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La UIA pidió a ARCA suspender por 180 días los embargos a pymes

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La Unión Industrial Argentina (UIA) volvió a poner en el centro de la agenda la presión fiscal y financiera que atraviesan las pequeñas y medianas empresas. En una reunión con autoridades de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), la entidad solicitó suspender durante 180 días los embargos y ejecuciones fiscales sobre pymes, como medida transitoria frente al deterioro del capital de trabajo y la caída de la actividad.

El planteo se produjo en un contexto en el que las empresas industriales enfrentan una combinación particularmente compleja: menor nivel de actividad, restricciones de acceso al crédito, tasas financieras elevadas y obligaciones tributarias que continúan generando presión sobre la liquidez. Para la UIA, el objetivo de una eventual suspensión no sería eliminar las obligaciones fiscales, sino evitar que una dificultad de corto plazo termine convirtiéndose en un cierre definitivo.

El reclamo adquiere mayor relevancia por el impacto que la política de cobro puede tener sobre las cadenas de pagos. Según explicó la entidad, ARCA no necesariamente interviene de manera directa sobre las cuentas bancarias de las compañías deudoras, sino que puede actuar sobre los clientes que mantienen operaciones comerciales con ellas. En esos casos, el organismo puede exigir que determinados pagos destinados a una empresa con deudas tributarias no sean depositados en su cuenta bancaria.

Para las industrias, ese mecanismo puede profundizar los problemas de capital de trabajo en compañías que ya enfrentan dificultades para sostener su operatoria corriente. La preocupación del sector es que una restricción sobre los ingresos termine afectando la capacidad de pagar salarios, proveedores, servicios e insumos y, por efecto de cadena, traslade el problema financiero hacia otras empresas.

El mapa industrial muestra una pérdida de empresas

El reclamo de la UIA se apoya también en la evolución reciente del entramado productivo. Un informe de la consultora I+D señaló que durante los primeros cuatro meses de 2026 cerraron 1.070 empresas, de las cuales cerca de la mitad correspondió a pequeños talleres y el resto, principalmente, a pymes.

El diagnóstico plantea además un escenario más exigente para los próximos meses. La consultora proyecta la pérdida de otras 2.000 empresas industriales durante lo que resta del año, lo que llevaría el saldo negativo de 2026 a unas 3.070 firmas.

El problema no estaría concentrado únicamente en el aumento de los cierres. I+D advierte que la creación de nuevas empresas también se encuentra en niveles históricamente bajos. Esa combinación —más firmas que salen del mercado y menos empresas que ingresan— reduce la capacidad de renovación del tejido productivo y limita la generación futura de empleo.

En ese escenario, la discusión tributaria adquiere una dimensión que excede la recaudación. Para las pymes industriales, el punto crítico es cómo administrar los vencimientos y las obligaciones fiscales sin comprometer el capital necesario para continuar produciendo.

La tasa de los planes de pago, otro foco de tensión

Durante el encuentro con ARCA, la UIA también planteó modificaciones al régimen de facilidades de pago recientemente anunciado, que permite regularizar obligaciones vencidas hasta el 30 de junio de 2026 en hasta 24 cuotas.

El sector empresario valoró la reapertura del régimen y la posibilidad de incluir obligaciones aduaneras, pero cuestionó el costo financiero de los planes, que contempla una tasa del 2,75% mensual. Para la UIA, esa tasa resulta elevada frente a la tendencia descendente de la inflación y dificulta que las pequeñas empresas puedan normalizar sus obligaciones sin deteriorar todavía más su flujo de fondos.

La entidad pidió, en particular, habilitar la migración entre planes y evaluar una reducción de la tasa de financiación para las pymes. El planteo introduce una discusión sobre la adaptación de las condiciones tributarias a un escenario macroeconómico diferente al de períodos de inflación más elevada.

Ganancias, IVA y capital de trabajo

La agenda empresaria incluyó además una serie de propuestas destinadas a aliviar la presión sobre el capital de trabajo. Entre ellas, la UIA solicitó reducir y automatizar los anticipos del Impuesto a las Ganancias para las pymes y simplificar los mecanismos para solicitar su reducción.

También pidió diferir durante 180 días los vencimientos de IVA para actividades estacionales y postergar las contribuciones patronales correspondientes a las economías regionales. En materia de saldos a favor, reclamó acelerar los plazos de devolución de distintos impuestos, debido al impacto que esas demoras tienen sobre la liquidez de las empresas.

Otro de los planteos apuntó a flexibilizar el uso de los reintegros de exportación, una herramienta particularmente relevante para las firmas que necesitan transformar rápidamente créditos fiscales y recursos retenidos en fondos disponibles para sostener la producción.

ARCA señaló que varias de estas propuestas requieren definiciones del Ministerio de Economía. No obstante, el organismo se comprometió a analizar una ampliación del universo de contribuyentes habilitados para compensar créditos y a revisar los montos mínimos sujetos a control en las solicitudes de reducción de anticipos de Ganancias.

La salida que busca la industria: ganar tiempo para sostener empresas

El planteo de la UIA no apunta únicamente a una moratoria. El eje es ganar tiempo. La suspensión temporal de embargos y ejecuciones fiscales permitiría, según la lógica empresaria, evitar que una dificultad de liquidez se transforme en una interrupción de la actividad, mientras que una reducción del costo de los planes de pago facilitaría la regularización de las obligaciones acumuladas.

La diferencia es relevante para las pymes, donde el límite entre una empresa con problemas financieros y una empresa que deja de operar puede estar determinado por el capital de trabajo disponible durante unas pocas semanas.

El desafío para el Gobierno consiste ahora en compatibilizar dos objetivos que pueden entrar en tensión: sostener el cumplimiento tributario y evitar que los mecanismos de recaudación profundicen el cierre de empresas y la pérdida de empleo. Una eventual respuesta de política pública deberá determinar hasta dónde puede flexibilizarse el cobro sin afectar los ingresos fiscales y, al mismo tiempo, cuánto puede costar para la economía productiva no hacerlo.

La UIA y ARCA acordaron continuar el diálogo y volver a reunirse dentro de 45 días. El próximo encuentro tendrá como telón de fondo una discusión que ya dejó de ser exclusivamente tributaria: cómo preservar el entramado pyme mientras la economía transita una etapa de reconfiguración del crédito, los costos y la demanda.

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Argentina recibió más extranjeros, pero volvió a cerrar julio con déficit en su balanza turística

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La Argentina volvió a registrar en julio un saldo negativo en su balanza turística, aunque los datos muestran una mejora en el flujo de visitantes extranjeros y una fuerte desaceleración de las salidas respecto del mismo mes de 2025. Según la Encuesta de Turismo Internacional (ETI) del INDEC, ingresaron al país 830.200 visitantes internacionales, mientras que 1.228.200 personas salieron hacia el exterior, con una diferencia negativa de 398.000 visitantes.

El comportamiento refleja una dinámica que continúa siendo relevante para la economía: aun cuando el turismo receptivo acelera su recuperación, la cantidad de argentinos que viajan al exterior permanece por encima del flujo de extranjeros que llegan al país. En términos interanuales, los ingresos crecieron 17,9%, mientras que las salidas se redujeron 21,2%.

Dentro del turismo receptivo, 466.200 personas fueron turistas, es decir, permanecieron al menos una noche en el país, mientras que 363.900 fueron excursionistas. El resultado implicó un incremento de 17,9% respecto de julio de 2025 y confirmó una mejora del movimiento internacional hacia la Argentina durante el período de vacaciones de invierno.

Brasil volvió a ocupar el primer lugar entre los mercados de origen, con el 36,1% de los visitantes, seguido por Uruguay, con el 16%, y el resto de América, que aportó el 10,8%. La composición también muestra el peso que mantienen los países de la región sobre la actividad turística argentina y, particularmente, sobre los destinos fronterizos.

Por vía terrestre ingresaron 499.800 visitantes, un 20,2% más interanual, mientras que otros 258.900 lo hicieron por vía aérea, con un crecimiento del 20,9%. En cambio, el movimiento fluvial y marítimo alcanzó a 71.400 personas y registró una baja del 3,1%.

Del otro lado del mostrador, 1.228.200 personas salieron de la Argentina durante julio. De ese total, 697.200 fueron turistas y 531.100 excursionistas. Aunque el volumen continúa siendo elevado, la caída interanual de 21,2% marca un cambio significativo respecto del comportamiento observado durante buena parte del período anterior.

Los destinos limítrofes concentraron buena parte de los viajes. Brasil recibió el 22% de las salidas, Paraguay el 15,2% y el resto de América el 14,9%. La vía terrestre siguió siendo la principal modalidad, con 746.500 salidas, aunque registró una contracción del 27,4% interanual. También disminuyeron las salidas por vía fluvial o marítima, que fueron 92.300, un 31,9% menos, mientras que las aéreas retrocedieron 1,3%, hasta 389.400.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa el acumulado del año. Entre enero y julio ingresaron 3.364.100 extranjeros, mientras que 7.080.800 argentinos viajaron al exterior. La diferencia alcanza así a 3.716.600 personas, manteniendo a la balanza turística en terreno negativo.

La tendencia, sin embargo, no es estática. La brecha entre turismo receptivo y emisivo se fue reduciendo desde comienzos de año, a medida que aumentó el ingreso de visitantes y se moderaron las salidas de argentinos. El desafío para la actividad turística local pasa ahora por transformar esa mejora cuantitativa del flujo receptivo en mayor permanencia, consumo y movimiento económico dentro del país.

Para las provincias con fuerte dependencia del turismo internacional, el comportamiento de los mercados regionales adquiere particular importancia. El crecimiento de los visitantes brasileños y uruguayos abre una ventana para destinos que pueden competir por captar una mayor proporción de ese flujo, especialmente aquellos vinculados con naturaleza, gastronomía, experiencias y turismo de frontera.

En ese escenario, el déficit turístico todavía constituye una señal sobre la salida neta de recursos asociada al movimiento internacional de personas. Pero la evolución de julio introduce un elemento diferente: mientras disminuye la presión del turismo emisivo, el receptivo muestra capacidad de recuperación. La cuestión económica será determinar si esa convergencia puede profundizarse en los próximos meses y convertirse en una fuente más consistente de actividad, empleo y divisas para las economías regionales.

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Carne: los argentinos comen 14 asados menos que en 2023

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El asado sigue ocupando un lugar central en la cultura argentina, pero aparece cada vez menos en la mesa. Según datos difundidos por el Instituto Argentina Grande, el consumo interno de carne vacuna por habitante cayó 13,13% respecto de noviembre de 2023.

El consumo per cápita pasó de 53,3 kilos anuales en noviembre de 2023 a 46,3 kilos en julio de 2026.

La diferencia es de siete kilos de carne vacuna por argentino al año. Traducido a una imagen cotidiana, y tomando como referencia medio kilo de carne por asado, equivale a unos 14 asados menos por persona en doce meses.

La caída del consumo interno contrasta con el desempeño exportador de la cadena bovina.

Más dólares por exportaciones

Durante los primeros siete meses de 2026, los ingresos generados por las exportaciones de carne vacuna fueron 62,4% superiores a los registrados en igual período de 2023, según el relevamiento del IAG.

Solamente en julio, las ventas externas del sector generaron USD 461 millones.

La comparación muestra dos caras diferentes de una misma actividad: mientras el sector encuentra una fuente creciente de ingresos en los mercados internacionales, el consumo doméstico permanece considerablemente por debajo del nivel previo al cambio de Gobierno.

Esto no significa que exista una relación automática entre ambos fenómenos. Los mercados externos demandan determinados cortes y productos y la estructura exportadora no replica exactamente la composición del consumo argentino.

Sin embargo, la evolución simultánea de ambos indicadores resulta relevante: crecen los dólares provenientes de la carne argentina vendida en el exterior mientras cae la cantidad que consume cada habitante dentro del país.

La retracción del consumo de carne vacuna se convierte así en otro indicador del comportamiento de los hogares y de la pérdida de espacio de algunos consumos tradicionales dentro del presupuesto familiar.

La caída desde 53,3 hasta 46,3 kilos significa que cada argentino dispone, en promedio, de casi 600 gramos menos de carne vacuna por mes que a fines de 2023.

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Empleo: la Argentina encadenó por primera vez un año completo de caída del trabajo privado registrado

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La economía argentina volvió a mostrar una señal que expone la distancia entre la recuperación de algunos indicadores de actividad y su impacto sobre el mercado laboral. Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), en mayo se completaron doce meses consecutivos de caída del empleo privado registrado, una secuencia inédita desde que existen registros comparables, que comienzan en 2009.

La contracción comenzó en junio del año pasado y desde entonces no registró interrupciones. No se trata de la caída más profunda en términos de magnitud histórica, pero sí de la más prolongada sin un solo mes de recuperación.

El saldo acumulado es significativo: durante esos doce meses se perdieron 135.500 puestos de trabajo privado registrado.

La dinámica tampoco fue compensada por otras modalidades laborales. En el mismo período desaparecieron 16.700 empleos públicos registrados, mientras que se incorporaron 42.600 monotributistas. Es decir, el incremento del trabajo independiente formal estuvo lejos de cubrir la destrucción de puestos asalariados.

Si la comparación se extiende hasta el cambio de gestión nacional, el deterioro es mayor: de acuerdo con el IAG, desde entonces se perdieron 241.200 empleos privados registrados.

Una economía que crece sin generar empleo

El fenómeno aparece acompañado por una composición particular de la actividad económica. En junio, la actividad avanzó 0,8% y quedó 2,7% por encima del mismo mes del año anterior. Sin embargo, el segundo trimestre terminó 0,9% por debajo del primero, mientras que el primer semestre acumuló una expansión de 1,9%.

El problema está en qué sectores explican el crecimiento.

La pesca registró un salto de 247,6% y la minería creció 15,6%. En sentido contrario, la industria acumuló una caída de 1,9% y el comercio retrocedió 1,2% durante el semestre.

La diferencia no es menor. Industria y comercio representan, en conjunto, alrededor del 26% del Producto Bruto Interno y el 38% del empleo privado registrado, según los datos presentados por el Instituto Argentina Grande.

Así, una parte relevante del crecimiento está concentrándose en actividades de fuerte expansión pero con una capacidad relativamente menor para generar empleo masivo, mientras permanecen debilitados dos de los principales motores laborales de la economía.

Superávit fiscal, con ajuste sobre subsidios y provincias

El otro pilar del programa económico continúa siendo el resultado fiscal. Julio terminó con un superávit primario de $2,96 billones y un resultado financiero positivo de $244.897 millones.

En los primeros siete meses del año, el superávit primario equivale al 0,9% del PBI y el financiero al 0,1%.

Según el análisis del IAG, parte del resultado volvió a sostenerse sobre la reducción de subsidios y las transferencias a las provincias.

El contraste define uno de los principales interrogantes de la economía argentina: la actividad puede recuperar terreno y las cuentas públicas permanecer equilibradas, pero el empleo privado formal todavía no encuentra un piso.

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La industria sigue sin despegar: acumula una caída de 2% en 2026

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La industria argentina acumula una caída del 2% en lo que va de 2026 frente al mismo período del año pasado, según estimaciones preliminares del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA). Sin embargo, los indicadores adelantados de julio anticipan una suba interanual de alrededor del 1,4%, aunque en términos mensuales la actividad habría permanecido prácticamente estable respecto de junio (-0,6% con ajuste estacional).

El dato positivo en la comparación interanual de julio responde, según el CEU-UIA, a un bajo nivel de comparación y no implica una recuperación sostenida. El organismo advierte que la actividad industrial se mantiene en un escenario de estancamiento que se extiende desde mediados de 2025.

Los indicadores sectoriales de julio presentaron un comportamiento heterogéneo. La construcción fue uno de los segmentos más débiles: los despachos de cemento cayeron 4,6% mensual y acumulan una baja del 3% frente a 2025, mientras que el Índice Construya —que concentra la venta de insumos para la construcción— retrocedió 0,8%. Ambos se ubican más de un 20% por debajo de los niveles de 2022, con los despachos asociados a obras pequeñas con una caída del 30% respecto de ese año.

La producción automotriz, por su parte, descendió 6,8% mensual y acumula una baja del 18% frente a 2025. El consumo de energía eléctrica de grandes usuarios industriales retrocedió 3,5% respecto de junio y se encuentra 6% por debajo de los niveles de 2022.

A contramano de la tendencia general, en metales, la producción de acero avanzó 3,4% mensual, aunque acumula una caída del 10,9% frente a 2022. La industria metalmecánica se mantuvo estable (+0,1%), pero permanece 17,4% por debajo de aquel año de referencia. La producción de aluminio primario cayó 1,8% mensual, aunque mantiene un desempeño positivo frente a 2025 (+1%) y a 2022 (+17%).

En alimentos y bebidas, la producción láctea y la de bebidas avanzaron 0,9% cada una respecto de junio, mientras que la faena vacuna retrocedió 2,8% y acumula una baja del 6% frente a 2025. En el frente externo, las exportaciones hacia Brasil cayeron 12% en julio, aunque en los primeros siete meses del año acumulan una suba del 3,8% respecto de 2025. La liquidación de divisas agroindustriales retrocedió 14,6% mensual y acumula un retroceso del 16,7% frente al año anterior.

El dato oficial de junio

Los números oficiales mostraron un mejor desempeño de lo que el CEU-UIA había anticipado. Un mes atrás, el organismo estimaba para junio una caída interanual de alrededor del 1,8%; los datos oficiales del Indec confirmaron, en cambio, un crecimiento del 2% interanual y del 0,9% frente a mayo. Pese a esa mejora puntual, el acumulado del primer semestre cerró con una caída del 2,2% respecto del mismo período de 2025, con la actividad aún un 11% por debajo de los niveles de 2022.

En este escenario, nueve de los 16 sectores registraron subas en la comparación interanual. Las industrias metálicas básicas lideraron el crecimiento con un alza del 11,8%, seguidas de productos químicos (+11,0%), madera y papel (+8,4%) y alimentos y bebidas (+6,2%). También avanzaron productos de metal (+3,6%), refinación del petróleo (+3,4%) y muebles y colchones (+3,4%).

En el otro extremo, otros equipos eléctricos registraron la caída más pronunciada del mes (-25,3%), seguidos de maquinaria y equipo (-16,8%) y productos textiles (-15,9%). Prendas de vestir, cuero y calzado cayeron 8,4%, los insumos para la construcción 7,2%, y automotores y autopartes 3,5 por ciento.

Qué explica la caída del primer semestre

El análisis por grandes agregados del CEU-UIA sobre el período enero-junio muestra que la producción de bienes durables y semidurables fue el principal factor de arrastre negativo, con una incidencia de -1,7 puntos porcentuales y una contracción del 21% frente al mismo período de 2025. La menor demanda interna en vehículos de transporte, electrodomésticos y equipos de uso doméstico explica ese retroceso.

Le siguieron en impacto negativo las prendas de vestir, cuero y calzado (-0,6 p.p. y -14% interanual), que se consolidan como uno de los sectores de peor desempeño de la industria, y las industrias vinculadas a la cosecha (-0,6 p.p. y -6% acumulado), afectadas en parte por una base de comparación elevada respecto del fuerte desempeño agropecuario de la primera mitad de 2025.

La producción destinada al consumo masivo fue el único agregado con incidencia positiva sobre el nivel general: aportó 0,7 puntos porcentuales y registró un crecimiento acumulado del 1,8%, traccionado por productos farmacéuticos, artículos de higiene y limpieza, y algunos segmentos de alimentos y bebidas.

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