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En política económica, no todo es lo que parece

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Mientras el presidente Mauricio Macri firmaba en Pekín un amplio acuerdo para desarrollos energéticos y ferroviarios en el país, bajo financiamiento y gerenciamiento de China, en Buenos Aires, casi al mismo tiempo, el Banco Central decidía subir nuevamente las tasas de interés, tratando de aplacar la marcha de la inflación. El contraste merece ser subrayado, porque mientras en infraestructura se avanza en un esquema en el que el “riesgo empresario” queda opacado por la injerencia estatal, en la lucha por la estabilización los instrumentos parecen encuadrarse en la más pura ortodoxia. Sin embargo, no conviene quedarse con la “primera impresión” porque, en muchos aspectos, la realidad avanza por caminos que no es fácil etiquetar.

Aquellos gobiernos que buscan atraer inversión privada en países como la Argentina, que recurrentemente ha violado contratos, se encuentran con que esa historia importa y forma parte de los cálculos de las empresas que evalúan hundir capital en el país. Por más que se prometa el cumplimiento a rajatabla de las nuevas reglas de juego, las compañías que deciden invertir fijan plazos mucho más cortos para recuperar los montos desembolsados en la Argentina que en países como Chile, Alemania o Australia. Por la mochila del pasado, los proyectos que se orientan a mercados poco supervisados por el Estado se definen por condiciones de entrada muy favorables, sea por la compra de activos baratos o por el peso devaluado, si es que no se trata de un “nicho” ultra competitivo. Y cuando se trata de actividades regladas por el sector público, entonces las empresas demandan tarifas elevadas para cubrir el llamado “riesgo regulatorio”: para construir autopistas que habrán de ser repagadas por el peaje, hay que estar muy seguros de que las condiciones iniciales del contrato no se habrán de modificar.

La Argentina ha construido así una notable paradoja, porque aquellos gobiernos que aspiren a una participación más intensa de la inversión privada, serán los que se enfrenten con mayor crudeza a la demanda de garantías por parte de las compañías, que algunas veces puede consistir en protección frente a la competencia, en otras de subsidios costosos, pasando por tarifas muy elevadas, si se trata de servicios públicos. Si se aceptan esas prebendas, entonces se estará dinamitando la competitividad del resto de los sectores.

Por estas razones, puede comprenderse que el gobierno haya concentrado medidas para facilitar el proceso de inversiones en sectores donde no existen riesgos de conceder beneficios monopólicos (caso de la agroindustria), o en la obra pública, en la que los “riesgos regulatorios” son acotados siempre y cuando la construcción esté separada del financiamiento y de los mecanismos de repago. También es de esperar que la normalización de las concesiones preexistentes se esté realizando contemplando la relación de fuerzas más equilibrada que existe entre el Estado e inversores que habían quedado rehenes del capital hundido, particularmente en distribución de gas y electricidad. Para las futuras interacciones público-privados, la consolidación de expectativas alrededor de la mantención de nuevas reglas de juego será clave para reducir la prima del “riesgo regulatorio”, de modo que esas potenciales nuevas inversiones no interfieran en el objetivo de lograr mejoras continuas de competitividad.

Es en este contexto en el que deben ser evaluados los acuerdos con China de la última semana. Por empezar, se trata de contratos firmados por el gobierno anterior, que no tenía fuentes alternativas de financiamiento, ni demasiado interés en la agenda de competitividad. Si bien no hay todavía suficientes detalles, cabe esperar que los funcionarios que renegociaron los contratos hayan buscado evitar que los proyectos financiados por China (centrales nucleares, represas patagónicas) resulten contradictorios con el objetivo de bajar el “costo argentino”.

La necesitad de contemplar los matices también vale para el caso de la política monetaria y la búsqueda de estabilidad. Es cierto que la meta de inflación, con un techo de 17 % para 2017, es demasiado exigente, y que el año pasado bien podría haberse fijado un límite de, por ejemplo, 21 %, dado los ajustes pendientes de tarifas y la inercia de servicios de salud, alquileres, salarios y jubilaciones. Pero una vez que la decisión fue tomada, al Banco Central no le quedaban opciones, ya que su credibilidad es clave para el futuro.

Fue por eso que, tras un par de malos datos, en abril el BCRA llevó la tasa de interés a 26,25 % anual para los pases y después acomodó hacia arriba la remuneración que pagan las Lebacs. Pero esa tasa “no es lo que parece”, ya que la inflación núcleo también se encuentra en el andarivel del 26 %, anualizando los últimos tres meses.

Los plazos fijos tampoco le ganan a la inflación, y esto podría explicar la suba de 9,5% interanual del primer cuatrimestre en la venta de autos usados, uno de los mercados más sensibles a la tasa real de interés.

Las cosas se ven distintas desde una pyme que enfrenta un 40 % de tasa por un descubierto, pero esto puede ser un problema de garantías. Para industrias y economías regionales, el panorama se agrava por un precio del dólar planchado. Pero esto obedece al elevadísimo déficit fiscal, que sólo puede ser financiado con endeudamiento externo.

Tampoco la suba del dólar sobre el cierre de la semana, superando los 16 pesos, está libre de contradicciones. Al ser un efecto del agravamiento de la crisis brasileña, conlleva el riesgo de un freno de las exportaciones al vecino del Mercosur y una mayor agresividad vendedora del otro lado de la frontera, tanto en productos industriales como agropecuarios. Es clave que este nuevo pico de incertidumbre brasileña se revierta rápidamente porque, de lo contrario, estaría tomando al proceso de recuperación de la economía argentina en un momento todavía delicado.

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En busca de US$ 27 MM

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Analytica. El principal problema económico argentino en los últimos 50 años es la “restricción externa”. La idea es bastante simple, si el conjunto de la economía exporta 100 dólares, y no ingresa ningún otro por financiamiento externo, entonces sólo se puede importar la diferencia entre esos 100 y los dólares que tengan que usarse para pagar deuda. Teniendo en cuenta que la producción local es muy dependiente de importaciones, si no suben las exportaciones, no podrá aumentar la producción.

Actualmente, el saldo entre exportaciones, importaciones y pagos netos de intereses es deficitario en 3 puntos del producto (alrededor de U$S 15 mil millones). Esa brecha se cubre con ingresos netos de capitales, fundamentalmente por emisiones de deuda en moneda dura del sector público. Si bien el stock de deuda todavía se encuentra en niveles bajos, el ritmo de endeudamiento en dólares es una de las variables clave a monitorear. En un contexto de crecimiento, con mayor demanda de importaciones e intereses de deuda, generar las divisas para crecer requerirá de un dinamismo exportador mayor que el registrado hasta el momento. Además, si tenemos en cuenta que el tipo de cambio no acompañará en los próximos años (ver Analytico #352) otros factores de competitividad están obligados a entrar en juego para que el crecimiento sea sostenible.

Como forma de testear la sostenibilidad planteamos el siguiente ejercicio de simulación: supongamos que la economía crece en torno a su producto potencial, en torno a 3% anual, con un tipo de cambio real y precios internacionales estables. Además, los requerimientos de importaciones se mantienen dentro del promedio histórico: cada punto de crecimiento de la actividad requiere de un alza de 3% de las importaciones, por lo que las compras al exterior treparán a un ritmo de 9% anual. Por último, supongamos que el gobierno cumple las metas en materia fiscal y el ratio de deuda externa/ producto se estabilizaría en  torno a 43% del PIB en 2019. En ese marco, para que la economía tenga capacidad de pago de los intereses que devenga esa deuda y la mayor demanda de importaciones producto del crecimiento, las exportaciones de bienes y servicios deberán saltar U$S 26,6 MM (37,7%), un nivel similar al alcanzado en 2011 (record histórico).

¿Cómo obtener alcanzar el salto exportador? La primera respuesta sería una mejora en la competitividad. Sin embargo, la dimensión cambiaria y fiscal de la misma se encuentran comprometidas debido a la estrategia macroeconómica del Gobierno. Las devaluaciones de 2014 y 2016 demuestran que las correcciones cambiarias suelen generar ganancias de competitividad transitorias y asociadas a episodios de elevada volatilidad, tanto nominal como real. Por lo tanto resulta una herramienta inapropiada para obtener la sostenibilidad externa. A su vez, la estrategia fiscal gradual hace inviable una agresiva quita de impuestos al comercio exterior como la que debería estar asociada a una corrección significativa del tipo de cambio real efectivo (después de impuestos).

¿Existen otras formas de mejorar la competitividad externa? El informe de Competitividad global que elabora el World Economic Forum registra 12 pilares sobre los cuales se construye la competitividad entre los que se destacan “Instituciones” y “Entorno Macroeconómico” cómo así también “Infraestructura” y “Eficiencia del Mercado de Trabajo”. La Argentina se posiciona 104 sobre 140 países relevados, cuando sus pares de la región se ubican en torno al 30 (Chile) u 50 (Méjico).

De los 12 pilares, la Argentina se encuentra muy rezagada contra sus pares en 6 dimensiones:

1) entorno macroeconómico,

2) Infraestructura,

3) calidad institucional,

4) actualización tecnológica,

5) desarrollo del sistema financiero

6) eficiencia en el mercado de bienes y

7) eficiencia en el mercado de trabajo.

Algunas de las principales políticas del gobierno apuntan a corregir este atraso relativo. Desde el Ministerio de Producción se ha avanzado con programas de reconversión productiva y de financiamiento que apuntan a mejorar la actualización tecnológica y lograr mayores grados de eficiencia en ramas de la producción rezagadas de la competencia internacional. Asimismo, los acuerdos sectoriales entre sindicatos, los representantes patronales y el Gobierno son la base para alinear incentivos y lograr crecimiento con equidad que mejore las condiciones de todas las partes.

Aunque con costos, el combate a la inflación reduce la volatilidad macroeconómica y la incertidumbre, dando lugar al desarrollo de un mercado financiero que canaliza el ahorro interno hacia la inversión a la vez que extiende el horizonte de planificación de las empresas y las familias.

En materia laboral, también hay avances aunque acotados, programas como el empalme y empleo joven dan incentivos a la contratación de mano de obra. Sin embargo, los niveles de litigiosidad laboral e impuestos al trabajo siguen siendo muy superiores a los de otros países de Sudamérica.

El principal obstáculo de la agenda de la competitividad está en los plazos, el sendero que se trazó el gobierno es el correcto pero el margen de maniobra es acotado. Corregir los retrasos en materia institucional, regulatoria y de infraestructura requiere de mucho tiempo. En el caso de la inflación de 4 años, pero en infraestructura al menos 8 por citar sólo un par de ejemplos.

El salto exportador necesita que el gobierno logre avances en materia de competitividad a una velocidad mayor. Si no se logra mejorar sustancialmente la eficiencia de la economía doméstica,  no se podrá sostener un ritmo de crecimiento que permita generar empleo y reducir la pobreza, la vara con que el gobierno pidió ser evaluado.

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Afirman que las condiciones financieras en Argentina son las mejores en una década

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Las condiciones financieras de la Argentina son “las mejores de la última década”, a partir de un importante progreso en las condiciones locales, de acuerdo con un documento elaborado por elInstituto Argentino de Finanzas (IAEF) y la consultora Econviews.

Así, las condiciones financieras son las mejores desde julio de 2007: en abril último el Índice de Condiciones Financieras (ICF) se ubicó en 59.5 puntos, registrando un avance mensual de 12.6 puntos.

Esa suba se explica “por una importante mejora en las condiciones locales, en tanto las externas exhibieron un tenue avance. Con todo, las condiciones financieras se ubican en zona de confort desde julio de 2016, es decir, hace ya diez meses sin interrupciones”, según indicó el IAEF en un comunicado.

En tal sentido, destacó que la economía argentina “siempre creció cuando las condiciones financieras permanecieron en zona de confort durante un lapso prolongado”.

La entidad recordó que desde mediados del año pasado “comenzaron a aparecer los primeros brotes verdes, mientras los datos oficiales de actividad económica de marzo -aún no se han publicado- posiblemente confirmen una nueva expansión trimestral en el primer trimestre del año, lo que encadenaría tres trimestres seguidos con crecimiento respecto al trimestre anterior”.

Además, puntualizó que las condiciones locales alcanzaron 35.6 puntos en abril y exhibieron la tercera mayor mejora mensual desde la salida del “cepo”, al avanzar 11.3 puntos en el mes.

“Este importante avance se explicó por una menor inflación núcleo -tras el mal dato de marzo- y un aumento en la liquidez de corto plazo y los depósitos privados en dólares, aunque fue parcialmente compensado por un recorte en la liquidez de largo plazo”, añadió.

Según el informe, esta fuerte mejora en las condiciones locales “fue acompañada por un tibio avance en las condiciones externas, que siguen por encima de los niveles previos al triunfo de (Donald) Trump y alcanzaron el mejor registro desde septiembre de 2014”.

En abril las condiciones externas alcanzaron 23.9 puntos, mejorando apenas 1.3 punto respecto a marzo, “gracias a una menor volatilidad en monedas emergentes y un menor empinamiento de la curva soberana de Estados Unidos”, indicó el documento.

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De bicicletas y golondrinas

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA. Llegó la primavera se podría pensar, ya que los dos elementos no hacen más que pensar en un agradable paseo al aire libre en una tarde templada viendo los pájaros volver de su largo viaje.

Pero no, si la historia se repite (“si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, decía el sabio Einstein) y nada indica que la historia sea distinta, lo que hace presuponer que más que la estación de las flores se va a venir un crudo invierno, o al menos la primavera será para los pocos de siempre.

El Carry Trade (nombre en inglés de la operación) es una operación financiera bastante sencilla mediante la cual se toma préstamos de dinero en países con tasas bajas, y se los coloca en países con tasas altas de interés para ganar con la diferencia y por un tiempo corto de tiempo. O sea, por ejemplo tomo un préstamo en yenes japoneses cuyo interés máximo a pagar no supera el 1 %, y lo deposito a interés en Australia (en dólares australianos) que paga un interés del 6 %. La diferencia entre lo que pago y lo que cobro me da una ganancia del 5 %, según el ejemplo de referencia, sin contemplar los gastos de la operación que reducen un poco la ganancia, pero no cambian la manera de entender la operatoria.

Es un negoción! Por la rentabilidad generada por solo mirar los intereses, originados por pedir prestado a la tasa más baja y depositarlo a la más alta. Pero, como toda operación financiera tiene sus riesgos, sino todos lo haríamos y todos ganaríamos dinero; fuera de los riesgos propios de incobrabilidad (si la tasa es alta es porque el riesgo de no recuperar la inversión es alto) existe el riesgo de devaluaciones que erosionan la ganancia. En nuestro ejemplo, por más que ganemos un 5% si el dólar australiano se devalúa con respecto al yen más del 5 %, cuando tengamos que devolver el préstamo en yenes no nos van a alcanzar los dólares australianos porque valen menos.

Entonces necesitamos dos condiciones para tener una bicicleta financiera:

  • Una tasa de interés alta que permita pagar la tasa del préstamo y obtener una ganancia.
  • Un tipo de cambio estable o un seguro de cambio que para que la ganancia obtenida por las tasas no se pierda con una devaluación.

En Argentina se están dando estas dos condiciones actualmente. De hecho, según un ranking publicado por diario El Cronista Comercial el 23 de marzo (ver   http://www.cronista.com/finanzasmercados/Argentina-segunda-entre-los-paises-mas-atractivos-para-el-carry-trade-20170323-0011.html),  Argentina es el segundo país más atractivo para esta operación y el año pasado fue el primero. Las ganancias de los que compraron LEBACS (los famosos títulos de deuda del Banco Central de la República Argentina) descontadas una casi nula devaluación, tuvieron un rendimiento del 20 % anual en dólares. En el mundo de hoy esta ganancia es exorbitante.

Ganadores y perdedores

Obviamente los que pidieron préstamos en dólares, cambiaron a pesos y compraron LEBACS u otros depósitos obtuvieron su respectiva ganancia y volvieron a comprar dólares. Son quienes están más que contentos con la primavera Argentina.

Pero la otra cara de la moneda es preocupante por varios motivos:

  • Lo atractivo de las tasas altas hace que entren muchos dólares al país. Si bien esto puede parecer bueno ya que siempre que nos quedamos se frena el crecimiento del país, cuando entran por la bicicleta financiera es malísimo. Son dólares que por un lado generan atraso cambiario, ya que la entrada de dólares aumenta la oferta y cae el precio. Esto genera el dólar barato que hace que todos los argentinos compren en Paraguay, Chile o Miami, los más afortunados, atentando contra la producción local.
  • Por otro lado, son capitales golondrina, esto quiere decir que ingresan solamente para la especulación, toman las ganancias y se van en el corto plazo. Para ganar 20 % en dólares sin producir nada, alguien tiene que financiarlo, de ahí gran parte de la explicación del endeudamiento en dólares que se está produciendo.

En que termina esto: si la historia se repite como con el plan económico instaurado por Martínez de Hoz en el ´78 cuando dio comienzo a la denominada “patria financiera” nos vamos a encontrar con una fuerte caída del producto por falta de competitividad, caída de exportaciones y aumento de importaciones (o lo que es lo mismo viajes de compras al exterior).

Como esto es insostenible en el tiempo, dado que para mantenerlo se necesita un fuerte ingreso de dólares, que al no ser generado por las exportaciones genuinas, terminan entrando por préstamos hasta llegar a una crisis de deuda como en el año 80.

Entonces después de tener una fiesta de consumo importado y bicicletas en bajada nos encontramos con que los dólares ya no están y nos quedó la deuda a todos.

La esperanza

Como ya conocemos como termina la historia y sabemos que Sturzenegger como presidente del Banco Central y Dujovne como Ministro de Hacienda, saben que queremos pensar “algo distinto van a hacer” pero los datos de endeudamiento no son alentadores en un año de gestión de Macri, donde la deuda se incrementó más del 50 % de todo el período de la dictadura y gran parte debido a la bicicleta financiera. Es hora de cambiar los patines de freno.

 

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BCRA eliminó los límites para las transferencias bancarias

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Los bancos tendrán 120 días para poner a disposición de sus clientes los mecanismos necesarios para que el pedido se pueda hacer por homebanking u otras vías electrónicas.

El directorio del Banco Central (BCRA) decidió este jueves que las entidades financieras deberán quitar los límites en los montos de las transferencias bancarias si sus clientes así lo solicitan para realizar una operación en particular.

En un comunicado difundido ayer por la tarde, el Central explicó que “de este modo, un cliente podrá avisarle a su banco que un determinado día desea realizar una transferencia por encima de su límite habitual. Ante esa solicitud, el banco deberá habilitar la operación sin límites de montos en el horario de 9 a 18 del día indicado”.

Como en todas las transferencias bancarias realizadas por vía electrónica, sin importar su monto, el usuario individual no deberá pagar comisión alguna para transferir el dinero.

La medida entrará en vigencia de forma inmediata en caso de que el pedido del cliente se haga en forma personal.

“A su vez, los bancos tendrán 120 días para poner a disposición de sus clientes los mecanismos necesarios para que el pedido se pueda hacer por homebanking u otras vías electrónicas”, precisó el comunicado. El esquema rige para las transferencias en pesos o en dólares, agregó.

La medida será “de especial utilidad para la realización de operaciones inmobiliarias, compraventa de automotores o cualquier otro pago electrónico de montos elevados, eliminando la necesidad de utilizar efectivo así como también los gastos y riesgos vinculados a la seguridad que, en muchos casos, conlleva su uso”, finalizó el comunicado del BCRA.

Cabe recordar, que el límite sigue siendo de $ 100 mil diarios. Lo que cambia es la posibilidad de quitar todo límite para una operación en particular, a pedido del usuario. Por eso se pone de ejemplo las operaciones inmobiliarias.

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