ECONOMIA

La agenda legislativa y el debate fiscal

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Por Isidro Guardarucci / FIEL – La discusión fiscal empieza a moverse desde la administración cotidiana de la caja hacia las reglas que deberían ordenar los próximos años. En pocas semanas confluyeron tres iniciativas de distinto alcance: una reforma que busca facilitar la formalización de ahorros y contribuyentes, otra que intenta cerrar el financiamiento monetario del Tesoro y un Presupuesto 2027 que deberá regir durante el año electoral. En conjunto, plantean una pregunta más ambiciosa que la de sostener un superávit mensual: qué instituciones necesita la Argentina para dejar atrás un régimen de impuestos altos, informalidad y emisión recurrente para financiar al fisco.

La apuesta tiene una lógica. Una base tributaria más amplia podría permitir que el Estado recaude sin descansar tanto en alícuotas elevadas y tributos distorsivos. Un Banco Central impedido de financiar directamente al Tesoro reduciría el riesgo de que el desequilibrio fiscal vuelva a convertirse en emisión e imposición del poco deseable impuesto inflacionario. Y un presupuesto aprobado debería transformar esos principios en decisiones concretas de ingresos, gastos y financiamiento. El desafío es que las tres piezas se sostengan entre sí: formalizar sin controlar el gasto no garantiza menos impuestos; prohibir la emisión sin equilibrio fiscal no elimina la necesidad de financiamiento; y un presupuesto que no sea creíble puede vaciar de contenido a las otras reformas.

La ejecución acumulada a julio ayuda a entender por qué este debate aparece ahora. El Gobierno mantiene el superávit, pero con menos holgura que en 2025. Los ingresos caen más que el gasto y el resultado financiero se redujo más de 50% en términos reales.

La agenda legislativa

Inocencia Fiscal II: formalizar para ampliar la base

El proyecto obtuvo media sanción de Diputados el 26 de agosto y ahora espera tratamiento en el Senado. Para entender qué está en juego conviene separar el nombre del mecanismo. No es un blanqueo tradicional que cobre un impuesto especial para regularizar cualquier patrimonio. La Ley 27.799 vigente permite que una persona acepte la declaración simplificada de Ganancias preparada por ARCA, pague y obtenga una presunción de que sus declaraciones de Ganancias e IVA de años no prescriptos eran correctas. En términos cotidianos, funciona como un “tapón fiscal”: el organismo no puede reabrir el pasado sólo porque el contribuyente incorpore ahorros al circuito formal; debe demostrar una discrepancia relevante. Es una protección tributaria que no vuelve lícito un fondo de origen ilegal ni elimina los controles antilavado.

Inocencia Fiscal II busca que ese mecanismo alcance a más personas y genere menos temor a una fiscalización retrospectiva. Elimina los topes de ingresos y patrimonio, a la vez que combina topes de calificación para evitar inconsistencias. También reduce ciertas multas formales para personas humanas, MiPyMEs y entidades sin fines de lucro. Los grandes contribuyentes y determinados funcionarios pueden usar la presentación simplificada, pero quedan afuera del “tapón” y de los beneficios sustantivos. La apuesta económica es indirecta: que una mayor seguridad jurídica lleve ahorros hacia bancos, inversiones, inmuebles o consumo formal y, con el tiempo, amplíe la base sobre la cual recauda el Estado. Una base más ancha podría abrir espacio para una economía con menos impuestos o con alícuotas más bajas. No es un resultado automático, pero busca cerrar décadas de incentivos que atentaban contra la formalidad. Dependerá de la confianza en la estabilidad de la regla los resultados en el largo plazo.

Carta Orgánica del BCRA: cerrar la puerta a la dominancia fiscal

El proyecto también obtuvo media sanción en Diputados el 26 de agosto y pasó al Senado. Su núcleo fiscal puede resumirse de manera directa: si al Tesoro no le cierran las cuentas, el Banco Central no debería poder cubrir la diferencia. La reforma elimina los adelantos transitorios del artículo 20 de la Carta Orgánica, prohíbe los préstamos a los gobiernos y la compra de títulos públicos en el mercado primario, y suprime la posibilidad de adelantar recursos para atender servicios de deuda. Busca transformar la decisión actual de no emitir para financiar al fisco en una restricción legal también para futuras administraciones.

Lo que se intenta romper es la dominancia fiscal sobre la política monetaria: la situación en la cual las necesidades de financiamiento del Tesoro terminan condicionando cuánto dinero debe emitir el Banco Central, aun cuando eso contradiga el objetivo de estabilidad de precios. Cuando esa emisión se traduce en inflación, aparece el impuesto inflacionario, una pérdida de poder adquisitivo sobre los pesos que mantiene la población y que no necesita ser votada por el Congreso. La reforma conserva operaciones con títulos públicos en el mercado secundario cuando respondan a objetivos monetarios, cambiarios o financieros y se realicen a precios de mercado. También limita las utilidades transferibles al Tesoro a ganancias realizadas y líquidas, excluyendo revaluaciones puramente contables.

Presupuesto 2027: el examen del año electoral

El Presupuesto 2027 todavía no está en trámite parlamentario. La legislación exige que el proyecto ingrese por la Cámara de Diputados antes del 15 de septiembre y el Gobierno anunció su presentación para esa fecha. Hasta entonces no hay números finales ni artículos para votar. Hay una orientación fiscal, pero no un presupuesto que el Congreso pueda modificar o aprobar.

Su importancia excede la habitual discusión de planillas. Será el presupuesto que regirá durante el año electoral y, por lo tanto, una prueba de la capacidad de sostener el orden fiscal cuando aumentan las presiones para reducir impuestos, recomponer ingresos, ampliar transferencias o acelerar obra pública. Allí deberán convivir la meta de resultado primario con los supuestos sobre el desempeño de la macro el año venidero. En ese sentido, las reformas de Inocencia Fiscal y del BCRA fijan reglas de comportamiento.

La ejecución que llega al debate

Entre enero y julio, el Sector Público Nacional No Financiero acumuló un superávit primario de $10,3 billones y un superávit financiero de $1,7 billones, medidos a precios de 2026. El signo positivo sigue siendo relevante, después de años de déficit ignorando el concepto de restricción presupuestaria. Sin embargo, la comparación real con 2025 muestra que el margen es menor.

Los ingresos totales cayeron 4,6% real y el gasto primario se redujo 2,7%. La diferencia hizo que el resultado primario bajara 18,1%. Como los intereses se mantuvieron prácticamente estables, casi todo ese deterioro se trasladó al resultado financiero, que cayó 56,3%. En valores constantes, el saldo después de intereses pasó de $3,9 billones a $1,7 billones.

La caída de los recursos se concentra en los ingresos tributarios, que retrocedieron 5,9% real. El mayor faltante provino de los Derechos de Exportación: disminuyeron 36,6% y dejaron alrededor de $2,6 billones menos que en los primeros siete meses de 2025. Aportes y contribuciones a la seguridad social cayeron 3,8%, con una pérdida de $1,4 billones, mientras que el IVA se redujo 6,6% y restó una magnitud similar. Los Derechos de Importación bajaron 20,9% y explicaron cerca de $0,8 billones adicionales.

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

Ganancias aumentó 4,7% real, Bienes Personales 8,6% y el resto de los tributos 9,1%. Los ingresos no tributarios crecieron 12,8%. Estas mejoras amortiguaron la caída, pero no la revirtieron: los recursos totales fueron aproximadamente $4,7 billones inferiores a los de 2025, a precios comparables. La composición refuerza el vínculo con la agenda legislativa. Derechos de Exportación depende de alícuotas, precios, cantidades y tipo de cambio; IVA refleja más de cerca el consumo y la actividad; contribuciones sigue la masa salarial formal.

Por su parte, el gasto primario acumulado se redujo 2,7% real. Las transferencias corrientes a provincias bajaron 33,3% y las de capital 13,0%. También cayeron el resto de las prestaciones sociales, 12,5%, con un fuerte impacto en términos absolutos por su magnitud; el funcionamiento no salarial, 11,0%; el gasto de capital nacional, 8,8%; y las remuneraciones, 6,5%. Son partidas sobre las que el Ejecutivo conserva algún margen de administración y que todavía aportan buena parte del ahorro.

En sentido contrario, varias líneas relevantes crecieron. Las jubilaciones y pensiones contributivas aumentaron 1,9% real, la AUH 3,8% (en línea con lo observado desde el primer momento de la actual gestión) y las transferencias a universidades 10,1%. Los subsidios económicos subieron 16,4%. Dentro de estos últimos, la serie mensual complementaria muestra que los energéticos acumularon un aumento real de 48,3% entre enero y julio, mientras que los destinados al transporte cayeron 5,6%. Julio moderó la tendencia en el rubro energético, pero no alcanzó para compensar el arrastre del primer semestre.

Esta heterogeneidad anticipa el problema del Presupuesto 2027. El ajuste inicial podía apoyarse en licuación, freno de transferencias e inversión y recortes sobre partidas administrables. A medida que la inflación baja y algunos gastos recuperan poder de compra, sostener el superávit exige definir prioridades más permanentes. El año electoral hará más visible esa tensión.

Algunas conclusiones

El superávit a julio ofrece un punto de partida mejor que el de muchos años anteriores. Su reducción frente a 2025 también deja una advertencia: las nuevas reglas se discutirán con una caja positiva, pero menos holgada. El verdadero cambio de régimen no se medirá sólo por la sanción de las leyes, sino por la capacidad de sostenerlas cuando formalizar lleve tiempo, financiarse tenga límites y gastar resulte políticamente atractivo.

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Glifosato: prohibir o regular, ese es el verdadero debate

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El glifosato mata. Los antibióticos, la aspirina y hasta la sal también pueden provocar daños graves e incluso la muerte cuando se utilizan o consumen de manera inadecuada o en cantidades excesivas.

La frase puede resultar provocadora, pero sirve para abrir un debate que Misiones necesita dar: ¿debemos discutir la prohibición absoluta del glifosato o debemos discutir cómo, dónde, cuánto y bajo qué condiciones se utilizan los productos fitosanitarios?.

Después de tres años de sancionada la Ley VIII N.º 103 de Promoción de la Producción de Bioinsumos, que establece en su artículo 7 la prohibición del uso del glifosato, considero que tenemos una oportunidad para debatir seriamente sobre esta política y, fundamentalmente, para sacarnos las caretas.

No se trata de defender a ultranza un producto ni de demonizarlo. Se trata de construir una posición consensuada entre el Estado, los profesionales, los productores, los trabajadores y la sociedad.

Es cierto que existen evidencias científicas sobre los riesgos asociados a determinados productos fitosanitarios y que se han detectado residuos de estas sustancias en personas, cursos de agua y alimentos. También es cierto que una utilización incorrecta puede generar consecuencias reales sobre la salud de los aplicadores, terceros y el ambiente.

Pero si realmente queremos abordar el problema, debemos analizar los distintos contextos productivos.

En Misiones, por ejemplo, existe una problemática histórica vinculada al uso de fitosanitarios en determinadas actividades, particularmente en el sector tabacalero, donde las condiciones de aplicación y exposición merecen especial atención.

El sector forestal presenta una realidad diferente. La provincia cuenta con aproximadamente 400.000 hectáreas de bosques cultivados, y una parte importante de esa superficie se encuentra bajo sistemas de certificación forestal, entre ellos PEFC/CERFOAR y FSC.

En este sector, la utilización de productos fitosanitarios se concentra principalmente durante los primeros tres o cuatro años desde la preparación del terreno para la plantación, dentro de ciclos de rotación que pueden extenderse aproximadamente entre 13 y 15 años. Es decir, que durante gran parte del crecimiento de los árboles no se realizan aplicaciones.

Esto no significa que el sector forestal esté exento de impactos ambientales ni que la certificación sea una garantía absoluta. Significa que existen protocolos, controles y criterios de manejo que permiten reducir y ordenar el uso de estos productos.

Además, el sector forestal es actualmente la actividad productiva de Misiones que ocupa la mayor superficie cultivada, por encima de la yerba mate. Por eso, cualquier decisión sobre el uso de fitosanitarios en nuestra provincia debe contemplar necesariamente su impacto sobre esta actividad, sobre el empleo y sobre la competitividad de las empresas y productores.

El glifosato, como muchos otros productos utilizados en la producción agropecuaria y forestal, es una herramienta. Utilizado correctamente puede contribuir a reducir determinados costos y facilitar labores productivas; utilizado incorrectamente puede generar impactos sobre los aplicadores, terceros y el ambiente.

Por eso, no se trata de hacer apología de su utilización. Tampoco de convertirlo en el responsable de todos los problemas ambientales. Se trata de reconocer que estamos frente a una herramienta tecnológica que debe estar sometida a reglas claras, capacitación, controles y responsabilidad.

También debemos discutir el origen y la historia de esta tecnología. El desarrollo de los herbicidas modernos estuvo fuertemente vinculado al crecimiento de grandes empresas multinacionales y a un modelo de producción agrícola que generó enormes transformaciones económicas y tecnológicas, pero que también recibió fuertes cuestionamientos por sus impactos ambientales, por la concentración empresarial y por sus efectos sobre la soberanía alimentaria y la diversidad genética de las semillas.

No debemos ignorar esa discusión. Pero tampoco debemos permitir que nos impida analizar con racionalidad la realidad concreta de Misiones.

Nuestra condición de provincia de frontera agrega otro elemento que no puede ser ignorado.

Cuando se prohíbe un producto que continúa siendo utilizado legalmente en países vecinos y existe una demanda productiva para utilizarlo, también debemos preguntarnos qué ocurre cuando la prohibición no está acompañada de controles efectivos.

El riesgo es que aparezca un mercado ilegal, sin trazabilidad, sin capacitación, sin control sobre las dosis, sin fiscalización sobre las aplicaciones y, especialmente, sin una correcta gestión de los envases vacíos.

Una política de prohibición que no pueda ser controlada puede terminar generando exactamente el efecto contrario al buscado: mayores riesgos ambientales y sanitarios.

Por eso, antes de tomar decisiones definitivas, necesitamos estudios serios e integrales. ¿Sabemos cuánto empleo podría verse afectado? ¿Cuánto aumentarían los costos de producción? ¿Qué impacto tendría sobre la competitividad de nuestras empresas y productores frente a Brasil, Paraguay y otros mercados? ¿Qué alternativas técnicas existen para cada cultivo? ¿Cuál sería el costo de reemplazar determinadas prácticas? ¿Y qué beneficios ambientales concretos obtendríamos?

Hasta el momento, el debate económico necesita mayor evidencia.

Muchos actores del sector productivo advierten que una prohibición absoluta podría generar aumentos significativos de los costos de producción y afectar la competitividad. Puede que algunas de estas advertencias sean exageradas y puede que otras sean reales.

La única manera responsable de saberlo es estudiarlo.

Prohibir o regular: ese es el verdadero debate.

Creo que debemos abandonar las posiciones extremas.

Misiones ya cuenta con un marco normativo que puede ser una herramienta fundamental para avanzar en este sentido: la Ley XVI N.º 144 de Productos Fitosanitarios y Domisanitarios, que establece mecanismos vinculados con la utilización responsable de estos productos, incluyendo la obligatoriedad de la receta y la intervención de profesionales, junto con la responsabilidad técnica.

El problema, entonces, no es solamente qué dice la ley, sino cómo hacemos para que la ley se cumpla efectivamente en todo el territorio provincial.

Para eso hacen falta recursos. Recursos humanos, técnicos, tecnológicos y económicos que permitan fiscalizar, capacitar, registrar aplicaciones, controlar la comercialización y verificar el cumplimiento de las recetas profesionales.

También es necesario fortalecer los organismos responsables del control y generar mecanismos de trazabilidad que permitan saber qué producto se utiliza, dónde, cuánto, quién lo prescribe y quién lo aplica.

Una política de regulación sin recursos para fiscalizar corre el riesgo de convertirse simplemente en una norma escrita.

Por eso, si realmente queremos proteger la salud y el ambiente, debemos fortalecer la aplicación de la Ley XVI N.º 144 y utilizar todas las herramientas disponibles antes de avanzar hacia prohibiciones que pueden resultar difíciles de controlar. Necesitamos una política provincial que involucre a profesionales especializados, productores, trabajadores, organismos técnicos y un verdadero organismo de contralor.

Una política que establezca:

  • receta agronómica obligatoria y efectiva;
  • intervención y responsabilidad de profesionales habilitados;
  • capacitación obligatoria para los aplicadores;
  • registro y trazabilidad de las aplicaciones;
  • protocolos claros de aplicación;
  • distancias y condiciones de seguridad;
  • correcta gestión de envases vacíos;
  • monitoreo de suelo y agua;
  • protección de las personas expuestas;
  • fortalecimiento presupuestario de los organismos de fiscalización;
  • controles efectivos en todo el territorio, especialmente en zonas rurales y de frontera;
  • y multas severas y ejemplares para quienes incumplan y provoquen daños a las personas
    o al ambiente.

Pero esta política no debería terminar ahí.

Promover alternativas, no solamente prohibir

La propia Ley VIII N.º 103 de Promoción de la Producción de Bioinsumos nos brinda una herramienta para avanzar en esa dirección. La norma no solamente establece un marco regulatorio para los bioinsumos, sino que plantea entre sus objetivos promover su desarrollo tecnológico, impulsar su utilización, mejorar la fertilidad del suelo, fortalecer el control biológico de plagas y enfermedades y fomentar técnicas vinculadas con sistemas de producción orgánica.

Por eso, en lugar de pensar únicamente en términos de prohibición, deberíamos poner en valor esa herramienta y darle los recursos necesarios para que pueda cumplir con sus objetivos.

Misiones puede avanzar hacia una producción con menor dependencia de productos sintéticos, pero esa transición debe estar acompañada por investigación, desarrollo tecnológico, capacitación, asistencia técnica, financiamiento e incentivos económicos para productores y empresas que adopten alternativas.

La producción de bioinsumos también puede convertirse en una oportunidad para generar conocimiento, empleo y agregado de valor dentro de nuestra propia provincia. Pero esa oportunidad debe construirse mirando hacia adelante y aprendiendo de las experiencias anteriores.

No podemos reemplazar un modelo de dependencia por otro.

Si vamos a promover los bioinsumos, debemos hacerlo generando las condiciones para que puedan surgir múltiples empresas, emprendimientos y desarrollos tecnológicos, con reglas claras, competencia y transparencia, independientemente de su origen o vinculación con el Estado.

El objetivo debe ser crear un verdadero mercado de bioinsumos, donde diferentes actores puedan investigar, producir, comercializar y competir en igualdad de condiciones. El Estado debe tener un rol fundamental, pero como promotor, regulador, fiscalizador y generador de conocimiento.

La producción orgánica requiere un esfuerzo adicional. Requiere más manejo, conocimiento, planificación y, muchas veces, mayores costos.

Si como sociedad queremos que ese modelo crezca, no alcanza con prohibir el producto opuesto: hay que incentivar la alternativa.

Podemos pensar en reducciones impositivas significativas para quienes produzcan bajo sistemas certificados, programas de asistencia técnica, financiamiento diferencial, promoción comercial y, fundamentalmente, políticas que ayuden a encontrar mercados dispuestos a pagar por productos diferenciados.

La transición hacia sistemas productivos más sustentables no debería construirse desde la prohibición, sino desde la promoción y la generación de alternativas viables.

En definitiva, no se trata de elegir entre glifosato u orgánico.

Se trata de construir una política productiva que permita reducir progresivamente la dependencia de los productos sintéticos, promover alternativas biológicas y orgánicas y, al mismo tiempo, garantizar que mientras determinadas herramientas continúen siendo necesarias, su utilización se realice bajo las condiciones más estrictas de seguridad, profesionalización y control.

Misiones no necesita una discusión basada en consignas.

Necesita ciencia, profesionales, productores, controles, incentivos y datos. Y, sobre todo, necesita una política que proteja la salud y el ambiente sin destruir la producción, el empleo y la competitividad de quienes trabajan y producen en nuestra
provincia. Ese debería ser el verdadero debate.

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Ventas en supermercados de Misiones cayeron 7,3% en junio y cerraron el semestre en -10,4%

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En junio de 2026, las ventas en los grandes supermercados a nivel nacional fueron por $ 2,48 billones y registraron un descenso real del 3,1% interanual, siendo la sexta baja consecutiva. Por su parte, la comparación mensual desestacionalizada exhibió también una caída que llegó al -1,0% respecto a mayo pasado. Así, este indicador se ubica -10,3% en lo que va del actual gobierno nacional.

En la provincia de Misiones, las ventas totalizaron $ 27.274 millones en mayo de 2026 y en relación con igual mes del 2025 mostraron una caída del 7,3% real, siendo la quinta baja más fuerte del país y la décimo cuarta consecutiva para la provincia aunque, en ese marco, se destacan dos cosas: la caída interanual se desaceleró significativamente en comparación con el mes anterior (fue -14,3% en mayo) y, en segundo lugar, las ventas de junio crecieron mensualmente 5,6% respecto a mayo.

Por grupos de artículos, tres de los once que releva el INDEC presentaron crecimientos interanuales: lideró Panadería con +13,1%, seguido por Verduras y Frutas con +5,7% y por productos de Almacén con +3,2%, siendo este el caso más relevante dada su alta participación en el total provincial (explica el 33% de la facturación total del mes).

A su vez, el resto de los rubros exhibieron caídas interanuales con una fuerte brecha entre ellos: por un lado, el rubro de Otros lo hizo en -1,5% pero, en el extremo opuesto, Indumentaria cayó al 29,3%, la más fuerte en la provincia. De esta forma, el acumulado del primer semestre del año cerró para Misiones con ventas por $ 155.793 millones con una caída del 10,4% respecto a igual período de 2025, además de quedar por debajo también de igual período del 2024 (-9,8%), de 2023 (-33,8%) y de 2022 (-35,8%).

A nivel nacional, como se mencionó, la caída en las ventas de junio fue del 3,1% interanual y en ese marco, hubo solo seis provincias que exhibieron crecimiento con Neuquén (+5,3%) y La Pampa (+5,0%) a la cabeza; entre los que presentaron caídas, las más abruptas fueron las de Chaco (-8,2%), Catamarca (-8,5%) y Corrientes (-9,8%).

A nivel acumulado, el total nacional presenta una caída del 2,8%; y solo cuatro provincias exhiben resultados positivos (lideradas por Neuquén con +3,5%) y el resto registra descensos, siendo los de Corrientes (-13,3%) y Misiones (-10,4%) los más fuertes.

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Industria. ¿Se trunca la recuperación?

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Por Guillermo Bermúdez / Fundación FIEL – La producción industrial igualó en junio el nivel de actividad alcanzado en el mismo mes de 2025, de acuerdo a información preliminar del relevamiento de FIEL, acumulando en el primer semestre del año un retroceso de 0.7% en la comparación con el mismo periodo de 2025. En junio, la mayor caída entre los sectores de actividad la volvió a registrar la industria automotriz, con un nuevo y marcado retroceso en la producción de automóviles, mientras que, en el otro extremo, el sector de alimentos y bebidas se colocó en récord para un mes de junio a partir del aporte de la producción de alimentos.

En el mes, producto de la priorización en el abastecimiento de gas hacia la demanda residencial y de servicios esenciales, establecimientos fabriles sufrieron cortes de suministro originados en deficiencias en la infraestructura de transporte. El fenómeno resultó circunscripto a empresas pequeñas y medianas en localizaciones específicas, sin una gravitación de magnitud en la producción industrial agregada.

Al mismo tiempo, la implementación de cambios regulatorios -Resolución 66/2026 de la Secretaría de Energía-, determinaron que integrantes de la cadena de comercialización –productores, distribuidores y consumidores- deban volver a operar bajo las reglas de la licencia de servicio sin la intermediación de ENARSA. De ello, grandes usuarios industriales tuvieron que pasar a comprar gas directamente a los comercializadores, afrontando mayores precios por el GNL, cuyo costo se vio afectado al alza por el conflicto en Medio Oriente, o alternativamente asumiendo cortes de suministro y la interrupción de la actividad.

En el caso de los datos correspondientes al segundo trimestre, estos muestran que la industria se contrajo 0.5% en la comparación con el mismo trimestre de 2025, encadenando cuatro trimestres de retroceso interanual, con un más moderado ritmo de caída en el primer semestre de este año. En la medición desestacionalizada, en el segundo trimestre la industria se contrajo 1.5% respecto al trimestre previo, interrumpiendo la recuperación de la actividad, luego del avance observado en los primeros tres meses de 2026.

Gráfico 1

Fuente: FIEL.

En cuanto al desempeño de los sectores industriales, en los primeros seis meses de este año, la refinación de petróleo lidera el ranking con un crecimiento acumulado de 9.4%, seguido de la producción de las industrias metálicas básicas con un avance de 5.5% y de la de alimentos y bebidas con un alza de 2.7%, en cada caso en la comparación con el nivel de actividad del primer semestre del año pasado. El sector de los químicos y plásticos igualó en el semestre el nivel de producción del año pasado, mientras que el de los insumos textiles y la metalmecánica acumularon un retroceso similar al promedio de la industria. Con una caída más profunda se ubican la producción de papel y celulosa, con un retroceso de 2.3%, seguido de la producción de minerales no metálicos (-3.6%) y los despachos de cigarrillos (-5.2%), en cada caso en el acumulado entre enero y junio y en la comparación con el primer semestre de 2025. Finalmente, la industria automotriz registra en lo que va del año el mayor retroceso acumulado, que alcanza 18.6%. Con lo anterior, la caída de la fabricación de vehículos en los primeros seis meses realiza el mayor aporte a la contracción de la industria en el período, mientras que la refinación de petróleo hace la mayor contribución para amortiguar el retroceso de la actividad fabril.

Gráfico 2

Fuente: FIEL.

Es importante mencionar que, a inicios de julio, el Gobierno Nacional mediante el Decreto 566/2026 dispuso la eliminación y reducción progresiva de Derechos de Exportación para unas mil posiciones arancelarias del Nomenclador Común del Mercosur pertenecientes al sector industrial. Para exportaciones del sector químico, de las industrias metalúrgicas (aluminio, cobre, zinc, estaño, acero), y gran parte de la cadena automotriz, la quita de retenciones es inmediata, al tiempo que se fija una baja progresiva en productos petroquímicos específicos, plásticos, fertilizantes y otros bienes que actualmente tributaban entre 3% y 4.5%. El cronograma de desgravación culminará con la eliminación total de las retenciones industriales en junio de 2027, en la búsqueda de mejorar la competitividad de la producción local y favorecer la apertura de nuevos mercados.

En el repaso del desempeño de los sectores industriales en el mes de junio, como se mencionó, el de los alimentos y bebidas, registró el mayor crecimiento con el aporte de la producción de alimentos. En efecto, en el mes el bloque creció 5.5% en la comparación con junio de 2025, combinando un aumento del 6.4% en la producción de alimentos con un ligero avance del 0.3% en la de bebidas.

La subrama de los alimentos alcanzó un récord de actividad para un mes de junio a partir del salto en la faena porcina, la que en el mes aumentó 20.6% en la comparación interanual – y encadenó 10 meses de mejora-, que se combinó con un alza del 11.4% en la faena aviar, junto con una nueva caída del 5.1% –por tercer mes- en la faena vacuna. El desempeño de la actividad frigorífica responde no sólo a la restricción de oferta en el caso de la carne vacuna –recomposición de rodeos de por medio-, sino también a un cambio derivado en los patrones de consumo con una migración hacia la carne de cerdo y aves. También, entre los alimentos, se sostiene el avance de la producción lechera, la que acumula veinte meses de mejora en la comparación interanual. 

Al interior de la subrama de bebidas, en junio se tuvo un modesto avance en la producción de gaseosas, aguas y jugos -luego de un bimestre de caída-, que compensó la contracción en la de cervezas.

El sector de los químicos y plásticos igualó en junio el nivel de actividad de un año atrás, en parte por un efecto de base de comparación, pero también a causa de que no se registraron mayores disrupciones en la producción del sector a causa de paradas relacionadas con cortes de gas. En junio, al interior del bloque se tuvo un nuevo avance en la producción de jabones –desde niveles bajos en 2025-, junto con una mejora en la producción de agroquímicos. En el Polo Petroquímico de Bahía Blanca, no se reportaron paradas por falta de gas, y en el caso de Profertil en particular, la firma reportó un incremento en sus niveles de días operativos continuos, como puente antes de una breve parada por mantenimiento técnico específico efectuada a inicios de julio de 2026. En cuanto a las restantes actividades al interior del bloque, la mayor caída de la producción se registró en la de neumáticos, que encadena 28 meses en retroceso, seguida por la de petroquímicos básicos, a causa de la merma en la producción de etileno, y de los químicos básicos, producto del cese de la producción de negro de humo el mes anterior.

Con un crecimiento similar al promedio de la industria en el primer semestre, la metalmecánica igualó en junio por segundo mes el –bajo- nivel de producción de un año atrás. Al interior del bloque se registraron caídas en la producción de maquinaria agrícola y de autopartes, junto con un freno en el retroceso en la de durables para el hogar, al tiempo que se sostiene la mejora en la de material de transporte pesado.

En lo que se refiere a los patentamientos de maquinaria agrícola, en junio se tuvo una caída no anticipada en las ventas, encadenando dos meses en retroceso. En el mes se patentaron 480 unidades, un 5.1% por debajo del registro de un año atrás, acumulando en el primer semestre una caída de 1.9% en la comparación con el mismo periodo del año pasado. Las ventas de tractores y cosechadoras acumulan un bimestre en caída, mientras que las de pulverizadoras crecen por tercer mes en la comparación interanual. Las solicitudes récord de crédito en el marco de la Feria Agroactiva del mes de mayo no gravitaron para revertir la contracción de ventas, al tiempo que se renuevan las expectativas de recuperación a partir de la realización en julio de la Exposición Rural de Palermo.

La producción de minerales no metálicos tuvo en el mes de junio una nueva ligera mejora en la comparación interanual, que alcanzó 1.2%, a partir del aporte de la producción de vidrio y otros insumos de la construcción, mientras los despachos de cemento se colocaron en un nivel similar a los de un año atrás. Con lo anterior, el bloque recortó la caída acumulada en lo que va del año hasta 3.6% en la comparación con el nivel alcanzado en el primer semestre de 2025.

En lo que se refiere a los insumos de la construcción, como se mencionó, los despachos de cemento, igualaron el nivel de un año atrás, con envíos a granel creciendo 6% y repitiendo la mejora de mayo, mientras que las ventas en bolsa, con una caída de 5%, anotaron un trimestre en retroceso. De este modo, en seis meses, los despachos de cemento acumulan una caída de 2.8% que combina un retroceso de 8.2% de las ventas en bolsa con un alza de 4.9% en las a granel. En cuanto a la evolución de ventas de acuerdo al relevamiento del Grupo Construya, en el mes se tuvo un ligero recorte en la comparación interanual volviendo a alternar el signo como ocurre desde febrero pasado. Desde el grupo se mantiene la expectativa de una leve mejora de ventas en la segunda mitad del año.

En cuanto a la evolución de la actividad de la construcción de acuerdo al relevamiento de INDEC, esta mostró en mayo una mejora interanual de 4.1% y mensual de 6.3% en la medición desestacionalizada, después del retroceso de abril, al tiempo que la tendencia ciclo acelera la recuperación por tercer mes en la comparación con el año pasado. Junto con la mejora de la actividad, el relevamiento de expectativas mostró una moderación del pesimismo para todo tipo de firmas para el periodo junio – agosto, resultando más marcada en el caso de las especializadas en obras públicas.

Finalmente, en junio la rama automotriz volvió a registrar el mayor retroceso de la producción entre los sectores de actividad, acumulando en el semestre la contracción más profunda y realizando el mayor aporte a la caída de la industria. En efecto, en junio el bloque retrocedió 13.9% en la comparación con el mismo mes de 2025, encadenando doce meses de contracción. En el mes, se registró una nueva –y muy marcada- caída en la producción de automóviles, que alcanzó 34%, junto con una ligera merma en la de utilitarios (-0.4%). De este modo, en el semestre se llevan producidas 204 mil unidades –de las cuales 70.6 mil unidades corresponden a automóviles-, marcando un retroceso del 18.6% respecto al nivel de los primeros seis meses del año pasado -cuando se habían producido 112.4 mil autos-. Este desempeño en materia de actividad en lo que va del año responde a un cambio en el patrón de producción en algunas terminales -desde vehículos livianos a pick ups- que se ha dado en un contexto de menores ventas al mercado interno y de exportación, y a partir de mayor competencia de unidades importadas con origen extrazona.

A pesar de la caída de la producción, el repunte mensual en los envíos de terminales a concesionarias podría señalar una incipiente normalización en la cadena de comercialización. En efecto, en junio las ventas mayoristas alcanzaron 44.1 mil unidades, marcando un retroceso de 26.3% en la comparación interanual, y dando continuidad a la profunda contracción que muestran desde febrero; pero en junio, junto con la caída interanual, se tuvo un importante avance mensual, que alcanzó 22.6%, luego de la caída observada en abril (-13.2%) y el freno en la contracción en mayo (+0.0%). Precisamente lo anterior deja planeado el interrogante de si este resultado anticipa un ordenamiento de stock y una potencial recuperación de la demanda por parte de concesionarias.

En cuanto a la evolución de las ventas mayoristas de vehículos nacionales –la parte de la actividad que tracciona sobre la producción local-, en junio representaron una tercera parte de los envíos desde las terminales, al tiempo que tuvieron un más marcado retroceso (34.2%) en la comparación con junio del año pasado. Por su parte, la venta de vehículos electrificados representó el 6.6% del mercado y en seis meses 6.8%, lo que marca el avance en la comparación con el primer semestre del año pasado cuando estos vehículos representaron solo el 0.3% del total de las ventas mayoristas.

Al respecto de lo anterior, merece mencionarse que, en el caso de vehículos con origen en China, para algunos modelos se registran faltante de unidades y listas de espera. Al tiempo que se proyecta en el mediano plazo se avance en la producción local de estos vehículos –tal el caso de Brasil- a partir de la adquisición de alguna terminal, o acuerdo bajo licencia. Al respecto Stellantis, única firma local con dos terminales -Ferreyra (Córdoba) y El Palomar (Buenos Aires)-, desde mediados de junio comenzó a comercializar vehículos eléctricos e híbridos de la marca china Leapmotor, importando inicialmente 2.000 unidades con arancel cero, en la búsqueda de compensar la caída de ventas de su producción local.

En lo que se refiere a ventas minoristas, en junio se patentaron 45.9 mil vehículos 0km, marcando un retroceso del 12.8% en la comparación interanual, el que resultó algo más moderado que la caída observada en meses previos, pero encadenó el tercer retroceso interanual. No obstante, los niveles de ventas del tercer trimestre de 2025 –en promedio del orden de 58 mil unidades-, plantean un escenario desafiante en el que es improbable una mejora interanual sino hasta el último trimestre del año.

En cuanto a la participación de vehículos importados en los patentamientos, en junio se sostuvo por debajo del 70%, resultando los principales orígenes Brasil, con 43% del total de patentamientos, seguido de China (14%), México (4.4%) y Bélgica (2.9%).

En el caso de las exportaciones de vehículos, en el mes se tuvo un nuevo retroceso a pesar del repunte de ventas a Brasil. En junio las exportaciones cayeron 1.7% en la comparación interanual, combinando un freno en los envíos de utilitarios (-0.2%) -luego de un trimestre de marcado crecimiento-, con un más moderado recorte en los de automóviles (-5.1%) respecto a lo observado en meses previos. El retroceso de las exportaciones se dio a pesar de la mejora en los envíos a Brasil –crecieron 2.6% en el mes en la comparación con junio de 2025-, y desde niveles más bajos a América Central, Chile, Colombia y Ecuador, de modo que la caída vino explicada por el recorte de exportaciones a Paraguay, Perú y Uruguay. Así, en los primeros seis meses se llevan exportadas 126.8 mil unidades, marcando una caída de 2.1% en la comparación con los envíos acumulados en el primer semestre de 2025.

Desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos, en los primeros seis meses del año y en la comparación interanual, los bienes de consumo no durable lideran el ranking con un crecimiento de 1.8%, fundamentalmente por el aporte de la producción de alimentos, seguidos de los bienes de uso intermedio, con una mejora acumulada 1.1%, a partir de la contribución de la refinación de petróleo y la producción de las industrias metálicas básicas. Con una contracción superior al promedio se colocan los bienes de capital, que acumulan un retroceso de 6.2%, seguidos de los bienes de consumo durable, con una merma del 8.1%, en cada caso en los primeros seis meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025. Con lo anterior, los bienes de consumo no durable elevaron su aporte para contener el retroceso de la industria, mientras que los durables hacen la mayor contribución a la contracción de la actividad fabril.

Gráfico 3

Fuente: FIEL.

IPI como Ciclo Económico

En términos desestacionalizados, la producción industrial del mes de junio tuvo un retroceso de 1.7% respecto al mes anterior, borrando la mejora acumulada que se tenía desde febrero pasado. Asimismo, el potencial punto de giro –valle- de la anterior fase recesiva se movió desde septiembre de 2025 a noviembre y en abril de este año se tiene un potencial pico de actividad, extendiendo la duración de la recuperación hasta el mínimo para una fase -5 meses o 2 trimestres-.

Gráfico 4

Fuente: FIEL.

Con la caída mensual de la actividad, se profundizó el deterioro de las señales relativas a la sostenibilidad de la fase de recuperación, colocándose en negativo tanto la variación de corto plazo como la de largo plazo. Del mismo modo, el desvío de la actividad respecto de su tendencia –medida de ciclo en crecimiento-, tuvo en junio un marcado recorte, señalando una pérdida de dinamismo de la actividad, el que alcanzó un máximo entre abril y mayo pasados. Finalmente, el índice de difusión se recortó ligeramente mostrando que, en el segundo trimestre del año, algo más del 40% de la industria registró una caída de la producción en la comparación interanual. Así, la fase iniciada a fines del año pasado podría truncarse y fundirse en la recesión industrial que comenzó en noviembre de 2024.

Gráfico 5

Fuente: FIEL.

En síntesis. La industria igualó en junio el nivel de actividad de un año atrás. En el mes, algunos establecimientos sufrieron cortes de suministro de gas producto de deficiencias de infraestructura, mientras que otros optaron por interrumpir la producción para no hacer frente al elevado costo del combustible. La producción automotriz volvió a mostrar el mayor retroceso y la de alimentos el mayor crecimiento, colocándose en récord para un mes de junio. En el semestre la refinación acumula el mayor avance y hace la mayor contribución para contener la caída de la industria. La actividad corregida por estacionalidad mostró una caída mensual, debilitando las señales respecto a la sostenibilidad de la recuperación.

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El crédito desde una perspectiva de largo plazo

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Por Guillermo Bermúdez / Fundación FIEL – En diversas ocasiones, desde la presente columna, se abordó la cuestión del crédito al sector privado en cuanto a su participación en la hoja de balance del sistema financiero en los meses recientes; en lo referido al impacto del alza de tasas activas y el deterioro de los ingresos del público sobre la mora bancaria; respecto a los cambios regulatorios necesarios para canalizar los depósitos en dólares hacia el crédito en esa moneda a personas que no generan divisas -restricciones del artículo 23 del decreto 905 del año 2002-; así como la caracterización del episodio de recuperación de los préstamos desde inicios de 2024.

El objetivo del presente análisis es ampliar al inicio de la Convertibilidad el repaso presentado en abril[1] cuando se revisó la situación del crédito y los depósitos en la hoja de balance del sistema financiero desde 1994, en momentos en el que el crédito al sector público absorbía una proporción menor de la capacidad prestable y la Convertibilidad del peso y el carácter bimonetario de la economía habían propiciado una marcada dolarización del sistema financiero. Adicionalmente, se exploran potenciales factores de corto plazo que obstaculizarían un repunte más dinámico de los préstamos en los meses por venir.

En julio de 2026, el crédito al sector privado alcanza $ 135.9 billones, de los cuales $ 100.2 billones –un 74%- corresponden a líneas de financiamiento en pesos. Este nivel de préstamos totales se coloca unos $ 4.6 billones en moneda constante por debajo del pico alcanzado en diciembre pasado durante el último episodio de recuperación del crédito iniciado en abril de 2024. En perspectiva histórica, la marca también se coloca por debajo de otros picos como el de agosto de 2018, cuando los préstamos al sector privado sumaron $ 169.8 billones, el de diciembre de 2013 ($ 147.3 billones) o el de diciembre de 1998 ($ 154.5 billones). De lo anterior surge que el stock actual de préstamos se encuentra por debajo de marcas históricas.

La comparación resulta menos favorable cuando se la realiza en relación al PBI. En la actualidad, el stock de préstamos al sector privado representa 11.2% del producto, mostrando un retroceso respecto a febrero pasado, cuando la relación alcanzó 12.8%, y colocándose por debajo de marcas previas como septiembre de 2018 (15.3%), o enero de 2000, cuando el stock trepó hasta 21.5% del PBI alcanzando la relación más elevada en cerca de cuatro décadas.

Pero el nivel actual de crédito en relación al producto no sólo es bajo en la comparación con los registros del pasado reciente, sino que también lo es en la comparación con el tamaño de los préstamos en economías de la región o con niveles de ingreso similares a los de Argentina. En efecto, la relación de crédito al sector privado en Uruguay alcanza 31%, en Chile supera el 70%, en Brasil el 75%, en Paraguay el 56%, en Latinoamérica y el Caribe el 48% y para los países de ingresos medios altos 136%, de acuerdo a datos del Banco Mundial.

Tal como se ha mencionado anteriormente, el nivel actual de créditos -y depósitos- en relación al PBI, en la comparación histórica e internacional, vuelve a señalar un potencial para la profundización financiera de la economía.

Gráfico 1

Fuente: Elaboración propia en base a BCRA e INDEC.

Al respecto, del lado del fondeo en pesos, aún existe espacio para un mayor recorte de los requisitos mínimos de liquidez, dando continuidad a la normalización de la política de encajes en marcha desde diciembre del año pasado y que en abril los redujo a 45% para las cuentas a la vista, con la posibilidad de integrar en efectivo el 31.5% y el resto con títulos de deuda pública. La demora en un más acelerado recorte de encajes, que propicie una mayor dinamización del crédito, viene dada por la debilidad de la demanda de pesos, y de ello un potencial impacto sobre la desinflación. Lo anterior, sin perder de vista que unos mayores requisitos de liquidez contribuyen a ampliar el spread de tasas de interés encareciendo el crédito. Asimismo, sobre la recuperación del crédito gravita una mayor selectividad en el otorgamiento de préstamos por parte de las entidades bancarias luego del aumento de la irregularidad de cartera que se tuvo desde comienzos de 2025.

Del lado, del fondeo en dólares, hoy los depósitos del sector privado en esa moneda superan los USD 40.2 mil millones -colocándose en niveles récord desde la Convertibilidad-, mientras que los préstamos en dólares ascienden a USD 24.1 mil millones. De lo anterior, la búsqueda por parte de algunas entidades bancarias de lograr la flexibilización de la normativa relativa al otorgamiento de créditos en esta moneda a personas sin capacidad directa de generación de divisas. A partir de ello, el BCRA mediante la Comunicación A 8446 dispuso habilitar a los bancos a otorgar este tipo de créditos a personas que cuenten con el aval directo de una empresa con capacidad de obtener ingresos en dólares y que se constituya como principal pagador. Al respecto, si bien el BCRA establece el marco prudencial, son las entidades financieras las que deberán escudriñar el perfil crediticio de los potenciales tomadores de crédito y tomar la decisión del otorgamiento. El salto de la mora en las líneas en pesos durante 2025 sugiere que las entidades podrían mostrar una mayor reticencia respecto a los casos en el que los créditos en moneda dura continúen siendo destinados a la prefinanciación de exportaciones.

Aun cuando el nivel actual del crédito resulte bajo, el episodio de recuperación iniciado en abril de 2024 ha sido el más dinámico en la comparación con otros eventos similares que tuvieron lugar desde comienzos de los noventa.

Tomando en consideración el crecimiento real del crédito al sector privado, desde 1991 pueden identificarse seis episodios de recuperación[2], dos de los cuales corresponden a la década del noventa, uno en el comienzo de los dos mil, dos en la segunda década de este siglo y finalmente el reciente iniciado a comienzos de 2024.

A los fines de comparación del crecimiento de los préstamos en cada uno de estos episodios, teniendo en cuenta que se tienen diferencias de duración entre cada uno de ellos –por ejemplo, el iniciado en abril de 1991 se prolongó por 46 meses hasta febrero de 1995 y el que tuvo comienzo en septiembre de 1995 duró 39 meses, hasta diciembre de 1998-, se calculó la tasa media mensual, tanto para el crédito total como para las líneas en pesos y dólares.

Como se observa en el Gráfico 2, el episodio de recuperación del crédito iniciado en abril de 2024 resultó el más dinámico en la comparación con los cinco restantes, superando con holgura incluso el registrado en los primeros cuatro años de la Convertibilidad.

En efecto, en el inicio de la Convertibilidad el crecimiento del crédito avanzó hasta 1995 a un ritmo mensual de 2.1% para el total de préstamos, 1.7% para los denominados en pesos y 2.4% para los otorgados en dólares. De este modo, en 46 meses el crédito sumó 9.5% del PBI alcanzando un equivalente de 16.9% del producto. Por su parte, el último episodio de crecimiento del crédito mostró un ritmo mensual del 4.6% para los préstamos en pesos, 5.7% para los otorgados en dólares y del 4.8% para el total. De este modo, entre abril de 2024 y diciembre de 2025 el stock de crédito creció hasta un equivalente de 11.8% del PBI sumando en el período 7% del producto. Con todo, el episodio actual tuvo una tasa mensual de crecimiento que multiplicó por 2.7 la registrada entre abril de 1991 y febrero de 1995 para los préstamos en pesos y por 2.3 en el caso de los créditos en dólares y para el total de préstamos, aunque el avance en términos del PBI resultó algo más bajo.

El episodio de recuperación, superado el impacto de la crisis de México –efecto Tequila-, mostró un más moderado ritmo de crecimiento del crédito en la comparación con años previos, desde niveles que duplicaban las líneas en pesos y triplicaban los otorgados en dólares en la comparación con abril de 1991. Fue hacia el fin de esa fase de crecimiento del crédito donde la relación del crédito a PBI se colocó entre los máximos históricos.

A lo largo de 1999 y 2000, se sucedieron esporádicamente alzas mensuales del crédito que no anotaron una continuidad. Más tarde, las restricciones a la operatoria bancaria en efectivo hacia diciembre de 2001, la posterior suspensión de la Ley de Intangibilidad de depósitos a comienzos de enero de 2002, y la consecuente pesificación asimétrica de depósitos y créditos, afectó marcadamente al sistema financiero, demorando hasta bien entrado 2004 la recuperación del crédito. En efecto, desde el punto de vista de la actividad sectorial, la intermediación financiera continuó profundizando su caída desde comienzos de 2002 hasta el primer semestre de 2004, rezagando la mejora de otros sectores de servicios como el comercio o el transporte que, a comienzos de 2003, ya mostraban avances.

En aquella fase de recuperación, el comportamiento más dinámico lo mostraron los créditos en dólares con un alza mensual real de 2.6% hasta inicios de 2008, bien por delante de las líneas en pesos que crecieron a un ritmo mensual del 1.5%, pero desde niveles muy bajos –los préstamos en dólares alcanzaban el 11% del total, muy por debajo del 63% que ostentaban en diciembre de 1998 o el 59% de febrero de 1995-.

En relación a lo anterior, la pesificación de depósitos que siguió al abandono de la Convertibilidad, determinó que la participación de los depósitos en dólares se redujera drásticamente, relación que se mantiene en bajos niveles hasta la actualidad. En efecto, los depósitos en dólares promediaron entre 1991 y 2000 una participación del 58% y desde 2002 a la actualidad, 14% con una tendencia de aumento en los dos últimos años y medio.

Gráfico 2

Fuente: Elaboración propia en base a BCRA e INDEC.

La recuperación del crédito iniciada en abril de 2010, que se prolongó hasta fines de 2013, se caracterizó por un marcado retroceso de los préstamos en dólares, los que se recortaron a un ritmo mensual del 1.6%, cayendo a menos de la mitad al fin del episodio –pasaron de $ 14.5 billones a $ 7.1 billones medidos en moneda constante-. No hay que perder de vista que, hacia octubre de 2011, el gobierno de Cristina Fernández comenzó a implementar restricciones para la operatoria de divisas –cepo cambiario- iniciando con el requerimiento de permisos ante AFIP para la realización de operaciones cambiarias. Las restricciones se fueron profundizando a lo largo de 2012 –declaraciones juradas anticipadas de importación, límites a la compra de divisas con fines de ahorro y para turismo, etc.-, propiciando el despegue de la brecha de cambio, sin lograr contener la pérdida de divisas por parte del BCRA, y produciendo el marcado retroceso del crédito en dólares.

Luego de la unificación cambiaria de fines de 2015, durante los primeros meses de la gestión de Cambiemos, el crédito en términos reales mostró un retroceso en el primer semestre a causa de un avance de la inflación por encima del ritmo de aumento de los préstamos, motorizada en parte por algún reordenamiento de precios relativos a partir de la corrección del atraso tarifario. Desde agosto de 2016, el crédito retomó un sendero de crecimiento, con un mayor dinamismo para las líneas en dólares, nuevamente desde bajos niveles de participación en el crédito total.

Desde el pico de agosto de 2018 y por los próximos seis años, el crédito y el sistema financiero fueron reduciéndose en términos del PBI hasta mínimos históricos en un contexto en el que el financiamiento monetario del déficit generaba una inflación rampante que propiciaba la desmonetización, el BCRA dilapidaba divisas y el Sector Público ocupaba una proporción creciente en el balance del sistema financiero.

Hacia abril de 2024, la relación de crédito al sector privado con el PBI tocó 4.8%, un mínimo histórico –en el que también se ubicaban los agregados monetarios-, y es desde allí que se tiene el último episodio de recuperación del crédito que, como se mencionó, resultó el más dinámico, superando el de la primera parte de la década de los noventa. En este episodio, no sólo el crecimiento del crédito en pesos resultó el más veloz, sino también en el caso de los préstamos en dólares. Este aumento no sólo fue propiciado por un alza de los depósitos en esa moneda a partir de la Ley de exteriorización de activos de la segunda mitad de 2024, sino también a causa de una preferencia por parte de las firmas exportadoras de optar por el fondeo en dólares en un contexto de mayor estabilidad cambiaria y compresión de la brecha.

Como se mencionó en la columna de junio[3], el recorte de las tasas de interés y la mora en los meses por venir, no parecen suficientes para desatar un episodio de recuperación del crédito como se tuvo a inicios de 2024, en parte por una oferta más selectiva de las entidades bancarias, y en parte porque el costo del crédito resulta aún elevado.

Al respecto, además de los encajes bancarios -en niveles históricamente altos-, encarece el costo del financiamiento la elevada carga tributaria, comenzando por impuestos nacionales -el impuesto al valor agregado computado sobre la tasa activa y el impuesto a los créditos y débitos bancarios-, siguiendo por ingresos brutos a nivel provincial y sumando otras tasas municipales.

De lo anterior, a la búsqueda de movilizar el crédito en moneda dura hacia sectores sin capacidad de generación de divisas, debería anteponerse el recorte del componente tributario del costo del financiamiento, lo que contribuiría al mismo tiempo a la reducción de la irregularidad-, de modo de dinamizar una recuperación más acelerada del crédito, y de ello de la actividad y el empleo.

En síntesis. En la comparación histórica la dinámica de crecimiento del crédito en la fase de recuperación iniciada a comienzos de 2024 supera con holgura a la mejor experiencia en materia de préstamos que tuvo lugar en la primera parte de la Convertibilidad. El actual nivel de crédito resulta bajo en la comparación histórica e internacional, lo que permite avizorar una profundización financiera en el futuro cercano, de mayor parsimonia que en el pasado reciente, en parte explicado por la mora y un elevado costo del financiamiento, el que incluye una elevada carga tributaria.


[1] https://fielfundacion.org/blog/2026/04/13/creditos-y-depositos-del-sector-privado/

[2] Comprendidos entre 04.1991 – 02.1995; 09.1995 – 12.1998; 05.2004 – 01.2008; 04.2010 – 12.2013; 08.2016 – 08.2018 y 04.2024 – 12.2025.

[3] https://fielfundacion.org/blog/2026/06/06/recorte-de-tasas-y-mora-seran-insuficientes/

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