ECONOMIA

Estabilizar la deuda en las economías avanzadas

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Escriben Zsolt Darvas y Jeromin Zettelmeyer / F&D FMI – Muchas economías avanzadas muy endeudadas se enfrentan a un sombrío panorama fiscal. Con las políticas actuales, los coeficientes de deuda pública de países como Bélgica, Francia, Estados Unidos y el Reino Unido se deteriorarán en las próximas dos décadas. Aún tienen margen para endeudarse, pero con límites.

Hasta ahora, los mercados financieros han sido piadosos, pero las sacudidas recientes hacen pensar que podrían tornarse más susceptibles a noticias negativas acerca de las perspectivas fiscales o económicas. Es posible que impongan tasas de interés más altas incluso a países con mercados de bonos públicos muy líquidos, haciendo mucho más difícil la tarea de reducir la deuda.

El aumento de la productividad impulsado por la inteligencia artificial quizá frene un poco el avance de los coeficientes de deuda y reduzca la escala del ajuste necesario. Pero no se sabe a ciencia cierta cuál sería la magnitud de este efecto ni el momento en que se produciría. El envejecimiento de la población y las mermas del crecimiento debidas a la fragmentación del comercio y la incertidumbre política son factores que tiran en sentido opuesto.

¿Qué se necesita para estabilizar los coeficientes de deuda? En un estudio reciente con Gonzalo Huertas y Lennard Welslau, evaluamos el ajuste fiscal necesario en las economías de la Unión Europea (UE), Estados Unidos y el Reino Unido. Recurrimos a pronósticos de crecimiento oficiales y proyecciones de mercado de tasas de interés, tipos de cambio e inflación, y combinándolos con shocks simulados generamos distribuciones de probabilidad para futuros coeficientes de deuda en distintos escenarios del saldo primario, que excluye los pagos de intereses por la deuda.

Consideramos un horizonte de 20 años a partir de 2024 y lo dividimos en dos períodos. En el primero, de siete años, los gobiernos elevan el saldo primario hasta un nivel que garantiza la sostenibilidad de la deuda. En el siguiente período, de 13 años, los gobiernos mantienen el saldo primario constante, excluyendo las variaciones del gasto provocadas por el envejecimiento de la población. El objetivo era garantizar una probabilidad del 70% de que la magnitud del ajuste fiscal en el primer período fuera suficiente para estabilizar el coeficiente de deuda en los últimos cinco años del horizonte de 20 años.

Hallazgos dispares

Por el lado positivo, el saldo primario a largo plazo necesario no es exageradamente elevado en muchos de los casos. Por ejemplo, es del 1,3% del PIB en los casos de Estados Unidos y Francia, del 1,8% en los casos de Bélgica y el Reino Unido, y del 2,5% en el caso de Italia. Pero por el lado negativo, los cuantiosos déficits registrados en 2024 acarrean la probabilidad de que se precisen ajustes importantes. Alrededor de una docena de países necesitan ajustes de más del 3% del PIB; cinco de ellos —Estados Unidos, Francia, Polonia, la República Eslovaca y Rumanía— necesitan ajustes del 5% con respecto a 2024.

En teoría, casi todos los países de la UE tienen previsto realizar ajustes para estabilizar el coeficiente de deuda. Pero varios de ellos emplean supuestos macroeconómicos más optimistas que los de la metodología común de la UE. El plan de Alemania, por ejemplo, contempla una inflación y un crecimiento mayores que los de los pronósticos de los expertos. Si el crecimiento y la inflación efectivos resultan ser menores, el déficit y la deuda de Alemania se situarán muy por encima de lo que proyecta el país.

Además, los pronósticos de la Comisión Europea y el FMI hacen pensar que los países con las mayores necesidades de ajuste probablemente no adopten las medidas requeridas para estabilizar sus niveles de endeudamiento. Esto acrecienta las dudas acerca de la probabilidad de que se realicen estos ajustes.

Antecedentes históricos

Es poco probable que Estados Unidos y varias otras economías avanzadas realicen los ajustes fiscales necesarios para estabilizar la deuda en el mediano plazo, pero quizá lo hagan más adelante. Para determinar cuán probable es que esto suceda, analizamos antecedentes históricos: con qué frecuencia alcanzaron los países el saldo primario necesario, cuál fue el período más largo en que se mantuvo ese saldo, y con qué frecuencia efectuaron el ajuste necesario dentro de un período de siete años.

Observamos que los saldos primarios en los niveles necesarios para estabilizar la deuda en varias economías avanzadas fuertemente endeudadas son poco frecuentes, como también lo son los considerables ajustes que se necesitan para alcanzar esos niveles desde las posiciones fiscales corrientes. Francia, por ejemplo, necesitaría un superávit primario del 1,3% del PIB para estabilizar su deuda, algo que ha sucedido apenas seis veces en cinco decenios. Eso no quiere decir que los ajustes sean imposibles, pero sí hace pensar que serán difíciles y que probablemente lleven más tiempo que los siete años que contemplan las reglas fiscales de la UE.

Algo que puede alentar a las autoridades de estas economías es la transformación que han experimentado los que otrora se consideraban los eslabones débiles de la zona del euro. En 2024, Grecia registró un saldo primario del 4,0%, teniendo en cuenta los altibajos del ciclo económico, es decir, muy por encima de lo necesario para estabilizar la deuda. Portugal necesita un ajuste leve de tan solo el 0,5% del PIB. El ajuste del 1,9% del PIB que precisa Irlanda es moderado, y el coeficiente de endeudamiento del país, del 39% del PIB, es excepcionalmente bajo, y se sitúa muy por debajo del 122% de Estados Unidos y el 101% del Reino Unido.

¿Cómo es que países que atravesaron graves crisis fiscales hace 15 años hoy han pasado a ser ejemplos de disciplina? Después de la crisis financiera mundial de 2008, los mercados financieros llevaron a esos países al borde del colapso, obligándolos a aceptar programas de préstamo de la UE y el FMI. Pese a las fallas en su diseño, el ajuste fiscal y las reformas estructurales esenciales de estos programas ponen a las economías en la senda hacia el crecimiento sostenible una vez más. El ajuste fue duro y, en el caso de Grecia, muy prolongado, pero terminó por surtir efecto.

Los resultados hablan por sí mismos. Con un crecimiento medio anual de entre el 3,1% y el 4,2% en 2022–25, los tres países superaron el ritmo del 2,6% de Estados Unidos.

La moraleja es que la disciplina fiscal y las reformas estructurales —junto con la reestructuración de la deuda pública y privada cuando sea insostenible— a la larga rinden fruto. No debe llamar la atención entonces que estas reformas y reestructuraciones no hayan sido impelidas por fuerzas políticas internas sino que más bien hayan sido impuestas por la presión del mercado.

Reconocer los riesgos

La pregunta es cómo realizarán el ajuste los países esta vez. Hay varias posibilidades.

Lo óptimo sería combinar la reforma a favor del crecimiento —lo que incluye poner en marcha el programa de mercado único en la UE descrito en el informe Draghi— con profundas reformas de la seguridad social y el sistema de pensiones. Por añadidura, se podrían reorganizar los sistemas tributarios a fin de captar ingresos sin desincentivar el crecimiento. Esto último es especialmente pertinente para Estados Unidos, el único país de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos que no tiene un impuesto al valor agregado.

Desafortunadamente, esta opción es la más complicada desde el punto de vista político. Una ruta más realista hacia la consolidación fiscal consiste en lograr un nuevo liderazgo político que ponga por delante la disciplina fiscal pero no necesariamente una reforma de gran calado. Italia es un ejemplo. Aleccionados por el desastre que se logró esquivar a comienzos de la década de 2010, los gobiernos italianos de diferentes vertientes políticas han mantenido los presupuestos en general bajo control. El coeficiente de endeudamiento de Italia, de alrededor del 135% del PIB, no deja de ser elevado, pero el saldo primario ajustado en función del ciclo es del 0,3% del PIB, es decir, mucho más saludable que los de Bélgica, Francia o el Reino Unido.

Una escalada repentina de los costos de endeudamiento que provoque tensiones por sobreendeudamiento podría desembocar en un aterrizaje brusco. Al aumentar la deuda, las tasas de interés también podrían subir, y los mercados podrían tornarse más susceptibles a noticias que pongan en entredicho la sostenibilidad fiscal. Los gobiernos podrían recurrir a estrategias de represión financiera —por ejemplo, alentar a los bancos o instituciones nacionales a absorber más deuda pública—, pero tales medidas tienen límites. Una inflación sorpresiva podría aliviar temporalmente las presiones fiscales, pero una inflación persistentemente más alta podría a la larga elevar las tasas de interés nominales.

Esperemos que las autoridades reconozcan estos riesgos y reaccionen a tiempo para evitar tal situación.

ZSOLT DARVAS, es investigador principal en el centro de estudios económicos Bruegel.

JEROMIN ZETTELMEYER, dirige el centro de estudios económicos Bruegel.

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Juan José Bahillo sobre el sector agropecuario: “va camino a la quiebra”

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Juan José Bahillo, diputado provincial por Entre Ríos y especialista del sector agropecuario de la Fundación Encuentro, expresó su profunda preocupación por la delicada situación que atraviesa el campo argentino. Advirtió sobre un proceso de descapitalización masiva impulsado por el aumento de costos en dólares y el tarifazo en los combustibles.

Los datos son contundentes: hoy un productor necesita prácticamente el doble de toneladas de soja, trigo o maíz que hace apenas tres años para acceder a un tractor. Un reciente informe de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos expone que, mientras en 2022 se requerían 186 toneladas de soja para adquirir una unidad, tras el quiebre de 2024 ese número llegó a 355 toneladas, evidenciando un encarecimiento relativo masivo de la maquinaria agrícola.

Al respecto, Bahillo fue categórico al analizar la crisis de rentabilidad: “La situación del sector primario de la agricultura es muy mala con respecto al 2023. Hemos tenido una inflación en dólares del 35%. Los costos de los insumos, llámese fertilizantes, fitosanitarios, semillas o maquinaria, han tenido un aumento de alrededor de un 30% en dólares”.

Este deterioro del poder de compra no es casual, sino el resultado de un “efecto tijera” letal para el productor. Entre 2022 y 2025, los tractores aumentaron un 36% en dólares, mientras que los precios internacionales de los granos cayeron entre un 20% y un 30%. Si bien los granos tuvieron un incremento en pesos de entre el 110% y el 120%, Bahillo advirtió que por el salto inflacionario de los costos “el sector va camino a la quiebra”.

El encarecimiento de la energía juega un rol protagónico en esta crisis, validando las advertencias realizadas por el líder del Frente Renovador, Sergio Massa. “Sergio Massa se quedó corto cuando dijo que el combustible iba a subir el 300%. El combustible ha subido el 500% en estos dos años y algo, y es uno de los insumos más importantes en la estructura de costos de los productores”, sentenció el diputado entrerriano.

Un espejismo climático y el silencio dirigencial Para Bahillo, la falta de políticas de apoyo al sector productivo está siendo invisibilizada por la naturaleza. “El gobierno debería intervenir para darle sustentabilidad a la producción primaria, que es la que aporta granos y dólares a la economía. Y agregó: “Hay buenos rindes, simplemente porque llovió en tiempo y en forma, no porque haya habido una política que haya ayudado al sector, pero hoy la ecuación es de pérdida para los productores”.

Es imperioso repensar el rumbo económico para evitar que quienes producen sigan perdiendo capacidad de trabajo y crecimiento. La Argentina necesita un modelo que cuide a sus productores, fomente la producción y garantice condiciones sostenibles para el desarrollo, y no uno que los empuje a la descapitalización. 

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Ricardo Arriazu: “Somos pobres, no alcanza y no lo vamos a resolver con discurso”

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El economista Ricardo Arriazu se refirió a la crisis de generación que atraviesas, al afirmar que en la Argentina “somos pobres y no alcanza” y sostuvo que la distribución de la torta “no alcanza” sino que “hay que agrandarla”.

Somos pobres, no alcanza. Y no lo vamos a resolver con discurso. La única manera es agrandando la torta, y para agrandar la torta hay que producir, y hay que sacrificarse, y hay que hacer esfuerzo”, advirtió el economista.

Arriazu disertó con una exposición en Yerba Buena, organizada por la Fundación del Tucumán, en donde se refirió a la situación actual que atraviesa el país y la distribución de la torta igualitaria.

En ese sentido, el especialista en macroeconomía y teoría monetaria dio sus fundamentos de por qué la solución es agrandar la torta y no “resolver con discurso”.

“Si todo el mundo ganara exactamente igual, cosa que es imposible, el salario promedio en la Argentina sería de $2 millones por mes. Somos pobres, no alcanza. Y no lo vamos a resolver con discurso. La única manera es agrandando la torta, y para agrandar la torta hay que producir, y hay que sacrificarse, y hay que hacer esfuerzo”, sostuvo.

Arriazu, quien es uno de los economistas más respetados por el presidente Javier Milei, señaló que la Argentina “es un país que se estuvo comiendo el stock de capital para dar consumo” y, sin embargo, el consumo no alcanza porque “en lugar de atacar el problema donde está, tratamos de dar soluciones comiéndonos la gallina”.

También mencionó la contradicción entre los datos coyunturales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y la percepción de crisis de la población. “Si ustedes le preguntan a la gente cuáles son las grandes dudas, la gente dice ‘no llego a fin de mes’, ‘mis ventas bajaron 50%’ y ‘cierra la empresa, se está destruyendo la industria’. Está claro que eso es lo que leen. Y al mismo tiempo, el INDEC dice que el nivel de actividad económica en el mes de diciembre fue el más alto de la historia, y hoy acaban de publicar que enero fuye más grande que diciembre. Por lo tanto, enero fue el más grande de la historia. Entonces la pregunta es: ¿alguien miente? No. Lo que voy a mostrar es que es consistente. Hay exageraciones, pero es consistente.

En otro tramo de su exposición, mencionó la enorme oportnidad que tiene el país para este 2026, en donde “los planetas están alineados” salvo que “choquemos la calesita”. Bajo su mirada, la estabilidad lograda por el equilibrio fiscal debe transformarse en crecimiento.

Nos van a salir dólares por las orejas mientras no choquemos la calesita”, manifestó el economista. En la misma línea indicó que los sectores como el campo y la energía van a impulsar a la economía, y mencionó el conflicto en Medio Oriente.

Argentina por primera vez, a diferencia del ‘73, esto lo agarra como exportador de petróleo. En el ’73 éramos importadores y aparte cayó el precio de la soja a la mitad. Ahora, con el tema de la urea, está subiendo el precio de la soja. O sea, los planetas se alinearon si no hacemos macan”.

También se refirió al pósible éxito del programa económico del Gobierno, que va a estar dependiendo de una variable con impacto financiero entre comprar o no dólares.

“Toda la palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo Argentina. Esta es la variable fundamental para ver todos los días, todos los meses y saber qué es lo que va a pasar en el país en el corto plazo”.

En paralelo criticó la elección del Ejecutivo sobre implementar el modelo de bandas cambiarias: “El año pasado venía muy bien hasta que se le ocurrió (al Gobierno) poner la banda. Ustedes me escucharon a mí el año pasado decir ‘Yo estoy en desacuerdo’. Ahora ya sabemos el resultado de las bandas que tanto aplaudimos: inflaciónactividad económica que venía creciendo hasta el momento de la banda, comenzó a caer después de la banda; habían comprado US$25.000 millones, ahora no compraron nada; y el riesgo país se duplicó. 

“Que alguien me explique dónde está la ventaja de dar incertidumbre en un país donde la verdadera unidad de cuenta es el dólar y la gente piensa en dólares. Nunca lo voy a entender”, concluyó.

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Passalacqua prorrogó los programas Ahora hasta junio

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El gobernador Hugo Passalacqua informó en sus redes sociales que “los argentinos sabemos que la cosa no está fácil y que cada peso cuenta, por eso decidí prorrogar los programas Ahora hasta el 30 de junio con mejores reintegros, mejores plazos, mayores límites de compra”.

“En síntesis, tratamos de poner los recursos de los misioneros que administra la provincia donde más puedan ser utilizados”, añadió.

La medida se hizo en acuerdo con las entidades bancarias y el sector privado participante. La misma contempla la adecuación de los porcentajes de reintegro, así como aumentos en el límite financiable y en los topes de reintegro. Asi, el beneficio estará disponible desde el 1 de abril de 2026 hasta el 30 de junio de 2026.

La prórroga comprende los programas: Ahora Misiones, Ahora Bienes Durables, Ahora Mujer, Ahora Viajá por Misiones, Ahora Estudiantes, Ahora Construcción, Ahora Carne, Ahora Gastronomía, Ahora Feria, Ahora Mascotas, Ahora Pan, Ahora Gas, Ahora Neumáticos, Ahora Góndola Bernardo de Irigoyen y Ahora Remedios.

En detalle, Ahora Misiones establece un tope de compra de $816.000 y un tope de reintegro de $56.000. En tanto, Ahora Bienes Durables eleva su tope a $1.832.000, con financiación en hasta 15 cuotas. Por su parte, Ahora Construcción y Ahora Neumáticos comparten el mismo tope de compra de $1.832.000. A estos se suman Ahora Viaja por Misiones y Ahora Estudiantes.

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El petróleo sube un 55 % tras el primer mes de la guerra en Oriente Medio

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La incertidumbre ha marcado las últimas semanas, en las que se ha confirmado el escenario más temido por los mercados, el de un conflicto prolongado en el tiempo. Este contexto ha impulsado al alza los precios del petróleo y del gas ante los daños en infraestructuras energéticas y el riesgo de una menor oferta a nivel global.

El barril brent, el crudo de referencia europeo, se ha disparado un 55,31 % desde el inicio del conflicto, y ha llegado a estar cerca de los 120 dólares. El crudo de referencia en Estados Unidos, el West Texas Intermediate (WTI), ha subido un 48,67 % y roza los 100 dólares, su máximo desde mediados de 2022.

En paralelo, el gas se ha revalorizado más del 70 % hasta los 54,155 euros por megavatio hora.

A la vez, se han registrado importantes caídas en las principales Bolsas. Además del recorte del 8,49 % del IBEX, el indicador de la española, Fráncfort retrocede un 11,8 % desde que se inició la guerra en Irán; París, un 10,24 %; Londres, un 8,64 % y Milán, un 8,11 %.

Según el analista de XTB Manuel Pinto, estas caídas reflejan un escenario de pesimismo ante una posible desaceleración económica, derivada del aumento de los precios energéticos, el repunte de la inflación y la expectativa de subidas de tipos de interés.

Fuera de Europa, también ha habido caídas bursátiles.

En Asia, la bolsa de Seúl ha retrocedido un 12,9 %; Tokio, un 9,31 %; y Hong Kong, un 5,53 %.

En Estados Unidos, los principales índices de Wall Street han bajado un 16,07 % en el caso del Nasdaq Compositeun, 7,82 % el Dow Jones de Industriales y un 7,42 % el S&P 500.

Por sectores, XTB señala que los más cíclicos son los más perjudicados al “sufrir más las consecuencias de una desaceleración económica”. En España, el consumo, los bancos, las empresas ligadas a materias primas, como ArcelorMittal o Acerinox, así como el turismo y las aerolíneas, como IAG, figuran entre los más afectados.

En cambio, Repsol se ha disparado en el entorno del 26 % ante el repunte del precio del crudo, seguido de las energías renovables, con un rebote del 3,5 % en valores como Solaria.

Antes del 27 de febrero, varios parqués mundiales habían tocado niveles máximos, con revalorizaciones destacadas en los dos primeros meses del año. Sin embargo, tras 30 días de conflicto en Oriente Medio, las ganancias anuales se han diluido.

Temor al repunte de la inflación

En otros mercados, el oro ha puesto en duda su condición de valor refugio por excelencia al perder cerca del 14,5 %. Pinto explica que actúa como fuente de liquidez para los inversores, que tienden a venderlo con facilidad, mientras el fortalecimiento del dólar, del 2 % frente al euro, también resta interés al metal.

La incertidumbre también se ha extendido a otros ámbitos, como la renta fija o el crédito privado, tal y como señala la gestora Swisscanto.

Además, los mercados descuentan ya subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales ante el temor a un repunte de la inflación por el incremento de los precios energéticos.

De momento, el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal (Fed) estadounidense han optado por mantener sin cambios el precio del dinero en sus respectivas reuniones de marzo.

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