Deuda Empresarial

Granja Tres Arroyos pidió el concurso de acreedores y profundiza su crisis financiera

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La crisis financiera de Granja Tres Arroyos ingresó en una nueva etapa. Granja Tres Arroyos SA, la empresa de mayor dimensión dentro del grupo GTA y uno de los principales actores de la industria avícola argentina, solicitó la apertura de un concurso preventivo de acreedores ante la Justicia Comercial, en un intento por ordenar un pasivo que se volvió difícil de sostener con el nivel actual de actividad.

La presentación quedó radicada ante el Juzgado Comercial N° 21, Secretaría N° 42, de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial y se suma al procedimiento que ya había iniciado Wade SA, otra de las compañías pertenecientes al grupo. El concurso preventivo abre una instancia judicial para negociar con los acreedores las condiciones de reestructuración de las obligaciones y evitar, al menos en esta etapa, una interrupción desordenada de la actividad empresarial.

El movimiento judicial llega después de varios años de deterioro operativo. La producción del grupo cayó hasta niveles considerados muy bajos, mientras aumentaron las dificultades para atender compromisos financieros. El incremento de los cheques rechazados se convirtió en uno de los indicadores más visibles de esa tensión y terminó afectando la capacidad de funcionamiento de distintas unidades productivas.

La dimensión financiera permite medir la profundidad del problema. El pasivo total que enfrenta el grupo GTA está estimado en US$350,9 millones, una cifra que la compañía busca reestructurar mediante el mecanismo concursal, con la posibilidad de acordar quitas y nuevos plazos de pago con sus acreedores.

En el caso específico de Granja Tres Arroyos SA, los registros del Banco Central muestran 6.702 cheques rechazados por más de $114.425 millones, mientras que las deudas bancarias superan los $41.827 millones. Los datos reflejan una tensión de liquidez que excede un problema puntual de financiamiento y alcanza el circuito cotidiano de pagos de la compañía.

El deterioro financiero tiene su correlato industrial. La mayoría de las plantas del grupo se encuentra paralizada o funcionando por debajo de su capacidad, una situación que impactó directamente sobre el empleo. Uno de los episodios más significativos ocurrió en Capitán Sarmiento, donde fueron desvinculados 700 trabajadores.

En los telegramas de despido, la empresa atribuyó las desvinculaciones a una “grave disminución de trabajo no imputable a esta empleadora” y a circunstancias extraordinarias que, según sostuvo, afectaron de manera directa el funcionamiento de la actividad. La explicación empresarial ubica la caída del nivel de producción como uno de los principales factores detrás del ajuste de la estructura laboral.

El proceso no comenzó con la presentación judicial. A fines de 2024, el grupo había ingresado en un procedimiento preventivo de crisis y desde entonces profundizó distintas medidas de reducción de costos. Entre ellas se implementó un programa de retiros voluntarios y se avanzó en un esquema de cumplimiento de obligaciones “de manera escalonada y en cuotas”.

El concurso de Granja Tres Arroyos SA transforma ahora esa estrategia de administración de la crisis en una instancia formal de negociación con los acreedores. La herramienta no implica por sí misma la quiebra ni determina el cierre de la empresa: busca establecer un marco judicial para ordenar los pasivos y definir cómo serán atendidos mientras se intenta preservar la continuidad de la actividad.

El desafío productivo, sin embargo, permanece. Para una compañía industrial, reestructurar deuda puede aliviar la presión financiera, pero la recuperación sostenible depende también de recomponer el nivel de producción, recuperar capacidad instalada y generar flujo de fondos suficiente para afrontar las obligaciones futuras.

El caso de Granja Tres Arroyos expone así una tensión que atraviesa a una parte de la industria argentina: cuando la caída de actividad se prolonga, la restricción financiera deja de ser un problema exclusivamente bancario y comienza a comprometer producción, proveedores y puestos de trabajo. El concurso abre una vía institucional para reordenar las deudas; el resultado dependerá de si esa herramienta consigue acompañar una recuperación operativa que permita volver a generar los recursos necesarios para sostener la compañía.

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El histórico frigorífico Pico paraliza su planta y expone la gravedad de la crisis de la carne

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El histórico frigorífico pampeano creador de la hamburguesa Paty, marca que se volvió genérica en el consumo argentino, suspendió a sus 450 empleados tras una fuerte caída de las ventas internas, el desplome de las exportaciones cárnicas y una deuda asfixiante superior a los $30.000 millones. La paralización de la planta, ubicada en Trenel, La Pampa, expone la profundidad de la crisis del sector frigorífico y abre un frente de alto impacto económico, social e institucional en una de las principales economías regionales de la provincia.

La empresa, uno de los símbolos de la industrialización de la carne en el país desde los años ’60, pasó de faenar cerca de 600 cabezas diarias de ganado vacuno a apenas 50, una contracción que grafica con crudeza el deterioro de la actividad y la inviabilidad operativa actual. La decisión dejó en vilo no solo a los trabajadores directos, sino también a comerciantes, transportistas y productores vinculados a la cadena cárnica.

Caída del consumo, desplome exportador y una deuda que ahoga

El frigorífico Pico quedó atrapado en un doble frente recesivo: un consumo interno estancado en mínimos históricos y una retracción de las exportaciones de carne vacuna del 7,3% durante 2025, con una caída aún más marcada en los envíos a China, principal destino del producto argentino, del 12,3%.

La merma del comercio exterior impactó de lleno en su estructura de ingresos. La empresa dependía en buena medida de las exportaciones para sostener su nivel de actividad, por lo que el freno externo aceleró un deterioro que venía gestándose desde hacía varios años. De hecho, hace aproximadamente un año inició un proceso de achique que afectó a cerca de 100 trabajadores, anticipo de la decisión más drástica adoptada ahora.

A este cuadro se sumó una situación financiera crítica. La compañía acumula deudas superiores a los $30.000 millones, de los cuales cerca de $9.000 millones corresponden solo al Banco de La Pampa. Además, según datos del Banco Central, el frigorífico registra más de mil cheques rechazados, un indicador que revela severos problemas de liquidez y dificultades para cumplir compromisos corrientes.

El intendente de Trenel, Horacio Lorenzo, confirmó que la empresa adeuda varios meses de pagos a productores de la zona y de la vecina localidad de Eduardo Castex, lo que profundiza el impacto económico regional y genera un efecto dominó sobre el entramado productivo local.

Como medida paliativa, la compañía informó a su personal que abonará una suma de $500.000 correspondiente al mes en curso y entregará la carne semanal, en un intento por aliviar parcialmente la situación de los trabajadores suspendidos.

Un emblema en crisis y el efecto dominó sobre la economía regional

Fundado en los albores de los años ’60, el frigorífico Pico pertenece a Ernesto “Tito” Lowenstein y su hijo Alan Lowenstein, representantes de la séptima generación familiar dedicada al negocio de la carne. Tres generaciones desarrollaron la actividad en Argentina, mientras que las anteriores lo hicieron en Europa. La familia también es creadora del complejo turístico Las Leñas, otro ícono empresarial del país.

Desde estas instalaciones surgió Paty, la marca pionera de hamburguesas industriales en Argentina, lanzada en los años ’60 por Quickfood. Su uso masivo transformó el nombre comercial en un genérico popular: para millones de argentinos, pedir “unos patys” equivale a solicitar medallones de carne para hamburguesas. Cada caja tradicional contiene cuatro unidades que pesan en total 450 gramos.

El colapso operativo del frigorífico genera preocupación creciente en Trenel, donde la planta funciona como uno de los principales motores económicos. La suspensión masiva compromete el ingreso de cientos de familias y golpea de lleno al comercio, el transporte, los proveedores de insumos y los productores ganaderos.

Un sector en emergencia: conflictos, paros y tomas de plantas

El caso de Pico se inscribe en un escenario de crisis extendida en la industria cárnica. En Santa Fe, el frigorífico Euro mantiene su planta tomada desde hace más de dos meses en reclamo por salarios impagos. En las últimas semanas, también se sumaron conflictos en Granja Tres Arroyos y en los frigoríficos Euro y Bernasconi.

En particular, cerca de 300 trabajadores de la planta que Granja Tres Arroyos posee en Pilar realizaron paros intermitentes por la falta de pago de salarios y de una parte del aguinaldo de diciembre. Estos episodios exponen la profundidad de la crisis que atraviesa el negocio vacuno, aviar y porcino, presionado por costos crecientes, caída de la demanda y restricciones financieras.

Los gremios del sector advierten que el deterioro se extiende a buena parte del entramado frigorífico nacional, y señalan al caso Pico como uno de los más emblemáticos por su peso histórico y simbólico. La paralización de la planta pampeana se convirtió así en un termómetro social y productivo de un sector estratégico para el empleo, las exportaciones y el ingreso de divisas.

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Bioceres entra en convocatoria de acreedores por una deuda cercana a USD 40 millones

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La firma de biotecnología agropecuaria Bioceres, fundada en 2001 por productores de Rosario, se presentó en convocatoria de acreedores luego de no poder hacer frente a un pasivo que ronda los USD 39 millones. La decisión marca un punto crítico para la histórica empresa del sector agrobioindustrial y se inscribe en un proceso de reestructuración societaria que la dejó separada del grupo que hoy cotiza en el Nasdaq, con implicancias económicas, financieras e institucionales para el ecosistema de innovación agrícola.

De la cesación de pagos al proceso concursal

La situación financiera de Bioceres se deterioró de manera progresiva durante 2025. En julio de ese año, la compañía cayó en default tras no poder afrontar en tiempo y forma una serie de pagarés bursátiles por más de USD 5 millones. Desde entonces, el pasivo continuó creciendo hasta rozar los USD 40 millones, monto que finalmente derivó en la presentación en convocatoria de acreedores.

La empresa, dedicada al desarrollo de soluciones biotecnológicas orientadas a mejorar los rendimientos del campo, formalizó además la situación ante la Securities and Exchange Commission (SEC), el organismo regulador del mercado de capitales de Estados Unidos, en línea con las obligaciones informativas vinculadas a su estructura societaria y sus relaciones con compañías que operan en ese mercado.

Reestructuración societaria y separación del negocio que cotiza en Nasdaq

Uno de los factores centrales de la crisis fue la caída en el precio de las acciones de Bioceres Crop Solutions (Biox), firma también de origen rosarino pero registrada en las Islas Caimán e integrante del Nasdaq, el mercado de acciones tecnológicas más relevante del mundo.

A mediados de 2025, el grupo avanzó en una reestructuración societaria que modificó de manera sustancial el mapa corporativo. Como resultado, Bioceres SA pasó a ser administrada por el grupo Moolec y quedó configurada como una “sociedad residual”, separada del grupo principal, con su propia deuda y sin participación operativa significativa en la compañía que cotiza en los Estados Unidos.

Fuentes de Biox citadas por Infobae indicaron que, si bien Bioceres SA conserva una participación minoritaria en la empresa listada, su crítica situación financiera no tendrá impacto ni sobre Bioceres Crop Solutions ni sobre su controlada Rizobacter, dos activos clave dentro del entramado biotecnológico del grupo.

Control accionario y repercusiones económicas

Bioceres SA se encuentra controlada por un holding con base en las Islas Caimán, que en los últimos años amplió su presencia en distintos negocios en la Argentina. En ese esquema, Moolec aparece como el vehículo central, con participación del empresario y exsenador uruguayo Juan José Sartori, quien además tiene intereses en el ecosistema cripto a través de su vinculación con Tether, la empresa detrás de la stablecoin USDT.

Desde el punto de vista económico e institucional, la convocatoria de acreedores de Bioceres SA plantea interrogantes sobre el futuro de una compañía emblemática de la biotecnología nacional, al tiempo que busca aislar el proceso concursal del resto de las unidades operativas del grupo. Para el sector agroindustrial y el mercado de capitales, el caso vuelve a poner en foco los riesgos financieros asociados a reestructuraciones societarias complejas y a la volatilidad de las valuaciones en mercados internacionales.

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Celulosa Argentina en concurso preventivo: la Justicia abre proceso para reestructurar deuda millonaria

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Celulosa Argentina entra en concurso preventivo: el futuro de la histórica papelera dependerá de la reestructuración de su deuda millonaria

El 26 de septiembre, Celulosa Argentina informó a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de San Lorenzo declaró abierto su concurso preventivo, tras la presentación realizada el 5 de septiembre. La medida, comunicada como Hecho Relevante, marca un punto de inflexión para la empresa con más de 90 años de trayectoria, que arrastra pérdidas por $172.634 millones, ingresos en caída del 44 % interanual y una deuda acumulada de US$128 millones.

La decisión judicial y el escenario financiero

El escrito presentado por Gonzalo Coda, apoderado de la compañía, detalla que la Justicia fijó para el 1° de octubre a las 10 horas la audiencia en la que se sorteará un síndico de categoría A. En caso de no concretarse, la diligencia se trasladará al miércoles inmediato posterior. El oficio ya fue elevado a la Presidencia de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Rosario.

El concurso se da en un contexto crítico: el balance al 31 de mayo de 2025 reflejó un patrimonio neto negativo, configurando una situación de quiebra técnica. El fuerte retroceso en la demanda y el incremento de costos agravaron el cuadro. Paralelamente, la compañía enfrenta múltiples reclamos judiciales, entre ellos el segundo pedido de quiebra iniciado por la brasileña Bbunker, y la demanda de Tecmaco Integral por unos $17 millones en cheques rechazados.

Cambio accionario y desafíos de gestión

En paralelo al pedido de concurso, los accionistas mayoritarios transfirieron el 45,5 % del capital social a Esteban Antonio Nofal, titular de CIMA Investments, en una operación registrada por US$1. El acuerdo incluyó el compromiso de lanzar una oferta pública de adquisición (OPA) sobre el resto de las acciones.

Nofal asume la conducción con el compromiso de garantizar la continuidad operativa, aunque deberá enfrentar un escenario complejo: pasivos multimillonarios, litigios abiertos y un frente sindical delicado. La situación más crítica se concentra en Forestadora Tapebicuá, subsidiaria en Corrientes, donde más de 420 trabajadores permanecen suspendidos con salarios atrasados.

Impacto sectorial y perspectivas

La apertura del concurso preventivo fue recibida con cautela en el mercado de capitales, donde los títulos de la compañía ya acumulaban fuertes pérdidas. El desenlace del proceso tendrá repercusiones sobre la cadena forestal y papelera nacional, dado que la producción de Tapebicuá y las plantas de Santa Fe resulta clave para proveedores y contratistas.

El próximo paso será la designación del síndico y la presentación de un plan de reestructuración que logre adhesión suficiente de los acreedores. Si el concurso logra encauzarse, el nuevo controlador podría intentar reflotar las plantas industriales y recuperar operaciones. En caso contrario, el riesgo de liquidación se mantiene latente.

El Gobierno provincial de Corrientes y los gremios del sector siguen de cerca cada movimiento judicial, conscientes de que el futuro de Celulosa Argentina no solo compromete la continuidad de una compañía fundada en 1929, sino también la estabilidad laboral de cientos de familias y el abastecimiento de la industria forestal.

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