Economía Global

Trump rechazó la propuesta iraní y la tensión en Ormuz disparó el petróleo por encima de los USD 105

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La crisis en Medio Oriente entró en una nueva fase de escalada política y económica después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazara públicamente la respuesta enviada por Irán para intentar avanzar hacia un acuerdo de paz. La reacción inmediata de Washington aceleró la tensión diplomática y provocó una fuerte suba en los precios internacionales del petróleo, mientras el estrecho de Ormuz continúa parcialmente afectado por restricciones marítimas y amenazas militares cruzadas.

El barril de Brent trepó 4,15% y alcanzó los USD 105,49, mientras el WTI rozó los USD 100, reflejando el temor de los mercados a una prolongación del conflicto que ya lleva diez semanas y afecta una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.

La decisión de Trump agregó incertidumbre sobre un escenario que ya venía deteriorándose tras nuevos ataques con drones en el Golfo, advertencias iraníes contra embarcaciones occidentales y maniobras navales de Estados Unidos en la región.

Ormuz volvió a convertirse en el eje de la disputa global

El punto más delicado del conflicto sigue siendo el estrecho de Ormuz, corredor estratégico por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.

Irán endureció su postura durante las últimas horas y ratificó que no aceptará mayor presencia militar extranjera en la zona. Además, estableció mecanismos de cobro para embarcaciones que atraviesen el paso marítimo y mantuvo restricciones parciales sobre el tránsito comercial.

Washington calificó como “inaceptable” cualquier intento iraní de controlar la navegación en Ormuz y reforzó operaciones navales sobre puertos y embarcaciones vinculadas a Teherán.

La tensión ya no se limita al plano diplomático. Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar reportaron incidentes con drones durante el fin de semana, incluyendo ataques sobre cargueros y detecciones de aeronaves hostiles en espacio aéreo regional.

La negociación quedó atrapada entre exigencias nucleares y presión militar

El rechazo estadounidense expuso el deterioro de las conversaciones indirectas impulsadas mediante mediadores pakistaníes.

Según reportes difundidos por medios estatales iraníes y estadounidenses, Teherán habría propuesto: Finalizar la guerra en distintos frentes regionales. Reabrir plenamente el estrecho de Ormuz. Establecer garantías de seguridad marítima. Diluir parte del uranio enriquecido. Y transferir otro porcentaje a un tercer país bajo condiciones específicas

Sin embargo, el gobierno israelí mantiene una posición inflexible sobre el programa nuclear iraní. El primer ministro Benjamin Netanyahu sostuvo que el conflicto continuará mientras Irán conserve capacidad de enriquecimiento nuclear.

Desde Teherán, el presidente Masoud Pezeshkian respondió que cualquier negociación “no significa rendición”.

La secuencia revela que el conflicto ya combina tres dimensiones simultáneas: disputa militar regional, pulseada energética global, y negociación nuclear sin avances visibles.

El impacto económico ya se siente en mercados y cadenas logísticas

La suba del petróleo reactivó alertas en mercados financieros y cadenas de abastecimiento internacionales.

El temor central de operadores y gobiernos occidentales es que una interrupción prolongada en Ormuz afecte: abastecimiento energético, costos de transporte marítimo, precios de combustibles, fertilizantes, y comercio global.

Para Argentina, el escenario adquiere sensibilidad adicional por dos razones: El impacto potencial sobre precios internos de combustibles. Y el efecto indirecto sobre costos logísticos y presión inflacionaria.

    Aunque el país posee producción energética propia, la volatilidad internacional suele trasladarse rápidamente a costos internos de transporte y distribución.

    Europa busca contener la escalada sin intervención ofensiva

    Frente al deterioro del escenario, Emmanuel Macron confirmó que Francia y Reino Unido impulsarán conversaciones multilaterales para garantizar la seguridad marítima en Ormuz.

    Más de 40 países participarán de una reunión de ministros de Defensa para analizar mecanismos de protección comercial y navegación segura.

    París aclaró que no evalúa una operación militar ofensiva y definió la iniciativa como una coordinación de seguridad marítima.

    Irán respondió con nuevas advertencias y sostuvo que cualquier despliegue occidental recibirá una “respuesta decisiva e inmediata”.

    Un conflicto que ya dejó de ser regional

    La decisión de Trump de rechazar la propuesta iraní endureció un escenario que venía mostrando señales de agotamiento diplomático.

    La próxima reunión entre Trump y el presidente chino Xi Jinping en Beijing podría convertirse en otro capítulo relevante de la crisis, especialmente porque China depende fuertemente del petróleo que circula por Ormuz.

    Por ahora, el mercado observa tres variables críticas: si Irán profundiza restricciones marítimas, si Occidente amplía su presencia naval, y si la presión energética termina trasladándose a inflación global.

    La tensión sigue abierta y el precio del petróleo volvió a convertirse en el termómetro político de la guerra.

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    Ha-Joon Chang: “No hay ningún país que haya tenido éxito con este tipo de políticas liberales de Milei”

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    En un contexto global que vuelve a tensionarse hacia el proteccionismo, el economista surcoreano Ha-Joon Chang reaviva un debate central para la Argentina: qué tipo de modelo económico permite crecer de manera sostenida.

    Autor de Patear la escalera, uno de los textos más influyentes de la economía heterodoxa, Chang sostiene que las recetas de liberalización extrema no tienen antecedentes exitosos en la historia económica mundial. Y advierte que el país enfrenta problemas mucho más profundos que la inflación.

    “La alta inflación es un problema menor ante las debilidades estructurales de la Argentina a largo plazo”, señaló en un reportaje con Alejandro Rebossio de ElDiarioAr.

    El mito del libre mercado

    El núcleo del planteo de Chang es histórico: las economías desarrolladas no crecieron bajo esquemas de libre mercado, sino mediante políticas activas del Estado.

    “Todos los países ricos de hoy se enriquecieron usando políticas que recomendaban a los países en desarrollo no usar”, describe.

    Según el economista, potencias como Estados Unidos, Japón o Corea del Sur aplicaron durante décadas altos niveles de proteccionismo, subsidios y regulación para consolidar sus industrias. Recién después, ya consolidadas, promovieron el libre comercio a nivel global.

    Esa lógica, sintetizada en la metáfora de “patear la escalera”, vuelve hoy a escena en un mundo que abandona progresivamente el consenso liberal de los años noventa.

    Para Chang, el escenario internacional actual confirma su tesis. Las economías centrales están reintroduciendo políticas industriales activas ante el avance de China.

    “Los países occidentales están usando proteccionismo y subsidios ellos mismos. Ya ni siquiera pueden ser hipócritas”, explica.

    Sin embargo, advierte que el caso estadounidense presenta debilidades estructurales: la falta de inversión productiva y el predominio de la lógica financiera.

    “Distribuyeron el 90-95% de sus ganancias a accionistas. Perdieron la capacidad de invertir”, remarca.

    “En el caso de Estados Unidos, básicamente no hay una política real. Lo que Estados Unidos está haciendo es explotar su posición como el mercado más grande del mundo para amenazar a otros países con acceso limitado a su mercado mediante barreras arancelarias y forzar a otros países a no competir con empresas americanas o a invertir en Estados Unidos para construir capacidades manufactureras allí. Podría decir que esto es una versión geriátrica de la protección de la industria infantil. La protección de la industria infantil es la idea de que, de la misma manera que necesitamos proteger y nutrir a nuestros hijos hasta que crezcan y puedan competir en el mercado laboral, los gobiernos de países en desarrollo necesitan proteger y nutrir sus industrias jóvenes antes de que puedan desarrollarse y competir en el mercado mundial. No podíamos competir con lo mejor, no sé, las empresas automotrices coreanas en los 70 o las empresas textiles americanas en los 1850, pero teníamos que hacerlo algún día. Y vamos a proteger nuestras industrias para que puedan invertir, aumentar la productividad y eventualmente volverse internacionalmente competitivas. Lo que está haciendo Trump es como tener un hijo de 55 años que fracasó en su negocio porque no estaba invirtiendo, estaba gastando dinero en jets privados, yates y casinos en Las Vegas. Ahora su negocio está en problemas. Entonces su padre llega y dice: “OK, te voy a ayudar porque quiero hacerte grande otra vez. Voy a impedir que empresas extranjeras compitan contigo poniendo muros arancelarios. Y también voy a forzar a algunos de estos tipos, coreanos, japoneses, alemanes, a invertir en tu empresa”. El problema es que este tipo no tiene incentivos para mejorar su desempeño porque no hay condiciones. En los últimos 25, 30 años, las empresas americanas han dejado de invertir. Distribuyeron el 90-95% de sus ganancias a accionistas en forma de dividendos muy altos y recompras de acciones, lo que significa que la empresa compra sus propias acciones para que suban los precios y los accionistas puedan obtener ganancias extra vendiendo sus acciones. Perdieron la capacidad de invertir. Entonces, a menos que hagas que estas empresas vuelvan a invertir, no van a poder revivir su competitividad”, detalla.

    Milei y el experimento argentino

    El economista es categórico sobre el rumbo adoptado por el gobierno de Javier Milei:

    No hay ningún país que haya tenido éxito con este tipo de políticas liberales que está implementando el gobierno del señor Milei”.

    Chang ubica este proceso en una secuencia histórica conocida para América Latina, donde la región ha funcionado como laboratorio de reformas de mercado.

    “Argentina ya lo intentó, bajo la dictadura militar, con Carlos Menem. No funciona”.

    Incluso desarma el caso de economías consideradas “liberales”, como Singapur, al señalar el fuerte rol estatal en su estructura productiva.

    Más allá del debate ideológico, Chang identifica un núcleo estructural que explica la recurrencia de crisis en Argentina: la falta de divisas.

    Argentina no desarrolló la capacidad de exportar más allá de commodities primarios”.

    El problema, según explica, es cíclico: cada vez que la economía crece, aumenta la necesidad de importar insumos, tecnología y bienes de capital, lo que genera tensiones en la balanza de pagos.

    “Apenas crecés unos años, tenés crisis de balanza de pagos”.

    Este diagnóstico conecta con una de las restricciones históricas del país y explica por qué las soluciones basadas exclusivamente en estabilización macroeconómica resultan insuficientes.

    Sobre el rol de sectores como energía y minería, el economista introduce un matiz clave: pueden aportar divisas en el corto plazo, pero no resuelven el problema estructural.

    “En el corto plazo puede ayudar. Pero el petróleo va a ser un activo varado”.

    Chang advierte sobre la transición energética global y el desarrollo tecnológico, que podrían reducir la demanda de recursos estratégicos como hidrocarburos e incluso litio.

    “Los chinos ya están desarrollando baterías de sodio. Cuando eso pase, la demanda de litio va a colapsar”.

    Frente a este escenario, el economista plantea que el desarrollo requiere una estrategia activa, focalizada y con condiciones claras.

    “La política industrial tiene que ser focalizada. La protección general no funciona”.

    El modelo exitoso, según explica, combina protección selectiva, inversión en infraestructura, desarrollo tecnológico y formación de capital humano, con exigencias concretas de desempeño al sector privado.

    Chang también describe un cambio profundo en el orden global: el avance de China, el debilitamiento del multilateralismo y la emergencia de un sistema más multipolar.

    “Hoy los países en desarrollo tienen diferentes opciones. Si juegan inteligentemente, pueden mejorar sus posiciones”.

    Sin embargo, advierte que la Argentina sigue atrapada en debates del pasado.“Me da pena que Argentina esté atrapada en debates de los 80 y 90”, analizó.

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    Trump busca reabrir negociaciones con Irán en medio del bloqueo en Ormuz y la presión por el alza global de la energía

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    En medio del bloqueo total al estrecho de Ormuz, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió reactivar negociaciones indirectas con Irán para intentar alcanzar un acuerdo que limite su programa nuclear. El movimiento se produce tras el fracaso diplomático en Islamabad y bajo una creciente presión económica global por el encarecimiento de la energía.

    Las conversaciones, canalizadas a través de Pakistán, Turquía y Omán, buscan establecer una hoja de ruta que permita avanzar hacia una nueva ronda formal de negociaciones, con posibles sedes en Islamabad o en Ginebra. El punto crítico sigue siendo el plazo para el enriquecimiento de uranio: Washington propone postergarlo hasta 2046, mientras que Teherán plantea hacerlo hasta 2031.

    Crisis geopolítica y presión económica global

    El conflicto en torno al estrecho de Ormuz —uno de los principales corredores energéticos del mundo— generó un impacto directo sobre los precios del petróleo, el gas y otros insumos estratégicos.

    Según lo informado, el doble bloqueo entre Estados Unidos e Irán ya tiene consecuencias económicas y políticas para ambos países. En Washington, la administración enfrenta cuestionamientos por el aumento del combustible y de productos básicos. En Teherán, el régimen pierde ingresos clave en un contexto de fragilidad económica.

    La tensión también se traduce en un despliegue militar en la zona: Irán reforzó su presencia con tropas, misiles y minas submarinas, mientras Estados Unidos posicionó el portaaviones USS Abraham Lincoln y seis destructores en el Golfo Pérsico.

    De la confrontación al intento de acuerdo

    El giro en la estrategia estadounidense marca un cambio respecto a la postura inicial de la Casa Blanca. Hasta hace pocos días, la exigencia era el desmantelamiento total del programa nuclear iraní. Ahora, la negociación se centra en plazos de desarrollo, lo que abre una ventana de diálogo.

    Del lado iraní, la posición tampoco es nueva. Antes del inicio del conflicto, ya había planteado en Ginebra la posibilidad de postergar su programa nuclear por cinco años.

    El principal obstáculo sigue siendo la distancia entre ambas propuestas y la necesidad de acordar una hoja de ruta que evite otro fracaso diplomático.

    Actores y canales de negociación

    Las gestiones diplomáticas están encabezadas por el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y por Jared Kushner, quienes retomaron protagonismo tras el fallido intento liderado por el vicepresidente.

    Del lado iraní, el interlocutor es el canciller Abbas Araghchi, en consulta con el líder religioso Mojtaba Khamenei y el titular del Parlamento.

    Hasta el momento, no hay una respuesta formal de Teherán sobre la propuesta estadounidense, lo que mantiene la incertidumbre sobre la viabilidad del proceso.

    Negociación bajo presión militar

    El reinicio de las conversaciones no se produce en un escenario de distensión, sino bajo máxima tensión militar. Ambos países sostienen posiciones estratégicas en la región, lo que convierte cualquier incidente en un riesgo de escalada.

    La reactivación del diálogo, en este contexto, aparece más como una necesidad que como una decisión voluntaria. El costo económico del bloqueo y el impacto político interno en ambos gobiernos funcionan como incentivos para evitar una ruptura total.

    Energía, precios y cadenas globales

    El bloqueo en Ormuz afecta directamente el flujo de hidrocarburos y, por extensión, el precio internacional de la energía. Esto repercute en costos logísticos, producción industrial y precios de alimentos, especialmente por el encarecimiento de fertilizantes.

    El efecto es global y asimétrico, con mayor impacto en países importadores de energía y economías más vulnerables.

    Aunque el conflicto se desarrolla a miles de kilómetros, su impacto puede trasladarse a la economía argentina y, por extensión, a regiones como Misiones.

    Un aumento sostenido en los precios de combustibles y fertilizantes podría elevar costos en sectores productivos y logísticos, afectando cadenas regionales. La evolución del conflicto también puede influir en variables macroeconómicas como inflación y actividad.

    Tregua condicionada y riesgo de escalada

    El avance de las negociaciones dependerá de la capacidad de ambas partes de acordar una hoja de ruta mínima. Según lo planteado, un entendimiento inicial podría derivar en una nueva ronda de diálogo prevista para el 18 de abril y eventualmente extender la tregua vigente.

    Sin embargo, el escenario sigue condicionado por dos variables críticas: la respuesta iraní y la posibilidad de un incidente militar en el estrecho de Ormuz que interrumpa el proceso.

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    Organismos internacionales alertan por impacto energético de la guerra y anticipan presión prolongada sobre precios y empleo

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    Los directores de la Agencia Internacional de Energía, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial emitieron este 13 de abril una declaración conjunta desde Washington D.C. en la que advirtieron que la guerra en Oriente Medio ya genera un impacto “sustancial, global y altamente asimétrico” sobre la economía mundial, con efectos directos en precios, empleo y seguridad alimentaria.

    El diagnóstico se apoya en un dato central: el aumento de los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, en un contexto donde las interrupciones logísticas y energéticas aún no se normalizan, especialmente en el estratégico Estrecho de Ormuz.

    Coordinación internacional ante una crisis en expansión

    La reunión forma parte de un esquema de coordinación creado a comienzos de abril entre los tres organismos, con el objetivo de articular respuestas frente a las consecuencias económicas y energéticas del conflicto.

    Según lo informado, el impacto no es homogéneo. Los países importadores de energía —en particular los de bajos ingresos— enfrentan mayores presiones, mientras que incluso algunos productores de hidrocarburos de la región registran caídas en sus ingresos por exportaciones.

    La incertidumbre se mantiene como variable dominante. El transporte marítimo en zonas críticas aún no recupera su funcionamiento pleno, lo que condiciona la oferta global de insumos estratégicos.

    Precios altos y cadenas de suministro tensionadas

    El escenario que describen los organismos combina varios factores: Aumento de precios energéticos y de fertilizantes. Interrupciones en el suministro global. Daños en infraestructura clave. Recuperación lenta de los flujos comerciales

    Incluso si se restablece la navegación regular, la normalización de los mercados no será inmediata. Los precios podrían mantenerse elevados durante un período prolongado, según la evaluación oficial.

    Además, la escasez de insumos impacta en sectores clave como la energía y la producción de alimentos, generando un efecto en cadena sobre la economía global.

    Organismos multilaterales alinean respuesta

    La declaración conjunta marca una señal de coordinación entre tres actores centrales del sistema económico internacional. La articulación entre la AIE, el FMI y el Banco Mundial apunta a reforzar la capacidad de respuesta ante un shock externo que combina variables geopolíticas y económicas.

    El enfoque incluye asistencia técnica y, en el caso de los organismos financieros, apoyo económico a los países más afectados. La estrategia busca contener efectos sistémicos y evitar desbalances mayores en economías vulnerables.

    La referencia a “asesoramiento político personalizado” sugiere que las recomendaciones podrían adaptarse a cada país, en función de su exposición a la crisis energética.

    Presión sobre alimentos, empleo y crecimiento

    El aumento en los precios de la energía y los fertilizantes tiene efectos directos sobre: Costos de producción agrícola. Precios de alimentos. Nivel de empleo. Actividad económica general

    A esto se suma la reducción de viajes y turismo, y el desplazamiento de población en zonas afectadas, factores que amplifican el impacto económico.

    El cuadro general describe una economía global con menor dinamismo y mayor volatilidad, atravesada por restricciones en la oferta de insumos clave.

    Implicancias para Argentina y el NEA

    Aunque la declaración no menciona países específicos de América Latina, el diagnóstico permite inferir impactos potenciales. En economías importadoras de energía y con alta dependencia de insumos externos, el encarecimiento de combustibles y fertilizantes puede trasladarse a precios internos.

    En regiones como el NEA, donde la actividad productiva tiene fuerte vínculo con el agro, el aumento de costos en insumos clave podría incidir en la estructura de precios y márgenes de producción.

    Informes clave y evolución del conflicto

    Los organismos anticiparon la publicación de nuevos informes —el Reporte del Mercado Petrolero de la AIE y las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI— que ofrecerán mayor precisión sobre el impacto de la crisis.

    La evolución del conflicto en Oriente Medio, la normalización del transporte marítimo y la capacidad de respuesta de los países serán variables determinantes en las próximas semanas.

    El escenario sigue abierto y condicionado por factores geopolíticos que exceden el control de los actores económicos, lo que mantiene elevada la incertidumbre sobre la trayectoria de los precios y el crecimiento global.

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    Trump relativiza el acuerdo con Irán mientras avanzan negociaciones clave en Pakistán

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    El gobierno de Estados Unidos y representantes de Irán desarrollan este fin de semana en Islamabad, Pakistán, la tercera ronda de բանակցaciones técnicas orientadas a consolidar un marco de estabilidad tras el actual alto el fuego. En paralelo, el presidente Donald Trump marcó una postura política clara: aseguró que no le preocupa el resultado del diálogo y afirmó que su país ya “ganó” el conflicto, introduciendo una tensión explícita sobre el sentido y alcance de las negociaciones.

    Según lo informado, las delegaciones intercambian borradores legales con el objetivo de avanzar hacia un esquema normativo que supere la tregua vigente. El proceso cuenta con la mediación de Pakistán, que actúa como articulador en un escenario de alta complejidad geopolítica.

    Negociación técnica en marcha, con presión militar en paralelo

    Mientras el canal diplomático sigue activo, el contexto operativo muestra señales contradictorias. Estados Unidos confirmó el despliegue de dos portaaviones en la región, al tiempo que fuerzas norteamericanas avanzan en tareas de desminado en el Estrecho de Ormuz, un corredor estratégico para el comercio global de hidrocarburos.

    Desde Irán, en tanto, se emitieron advertencias sobre posibles respuestas “severas” frente al tránsito de buques militares extranjeros en la zona. La Guardia Revolucionaria afirmó su intención de supervisar el tráfico marítimo, lo que eleva la incertidumbre sobre la seguridad del flujo energético internacional.

    En paralelo, Qatar dispuso la reactivación de la actividad marítima bajo condiciones de seguridad específicas, lo que sugiere una tentativa de normalización logística en medio de un escenario todavía inestable.

    La señal política de Trump redefine el tablero

    La postura del presidente estadounidense introduce un elemento clave en la lectura de poder. Al afirmar que el resultado de las բանակցaciones es secundario porque Estados Unidos ya se considera vencedor, la Casa Blanca parece correr el eje desde la diplomacia hacia la consolidación de una posición estratégica.

    “Si llegamos a un acuerdo o no, me da igual. La razón es que hemos ganado”, sostuvo Trump. La definición no sólo marca un tono interno, sino que también condiciona el margen de negociación del equipo técnico en Islamabad.

    Israel endurece condiciones y eleva la presión regional

    En este contexto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, planteó nuevas condiciones para avanzar en un acuerdo con Líbano: el desarme del grupo Hezbollah y la garantía de una paz duradera. Además, aseguró que la ofensiva sobre Irán debilitó su estructura militar, aunque remarcó que la campaña “no ha terminado”.

    Esta posición refuerza el alineamiento estratégico con Estados Unidos y agrega presión sobre el proceso diplomático en curso, en especial en lo vinculado al programa nuclear iraní y los mecanismos de control internacional.

    Impacto económico: energía bajo vigilancia

    La combinación de բանակցación abierta y tensión militar latente coloca al Estrecho de Ormuz en el centro de la escena global. Se trata de un punto clave para el transporte de petróleo, por lo que cualquier alteración en su funcionamiento tiene efectos directos sobre los precios internacionales de la energía.

    La advertencia iraní y el despliegue militar estadounidense introducen volatilidad en un mercado ya condicionado por la incertidumbre geopolítica.

    Impacto indirecto vía precios y comercio

    Aunque el conflicto se desarrolla a miles de kilómetros, su impacto puede trasladarse a economías regionales como Misiones a través de variables indirectas. Un eventual aumento en los precios internacionales del petróleo podría incidir en costos logísticos, transporte y producción, con efectos en cadenas productivas del NEA.

    En ausencia de datos directos, el impacto aparece condicionado a la evolución del mercado energético global.

    Escenario abierto: negociación en curso y señales cruzadas

    El resultado de la tercera ronda de բանակցaciones en Islamabad sigue abierto. La combinación de diálogo técnico, presión militar y definiciones políticas deja un escenario incierto.

    Entre las variables a observar se encuentran el avance concreto en los borradores legales, la reacción iraní ante las operaciones en Ormuz y el grado de alineamiento entre Estados Unidos e Israel.

    El desenlace no depende solo de lo que se negocie en la mesa, sino también de lo que ocurra fuera de ella.

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