DEUDA SOBERANA

El BCRA acelera compras de dólares, pero el mercado le marca un límite en bonos y riesgo país

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El Banco Central volvió a quedarse con el centro de la escena financiera este viernes 20 de marzo. Compró US$ 172 millones, el monto más alto de marzo, y extendió a 53 ruedas consecutivas la secuencia de saldo positivo en el mercado oficial. El dato, por sí solo, ya tiene densidad política: en medio de un programa económico que necesita mostrar control sobre el dólar, acumulación de reservas y menor tensión cambiaria, la autoridad monetaria logró sostener una racha que supera las oscilaciones diarias y empieza a ofrecer una señal más estructural. Pero la foto no cierra completa. Mientras el BCRA suma divisas y el dólar mayorista baja, los bonos en dólares vuelven a retroceder y el riesgo país sube a 623 puntos. La pregunta, entonces, ya no pasa solo por cuánto compra el Central, sino por cuánto de esa calma cambiaria logra convertirse en credibilidad financiera.

Una racha de 53 ruedas que fortalece al Gobierno en el frente cambiario

El saldo del viernes fue contundente. El BCRA compró US$ 172 millones, la cifra diaria más alta del mes, y acumuló US$ 485 millones en la semana. Desde enero, cuando comenzó la cuarta etapa del esquema monetario, ya suma US$ 3.783 millones en compras, un volumen que supera un tercio de la meta anual que maneja el oficialismo, estimada entre US$ 10.000 millones y US$ 17.000 millones durante 2026.

No se trata solo de una mejora operativa. La continuidad de la racha cambia el clima del mercado oficial. Son 53 jornadas consecutivas con saldo comprador, una secuencia infrecuente que refuerza la idea de una mayor oferta de dólares y de una plaza cambiaria con menos tensión que en otros tramos del programa económico. Para el equipo económico, ese dato tiene valor político concreto: le permite exhibir capacidad de intervención sin necesidad de convalidar una corrección brusca del tipo de cambio y sostener el discurso de normalización del frente externo.

El dólar mayorista acompañó esa señal. Bajó $4 y cerró en $1.390,50, el valor más bajo del último mes. En la semana retrocedió $9,50, equivalente a 0,7%. El volumen operado en el segmento contado alcanzó US$ 357,5 millones, otra referencia de un mercado abastecido. Además, el techo del régimen cambiario quedó en $1.638,52, de modo que el oficial terminó 17,8% por debajo de ese nivel. Esa distancia le da margen al Gobierno: puede seguir comprando divisas mientras sostiene una narrativa de estabilidad sin que el tipo de cambio se convierta, por ahora, en el principal foco de incertidumbre.

Las reservas suben en el día, pero el saldo semanal reabre una tensión de fondo

La mejora del viernes permitió cortar una racha de siete ruedas consecutivas de caída en las reservas brutas. Las reservas internacionales cerraron en US$ 43.808 millones, con una suba diaria de US$ 106 millones frente a la rueda previa. A primera vista, el dato parece coherente con la secuencia compradora del Central. Sin embargo, la dinámica más amplia obliga a una lectura menos lineal.

En la semana, las reservas acumularon una baja de US$ 1.851 millones. Y ahí aparece una de las claves del momento financiero: el Banco Central compra dólares en el mercado, pero esa acumulación no se traslada de manera automática al stock de reservas. Los pagos de deuda, los movimientos de valuación de activos y las necesidades financieras del Tesoro siguen condicionando la capacidad de transformar compras en recomposición efectiva del balance.

Ese contraste es políticamente sensible. A fines del mes pasado, las reservas habían alcanzado US$ 46.905 millones, el nivel más alto en seis años. El retroceso posterior no borra la mejora previa, pero sí recuerda que la acumulación todavía convive con exigencias financieras fuertes. En otras palabras, el Gobierno puede mostrar que el BCRA compra, aunque todavía no puede presentar una estabilización definitiva del frente externo. La reconstrucción existe, pero no avanza en línea recta.

El mercado le reconoce calma al dólar, no todavía a la deuda

La otra mitad de la rueda financiera mostró un tono menos complaciente. Mientras el mercado cambiario mantuvo la calma, la renta fija soberana volvió a marcar cautela. Los bonos en dólares operaron con bajas generalizadas, tanto en su cotización cable como en pesos. Entre los principales títulos se observaron retrocesos de 1% en AL41D, 1% en GD35D, 1,3% en AL35D y 0,9% en GD46D. En la pantalla en pesos, las caídas también fueron amplias: AL41 cedió 1,5%, AE38 0,8%, AL35 0,6% y GD46 0,5%.

El deterioro no se limita al movimiento intradiario. En el balance mensual, varios bonos de la curva larga siguen acumulando pérdidas relevantes. GD46 baja 5,1% en el mes, AL41 retrocede 5%, AL35 pierde 3,8% y GD35 cae 3,5%. El riesgo país, en ese marco, subió 3,5% hasta 623 puntos y ya acumula un alza de 8,9% en el mes y de 9,1% en el año.

Ese comportamiento funciona como una advertencia política y financiera. El Gobierno logró ordenar, al menos parcialmente, el mercado oficial de cambios. Pero la deuda soberana todavía no valida de manera plena esa mejora. La señal es clara: el dólar no mete ruido, aunque el crédito argentino sigue sin recuperar una trayectoria consistente. El mercado distingue entre la administración táctica del corto plazo y la consolidación estructural del programa.

Acciones con sostén parcial: energía firme, mercado selectivo

La Bolsa local mostró otra lectura intermedia. El Merval avanzó 0,4% hasta 2.779.276,36 puntos y el Merval en dólares subió 0,1% hasta 1.885,97 puntos. En el balance mensual, el índice acumula una mejora de 5,2% en pesos y de 4,2% en dólares. Sin embargo, la suba no fue homogénea ni reflejó una mejora general del apetito por riesgo argentino.

YPF volvió a concentrar la atención. Trepó 3% en pesos y encabezó la rueda local. También avanzaron Metrogas con 2,2%, TGN con 1,7%, Transener con 1,3%, Banco Macro con 0,7%, Galicia con 0,8% y Pampa Energía con 0,3%. Del lado de las bajas aparecieron Central Puerto con 2,8%, IRSA con 2,4%, Supervielle con 1,6% y Cresud con 1,3%.

La operatoria en ADR replicó esa dispersión. YPF ganó 2,7%, acompañada por Ternium, Globant, Banco Macro y Galicia, mientras IRSA cayó 3,5%, Central Puerto 3,4% y Corporación América 2,7%. La energía sigue funcionando como refugio relativo dentro del equity argentino. YPF acumula un alza de 19,1% en el último mes, mientras Pampa sube 11,1%, Edenor 13,1% y TGS 9,3%. En cambio, parte del segmento financiero todavía corre desde atrás, con retrocesos mensuales de 7,1% en Macro, 8,1% en Supervielle y 5,1% en BBVA.

La conclusión de mercado no es lineal: hay sostén selectivo, no entusiasmo generalizado. Algunos papeles energéticos contienen al índice, pero la mejora no alcanza para construir una lectura expansiva sobre todos los activos locales.

La correlación de fuerzas dentro del programa económico

En términos de poder económico, la rueda dejó un dato favorable para el Gobierno y otro que lo obliga a administrar expectativas. El punto a favor es que el BCRA refuerza su lugar como pieza ordenadora del corto plazo. La racha compradora, la baja del dólar mayorista y la relativa estabilidad de las cotizaciones paralelas le dan al equipo económico una base para sostener la gobernabilidad cambiaria, que sigue siendo uno de los activos más relevantes del programa.

Las tasas de referencia acompañan ese escenario: la TAMAR se ubicó en 26,56% TNA y la BADLAR en 26,25% TNA, dentro de un esquema que por ahora no muestra desborde en la plaza monetaria. El dólar minorista promedio vendedor cerró en $1.414,017, el MEP operó en $1.422,45, el CCL en $1.473,66 y el dólar cripto rondó los $1.474,16, prácticamente alineado con el contado con liquidación. El mercado cambiario, en síntesis, sigue sin convertirse en el canal principal de estrés.

El punto que condiciona es otro: la deuda no acompaña con la misma convicción. Y eso limita la capacidad oficial para transformar la estabilidad táctica en mejora integral de financiamiento. La suba del riesgo país a 623 puntos resume esa tensión. Aunque el dólar permanezca bajo control y el Central compre, el mercado todavía exige algo más para convalidar una compresión sostenida de spreads y una recuperación plena de los bonos.

Un movimiento importante, pero no definitivo

Lo que ocurrió este viernes tiene peso político real. El Banco Central logró el mayor saldo comprador de marzo, reforzó una racha de 53 ruedas y volvió a darle aire a la estrategia oficial sobre el frente cambiario. Ese resultado no es menor en un año en el que la acumulación de reservas funciona como una de las variables críticas para medir la consistencia del programa.

Pero el mismo día también dejó expuesta la otra cara del tablero. Las reservas repuntaron en la jornada, aunque cerraron una semana de fuerte caída. Los bonos no reaccionaron. El riesgo país volvió a subir. Y la Bolsa mostró una mejora apoyada en pocos nombres, no una suba amplia del mercado.

La escena, entonces, no ofrece una validación cerrada sino una señal partida. El Gobierno consolidó una posición en el mercado oficial y ganó margen para sostener la calma cambiaria. Lo que todavía no consiguió es que esa fortaleza táctica se derrame con la misma intensidad sobre toda la estructura financiera. En las próximas semanas habrá que mirar si la secuencia compradora del BCRA logra sostenerse, si las reservas vuelven a tomar una trayectoria ascendente más limpia y, sobre todo, si la deuda empieza a acompañar. Ahí se juega una parte decisiva del crédito político del programa económico.

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Acciones argentinas suben hasta 6% y desafían la crisis global, pero el riesgo país y las reservas marcan un límite

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En una jornada atravesada por la volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente, los activos argentinos mostraron un comportamiento atípico: subieron hasta 6% en Wall Street y el S&P Merval avanzó 2,8%, mientras los principales mercados internacionales caían hasta 2,8%. El dato no es menor en el actual escenario económico: con un riesgo país que se mantiene por encima de los 600 puntos —cerró en 602 tras tocar 632— y reservas que perforaron los USD 44.000 millones, el mercado local exhibe señales de resiliencia, pero también deja abierta una incógnita clave: ¿se trata de un rebote táctico o de un voto de confianza al programa económico?

Desacople en un contexto global adverso

El contexto externo no ofrecía margen para el optimismo. La escalada de tensiones en Medio Oriente impactó en los precios energéticos y en la dinámica financiera global. El petróleo Brent llegó a superar los USD 111 y cerró en USD 108,30, mientras que el gas natural subió 2,3%. En paralelo, Wall Street retrocedió entre 0,3% y 0,4% y los mercados europeos profundizaron caídas de hasta 2,8%.

Sin embargo, en ese escenario, los activos argentinos se movieron en sentido inverso. El S&P Merval trepó 2,8% hasta los 2.768.681 puntos, impulsado por el sector energético. En Nueva York, los ADR reflejaron ese movimiento: YPF avanzó 5,3% y Vista Energy 5,1%, mientras que Banco Francés lideró con una suba de 6,4% y Edenor con 6%.

La explicación inmediata aparece vinculada a la dinámica del petróleo, que favorece a las compañías energéticas, pero también a señales locales. Las declaraciones del ministro de Economía, que aseguró tener cubiertos los próximos vencimientos de deuda por unos USD 9.000 millones sin acudir al mercado internacional, aportaron un ancla en medio de la incertidumbre.

Entre la deuda y el dólar: señales cruzadas del programa

El comportamiento positivo de las acciones contrastó con la deuda soberana. Los bonos en dólares —Globales y Bonares— retrocedieron en promedio 0,5%, con mayores pérdidas en los títulos de mayor duración. Esa divergencia no es menor: mientras la renta variable muestra apetito, el mercado de deuda mantiene cautela.

El riesgo país sintetiza esa tensión. Aunque recortó sobre el cierre, se mantuvo en 602 puntos básicos, lejos de niveles compatibles con un acceso pleno al crédito internacional.

En paralelo, el frente cambiario mostró estabilidad, pero con matices. El dólar mayorista cerró en $1.394,50, con una brecha de 17,4% respecto del techo de la banda cambiaria ($1.637,01), la mayor desde julio del año pasado. El dólar minorista se mantuvo en $1.415 en el Banco Nación y el blue retrocedió a $1.430.

El Banco Central, por su parte, extendió a 52 ruedas su racha compradora y sumó USD 132 millones en la jornada, acumulando más de USD 3.600 millones en 2026. Sin embargo, ese esfuerzo no se tradujo en una mejora del stock: las reservas cayeron USD 793 millones hasta USD 43.702 millones, afectadas principalmente por la baja en la cotización del oro (-4,8%) y del yuan (-0,4%).

El dato refuerza una paradoja del programa: el Central compra divisas, pero no logra consolidar reservas, una variable central para la credibilidad macroeconómica.

El mercado financiero y la estrategia oficial

La jornada dejó otra señal relevante: el intento del Gobierno de profundizar el mercado de capitales. Desde la Comisión Nacional de Valores se anticipó la creación de un ETF que replique el panel líder de la Bolsa local y cotice en el exterior. La iniciativa apunta a atraer flujos hacia la renta variable argentina y aumentar la liquidez del mercado.

Al mismo tiempo, informes privados empiezan a marcar límites en la estrategia en pesos. Según Adcap, los bonos indexados mostraron una sobreperformance de entre 12% y 15% desde fines de enero, impulsados por la estabilidad cambiaria, pero advierten que esa dinámica podría agotarse sin una apreciación adicional de la moneda.

La recomendación de rotar hacia activos en moneda dura sugiere que, detrás del repunte accionario, persiste una lectura defensiva del mercado.

Un equilibrio frágil en medio de tensiones externas

El desacople de los activos argentinos frente a la caída global introduce un dato político y económico relevante. El Gobierno logra sostener, al menos en el corto plazo, un clima de relativa estabilidad en el mercado local, apoyado en señales de financiamiento y en un tipo de cambio contenido.

Sin embargo, las variables estructurales siguen bajo presión: reservas en descenso, riesgo país elevado y un contexto internacional volátil que impacta en energía, commodities y flujos financieros.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en dos frentes. Por un lado, si el flujo de dólares —clave para sostener la acumulación del Banco Central— logra consolidarse. Por otro, si las herramientas anunciadas, como el ETF o las fuentes de financiamiento alternativas, logran traducirse en mayor ingreso de capitales.

El mercado, por ahora, parece otorgar margen. Pero lo hace con cautela.

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El Gobierno recalibra el esquema monetario y sale a captar “argendólares” para financiar deuda sin ir a Wall Street

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Según la consultora Ecolatina, Milei irá tras los argendólares. El Gobierno recalibra tasas y lanza bono en dólares para captar depósitos récord y financiar deuda sin ir a Wall Street.

Transcurrió una semana caracterizada por el recalibramiento del esquema cambiario-monetario. El tipo de cambio llegó a ubicarse por encima de los $1.400 durante la rueda del miércoles y el jueves, y finalizó hoy en $1.397, ubicándose de esta forma 1,5% por encima del viernes de la semana anterior.

Decimos esto recalibración porque, a diferencia de lo ocurrido desde inicio de año, el BCRA inyectó pesos mediante intervenciones en el mercado secundario y el Tesoro convalidó un rollover por debajo del 100%. De esta forma, las tasas de interés descomprimieron del 40% TNA a 20% TNA, y el dólar respondió al alza. En otro orden, Finanzas volvió a emitir un bono en dólares, con una TNA del 6%, con intereses pagadero de forma mensual y amortización una semana posterior a las elecciones nacionales de 2027. Con un tope máximo de USD 2.000 M que se usaran para el pago de capital por vencimiento de soberanos el próximo julio (USD 2.700 M), Finanzas logró un buen debut al capturar USD 250 M en la semana (el tope de emisión quincenal). La estrategia se enmarca en la decisión de no recurrir a Wall Street, depósitos en dólares en el sistema máximos en veinte años y no es casualidad tampoco que esto surja junto a la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal y con un Gobierno que desea ir por la desregulación de los préstamos en dólares. No queda claro que un relajamiento de las condiciones permita expandir el crédito en dólares.

Dejando a un lado los riesgos de una potencial flexibilización de los préstamos en USD, las actuales condiciones permiten al Gobierno inclinar en mayor medida su programa financiero al mercado local. Mientras haya confianza, los depósitos en dólares serán un aliado para el BCRA producto de la mayor capacidad prestable de los bancos en USD (que se liquidan en el MULC) y para que Finanzas encuentre un mercado ávido por poner a rendir sus depósitos.

Transcurrió una semana caracterizada por el recalibramiento del esquema cambiario-monetario. El tipo de cambio llegó a ubicarse por encima de los $1.400 durante la rueda del miércoles y el jueves, y finalizó hoy en $1.397, ubicándose de esta forma 1,5% por encima del viernes de la semana anterior. Más allá de ello, el mes cerró con un dólar descendiendo 3,5% de punta a punta (-2,8% promedio) y una distancia al techo de la banda que promedió el nivel más bajo desde julio del año pasado.

Asimismo, el BCRA extendió el programa de compras. En la semana, la autoridad monetaria sumó USD 300 M, acumulando compras en febrero por USD 1.555 M y extendiendo a USD 2.713 M en lo que va del año. Un aspecto que vale la pena destacar es el ritmo de compras de febrero, que casi se duplicó respecto a enero al pasar de USD 58 M a USD 86 M promedio diario.

Mencionábamos al comienzo la recalibración del esquema cambiario-monetario. Decimos esto porque, a diferencia de lo ocurrido desde inicio de año, el BCRA y el Tesoro se volcaron con mayor determinación a otorgar mayor liquidez al mercado, lo que derivó en una recomposición del colchón de liquidez de las entidades financieras, una descompresión de las tasas y como consecuencia un dólar que revirtió la tendencia bajista. En un contexto de arbitrariedad respecto al manejo monetario, estará por verse si esto se torna sistemático o si obedece a una operación coyuntural a raíz de la lectura del equipo económico.

Siguiendo, el Central habría inyectado liquidez mediante el mercado secundario. Durante finales de la semana pasada, se registraron volúmenes inusuales en la curva de la tasa fija, lo que insinuaba la presencia de la autoridad monetaria en el mercado. Con los últimos datos monetarios, se observa que la Base Monetaria registró un crecimiento de $1,4 bn entre el jueves y viernes de la semana pasada, donde las compras de divisas explican tan sólo $0,3 bn de dicha expansión. Dado que no existieron operaciones relevantes con el Tesoro durante esas fechas, si se descuenta las operaciones por compras de dólares y las operaciones netas en el mercado de Pases, queda un remanente cercano a $1,2 bn sin una fuente clara de explicación y que habrían correspondido a compra de bonos en el mercado secundario (por tanto, inyección de pesos).

Justamente, luego de esas operaciones la tasa en pesos comenzó a bajar. La tasa de caución y los REPOs a 1 día pasaron de poco más de 40% TNA PP durante la semana pasada a deslizarse hacia los 20% TNA PP en la semana. En paralelo, las condiciones más laxas de liquidez se reflejaron en que las entidades financieras recompusieron los encajes en moneda local en el Central. Luego de caer $1,5 bn para fondear la liquidación de la última licitación (donde Finanzas obtuvo un rollover superior al 120%), durante la semana del 18 de febrero los encajes recuperaron el saldo en lo que entendemos corresponde a las mencionadas operaciones del Central. Asimismo, el stock de operaciones de Pases de los bancos con el BCRA saltó a $1,9 bn el pasado miércoles desde un promedio de $0,4 bn durante todo febrero.

En la misma línea, la última licitación del mes de Finanzas vino con dos grandes novedades. Por un lado, por primera vez desde noviembre del 2024 el menú ofrecido por las autoridades no incluyo instrumentos de tasa fija ni TAMAR, generalmente utilizados por los bancos para su integración y demandados por contener vencimientos en el corto plazo, y se concentró exclusivamente en instrumentos indexados a la inflación y al tipo de cambio. En concreto, ante vencimientos por $7,2 billones, el Tesoro adjudicó $6,7 billones (rollover del 93%) e inyectará unos $0,5 bn en el mercado durante la liquidación que tendrá lugar en la jornada de hoy.

Más importante aún fue la novedad de la emisión de un nuevo bono en dólares. A partir de la última subasta, será parte de las licitaciones quincenales el flamante bono en dólares AO27, que pagará una tasa de interés de forma mensual por un cupón de 6% TNA y cuya amortización será en octubre del 2027 (la semana siguiente de las elecciones presidenciales). El monto máximo de emisión será de USD 2.000 M (cupo de USD 250 M por licitación) y tendrá como destino el próximo pago en julio de capital de Bonares y Globales (cerca de USD 2.700 M).

El debut fue auspicioso. Se adjudicó el total por USD 250 M entre el miércoles y el jueves, y cortó a una TIR del 5,9%, rendimiento similar al BOPREAL comparable en el mercado secundario al día previo de la adjudicación, el cual es emitido por el BCRA y por tanto tiene una percepción de riesgo menor a los bonos emitidos por el Tesoro.

Esta estrategia se enmarca en la decisión de no recurrir a Wall Street para el rolleo del pago de capital de la deuda, en un contexto en el que, además, el Riesgo País nuevamente está por encima de los 500 puntos básicos. No es casualidad tampoco que esto surja junto a la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal y con un Gobierno que desea ir por la desregulación de los préstamos en dólares (no solamente que sean a exportadores o vinculados, sino también al resto de los agentes) para que se multiplique la circulación de dólares en la economía.

El objeto es darle curso a depósitos en dólares que están en los valores más altos en veinte años (en términos nominales). El stock de depósitos en USD del sector privado alcanzó la cifra récord de USD 38.400 M en febrero de este año (y esto no contempla las suscripciones en dólares en la industria FCI), producto de dos etapas bien marcadas desde el cambio de gestión: el blanqueo de 2024, que implicó un ingreso de USD 15.000 M; y, tras una ventana de retiro del sistema (por el fin del blanqueo) donde se estabilizaron en torno a los USD 30.000 M, un nuevo ingreso continuó al sistema desde julio del año pasado que los ubica en la presente cifra.  

No obstante, los préstamos en dólares crecieron en menor medida. Los préstamos en moneda dura con relación a los depósitos se ubican 53% durante febrero (51% si se excluye préstamos por tarjeta), y promedian desde el 2025 cerca del 50%, por debajo del 56% que supieron mostrar entre el 2018-19 o el 67% que supieron exhibir entre la etapa 2004-10 (previo al recrudecimiento de los controles cambiarios). Por tanto, de los USD 38.400 M que se encuentran depositados en el sistema, unos USD 20.000 M tienen como contrapartida un crédito, otros USD 18.500 M se encuentran encajados en el BCRA y USD 5.000 M en efectivo en las sucursales bancarias.

De todas formas, no queda claro que un relajamiento de las condiciones permita monetizar la economía en dólares. Los depósitos y los préstamos en moneda dura con relación al producto no se encuentran muy lejos a los máximos alcanzados durante la gestión de Juntos por el Cambio. Además, bajo las condiciones actuales, tienen margen para seguir creciendo en lo que resta del 2026, permitiendo un mayor dinamismo en el MULC y que el BCRA sostenga el programa de compras. No obstante, no es evidente que una eventual flexibilización del otorgamiento del crédito impulse mucho más de lo visto hasta el momento los depósitos, y al mismo tiempo la capacidad prestable ociosa deberá volcarse a una economía que tendrá como horizonte una contienda electoral que despertará la habitual incertidumbre económica.

Dejando a un lado los riesgos de una potencial flexibilización de los préstamos en USD, las actuales condiciones permiten al Gobierno inclinar en mayor medida su programa financiero al mercado local. Mientras haya confianza, los depósitos en dólares serán un aliado para el BCRA producto de la mayor capacidad prestable de los bancos en USD (que se liquidan en el MULC) y para que Finanzas encuentre un mercado ávido por poner a rendir sus depósitos.

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Con el riesgo país por debajo de 500 puntos, Argentina prepara el terreno para emitir deuda

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La compresión del riesgo país argentino por debajo de los 500 puntos básicos, en niveles que no se veían desde mediados de 2018, reabrió la discusión sobre el regreso gradual del Estado nacional al financiamiento internacional. Con un EMBI+ en torno a los 480 puntos y un mercado que comienza a validar rendimientos más bajos para la deuda soberana, el Gobierno evalúa capitalizar el momento a través del road show “Argentina Week”, previsto del 9 al 11 de marzo de 2026 en Nueva York, como plataforma para testear demanda y eventualmente avanzar en una emisión de bonos en dólares.

Riesgo país en mínimos de casi ocho años y mejora en los fundamentos macro

El riesgo país argentino, medido por el EMBI+ de JP Morgan, consolidó su nivel por debajo de los 500 puntos básicos, un umbral que no se perforaba desde mediados de 2018. En el último mes, el indicador acumuló una compresión cercana a los 85 puntos básicos, alcanzando el nivel más bajo en más de siete años y medio.

Detrás de esta dinámica confluyen varios factores. Por un lado, la acumulación acelerada de reservas internacionales netas por parte del Banco Central, que superaron los u$s1.080 millones desde inicios de enero, con un ritmo que ya cubre más del 10% de la meta anual implícita. Por otro, el proceso de desinflación sostenida, que contribuye a reducir la brecha cambiaria y desalienta el carry trade inverso, fortaleciendo la demanda por activos locales.

A este escenario se suma un contexto internacional más favorable, con un dólar globalmente débil y un mercado que vuelve a mostrar apetito por activos de economías emergentes, lo que redujo la aversión al riesgo y favoreció la compresión de spreads soberanos.

Como resultado, los bonos soberanos en dólares —tanto Globales como Bonares— operan con paridades que implican rendimientos efectivos del 8% al 9% anual para plazos medios y largos. Estos niveles comienzan a converger con los de países de la región como Ecuador o Uruguay en etapas de reingreso a los mercados voluntarios de deuda.

Vencimientos 2026 y la presión por volver al financiamiento externo

La mejora en los precios de los bonos no es solo una señal financiera: abre la posibilidad de una transición hacia el acceso gradual al financiamiento internacional, en un contexto donde el perfil de vencimientos comienza a exigir definiciones.

Según estimaciones oficiales y de mercado, los vencimientos en moneda extranjera de 2026 ascienden a u$s19.505 millones, excluyendo roll-over interno y ajustes derivados de canjes recientes. Si bien el pico concentrado de enero fue parcialmente gestionado mediante operaciones de corto plazo y préstamos puente de bancos internacionales por hasta u$s3.000 millones, el calendario sigue siendo exigente.

En julio, se concentran u$s4.200 millones correspondientes a Bonares y Globales 2024-2030, a lo que se suman pagos escalonados al Fondo Monetario Internacional, estimados en torno a u$s800-1.000 millones residuales post-2025, además de bonos step-up y cupones de Boden.

En este marco, analistas de Puente, como Eric Ritondale, señalaron que una compresión adicional del riesgo país hacia la zona de 400-450 puntos básicos ubicaría a la Argentina en un rango de “acceso market-friendly”, similar al que permitió a Ecuador colocar deuda en 2024-2025.

De acuerdo con proyecciones de entidades como Morgan Stanley y JP Morgan, sin refinanciamiento externo el Tesoro enfrentaría una presión significativa sobre el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y sobre las reservas, con el riesgo de recurrir nuevamente a mecanismos cuasi-fiscales o a emisión monetaria encubierta.

En ese contexto, una emisión soberana moderada en dólares, por ejemplo entre u$s3.000 y u$s5.000 millones en bonos globales a 5 o 10 años, permitiría extender el perfil de vencimientos, captar divisas sin tensionar la base monetaria, reducir la prima de riesgo implícita en los dólares financieros (MEP y CCL) y liberar espacio fiscal para sostener el superávit primario.

Argentina Week y señales del mercado: deuda firme, acciones volátiles

Aunque el Gobierno reiteró su preferencia por minimizar la dependencia de Wall Street —“trataremos que no haya deuda nueva”, según declaraciones del ministro Luis Caputo—, la magnitud de los flujos de 2026 impone un enfoque más pragmático. En ese sentido, el road show “Argentina Week”, que se realizará del 9 al 11 de marzo de 2026 en Nueva York, aparece como una instancia clave para sondear demanda real de inversores institucionales, como fondos soberanos, fondos de pensión y hedge funds.

El evento, que será inaugurado por el presidente Javier Milei en el consulado argentino, contará con la participación de funcionarios centrales del gabinete económico y político, entre ellos Luis Caputo, Pablo Quirno y Federico Sturzenegger, además de referentes de Wall Street como Jamie Dimon, CEO de J.P. Morgan. Más allá del mensaje político de una “Argentina abierta”, el foro funcionará como un espacio técnico para avanzar en conversaciones preliminares sobre una eventual emisión o canje que permita refinanciar vencimientos sin generar ruido cambiario.

El comportamiento reciente del mercado respalda esa estrategia. En una jornada marcada por la volatilidad en renta variable, el S&P Merval retrocedió 0,4%, hasta 3.230.714,02 puntos básicos, con caídas destacadas en Transener (-4,4%), Cresud (-3,1%) y Edenor (-2,9%). En los ADRs, las bajas fueron lideradas por BBVA (-3,6%), Cresud (-3,1%) y Edenor (-3,4%), en un contexto de toma de ganancias y mayor cautela inversora.

En contraste, la renta fija mantuvo una tendencia positiva. Los bonos Globales avanzaron hasta 1,3%, mientras que el riesgo país cayó 2%, hasta los 484 puntos, acumulando en seis días un retroceso del 15%.

El apetito por deuda quedó reflejado también en el plano subnacional. La provincia de Córdoba colocó u$s800 millones bajo ley de Nueva York, a un rendimiento del 8,95%, con una demanda cercana a los u$s1.600 millones. Los fondos se destinarán a infraestructura y a la recompra de deuda para suavizar el perfil de vencimientos. La operación se suma a colocaciones recientes de CABA y Santa Fe, mientras otras provincias comienzan a testear el mercado de cara a los compromisos en dólares de 2026.

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Bonos argentinos suben hasta 4,3% en la semana y el riesgo país cae a mínimos de 7 años

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El mercado financiero argentino cerró una semana marcada por la mejora del clima externo y el impacto local de los cambios en la banda cambiaria. Aunque este viernes los bonos en dólares mostraron retrocesos puntuales, acumularon subas de hasta 4,3% en la semana, mientras que el riesgo país cayó casi 9% y se consolidó en torno a los 570 puntos básicos, en su nivel más bajo en más de siete años.

El impulso principal llegó desde el frente internacional. Un dato de inflación en Estados Unidos inferior al esperado reactivó las expectativas de una nueva baja de tasas por parte de la Reserva Federal (Fed), lo que volvió a alimentar el apetito por activos de riesgo a nivel global. En ese contexto, los activos argentinos aprovecharon la combinación de señales externas favorables y definiciones locales en materia cambiaria.

Bonos en dólares: subas semanales y riesgo país en mínimos de varios años

En la rueda de este viernes, los bonos soberanos en dólares operaron con mayoría de bajas en Wall Street, con caídas de hasta 0,7%, encabezadas por el Global 2029. En contraste, el nuevo Bonar 2029N (AN29) avanzó 0,1% y lideró las subas del día.

Sin embargo, el balance semanal fue ampliamente positivo. Los títulos argentinos en moneda dura registraron alzas generalizadas de hasta 4,3%, con el Bonar 2041 y el Global 2041 entre los más destacados, con subas cercanas al 3,9%. Esta dinámica permitió una fuerte compresión del riesgo soberano.

Así, el riesgo país, medido por el índice EMBI, se ubicó en torno a los 572 puntos básicos, lo que implica una baja cercana al 9% en la semana. El miércoles por la mañana había tocado incluso los 555 puntos básicos, su nivel más bajo en 7 años y 4 meses, un dato seguido de cerca por el mercado como señal de mejora en la percepción de riesgo sobre la deuda argentina.

Acciones, ADRs y una pausa tras el fuerte rally previo

En el segmento accionario, los ADRs de empresas argentinas en Nueva York operaron este viernes con mayoría de bajas. Las caídas fueron lideradas por Grupo Supervielle (-2,4%), seguido por Telecom (-1,7%) y Banco Macro (-1,7%). A contramano, Grupo Financiero Galicia mostró una suba del 1,7%.

En el mercado local, el S&P Merval retrocedió 0,3% y cerró en 3.154.913,61 puntos, mientras que medido en dólares se mantuvo estable en 2.037,53 puntos. Las pérdidas fueron encabezadas por Central Puerto (-2,4%), en tanto que nuevamente Grupo Financiero Galicia se destacó con una suba del 2%.

Fuentes del mercado señalaron que los papeles bancarios atravesaron una toma de ganancias lógica, luego del fuerte avance registrado el jueves, cuando algunas acciones llegaron a subir hasta 11,3%, impulsadas por el renovado optimismo financiero.

Inflación en EEUU y expectativa de tasas: el motor del optimismo

El fuerte desempeño de la jornada previa estuvo directamente vinculado al escenario internacional. Las acciones argentinas en Nueva York anotaron subas de hasta 11,3% luego de que se conociera un dato de inflación en Estados Unidos por debajo de las expectativas del mercado, lo que reforzó la expectativa de recortes en la tasa de interés por parte de la Fed.

Según se informó, los precios al consumo en EEUU aumentaron menos de lo previsto en la medición interanual hasta noviembre. No obstante, la Oficina de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo no publicó las variaciones mensuales del IPC, debido a que un cierre del Gobierno de 43 días impidió la recolección de los datos correspondientes a octubre.

Este contexto internacional más benigno, combinado con los ajustes en la banda del dólar a nivel local, generó un escenario de mayor previsibilidad financiera que se reflejó en la recuperación semanal de los bonos y en la compresión del riesgo país, variables clave para el acceso al financiamiento y la estabilidad macroeconómica.

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