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Crisis yerbatera: Sand volvió a pedir una ley de emergencia con precio sostén para frenar el colapso del sector

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La crisis de la producción yerbatera en Misiones sumó un nuevo capítulo político e institucional. Tras reunirse con el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM) confirmó que impulsará un proyecto de ley de emergencia provincial para establecer un precio mínimo sostén para la hoja verde, mientras la Iglesia convocará a una mesa de diálogo con productores, tareferos y distintos actores sociales.

El encuentro dejó en evidencia que el conflicto ya excede la discusión por el precio de la materia prima. Para los productores, la caída de los ingresos amenaza la supervivencia de miles de familias rurales y pone en riesgo la economía de los pueblos del interior misionero.

Hugo Sand, referente de APAM, aseguró que la desregulación del mercado tras la pérdida de facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) provocó una transferencia de recursos desde los pequeños productores hacia los grandes compradores. Según afirmó, el sector dejó de percibir alrededor de 200.000 millones de pesos por año, situación que atribuyó a la eliminación del mecanismo que regulaba los precios.

“El mercado de la yerba es imperfecto. Hay una posición dominante de unas pocas empresas que concentran más de la mitad del mercado. Nunca van a competir entre ellas para mejorar el precio al productor; por el contrario, terminan acordando valores más bajos”, sostuvo Sand.

Desde APAM plantean que el mercado, por sí solo, no garantiza una remuneración justa para quienes producen la materia prima. Por eso proponen una legislación provincial que establezca un precio mínimo obligatorio, calculado sobre el costo real de producción, incluyendo gastos laborales, previsionales y un margen razonable de rentabilidad.

Actualmente, explicó Sand, el kilo de hoja verde se paga entre 230 y 280 pesos, mientras que el valor de equilibrio debería ubicarse por encima de 700 pesos si se toma como referencia histórica el equivalente a 50 centavos de dólar. Si el cálculo se actualiza por inflación, el precio superaría los 1.100 pesos por kilo, según las estimaciones de la entidad.

“La diferencia ya no es una discusión de unos pesos más o menos. Estamos frente a un problema humanitario”, advirtió.

La iniciativa que APAM presentará propone que sea el Poder Ejecutivo provincial el que determine periódicamente ese precio sostén mediante estudios técnicos realizados por organismos oficiales, evitando que quede exclusivamente sujeto a la negociación entre industrias y productores.

El dirigente también confirmó que solicitarán formalmente la declaración de la emergencia yerbatera y que continuarán reclamando la recuperación de las herramientas regulatorias del INYM, aunque reconoció que, mientras esa discusión continúa en la Justicia y en el ámbito político nacional, resulta imprescindible que la Provincia intervenga con instrumentos propios.

En ese contexto, Sand valoró el acompañamiento del gobernador Hugo Passalacqua en los planteos judiciales contra la desregulación, aunque pidió avanzar ahora con medidas concretas para proteger a los pequeños productores.

Uno de los principales resultados de la reunión con el obispo Martínez fue el compromiso de avanzar en una mesa institucional de diálogo, que reúna a productores, tareferos, organizaciones sociales, representantes políticos y distintos sectores económicos.

Desde APAM consideran que la Iglesia puede desempeñar un rol clave para construir consensos y visibilizar la dimensión social de la crisis, que ya afecta no solo al sector primario sino también al comercio, el empleo y la actividad económica de numerosas localidades del interior de Misiones.

Sand destacó que la convocatoria realizada por el obispo permitió reunir a representantes de diferentes zonas productivas y fortalecer un mensaje común: la necesidad de construir soluciones colectivas frente a una crisis que amenaza la sustentabilidad de la principal economía regional de la provincia.

El dirigente también vinculó la situación yerbatera con otros debates nacionales sobre la propiedad de la tierra, los recursos naturales y el modelo de desarrollo, al sostener que las políticas actuales favorecen la concentración económica mientras debilitan a la agricultura familiar.

Para APAM, el desafío inmediato pasa por transformar el reclamo sectorial en una política pública que garantice ingresos mínimos para quienes producen la materia prima, evitando un mayor deterioro social en las zonas rurales. Con el respaldo de la Iglesia y el impulso de una futura mesa de diálogo, los productores buscan instalar que la crisis yerbatera dejó de ser exclusivamente económica para convertirse en una cuestión de interés social y humanitario para toda Misiones.

Productores esperando ser recibidos por el Gobernador de Misiones

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El Obispo Martínez respaldó el reclamo yerbatero y recordó que: “Todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve”

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La crisis de la producción yerbatera sumó un nuevo actor institucional de peso. El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, recibió este miércoles a representantes de productores, tareferos y organizaciones civiles de Misiones, quienes expusieron el profundo deterioro económico y social que atraviesa la actividad. Tras el encuentro, el titular de la Diócesis de Posadas advirtió que la provincia enfrenta una situación de emergencia y sostuvo que “todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve para nada”.

La reunión fue solicitada por las entidades que representan a miles de familias vinculadas a la producción de yerba mate. Para el obispo, el principal objetivo fue escuchar de manera directa una realidad que ya conoce a partir de sus recorridas pastorales por toda la provincia, pero que esta vez llegó con el respaldo de organizaciones que expresan la problemática de pequeños productores y trabajadores rurales.

Martínez diferenció la realidad del sector yerbatero misionero de otros conflictos agropecuarios del país. Remarcó que en Misiones predominan los pequeños productores y los tareferos, familias que dependen exclusivamente de la actividad para subsistir y que hoy enfrentan un escenario de extrema vulnerabilidad.

“Acá no estamos hablando de grandes terratenientes ni de grandes capitalistas. Estamos hablando de pequeños productores y tareferos que padecen circuitos de injusticia y que hoy, según ellos mismos manifestaron, ya no pueden sobrevivir”, afirmó.

El obispo explicó que la crisis trasciende al sector primario y termina afectando a toda la economía de los pueblos del interior. Cuando el ingreso de quienes producen y cosechan yerba desaparece, también se resiente el consumo, caen las ventas en los comercios y se deteriora la actividad económica local.

“Esa depresión económica alcanza al supermercado, al almacén, al comerciante, a las fuentes de trabajo. Es un problema social que impacta sobre toda la comunidad”, describió.

Durante la reunión surgió además la propuesta de conformar una mesa de emergencia que permita articular respuestas entre distintos actores sociales e institucionales. Martínez recordó que la Diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, organismo que ya intervino en otras etapas críticas de la historia argentina, especialmente durante la crisis de 2001.

El obispo consideró que aquel antecedente demuestra que el diálogo institucional puede contribuir a ordenar situaciones complejas cuando los sectores afectados logran expresar sus demandas de manera organizada.

Más allá de la coyuntura yerbatera, Martínez amplió el análisis hacia el rumbo económico nacional. Reconoció que la estabilidad macroeconómica constituye un objetivo compartido, pero advirtió que pierde legitimidad cuando no mejora la vida cotidiana de la población.

“Todos queremos estabilidad económica. Pero si esos números cierran sin la gente, si aumenta la pobreza, si cierran comercios, si se pierden fuentes de trabajo y se deteriora la vida social, entonces ese modelo nos daña profundamente”, sostuvo.

En ese sentido, llamó a que las políticas públicas contemplen especialmente a los sectores más vulnerables y recordó que el desarrollo económico solo resulta sostenible cuando incorpora inclusión social.

Frente a las familias que hoy atraviesan la crisis productiva, Martínez dejó un mensaje de esperanza, pero también de organización comunitaria.

“Nunca hay que bajar los brazos. En los momentos difíciles es fundamental mantenerse unidos, organizarse y sostener la esperanza”, expresó.

Durante la conferencia también fue consultado sobre el debate nacional en torno al proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. El obispo recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social ya manifestaron su rechazo a la iniciativa.

Explicó que la Doctrina Social de la Iglesia reconoce el valor de la propiedad privada, pero rechaza su concepción absoluta cuando entra en conflicto con el bien común. En esa línea, advirtió sobre la necesidad de proteger los recursos estratégicos del país frente a intereses económicos globales.

“Tenemos que defender nuestros minerales, el litio, el acuífero y todos aquellos recursos que forman parte del patrimonio nacional. Si no existe un discernimiento adecuado, podemos terminar entregando riquezas que condicionarán el futuro de las próximas generaciones”, afirmó.

Para el obispo, la actual crisis yerbatera también debe interpretarse como una oportunidad para fortalecer los espacios de diálogo entre el Estado, los sectores productivos y las organizaciones sociales. Consideró que las soluciones no surgirán únicamente desde los indicadores macroeconómicos, sino de la capacidad de construir consensos que permitan sostener el empleo, preservar la producción y evitar que miles de familias rurales continúen profundizando su situación de vulnerabilidad.

El respaldo de la Iglesia Católica al reclamo de productores y tareferos incorpora una nueva dimensión institucional a un conflicto que ya dejó de ser exclusivamente económico. La preocupación expresada por la Diócesis de Posadas refleja que la crisis de la yerba mate impacta sobre el tejido social de Misiones y plantea el desafío de encontrar respuestas antes de que las consecuencias sean aún más profundas.

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Envases en contacto con alimentos: más control sobre pigmentos y colorantes y da 180 días a las empresas para adecuarse

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El Gobierno nacional actualizó las exigencias técnicas para los materiales, envases y equipamientos de papel y cartón destinados a estar en contacto con alimentos, al incorporar al Código Alimentario Argentino una modificación acordada en el ámbito del Mercosur. El cambio pone el foco en un aspecto que suele quedar fuera de la mirada del consumidor, pero que resulta determinante para la inocuidad alimentaria: la posibilidad de que pigmentos y colorantes utilizados en materiales celulósicos migren hacia los alimentos.

La modificación fue formalizada mediante la Resolución Conjunta 9/2026 de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, publicada este jueves en el Boletín Oficial. La norma incorpora al ordenamiento argentino la Resolución GMC N° 26/22, que modificó el reglamento técnico Mercosur sobre materiales, envases y equipamientos celulósicos destinados a estar en contacto con alimentos.

El cambio específico alcanza al punto 2.15.1 de la Parte I del artículo 186 bis del Código Alimentario Argentino. Desde ahora, los pigmentos y colorantes utilizados en estos materiales no deberán migrar conforme al procedimiento establecido por la norma BS EN 646, referida a la determinación de la resistencia del color en papeles y cartones destinados al contacto con alimentos. Además, deberán alcanzar el grado 5 de la escala de grises definida por esa norma.

El criterio es relevante porque el envase no constituye un elemento neutral dentro de la cadena alimentaria. Papel, cartón y otros materiales celulósicos pueden entrar en contacto directo con alimentos durante su almacenamiento, comercialización o consumo, por lo que las características químicas de sus componentes forman parte de las condiciones que deben ser controladas para preservar la inocuidad del producto final.

La medida no introduce una prohibición general sobre el uso de pigmentos o colorantes en envases. El punto regulatorio está puesto en su comportamiento frente al contacto con alimentos: el requisito es que no migren bajo el procedimiento técnico establecido y que cumplan con el nivel de resistencia de color exigido. De esta manera, la regulación busca reducir un riesgo específico sin impedir el uso de materiales necesarios para la identificación, presentación y funcionalidad de los envases.

La actualización argentina reproduce el criterio acordado por los países del Mercosur. La Resolución GMC 26/22 había planteado la necesidad de actualizar la normativa regional de 2015 precisamente en lo referido a la restricción aplicable a colorantes y pigmentos. El texto regional estableció además un período de 180 días para que los operadores adecuaran sus productos y procesos a los nuevos requisitos.

Para la industria alimentaria y los fabricantes de envases, el principal impacto estará en la revisión de especificaciones técnicas, proveedores, materias primas y controles de conformidad. La adecuación no se limita necesariamente al fabricante del alimento: alcanza a quienes producen los materiales y equipamientos celulósicos destinados a entrar en contacto con ellos, por lo que la trazabilidad de los insumos adquiere mayor relevancia.

La resolución argentina concede a las empresas un plazo de 180 días corridos desde su publicación en el Boletín Oficial para adecuarse a los requisitos técnicos establecidos por la Resolución GMC N° 26/22. El período funciona como una ventana de transición para que los distintos actores de la cadena puedan adaptar sus productos y procedimientos al nuevo estándar.

El objetivo de fondo es preventivo. En lugar de esperar a detectar un problema una vez que el alimento llegó al consumidor, el esquema regulatorio busca intervenir sobre uno de los posibles puntos de riesgo antes de que se produzca la exposición. En términos de política sanitaria, se trata de trasladar el control hacia etapas tempranas de la cadena y establecer parámetros técnicos verificables.

La medida también profundiza la armonización normativa dentro del Mercosur, una cuestión relevante para una industria que produce, importa y exporta alimentos y materiales de envasado dentro de la región. Contar con requisitos técnicos comunes reduce diferencias regulatorias entre mercados y facilita que las empresas trabajen con especificaciones compatibles para productos destinados a distintos países.

Para los consumidores, el cambio tendrá un efecto principalmente indirecto pero concreto: los envases destinados a estar en contacto con alimentos deberán responder a un estándar técnico actualizado sobre la permanencia de sus pigmentos y colorantes. Para las empresas, en cambio, comienza una cuenta regresiva de 180 días para demostrar que sus materiales y procesos cumplen con la nueva exigencia.

La actualización del Código Alimentario Argentino muestra así que la seguridad alimentaria no depende exclusivamente de la composición del alimento. También se juega en los materiales que lo contienen, transportan y protegen. En ese entramado, controlar qué sustancias pueden migrar desde un envase hacia un alimento constituye una herramienta de prevención que apunta a reducir riesgos antes de que lleguen a la mesa.

Envases en contacto con alimentos by CristianMilciades

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Actualizan el Código Alimentario y redefinen qué se considera un contaminante en los alimentos

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El Gobierno nacional incorporó al Código Alimentario Argentino (CAA) una nueva definición de “contaminante” en alimentos, en línea con la normativa del Mercosur, y actualizó los criterios generales que regulan la presencia de sustancias no deseadas en productos destinados al consumo. La medida fue formalizada mediante la Resolución Conjunta 10/2026 de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, publicada este jueves en el Boletín Oficial.

El cambio central surge de la incorporación de la Resolución GMC N° 13/24, que modifica la definición establecida originalmente por la normativa regional. A partir de ahora, el Código Alimentario Argentino considera contaminante a “cualquier sustancia indeseable no intencionalmente adicionada a los alimentos” que se encuentre presente como consecuencia de la producción primaria, industrialización, procesamiento, preparación, tratamiento, envasado, transporte o almacenamiento, o por contaminación ambiental.

La modificación tiene una consecuencia relevante para toda la cadena agroalimentaria: desplaza el foco desde una mirada limitada al proceso industrial hacia un concepto que contempla el recorrido completo del alimento. Esto permite encuadrar eventuales riesgos desde el origen de las materias primas hasta las etapas posteriores de elaboración, distribución y conservación, un criterio particularmente relevante para actividades productivas que trabajan con cadenas extensas y múltiples puntos de intervención.

La resolución también reemplaza el artículo 6° del Código Alimentario Argentino y mantiene diferenciadas categorías que resultan determinantes para la fiscalización y para la industria. El texto distingue entre alimento genuino, alterado, contaminado, adulterado y falsificado, mientras que precisa además qué debe entenderse por ingrediente, aditivo alimentario y coadyuvante de tecnología.

La nueva definición establece una diferencia sustancial entre un aditivo y un contaminante. Mientras el aditivo es incorporado deliberadamente durante la fabricación o preparación con una finalidad tecnológica, el contaminante llega al alimento de manera no intencional. Esta distinción resulta clave para determinar responsabilidades y criterios regulatorios, ya que no toda sustancia presente en un producto responde al mismo origen ni debe ser evaluada bajo las mismas reglas.

El nuevo marco también reafirma que la seguridad de los aditivos constituye un principio prioritario. Su autorización debe estar respaldada por una evaluación toxicológica adecuada y considerar, entre otros factores, posibles efectos acumulativos, sinérgicos o protectores. Además, establece que los aditivos deben ser utilizados únicamente en alimentos y condiciones específicas, en el nivel mínimo necesario para alcanzar el efecto buscado.

Para las empresas alimentarias, el cambio supone una actualización normativa que obliga a revisar criterios de control y gestión de riesgos. La definición de contaminante incorpora expresamente etapas como el transporte y el almacenamiento, por lo que los sistemas de aseguramiento de calidad no quedan limitados al establecimiento donde se procesa el alimento. La prevención pasa a depender de una mirada integral sobre toda la cadena.

Desde el punto de vista del consumidor, la modificación apunta a fortalecer un principio básico de inocuidad: que los alimentos que llegan al mercado sean evaluados considerando no solamente su composición final, sino también las condiciones que pudieron generar la presencia involuntaria de sustancias indeseables. En ese sentido, la actualización normativa busca convertir los avances técnicos y regulatorios del Mercosur en criterios aplicables dentro del sistema argentino de control alimentario.

La medida forma parte del proceso de armonización normativa del Mercosur y responde al compromiso argentino de incorporar al ordenamiento nacional las reglas acordadas regionalmente para facilitar la circulación de bienes bajo estándares comunes. La Comisión Nacional de Alimentos intervino en el proceso y se expidió favorablemente.

La resolución entra en vigencia al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial. Para el sector agroalimentario, el principal desafío no pasa únicamente por conocer la nueva definición, sino por traducirla en controles concretos sobre materias primas, procesos, almacenamiento, transporte y condiciones ambientales. Para los consumidores, el resultado esperado es un sistema regulatorio con criterios más homogéneos para detectar y prevenir riesgos a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Actualizan el Código Alimentario by CristianMilciades

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El 75% de los estudiantes argentinos termina la secundaria, según un informe privado

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De acuerdo con un informe, el 75% de los estudiantes de la secundaria se gradúa de la escuela en la Argentina, un porcentaje considerado bajo en relación con otros países de la región.

“En Argentina, la proporción de jóvenes entre 19 y 24 años que tiene secundario completo creció 12,7 puntos entre 2014 y 2024”, sostuvo un informe de la organización Argentinos por la Educación.

Pero la ubicación del país sigue estando lejos de los primeros lugares, ya que está en el quinto lugar entre nueve países de la región. Colombia, Ecuador, Chile y Perú están por delante de Argentina.

En cuanto a las razones que explican los datos, el informe hecho por la organización Argentinos por la Educación expone que “las posibilidades de completar la escuela siguen muy asociadas al nivel socioeconómico”, señalando que “solo seis de cada 10 jóvenes del quintil de menores ingresos tienen el título, frente a 9 de cada 10 en el quintil más alto”.

¿Qué dice el informe de la organización Argentinos por la Educación?

“El 74,6% de los jóvenes argentinos de entre 19 y 24 años terminó la escuela secundaria. La proporción aumentó 12,7 puntos porcentuales en la última década: en 2014 era 61,9%. Sin embargo, las posibilidades de completar el secundario siguen siendo muy desiguales según el nivel de ingresos de cada hogar”, comienza explicando el informe de Argentinos por la Educación.

Al respecto, informa que los datos surgen del último informe titulado “Terminalidad de la secundaria en América Latina” elaborado por Sandra Ziegler (FLACSO), Martín Nistal y Lucía Vallejo (Argentinos por la Educación).

Antes de comenzar a entrar en detalles, el escrito adelanta que el documento analiza la evolución de las tasas de finalización de la escuela secundaria entre 2014 y 2024 en nueve países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay, a partir de las encuestas de hogares de cada país.

El dato sobresaliente es que cada uno de los países que se incluyen en el informe logró mejorar sus niveles de terminalidad secundaria en el periodo de 2014 a 2024.

¿Qué lugar ocupa Argentina en el relevamiento de Argentinos por la Educación?

“En la comparación regional, Argentina (74,6%) se ubica quinta, detrás de Perú (92%), Chile (91,5%), Ecuador (79,7%) y Colombia (78,3%), mientras que supera a Brasil (74,2%), Paraguay (71,8%), México (65,4%) y Uruguay (52,2%)”.

A su vez suma que, durante la última década, Argentina incrementó la terminalidad en 12,7 puntos porcentuales. Y cuenta que los mayores avances se registraron en Ecuador (+16,6 puntos), Uruguay (+15,1), México (+14,2) y Brasil (+13,9).

Desigualdades en las posibilidades para terminar la escuela

Al margen de los avances, subraya que persisten importantes desigualdades en las posibilidades de terminar la escuela. En este punto destaca que el 59,6% de los jóvenes argentinos de 19 a 24 años pertenecientes al quintil de menores ingresos completó la secundaria, mientras que entre los jóvenes del quintil más alto la proporción llega al 92%: la distancia entre ambos grupos es de 32,4 puntos porcentuales, según datos de 2024.

Bajó la desigualdad

También agrega que la desigualdad se redujo durante la última década. En 2014, el 41,6% de los jóvenes del quintil de menores ingresos había terminado la secundaria, frente al 86,4% del quintil más alto: una diferencia de 44,8 puntos. Es decir que, entre 2014 y 2024, la terminalidad creció en todos los sectores sociales y el avance fue mayor entre los jóvenes de menores ingresos”.

Brecha socioeconómica: posición argentina en la región

En este aspecto, el informe marca que Argentina continúa lejos de los países con menores brechas socioeconómicas. En Chile, el 87,2% de los jóvenes del quintil más bajo terminó la secundaria, frente al 97,9% del quintil más alto: una diferencia de 10,7 puntos. En Perú, las cifras son 82,5% y 97,6%, respectivamente, con una brecha de 15,1 puntos, detalla.

En el otro extremo, también indica que Uruguay presenta la mayor desigualdad entre los países analizados. Allí, completó la secundaria el 23,3% de los jóvenes del quintil de menores ingresos y el 86% de los del quintil más alto, una distancia de 62,7 puntos. También en México (38 puntos), Paraguay (37,4), Brasil (34,7) y Ecuador (33,8) hay brechas superiores a la argentina.

Una de las coautoras del informe e investigadora senior de FLACSO, Sandra Ziegler, dijo que: “El informe muestra que la terminalidad secundaria en América Latina está fuertemente condicionada por la capacidad de los sistemas educativos para sostener las trayectorias de los estudiantes en el tramo superior, más que por el acceso a este nivel educativo. Argentina mejoró, pero esa mejora convive con una desigualdad de origen familiar que sigue teniendo un peso decisivo. Provenir de un hogar en situación de pobreza estructural condiciona las posibilidades de terminar la escuela. Reducir esa brecha, y no solo aumentar el promedio general, debe ser el criterio con el que evaluemos las políticas educativas de la próxima década”.

Mujeres o varones: ¿en qué porcentaje terminaron más la escuela?

Según el informe, en los nueve países analizados, las mujeres presentan mayores niveles de terminalidad que los varones. En Argentina, el 78,8% de las mujeres de entre 19 y 24 años completó la secundaria, frente al 70,7% de los varones. La diferencia, de 8,1 puntos porcentuales, es mayor al promedio regional (5,7 pp) y se ubica entre las más amplias: solo Uruguay (10,1 pp) y Brasil (9,5 pp) presentan brechas mayores. En Perú, la distancia entre mujeres y varones es inferior a 1 punto porcentual, mientras que en Chile es de 3,7 puntos.

Otro dato relacionado con Argentina es que la proporción de personas con secundario completo alcanza su punto máximo entre los nacidos en 1999, con 25 años al momento de la encuesta, cuando llega al 81%. Y marca que el pico se produce más tarde que en varios de los países de la región: Perú y Ecuador alcanzan su máximo a los 21 años y Chile, a los 22. En tal sentido, este dato refleja que la terminalidad no siempre ocurre en los tiempos previstos por el sistema educativo, ya que las trayectorias pueden incluir repitencias o interrupciones, según el informe.

“Las brechas en materia de terminalidad educativa según nivel socioeconómico muestran que lo que más condiciona un proyecto de vida no son las ganas, las capacidades o el mérito, sino las oportunidades disponibles de origen. La experiencia de organizaciones de la sociedad civil y de numerosas evaluaciones de políticas educativas demuestran que, aun en contextos de pobreza, es posible el fortalecimiento de las trayectorias mediante estrategias de acompañamiento sostenido. Por eso, resulta urgente ampliar las políticas de becas y tutorías dirigidas a estudiantes en situación de vulnerabilidad”, sostiene Juan Manuel Fernández, director ejecutivo de Asociación Conciencia.

Viviana Postay, especialista en gestión educativa, analiza: “Es un dato positivo que en toda la región haya aumentado la cantidad de estudiantes que finalizan el nivel secundario. La escuela secundaria, originada en una matriz fundacional elitista y masculina, ha logrado tensionar aquel contrato mediante las políticas públicas y la convicción social hacia estructuras más inclusivas y democráticas. En Argentina, sin embargo, la brecha socioeconómica enciende una alerta frente a otros países”. Además, agrega que “resta preguntarnos, una vez más, qué sucede con los aprendizajes reales: ¿acompañan estos datos positivos o estamos frente a ‘certificaciones que no certifican’?”.

Por último, Daniel Pinkasz, investigador de FLACSO y profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), afirma que “la expansión de la educación secundaria en la región a partir de la sanción de la obligatoriedad a inicios del siglo XXI ha tenido un patrón de expansión diferente al de la educación primaria obligatoria. Países con distinta composición urbano-rural, diferente proporción de población indígena, afrodescendiente o con distintas brechas en la distribución de ingreso exhiben comportamientos sin patrones claros en relación con estas variables, lo cual llama la atención sobre la naturaleza y calidad de las políticas. No obstante, al tratarse de promedios nacionales, esta última afirmación debe ser contrastada con estudios que desagreguen los resultados nacionales”.

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