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Nueva tregua cambiaria: ¿transitoria o permanente?

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  • El upgrade a emergente, la posible venta de la mitad del desembolso del FMI en el mercado cambiario y nuevas medidas implementadas por el BCRA, ayudan a estabilizar el dólar. No obstante, las presiones podrían volver ante nuevos shocks locales o externos.
  • De no presentarse nuevos escenarios de stress, el tipo de cambio cerraría 2018 apenas por debajo de 30 ARS/USD. Con esta dinámica, más que corregiría el atraso del año pasado, de modo que no serían necesarias correcciones abruptas el año que viene.
  • La nueva asistencia financiera debe estimular la producción y no asfixiarla. Desde el arreglo con holdouts, el ingreso de capitales de cartera apreció al peso, abultando el rojo de cuenta corriente. Para no repetir viejos errores, hay que adoptar nuevos esquemas.

El dólar cederá levemente en los próximos días, aunque de manera transitoria
El miércoles 20 de junio la Argentina fue recalificada por Morgan Stanley Capital Investment (MSCI) como mercado Emergente. De este modo, se sumó al lote de Brasil, Chile y Colombia, dejando atrás al grupo “de frontera” compuesto por Kuwait, Kazajistán y Nigeria, entre otros. ¿Qué significa esto? En términos reales y de estructura económica, poco o nada. Sin embargo, en términos financieros y de futuro inmediato posee un impacto positivo.
En primer lugar, provocará un nuevo influjo de divisas a nuestra economía en los próximos doce meses, además de un impacto alcista en el mercado de valores (especialmente en aquellas acciones que cuentan con ADRs). A este acontecimiento privado se le sumó el primer giro del FMI por USD 15.000 M del cual el Tesoro Nacional cambiará la mitad a pesos en el mercado, y nuevas medidas implementadas por el flamante presidente del BCRA. En conjunto, estas acciones lograron estabilizar el mercado cambiario.
De hecho, esta semana el dólar descendió levemente. Pero esta baja sería transitoria: como parte de las condicionalidades impuestas por el FMI, el gobierno redujo sus grados de libertad para intervenir en el mercado cambiario. Por lo tanto, cualquier episodio de stress internacional o doméstico –político o económico- se traducirá en mayor medida en una depreciación del peso.
En este sentido, las próximas reuniones de la Fed de Estados Unidos o las elecciones de Brasil en el plano internacional, así como los vaivenes políticos o económicos en el escenario local, podrían renovar las presiones alcistas. Por ende, si bien es esperable que el tipo de cambio se ubique por debajo de 28 ARS/USD en las próximas semanas, estimamos que retomará esa zona una vez terminado el Mundial de Fútbol motivado además por una inflación que se está acelerando.
Por otro lado, el upgrade de MSCI conllevará una compresión del spread soberano. En consecuencia, se revertirá parcialmente el proceso que tuvo lugar desde comienzos de año: en diciembre de 2017 los bonos argentinos a diez años promediaron una tasa de 6%, mientras que en junio la misma ascendió a 8% (+0,5 p.p. por la suba en la tasa de interés de Estados Unidos y +1,5 p.p. por el incremento del riesgo país local). Sin embargo, por el probable aumento del costo del financiamiento internacional, la caída sería transitoria.
Corresponde aclarar que si no se hubiera logrado el upgrade, las repercusiones habrían sido más profundas -nueva suba del dólar-. Por lo tanto, y descripto el nuevo escenario, tiene sentido evaluar la trayectoria más probable del tipo de cambio para los próximos meses.
El dólar acumulará en el año una suba superior a 50%
Con la dinámica disruptiva de comienzos de mayo, reforzada por el salto de la segunda semana de junio, el tipo de cambio real corrigió su atraso. Por lo tanto, si la divisa acompañara a la inflación en los próximos meses, el dólar no debería ser un problema para la mayor parte de las actividades transables, a diferencia del año pasado e inicios de 2018.
Sin embargo, dado que el salto del dólar se dio de manera abrupta, su impacto de corto plazo será negativo y significativo.
En primer lugar, porque la corrida obligó a incrementar sensiblemente la tasa de interés en pos de frenar el desarme de posiciones en pesos de los inversores. Por caso, la tasa de política monetaria se encuentra en 40% anual y la LEBAC más corta cerró la última licitación en 47% anual. En ambos casos, el nivel es incompatible con el normal desarrollo de la actividad económica. Este costo del dinero implica serios problemas en la cadena de pagos, y torna atractivo los rendimientos financieros en detrimento de la inversión reproductiva.
En segundo lugar, el salto cambiario ya aceleró la inflación. Este hecho, en conjunto con la elevada tasa de interés (que no estimamos baje en el corto plazo), está enfriando la demanda interna. Aunque la competitividad precio se recuperó de sobremanera tras la corrida cambiaria (el tipo de cambio real multilateral, que contempla a la totalidad de nuestros socios comerciales, escaló 25% entre el cierre de abril y el 21 de junio), el menor consumo interno golpeará a los sectores no transables.
Además, aunque las exportaciones podrán expandirse en el mediano plazo –en parte por los mayores excedentes locales y en parte por el menor “costo argentino relativo”- su recuperación será lenta: la inserción en otros mercados demandará plazos considerables.
Por ende, si bien el nuevo esquema de precios relativos es más sostenible (requiere un menor ingreso constante de divisas financieras), su “puesta en funcionamiento” será paulatina y progresiva; dicho de otro modo, en materia de actividad, el segundo y el tercer trimestre del año –de mínima- serán recesivos.
Producto de esta dinámica, estimamos que se morigerarán las importaciones (de bienes y servicios) y, con ellas, una parte de las presiones alcistas del dólar. Sin embargo, y en sentido contrario, también se atenuará el influjo de divisas financieras, sobre todo por el aumento del costo del financiamiento internacional motivado por la suba de la tasa de interés de la Reserva Federal. Dado que desde 2017 el único ingreso neto de divisas para nuestro país es financiero, la segunda dinámica predominará por sobre la primera. En consecuencia, es probable que las presiones alcistas vuelvan a escena aunque atenuadas.
Concretamente, conforme a nuestras proyecciones el tipo de cambio se mantendría relativamente estable en las próximas semanas –y la tasa de interés en pesos también, rondando la zona de 40%- para retomar su sendero alcista durante agosto. Esta dinámica obedecerá a la suba de precios y a que una de las principales condicionalidades del FMI es la flotación casi libre del tipo de cambio –el Tesoro puede intervenir, pero el Banco Central debe acumular USD 5.500 millones de Reservas por trimestre por lo acordado con el FMI, de modo que el accionar público es acotado-. Por lo tanto, estimamos que se preservará una parte sustancial de la competitividad ganada en los últimos dos meses.
Hacia el cierre del año estimamos que la divisa profundizará su sesgo alcista. En primer lugar, por la elevada suba de precios. Tras el acuerdo con el FMI, se “enterró” la meta de inflación de este año y se endureció el objetivo fiscal del 2019. Por lo tanto, proyectamos que el oficialismo adelantará algunos recortes de subsidios (ajustes de tarifas) del año próximo al último trimestre de 2018.
 
Con todo este panorama (más probable, aunque no exento de posibles disrupciones), el dólar cerraría el año apenas por debajo de 30 ARS/USD. De este modo, acumularía una suba superior a 50% en 2018, duplicando a la inflación y más que corrigiendo el atraso de 2017 (en ese año, el tipo de cambio creció 18,5% y los precios avanzaron 25%).
En consecuencia, no sería necesaria una corrección cambiaria significativa en 2019. De hecho, según nuestras estimaciones, mientras que el acuerdo con el FMI se cumpla –la meta fiscal de 1,5-1,3% del PBI luce muy ambiciosa y, en parte, contradictoria con el brusco descenso de la inflación que prevé el mismo-, el dólar se mantendrá más calmo que en el segundo trimestre de este año.
 
Aprender del pasado: el nuevo préstamo del FMI abre una oportunidad
Es central que el nuevo influjo de dólares que generará el acuerdo con el FMI se oriente a estimular la producción y no a asfixiarla, tal como lo hicieron los capitales de cartera que llegaron desde el acuerdo alcanzado con los holdouts. El impacto negativo sobre la actividad operaba mediante el atraso cambiario: el ingreso constante de divisas apreciaba al peso, por lo que terminaba afectando a la producción por dos vías. En primer lugar, encarecía al “costo argentino” por sobre el del resto del mundo. En segunda instancia, generaba un set de precios relativos a favor de los bienes y servicios no transables.
En un esquema de compromisos crecientes de deuda externa, la adecuada oferta de divisas juega un rol central. Por lo tanto, para no generar problemas en su repago, el financiamiento del organismo multilateral debe apuntalar la generación de divisas genuinas –es decir aquellas que tienen como origen el intercambio comercial- y no al influjo de dólares financieros que tarde o temprano tendremos que repagar. De lo contrario, si repetimos los mismos errores que en el pasado generarán resultados similares.

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El desempleo marcó un retroceso en Misiones a contramano del promedio nacional

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Mientras en el país el desempleo se mantuvo casi estable, Misiones fue una de las pocas provincias donde se registró una caída en comparación con el primer trimestre del año pasado: se pasó de 4,1 a 2,8 por ciento, lejos del 9,1 por ciento, que es el promedio del país. Hay cinco mil desempleados y 17.000 personas que son ocupados demandantes de otra ocupación, además de 14.000 subocupados.
Los datos marcan un fuerte contraste entre la realidad de Misiones y el promedio del país, pese al condicionante de las asimetrías y la caída de 50 por ciento del empleo en la construcción, según reconocieron empresarios de ese sector. Sin embargo, empresarios de diversos rubros advierten que la última corrida contra el peso y la inflación conspiran contra el sostenimiento del empleo.
El distrito de Rawson-Trelew con un registro del 12,5% fue el más afectado por el desempleo mientras que el de Viedma- Carmen de Patagones tuvo el más bajo con 2,4 de su población sin empleo. En los partidos del conurbano bonaerense la desocupación llegó al 11,3% y en el Gran Córdoba al 10,3%, mientras en el área metropolitana la gente sin trabajo alcanza al 10,7% de sus habitantes. El INDEC destacó que “con respecto al tiempo de búsqueda de empleo, se observa que el 39,3% de los desocupados busca empleo desde hace más de 1 año” y no lo consigue.
El 26,1% de los desocupados indicó un tiempo de búsqueda de empleo de 1 a 3 meses de duración, seguido por un 13,9% de desocupados cuyo tiempo de búsqueda fue de 3 a 6 meses. Según el informe oficial, el 50,6% de las personas empleadas son ocupados plenos, el 10,8% son subocupados y el 29,4% de los ocupados trabaja más de 45 horas a la semana y están sobreocupados, de acuerdo con las cifras oficiales, calculada sobre la población económicamente activa. Entre los desocupados, el 25,8% son hombres y el 25,5% mujeres de hasta 29 años, y el desempleo afecta al 23,3% de mujeres y al 21,3% de hombres que tienen entre 30 y 64 años.
Según un informe desagregado del Instituto Provincial de Estadística y Censos, de acuerdo a los resultados obtenidos en la EPH en la ciudad de Posadas, correspondientes al primer trimestre de 2018, las Tasas de Actividad y Desempleo registraron un incremento respecto al cuarto trimestre del año 2017. La Tasa de Actividad subió del 45,2% al 45,3%; la de Desocupación pasó del 2,7% al 2,8%. Sin embargo, la Tasa de Empleo, permaneció constante en el 44,0%.
Las Tasas de Subocupación, Subocupación Demandante y Subocupación no Demandante, mostraron una disminución respecto al cuarto trimestre del año 2017.
La Tasa de Subocupación pasó del 8,9% al 8,4%; la Tasa de Subocupación Demandante disminuyó del 7,6% al 7,5%, y la Tasa de Subocupación No Demandante, decreció del 1,3% al 1,0%.
La Tasa de Ocupados Demandantes de Empleo subió del 9,6% al 10,7%. Según la EPH, al primer trimestre de 2018 la población total del Aglomerado Posadas asciende a 361.000 personas.
Asimismo, la Población Económicamente Activa (PEA) asciende a 163.000 personas. De los cuales, 159.000 se encuentran ocupados y 5.000, desocupados. Hay 17.000 personas que son ocupados demandantes de otra ocupación, y 14.000 subocupados. La cantidad de inactivos asciende a 198.000 personas.
Comparativamente, al cuarto trimestre de 2017, la población total del Aglomerado Posadas ascendía a 360.000. La Población Económicamente Activa ascendía a 163.000 personas. De los cuales, 158.000 se encontraban ocupados, y 4.000, desocupados. Había 16.000 personas que eran ocupados demandantes de otra ocupación, y 15.000 subocupados. La cantidad de inactivos ascendía a 197.000 personas.
* La Tasa de Actividad subió 0,1 puntos porcentuales debido a que, por un lado, se incrementó la población total en 1.000 personas y, por otra parte, la población económicamente activa se mantuvo constante. La cantidad de personas inactivas aumentó en 1.000
*La Tasa de Empleo se mantuvo constante puesto que se incrementó la cantidad de ocupados en 1.000 personas, pero también se incrementó la población total de referencia en la misma cantidad.
*La Tasa de Desocupación creció 0,1 puntos porcentuales debido a que subió la cantidad de desocupados en 1000 personas y la población económicamente activa se mantuvo constante.
*La Tasa de Subocupación disminuyó 0,5 puntos porcentuales debido a que cayó la cantidad de personas subocupadas en 1.000.
*La Tasa de Ocupados Demandantes de Empleo subió 1,1 puntos porcentuales, debido a que la cantidad de población ocupada que busca activamente otra ocupación aumentó en 1.000 personas.
Otra manera de analizar los valores del mercado laboral consiste en no considerar la posible estacionalidad que pueda influir en los mismos. Para ello se realiza el análisis comparativo interanual, es decir respecto al primer trimestre de 2017.
De acuerdo a los resultados obtenidos en la EPH en la ciudad de Posadas, correspondientes al primer trimestre del año 2018, las Tasas de Actividad, Empleo y Subocupación registraron un aumento respecto al primer trimestre del año 2017.
*La Tasa de Actividad subió del 40,7% al 45,3%;
*La Tasa de Empleo pasó del 39,0% al 44,0%.
*La Tasa de Subocupación se incrementó del 7,0% al 8,4%.
*Sin embargo, la Tasa de Desocupación cayó del 4,1% al 2,8%.
La Tasa de Ocupados Demandantes de Empleo y la Tasa de Subocupados demandantes se incrementaron respectivamente, puesto que la primera pasó del 8,3% al 10,7%, y la segunda, del 5,0% al 7,5%.
Por último, la Tasa de Subocupación no Demandante decreció, ya que pasó del 2,0% al 1,0%. Como se mencionó en este comunicado anteriormente, al primer trimestre de 2018 la población total del Aglomerado Posadas asciende a 361.000 .
Asimismo, la Población Económicamente Activa (PEA) asciende a 163.000 personas. De los cuales, 159.000 se encuentran ocupados y 5.000, desocupados.
Hay 17.000 personas que son ocupados demandantes de otra ocupación, y 14.000 subocupados.
La cantidad de inactivos asciende a 198.000 personas.
Comparativamente, al primer trimestre de 2017, la población total del Aglomerado Posadas ascendía a 356.000.
La Población Económicamente Activa ascendía a 145.000 personas. De los cuales, 139.000 se encontraban ocupados, y 6.000, desocupados.
Había 12.000 personas que eran ocupados demandantes de otra ocupación, y 10.000 subocupados. La cantidad de inactivos ascendía a 211.000 personas .

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Arrúa: “El dólar alto es bueno para el turismo receptivo”

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El ministro de Turismo, José María Arrúa, afirmó que “es interesante este dólar alto para el turismo receptivo”, en especial para europeos y norteamericanos que “optarían por quedarse más días” cuando visiten Misiones durante el receso invernal.
Sobre las reservas hoteleras para ese período, en diálogo con la prensa, el funcionario manifestó que “aún no tenemos números cerrados debido a la inestabilidad del dólar”.
Esto hace que el visitante “esté evaluando si se va a quedar más días”, sostuvo, y agregó que “la pernoctación y la rentabilidad no sea la misma”, ya que “el que iba a gastar 200 dolares puede gastar 220 y se queda un día mas”, ejemplificó.
“Esperemos que la situación cambiaria se vaya acomodando”, dijo Arrúa, porque “es interesante este dólar alto para el turismo receptivo, pero la inflación debería tener un límite para que todo se vaya acomodando“.
“Esperamos que el clima nos acompañe y que las reservas que ya se vienen previendo en Puerto Iguazú, Posadas, San Ignacio y El Soberbio se vayan efectivizando”, apuntó.
Por último, estimó que “vamos a estar por encima del 70% de reservas hoteleras en la primera y segunda semana” del receso invernal, y que el volumen de visitantes aumentó este año. “Estamos próximos a llegar a los 700 mil ingresos a Cataratas, cuando en 2017 esa cifra se logró recién a mediados de julio”.
Fabricio Di Giambattista, presidente de la Federación de Agencias de Viajes y Turismo (Faavyt), coincidió al señalar que “se viene una gran oportunidad para que se incremente el número de visitantes del exterior”, al tiempo que estimó que habrá más argentinos que, al sacar cuentas, terminarán decidiendo viajar dentro del país.
“Ahora pasamos a tener tarifas más competitivas. Es probable que parte del público que hasta ahora viajaba a Brasil, por ejemplo, ahora elija la Costa Atlántica u otros destinos en el mercado interno”, agregó.
La clave, según Di Giambattista, “es que se traslade lo menos posible el efecto de la devaluación a precios. Como la plaza doméstica está bastante caída, no creemos que haya mucho margen para aumentos desmedidos. Entonces creemos que el turismo local podría capitalizar este momento”.
Sin embargo, desde la consultora Radar consideraron que “la potencial suba por el abaratamiento relativo del turismo local debido a la suba del tipo de cambio no llegará a compensar el impacto negativo de la caída del poder adquisitivo” por la mayor inflación. 
“Por lo tanto, la actividad turística seguramente exhiba malos resultados durante los próximos meses”, concluyeron.
 

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Pastori se reunió con Dujovne para conocer detalles del plan de ajuste

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El ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, recibió esta tarde a los diputados Nicolás Massot, Eduardo Amadeo, Luciano Laspina, Mario Negri, Miguel Bazze, Luis Pastori, Javier Campos, y a los senadores Esteban Bullrich, Silvia Elías de Pérez, Claudio Poggi y Pamela Verasay.
 
El Ministerio de Hacienda y Finanzas informó que utilizará $67.552 millones de lo producido en las colocaciones realizadas el lunes 18 de junio para la recompra de letras intransferibles en poder del Banco Central de la República Argentina.
Con esta transacción se inicia un proceso de recompra de letras intransferibles que tiene como objetivo fortalecer la hoja de balance del Banco Central de la República Argentina. Este proceso busca proveer al Banco Central de la República Argentina con mejores herramientas para ejecutar la política monetaria y así lograr reducir la inflación.
 
 
 
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El salario real registrado caerá en promedio casi 3% en 2018

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    • Producto de un año agitado en materia inflacionaria (avance de precios Regulados e importante depreciación del peso), la suba de precios en 2018 será superior a la del año pasado. Por el contrario, los salarios nominales crecerán menos que en 2017.
    • En consecuencia, este año el salario real del universo de trabajadores registrados caerá casi 3% i.a. La merma estará liderada por los empleados públicos formales (-4,5% i.a.), mientras que los ingresos de los empleados formales privados caerán 1,5%.
    • La contracción del salario real golpeará la demanda interna. Como resultado, el consumo masivo acumularía su tercer año consecutivo de caída. Asimismo, el turismo en el exterior se frenará y la compra de bienes durables se morigerará.

    La inflación de 2018 será mayor a la del año pasado
    El primer cuatrimestre del año fue agitado en materia inflacionaria, producto de las correcciones tarifarias en gas, electricidad, transporte público y combustibles y el ajuste del tipo de cambio (la divisa saltó casi 15% en ese período). De hecho, aún antes del episodio de stress cambiario de fines de abril y mayo, la inflación ya superaba a la acumulada en los primeros cuatro meses de 2017.
    Sin embargo, dado que a partir de mayo se auguraba el inicio de un período con menores ajustes de precios regulados y mayor estabilidad en el dólar, la suba de precios se encaminaba a cerrar el año apenas por debajo del nivel de 2017 (en el rango de 20%-25%).
    Pese a que las proyecciones del mercado marcaban una inconsistencia con la meta de inflación del Banco Central (15%), el Poder Ejecutivo logró que diversas e importantes paritarias cerrasen en línea con dicha pauta. No obstante, el 15% acordado fue sólo en apariencia: dado que las negociaciones incluían a los aumentos del primer trimestre de 2018 -el “año calendario” difiere del “año paritaria”-, en el acumulado anual la mayoría de los acuerdos superaba el 15% de la pauta oficial.
    Esta dinámica respondía a las negociaciones de 2017, que se habían realizado en base a una mayor inflación esperada y contemplaban recuperaciones salariales. Como resultado, el incremento efectivo rondaba el 20% a lo largo del año, de modo que el salario real de los trabajadores formales estaba en línea con el consenso de expectativas de suba de precios.
    Sin embargo, con el salto del dólar se recalibraron las proyecciones inflacionarias. Si anteriormente la inflación proyectada para 2018 rondaba el 20%, al momento se ubica algunos puntos por encima del nivel de 2017. Por caso, conforme al último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central se proyecta en un 27% para 2018.
    En este marco, los sindicatos que todavía se encuentran en negociaciones (cerca de un tercio de los convenios) rechazaron la pauta del 15% y bregaron por mayores aumentos. A modo de ejemplo, la paritaria de los empleados de Sanidad cerró en un 20% a efectivizarse en tres etapas: 13% retroactivo en mayo, 4% en julio y 3% en septiembre.
    Por lo tanto, en pos de evitar una reapertura anticipada de las negociaciones que sume conflictividad social e incertidumbre, el oficialismo ofreció un 5% adicional (sobre el salario de 2017 y a cobrarse en dos tramos de 2,5% en julio y agosto) a los gremios privados que hubieran aceptado la pauta del 15%. Por ende, si bien no hay confirmaciones oficiales, tiene sentido analizar cómo impactará esta oferta en la dinámica de los ingresos laborales.
    La propuesta del Poder Ejecutivo no revertirá la caída de los salarios reales
    En primer lugar, corresponde notar que el reciente ofrecimiento del Poder Ejecutivo a los gremios no logrará revertir la caída del salario real en la mayoría de los casos. Además, dicho beneficio sólo aplica para los trabajadores del sector privado formal, por lo que sólo este grupo puede aspirar a conseguir mejoras salariales cercanas a la inflación.
    Más allá de este panorama general, la situación es muy heterogénea: las negociaciones paritarias de 2018 difieren a nivel de rama de actividad y según se trate del sector público o privado. A continuación, analizaremos algunos acuerdos firmados en pos de precisar la evolución del salario real para el acumulado anual.
    Por el lado de los empleados públicos nacionales, la personería gremial la posee la Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN), de modo que es quien rubrica el convenio paritario. Producto del endurecimiento en la reducción del déficit primario (tras la corrida cambiaria y el posterior acuerdo con el FMI, las metas fiscales pasaron de -3,2% a -2,7% en 2018 y de -2,2% a -1,3% en 2019), el salario real de estos trabajadores se verá sensiblemente afectado.
    Concretamente, estimamos que el 15% acordado hace algunos días (3% en julio, 6% en agosto y 6% en septiembre) por UPCN no se corregirá al alza ya que el Gobierno nacional aclaró que la oferta sólo atañe al sector privado. En consecuencia, la caída de salario real para los empleados estatales nacionales rozaría el 4% en el promedio anual.
    Esta situación también se observará en el sector privado, aunque en menor magnitud. A modo de ejemplo, el gremio de Comercio, que nuclea a más de un millón de trabajadores registrados, acordó hace algunas semanas un incremento del 15% para este año. Del mismo ya se efectivizó un 10% en abril y resta actualizar otro 5% en agosto. Considerando la recomposición lograda durante el primer trimestre de 2018, la caída del salario real en el promedio anual rozará el 5% para los empleados de esta rama de actividad en caso de no mediar nuevos aumentos -poco probable-. Asimismo, si se aprobara el 5% adicional ofrecido por el Gobierno, el deterioro de ingresos reales rondaría el 2,5%.
    Alcanzado este punto, vale aclarar que el acuerdo con el FMI elimina, entre otras condicionalidades, la pauta de inflación para este año y endurece significativamente la meta fiscal del año próximo. Por lo tanto, con el 15% de inflación objetivo ya “enterrado” y en pos de reducir el rojo de las arcas públicas en 1,4 p.p. del PBI en un año electoral, el oficialismo adelantaría correcciones tarifarias para el último trimestre de este año, lo que implicaría un promedio de inflación mensual cercano al 2% en el último cuarto del año. En consecuencia, la suba de precios de este año se ubicará incluso por encima de las recientes estimaciones del Relevamiento de Expectativas del Mercado (27% en el acumulado a diciembre).
    Por lo tanto, si este análisis fuera válido, las recomposiciones adicionales ofrecidas por el Gobierno Nacional atenuarían el deterioro en los ingresos reales que arrojó el brote inflacionario del primer semestre (la suba de precios superará el 15% entre enero y junio), pero no lograrían revertir el impacto negativo de las correcciones tarifarias de fin de año.
    A modo de resumen, incluyendo la recomposición de hasta 5% (en julio y agosto) en los acuerdos con los gremios del sector privado cerrados en torno de la pauta oficial del 15%, más la escasa recomposición de las remuneraciones de los empleados públicos y el cierre de las demás paritarias pendientes, el deterioro del salario real de los trabajadores formales caerá casi 3% i.a. en el promedio del año. En 2018, los trabajadores registrados del sector público sufrirán una merma del poder adquisitivo de 4,5% en sus ingresos, mientras que los empleados formales del sector privado resignarán 1,5% de poder adquisitivo este año.
    Por último, si bien es difícil de proyectar, estimamos que los aumentos salariales de los trabajadores informales y cuentapropistas serán acotados, por lo que la merma del poder adquisitivo sería similar al de los empleados estatales. Asimismo, si la mejora de hasta 5% anunciada por el oficialismo se extendiese al sector público, el retroceso de los ingresos de los trabajadores formales sería menor (en torno del 4%); no obstante, es muy difícil que esto suceda, ya que el acuerdo con el FMI exige cumplir metas muy exigentes en materia de ajuste fiscal.
    En síntesis, prevemos un nuevo descenso de los ingresos reales de los trabajadores formales. La caída será menor respecto a la observada en 2016, pero el poder adquisitivo de las remuneraciones continuará por debajo del promedio de 2015. En consecuencia, habrá que esperar -de mínima- hasta 2019, para que los salarios reales de los trabajadores registrados superen los niveles previos al cambio de gestión presidencial.
     
    La caída del salario real impactará en el consumo interno
    El deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores planteado, junto con el escaso dinamismo del empleo y el brusco descenso de la confianza del consumidor, anticipan un escenario de enfriamiento del consumo interno. Lamentablemente, esta variable clave, que representa tres cuartos del total de la demanda interna, se resentirá este año. De hecho, estimamos que crecerá 1% en 2018, sólo impulsada por el arrastre estadístico del año pasado.
    Por su parte, el consumo masivo tampoco lograría recuperarse este año. Motivado por la mayor incertidumbre que alienta al ahorro en lugar de los gastos, sumado a la mencionada contracción en los ingresos de los trabajadores, esta variable acumularía su tercer año consecutivo en terreno negativo, arrojando un retroceso similar al del año pasado (-1% i.a.).
    Por último, vale remarcar que el encarecimiento de los bienes y servicios dolarizados impactará negativamente en el gasto en dichos rubros. En este sentido, tras dos años y medio de expansión del consumo de bienes durables (autos, motos, electrodomésticos e inmuebles) y boom de viajes al exterior, estimamos un freno abrupto de las ventas.

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