dólar $1.500

El dólar superó los $1.500 y el mercado mira ahora las tasas y la actividad

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El dólar mayorista cerró este lunes en $1.510 y superó por primera vez la barrera de los $1.500, en una jornada que dejó una señal relevante para el mercado: el Gobierno permitió una mayor corrección del tipo de cambio, aunque hacia el final de la rueda apareció intervención oficial para contener la cotización. El movimiento volvió a colocar en el centro de la escena la relación entre dólar, tasas de interés y actividad económica.

La suba fue de $11 respecto del cierre previo, equivalente a 0,7%, y representó el avance diario más importante para un lunes en varias semanas. El dólar oficial en el Banco Nación terminó en $1.480 para la compra y $1.530 para la venta, mientras que el blue cerró en $1.545 y $1.565, respectivamente. El MEP se ubicó en $1.539,70 para la venta y el contado con liquidación llegó a $1.600,40.

El dato central, sin embargo, no estuvo únicamente en el nuevo precio del dólar. Los operadores observaron desde el comienzo de la rueda una menor presencia oficial en el mercado de futuros, una señal que fue interpretada como un relajamiento de la estrategia utilizada durante las semanas anteriores para evitar que el tipo de cambio perforara el techo informal de $1.500.

Gabriel Caamaño, de Outlier, señaló que por primera vez desde el martes anterior la variación diaria del interés abierto en futuros de dólar Rofex resultó negativa, con una reducción de 34.782 contratos. La lectura del mercado fue que el Banco Central habría reducido su participación mediante este mecanismo.

La intervención, de todos modos, no desapareció. Según reportes citados por el mercado, la presencia oficial se hizo visible hacia el cierre para defender el nivel de $1.510. PPI, además, observó un fuerte incremento en la negociación de la letra dólar linked más corta, que movilizó US$168 millones, frente a los US$77 millones del viernes, lo que podría indicar participación del Banco Central en el mercado secundario de estos instrumentos.

El cambio de estrategia adquiere relevancia porque durante las últimas semanas el Gobierno había utilizado distintas herramientas para moderar la presión cambiaria. A las operaciones en futuros y dólar linked se sumaron intervenciones puntuales del Tesoro y una política de tasas que buscó absorber liquidez y contener la demanda de dólares.

Ahora aparece una tensión diferente. Una tasa elevada puede contribuir a sostener la estabilidad financiera y cambiaria, pero también encarece el crédito, dificulta la refinanciación de empresas y familias y puede retrasar la recuperación de sectores con menor capacidad de acceso al financiamiento.

Por eso, el mercado empieza a observar el movimiento del dólar no solo como una cuestión cambiaria sino como parte de una ecuación más amplia. Gustavo Ber planteó que una estabilización de las tasas en pesos resulta necesaria para que la economía pueda recuperar dinamismo. En esa lectura, una menor presión para sostener artificialmente el dólar en $1.500 podría abrir margen para una relajación de los rendimientos financieros.

El costo de defender ese nivel cambiario ya había sido advertido por la consultora 1816. La discusión pasa ahora por determinar cuánto puede desplazarse el tipo de cambio sin trasladar presión significativa a precios y expectativas, y cuánto espacio existe para reducir las tasas sin reactivar una demanda de dólares que vuelva a tensionar el mercado.

El calendario financiero agrega otro elemento. Esta semana vence la D31G6 por US$2.595 millones, el mayor vencimiento de este tipo durante la gestión de Javier Milei, por encima de los US$2.247 millones correspondientes al vencimiento de julio. PPI recordó que, ante el vencimiento anterior, el Banco Central no compró dólares y el Tesoro llegó a vender US$150 millones para mantener el tipo de cambio por debajo de $1.500.

La señal que deja la rueda es, entonces, más compleja que un simple salto del dólar. El Gobierno parece haber tolerado un movimiento alcista acotado, mientras conserva herramientas para intervenir si la cotización amenaza con desbordarse. En paralelo, el mercado empieza a descontar que una menor presión sobre el tipo de cambio podría permitir una reducción de las tasas.

Ese eventual cambio sería relevante para la economía real. La construcción, entre otros sectores que enfrentaron mayores dificultades durante esta etapa, podría beneficiarse de condiciones financieras menos restrictivas. También podrían mejorar las posibilidades de refinanciación para empresas y hogares, siempre que la reducción de tasas no vuelva a alimentar una presión cambiaria que obligue a revertir la estrategia.

La jornada dejó así un nuevo precio de referencia, pero sobre todo una pregunta de política económica: cuánto puede dejar correr el Gobierno al dólar para aliviar las tasas sin perder el control sobre las expectativas cambiarias. La respuesta tendrá impacto directo sobre el crédito, la inversión y la velocidad de recuperación de la actividad.

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