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Irán se baja de negociaciones y pone en riesgo la tregua con Estados Unidos

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A horas del vencimiento del alto el fuego anunciado el 7 de abril, Irán decidió no enviar ninguna delegación a Pakistán para negociar con Estados Unidos, mientras Donald Trump anticipó que es “muy improbable” extender la tregua más allá de esta semana. La combinación de señales endurece el escenario y deja abierta una pregunta central: ¿se trata de presión negociadora o del preludio de una escalada?

Sin delegación y con ultimátum: la negociación entra en zona crítica

La ausencia de representantes iraníes en Islamabad, confirmada por la emisora estatal IRIB, marca un punto de inflexión en el proceso diplomático. Según la información oficial, ninguna misión —ni principal ni técnica— viajó a Pakistán, desactivando de hecho el canal previsto para sostener las conversaciones.

En paralelo, Trump endureció su postura. El presidente estadounidense sostuvo que no prevé extender el cese al fuego de dos semanas, que vence este miércoles por la noche (hora del Este), si no hay avances concretos. La tregua, ya ajustada en su cronograma —inicialmente prevista para expirar el martes—, entra así en su tramo final sin señales de entendimiento.

La tensión se amplifica con las acusaciones directas desde Washington: Trump afirmó que Irán violó el alto el fuego en “numerosas ocasiones”, lo que refuerza la narrativa de incumplimiento y legitima, en términos políticos, una eventual ruptura.

Presión militar, diplomacia interrumpida y agenda nuclear

El proceso se inscribe en una lógica de presión simultánea. Por un lado, la Casa Blanca sostiene la amenaza de no renovar la tregua; por otro, instala condiciones explícitas: Irán no debe acceder a armas nucleares “ni la más mínima posibilidad”.

La decisión iraní de no enviar delegación tensiona ese esquema. En términos institucionales, implica frenar una instancia de negociación clave sin ofrecer una alternativa visible, lo que deja el proceso en una zona de ambigüedad: no hay ruptura formal, pero tampoco canal activo.

A esto se suma otro elemento: el propio Trump había sugerido que podría viajar a Islamabad para cerrar un acuerdo, e incluso mencionó el envío de una delegación estadounidense. Nada de eso ocurrió. La distancia entre expectativa y ejecución revela una negociación volátil, donde los anuncios funcionan también como herramienta de presión.

Endurecimiento discursivo y margen reducido

El movimiento de ambas partes reconfigura el equilibrio. Estados Unidos consolida una posición de exigencia —con plazo definido y advertencias explícitas—, mientras Irán evita convalidar el marco negociador en los términos planteados.

En ese cruce, la tregua pierde densidad política. Ya no opera como espacio de distensión, sino como un plazo límite condicionado. La acusación de incumplimientos por parte de Washington también impacta en la legitimidad del acuerdo, debilitando su continuidad.

El trasfondo económico y geopolítico es evidente, aunque no explicitado en la información: cualquier ruptura del alto el fuego puede tener efectos inmediatos en mercados internacionales y en la estabilidad regional. Sin embargo, en este punto, el dato central es político: la negociación quedó sin interlocutores visibles en el terreno previsto.

Entre la negociación forzada y la escalada

Con el vencimiento inminente del cese al fuego, el margen de maniobra se achica. Si no hay señales de reactivación del diálogo, el escenario se desplaza hacia una fase más incierta.

La clave estará en observar dos movimientos: si Irán redefine el canal de negociación o mantiene la distancia, y si Estados Unidos efectivamente deja caer la tregua o introduce una extensión táctica.

Por ahora, lo concreto es que el proceso entró en un terreno de máxima presión, donde cada gesto —o ausencia— redefine el equilibrio. El desenlace no está cerrado, pero el tiempo ya dejó de ser un aliado para la negociación.

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Argentina expulsa a diplomático iraní y escala el conflicto bilateral en medio de la crisis global

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El Gobierno de Javier Milei decidió escalar el conflicto con Irán y ordenó la expulsión del encargado de negocios de su embajada en Buenos Aires, Mohsen Soltani Tehrani, quien deberá abandonar el país en un plazo de 48 horas. La medida fue oficializada el 2 de abril a través de Cancillería bajo la figura de “persona non grata”, prevista en la Convención de Viena de 1961. El dato es político antes que protocolar: en menos de dos días, la Argentina pasó de una decisión administrativa —declarar terrorista a la Guardia Revolucionaria— a una ruptura operativa en la relación bilateral. La pregunta que se abre es si se trata de un gesto de política exterior alineada o del inicio de un conflicto de mayor escala.

El marco institucional: de la Convención de Viena al conflicto político

La herramienta utilizada por el Gobierno no es menor. El artículo 9 de la Convención de Viena permite a un Estado expulsar a un diplomático sin necesidad de justificar formalmente la decisión. Sin embargo, el contexto le da un peso político específico.

La expulsión se produce como respuesta directa a un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, que había acusado al Gobierno argentino de actuar de manera “ilegal e injustificada” tras incluir a la Guardia Revolucionaria en el registro de organizaciones terroristas. Ese documento, además, introdujo un elemento de presión diplomática: advirtió sobre una eventual “responsabilidad internacional” para la Argentina.

La reacción de Cancillería no se limitó a rechazar esas acusaciones. En su argumentación, el Gobierno sostuvo que las declaraciones iraníes constituyen una “injerencia en los asuntos internos” y una “tergiversación deliberada” de decisiones adoptadas bajo el derecho internacional. Pero el punto más sensible aparece en el vínculo con la causa AMIA: el comunicado oficial remarca la “persistente negativa” de Irán a cooperar con la Justicia argentina y su incumplimiento de órdenes internacionales de detención y extradición.

En términos políticos, el Gobierno reordena el conflicto en tres niveles: defensa jurídica de sus decisiones, reafirmación de la agenda de justicia interna y confrontación diplomática abierta.

Alineamientos y costos de la escalada

La decisión fortalece una línea clara de política exterior. La Argentina consolida su posicionamiento en un bloque internacional que cuestiona al régimen iraní, en un contexto global atravesado por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Teherán.

Ese alineamiento tiene efectos concretos. Por un lado, refuerza la coherencia del Gobierno en materia de seguridad internacional y lucha contra el terrorismo, un eje que aparece reiterado en los comunicados oficiales. Por otro, eleva el nivel de exposición del país en un conflicto geopolítico que excede lo bilateral.

Del lado iraní, la respuesta previa ya había marcado el tono: acusaciones directas contra las autoridades argentinas, cuestionamientos al derecho internacional y una narrativa que vincula la decisión local con presiones externas. La expulsión del diplomático transforma ese intercambio discursivo en un hecho concreto de ruptura.

En términos de gobernabilidad interna, la medida también reordena el tablero político. La política exterior deja de ser un terreno secundario y pasa a ocupar un lugar central en la agenda, con implicancias que pueden proyectarse sobre alianzas internacionales, relaciones comerciales y posicionamiento estratégico.

Entre la señal política y la escalada

El movimiento del Gobierno puede leerse como una decisión táctica con alto contenido simbólico, pero también como un punto de inflexión. La secuencia —declaración de organización terrorista, respuesta iraní, expulsión diplomática— muestra una aceleración que difícilmente se detenga en este punto.

En las próximas semanas, habrá que observar si la tensión se traduce en nuevas medidas diplomáticas, si se amplía el conflicto a otros ámbitos o si se estabiliza en un nivel de confrontación controlada. También será clave el comportamiento del contexto internacional, donde la guerra en Medio Oriente actúa como factor amplificador.

Por ahora, la Argentina dejó de moverse en el terreno de las definiciones abstractas y pasó a ejecutar decisiones concretas. El impacto real de esa estrategia todavía está en construcción.

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Petro rechaza denuncias por narcotráfico

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Gustavo Petro decidió responder de manera directa y política a una acusación que, aun sin notificación formal, amenaza con alterar el delicado equilibrio de su relación con Estados Unidos. Este viernes, el presidente de Colombia negó tener vínculos con el narcotráfico luego de que circularan reportes periodísticos sobre posibles investigaciones en oficinas federales de EE.UU. por presuntas reuniones con criminales y eventuales donaciones a su campaña presidencial. La reacción no quedó solo en una defensa personal: la Embajada de Colombia en Washington se alineó con el mandatario, descalificó la publicación por estar “basado en fuentes anónimas y falto de hallazgos” y remarcó que no recibió ninguna notificación formal de autoridad competente. El dato central, por ahora, no es una imputación ni una actuación judicial confirmada, sino la irrupción de una sospecha en un momento de recomposición bilateral. Y ahí aparece la tensión de fondo: si se trata de un episodio mediático con derivación incierta o de un elemento capaz de volver a desordenar una relación que recién empezaba a salir del conflicto.

Una denuncia sin notificación formal, pero con impacto político inmediato

La secuencia se activó a partir de reportes de medios que retomaron un artículo de The New York Times, según el cual al menos dos oficinas de fiscales federales de Estados Unidos estaban investigando posibles vínculos de Petro con el narcotráfico. El foco, siempre según esa publicación citada en el texto base, estaría puesto en reuniones con criminales y en aportes a su campaña presidencial.

Petro eligió contestar en su cuenta de X y lo hizo con un mensaje que buscó desactivar tanto la sospecha judicial como la narrativa política que podría desprenderse de ella. “En Colombia no existe una sola investigación sobre relación mia con narcotraficantes”, escribió, y atribuyó esa situación a una razón tajante: “nunca en mi vida he hablado con un narcotraficante”. No se limitó a negar. También intentó invertir el sentido de la acusación al recordar que dedicó diez años de su vida a denunciar vínculos entre narcotraficantes y dirigentes políticos, gobiernos locales y nacionales, en lo que definió como una etapa de “gobernanza paramilitar”.

La Embajada de Colombia en Estados Unidos reforzó esa línea. Sostuvo que ninguna autoridad competente de EE.UU. emitió determinación o notificación formal alguna ni confirmó las afirmaciones del reporte. Además, afirmó que las insinuaciones carecen de “fundamento jurídico y fáctico”. En términos institucionales, esa intervención buscó algo más que respaldar al Presidente: intentó fijar la posición oficial del Estado colombiano ante un episodio que, de escalar, puede salirse del terreno mediático y convertirse en un problema diplomático.

La defensa del Gobierno apunta a preservar el canal político con Trump

La reacción del gobierno colombiano no ocurre en el vacío. Llega cuando Bogotá y Washington venían ensayando un acercamiento luego de meses de confrontación. Ese dato modifica la lectura del episodio. No se trata solo de una denuncia sensible sobre el Presidente de Colombia, sino de una perturbación en un vínculo bilateral que el propio Petro venía intentando recomponer con Donald Trump.

Según el texto base, la semana pasada ambos mandatarios mantuvieron una llamada telefónica de casi media hora, la segunda desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025. La conversación giró sobre cooperación energética, lucha contra el narcotráfico y la situación en Venezuela. Esa agenda no es neutra. Muestra que la relación estaba siendo reconstruida sobre temas de alta densidad geopolítica y de seguridad, precisamente aquellos que podrían quedar más expuestos si prosperaran sospechas en torno al Presidente colombiano.

El acercamiento ya había tenido hitos previos. Tras meses de insultos públicos, amenazas de sanciones, fricciones diplomáticas y el fin de la ayuda financiera a Colombia, Trump y Petro hablaron por primera vez el 7 de enero. Ese contacto abrió un canal directo y, casi un mes después, el 3 de febrero, ambos se reunieron en Washington en un encuentro que definieron como “muy buena” y con “aire optimista”.

Ese contexto vuelve especialmente sensible la aparición de versiones sobre investigaciones federales. Porque la novedad no golpea en una etapa de ruptura abierta, donde todo ya estaba roto, sino en una fase de reconstrucción donde todavía no hay demasiados márgenes de confianza acumulada.

El antecedente de las acusaciones de Trump vuelve a cargar de sentido el episodio

Hay otro elemento que explica por qué la reacción fue tan rápida. Trump ya había calificado a Petro como un “líder narcotraficante”, algo que el mandatario colombiano negó repetidamente. Esa acusación no quedó en el terreno de una frase suelta: formó parte de un período de deterioro bilateral con consecuencias concretas en la relación entre ambos gobiernos.

Por eso, aun cuando la Embajada remarca que no existe notificación formal y que el reporte se sostiene en fuentes anónimas, el episodio no puede leerse como una simple controversia de prensa. Tiene un peso político acumulado. Reactiva una línea de ataque que ya había sido usada en el pasado reciente y que puede volver a tensionar la interlocución entre Bogotá y Washington.

Además, el texto base ubica otro antecedente de alto voltaje en el tablero regional: la operación militar estadounidense en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de narcoterrorismo, narcotráfico y manejo de armas. Maduro niega esos cargos y espera una nueva audiencia judicial en Nueva York la próxima semana. Aunque se trata de un caso distinto, su sola mención en la cronología del acercamiento entre Petro y Trump muestra que la agenda regional de Estados Unidos combina diplomacia, seguridad y expedientes judiciales. En ese marco, cualquier insinuación sobre un líder regional vinculada al narcotráfico adquiere una densidad mayor.

Más que un problema judicial, un riesgo de desgaste político e institucional

Con los datos disponibles, no hay imputación, ni notificación formal, ni confirmación oficial de una investigación. Pero eso no elimina el impacto político. En escenarios de alta polarización, muchas veces el costo no empieza con una resolución judicial sino con la instalación de una sospecha. Y el texto base deja claro que el Gobierno colombiano intenta evitar precisamente eso: que una versión sin validación institucional se convierta en una herramienta de desgaste permanente.

Petro eligió defenderse desde dos planos. Uno personal, al negar cualquier contacto con narcotraficantes. Otro histórico-político, al reivindicar su trayectoria de denuncias contra los vínculos entre crimen y política. La Embajada, en cambio, habló en lenguaje diplomático y jurídico, con el objetivo de marcar ausencia de actos formales y cuestionar la consistencia del reporte. Esa división de roles sugiere una estrategia coordinada: contener el daño interno y, al mismo tiempo, impedir que la cuestión escale en el frente bilateral.

El punto delicado es que, aunque la desmentida oficial logre frenar la narrativa en lo inmediato, la mera circulación del tema ya introduce ruido en una agenda compartida con Washington donde el combate al narcotráfico ocupa un lugar central. Ahí aparece la principal paradoja política del caso: Petro niega cualquier vínculo y su gobierno subraya que no existe notificación alguna, pero el episodio lo obliga a defenderse justamente en el terreno donde buscaba mostrar cooperación con Estados Unidos.

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La OTAN enfría la tensión por Groenlandia con diplomacia silenciosa y refuerza el eje Ártico-Atlántico

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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, confirmó que la Alianza trabaja “entre bastidores” para rebajar la tensión con Estados Unidos en torno a Groenlandia, a través de una “diplomacia reflexiva” y sin declaraciones públicas. La definición, formulada este miércoles en el Foro Económico Mundial de Davos, busca contener un foco de fricción entre aliados en un momento de máxima sensibilidad geopolítica, mientras la organización redobla su mensaje sobre la centralidad del Ártico, el Atlántico y Europa para la seguridad estadounidense y refuerza el compromiso con el gasto en defensa.

Rutte evitó pronunciarse de manera directa sobre Groenlandia y subrayó que “la única forma de abordar esta cuestión es mediante una diplomacia reflexiva”, una estrategia que, explicó, requiere discreción para preservar la capacidad de mediación. “No voy a comentar eso (Groenlandia)”, insistió, al recordar antecedentes de tensiones internas entre aliados —como las registradas entre Grecia y Turquía— en las que la conducción de la OTAN optó por no intervenir públicamente.

Diplomacia “entre bastidores” y control de daños entre aliados

El jefe de la Alianza Atlántica fue explícito respecto de los límites de su rol en el plano público: “Eso es imposible. ¿Por qué es imposible? Porque en cuanto lo haga, ya no podré ayudar de alguna manera (…) a otros líderes a rebajar la tensión”, afirmó. Y reforzó la idea: “Pueden estar seguros de que estoy trabajando en este tema entre bastidores, pero no puedo hacerlo en público”.

La postura quedó en evidencia luego de que el presidente de Estados Unidos publicara una captura de pantalla de un intercambio privado con Rutte, en el que el secretario general expresó su disposición a encontrar una salida consensuada: “Estoy deseando verte. Tuyo, Mark”, se lee en el mensaje difundido por Donald Trump. En paralelo, Rutte insistió en que el diferendo debe resolverse “de forma amistosa” y advirtió que “no es el problema principal”, en referencia a la guerra en Ucrania, por lo que manifestó su preocupación por un eventual desvío de la atención estratégica.

Groenlandia, el Ártico y la seguridad de Estados Unidos

Sin ingresar en definiciones políticas, Rutte encuadró el debate en términos de arquitectura de seguridad. Remarcó que la OTAN es “crucial” no solo para la defensa de Europa, sino también para la defensa de Estados Unidos, y sintetizó el enfoque geoestratégico de la Alianza: “Para que EE.UU. permanezca seguro, se necesita un Ártico seguro, un Atlántico seguro y una Europa segura”.

La referencia al Ártico coloca a Groenlandia en el centro de un tablero más amplio, donde la estabilidad regional y la coordinación entre aliados resultan claves para el control de rutas, la disuasión y la proyección defensiva. En ese marco, la diplomacia silenciosa aparece como un instrumento de gestión de riesgos para evitar escaladas innecesarias entre socios estratégicos.

Gasto en defensa, artículo 5 y presencia militar en Europa

En Davos, Rutte también abordó el debate sobre el gasto en defensa y el compromiso colectivo. Aseguró no tener “ninguna duda” de que, si se invoca el artículo 5 del Tratado de Washington sobre defensa mutua, Estados Unidos acudiría al rescate, al igual que el resto de los aliados, y subrayó que todos están “completamente integrados”.

El secretario general destacó un cambio de tendencia atribuido al actual contexto político: señaló que ocho grandes economías europeas —entre ellas España, Italia y Bélgica— y Canadá alcanzarán en 2025 el 2 % del PIB en gasto en defensa, cuando a principios de año estaban en torno al 1,5 %. “Ahora no soy muy popular entre ustedes porque defiendo a Donald Trump, pero realmente creo que pueden alegrarse de que él esté ahí, porque nos ha obligado a los europeos a dar un paso al frente”, sostuvo ante la audiencia.

Rutte añadió que Estados Unidos mantiene más de 80.000 soldados en Europa, pese a orientar crecientemente su defensa hacia Asia, y consideró “lógico” que Washington espere un mayor esfuerzo europeo. “Seguiremos teniendo una fuerte presencia convencional de EE. UU. en Europa también en el futuro. Y, por supuesto, el paraguas nuclear como nuestro máximo garante”, concluyó.

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“Preocupa el incremento del antisemitismo en Europa y Latinoamérica”

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Afirmó la embajadora de Israel en Uruguay Michal Hershkovitz al sostener que muchos gobiernos auspician este aumento del antisemitismo. En otro orden aseguró que ningún país puede confiar en acuerdos con grupos terroristas.

La Diplomática recibió a MDZ, Economis y Urbana Radio Eldorado 104.5 en sus oficinas de la ciudad de Montevideo.
Por Alejandro Fabián Spivak

-¿Cree que el acuerdo con Hamas está trastabillando?

-Tuvimos un avance muy importante al firmar el acuerdo que es solamente el primer paso; pero este primer paso no terminó porque Hamas no cumplió, ya que no regreso los cueros de todos los rehenes. Hasta este momento hay 6 cuerpos en Gaza. Israel ya hizo su parte, Hamás tiene que cumplir también. Entonces estamos en un tiempo muy delicado, pero tengo la esperanza que podamos avanzar.

-¿Se puede confiar en un acuerdo de paz con un grupo terrorista?

-Con los terroristas no tenemos confianza. Creo que ningún confía en los terroristas. Tenemos confianza con los países involucrados en el acuerdo porque son ellos los que garantizan el acuerdo.

-Entre esos países está Qatar que destina 4.000 millones de dólares anuales a las universidades de Estados Unidos para que apoyen a grupos palestinos Palestina. ¿se puede confiar en Qatar, por ejemplo?

La gente tiene que decidir si está del lado de los terroristas o del lado de Israel.

-Israel tuvo que pagar muy caro el precio del ataque de terroristas del 7 de octubre. Mientras Hamás liberó rehenes, Israel debió liberar terroristas. Casi 2000, ¿cuál es su opinión?

– Tuvimos que liberar muchos terroristas con sangre en sus manos. Varios condenados a cadenas perpetuas porque son responsables del asesinato de muchos israelíes. El precio fue muy alto, pero lo más importante fue recibir a los rehenes israelíes pagamos un precio alto pero el valor de la vida es más importante. Tenemos experiencia de acuerdos anteriores que los terroristas que fueron liberados de las cárceles en Israel volvieron a hacer actos terroristas. El alma de terrorista lo tienen por más que salgan. El que empieza como terrorista, termina como terroristas. Además, están bajo el régimen de pagar para asesinar; porque los terroristas de Hamas reciben un sueldo por sus acciones, si comparamos como vive una persona en Gaza, sin trabajo, con sus hijos en la casa sin algo para darles a comer, sin seguridad económica y tienen la posibilidad de ser asesinos y recibir plata cada mes y sí mueren su familia van a recibir más plata, entonces es una inversión que para los palestinos vale la pena hacer terrorismo

-¿Puede producirse otro 7 de octubre?

-Sí teóricamente sí Hamás se queda con el liderazgo de Gaza. Si Hamás va a rearmarse ¿por qué no?, tuvimos con Hamás anteriormente ciclos de violencia, después se tranquilizaron y luego se re armaron. Con el apoyo de Irán podrían hacer otro 7 de octubre. Israel hará todo lo que necesite para evitarlo.

-¿Cómo analiza la posición de Egipto, Turquía e Indonesia? Este último país cuenta con el mayor número de residentes musulmanes del mundo,

Los tres países tienen diferentes posiciones; diferentes maneras de involucrarse en este proceso. Con Egipto tenemos una paz duradera, continuamos con los vínculos muy cercanos, tenemos vínculos también en economía, turismo, entonces tenemos vínculos muy importantes. Egipto quiere paz y estabilidad en la región exactamente como Israel. La situación con Turquía es diferente, teníamos relaciones muy cercanas, teníamos paz con ellos desde casi el nacimiento de Israel, en los últimos años con el liderazgo que tienen las relaciones se detuvieron; se deterioraron, la posición hoy de Israel para el involucramiento de Turquía es claro y no vamos a ver fuerzas turcas en Gaza. Para poner fuerzas en Gaza los países deben tener un acercamiento equilibrado. Con Indonesia no tenemos relaciones, pero sí tenemos vínculos y mucha esperanza que podamos avanzar. Sí hablamos de lo que pasó en Medio Oriente en los últimos años podemos ver el avance de la paz con los acuerdos de Abraham (Los acuerdos de Abraham son un conjunto de acuerdos de normalización de relaciones diplomáticas y pacíficas entre Israel y varios países árabes, firmados en 2020, con la mediación de Estados Unidos. Estos acuerdos incluyeron la normalización de relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Marruecos, con la participación de Sudán. Los acuerdos se basan en el entendimiento mutuo, la coexistencia, la dignidad humana y la libertad religiosa), aunque su implementación ha sido cuestionada en el contexto de conflictos recientes, estábamos a punto de continuar con esta con estos acuerdos y el 7 de octubre del 2023 se paró este camino y ahora con el plan americano tenemos la esperanza que podamos volver al camino de paz e Indonesia es uno de las oportunidades, no la única

-¿Hay alguna opinión respecto a la división entre musulmanes, chiitas y sunitas de parte de la embajadora?

– La división entre sunitas y chiitas es algo muy grande, podemos hablar horas, pero desde el punto de vista israelí es difícil dividir acciones, oportunidades, amenazas por el tema de religión, porque, reitero, sí trato de verlo desde el punto de vista israelí tenemos paz con países como Egipto, Jordania, los Emiratos con los sunitas y por ejemplo Azerbaiyán, un país chiita, uno de los amigos más cercanos que tenemos en Asia, también tenemos en el mundo amenazas de parte sunita y parte chiita, de Hamas, Hezbolá e Isis. Creo que no es un tema de religión sino de liderazgo. Con Irán tuvimos paz hasta hace 40 años. Tuvimos muy buenas relaciones con el pueblo iraní, con el régimen anterior y tenemos hasta este momento mucha influencia de cultura iraní en Israel. Hoy Irán es el enemigo número uno. Entonces no es cuestión de religión de Sunitas o chiitas

-Existe un incremento del antisemitismo en Europa inclusive auspiciado por algunos gobiernos, ¿Coincide?

Sí y aumenta; en septiembre, por ejemplo, dos judíos fueron asesinados en la sinagoga en Manchester, hay muchos actos de antisemitismo. El nivel de antisemitismo es muy alto. Hay discursos de odio y de demonización contra Israel y esto lleva al antisemitismo.

-Está comprobado que la frontera seca entre Uruguay y Brasil más precisamente en la ciudad de Chuí hay un aumento de la de la población musulmana, que al igual que en la triple frontera, estarían auspiciando a grupos terroristas. ¿Usted tiene información?

– Hay información abierta, hay artículos periodísticos que hablan de la influencia del grupo terrorista como Hezbolá en América Latina con presencia en el Triple frontera (Argentina, Brasil, Paraguay); en (la ciudad uruguaya) de Chuy (frontera ceca con la ciudad brasileña de Chuí). Todos sabemos que el Hezbolá es culpable por los actos terroristas en Argentina, entre otros. Hay mucha información respecto a que recientemente operadores de Hezbolá actuaron en diferentes países de la región.

-Así como en Europa hay un avance antisemita, ¿hay para usted un avance antisemita en América Latina?

Es un hecho también, hay diferentes reportes que muestran el aumento del antisemitismo, especialmente en las redes sociales, hay recientemente un reporte del World Jewish Organization que habla del aumento profundo del antisemitismo en los países de América Latina, es muy lamentable y es un desafío que tenemos que confrontar especialmente los gobiernos de la región.
Vuelvo al 7 de octubre. ¿Cómo analiza las actuaciones de la Cruz Roja, la ONU, la UNICEF? que tuvieron mucho silencio.

Sí, tuvieron mucho silencio, y alta voz contra Israel y hablo especialmente de la ONU. Es preocupante ver como una organización que debe ser equilibrada toma declaraciones y acciones no equilibradas. Hay un montón de ejemplos, como cuando vimos las imágenes del rehén David cavando su propia fosa, el jefe de la ONU quedó en silencio. Cuando se muestra a Hamas ejecutando a la gente en sus casas y la ONU se queda silencio es una posición muy preocupante que produce desafortunadamente mucha influencia a diferentes países porque en muchos aspectos la ONU es una organización muy respetuosa, pero con el tema de Israel no es tan así y la influencia es devastadora.

-El presidente de Uruguay Yamandú Orsi plantea: Dos pueblos, dos Estado. ¿Cuál es su opinión?

Esta posición de dos pueblos no es respaldada por el gobierno actual de Israel. Entonces, por ahora no está sobre la mesa.

-¿Cómo ve los próximos meses en Israel? la recuperación de los secuestrados, de las familias de las personas asesinadas…

-Hoy hay en Israel mucha más esperanza que antes. Cuando vimos a los rehenes con vida regresar a Israel fue el momento que no se puede describir. Los rehenes que están en Israel pueden empezar a recuperarse, a respirar y con ellos todo el pueblo. Estamos esperando el regreso de los 6 cuerpos de los rehenes que quedaron en Gaza y cuando ellos regresen podremos empezar a curar las heridas y reconstruir la vida porque el 7 de octubre de 2023 perdimos la sensación de seguridad en Israel y tuvimos parte de nuestro corazón en Gaza y podemos ver como este corazón regresa poco a poco. La sensación de seguridad también tiene que ser completa. Estará completa cuando veamos a Hamás sin armas y no en el liderazgo de Gaza, pero estamos en camino.

-Sin olvido ni perdón…

Sin olvidar por supuesto que sí, nunca podremos olvidar y no vamos a perdonar a los terroristas, tenemos que tener la posibilidad de esperanza, las ganas de construir un camino nuevo y de hacer acuerdos de paz en la región, tenemos que hacerlo con los palestinos, entonces tenemos que tener la dosis de compasión para que podemos avanzar por un futuro mejor en toda la región

-Un mensaje final …

Yo hablo mucho con los judíos en Uruguay. Personalmente empiezo este año con más esperanza (el pueblo judío inició en septiembre el año 5786). Somos un pueblo fuerte. Tenemos miles de años de continuación. Hemos sufrido tanto durante la historia. Estos dos últimos años fueron horribles para todos nosotros, pero tengo la sensación que ahora podremos ver la luz, el fin del túnel. Tengo la aspiración de un futuro diferente y mejor.

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