DEUDA ARGENTINA

El arreglo con el FMI es el camino menos doloroso

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Más allá de las tensiones típicas de un cierre de negociación, todo conduce a pensar que el acuerdo con el FMI está más cerca. Los resultados del viaje presidencial en la reunión del G20 son una señal en tal sentido, pese a las dudas que aún existen dadas las resistencias, en especial del cristinismo, sobre su verdadera necesidad. Lo concreto es que en Roma se observaron indicios relevantes, mas no concluyentes, respecto de algunas posiciones públicas argentinas, como la de limitar los sobrecargos en la tasa de interés del préstamo a reestructurar o la de crear un fondo de “resiliencia” para países en desarrollo.

¿Qué significa un acuerdo con el Fondo? ¿Hay alguna alternativa por fuera de él? Algo es claro: con o sin acuerdo, el FMI será el gran protagonista de la economía argentina al menos por una década. Tres gestiones de gobierno estarán bajo sus reglas y lo que ahora se acuerde tendrá impactos por largo tiempo, aun incluso -como sucedió siempre- si se incumplen los objetivos.

Ante un escenario de malas opciones, un acuerdo razonable con el FMI es el mejor camino. El Fondo no resolverá ninguno de los desequilibrios (ni la inflación, ni la escasez de dólares, menos aún la baja productividad), pero un default abierto con el mayor acreedor hará muy crítico el devenir.

Pueden pensarse tres razones ordenadoras para justificar la necesidad de un acuerdo: la imprescindible estabilización de las expectativas privadas (sobre la inflación y el tipo de cambio), la sustentabilidad de cierto financiamiento privado y de organismos multilaterales y la proclamada búsqueda de arreglos políticos básicos para darle gobernabilidad al sistema político en 2022 y 2023.

En relación con estabilizar las degradadas expectativas, un programa con el FMI puede servir como una suerte de sustituto del plan económico que los decisores privados le vienen exigiendo al gobierno desde hace tiempo. Paradoja mediante, un gobierno que resistió siempre a presentar un programa formal y consistente terminará utilizando el paraguas de Washington a los mismos fines.

Al fijar metas sobre déficit fiscal, agregados monetarios, variación de reservas e inflación, ingredientes de cualquier plan, el acuerdo podría contribuir a una coordinación más eficiente de las “creencias” de los mercados financieros y a ordenar las cotidianas decisiones de precios de los sectores productivos y de servicios.

Respecto de la sustentabilidad del financiamiento, un default con el FMI también implica perder fondos de otros organismos internacionales de crédito como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF). Hasta junio ingresaron usd 330 millones en desembolsos de préstamos con esos organismos.

Y quizás más importante son las consecuencias para el financiamiento del sector privado. Desde septiembre de 2019, cuando la Argentina fue declarada en default selectivo por las agencias de calificadoras de riesgo, la cuenta de préstamos financieros del mercado de cambios acumula un déficit de usd 13.700 millones, unos usd 6.350 millones por año. En contraposición, en los últimos dos años de gobierno de CFK, también con cepo cambiario y una macro deteriorada, esa cuenta dejaba un saldo positivo anual de usd 1.300 millones. Si tomamos como supuesto que acordar con el FMI habilita condiciones para flexibilizar el cepo y reducir a su vez el riesgo país, pueden ingresar usd 7.650 millones más por año, similar al saldo anual de los préstamos financieros en 2014 y 2015.

Un flujo de dólares necesario para desarrollar proyectos importantes en la transformación de nuestra estructura productiva como son Vaca Muerta y el litio.

Todo será peor sin acuerdo. Además, es el cierre, o el inicio, según se mire, de un proceso que tiene responsabilidades compartidas entre el estado argentino y el organismo. El diagnóstico de asumir la capacidad de refinanciar los fabulosos vencimientos de 2022 y 2023 (usd 19.250 millones por año) en un eventual segundo gobierno de Mauricio Macri fue tan poco consistente como la liviandad del Fondo para exponer nada menos que 35% de su cartera a la economía argentina. Aunque ya sea historia, los efectos de estos dislates reverberan en estas negociaciones, donde unos y otros admiten por lo bajo su propio error.

Estas líneas no pretenden ser una apología de estos programas sobre las economías endeudadas; todo lo contrario. Existe mucha evidencia internacional acerca de sus impactos regresivos sobre el ingreso y el crecimiento. Por caso, en un escenario positivo el FMI le puede pedir al gobierno bajar 1 punto porcentual de déficit primario en dos años. Para dimensionar, el total del gasto de capital (energía, transporte, vivienda, etc.) en los primeros nueve meses del año representó esa proporción.

Es evidente que si aún no se llegó a un acuerdo es por lo que no se conoce, aunque se intuye. El sendero hacia el equilibrio fiscal y una devaluación para aumentar las reservas del Banco Central y facilitar el propio ajuste del gasto, lo habitual en estos programas. Sin embargo, la acumulación de desequilibrios macroeconómicos desde 2018, y potenciados por la pandemia y por los errores no forzados del gobierno, exige un cierre consistente del problema.

¿Cómo transitar un ajuste fiscal y una devaluación con los niveles actuales de pobreza, inflación y salarios y con una perspectiva limitada de flujos comerciales en dólares, sin que puedan esperarse los precios de las commodities de este año y frente a un eventual endurecimiento monetario en el mundo ante los temores inflacionarios? En los primeros momentos, los clásicos programas con el Fondo reducen la actividad económica y los salarios. ¿Por qué sería distinto esta vez? Los consensos políticos de los que tanto se habla (y que necesariamente tendrán que incluir al sector privado, gremios y movimientos sociales) deberían servir para encontrar mecanismos que suavicen estos impactos iniciales a través de transferencias monetarias directas direccionadas a evitar que aumente aún más la pobreza.

En el recetario tradicional del FMI también figura la unificación cambiaria. ¿Cómo hacerlo si no hay dólares suficientes para “todos y todas”? Hoy el Banco Central sacó un comunicado que obliga a los bancos a mantener su posición global en moneda extranjera hasta fin de mes. El objetivo es evitar que los bancos modifiquen su cartera apostando a un salto en el tipo de cambio.

En este contexto, una devaluación a secas que persiga comprimir la brecha con los tipos de cambio alternativos sólo aceleraría la inflación. El acuerdo, entonces, también requiere una mirada profunda para bajar la inflación, que se entienda que se trata de un fenómeno macroeconómico y no tanto de pujas con algunos sectores industriales (alimenticias, en particular), y que devaluar sin plan (de una vez o acelerando los ajustes mensuales) sólo conduce a un nuevo fracaso.

Vinculado con el frente cambiario, el Fondo habitualmente exige objetivos de acumulación de reservas internacionales. El riesgo está en que, si esa meta resulta muy ambiciosa, la recuperación de la actividad económica de los próximos años sea muy mediocre. No habría dólares para todos los usos y el tipo de cambio real seguiría en niveles incompatibles para recuperar los salarios. El ajuste clásico se repetiría. Con todo, en los acuerdos recientes comparables al caso argentino (Pakistán, Egipto, Ecuador y Angola), el Fondo fue razonablemente laxo y, de hecho, todos lograron sobrecumplir con los objetivos de acumulación de divisas.

El FMI puede servir de excusa para comenzar a ordenar los desequilibrios macro. Los costos de no hacerlo, además de volver a incumplir contratos, son muy superiores a los sacrificios necesarios para corregirlos.

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Ante la ONU, el Presidente habló de un “deudicidio” por parte del gobierno de Mauricio Macri

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El presidente Alberto Fernández calificó hoy de “tóxico” el préstamo otorgado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a la Argentina durante el gobierno de Mauricio Macri y sostuvo que esa administración aplicó un “deudicidio” en el país.

Al hablar de manera virtual ante la 76ª Asamblea General Ordinaria de la ONU, Fernández sostuvo que el país fue “sometido” a un “endeudamiento tóxico e irresponsable con el FMI” que implicó un “deudicidio”.

El mandatario expuso que “los recursos aprobados por el FMI a la Argentina en esta deuda insostenible fueron de 57 mil millones de dólares, el equivalente a todo lo que el organismo desembolsó en los años de la pandemia con destino a 85 países del mundo”.

“Gran parte de esos recursos han sido fugados del país por una apertura irresponsable de la cuenta de capital”, dijo y consideró que “resulta clave rescatar los principios de sostenibilidad de la deuda que se han debatido y acordado en la ONU en aquella resolución 69/319 de 2015”.

Al respecto, sostuvo que el Gobierno argentino “apoya la idea de impulsar un acuerdo multilateral inclusivo, capaz de abordar de manera acabada las cuestiones referidas a la reestructuración de las deudas soberanas”.

En esa línea, evaluó que “la prórroga de la iniciativa de suspensión de servicios de deuda producida por el G20 es provisoria e insuficiente”.

Para Fernández, “la falta de un marco multilateral para la reestructuración de la deuda de los países de renta media sigue siendo un vacío importante dentro de la gobernanza financiera internacional”, por lo que el Gobierno alienta la “ampliación de un nuevo marco común para el tratamiento de las deudas del G20 a países de ingresos medios con vulnerabilidades”.

También señaló que “la crisis originada por el Covid-19 es también una crisis de derechos humanos” porque “la pandemia ha agudizado la violencia contra las mujeres y la estigmatización contra los inmigrantes, minorías étnicas, personas LGBTIQ+ y los pueblos indígenas”, entre otros colectivos.

En esa línea, repasó algunas de las medidas que el Gobierno a su cargo impulsó para garantizar la adquisición de derechos de las mujeres, diversidades y personas LGBTIQ+, que requieren “un nuevo comienzo en favor de sociedades más justas, inclusivas e igualitarias”.

En otro punto de su discurso, el mandatario formuló un pedido a la comunidad internacional para avanzar en la investigación del atentado a la sede de la AMIA, cometido hace 27 años.

“Se continúa la política iniciada en este ámbito en 2003 de requerir a las autoridades de la República Islámica de Irán que cooperen con las autoridades judiciales argentinas”, destacó.

Asimismo, reiteró el reclamo de la Argentina por “sus derechos de soberanía legítimos e imprescriptibles, sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes que integran parte del territorio nacional argentino”.

“Dichos territorios se encuentran ocupados ilegalmente por el Reino Unido desde hace ya más de 188 años. No existe ninguna razón salvo la intención del Reino Unido de mantener la manifiesta e ilegítima situación colonial para que no se retome el diálogo bilateral ya mismo por la cuestión Malvinas”, concluyó.

Debido a la pandemia, este año los líderes mundiales fueron invitados a enviar videos pregrabados de sus discursos que fueron retransmitidos en directo, por lo que no todos estuvieron presentes en la sede de la ONU en Nueva York.

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La Argentina deberá pagar US$ 1.900 millones al FMI mientras siguen las negociaciones

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Para lo que queda del año, resta desembolsar al organismo alrededor de US$ 400 millones en intereses y 3.800 millones en concepto de capital, la mitad el 22 de septiembre y la otra mitad el 22 de diciembre.

La Argentina deberá afrontar el próximo miércoles un pago por alrededor de US$ 1.900 millones al Fondo Monetario Internacional, (FMI), mientras que los analistas evalúan si se abrió o no un nuevo escenario político tras el resultado de las PASO, que podría derivar en la búsqueda de un acuerdo con el organismo multilateral antes de comenzar el 2022.

Para lo que queda de 2021, restan pagar al FMI casi US$ 400 millones en intereses y otros US$ 3.800 millones en concepto de capital, donde la mitad deberá ser abonada este 22 de septiembre y la otra mitad el 22 de diciembre, en la víspera de Navidad.

El calendario marca que ya no es posible alcanzar un acuerdo para reprogramar el vencimiento de la semana próxima -también es el primer pago de capital del préstamo de US$ 44.000 millones que tomó Mauricio Macri-, pero desde el plano político cobra fuerza la hipótesis de cerrar el acuerdo con el FMI antes de fin de año, si en el interín se alcanza un entendimiento técnico con el FMI en cuanto a las metas y reformas estructurales.

Tras el resultado de las primarias, el presidente Alberto Fernández blanqueó sin medias tintas a través del proyecto del Presupuesto 2022 que inevitablemente deberá haber para el año próximo un acuerdo con el FMI para evitar una crisis social y económica.

También hay que tener en cuenta que luego del 10 de diciembre podría haber otra composición en el Congreso, y que marzo marca un límite concreto para renegociar con el Club de Paris.

Según el politólogo Lucas Romero, “si el Gobierno lograra avanzar con un pacto antes del recambio legislativo del 10 de diciembre, repone en la agenda un tema incómodo para la oposición, que se verá obligada a mostrar una responsabilidad sobre ese acuerdo y a definir una posición lo que a la postre resulte en un acuerdo mucho antes del consenso que del mercado esperaba”.

Opinó que “faltan detalles de cómo se darían acontecimientos con el organismo, pero es altamente probable este escenario”.

Los economistas, por su parte, se enfocan más en lo inmediato.

Santiago Abdala, director de Portfolio Personal Inversiones, cree que “las perspectivas de un acuerdo con el FMI no parecen acelerarse, pareciera que el Gobierno está de momento teniendo que resolver algún tema interno después del resultado de las PASO y no vemos esas señales claras” en el sentido de un acuerdo.

Ramiro Castiñeira, en tanto, cree que dado el contexto las fechas límite se quedarían en marzo, porque por un lado el Gobierno tiene asegurado el dinero de pago del FMI y el vencimiento crítico es marzo con el Club de Paris, y porque por otro las elecciones son en noviembre y un acuerdo con el FMI lleva tu tiempo. “Sólo el documento tiene como más de 100 páginas y un requisito de metas estructurales que creo sería difícil ponerse de acuerdo”, indicó.

Por último, Gustavo Marangoni, analista político de MyR asociados, expresó que lo más deseable es un acuerdo con el FMI para evitar perder las reservas; sin embargo, consideró que hay que ver la letra chica con las condicionalidades técnicas que exigiría el organismo.

“A veces los perros son peores que los dueños”, expresó en relación al staff del FMI que podría poner alguna traba técnica al acuerdo, y acotó: “Recordemos que el acuerdo de Macri fue político, y no pasaba el filtro técnico”, concluyó.

Un nuevo dilema que surgió en las últimas horas respecto de las negociaciones con el FMI es si le conviene o no al Gobierno seguir estirando las negociaciones después de diciembre, desde el punto de los intercambios técnicos.

En enero próximo asumirá el nuevo director del Hemisferio Occidental que acaba de nominar Kristalina Georgieva, Ilan Goldfajn, conocido por todos como un ortodoxo de la política económica que fue titular del Banco Central de Brasil.

Hasta ahora, las negociaciones técnicas de la contraparte las viene liderando Julie Kozack, economista considerada por los técnicos del Gobierno como una de las más heterodoxas dentro del FMI, y se entrevistó con el ministro Martín Guzmán en numerosas oportunidades.

Tras las PASO, el FMI, a través de su vocero, Gerry Rice, afirmó con prudencia que “las negociaciones continúan”.

También dijo que la revisión de los sobrecargos en los créditos del Fondo para emergentes, un último pedido del G20 al organismo que puede ayudar abaratar el costo del crédito de la Argentina, podría puede tener “rápido tratamiento informal” en el directorio, para pasar luego a las instancias de aprobación formal.

El presidente Alberto Fernández tiene la esperanza de que este punto se apruebe en octubre, durante las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, y resulte en otro incentivo más para acercar puntas entre la Argentina y el FMI.

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Guzmán insistió que acordar con el FMI permitirá “modificar los controles de capital”

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, afirmó hoy que alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) permitiría “modificar los controles de capital”, que recordó “es un esquema defensivo dispuesto por la anterior gestión” del expresidente Mauricio Macri.

En declaraciones al canal A24, Guzmán señaló que “buscamos construir un entendimiento con el FMI, donde lo que importa es lo que queremos nosotros, conduciendo el país de modo soberano”.

El funcionario reconoció que la negociación de esos compromisos es “uno de los grandes desafíos” que tiene la economía, porque no es posible repagar “en tres años esa enorme deuda de US$ 45.000 millones”.

Al respecto, Guzmán señaló que ese refinanciamiento permitiría, entre otras cuestiones, “modificar los controles de capital, que por otra parte es un esquema defensivo dispuesto por la anterior gestión, relacionado primero con la huida de capitales que habían llegado para especular, y después con la pandemia”.

Sobre la reciente emisión de DEG (Derechos Especiales de Giro) realizada por el FMI, que le permitió a la Argentina recibir unos US$ 2.300 millones, recordó que “lo habíamos planteado en la reunión del Grupo de los 20 del año pasado, y fue una decisión que significó una ayuda para todo el mundo”.

“Las reservas han ido creciendo, el déficit fiscal se ha ido achicando, la economía se ha recuperado y se han generado más divisas. Ese ordenamiento nos da una situación diferente a la del año pasado”, concluyó.

“Hoy tenemos reservas más monetarias más robustas, y en su momento se verá si se utilizan para el pago de intereses al FMI, en caso de que antes no se llegue a un acuerdo”, consideró.

Ese entendimiento, continuó Guzmán, “no puede incluir condiciones dañinas como los sobrecargos en las tasas de interés, que en nuestro cargo implican unos US$ 1.000 millones extra”.

El ministro confió en que durante la próxima reunión del G20, en octubre próximo, se puedan registrar “más avances” en ese sentido, luego de que en el encuentro de 2020 se incluyera en el comunicado final una línea que propuso analizar esa política en los préstamos del Fondo.

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Fernández: “Nunca voy a tener que pedir disculpas por haber endeudado a los argentinos”

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Así se expresó el presidente durante la puesta en marcha del Centro Universitario de la Innovación (CUDI), que funcionará en la localidad bonaerense de González Catán.

El presidente Alberto Fernández aseguró este lunes que “nunca” va a tener que “pedir disculpas por haberme arrodillado ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) y haber endeudado a los argentinos, ni por haber cerrado los ministerios de Educación, Salud y Trabajo, ni por haber creado una mesa judicial que persigue y hostiga a los opositores”.

Así lo aseguró en la inauguración del Centro Universitario de la Innovación (Cudi) en la localidad de González Catán, La Matanza, donde se refirió a las repercusiones de su pedido de disculpas por la cena de cumpleaños de la primera dama Fabiola Yáñez en Olivos, en julio de 2020, y al mismo tiempo criticó por elevación al exmandatario Mauricio Macri.

“En la pandemia, por un desliz, por un descuido se organizó una comida que no se debía haber organizado. Y yo no anduve con vueltas. En menos de 24 horas yo dije que esto no debió pasar y pedí disculpas. Lamento que haya ocurrido. Tengo mucho pesar por lo sucedido y de ese modo me disculpé ante el pueblo, que es al único que le debo una disculpa”, comenzó el Presidente.

Y continuó: “Algunos leyeron miserablemente mis sinceras palabras de arrepentimiento y dijeron que le eché la culpa a mi compañera -Fabiola Yáñez-. El único responsable soy yo, me hago cargo, doy la cara y me pongo al frente de todo esto”, dijo enérgicamente.

“Si alguno piensa que me van a hacer caer por un error que cometí, sépanlo, me fortalecen, me generan más fuertes convicciones, aumentan mi compromiso con ustedes. Eso es lo único que logran”, subrayó ante el aplausos de los presentes, quienes lo vitorearon con el cántico “Alberto querido, el pueblo está contigo”.

En su discurso, el jefe de Estado remarcó: “Yo debí disculparme por una cena que no debió hacerse hecho y el único responsable soy yo. Me muevo como un hombre común y a veces no tengo en cuenta que soy el presidente y debo dar el ejemplo”.

“Fue un error, lo asumí y pedí disculpas. Pero nunca ustedes me van a escuchar tener que pedir disculpas porque cerré el Ministerio de Salud o el Ministerio de Educación o el Ministerio de Trabajo”, remató en referencia a lo realizado por la gestión presidencial de Macri.

En ese sentido, enfatizó: “Quiero decirles que nunca me van a tener que escuchar pedir disculpas porque me arrodillé frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y endeudé a la Argentina y a generaciones de argentinos”.

“En Olivos me encuentro con gente que me necesita y con amigos y amigas, pero no me encuentro con empresarios a los que les doy ventajas y negocios del Estado. Mis hermanos no se benefician con la venta de una empresa propia después de que las autopistas aumentan”, contrastó en otra crítica directa a su antecesor y fundador del PRO.

Y en la misma línea, insistió: “Nunca me voy a tener que disculpar por hacer un negocio con los parques eólicos, ni haber creado una mesa judicial que persigue y hostiga a los opositores”.

Al finalizar su discurso, el Presidente señaló: “Voy a utilizar hasta el último día de mi mandato para que todos nos pongamos de pie y todo recuperemos el trabajo que teníamos. Voy a trabajar hasta el último día para que vivamos la vida que queremos, la vida que nos merecemos”, concluyó.

Sobre el centro en el que se cursarán carreras de universidades nacionales vinculadas a la innovación y el desarrollo tecnológico, cuya sede fue construida por el municipio de La Matanza, el jefe de Estado manifestó: “Tenemos que celebrar que un lugar de esta naturaleza se acerque a los vecinos para que sus hijos puedan estudiar sin necesidad de trasladarse”.

“Cuando llegamos al Gobierno este lugar no funcionaba por una decisión política. Estaba todo hecho, y desde 2016 el Municipio (de La Matanza) empezó a penar para que la Nación lo habilite. Pero había una gobernadora que se jactaba de no abrir más universidades ni hospitales”, cuestionó Fernández en referencia a María Eugenia Vidal.

Y luego recordó que en los años de la presidencia de Néstor Kirchner se empezaron “a fundar universidades en muchos lugares del país” en una apuesta a que “las sociedades del futuro van a ser ricas por el desarrollo de la ciencia y la tecnología”.

En la previa, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, también cargó contra Juntos por el Cambio al aseverar que esta inauguración “no es verso, ni marketing, sino que es transformar la realidad a nuestro pueblo porque sino estuviese esta universidad acá, les iba a hacer imposible estudiar en una universidad”.

“Quien era presidente en la etapa anterior (en referencia a Macri) dijo: ‘¿Qué es esto de universidad por todos lados?’ y vale la pena recordarlo no porque estamos en campaña, sino porque tenemos que pensar para adelante y discutir qué modelo de país queremos”, exhortó Kicillof.

Por su parte, el ministro de Educación, Nicolás Trotta, subrayó que la inauguración de la nueva sede en González Catán está llegando “6 años después” porque entre 2015 y 2019 “existió un gobierno que le dio la espalda al sistema universitario y a la educación”.

“Eso fue la desidia del gobierno de Macri, que hizo un brutal ajuste en educación, ya que cayó el 33 por ciento la inversión educativa”, detalló Trotta en su balance de la política del área durante la gestión de Cambiemos.

En el inicio del acto, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, había dicho: “Esta va a ser la primera casa de altos estudios abierta durante la pandemia. La Matanza es la capital del trabajo y la producción, y queremos ser la capital de la innovación y estar a la vanguardia de la tecnología y del mundo que viene”.

En el Centro Universitario de la Innovación se dictarán carreras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), la Universidad Nacional de Quilmes (Unqui), la Universidad Nacional de José C. Paz (Unpaz) y la Universidad Nacional de Hurlingham (UnaHur).

Del acto participaron también la vicegobernadora bonaerense Verónica Magario; los precandidatos a diputados nacionales del Frente de Todos por la provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollan; y el ministro de Ciencia y Tecnología, Roberto Salvarezza, junto a funcionarios provinciales e intendentes.

Previo al inicio del acto, el Presidente realizó una recorrida por el vacunatorio que funciona actualmente en el predio del Centro Universitario de la Innovación.

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