egipto, en tanto, fue de U$S 12.000 millones, con reservas por U$S 23.600 millones, un cociente de 0,5. Esta relación supera 1 para la Argentina. Algún ajuste se requiere.

En términos relativos entonces, el frente externo luce más complicado que el fiscal. El déficit financiero es inferior al de Angola y Egipto y la mayor inflación ayuda a la recaudación de impuestos (incluido el propio impuesto inflacionario). El presupuesto rechazado a comienzo de esta semana por la Cámara de Diputados preveía un financiamiento del déficit de 2 puntos del PBI mediante impuesto inflacionario, un número consistente con una inflación en torno al 24%, según
nuestras estimaciones.

Teniendo en cuenta los diferentes niveles de inflación entre los países africanos y la Argentina (25-30% vs piso de 50% para 2022), combinar una reducción de los subsidios con alguna recomposición del tipo de cambio pone un límite a la recomposición de los salarios, aunque puede tener un leve impacto sobre la tasa de crecimiento de la economía. Esto es así ya que 2021 dejará un arrastre de 3 puntos.

Por otra parte, estos niveles de inflación condicionan el ritmo devaluatorio, forzando a reducir las importaciones a través de nuevas restricciones en tanto las reservas brutas no aumenten. En particular, si se materializan las proyecciones de suba de tasas internacionales, los precios de las commodities sentirán el impacto y todo dependerá, nuevamente, de una buena cosecha, por encima de los máximos de 2021. En el año que termina la cuenta corriente fue el gran sostén de las reservas, como se muestra en el gráfico a continuación.

Si se piensa al ajuste fiscal como un instrumento para la acumulación de reservas, la suba de impuestos y/o la quita de subsidios es inevitable. El ajuste fiscal reduce los niveles de demanda efectiva, mejorando el saldo de la cuenta corriente por reducción de importaciones. Considerando un magro aumento del consumo, en línea con paritarias moderadas, y el hecho de que las exportaciones habrían alcanzado un techo, la recaudación tributaria no jugará en favor de un ajuste virtuoso, tal como expusimos en nuestro informe Mirada #14. Dado que el 60% de la recaudación proviene del IVA neto, los aportes personales y patronales y los derechos de exportación, esta dinámica exige ajustes en el gasto. De ahí el recorte de los subsidios.

Sin embargo, existen mecanismos más directos para mejorar la disponibilidad de dólares y cumplir con las metas de acumulación de reservas. Una posibilidad que tiene el Gobierno es reforzar las restricciones cuantitativas sobre las importaciones, aunque las consecuencias Sobre las cadenas de valor podrían no ser deseadas. Por otro lado, cuenta con la capacidad de instrumentar subas de las tasas de adelantos en cuenta corriente para evitar apalancar el adelantamiento de pagos por importaciones como protección ante una esperada devaluación.

Cuando se observa la evolución de los primeros años post acuerdo y las características de los programas implementados en África, surgen algunos resultados salientes que dan un marco de lo que podemos esperar del caso
argentino:
oEl ajuste de la cuenta corriente está en línea con el ajuste fiscal. Ambos se mueven en direcciones y órdenes de magnitud similares. Esto es así dado que un mayor ahorro público mejora la cuenta corriente y la dinámica de acumulación de reservas. En la Argentina, cómo señalamos previamente, el canal de ajuste de la cuenta corriente frente al ajuste fiscal es a través de menos importaciones por un menor nivel de actividad.

oEn Angola se verificó un marcado ajuste “ortodoxo”, aunque sin gran impacto sobre la relación entre reservas e importaciones. Lo contrario sucedió en Egipto. Lo interesante es que, si bien la relación entre reservas e importaciones era muy distinta en ambos casos, llegó a niveles similares. Egipto, que arrancó el programa con reservas suficientes para cubrir menos de tres meses de importaciones, finalizó su ajuste con 5-6 meses. Angola, en tanto, se mantuvo
en estos últimos niveles.

oLos ajustes no tuvieron un impacto significativo sobre el crecimiento económico y mostraron un efecto ambiguo sobre los niveles de inflación, mientras en Angola se desaceleró la suba de precios en Egipto sucedió lo contrario.

oEn cuanto a la política monetaria-cambiaria, los efectos sobre la tasa de interés real tampoco resultan concluyentes, en Egipto el nivel un año después del acuerdo fue negativa en 10 puntos mientras que en Angola fue positiva en 5 puntos. Sin embargo, sí lo fueron sobre el tipo de cambio nominal que en ambos casos evolucionó por encima de la inflación.

La relación óptima de reservas sobre importaciones que permitiría tranquilizar al Fondo sin generar exabruptos en los niveles de actividad no es clara. Las experiencias comparables involucran préstamos mucho más pequeños y la Argentina está muy lejos de poder sostener los 6 meses a los que llegaron Egipto y Angola en el esquema actual de precios relativos. La situación externa argentina se encuentra en mejores condiciones, aunque las expectativas de un sendero de acumulación de reservas podrían condicionar severamente las posibilidades de crecimiento, desinflación y mejoramiento de la erosionada condición social. La búsqueda del equilibrio entre acumular reservas, disminuir las importaciones y crecer será el gran desafío que enfrentará el gobierno en los próximos meses.

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El FMI admitió que las bases del programa de Macri “no eran lo suficientemente sólidas”

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Entre otros temas, reconoció que el “programa no cumplió con sus objetivos”,  y subrayó que “el aumento de los reembolsos, junto con la fuga de capitales de los residentes, ejerció una presión considerable sobre el tipo de cambio” que siguió depreciándose, “aumentando la inflación y el valor en pesos de la deuda pública, y debilitando los ingresos reales, especialmente de los pobres”.

El Directorio Ejecutivo del FMI concluyó el miércoles que “la estrategia y la condicionalidad” del programa de Macri de acceso excepcional al financiamiento del organismo por parte de la Argentina en el marco del Acuerdo Stand-By de 2018 “no eran lo suficientemente sólidas” y, aunque consideró que era “consistente” con las políticas y procedimientos del mismo, “la aplicación de algunas de estas políticas implicaba un juicio considerable”.

En su evaluación del programa de stand by de 2018 con la Argentina, los directores del FMI, consideraron que “la estrategia y la condicionalidad (…) no eran lo suficientemente sólidas para abordar los problemas estructurales profundamente arraigados de Argentina, incluidas las frágiles finanzas públicas, la dolarización, la alta inflación, la débil transmisión de la política monetaria, un pequeño sector financiero interno y una base exportadora estrecha”.

Tras recordar que la Junta Ejecutiva del organismo aprobó en junio de 2018 el “acuerdo de reserva más grande en la historia del Fondo”, el informe concluyó que “se cumplieron las políticas y los procedimientos pertinentes del Fondo, incluidos los relacionados con la financiación, las salvaguardias y el diseño de programas”.

Sin embargo, aclaró que el “programa no cumplió con sus objetivos, a pesar de las importantes modificaciones de las políticas económicas”.

“El aumento de los reembolsos, junto con la fuga de capitales de los residentes, ejerció una presión considerable sobre el tipo de cambio. A pesar de las intervenciones cambiarias más allá de las disposiciones del programa, el tipo de cambio siguió depreciándose, aumentando la inflación y el valor en pesos de la deuda pública, y debilitando los ingresos reales, especialmente de los pobres”, precisó.

Según los resultados de la auditoria, el programa “no cumplió con los objetivos de restaurar la confianza en la viabilidad fiscal y externa y, al mismo tiempo, propiciar el crecimiento económico”.

En ese sentido, los directores lamentaron que el programa no cumpliera sus objetivos de restaurar la confianza del mercado, reducir los desequilibrios externos y fiscales, reducir la inflación y proteger a los segmentos más vulnerables de la población.

Los directores reconocieron que “el énfasis en la propiedad del gobierno también puede haber llevado a pronósticos demasiado optimistas, lo que debilitó la solidez del programa”.

Para los directores, el stand by creó “riesgos financieros y de reputación sustanciales” para el Fondo Monetario.

También subrayaron que “una mayor distribución de la carga con otros acreedores oficiales habría proporcionado financiación adicional” y un apoyo “más amplio de la comunidad internacional podría haber reforzado la confianza”.

Aunque en general estuvieron de acuerdo en que el acuerdo de stand by era “consistente con las políticas y procedimientos del Fondo”, consideraron que “el Directorio podría haber estado involucrado antes y más profundamente en el proceso”.

Los directores destacaron varias lecciones para los programas respaldados por el Fondo, como la necesidad de incorporar “supuestos realistas”; que los programas se adapten a las circunstancias del país, incluidas las consideraciones de economía política, lo que podría implicar el uso de medidas no convencionales si es poco probable que las políticas macroeconómicas estándar funcionen.

También, que el análisis de los riesgos debe presentarse claramente y comunicarse a la Junta; que no se impida una evaluación sincera de posibles mejores opciones de políticas y resultados de programas; una la comunicación externa eficaz; y un reparto adecuado de la carga al celebrar acuerdos de acceso excepcionales.

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Para CAME, la Argentina debe alcanzar un acuerdo “que no sofoque la recuperación”

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El presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Alfredo González, consideró hoy necesario lograr un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional “para contar con un camino de certidumbre en el manejo de la deuda”, pero subrayó que cualquier entendimiento al que se llegue con el organismo “no debe sofocar la recuperación que se advierte en varios sectores de la economía”.


En este sentido, consideró clave alcanzar un trato “que establezca un período de gracia de entre 4 y 5 años para poder, en el corto plazo, reorientar importantes recursos financieros a la consolidación y crecimiento de la economía de nuestro país. Sin dejar de lado el largo plazo, en el que resulta relevante la cláusula de Nación más favorecida, ante la posibilidad de mejora que se otorgue a cualquier país o categoría de países en el futuro”, abundó.

“Los compromisos de deuda deben ser abordados de manera responsable para que su cumplimiento permita ordenar la macroeconomía y retomar el lugar de la Argentina en los mercados internacionales. Eso sólo se logra si el país puede afrontarlos de manera sostenida, con crecimiento y desarrollo interno”, apuntó González.

El titular de la entidad gremial empresaria sostuvo que “la recuperación que puede observarse en algunos sectores de la industria, el turismo y los servicios exhibe aún fragilidad y cualquier intento por aumentar la presión tributaria apagará esa reactivación”.

González recordó que “cerrado el tercer trimestre del año se ha logrado superar en un 5% el nivel de actividad general que existía en el momento en que irrumpió la pandemia, incluso con sectores que, como la industria o la construcción, operaron este año en promedio 5,5% y 2,4% por encima de 2019”.

González dijo también que la resolución a la que se llegue con el Fondo debe contar con la aprobación tanto del oficialismo como de la oposición. “El endeudamiento argentino es serio y compromete muchos años, lo que excede a más de un gobierno y exige a la dirigencia un compromiso conjunto”, manifestó.

De igual modo, el presidente de CAME señaló que “el entendimiento con el FMI da certidumbre a la macroeconomía, lo que inexorablemente impacta en la micro. Lo que necesitamos es balizar un camino de crecimiento, estabilizar precios y reducir la presión tributaria para generar recursos genuinos que se vuelquen al mercado interno, aumentar las exportaciones y generar más divisas que permitan afrontar los pagos de la deuda”.

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El FMI reconoció “avances” con Argentina y focalizó en la “alta inflación”, el déficit y las reservas del Central

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El organismo dijo que es necesario reducir el financiamiento monetario del déficit fiscal y una política monetaria adecuada con tasas de interés reales positivas. Aconsejó una coordinación de precios y salarios.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) reveló “avances” en la negociación con Argentina que llevan adelante los equipos técnicos en Washington y dijo que hubo un “entendimiento general” para abordar temas como la inflación, el financiamiento monetario del déficit y la necesidad de tasas reales positivas.

El Fondo informó que un equipo técnico encabezado por Julie Kozack, subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental, y Luis Cubeddu, jefe de misión para Argentina, se reunió del 5 al 10 de diciembre en Washington con una delegación técnica del Ministerio de Economía y Banco Central.

“Hubo avances en el trabajo técnico entre la delegación argentina y el equipo del FMI como parte de sus discusiones para alcanzar un programa respaldado” por el Fondo, indicó el organismo en un comunicado.

El Fondo inficó que los equipos analizaron los desarrollos económicos recientes y discutieron las perspectivas de crecimiento, inflación y la balanza de pagos de Argentina.

“Los equipos reconocieron la recuperación más fuerte de la esperada en la actividad económica y la inversión este año, y la importancia de un marco de políticas para sostener de manera duradera la recuperación económica y las mejoras en las condiciones sociales y laborales”, señaló el FMI.

El organismo dirigido por Kristalina Georgieva comunicó además que “hubo un entendimiento general sobre la necesidad de mejorar de manera gradual y sostenible las finanzas públicas, dando lugar al mismo tiempo a las tan necesitadas inversiones en infraestructura, tecnología y gasto social focalizado”.

“Abordar la persistente y alta inflación requiere un enfoque múltiple que implique una reducción del financiamiento monetario del déficit fiscal, una política monetaria adecuada con tasas de interés reales positivas y una coordinación de precios y salarios”, enumeró.

El Fondo completó que eso debe estar respaldado por políticas para acumular reservas internacionales, incluyendo mediante la promoción de la inversión extranjera directa y las exportaciones que crecieron de manera muy sólida este año, especialmente en los sectores de valor agregado .

“También se avanzó en las medidas para desarrollar el mercado de capitales interno, fortalecer la efectividad del gasto público y mejorar las operaciones de política monetaria. Los equipos acordaron que un amplio apoyo, tanto a nivel nacional en Argentina como de la comunidad internacional, también sería fundamental para el éxito general del programa económico”, amplió el organismo.

El FMI concluyó que “si bien serán necesarias más discusiones, el equipo del FMI y las autoridades argentinas siguen plenamente comprometidos con su trabajo conjunto sobre un marco y políticas para un programa respaldado por el FMI.”

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