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¿Qué hay que hacer ante la suba del dólar?

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En estos días vivimos una corrida frenética por la suba del dólar a poco más de 17 pesos. ¿Qué hay que hacer con las finanzas? Sobre todas las cosas hay que mantener la calma: el dólar ha tenido estos saltos abruptos desde que asumió Mauricio Macri, pero si vemos un poquito a más largo plazo la moneda ha estado bastante estable contra el peso.

De hecho si tomamos el precio de a principios de año, la suba fue de un poco más de 7% contando el salto de estas últimas semanas.

 

Mucha gente acude a comprar dólares cuando se provocan estos movimientos abruptos porque se asustan, pero lo cierto es que cuando valía 15,50 todos se quejaban del atraso cambiario y ahora que está alrededor de 17 muchos llaman aterrorizados preguntando hasta dónde se va a ir.

Lo importante es que toda esta suba abrupta se traslade lo menos posible a precios. Imagino que de a poco se va a ir estabilizando la moneda de cara a las elecciones y sugiero que las personas hagan sus inversiones pensando en el mediano o largo plazo evaluando todos los contextos y entendiendo que las fluctuaciones de todo mercado son normales.

Operar dólar futuro es una muy buena herramienta para exportadores e importadores en estos casos, el dólar futuro te elimina la volatilidad del negocio por estas fluctuaciones cambiarias. Los importadores deberían comprar contratos y los exportadores deberían venderlos y así pactar de antemano un tipo de cambio que teniendo en cuenta las tasas actuales de mercado se le debería agregar aproximadamente un 20 por ciento anual a la cotización del día.

En este gráfico vemos los cierres del viernes del mercado a futuros del dólar en Rofex con sus respectivas tasas implícitas.

Estos precios van variando de acuerdo a la cotización de cada día del dólar.

 

Ninguna expresión de esta nota debe tomarse como una recomendación de compra o venta. Es una apreciación de quien escribe. 

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Nos quedamos en la frontera

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. Entre medio de expectativas inflacionarias, brotes verdes, tasas de interés y cotización del dólar se generó una sorpresiva expectativa sobre la Argentina: la de volver a ser un mercado emergente. Esa expectativa duró lo que un suspiro y los mercados que subieron anticipándose a la entrada del país a tan privilegiado grupo se desplomaron de la misma manera ante la noticia de la calificadora MSCI de que Argentina no entra en la categoría de emergente, sino que seguirá siendo un país de frontera.

Visto en perspectiva y dado que no se produjo nuestro tan ansiado salto al primer mundo, pero tampoco caímos en el más profundo caos económico porque nos aplazaron de vuelta, consideramos útil hacer un análisis de ¿qué es esto que quisimos y no pudimos ser?, y ¿cómo puede afectarnos?

El año que viene volveremos todos a reservar butacas a la espera de que nos digan si emergemos o no, al menos sepamos de qué se trata.

¿Qué es un país emergente?

En realidad, es más útil primero entender quién y para que se clasifican a los países en emergentes o no y que implicancias tiene:

Lo primero que tenemos que entender que los países siguen siendo soberanos con todo lo que esto significa, o sea que salvo por medio de la fuerza no existe un orden superior en el mundo que someta a los países a un sistema de premios y castigos después de clasificarlos de alguna manera.

¿Quién realiza la clasificación? Morgan capital Stanley Inc. Es una empresa privada dedicada al análisis financiero, para mejor descripción podemos ver lo que dicen ellos mismos: en su página web https://www.msci.com/ en la sección quienes somos transcribimos textualmente dos párrafos:

“Durante más de 40 años, los índices y análisis basados ​​en la investigación de MSCI han ayudado a los principales inversores de todo el mundo a construir y gestionar mejor las carteras. Los clientes confían en nuestra oferta para un entendimiento más profundo de los conductores de rendimiento y riesgo de sus carteras, la cobertura de la clase amplia de activos y la investigación innovadora.

97 de los 100 mejores gestores de inversión global son CLIENTES MSCI, basado en el último CLIENTES P & I AUM DATOS Y MSCI partir de marzo de 2017.”

O sea que MSCI es una empresa privada que asesora a los principales inversores del mundo sobre dónde colocar sus fondos basada en la elaboración de índices.

La opinión de una empresa privada no puede ser vinculante y no puede obligarnos a nada; esto es cierto pero la realidad es que los inversores basan sus decisiones en estas empresas y se estima que esto pudo haber frenado la entrada al país de entre u$s 1300 millones a u$s 3.000 millones. El cálculo se basa en que si Argentina pasaba a emergente MSCI iba a poner en sus índices acciones de empresas argentinas que los inversores comprarían por ese valor.

De hecho en el anuncio de MSCI también figura una simulación de cuáles serían las empresas seleccionadas pero creemos que no hace al tema porque no pasó.

¿Qué significa que seamos de frontera y no emergentes?

MSCI califica los mercados para elaborar sus índices en tres categorías principales: Desarrollados, Emergentes y de frontera, los clasifica en base a su desarrollo económico, tamaño y liquidez del mercado de capitales, y nivel de acceso para el inversor extranjero. 

Los mercados de frontera son la categoría anterior los emergentes que supimos ser hasta febrero de 2009 y, tienen mucho más riesgo para los inversores, pero también tienen oportunidades de negocios de estos. Generalmente las diferencias se dan por políticas gubernamentales, en nuestro caso nos sacaron de los emergentes cuando se puso el cepo al dólar y las restricciones a extraer divisas del país en febrero del 2009.

Veamos la tabla de clasificación de MSCI:

Cuando analizamos los mercados desarrollados no hay lugar a dudas que son los países con mejores condiciones de vida los que además alcanzan esta clasificación, pero cuando analizamos los emergentes y de frontera esto no esta tan claro. Asimismo, para el caso de los países remarcados hemos comparado este ranking con el del INDICE DE DESARROLLO HUMANO que es otra clasificación de desarrollo de los países pero de acuerdo a la calidad de vida de su población (educación, salud e ingresos). Según el índice de desarrollo humano de las naciones unidas la posición de los países señalados es la siguiente:

DESARROLLO HUMANO MUY ALTO

CHILE               PUESTO  38

ARGENTINA    PUESTO 45

DESARROLLO HUMANO ALTO

MEXICO         PUESTO   77

BRASIL           PUESTO   79

PERÚ              PUESTO   87

COLOMBIA    PUESTO  95

Quiere decir que de los 5 países americanos seleccionados que nos superan en desarrollo para atraer inversiones, solo uno nos supera en calidad de Vida.

Para ser primero hay que ser

Con esta conclusión no estamos diciendo que por ser financieramente de “frontera” somos más desarrollados humanamente, pero no se debe omitir que muchos países aplican políticas de ajuste muy duras para atraer inversiones financieras y terminan retrayendo la calidad de vida de su población. Argentina pudo conseguir 3000 millones de u$s más como emergente, pero también en el 2016 exportó bienes por 55.000 millones de u$s y en el 2013 lo hizo 75.000 millones de u$s, si de traer dólares se trata MSCI no es el único camino.

No vamos a ser un país mejor porque nos clasifiquen mejor en el índice MSCI, sino que cuando seamos un país más desarrollado, nos van a calificar mejor.

 

 

 

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Más deuda: la Argentina emitirá un título en dólares a 100 años por primera vez

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El Ministerio de Finanzas anuncia la emisión de un bono con plazo a 100 años por un monto de 2.750 millones de dólares estadounidenses con un cupón de interés de 7,125% y un rendimiento de 7,9%.

Esta operación se enmarca en el objetivo del Gobierno Nacional de “asegurar el financiamiento en las mejores condiciones posibles para el crecimiento de la economía y la generación de empleo”.

 

A pesar de la incertidumbre actual en los mercados internacionales, el Gobierno busca obtener financiamiento a muy largo plazo y a las tasas nominales más baja de la historia argentina.

 

“Una emisión de este tipo es posible gracias a que logramos recuperar la credibilidad y la confianza del mundo en Argentina y en el futuro de nuestra economía”, afirmó el ministro de Finanzas, Luis Caputo.

 

Con esta emisión, Argentina pasa a ubicarse en el selecto grupo de naciones con emisiones de bonos soberanos a 100 años como México, Bélgica, Irlanda, China, Dinamarca o Suecia. “Estamos más cerca de países normales como Bélgica o México que de Venezuela, con quien el gobierno anterior solía endeudarse a 5 años de plazo y a tasas de un 15%. Es un sello de confianza no sólo en esta Administración sino también en el futuro del país”, agregó el titular de Finanzas.

El Ministro resaltó que la operación muestra “prudencia y responsabilidad: estamos aprovechando un momento de tasas muy bajas a nivel mundial y es importante, entonces, balancear los plazos de endeudamiento”.

Caputo agregó, además, que “no hay que perder perspectiva; lo que pagamos en esta emisión es lo mismo que pagaba Estados Unidos por su deuda a largo plazo en la década de los 90″. “Financiarse a largo plazo y con tasas bajas es hacer una gestión responsable y cautelosa de nuestra deuda”, añadió.
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En política económica, no todo es lo que parece

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Mientras el presidente Mauricio Macri firmaba en Pekín un amplio acuerdo para desarrollos energéticos y ferroviarios en el país, bajo financiamiento y gerenciamiento de China, en Buenos Aires, casi al mismo tiempo, el Banco Central decidía subir nuevamente las tasas de interés, tratando de aplacar la marcha de la inflación. El contraste merece ser subrayado, porque mientras en infraestructura se avanza en un esquema en el que el “riesgo empresario” queda opacado por la injerencia estatal, en la lucha por la estabilización los instrumentos parecen encuadrarse en la más pura ortodoxia. Sin embargo, no conviene quedarse con la “primera impresión” porque, en muchos aspectos, la realidad avanza por caminos que no es fácil etiquetar.

Aquellos gobiernos que buscan atraer inversión privada en países como la Argentina, que recurrentemente ha violado contratos, se encuentran con que esa historia importa y forma parte de los cálculos de las empresas que evalúan hundir capital en el país. Por más que se prometa el cumplimiento a rajatabla de las nuevas reglas de juego, las compañías que deciden invertir fijan plazos mucho más cortos para recuperar los montos desembolsados en la Argentina que en países como Chile, Alemania o Australia. Por la mochila del pasado, los proyectos que se orientan a mercados poco supervisados por el Estado se definen por condiciones de entrada muy favorables, sea por la compra de activos baratos o por el peso devaluado, si es que no se trata de un “nicho” ultra competitivo. Y cuando se trata de actividades regladas por el sector público, entonces las empresas demandan tarifas elevadas para cubrir el llamado “riesgo regulatorio”: para construir autopistas que habrán de ser repagadas por el peaje, hay que estar muy seguros de que las condiciones iniciales del contrato no se habrán de modificar.

La Argentina ha construido así una notable paradoja, porque aquellos gobiernos que aspiren a una participación más intensa de la inversión privada, serán los que se enfrenten con mayor crudeza a la demanda de garantías por parte de las compañías, que algunas veces puede consistir en protección frente a la competencia, en otras de subsidios costosos, pasando por tarifas muy elevadas, si se trata de servicios públicos. Si se aceptan esas prebendas, entonces se estará dinamitando la competitividad del resto de los sectores.

Por estas razones, puede comprenderse que el gobierno haya concentrado medidas para facilitar el proceso de inversiones en sectores donde no existen riesgos de conceder beneficios monopólicos (caso de la agroindustria), o en la obra pública, en la que los “riesgos regulatorios” son acotados siempre y cuando la construcción esté separada del financiamiento y de los mecanismos de repago. También es de esperar que la normalización de las concesiones preexistentes se esté realizando contemplando la relación de fuerzas más equilibrada que existe entre el Estado e inversores que habían quedado rehenes del capital hundido, particularmente en distribución de gas y electricidad. Para las futuras interacciones público-privados, la consolidación de expectativas alrededor de la mantención de nuevas reglas de juego será clave para reducir la prima del “riesgo regulatorio”, de modo que esas potenciales nuevas inversiones no interfieran en el objetivo de lograr mejoras continuas de competitividad.

Es en este contexto en el que deben ser evaluados los acuerdos con China de la última semana. Por empezar, se trata de contratos firmados por el gobierno anterior, que no tenía fuentes alternativas de financiamiento, ni demasiado interés en la agenda de competitividad. Si bien no hay todavía suficientes detalles, cabe esperar que los funcionarios que renegociaron los contratos hayan buscado evitar que los proyectos financiados por China (centrales nucleares, represas patagónicas) resulten contradictorios con el objetivo de bajar el “costo argentino”.

La necesitad de contemplar los matices también vale para el caso de la política monetaria y la búsqueda de estabilidad. Es cierto que la meta de inflación, con un techo de 17 % para 2017, es demasiado exigente, y que el año pasado bien podría haberse fijado un límite de, por ejemplo, 21 %, dado los ajustes pendientes de tarifas y la inercia de servicios de salud, alquileres, salarios y jubilaciones. Pero una vez que la decisión fue tomada, al Banco Central no le quedaban opciones, ya que su credibilidad es clave para el futuro.

Fue por eso que, tras un par de malos datos, en abril el BCRA llevó la tasa de interés a 26,25 % anual para los pases y después acomodó hacia arriba la remuneración que pagan las Lebacs. Pero esa tasa “no es lo que parece”, ya que la inflación núcleo también se encuentra en el andarivel del 26 %, anualizando los últimos tres meses.

Los plazos fijos tampoco le ganan a la inflación, y esto podría explicar la suba de 9,5% interanual del primer cuatrimestre en la venta de autos usados, uno de los mercados más sensibles a la tasa real de interés.

Las cosas se ven distintas desde una pyme que enfrenta un 40 % de tasa por un descubierto, pero esto puede ser un problema de garantías. Para industrias y economías regionales, el panorama se agrava por un precio del dólar planchado. Pero esto obedece al elevadísimo déficit fiscal, que sólo puede ser financiado con endeudamiento externo.

Tampoco la suba del dólar sobre el cierre de la semana, superando los 16 pesos, está libre de contradicciones. Al ser un efecto del agravamiento de la crisis brasileña, conlleva el riesgo de un freno de las exportaciones al vecino del Mercosur y una mayor agresividad vendedora del otro lado de la frontera, tanto en productos industriales como agropecuarios. Es clave que este nuevo pico de incertidumbre brasileña se revierta rápidamente porque, de lo contrario, estaría tomando al proceso de recuperación de la economía argentina en un momento todavía delicado.

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En busca de US$ 27 MM

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Analytica. El principal problema económico argentino en los últimos 50 años es la “restricción externa”. La idea es bastante simple, si el conjunto de la economía exporta 100 dólares, y no ingresa ningún otro por financiamiento externo, entonces sólo se puede importar la diferencia entre esos 100 y los dólares que tengan que usarse para pagar deuda. Teniendo en cuenta que la producción local es muy dependiente de importaciones, si no suben las exportaciones, no podrá aumentar la producción.

Actualmente, el saldo entre exportaciones, importaciones y pagos netos de intereses es deficitario en 3 puntos del producto (alrededor de U$S 15 mil millones). Esa brecha se cubre con ingresos netos de capitales, fundamentalmente por emisiones de deuda en moneda dura del sector público. Si bien el stock de deuda todavía se encuentra en niveles bajos, el ritmo de endeudamiento en dólares es una de las variables clave a monitorear. En un contexto de crecimiento, con mayor demanda de importaciones e intereses de deuda, generar las divisas para crecer requerirá de un dinamismo exportador mayor que el registrado hasta el momento. Además, si tenemos en cuenta que el tipo de cambio no acompañará en los próximos años (ver Analytico #352) otros factores de competitividad están obligados a entrar en juego para que el crecimiento sea sostenible.

Como forma de testear la sostenibilidad planteamos el siguiente ejercicio de simulación: supongamos que la economía crece en torno a su producto potencial, en torno a 3% anual, con un tipo de cambio real y precios internacionales estables. Además, los requerimientos de importaciones se mantienen dentro del promedio histórico: cada punto de crecimiento de la actividad requiere de un alza de 3% de las importaciones, por lo que las compras al exterior treparán a un ritmo de 9% anual. Por último, supongamos que el gobierno cumple las metas en materia fiscal y el ratio de deuda externa/ producto se estabilizaría en  torno a 43% del PIB en 2019. En ese marco, para que la economía tenga capacidad de pago de los intereses que devenga esa deuda y la mayor demanda de importaciones producto del crecimiento, las exportaciones de bienes y servicios deberán saltar U$S 26,6 MM (37,7%), un nivel similar al alcanzado en 2011 (record histórico).

¿Cómo obtener alcanzar el salto exportador? La primera respuesta sería una mejora en la competitividad. Sin embargo, la dimensión cambiaria y fiscal de la misma se encuentran comprometidas debido a la estrategia macroeconómica del Gobierno. Las devaluaciones de 2014 y 2016 demuestran que las correcciones cambiarias suelen generar ganancias de competitividad transitorias y asociadas a episodios de elevada volatilidad, tanto nominal como real. Por lo tanto resulta una herramienta inapropiada para obtener la sostenibilidad externa. A su vez, la estrategia fiscal gradual hace inviable una agresiva quita de impuestos al comercio exterior como la que debería estar asociada a una corrección significativa del tipo de cambio real efectivo (después de impuestos).

¿Existen otras formas de mejorar la competitividad externa? El informe de Competitividad global que elabora el World Economic Forum registra 12 pilares sobre los cuales se construye la competitividad entre los que se destacan “Instituciones” y “Entorno Macroeconómico” cómo así también “Infraestructura” y “Eficiencia del Mercado de Trabajo”. La Argentina se posiciona 104 sobre 140 países relevados, cuando sus pares de la región se ubican en torno al 30 (Chile) u 50 (Méjico).

De los 12 pilares, la Argentina se encuentra muy rezagada contra sus pares en 6 dimensiones:

1) entorno macroeconómico,

2) Infraestructura,

3) calidad institucional,

4) actualización tecnológica,

5) desarrollo del sistema financiero

6) eficiencia en el mercado de bienes y

7) eficiencia en el mercado de trabajo.

Algunas de las principales políticas del gobierno apuntan a corregir este atraso relativo. Desde el Ministerio de Producción se ha avanzado con programas de reconversión productiva y de financiamiento que apuntan a mejorar la actualización tecnológica y lograr mayores grados de eficiencia en ramas de la producción rezagadas de la competencia internacional. Asimismo, los acuerdos sectoriales entre sindicatos, los representantes patronales y el Gobierno son la base para alinear incentivos y lograr crecimiento con equidad que mejore las condiciones de todas las partes.

Aunque con costos, el combate a la inflación reduce la volatilidad macroeconómica y la incertidumbre, dando lugar al desarrollo de un mercado financiero que canaliza el ahorro interno hacia la inversión a la vez que extiende el horizonte de planificación de las empresas y las familias.

En materia laboral, también hay avances aunque acotados, programas como el empalme y empleo joven dan incentivos a la contratación de mano de obra. Sin embargo, los niveles de litigiosidad laboral e impuestos al trabajo siguen siendo muy superiores a los de otros países de Sudamérica.

El principal obstáculo de la agenda de la competitividad está en los plazos, el sendero que se trazó el gobierno es el correcto pero el margen de maniobra es acotado. Corregir los retrasos en materia institucional, regulatoria y de infraestructura requiere de mucho tiempo. En el caso de la inflación de 4 años, pero en infraestructura al menos 8 por citar sólo un par de ejemplos.

El salto exportador necesita que el gobierno logre avances en materia de competitividad a una velocidad mayor. Si no se logra mejorar sustancialmente la eficiencia de la economía doméstica,  no se podrá sostener un ritmo de crecimiento que permita generar empleo y reducir la pobreza, la vara con que el gobierno pidió ser evaluado.

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