dólar agosto 2026

El BCRA compró US$80 millones, el mayor monto de agosto, pero las reservas brutas cayeron US$50 millones

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El Banco Central (BCRA) cerró la semana con una señal que sintetiza las tensiones del actual esquema cambiario: aceleró fuertemente su intervención compradora en el mercado oficial, pero las reservas internacionales brutas terminaron la jornada con una baja de US$50 millones. La autoridad monetaria adquirió US$80 millones este viernes, el mayor monto diario de agosto, aunque el stock bruto descendió hasta US$49.496 millones.

La compra se produjo en una rueda con US$557 millones operados, por lo que la intervención oficial representó cerca del 14% del volumen negociado. La magnitud de la operación marcó un salto respecto de las jornadas anteriores y mostró una presencia más activa del Central en una plaza en la que durante agosto la capacidad de absorción de divisas venía siendo sensiblemente menor a la observada en los meses previos.

Con la operación del viernes, el saldo comprador de agosto alcanzó los US$329 millones, mientras que las compras acumuladas durante 2026 llegaron a US$13.656 millones. En la semana, el BCRA incorporó US$218 millones. Sin embargo, el promedio diario de compras de agosto se mantiene en torno de los US$33 millones, muy por debajo de los US$103 millones de julio, los US$68 millones de junio y los US$137 millones de mayo.

La lectura, por lo tanto, tiene dos velocidades. El Central continúa comprando dólares y acumula un volumen significativo desde el inicio del año, pero lo hace a un ritmo inferior al de los meses anteriores. El dato es particularmente relevante dentro del esquema de bandas cambiarias, donde la capacidad de acumular reservas constituye uno de los indicadores centrales para evaluar la fortaleza del régimen.

Un superávit comercial que encuentra un límite en la demanda privada

El margen para comprar divisas proviene, en buena medida, del excedente generado por el sector externo. El último balance cambiario del BCRA, correspondiente a junio, mostró un superávit de cuenta corriente de US$857 millones, impulsado por exportaciones de bienes por un récord de US$9.438 millones.

Pero el flujo comercial no se transforma íntegramente en reservas. En el mismo período, las personas humanas adquirieron US$2.821 millones netos, una demanda que absorbe parte importante de las divisas disponibles y limita la velocidad con la que el Central puede incrementar sus tenencias.

En ese contexto, la política cambiaria parece buscar un equilibrio delicado: comprar divisas sin generar una presión adicional sobre el tipo de cambio que pueda interrumpir el proceso de desinflación. A la intervención directa en el mercado oficial se suman herramientas de cobertura mediante futuros y títulos ajustables por el tipo de cambio.

El oro amortiguó la caída de las reservas

La reducción de US$50 millones en las reservas brutas no respondió exclusivamente a movimientos de flujo. La valuación de los activos internacionales también tuvo incidencia y, en esta oportunidad, el comportamiento de algunos activos permitió amortiguar el impacto.

El oro avanzó 0,25%, movimiento que habría aportado cerca de US$50 millones al valor contable de las tenencias del Central. Al mismo tiempo, el dólar perdió valor frente a otras monedas a nivel global: el índice DXY retrocedió 0,31%, mientras el euro avanzó 0,34% y la libra esterlina ganó 0,36%.

La combinación permitió compensar parcialmente otros factores de valuación que venían presionando sobre el stock. Así, la compra de dólares del BCRA operó positivamente sobre el flujo, mientras que la valuación de las reservas tuvo un efecto menos adverso que en las jornadas precedentes.

La diferencia entre reservas brutas y netas vuelve a adquirir relevancia. Según estimaciones privadas citadas en el mercado, la recompra de Letras Intransferibles realizada a comienzos de la semana con dólares que el Tesoro había obtenido tras la cancelación de BOPREAL habría llevado las reservas netas a su mejor nivel desde septiembre de 2021.

Esto permite separar dos fenómenos que pueden moverse en direcciones diferentes: una caída diaria del stock bruto no necesariamente implica un deterioro equivalente de la posición financiera del Central. Para el mercado, la mejora de las reservas netas constituye una señal más significativa sobre la calidad del balance de la autoridad monetaria.

El dólar mayorista volvió a quedar debajo de $1.500

En el mercado cambiario, el dólar mayorista retrocedió 0,30% y cerró en $1.487,50 para la venta. La cotización volvió a ubicarse por debajo de los $1.500 en una jornada de menor volumen, en la que la oferta volvió a marcar el ritmo de la plaza.

El tipo de cambio oficial A3500 terminó en $1.512,59, mientras que el techo de la banda se ubicó en $1.879,97. La distancia entre ambos valores alcanzó el 24,29%, dejando un margen todavía considerable antes de alcanzar el límite superior del esquema.

Los dólares financieros, en cambio, tuvieron una evolución heterogénea. El MEP cayó 0,40% hasta $1.514,78, mientras que el contado con liquidación subió 0,32% hasta $1.585,42. El blue avanzó 0,65% y terminó en $1.545.

Con esos valores, la brecha entre el blue y el tipo de cambio oficial se amplió al 3,87%, mientras que el diferencial del contado con liquidación se ubicó en 4,66%. La dispersión sigue siendo acotada en términos históricos, aunque el comportamiento de las tasas mostró que el mercado comenzó a exigir una mayor compensación para permanecer posicionado en pesos.

La suba de tasas encarece la cobertura contra el dólar

El movimiento más significativo de la jornada apareció en el mercado de dinero. La TAMAR saltó hasta 24,19%, desde 23,19%, mientras que la BADLAR avanzó hasta 22,56%, frente al 21% previo.

La suba de las tasas es consistente con una estrategia orientada a sostener el atractivo de las posiciones en pesos y desalentar una dolarización inmediata de las carteras. Ese mecanismo también tuvo impacto en los futuros de dólar, que terminaron con bajas generalizadas.

Agosto cayó 0,20%, septiembre retrocedió 0,26% y los contratos correspondientes a 2027 también finalizaron en terreno negativo, con una variación general de 0,20%. La tasa implícita para agosto quedó en 1,74% mensual, equivalente a 20,88% anualizado, una señal de expectativas relativamente contenidas sobre la depreciación del peso.

El movimiento revela una tensión central del programa cambiario: el BCRA busca acumular reservas, pero al mismo tiempo procura evitar que esa estrategia genere una presión alcista sobre el dólar que termine trasladándose a los precios. Para ello, la tasa de interés se convierte nuevamente en una herramienta de regulación de los incentivos entre pesos y dólares.

Crédito en dólares: más oferta hoy, un riesgo potencial mañana

En paralelo, la habilitación de financiamiento en dólares para empresas que no sean necesariamente exportadoras agrega una variable nueva al mercado. La medida permite que las entidades financieras destinen hasta 15% de sus depósitos en moneda extranjera a estos nuevos créditos, bajo un esquema de requisitos prudenciales específicos.

El mecanismo puede ampliar la oferta de dólares en el mercado oficial si los préstamos son liquidados allí y, de esa manera, generar un flujo adicional que favorezca la acumulación de reservas. Pero el efecto depende de que exista demanda genuina de crédito y de que el comportamiento cambiario permanezca estable.

El riesgo aparece si el escenario se invierte. Mientras el dólar permanezca relativamente estable, una empresa puede encontrar conveniente endeudarse en moneda extranjera y utilizar los fondos para financiar capital de trabajo o inversiones. Ante un episodio de volatilidad, en cambio, la necesidad de comprar dólares para afrontar esos compromisos puede transformar ese flujo en una fuente adicional de demanda cambiaria.

Por eso, la ampliación del crédito en dólares puede funcionar como mecanismo de profundización financiera y, simultáneamente, exige una gestión prudente del riesgo de descalce de moneda. El desafío no está solamente en generar más crédito, sino en garantizar que el crecimiento de la intermediación no termine trasladando riesgo cambiario hacia empresas sin ingresos suficientes en dólares.

El desafío para el segundo semestre

El mercado llega así a una segunda mitad de agosto en la que convergen señales favorables y tensiones todavía abiertas. El BCRA acumula US$13.656 millones de compras en el año y las reservas netas habrían alcanzado su mejor posición desde 2021, pero el ritmo de adquisición mensual es menor al de julio y las tasas de interés volvieron a tensionarse.

El frente cambiario mantiene, por ahora, una dinámica relativamente controlada. El dólar mayorista permanece debajo de $1.500, la brecha continúa contenida y los futuros no reflejan un salto significativo en las expectativas de depreciación. Sin embargo, la suba del costo del dinero muestra que sostener esa estabilidad requiere una política monetaria más activa.

El escenario también está condicionado por las expectativas de inflación. El REM del BCRA proyecta una variación mensual de precios de 1,8% para agosto y un tipo de cambio oficial cercano a $1.652 hacia diciembre. La consistencia entre esas expectativas y la evolución efectiva del mercado será uno de los principales tests del esquema de bandas y acumulación de reservas.

La cuestión de fondo es si el Central puede sostener simultáneamente tres objetivos: comprar dólares, evitar una aceleración cambiaria y mantener el proceso de desinflación. La jornada del viernes mostró que todavía puede intervenir con fuerza cuando las condiciones de mercado lo permiten. La incógnita es cuánto margen tendrá para hacerlo de manera sostenida sin tensionar nuevamente las tasas ni trasladar presión al mercado cambiario.

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