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Ecolatina advierte: la economía entra en fase recesiva y el consumo privado pierde dinamismo

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La consultora Ecolatina alertó que la economía argentina interrumpió su racha de crecimiento en el segundo trimestre de 2025, al registrar una caída de 0,1% del PIB en términos desestacionalizados frente al período anterior. Aunque la comparación interanual aún muestra un alza de 6,3%, el informe destaca que los indicadores adelantados ya anticipan un escenario recesivo, con una probabilidad del 98,6% de ingresar en contracción en los próximos meses.

Camino a la recesión

En el segundo trimestre del año, el producto interno bruto (PIB) cayó 0,1% en términos desestacionalizados frente al período previo, interrumpiendo una racha de tres subas consecutivas. En la comparación interanual, registró un crecimiento de 6,3%. De este modo, el primer semestre del año se posiciona un 6,1% por encima del promedio del mismo periodo del 2024.

Si bien la economía venía mostrando claras señales de enfriamiento, se destacó la caída en todos los componentes, exceptuando consumo público. Al interior de la serie desestacionalizada, las importaciones cayeron -3,3% respecto al primer trimestre, el consumo privado un -1,1%, las exportaciones lo hicieron en -2,2% y formación bruta de capital fijo un -0,5%. Por su parte, el consumo público avanzó 1,1%.

Los sucesos de las últimas semanas, junto con las correcciones de los últimos datos oficiales, nos llevan a estimar un crecimiento promedio cercano al 4% para 2025. Este resultado se explica en gran medida por el arrastre estadístico de 2024, dado que la actividad crecería en la zona del 0,5% a lo largo del año.

¿Qué pasó en el segundo trimestre?

En el segundo trimestre del año, el producto interno bruto (PIB) cayó 0,1% en términos desestacionalizados frente al período previo, interrumpiendo una racha de tres subas consecutivas. En la comparación interanual, registró un crecimiento de 6,3%. De este modo, el primer semestre del año se posiciona un 6,1% por encima del promedio del mismo periodo del 2024.

Si bien la economía venía mostrando claras señales de enfriamiento, se destacó la caída en todos los componentes, exceptuando consumo público. Al interior de la serie desestacionalizada, las importaciones cayeron -3,3% respecto al primer trimestre, el consumo privado un -1,1%, las exportaciones lo hicieron en -2,2% y formación bruta de capital fijo un -0,5%. Por su parte, el consumo público avanzó 1,1%.

De todos modos, respecto al inicio de la recuperación (segundo trimestre del 2024), todos los sectores se encuentran por encima: las importaciones un 38,8%, la inversión 34,3%, consumo privado 10,5%, las exportaciones 3,6%, y por último, más moderadamente el consumo público, 0,6%.

Las distintas actividades económicas mostraron mejoras en la comparación interanual. Los sectores primarios se encuentran moderadamente mejor: agricultura creció un 4,8% i.a. y la minería un 6,7% i.a. Por su parte, los sectores más intensivos en empleo mostraron mejoras, aunque sobre la baja base del segundo trimestre de 2024, en pleno piso de la recesión: la construcción creció 10,6% i.a., el comercio 10,3% i.a., la industria 6,9% i.a. y hoteles y restaurantes 17% i.a. Por su parte, la intermediación financiera creció un 26,7% i.a.

En contraste, cuatro sectores se ubicaron por debajo del segundo trimestre del 2024, entre los cuales se encuentran Administración pública (-0,8% i.a.), el sector de Hogares privados con servicio doméstico (-1,3% i.a.), Electricidad, gas y agua (-1,1% i.a.) y pesca (-42% i.a.), un sector muy volátil.

Cayó el consumo privado y subió el público

Con relación al consumo privado, el panorama cambió notablemente entre el primer y el segundo trimestre del año. En el primero, el consumo había alcanzado su nivel más alto de la serie desestacionalizada desde 2004, impulsado principalmente por dos factores: la mejora del salario real, favorecida por la baja de la inflación, y el fuerte crecimiento del crédito. Dentro de este esquema, se destacó el aumento de las compras de bienes y servicios importados, como también de bienes durables, lo que explicó la magnitud de la recuperación.

Con los datos del segundo trimestre, el escenario se revirtió. El salario real registrado avanzó 0,5% en ese período, aunque no alcanzó a compensar la baja del 0,9% registrada en el primero, cerrando con una caída del 0,4% en los primeros seis meses del año. A su vez, el crédito al consumo mostró una desaceleración: creció 18% s.e. en el primer trimestre y 13,7% en el segundo.

En cuanto a la composición, el consumo de bienes durables siguió superando al consumo masivo, aunque con una clara pérdida de dinamismo. Las ventas de electrodomésticos pasaron de crecer 44,3% i.a. en el primer trimestre a 27% i.a. en el segundo, mientras que las de autos se desaceleraron de 136,5% i.a. a 76% i.a. Por el contrario, el consumo masivo, que había caído 3,3% i.a. en el primer trimestre, mostró un repunte de 3,9% i.a. en el segundo. Sin embargo, este avance apenas compensó el retroceso previo, de modo que en el acumulado semestral prácticamente no se registró crecimiento (+0,2% i.a.).

De este modo, los factores que habían impulsado el consumo en el primer trimestre (como el aumento de las importaciones, la mejora del salario real, el crédito y la compra de bienes durables) fueron perdiendo dinamismo, mientras que el resto de los componentes continuaron presionando a la baja.

Por su parte, el consumo público fue el único componente que mostró una suba, impulsado principalmente por la recuperación de los salarios públicos a nivel provincial, asociados a la salud, educación y seguridad. Estos crecieron 2% en términos reales durante el segundo trimestre, traccionando así el gasto. En contraste, los salarios públicos nacionales continúan rezagados: todavía se ubican 11% por debajo en términos reales respecto del primer semestre de 2024 y, en este trimestre, incluso retrocedieron 1%.

¿Qué esperamos para la segunda mitad del año?

En el segundo trimestre, la actividad dejó atrás el enfriamiento y comenzó a contraerse. Los sectores con mayor demanda de empleo (construcción, comercio e industria) lograron salir del piso de la recesión previa, pero fueron se fueron frenando. Al mismo tiempo, los factores que habían impulsado el crecimiento en el primer trimestre, la estabilidad macroeconómica y una mayor apertura de importaciones, resultaron insuficientes para sostener la recuperación y evitar la nueva contracción.

A futuro, el panorama tampoco es alentador según los indicadores adelantados. El Índice Líder elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), que busca anticipar el ciclo económico, cayó un 4,72% en agosto. Estiman que la probabilidad de entrar en una recesión en los próximos meses se ubica en un 98,6%. Esto va en línea con el resto de los indicadores adelantados. El Índice de Confianza del Consumidor (UTDT) cayó 13,9% en agosto y volvió a caer en septiembre (-0,3%). Con relación a la construcción, el Índice Construya cayó 8,6% en agosto, y los despachos de cemento 1,8%. 

La incógnita es lo que ocurrirá en el tercer trimestre. Su inicio estuvo marcado por la volatilidad cambiaria y las tasas elevadas. No obstante, la reciente baja de tasas podría favorecer una recuperación parcial de la actividad, junto con un tipo de cambio más alto. Este último daría cierto alivio a sectores con precios en dólares, como la construcción, al reducir sus costos, y al mismo tiempo contribuiría a moderar las importaciones. En cualquier caso, el panorama seguirá condicionado por el nivel de incertidumbre política en la antesala de las elecciones de octubre.

Los sucesos de las últimas semanas junto con las correcciones de los últimos datos oficiales, nos llevan a estimar un crecimiento promedio cercano al 4% para 2025. Este resultado se explica en gran medida por el arrastre estadístico de 2024, dado que la actividad crecería en la zona del 0,5% a lo largo del año.

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Impuestos 2026: Ganancias y combustibles lideran el crecimiento según el Presupuesto

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El proyecto de Presupuesto 2026, enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, estima que la recaudación tributaria alcanzará los $90,3 billones, lo que representa un crecimiento nominal del 22,5% y real del 11% respecto a 2025. El esquema contempla un PBI en alza del 5% y un impacto diferenciado según tributo, con fuerte incremento en combustibles y CO₂ y la desaparición del Impuesto PAIS.

El Palacio de Hacienda fundamentó las proyecciones en un escenario de crecimiento del PBI del 5% y una inflación estimada en 10,1% anual. Bajo estas variables, el Gobierno espera que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) obtenga $90,3 billones en 2026, frente a los $73,6 billones que se calcula recaudar en 2025.

La mejora de los ingresos permitirá, según el Ejecutivo, compensar la pérdida de recursos generada por la eliminación del Impuesto PAIS (1% del PBI) y la rebaja en Bienes Personales (0,3 puntos del PBI).

El Presupuesto prevé además un superávit fiscal del 1,5% del PBI, menor al 2,2% estimado en los compromisos con el FMI, aunque en línea con un escenario de crecimiento más dinámico.

Los tributos que más aportarán en 2026

  • Impuesto a las Ganancias: aportará $16,5 billones, con un incremento nominal del 24,2% y real del 12,8%.
  • IVA neto de devoluciones: sumará $32,9 billones, con un alza nominal del 19% y real del 8%, consolidándose como el tributo más relevante.
  • Impuesto a débitos y créditos bancarios: se prevé una recaudación de $16,4 billones, lo que implica un crecimiento real del 10%. Pese a su peso, es uno de los tributos bajo debate para su eventual eliminación.
  • Retenciones a las exportaciones: generarán $9,9 billones, con un avance real del 11%, reflejando el repunte esperado del comercio exterior.
  • Derechos de importación: alcanzarán $6,5 billones, con una suba real del 17%, en línea con el aumento proyectado en compras externas.
  • Impuestos a combustibles líquidos y a emisiones de CO₂: serán los de mayor crecimiento, al pasar de $1,7 billones a $2,9 billones (+71% nominal, +55% real), por la aplicación de actualizaciones postergadas.

Desde el Ministerio de Economía se subrayó que la estrategia tributaria no descansa únicamente en mayores alícuotas, sino en la ampliación de la base imponible, la mejora en la administración y el impulso de la actividad económica.

En términos políticos, el esquema busca sostener un equilibrio delicado: recaudación creciente con menor presión fiscal selectiva, en un contexto de austeridad y renegociaciones con el FMI. La eliminación del Impuesto PAIS implica un giro relevante, ya que representaba una de las principales fuentes transitorias de ingresos en años previos.

Las proyecciones abren interrogantes sobre su viabilidad: analistas advierten que la recaudación depende fuertemente de que el crecimiento del PBI supere el 5% previsto y que la inflación se mantenga controlada. Además, sectores exportadores y bancarios podrían objetar el peso de los tributos que continúan elevados.

El debate parlamentario del Presupuesto 2026 será decisivo para confirmar estas metas, en un año donde el oficialismo buscará consolidar credibilidad fiscal sin frenar la recuperación económica.

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Las burbujas financieras de Milei duran meses y dependen del FMI, según un informe privado

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Un informe elaborado por el Área de Economía y Tecnología de la FLACSO junto con el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA-CTA) advierte que el intento del gobierno de Javier Milei por montar un nuevo ciclo de valorización financiera fracasó en su primera etapa. Según el trabajo, las burbujas especulativas impulsadas por altas tasas en pesos y la apertura del carry trade se desinflan en cuestión de meses, a diferencia de experiencias previas en las que estos procesos llegaron a sostenerse durante años.

El documento, firmado por el investigador del CONICET Pablo Manzanelli, concluye que la causa central es la imposibilidad de acceder al endeudamiento externo en un contexto de elevada carga de vencimientos y crisis heredada de la gestión de Mauricio Macri. “Estamos ante un programa por fuera de su tiempo histórico”, sintetiza el estudio.

Cuatro intentos fallidos y un salvataje del FMI

El informe detalla que entre diciembre de 2023 y agosto de 2025 hubo cuatro intentos frustrados de generar burbujas financieras a través de instrumentos como las LECAP y los plazos fijos en pesos, con rendimientos en dólares que en algunos casos llegaron al 18% mensual en los inicios.

La primera burbuja, sostenida por un superávit comercial de casi u$s19.000 millones entre diciembre de 2023 y junio de 2024, colapsó en apenas tres meses por la reducción de tasas y la escalada del dólar MEP y CCL. La segunda, apalancada en el blanqueo de capitales que generó un ingreso extraordinario de u$s23.300 millones, se desarmó a comienzos de 2025 con una pérdida de reservas de más de u$s5.000 millones.

El FMI intervino en abril de 2025 con un desembolso de u$s12.396 millones, lo que permitió frenar una corrida cambiaria y estabilizar transitoriamente el tipo de cambio. Sin embargo, esa asistencia no logró sostener el carry trade: en julio de este año se registraron rendimientos negativos de hasta -7,8% en dólares para las LECAP, tras la recomendación de JP Morgan de desarmar posiciones.

El talón de Aquiles: la deuda externa y la fuga de capitales

El estudio subraya que, a diferencia de las experiencias de la dictadura (1976-1981), la convertibilidad (1991-2001) y el macrismo (2016-2019), el actual programa no contó con un ciclo de endeudamiento externo que garantizara la sostenibilidad de la valorización financiera. Entre diciembre de 2023 y marzo de 2025, la deuda pública se redujo en u$s7.800 millones, lo que Manzanelli define como un “desendeudamiento forzoso”.

El único ingreso dinámico de divisas provino del sector privado, con u$s16.000 millones vinculados al blanqueo. No obstante, ese mecanismo muestra signos de agotamiento tras varios casos de default corporativo (Generación Mediterránea, Celulosa, Grobocopatel, entre otros).

La firma del acuerdo con el FMI en abril disparó además una formación de activos externos por u$s14.730 millones en apenas tres meses y medio, fenómeno que, aunque no se tradujo de inmediato en pérdida de reservas por la adopción de bandas cambiarias, presionó al alza sobre el tipo de cambio oficial.

De cara al futuro, el trabajo advierte que los vencimientos de deuda en moneda extranjera ascienden a u$s28.774 millones en 2026 y a u$s36.216 millones en 2027, niveles difíciles de afrontar incluso con la expansión prevista de las exportaciones energéticas.

Un escenario cada vez más frágil

El documento concluye que la estrategia de Milei “empeora los términos del problema” al desconocer la herencia de la crisis de deuda y generar compromisos crecientes en divisas que son difíciles de refinanciar. “Las burbujas financieras truncas, de apenas meses de duración, son el reflejo de la falta de condiciones estructurales para un nuevo ciclo de valorización financiera”, señala el autor.

En este contexto, el estudio plantea que cualquier alternativa de estabilización —sea desde las finanzas o desde la economía real— deberá enfrentar el desafío central de los vencimientos externos. Lejos de morigerarse, el problema “se agrava en el tiempo” y condiciona la viabilidad política y económica del programa oficial.

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Verduras y frutas subieron hasta 9,6% en la segunda semana de septiembre según Analytica

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El relevamiento semanal de la consultora Analytica mostró un aumento del 0,3% en alimentos y bebidas en el Gran Buenos Aires, con un promedio de cuatro semanas en 2,4%. La proyección para el índice general de precios de septiembre se ubica en 2,1% mensual, con impacto diferenciado según rubros.

Durante la segunda semana de septiembre, los precios de alimentos y bebidas en el Gran Buenos Aires registraron una variación semanal de 0,3%, según el relevamiento de la consultora Analytica.

El dato se suma a un promedio de cuatro semanas de 2,4%, lo que refuerza la tendencia de desaceleración inflacionaria observada en el último trimestre. Para el nivel general de precios, la consultora proyecta un incremento mensual de 2,1% en septiembre.

La evolución de los alimentos es seguida de cerca por el Gobierno y los analistas, ya que constituye el componente más sensible en la canasta de consumo y tiene un impacto directo sobre el poder adquisitivo de los hogares.

Variaciones por rubros: fuerte aumento en verduras y frutas

El informe destaca que las verduras encabezaron las subas con un 9,6% en el promedio de cuatro semanas, mientras que las frutas mostraron un incremento de 5,1%. Analytica aclara que en el caso de las verduras, el alza se explica en gran medida por el fuerte aumento registrado en la segunda semana de agosto, que eleva el promedio móvil.

En contraste, las categorías con menores aumentos fueron:

  • Café, té, yerba y cacao: +0,9%
  • Lácteos: +0,6%

Por otro lado, se verificó una baja en pescados y mariscos (-0,4%), una de las pocas categorías con retroceso de precios en el período.

Suba semanal del 0,3% y proyección de 2,1% en septiembre

El informe de Analytica proyecta que el nivel general de precios durante septiembre cerrará con una suba del 2,1%, consolidando un sendero de inflación moderada.

La evolución de los precios de alimentos y bebidas sigue siendo un desafío clave en el marco de la política económica:

  • Para los hogares, significa un alivio parcial en comparación con los picos inflacionarios de 2023, aunque con fuertes disparidades entre rubros.
  • Para el Gobierno, constituye un insumo crítico en la definición de paritarias, programas de asistencia y metas fiscales vinculadas al gasto social.

La heterogeneidad sectorial (con subas fuertes en frutas y verduras, y bajas en productos estacionales como pescados) también anticipa que la canasta de consumo continuará mostrando variaciones marcadas por factores climáticos, estacionales y de logística.

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El Gobierno flexibiliza el apretón monetario: menos encajes y más crédito para pymes

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Caputo y Bausili confirman que se relajará el “súper apretón monetario” con el objetivo de recomponer el crédito y sostener la actividad

En una señal política y económica luego de la derrota de La Libertad Avanza en las elecciones bonaerenses, el equipo económico encabezado por el ministro de Economía Luis Caputo y el presidente del Banco Central Santiago Bausili confirmó que se suavizará el apretón monetario aplicado en los últimos meses. La decisión incluye una baja de tasas de interés y una flexibilización en las exigencias a los bancos para recomponer la oferta de crédito al sector productivo, en especial a las pymes, golpeadas por la escasez de pesos.

El viraje se explica por dos factores: la presión política tras la derrota electoral y el impacto negativo que generó la política de tasas altísimas en la economía real.

Durante los últimos meses, el Banco Central había llevado las tasas de pases a niveles superiores al 60% anual, en línea con la estrategia de “súper apretón monetario” para contener la inflación y estabilizar el dólar dentro de la banda cambiaria acordada con el FMI.

El esquema había contribuido a mantener la calma en el frente cambiario —el dólar mayorista cerró ayer en $1.432, apenas por debajo del techo de la banda fijado en $1.460—, pero generó una fuerte contracción del crédito y asfixió financieramente a las empresas.

El apretón monetario era transitorio. Ahora vamos hacia una situación de mayor normalidad”, reconoció Bausili en una entrevista pública.

Medidas anunciadas: baja de tasas y alivio a los bancos

El Banco Central dispuso esta semana una reducción de diez puntos en la tasa de pases con las entidades financieras, además de disminuir los rendimientos de las Lecap en la última licitación.

En paralelo, el Gobierno anticipó que habrá una revisión de las exigencias de encajes diarios, que obligaban a los bancos a inmovilizar más del 50% de sus depósitos en el BCRA. Esta normativa había incrementado la volatilidad en el mercado y presionado al alza las tasas activas.

La medida apunta a que las entidades dispongan de más liquidez para prestar al sector privado a tasas más bajas, en un contexto donde las pymes y empresas industriales advertían por el corte en las líneas de financiamiento de corto plazo.

“Las compañías se encontraron con situaciones muy complicadas por la escasez de pesos y el nivel de tasas. Queremos que los bancos tengan mayor disponibilidad para acompañar la recuperación”, enfatizó Caputo.

El viraje en la política monetaria podría marcar un punto de inflexión en la relación con el sector productivo, aliviando el costo financiero en momentos de recesión. Sin embargo, analistas advierten que la decisión abre un nuevo frente de riesgos: si la baja de tasas no está acompañada por disciplina fiscal, podría reavivar la presión inflacionaria.

Por ahora, la estrategia del Gobierno descansa en la estabilidad cambiaria y en la credibilidad de la banda del dólar, cuyo techo en torno a los $1.460 funciona como ancla. El desafío será sostener esa calma sin perder el apoyo del FMI, que monitorea de cerca el cumplimiento de las metas monetarias y fiscales.

En lo político, el anuncio busca mostrar sensibilidad ante el voto de castigo recibido en Buenos Aires y enviar un mensaje de distensión hacia el empresariado y los gobernadores, que reclamaban un cambio de rumbo para evitar que la recesión erosione la gobernabilidad.

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