Dólar hoy

El dólar aceleró su suba en junio: la mayor demanda impulsa el tipo de cambio

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El mercado cambiario cerró una nueva semana con una señal que comienza a consolidarse: el dólar retomó una trayectoria ascendente impulsada por una demanda más firme de empresas y ahorristas, en un contexto en el que el Gobierno busca sostener el nuevo esquema de flotación administrada sin resignar reservas ni alterar el programa económico.

Durante la última semana, el tipo de cambio mayorista avanzó 33 pesos, equivalente a un 2,3%, revirtiendo ampliamente la caída registrada en la semana previa. En lo que va de junio, la cotización oficial acumula un incremento de 53 pesos, un alza del 3,8% que, de mantenerse las proyecciones privadas de inflación por debajo del 2%, implicará un ajuste cambiario superior al aumento general de precios por primera vez en varios meses.

El viernes, pese al feriado en Estados Unidos que redujo el volumen operado, la presión compradora volvió a intensificarse. Con negocios por US$408,1 millones en el segmento contado —unos US$160 millones menos que el jueves— el dólar mayorista cerró en torno a los $1.461, tras subir diez pesos en la jornada.

El movimiento llevó al tipo de cambio a su nivel más elevado desde el 12 de enero, cuando había alcanzado los $1.467,50. Además, volvió a ubicarse por encima del valor con el que había finalizado 2025, una referencia que el mercado sigue observando para medir el ritmo de corrección cambiaria.

Un dólar que comienza a recuperar terreno

La aceleración del dólar aparece luego de varios meses de apreciación cambiaria que habían fortalecido el peso en términos reales. Ahora, el escenario parece modificarse lentamente.

En el segmento minorista, el dólar del Banco Nación cerró en $1.480 para la venta, acumulando cuatro ruedas consecutivas de aumento. Durante junio avanzó 50 pesos, equivalente a un 3,5%.

En paralelo, el dólar blue retrocedió cinco pesos en la última rueda hasta los $1.480, aunque también registra una ganancia mensual del 3,5%, luego de haber alcanzado el jueves su valor más alto desde fines de enero.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia. El dólar MEP avanzó hasta los $1.480, mientras que el contado con liquidación permaneció cerca de los $1.509. En el mercado de futuros, todos los contratos operaron con subas de entre 0,4% y 0,9%, reflejando que los operadores continúan incorporando expectativas de un tipo de cambio más elevado para los próximos meses.

El Banco Central mantiene margen dentro del esquema de bandas

Uno de los factores que aporta tranquilidad al mercado es que, pese al avance del dólar, el precio continúa muy lejos del techo establecido por el Banco Central para el régimen de bandas cambiarias.

La autoridad monetaria informó que el límite superior del sistema se ubica en $1.790, por lo que el dólar mayorista todavía permanece unos 330 pesos por debajo de ese nivel, equivalente a una distancia del 22,6%.

Ese amplio margen le permite al Banco Central continuar interviniendo mediante compras en el mercado de contado sin poner en riesgo el funcionamiento del esquema cambiario vigente.

En ese marco, la entidad adquirió US$70 millones durante la última rueda, elevando las compras acumuladas del año hasta US$10.800 millones. Las reservas brutas alcanzaron los US$47.502 millones, aunque las reservas netas continúan en terreno negativo, estimadas en alrededor de US$400 millones.

El mercado espera ahora que el Gobierno anuncie en los próximos días un nuevo financiamiento internacional, ya sea mediante un préstamo con bancos privados o una colocación de deuda respaldada por garantías recientemente otorgadas por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). De concretarse esa operación, las reservas netas volverían a terreno positivo, fortaleciendo el frente financiero.

Cobertura empresaria y señales del mercado de deuda

La dinámica cambiaria también se reflejó en el reciente canje de deuda llevado adelante por el Tesoro Nacional.

La operación permitió reducir los vencimientos de fin de mes desde $20 billones hasta $16 billones. Sin embargo, uno de los datos que más llamó la atención de los analistas fue que el 89% de quienes ingresaron al canje eligieron bonos con vencimiento en julio de 2026.

Para Eric Ritondale, economista de PUENTE, este comportamiento confirma que buena parte de los inversores privados continúa privilegiando instrumentos que ofrecen cobertura frente al riesgo cambiario de corto plazo.

Según el analista, la composición del canje evidencia que la demanda corporativa mantiene un fuerte interés por preservar posiciones protegidas frente a posibles movimientos del tipo de cambio, tanto por razones financieras como por necesidades propias de la operatoria y la contabilidad empresarial.

El desafío del Gobierno

El movimiento del dólar durante junio abre un nuevo escenario para la estrategia económica del Gobierno.

Por un lado, una corrección moderada del tipo de cambio podría contribuir a aliviar parte del atraso cambiario que distintos sectores exportadores vienen señalando desde hace meses. Pero, al mismo tiempo, el Ejecutivo deberá evitar que esa recuperación se traslade rápidamente a precios y complique el proceso de desaceleración inflacionaria, uno de los principales activos políticos de la administración nacional.

La evolución de las próximas semanas dependerá de la capacidad oficial para recomponer reservas, sostener el ingreso de divisas y administrar una demanda de cobertura que comienza a mostrar mayor intensidad en un mercado que, lentamente, vuelve a incorporar expectativas de un dólar más alto.

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Riesgo país debajo de 500: el mercado apuesta a la estabilidad financiera

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La baja del riesgo país por debajo de los 500 puntos volvió a encender el optimismo financiero sobre la Argentina. El indicador de JP Morgan cerró en 494 unidades, su nivel más bajo en años, mientras las acciones y bonos argentinos extendieron la racha alcista tanto en Buenos Aires como en Wall Street. La mejora llega acompañada por un dato que el Gobierno considera central: las reservas del Banco Central superaron los USD 48.500 millones, el mayor nivel desde septiembre de 2019.

El movimiento tiene impacto político y económico. Para el mercado, el descenso del riesgo país implica una menor percepción de default y reabre expectativas de financiamiento externo para empresas y eventualmente para el propio Estado. Pero para Misiones y el NEA, la lectura es más compleja: el clima financiero mejora en Buenos Aires mientras el interior productivo sigue condicionado por el costo del crédito, la presión fiscal y un consumo todavía débil.

El mercado consolida el “trade Argentina”

La rueda dejó una postal que hace meses parecía improbable: activos argentinos desacoplándose parcialmente de la volatilidad regional y acompañando el rally de Wall Street.

El S&P Merval ganó 0,7%, hasta los 3.089.497 puntos, acumulando en mayo una suba cercana al 10% tanto en pesos como en dólares. En Nueva York, los ADR argentinos mostraron mayoría de alzas, con destaque para Banco Macro y Globant.

Los bonos soberanos en dólares también avanzaron, aunque con selectividad. El resultado alcanzó para que el riesgo país perforara nuevamente el umbral psicológico de los 500 puntos, una barrera que el mercado sigue utilizando como referencia de “normalización financiera”.

Detrás de esa mejora aparecen tres factores: fuerte compra de reservas del Banco Central; rollover positivo del Tesoro en la licitación de deuda; expectativa de desaceleración inflacionaria.

Luis Caputo alimentó ese escenario al anticipar que la inflación de mayo sería inferior a la de abril y al insistir en que el programa económico atraviesa una etapa de consolidación.

Reservas récord y dólar quieto: el ancla que observa el NEA

El Banco Central compró USD 447 millones en la jornada y acumula adquisiciones por casi USD 9.700 millones en 2026. Las reservas brutas alcanzaron USD 48.511 millones, un nivel que el mercado interpreta como señal de fortalecimiento del balance monetario.

En paralelo, el dólar mayorista cerró en $1.410, mientras que el minorista y el blue terminaron alineados en torno a los $1.430.

Para Misiones, la estabilidad cambiaria tiene una importancia estratégica distinta a la del centro financiero porteño. La provincia convive con una economía fronteriza altamente sensible al diferencial de precios con Brasil y Paraguay. Cuando el dólar se acelera, aparecen distorsiones comerciales inmediatas; cuando se estabiliza, el comercio local recupera algo de previsibilidad.

Sin embargo, el nuevo escenario también tiene un efecto dual: mejora la capacidad de planificación para importadores y comercios; pero encarece en dólares costos internos que afectan competitividad regional.

Sectores como madera, yerba, té y turismo siguen mirando con atención el tipo de cambio real. Un peso apreciado favorece la desaceleración inflacionaria, pero reduce márgenes exportadores en economías regionales que ya vienen operando con rentabilidad comprimida.

Bancos y energía lideran el apetito inversor

El rally volvió a concentrarse principalmente en acciones bancarias. Banco Macro encabezó las ganancias tanto en Buenos Aires como en Wall Street.

El dato no es casual. El mercado está anticipando un escenario donde: baja el riesgo soberano, cae la inflación, mejora el crédito, y se normaliza progresivamente el sistema financiero.

Ese movimiento tiene implicancias concretas para provincias como Misiones, donde el acceso al financiamiento productivo sigue siendo uno de los principales cuellos de botella.

Hoy muchas pymes forestales, yerbateras y comerciales continúan trabajando con tasas reales todavía elevadas, pese a la desaceleración inflacionaria. La mejora financiera nacional todavía no se traduce plenamente en crédito accesible para el interior productivo.

Wall Street ayuda, pero el petróleo sigue condicionando

El contexto internacional también colaboró. Wall Street cerró nuevamente en máximos históricos tras datos de inflación estadounidense levemente mejores a lo esperado.

El índice PCE —la medición favorita de la Reserva Federal— mostró un incremento mensual de 0,4%, moderando temores sobre nuevas subas agresivas de tasas.

Además, el mercado siguió de cerca las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. La posibilidad de avances diplomáticos redujo parcialmente la tensión sobre el petróleo: el Brent cayó 0,5%; mientras el WTI subió 0,3%.

Para Argentina, un petróleo más estable implica menor presión sobre costos energéticos y combustibles. Para Misiones, donde el transporte explica buena parte de la estructura de costos logísticos, cualquier moderación energética tiene impacto directo sobre precios y competitividad.

El dato silencioso: el Tesoro volvió a financiarse sin sobresaltos

Otro punto clave de la jornada fue la última licitación del Tesoro. El Gobierno consiguió un rollover del 114%, captando $12,6 billones frente a vencimientos por $11 billones. La señal fue leída positivamente porque reduce presión monetaria y evita expansión adicional de pesos.

La demanda se concentró principalmente en instrumentos de corto plazo y tasa fija, reflejando que el mercado empieza a extender duración, aunque todavía mantiene cautela sobre horizontes más largos.

El éxito financiero le da oxígeno político al Gobierno en momentos donde busca consolidar el proceso de desinflación antes de las elecciones legislativas.

El entusiasmo financiero convive con una economía real que todavía muestra heterogeneidad. En Misiones, el consumo continúa lejos de los niveles previos al ajuste de 2024. La recuperación aparece fragmentada: mejoran algunos segmentos vinculados a turismo y comercio fronterizo; persisten dificultades en industria y producción primaria; el crédito productivo aún no acompaña la baja del riesgo financiero.

El desafío para el Gobierno será transformar el “momentum” de mercado en mejora concreta de actividad y empleo fuera del AMBA.

Porque mientras el riesgo país perfora los 500 puntos y Wall Street vuelve a premiar activos argentinos, en el interior productivo todavía persiste una pregunta más terrenal: cuándo esa estabilidad financiera llegará efectivamente al bolsillo, al consumo y a la inversión regional.

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El dólar oficial rebota y el Banco Central acumula divisas en un mercado sostenido por el agro

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El dólar oficial retomó la senda alcista este lunes 4 de mayo y cerró a $1.425 para la venta en el Banco Nación, tras tres ruedas consecutivas en baja. El movimiento —un alza de 0,73%— se dio en la primera jornada hábil del mes y se apoyó en un contexto de fuerte ingreso de divisas que sostiene la estabilidad del mercado cambiario, con el Banco Central (BCRA) como actor central en la acumulación de reservas.

La dinámica no es neutra: el tipo de cambio vuelve a mostrar señales de piso mientras el esquema cambiario depende, en gran medida, de factores estacionales y financieros que podrían tensionarse en el segundo semestre.

Bandas cambiarias y acumulación de reservas

El comportamiento del dólar se inscribe en el actual régimen de bandas cambiarias, donde el tipo de cambio mayorista —que cerró en $1.402,5— se mantiene alejado del techo, hoy en $1.710,59. Esa distancia, cercana al 22%, refleja un margen operativo que el Gobierno utiliza para sostener estabilidad sin presionar sobre el límite superior.

En ese esquema, el BCRA sostiene una estrategia de compras sistemáticas en el mercado oficial. Solo en la jornada sumó u$s71 millones, llevando el acumulado anual a u$s7.222 millones. El dato no es menor: representa más del 70% de la meta anual de u$s10.000 millones acordada con el FMI, según lo informado.

La acumulación se apoya en una oferta robusta de divisas. En abril, el ingreso privado alcanzó los u$s10.297 millones —un 30% más que en marzo—, impulsado principalmente por el sector agroexportador. Este flujo permitió al Central absorber u$s2.769 millones en ese mes, equivalente al 27,9% del total operado.

El rebote del dólar oficial rompe una racha bajista y reacomoda expectativas en el corto plazo. En el segmento minorista, la cotización subió $15 hasta los $1.425 para la venta, mientras el promedio del sistema financiero se ubicó en $1.419,1.

En paralelo, el dólar blue avanzó a $1.405, el MEP se mantuvo en torno a $1.448,50 y el contado con liquidación operó cerca de $1.494,10. El dólar tarjeta, por su parte, se ubicó en $1.852,5.

En el mercado de futuros, los contratos registraron subas de hasta 0,7%, con estimaciones que ubican el tipo de cambio mayorista en torno a $1.631 hacia diciembre. Esa curva refleja expectativas de ajuste gradual dentro del esquema vigente.

El BCRA gana margen, pero depende del flujo

El principal actor fortalecido en esta etapa es el BCRA, que logra acumular reservas sin presionar el tipo de cambio. La combinación de alta liquidación del agro, emisiones de deuda corporativa y superávit energético configura un escenario favorable en el corto plazo.

Sin embargo, el equilibrio es condicionado. La estabilidad cambiaria descansa en factores que no son estructurales: el ingreso estacional de divisas y condiciones financieras que hoy resultan favorables. El propio mercado, según se desprende de los análisis privados, monitorea señales como las tasas reales negativas y la disyuntiva creciente entre inversiones en pesos o dolarización.

Estabilidad de corto plazo, incertidumbre futura

En términos concretos, la estabilidad del dólar contribuye a moderar expectativas inflacionarias y a sostener previsibilidad en precios y costos, al menos en el corto plazo. El volumen operado —superior a los u$s500 millones diarios— refuerza esa dinámica.

Las reservas brutas, en tanto, subieron u$s1.200 millones hasta los u$s45.683 millones. No obstante, las reservas netas cayeron a u$s1.491 millones por cuestiones contables vinculadas a compromisos futuros, lo que introduce un matiz relevante sobre la solidez real del balance del Central.

Para regiones como Misiones y el NEA, la estabilidad cambiaria tiene efectos indirectos pero concretos. Un dólar contenido tiende a ordenar el comercio fronterizo y reduce volatilidad en precios de bienes importados o transables.

Sin embargo, al no haber medidas específicas dirigidas a estas economías, el impacto depende de la continuidad del esquema macro. Cualquier cambio en la dinámica del tipo de cambio podría trasladarse rápidamente a mercados regionales sensibles a la brecha cambiaria.

El segundo semestre como punto crítico

El mercado observa una variable central: la sostenibilidad del flujo de divisas. El ingreso del agro podría extenderse hasta julio, pero históricamente el segundo semestre presenta menores liquidaciones y mayor presión cambiaria.

En ese contexto, el BCRA podría enfrentar la necesidad de intervenir vendiendo reservas para sostener el esquema. Las expectativas de devaluación, por ahora contenidas en los futuros, podrían reconfigurarse si el flujo de dólares se desacelera.

La calma actual tiene fundamentos claros. La incógnita es cuánto duran.

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El dólar encadena tres bajas y el Gobierno apuesta a consolidar la estabilidad cambiaria

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El dólar oficial cayó por tercera jornada consecutiva y cerró en $1.368, con una baja diaria de $9,50 (-0,7%), en un escenario que el Gobierno busca consolidar como señal de estabilización macroeconómica. La cotización minorista perforó los $1.400 en el Banco Nación —cerró en $1.390—, algo que no ocurría desde el 23 de febrero, mientras que la brecha con el techo de la banda superó el 20% por primera vez en nueve meses.

El movimiento no es menor. En un contexto donde la política económica intenta anclar expectativas, la baja del dólar se convierte en un dato político: refuerza el discurso oficial de control de variables clave, pero al mismo tiempo expone la dependencia de factores externos y financieros que todavía no terminan de consolidarse.

Estabilidad cambiaria: entre el flujo de divisas y la estrategia del Tesoro

La dinámica actual del mercado cambiario se apoya en un elemento central: la expectativa de un flujo sostenido de dólares en el corto plazo. En esa ecuación confluyen tres variables.

Por un lado, la recuperación del superávit energético, que comienza a revertir una de las fuentes históricas de presión sobre las reservas. Por otro, la inminente liquidación de la cosecha agrícola a partir del próximo mes, que suele reforzar la oferta de divisas en el segundo trimestre del año.

A esto se suma una tercera pata: el nivel de tasas en pesos, que incentiva la colocación en instrumentos del Tesoro a corto plazo. Este esquema no solo absorbe liquidez, sino que también actúa como un factor de contención sobre la demanda de dólares financieros.

En ese marco, los tipos de cambio alternativos se mantienen relativamente alineados: el dólar MEP opera en torno a $1.399,70, el contado con liquidación en $1.448,72 y el blue en $1.425. El dólar tarjeta, con el recargo del 30% deducible de Ganancias, se ubica en $1.807.

Impacto económico: alivio parcial y señales mixtas

La baja del dólar tiene efectos directos sobre la economía real, aunque con matices. En el corto plazo, contribuye a moderar expectativas inflacionarias, especialmente en bienes transables o vinculados a importaciones. También mejora el margen para sostener tasas en pesos sin generar presión inmediata sobre el tipo de cambio.

Sin embargo, el traslado al bolsillo no es automático. La estabilidad cambiaria convive con otros factores de presión, como costos regulados o dinámicas internas de precios. Además, el propio esquema que sostiene la calma —tasas elevadas y expectativa de ingreso de divisas— implica costos financieros que pueden impactar en la actividad.

En términos políticos, el Gobierno encuentra en este dato un respaldo para su estrategia, pero no necesariamente una validación definitiva. La estabilidad cambiaria es condición necesaria para la recuperación, pero no suficiente.

Un equilibrio en construcción

La caída del dólar por tres jornadas consecutivas marca un punto de inflexión táctico, pero no cierra el debate sobre la sostenibilidad del esquema. La clave estará en si el flujo de divisas se consolida más allá de factores estacionales y si el mercado mantiene la confianza en los instrumentos en pesos.

En las próximas semanas, el foco se trasladará a la magnitud de la liquidación agrícola y al comportamiento de las tasas. También a la capacidad del Gobierno para sostener este equilibrio sin generar nuevas tensiones.

Por ahora, el dólar baja y el mercado toma nota. Pero la pregunta sigue abierta: ¿es el inicio de una estabilidad estructural o apenas una ventana de calma en un proceso todavía en desarrollo?

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El dólar retrocede en el arranque de marzo y el BCRA sostiene la pulseada cambiaria con compras récord

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El dólar bajó en el mercado de cambios, la oferta se impuso en la primera rueda del mes, mientras el Banco Central consolida 39 jornadas consecutivas de intervención compradora. ¿Se afianza la estabilidad o es una tregua táctica?

Un inicio de mes con señal política

El dólar arrancó marzo con una baja que excede lo estrictamente financiero. En la primera rueda del mes, el tipo de cambio minorista cerró en $1.415 para la venta en el Banco Nación, cinco pesos por debajo del viernes, luego de haber tocado un máximo intradiario de $1.435. En el segmento mayorista, la divisa terminó en $1.395, con un retroceso marginal de dos pesos o 0,1%, pese a haber operado buena parte del día por encima de los $1.400.

El dato no es menor en el actual escenario económico: el Banco Central encadena 39 jornadas consecutivas de compras en el mercado de cambios y cerró su primer mes completo de 2026 con saldo positivo diario. En un contexto de tensiones externas vinculadas al conflicto en Oriente Medio y con proyecciones de inflación en revisión, la estabilidad cambiaria vuelve a funcionar como termómetro político. La pregunta es si el Gobierno consolida un ancla de expectativas o si apenas administra un equilibrio delicado.

Intervención sostenida y metas ambiciosas

La jornada mostró volatilidad, pero con bajo volumen: en el segmento de contado se negociaron USD 366,1 millones. Aun así, la oferta alcanzó para inclinar la balanza a la baja. El techo de la banda cambiaria fue fijado por el Banco Central en $1.611,54, lo que dejó al tipo de cambio oficial a $216,54 —o 15,6%— de ese límite.

Detrás de la dinámica diaria asoma una estrategia más amplia. El programa anunciado a mediados de diciembre proyecta una acumulación anual de reservas de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, con el objetivo de sanear el balance del Banco Central y facilitar la remonetización de la economía. En esa línea se inscriben las compras sostenidas y el canal de refinanciamiento al Tesoro vinculado a la demanda del Bonar 2027.

El propio Banco Central informó que en enero la demanda neta de moneda extranjera alcanzó USD 2.730 millones. De ese total, USD 2.203 millones correspondieron a compras netas realizadas por 1,6 millones de ahorristas individuales, una cifra cercana al récord de 1,8 millones de compradores registrado en septiembre pasado. El dato confirma que el frente cambiario no descansa solo en decisiones de política monetaria, sino también en el comportamiento social frente a la incertidumbre.

Correlación de fuerzas y señales al mercado

El retroceso del dólar —incluido el segmento informal, que cedió cinco pesos hasta $1.420 vendedor— refuerza momentáneamente la narrativa oficial de control sobre el mercado cambiario. La continuidad de compras por parte del Banco Central fortalece su posición institucional y mejora su capacidad de negociación frente a eventuales tensiones financieras.

Sin embargo, el equilibrio no depende solo de la intervención. El mercado ajustó al alza las proyecciones de inflación de febrero, anticipando un número similar al de enero, y observa de cerca la recaudación tributaria, el Relevamiento de Expectativas de Mercado y los indicadores de actividad de enero en sectores como industria y construcción. La estabilidad cambiaria necesita respaldo en el “mundo pesos” y en la economía real, donde todavía se identifican puntos de fragilidad.

La acumulación de reservas, en ese marco, no es solo una meta técnica. Incide sobre la gobernabilidad económica y condiciona la agenda de reformas estructurales que el Ejecutivo impulsa con la vista puesta en 2027, un año que se perfila como desafío político y financiero.

Un equilibrio en construcción

El inicio de marzo ofrece una foto de calma relativa: dólar contenido, compras oficiales sostenidas y metas explícitas de fortalecimiento del balance del Banco Central. Pero la estabilidad se apoya en varios pilares simultáneos: liquidez en pesos, tasas en proceso de normalización, disciplina fiscal y expectativas de inflación bajo control.

En las próximas semanas, el mercado pondrá a prueba si el tipo de cambio logra sostenerse con compras oficiales constantes y tasas más bajas. También se evaluará si la acumulación de reservas avanza al ritmo prometido o si la demanda privada vuelve a tensionar la plaza.

Por ahora, el Gobierno consigue que el dólar retroceda en el arranque de marzo. Si se trata de un punto de inflexión o de una pausa táctica dependerá de variables que todavía están en movimiento.

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