Ecolatina

Los efectos de las compras del BCRA

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Según la consultora Ecolatina con el sostenimiento de las compras, el BCRA finalizó enero sumando USD 1.158 M en el mercado. Producto de esto y el viento de cola internacional, el riesgo país quebró los 500 puntos básicos en la semana y alcanzó el nivel más bajo desde el 2018. Como contrapartida de las compras, la inyección de pesos trajo alivio al mercado local, contribuyendo a la normalización de las tasas de interés y allanando el terreno para que Finanzas alcance un holgado rollover (124%) en la semana.  

La estrategia monetaria es un Central expansivo y un Tesoro contractivo. Mientras el BCRA inyecta pesos en el mercado principalmente mediante la recomposición de reservas, el Tesoro los retira mediante el superávit fiscal y las licitaciones. Como resultado, el esquema monetario se desarrolla en un contexto de liquidez en pesos estrecha, buscando evitar presiones bajistas en la tasa de interés y presiones adicionales en el mercado cambiario en un contexto del BCRA demandando. Para que este equilibrio monetario transitorio sea sostenible, una condición necesaria es que el esquema cambiario se perciba sostenible y evite sobresaltos en las expectativas de devaluación.

La semana mantuvo el statu quo observado en enero. El tipo de cambio se deslizó al alza y el dólar spot cerró hoy $1.447, aumentando 1,0% respecto al cierre del viernes pasado. De todas formas, la cotización de la divisa se mantiene estable en un 8% por debajo del techo de la banda, ampliando la distancia desde la reformulación del deslizamiento del 1% mensual por la inflación pasada (T-2). Por caso, durante el primer mes del año en promedio el dólar se ubicó 6,7% por debajo del techo, el valor más elevado desde agosto del 2025 (previo al rally electoral).

Por su parte, el BCRA sostuvo las compras en el mercado. Durante la semana, la autoridad monetaria acumuló divisas por USD 179 M, sosteniendo de esta forma veinte ruedas consecutivas de compras en el MULC, y sumando USD 1.158 M durante el primer mes del relanzamiento del programa bajo el marco de la Fase de Re-monetización.

Como consecuencia, el Riesgo País cayó al nivel más bajo desde el 2018 al romper la barrera de los 500 puntos en la semana. Detrás de esta reducción, se encuentran factores internacionales jugando a favor, con un dólar internacional más débil y un mayor apetito por deuda emergente, que viene reduciendo la prima de riesgo de este segmento y en particular de los países vecinos. No obstante, la sostenida recomposición de reservas del BCRA influyó positivamente en el Riesgo País, algo que venía demandando el mercado y que, pese a ciertas dudas tras el anuncio oficial, empezó a tornarse creíble producto del compromiso que viene mostrando el Central en esta materia.

En los últimos informes, venimos mencionando los drivers detrás del desempeño del BCRA en el MULC. Retomando, durante enero comenzó a normalizarse la liquidación del sector agropecuario producto del ingreso de la cosecha fina y, ligado al ciclo del agro (y un esquema cambiario más creíble), un repunte de los préstamos en dólares; al tiempo que la colocación de Obligaciones Negociables en dólares por parte de las empresas continuó su marcha (sumado al remanente a liquidar en el MULC por emisiones previas). Asimismo, con la ganancia de credibilidad del esquema cambiario la presión dolarizadora electoral fue estabilizándose, lo que reforzó el efecto positivo que trae el primer mes del año cuando la demanda de pesos es más elevada por factores estacionales (aunque en menor medida que diciembre).

No obstante, esto último convive con un Central otorgando cobertura en el mercado secundario. Aunque de una forma más errática, las compras realizadas por parte de la autoridad monetaria tuvieron como contrapartida un aumento de la oferta de instrumentos dólar linked en el mercado secundario, coordinada con licitaciones ad hoc de Finanzas para instrumentos atados al dólar oficial. En este sentido, luego de un volumen inusualmente alto durante la primera quincena, la última semana volvió a evidenciarse un aumento en la negociación de dólar linked (en particular aquella con vencimiento a febrero), lo que indicaría presencia oficial en el mercado. Por ende, el Central estaría ofreciendo cobertura cambiaria para los pesos emitidos mediante las compras de divisas.

Otra consecuencia de las compras del BCRA fue la lenta normalización de la liquidez en pesos y la moderación de la tasa de interés. Desde el inicio de las compras, el Central lleva inyectado al mercado $1,7 bn, equivalente al 3,9% de la base monetaria previo al inicio del proceso, la cual se suma a intervenciones puntuales en el mercado secundario para proveer de liquidez. Sin embargo, buena parte de este abastecimiento de pesos refluyó nuevamente al Central, mediante un crecimiento de los encajes (+$1,7 bn al 26-ene) y la absorción en la ventanilla de simultáneas que disparó el stock de “Otros” pasivos al orden de los $2,5 bn en las últimas tres jornadas con datos disponibles (28-ene último dato).

Reflejando este hecho, Finanzas obtuvo un rollover de 124% en la semana. Frente a vencimientos por aproximadamente $8,3 bn, el Tesoro adjudicó $10,34 bn (sobre ofertas totales por $11,17 bn). Del total adjudicado, cerca del 67% se concentró en instrumentos a tasa fija capitalizable (LECAP/BONCAP), con vencimientos entre marzo de 2026 y enero de 2027, y TEMs en torno al 2,5–3%, destacándose la S16M6, que absorbió casi la mitad del monto colocado a tasa fija. Por su parte, los instrumentos CER explicaron alrededor del 24% de la colocación, con vencimientos que se extendieron hasta junio de 2028 y TIREAs entre 7,8% y 8,8%, mostrando demanda sostenida por cobertura inflacionaria. El instrumento TAMAR concentró cerca del 7% del total adjudicado, con un margen de corte del 6,24%, mientras que la demanda por dólar linked fue acotada, con una colocación de apenas $0,1 billones en la D30A6 a una TIREA del 6,0%.

Como consecuencia, el Tesoro absorbió cerca de $2 bn que le permitirán eventualmente comprar divisas al Central de cara a los vencimientos con el FMI. El stock de dólares del Tesoro en el BCRA se ubica en USD 150 M, los cuales son insuficientes para los vencimientos brutos cercanos los USD 100 M con Organismos Internacionales y los cerca de USD 850 M que enfrentará con el Fondo la próxima semana. Tras la licitación, los depósitos en pesos rondarán los $4,3 bn, lo que deja las cuentas en una posición más holgadas luego de lo que entendemos serán las compras de al menos USD 800 M al Central (equivalente a $1,2 bn) para afrontar los vencimientos en moneda dura.

Por ende, la estrategia monetaria es un Central expansivo y un Tesoro contractivo. Mientras el BCRA inyecta pesos en el mercado principalmente mediante la recomposición de reservas (e intervenciones puntuales en el mercado secundario), el Tesoro los retira mediante el superávit fiscal y las licitaciones. Como resultado, el esquema monetario se desarrolla en un contexto de liquidez en pesos estrecha, buscando evitar presiones bajistas en la tasa de interés y presiones adicionales en el mercado cambiario en un contexto del BCRA demandando. Para que este equilibrio monetario transitorio sea sostenible, una condición necesaria es que el esquema cambiario se perciba sostenible y evite sobresaltos en las expectativas de devaluación.

Leve suba del dólar oficial

El tipo de cambio spot finalizó en $1.447, ubicándose 1,0% por encima de la cotización del viernes anterior y 8,1% por debajo del techo de la banda. Por otro lado, el BCRA compró USD 179 M en la semana y las Reservas Netas (Brutas – Swap CH y USA – Encajes – REPOs – SEDESA) habrían vuelto a terreno positivo por USD 100 M.

La brecha cambiaria se estabiliza

Los dólares alternativos finalizaron mixtos: el dólar minorista subió 0,7% ($1.465) respecto al viernes de la semana anterior, el dólar CCL operado con CEDEARs aumentó levemente 0,1% ($1.489) y, por el contrario, el MEP operado con AL30 cayó 0,3% ($1.465) y el dólar blue bajó 1,0% ($1.470). De esta forma, la brecha promedio finalizó en la zona del 2%.

Los futuros de dólar bajan

Los contratos a futuro del dólar finalizaron a la baja. En detalle, los contratos con vencimiento entre febrero a abril se mantuvieron estables y aquellos con vencimiento desde mayo 2026 bajaron 0,6%. Respecto a las devaluaciones implícitas, el mercado cerró con una devaluación del +2,1%, +4,7% y +7,0% para febrero, marzo y abril, respectivamente.

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La valoración del desempeño del Gobierno inicia el año relativamente estable

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Para la consultora Ecolatina en materia de evaluación de desempeño del Gobierno, el inicio de 2026 no trajo grandes cambios respecto de lo observado en diciembre pasado. La imagen de gobierno muestra que el proceso de recuperación post electoral se obturó, pero al mismo tiempo se observa una composición relativamente estable. La imagen positiva retrocedió levemente (algo más de un punto) hasta ubicarse en el 39,0%, mientras que en la vereda opuesta, la imagen negativa se mantiene estable con un 55,9% de los consultados valorando negativamente el desempeño oficial. Así, la brecha se mantiene con un diferencial negativo de casi 17 p.p.

En términos comparativos, la valoración del gobierno de Javier Milei de enero termina quedando ligeramente por encima del nivel mostrado por la gestión de Mauricio Macri en 2018. De este modo, al cumplirse 25 meses de gestión, el nivel de aprobación actual (39,0%) queda un punto por encima del nivel de aprobación que ostentaba la administración de Mauricio Macri en enero de 2018 (38,0%).

Lejos del deterioro acelerado que sufrió la gestión de Alberto Fernández -a esta misma altura apenas retenía un 23,4% de apoyo-, el gobierno libertario parece estabilizarse en métricas similares a las de Cambiemos. Sin embargo, la trayectoria del desempeño del gobierno de Macri comenzará en un par de meses a mostrar un deterioro marcado producto de la crisis cambiaria que se inició en abril-mayo de 2018. Habrá que ver
si el Gobierno de Milei puede romper con esa maldición del 3er. año de las últimas 3 gestiones.

En materia de desaprobación, Milei muestra niveles de rechazo más altos que los que enfrentaba Macri en enero de 2018. Mientras el actual mandatario convive con un 55,9% de imagen negativa, el líder del PRO se movía por entonces en un rango inferior (cercano al 40-45%). Lo que se consolida como el verdadero rasgo de época es la polarización extrema y la desaparición de los grises: a diferencia del ciclo de Macri —donde la valoración ‘Regular’ actuaba como un amortiguador social importante—, en la era Milei ese segmento es estadísticamente irrelevante (4,8%).

El desempleo lidera el ranking de preocupaciones por tercer mes consecutivo

La matriz de preocupaciones ciudadanas confirma el cambio de demandas que ya se insinuó durante 2025: la inflación ha dejado de ser el principal motor del malestar social. Con un 13,8% de las menciones, la suba de precios ha caído al tercer lugar, un mínimo histórico para la última década. Sin embargo, el alivio en los precios ha sido reemplazado por otra preocupación económica: el Desempleo. Con el 34,1%, el temor a la falta de
empleo -o a la pérdida del mismo- se consolida como la preocupación más excluyente de los argentinos al inicio de 2026. Este desplazamiento del eje de demandas -de los precios a los ingresos- plantea nuevos desafíos de gestión, ya que la demanda social parece estar mutando de la estabilidad monetaria a la reactivación económica. En segundo término, la Corrupción (26,5%) se mantiene firme como una preocupación estructural.

El dato curioso en relación a la preocupación por el desempleo es que es compartido por los dos principales bloques de votantes, los de La Libertad Avanza y los de Fuerza Patria. En ambos casos, las menciones a esa preocupación superan el 30% del total, siendo que es algo más elevada entre los votantes de Fuerza Patria (35,3%) que entre los de La Libertad Avanza (32,6%). Y solo porque a los de Fuerza Patria les preocupa hoy más la Corrupción que el desempleo, esta última preocupación no lidera ambos segmentos. La tendencia de la preocupación por el desempleo es creciente, y seguramente está asociado al desempeño económico, que ha venido mostrando en los últimos meses un estancamiento, según los datos del EMAE que publica el Indec.

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Por qué el Banco Central acelera la acumulación de dólares y remonetiza la economía

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acumuló USD 978 millones en compras de divisas en lo que va de enero, impulsado por una mayor liquidación del sector agropecuario, un fuerte repunte del crédito en dólares al sector privado y colocaciones de deuda corporativa. Según un informe de la consultora Ecolatina, de mantenerse el ritmo actual, la autoridad monetaria podría cerrar el mes con un saldo comprador cercano a los USD 1.300 millones, en un contexto de remonetización de la economía y recomposición gradual de reservas.

El proceso se desarrolla en un escenario de volatilidad financiera moderada, con un tipo de cambio oficial que cerró en $1.433, apenas 0,2% por encima del viernes previo y 8,5% por debajo del techo de la banda, mientras el Riesgo País descendió a 546 puntos básicos, el nivel más bajo desde mediados de 2018.

Más oferta de dólares: agro, crédito en USD y emisiones corporativas

De acuerdo con Ecolatina, detrás de las compras sostenidas del BCRA se encuentra una aceleración de la oferta de divisas comerciales y financieras. En primer lugar, comenzó a intensificarse la liquidación del sector agropecuario, con un ritmo que se ubicaría por encima de los USD 100 millones diarios a partir de enero, frente a USD 53 millones en diciembre de 2025 y USD 35 millones en noviembre de 2025.

A este flujo se sumó un fuerte crecimiento del crédito en dólares al sector privado. Los préstamos en moneda extranjera —excluyendo tarjetas— aumentaron USD 985 millones en lo que va del mes, cortando una racha de tres meses consecutivos de caída, con un ritmo promedio diario cercano a USD 75 millones.

En paralelo, la emisión de Obligaciones Negociables en dólares continuó a paso firme, con colocaciones cercanas a USD 1.200 millones en los últimos diez días. Según datos presentados por el BCRA, entre octubre de 2024 y el 14 de enero de 2025 se emitieron USD 6.400 millones, aunque solo USD 2.800 millones fueron efectivamente liquidados en el mercado, quedando un remanente de USD 3.600 millones, de los cuales USD 1.300 millones se destinarían al pago de vencimientos de deuda.

Tesoro, FMI y recomposición de reservas: el rol clave del Central

Otro factor central fue la demanda de divisas del Tesoro Nacional, que dejó de vender dólares en el mercado y pasó a comprarlos directamente al BCRA. En concreto, el 7 de enero adquirió USD 2.319 millones para el pago de cupones, mientras que el 14 y el 20 de enero compró USD 158 millones y USD 279 millones, respectivamente, para afrontar vencimientos con Organismos Internacionales.

La dinámica continuará en las próximas semanas, dado que Argentina enfrenta vencimientos con el FMI por cerca de USD 850 millones en la primera semana de febrero, en el marco de la segunda revisión del programa vigente, postergada desde noviembre. Según Ecolatina, el equipo económico deberá solicitar un waiver por el incumplimiento de la meta de acumulación de reservas, que sería aprobado y habilitaría un desembolso de USD 1.000 millones.

En este contexto, las compras del BCRA resultaron determinantes para cubrir las necesidades de dólares del sector público. De los USD 3.000 millones ingresados al Central por el REPO con bancos internacionales el 8 de enero, USD 2.320 millones fueron girados al Tesoro para el pago de cupones y USD 440 millones se destinarían a compromisos con organismos. Sumando el vencimiento con el FMI, el balance arroja una estrechez de divisas que fue compensada por las compras netas del BCRA en el mercado.

Remonetización, tasas y estabilidad cambiaria

Ecolatina subraya que el programa de compras del Central está remonetizando una economía con liquidez en pesos reducida. Las tasas de interés se estabilizaron en niveles más elevados, con rangos de 35% a 45% TNA para tasas pasivas y activas, respectivamente, en un contexto de mayor nominalidad tras la sorpresa inflacionaria de diciembre.

La liquidez bancaria sigue estrecha, reflejada en la baja absorción monetaria del BCRA ($0,2 billones el 21 de enero, frente a $4 billones a fines de noviembre), mientras que las compras de divisas se convirtieron en la principal fuente de inyección monetaria, con $1,4 billones volcados al sistema, equivalentes al 3,3% de la Base Monetaria previa.

En el frente cambiario, la brecha promedio se estabilizó en torno al 3%, con movimientos mixtos: el dólar minorista cerró en $1.455, el MEP en $1.468, el CCL en $1.486 y el blue en $1.485. A su vez, los futuros de dólar retrocedieron, con bajas de hasta 0,8% en los contratos más largos y devaluaciones implícitas de 0,7% para enero, 3,1% para febrero y 5,8% para marzo.

Reservas, Riesgo País y acceso al financiamiento

Hacia adelante, la consultora señala que la Cuenta Financiera será clave durante 2026, combinando emisiones privadas, posibles colocaciones provinciales y continuidad del programa de compras del BCRA. El objetivo estratégico es llegar a julio con un Riesgo País compatible con el retorno del Tesoro a los mercados internacionales, en un contexto de vencimientos por USD 4.400 millones en bonos soberanos.

En ese marco, la recomposición de reservas, la remonetización gradual y un esquema cambiario creíble aparecen como pilares para descomprimir las necesidades de financiamiento y sostener la estabilidad macroeconómica en los próximos meses.

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La actividad económica volvió a caer en noviembre y profundiza el cambio en la estructura productiva

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La actividad económica volvió a contraerse en noviembre, al registrar una caída mensual desestacionalizada del 0,3%, lo que marcó el segundo retroceso consecutivo y encendió nuevas señales de alerta sobre la dinámica del nivel de actividad en el tramo final del año. Además, el dato tuvo un peso simbólico y técnico relevante: fue la primera variación interanual negativa en catorce meses, con una baja del 0,3%, luego de que en noviembre de 2024 la economía aún mostrara crecimiento.

El dato surge del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) y fue analizado por la consultora Ecolatina, que advirtió que la persistencia de la contracción no puede explicarse solo por factores coyunturales, sino que refleja cambios más profundos en la estructura productiva, en un contexto de estabilización macroeconómica y mayor apertura de importaciones.

Sectores ganadores y perdedores: una recuperación cada vez más desigual

A pesar del retroceso general, el desempeño sectorial volvió a mostrar una fuerte divergencia. Los denominados “sectores ganadores del modelo” mantuvieron tasas de crecimiento interanual elevadas. La intermediación financiera lideró con una suba del 13,9%, seguida por la agricultura, con un incremento del 10,5%, y la explotación de minas y canteras, que avanzó un 7,0%.

En contrapartida, las principales caídas interanuales se concentraron nuevamente en sectores intensivos en empleo. La industria manufacturera registró una baja del 8,2%, el comercio cayó 6,4% y la construcción retrocedió 2,3%, profundizando el perfil asimétrico de la actividad.

Desde Ecolatina subrayaron que, excluyendo al sector agropecuario, la caída interanual del EMAE en noviembre habría sido del 1,7%, lo que refuerza el peso del agro como principal sostén del nivel de actividad. Aun así, en el acumulado del año, la economía se mantiene 4,5% por encima de 2024, aunque con una tendencia que perdió dinamismo en la segunda mitad del período.

Impacto en el empleo y en la generación de ingresos

El cambio en la composición sectorial también comenzó a reflejarse en el mercado de trabajo y en la distribución del ingreso. Según los últimos datos del INDEC sobre la cuenta de generación del ingreso y el insumo de mano de obra, en el tercer trimestre del año la participación del excedente de explotación bruto (EEB) cayó 1,53 puntos porcentuales interanuales.

Esta caída estuvo explicada principalmente por la industria manufacturera (-2,24 p.p.) y el comercio (-2,46 p.p.), mientras que la intermediación financiera mostró una incidencia positiva de +0,66 p.p., y las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler aportaron +2,59 p.p.

En términos de empleo, los puestos de trabajo totales crecieron 2,0% interanual, pero el aumento se explicó casi exclusivamente por el avance de modalidades más precarias. Los puestos no asalariados crecieron 5,2%, los asalariados no registrados aumentaron 2,8%, mientras que el empleo asalariado registrado no mostró variación (0,0%).

En la misma línea, las horas trabajadas de los asalariados registrados cayeron 1,7% interanual, frente a un aumento del 3,6% en las horas trabajadas por asalariados no registrados. Para la consultora, esta dinámica es coherente con una estructura productiva menos intensiva en empleo formal, dominada por sectores con mayor peso financiero y menor capacidad de absorción laboral.

Construcción, industria y consumo: señales mixtas hacia el cierre del año

De cara al último tramo del año, los indicadores adelantados mostraron señales heterogéneas. En la construcción, el Índice Construya avanzó 3,2% mensual desestacionalizado, mientras que los despachos de cemento crecieron 0,9%, sugiriendo una leve recomposición tras meses de debilidad.

La industria, en cambio, continuó mostrando señales negativas. La producción de automóviles cayó 3,4% mensual, y el patentamiento de vehículos 0 km retrocedió 0,4%, acumulando cinco meses consecutivos de bajas, un indicador clave del deterioro del consumo durable.

En materia de consumo, diciembre mostró cierta mejora: las ventas minoristas PYME crecieron 5,2% mensual, compensando parcialmente la fuerte caída del 9,1% registrada en noviembre. No obstante, el crédito al consumo continuó moderando su expansión y acumuló dos meses consecutivos de caída, con una baja del 0,4% en diciembre, lo que limita la posibilidad de una recuperación sostenida de la demanda interna.

Crecimiento por arrastre y un 2026 sin impulso estadístico

Con el desempeño observado en noviembre, Ecolatina proyecta que 2025 cerrará con un crecimiento promedio apenas superior al 4%, explicado en gran medida por el arrastre estadístico de 2024, más que por una expansión genuina de la actividad durante el año.

Según el análisis, la economía se mantendría prácticamente estable en los próximos meses, lo que implica que 2025 no dejaría un arrastre estadístico relevante para 2026. De este modo, el próximo año arrancaría sin un impulso automático del nivel de actividad, en un contexto donde la consolidación del nuevo esquema macroeconómico y la evolución sectorial seguirán siendo determinantes.

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Argentina logró dos años consecutivos de superávit por primera vez desde 2009

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El Sector Público Nacional No Financiero cerró 2025 con un superávit fiscal primario de 1,4% del PIB y un superávit financiero de 0,2% del PIB, pese a haber registrado en diciembre el primer déficit primario del año. Según el balance fiscal elaborado por la consultora Ecolatina, se trata de un hecho inédito en la historia reciente: es la primera vez desde el período 2008–2009 que la Argentina acumula dos años consecutivos de superávit fiscal, consolidando un cambio de régimen en la dinámica de las cuentas públicas.

El resultado se apoyó en el fuerte ajuste del gasto realizado en 2024 y sostenido durante 2025, junto con una estrategia financiera que contuvo el pago explícito de intereses. Sin embargo, el informe advierte sobre tensiones subyacentes en la estructura de ingresos, el perfil de vencimientos de deuda y los desafíos que plantea el escenario fiscal y financiero de cara a 2026.

Déficit en diciembre, pero superávit en el acumulado anual

En el último mes de 2025, el Sector Público Nacional No Financiero registró un déficit primario de $2,8 billones. Al incorporar pagos de intereses por $0,4 billones, el resultado financiero fue negativo en $3,3 billones. Se trató del primer déficit primario del año y superó en 68% al rojo observado en diciembre de 2024.

De acuerdo con Ecolatina, este desempeño respondió a una combinación de factores: por un lado, un crecimiento real interanual del gasto primario de 1,7%, explicado en gran medida por la estacionalidad típica del cierre del año; por otro, una caída real interanual de 7% en los ingresos totales, reflejo de la desaceleración de la recaudación tributaria hacia el final de 2025.

No obstante, el “colchón fiscal” acumulado durante el resto del año permitió compensar el desliz de diciembre. Así, el resultado primario anual cerró con un superávit equivalente al 1,4% del PIB, apenas 0,4 puntos porcentuales por debajo de 2024, mientras que el resultado financiero fue superavitario en 0,2% del PIB, 0,1 puntos menos que el año previo.

Desde una perspectiva histórica, el dato resulta relevante: no se registraban dos años consecutivos de superávit fiscal desde 2008–2009, siendo 2009 el último año con resultado positivo. A partir de entonces, la política fiscal estuvo signada por un crecimiento del gasto primario por encima de los ingresos, dando lugar a déficits persistentes hasta el punto de inflexión alcanzado en 2024.

Ingresos en mínimos históricos y una nueva composición del ajuste

El informe destaca que, en 2025, los ingresos totales del SPN cayeron 2,6% interanual real y se ubicaron en 15,9% del PIB, lo que implicó una baja de 0,9 puntos porcentuales respecto de 2024 y marcó el nivel más bajo desde 2005.

Este resultado estuvo condicionado por una elevada base de comparación, ya que en 2024 habían estado vigentes el Impuesto PAIS, ingresos extraordinarios del blanqueo y recursos excepcionales vinculados a Ganancias y Bienes Personales. A ello se sumó un deterioro de la recaudación tributaria hacia el cierre del año, tras un inicio más dinámico impulsado por la recuperación de la actividad y el mayor aporte del sector externo.

En términos agregados, los ingresos tributarios cerraron 2025 con una contracción real de 2,5% interanual. Al interior, el IVA neto mostró una evolución prácticamente estable (+0,9% i.a. real), mientras que las contribuciones a la Seguridad Social crecieron 13,8% i.a. real, traccionadas por la mejora de la remuneración bruta promedio y consolidándose como uno de los pocos rubros con desempeño claramente positivo.

En contraste, el impuesto a las Ganancias registró una caída real de 6,8% interanual, explicada en gran medida por la base de comparación de 2024 asociada a la devaluación de diciembre de 2023. Una dinámica aún más marcada se observó en Bienes Personales, cuya recaudación se redujo 34,2% interanual real, afectada tanto por ingresos extraordinarios del año previo como por la reducción de alícuotas.

El aporte del comercio exterior también fue de mayor a menor. Los Derechos de Exportación se contrajeron 15,7% interanual real, mientras que los Derechos de Importación crecieron 22,6% interanual real, en un contexto de apreciación cambiaria y elevados volúmenes de importación.

Gasto en mínimos y el rol de los instrumentos capitalizables

Por el lado del gasto, el gasto primario representó en 2025 apenas 14,5% del PIB, uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, muy por debajo del 19,1% del PIB alcanzado en 2023. Con un gasto ya fuertemente comprimido, el margen para profundizar el ajuste fue limitado, por lo que el gasto mostró una variación prácticamente neutra, con un aumento real de 0,4% interanual.

El informe subraya un cambio en la composición del ajuste. El gasto social creció 6% interanual real, impulsado por la nueva fórmula de movilidad que indexa las prestaciones a la inflación del mes previo. En particular, las jubilaciones y pensiones contributivas, que concentran el 64% del gasto social, aumentaron 15% i.a. real, mientras que la Asignación Universal por Hijo (AUH) se expandió 23,2% i.a. real, alcanzando un máximo histórico en términos reales y ubicándose cerca de 70% por encima de los niveles de 2023.

En sentido opuesto, las asignaciones familiares y otros programas sociales —incluyendo Tarjeta Alimentar, Volver al Trabajo, Programa 1000 Días y bonos de suma fija— registraron una caída cercana al 30% interanual real.

El ajuste continuó concentrándose fuera del gasto social, especialmente en los Subsidios Económicos, que se redujeron 31% interanual real, con un recorte más profundo en Energía (−38%) y una baja más moderada en Transporte (−7%). El Gasto de Capital se mantuvo en niveles históricamente bajos: 0,4% del PIB, sin cambios respecto de 2024 y muy lejos del 2,7% del PIB registrado en la década pasada.

En paralelo, las Transferencias a Provincias crecieron 25% interanual real, aunque permanecen casi 60% por debajo de 2023, mientras que los Salarios públicos cayeron 7% interanual real y se mantienen 27% por debajo de los niveles previos al ajuste.

Desde el punto de vista financiero, Ecolatina remarca la estrategia adoptada desde mediados de 2024 y profundizada en 2025, basada en la emisión de instrumentos capitalizables (Lecaps y Boncaps). Este esquema permitió contener el pago de intereses explícitos y mejorar el resultado financiero observado. Sin embargo, tuvo efectos no neutros por debajo de la línea, con amortizaciones en moneda local en máximos históricos en relación con el PIB.

Si se imputara el componente de capitalización como intereses devengados, el pago de intereses de 2025 ascendería a 3,9% del PIB, transformando el superávit financiero en un déficit cercano a 3,7% del PIB. El informe aclara que se trata de un escenario extremo y que el resultado real se ubica en un punto intermedio entre ambos extremos.

Perspectivas fiscales y financieras para 2026

Con el Presupuesto 2026 aprobado, el Gobierno cuenta con una hoja de ruta que fija como ancla fiscal un superávit primario de alrededor del 1,5% del PIB, además de un mayor respaldo político para avanzar en una agenda legislativa más amplia, que incluye la reforma laboral actualmente en tratamiento en el Congreso y una eventual reforma tributaria.

En materia de ingresos, la reducción de alícuotas de los derechos de exportación anticipa un menor aporte del comercio exterior, que podría ser parcialmente compensado por mayores ingresos vía importaciones. En este contexto, la sostenibilidad fiscal dependerá en gran medida del desempeño de la actividad económica y del consumo. No obstante, la reforma laboral introduce riesgos a la baja en el corto plazo, especialmente por un potencial desfinanciamiento de la seguridad social y tensiones en la coparticipación, dado que contempla reducciones en Ganancias e impuestos internos.

Del lado del gasto, el margen de maniobra seguirá siendo acotado: cerca del 70% de las erogaciones están indexadas por inflación. Se espera una profundización del recorte de subsidios bajo el nuevo esquema tarifario, con impacto sobre el ingreso disponible de los hogares y la inflación, lo que podría moderar la recuperación económica. En cuanto al gasto de capital, existe margen para una recomposición gradual, aunque dependerá de las prioridades del Ejecutivo.

Finalmente, el programa financiero aparece como uno de los principales desafíos. El perfil de vencimientos de 2026 es exigente y obligará a sostener elevados niveles de rollover, posiblemente con tasas de interés altas, aun en un contexto de inflación en descenso. En este marco, la estrategia de financiamiento y el uso de instrumentos capitalizables serán claves para evaluar la sostenibilidad de la deuda.

Con todo, el informe concluye que el resultado primario continuaría siendo superavitario en 2026, en magnitudes similares a las observadas en los últimos dos años, consolidando el cambio de régimen fiscal iniciado en 2024.

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