Ecuador

Después de una primera vuelta ajustada, Ecuador elige al sucesor de Rafael Correa

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QUITO, New York Times — A las cinco de la tarde del 19 de febrero de 2017, en Ecuador se anunciaron dos victorias electorales. En una, Lenín Moreno, el candidato presidencial por el partido oficialista Alianza País se declaraba el nuevo presidente de Ecuador. Según la encuesta a boca de urna de la consultora Opinión Pública —difundida por Ecuador TV, el canal estatal de televisión— Moreno, exvicepresidente de Correa, había obtenido más del cuarenta por ciento de los votos válidos y una ventaja de más de diez puntos sobre el segundo candidato más votado, el opositor Guillermo Lasso. Según la ley ecuatoriana, ese margen de votos le daba la presidencia sin necesidad de un balotaje. “Hemos ganado las elecciones en justa ley”, dijo Lenín Moreno.

A la misma hora, pero más de cuatrocientos kilómetros al sur, en Guayaquil, Lasso daba como cierta la información de la encuestadora Cedatos: según sus números, Moreno no llegaba a la meta del cuarenta por ciento y Lasso lo seguía nueve puntos detrás. “Más del 60 por ciento de los ecuatorianos le dijo No al gobierno, ellos quieren un cambio”, dijo Lasso, y anticipó que, con el paso de las horas, la diferencia de votos se iba a reducir, confirmando la segunda vuelta.

Hace diez años que el Ecuador no va a una segunda vuelta como lo hará este domingo 2 de abril de 2017. La última fue en noviembre de 2006, cuando Rafael Correa derrotó al excéntrico magnate bananero Álvaro Noboa. Desde entonces, el país había vuelto a votar dos veces más por presidente (en 2009 y 2013) y en ambas ocasiones, Correa ganó en la primera ronda.

La tensión callejera, los gritos de fraude de lado y lado y los rumores sobre descontentos militares que se reprodujeron en los días posteriores a la primera vuelta, eran un síntoma de la fragmentación que ha sufrido el país desde siempre, y que se profundizaron durante la década de gobierno de Correa.

Recién la noche del 22 de febrero, Juan Pablo Pozo, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció oficial y solemnemente que habría una segunda vuelta. Horas antes, en un encuentro con medios internacionales, Correa reconoció que su partido había quedado “a medio punto de ganar en primera vuelta” y dijo que contemplaba la posibilidad de que su partido —que tendrá una apretada mayoría en el congreso— aplicara el mecanismo legal de muerte cruzada (un recurso constitucional que le permite tanto al presidente como a la asamblea cesar al otro en sus funciones con la obligación de convocar a elecciones presidenciales y legislativas). Su anuncio tuvo tono de amenaza: “La mejor forma de tenerme lejos un tiempo es que se porten bien. Si se portan mal nos vemos en un año y los volvemos a derrotar”.

El 10 de marzo de 2017 arrancó oficialmente la campaña que terminará en la elección del 2 de abril de 2017. Muy pronto el país se partió entre quienes votarán por Lasso por convicción o por salir del correísmo, y quienes creen que Moreno permitirá ampliar la oferta de servicios sociales e infraestructura que le dio alta popularidad al gobierno de Alianza País.

La caída sostenida de los precios del petróleo desde 2015, la apreciación del dólar —que Ecuador usa como moneda propia y que no puede devaluar— han puesto al Ecuador en una crisis económica que causó la pérdida de casi 350 mil empleos en un año. Sumada a los efectos del terremoto de 7,8 grados de intensidad que destrozó pueblos enteros en las provincias costeras de Manabí y Esmeraldas en abril de 2016, los casos de corrupción en Petroecuador —la compañía estatal petrolera—, la denuncia de que la constructora brasileña Odebrecht habría pagado sobornos a funcionarios ecuatorianos entre 2007 y 2016, y sin su mejor carta electoral —el presidente Correa— la permanencia en el poder de Alianza País parece, por primera vez desde su ascenso, en riesgo.

Cedatos, la consultora que atinó el pronóstico de que habría una segunda vuelta, publicó el 21 de marzo su más reciente encuesta: Moreno aventaja a Lasso 52,4 por ciento a 47,6 por ciento. Hay un margen de error del 3,4 por ciento en esa medición. Es un empate técnico que otras firmas corroboran, aunque unas pocas como Opinión Pública —la misma que anunció que no habría balotaje— dicen que Moreno adelanta a Lasso con más de catorce puntos.

La elección del domingo 2 de abril cerrará una campaña que ha sido descarnada y que en los últimos días tuvo un incidente de violencia: el 28 de marzo, cuando salía del estadio Olímpico Atahualpa de Quito, después de ver el partido de las eliminatorias al mundial de Rusia 2018 entre Ecuador y Colombia, una turba recibió a Guillermo Lasso y su esposa, María de Lourdes Alcívar, afuera del estadio. Primero lo abuchearon y después le lanzaron las vuvuzelas que habían llevado. Lenín Moreno rechazó la violencia, pero el candidato a Vicepresidente de Alianza País, Jorge Glas, dijo que podía haberse tratado de un autoatentado para victimizarse. La declaración sigue la tónica general de una competencia de entradas desleales, de insultos y amenazas.

El último tramo de la carrera electoral de 2017 se ha parecido más a una pelea de vida o muerte que a un proceso democrático. Para muchos en Ecuador es, más que elegir un presidente, una manera de recuperar la democracia de las manos de un gobierno autoritario y corrupto. Para otros es la batalla por evitar el regreso al poder de las élites que causaron el feriado bancario, la mayor crisis económica y social de la historia del Ecuador, y de la que acusan a Guillermo Lasso de ser parte.

La realidad es que, pase lo que pase el 2 de abril, al día siguiente el Ecuador seguirá ahí, con los desafíos intactos. Podría ser un momento propicio para que —gane quien gane— el país aproveche el fin de la hegemónica presencia de Rafael Correa en el debate público para intentar una reconciliación que hoy —a pocas horas de votar por su sucesor— parece lejana.

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El oficialista Moreno se acerca a la victoria en la primera vuelta en Ecuador

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El candidato oficialista de izquierda Lenín Moreno seguía acercándose este lunes a una victoria en la primera vuelta en las elecciones presidenciales más reñidas de los últimos años en Ecuador.

El exvicepresidente Moreno, del movimiento socialista Alianza País, llegaba a un 39, 09% de los sufragios válidos, frente al 28, 28% del exbanquero conservador Guillermo Lasso, tras el conteo del 87, 59% de las actas.

“El escenario que me parece completamente probable es que rebasemos ese 40% que necesitamos. Y el otro es que logremos una diferencia de más de 11 puntos con el segundo puesto y que no nos toque ir a una segunda vuelta”, prevista para el próximo 2 de abril, dijo este candidato de 63 años a sus simpatizantes, concentrados frente a la sede de su formación.

“Esta es una lucha de largo aliento, porque esta batalla la vamos a ganar”, añadió Moreno, quien de confirmarse su victoria, se convertiría en el primer ecuatoriano con discapacidad en asumir la jefatura de Estado, ya que sufre una paraplejia consecuencia de un disparo en un asalto en 1998.

Este aspirante a suceder al presidente saliente, Rafael Correa, dijo que todavía falta por contar gran parte de la poblada provincia de Manabí, el feudo del correísmo, severamente golpeado por el terremoto de abril, y los votos del exterior, donde también cuenta con holgada mayoría.

Cientos de seguidores de Lasso, animados ante la posibilidad del segundo turno -donde podría trabar alianzas con el resto de los opositores-, se concentraron frente a la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE) en Quito, en una vigilia para exigir transparencia en el escrutinio.

A medida que el recuento iba avanzando con extrema lentitud a favor de Moreno, los opositores, entre ellos el candidato a vicepresidente de Lasso, Andrés Páez, denunciaban a gritos la existencia de fraude.

 

“Antes Correa ganaba por más del 50%, por la bonanza que había en ese momento. La gente sentía que vivía mejor, pero eso ya no es así”, dijo a la AFP el economista Alberto Acosta-Burneo, consultor del Grupo Spurrier.

Según el Gobierno, el deterioro de la economía se debe a factores externos como la debacle petrolera, la devaluación de monedas vecinas, el fortalecimiento del dólar o los costes del terremoto del pasado abril.

Moreno, cuyo estilo conciliador contrasta con el temperamental Correa, representa el continuismo de un sistema que combina un disparado gasto social con altos impuestos y elevado endeudamiento.

La corrupción, que salpica a políticos de la región, también se fue instalando poco a poco como tema en la campaña. Con casos como el de la petrolera estatal Petroecuador, que implicó a un exministro de Correa, y el de los supuestos sobornos de la firma brasileña Odebrecht a funcionarios ecuatorianos, por unos 33, 5 millones de dólares.

– Assange y la izquierda –

El resultado de estas elecciones será decisivo para el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, a quien Ecuador mantiene asilado en su embajada en Londres desde 2012 para evitar su extradición a Suecia por supuestos delitos sexuales que él niega.

Moreno es partidario de mantener el asilo, pero Lasso dijo a la AFP que, de llegar al poder, se lo retirará.

Y la elección podría dar un alivio a la izquierda latinoamericana, muy golpeada en la región tras el giro en Argentina, Brasil y Perú.

De esa manera, los ecuatorianos podrían frenar lo que Correa define como la “restauración conservadora” en la región.

En su último comunicado del domingo, el presidente del ente electoral desmintió los rumores de fraude y dijo que el conteo seguirá desarrollándose en la web y que dará una rueda de prensa durante la mañana de este lunes, con los resultados definitivos.

 

Los analistas siempre advirtieron de que iba a ser duro llevar al correísmo a la segunda vuelta, cuando cuenta con una base del 30% de sólido apoyo en el país.

“Estos 10 años han sido una muestra para que vean el progreso del país, aunque mucha gente no quiera ver lo que tenemos ante nosotros”, señaló Nora Molina, una empleada pública de 53 años.

Pero más allá de que gane Moreno en la primera vuelta, el oficialismo ha sufrido una contundente pérdida de votos en relación a las presidenciales del 2009 y 2013, debido a la ausencia de Correa, una delicada situación económica y la corrupción que ensombreció la campaña.

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Ecuador elige al sucesor de Rafael Correa después de una década

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New York Times. QUITO — Por primera vez en una década, el domingo 19 de febrero los ecuatorianos verán una papeleta de votación presidencial donde no estará el nombre que ha dominado el escenario político: Rafael Correa.

Su sucesor saldrá de entre ocho binomios. Las encuestas están encabezadas por el candidato de Alianza País (el partido de gobierno), Lenín Moreno, que fue vicepresidente de Rafael Correa de 2007 a 2013; el exbanquero conservador Guillermo Lasso; la socialcristiana Cynthia Viteri y el exalcalde de Quito y héroe de la guerra entre Ecuador y Perú de 1995, Paco Moncayo.

Según el sistema electoral ecuatoriano, si un candidato obtiene más del 40 por ciento de los votos válidos —sin contar nulos y blancos— y mantiene una diferencia de diez puntos con el segundo, gana las elecciones sin necesidad de un balotaje. Los encuestadores y politólogos dicen que ese escenario es poco probable, aunque no imposible.

La campaña electoral arrancó oficialmente el 3 de enero de 2017, pero los candidatos empezaron su proselitismo mucho antes. Quizá el que más tiempo y dinero ha invertido es Lasso, un exbanquero con posturas liberales para la economía y ultraconservadoras para lo social. Lasso —un militante del Opus Dei que ha dicho públicamente que “no está de acuerdo con el condón”— ya estuvo nominado en 2013. Ese año, en el mejor momento del gobierno de Correa, Lasso resultó segundo con cerca de un 23 por ciento de la votación; el presidente se reeligió en una sola vuelta con más del 57 por ciento.

En las elecciones parlamentarias de 2013, Alianza País logró una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, el aparato legislativo ecuatoriano: 109 de 130 escaños. Para el oficialismo, esa mayoría le ha dado gobernabilidad al país y le ha permitido aprobar leyes que consideraba fundamentales. Para los críticos, sin embargo, la asamblea ha funcionado como una aplanadora legislativa que allanó el camino para los abusos y excesos de un líder tan eficiente como autoritario.

A cuatro años de aquella elección, el panorama es muy diferente. “Alianza País tiene problemas graves”, dice el politólogo Oswaldo Moreno, “lucha contra sí misma: desgastada después de diez años, Lenín Moreno es un excelente candidato pero no es invencible como Correa. Súmale a eso a Glas, que terminó siendo un lastre”.

Se refiere al ingeniero Jorge Glas Espinel, vicepresidente del segundo período de Correa y compañero de fórmula de Moreno, porque sus índices de popularidad eran muy bajos para ser el candidato presidencial. El lastre que señala Oswaldo Moreno no es la falta de carisma de Glas, sino los graves casos de corrupción que involucran a los sectores que estaban bajo su directa supervisión.

Un exasesor suyo está acusado de pedir coimas para asignar una frecuencia radial, y en el escándalo de los Panama Papers se reveló que un ejecutivo de la empresa estatal petrolera ecuatoriana, Petroecuador, recibía pagos ilegales en una empresa offshore domiciliada en el país centroamericano. La investigación posterior develó una red de sobornos que incluían a Carlos Pareja Yanuzelli, que fue ministro de Hidrocarburos, gerente de Petroecuador y gerente de refinanción de la petrolera.

A inicios de febrero de 2017, Pareja apareció en una serie de videos llamada Capayaleaks (por las iniciales de su nombre) en los que dice que “nada se hacía en Petroecuador sin el visto bueno de Jorge Glas”. Correa acusó a su excolaborador de participar en una conspiración de la derecha y la prensa. “No tienen ninguna prueba. Todo es un show. Porque es verdad: nos la tenían preparada para hacernos perder una elección”, dijo sobre los videos.

A pesar del revuelo mediático de los casos de corrupción, varios analistas consideran que no es el factor principal en esta elección. “A la gente de los estratos sociales más bajos no les interesa que haya corrupción, porque tiene un argumento: ‘Este gobierno nos ha puesto en el  mapa’”, dice el politólogo Paolo Moncagatta, experto en estudios de opinión pública. “Es gente excluida política y económicamente por siglos en el Ecuador, y recién este gobierno les ha dado acceso a la salud, a la educación, a cierto tipo de bienestar. Esa gente votará por Alianza País”.

Según Moncagatta, la clase media que se benefició de la bonanza de los primeros años de Rafael Correa pero que sí repudia la corrupción será la que probablemente no vote por Alianza País, pero no lo expresa en las encuestas. Ese silencio explicaría el altísimo porcentaje de indecisos que aún hay: entre el 35 y 50 por ciento de los electores dicen que no han elegido candidato.

Según Paulina Recalde, de la firma de encuestas Perfiles de Opinión, la corrupción sí será un factor relevante: en las mediciones de los temas que más preocupan a los ecuatorianos, pasó del 3 al 13 por ciento. “Casi empatada con la delincuencia, que es el tercer factor que más se menciona”. Los dos primeros son el desempleo y la crisis económica. “Casi el 50 por ciento de las preocupaciones en esta elección son económicas”, explica Recalde.

Desde 2015, cuando los precios del petróleo —el principal ingreso no tributario del país— empezaron a bajar, la economía de Ecuador empezó a resquebrajarse. El terremoto de abril de 2016 terminó de complicar la situación del país, cuyos niveles de desempleo regresaron a los de 2006: solo en el último año, se han perdido casi 350 mil empleos.

Otras factores de los que se ha acusado al gobierno de Correa y que resuenan en medios y redes sociales, como el estado de la libertad de expresión, la represión de la protesta social y el estado de la democracia, ocupan un espacio menor.  “La gente a la que le interesan las libertades y la democracia no deben ser más que un cinco por ciento de la población. Y se dividirán el voto entre Lasso, Viteri y Moncayo. Claro, es la gente que escribe y que lee, entonces parece que es la preocupación principal de los ecuatorianos”, dice Moncagatta.

Y luego agrega: “Pero no, cuando vas un poco más allá y preguntas, lo que importa es la economía del hogar, tener trabajo, pagar la comida, mandar a los niños a la escuela y tener atención de salud, poder sacar sus productos de la chacra al mercado del pueblo o de la ciudad”.

Oswaldo Moreno coincide con él: “Me parece que hay una burbuja en la que los generadores de opinión terminan reflejando sus angustias y demandas, pero los votantes que ganan un básico, madrugan a las cinco de la mañana, están pagando el pavo navideño recién, viendo cómo hacen el carnaval y se les viene en abril el colegio de los chicos en la costa, ese es el electorado que toma la decisión, sorprendiéndonos o ratificando lo que dijo la burbuja”.

El candidato Guillermo Lasso, un exbanquero con posturas liberales para la economía y ultraconservadoras para lo social, se perfila como uno de los principales contendientes en las elecciones presidenciales en Ecuador. Reuters

Son esos los factores que producirían una segunda vuelta, que se realizaría el 2 de abril. Todas las encuestas dan casi por hecho que a esa etapa pasarán Lenín Moreno y Guillermo Lasso, aunque Cynthia Viteri insista en que va de segunda.

Guillermo Lasso ha consolidado el voto duro anticorreísta, pero no logra superar un 24 por ciento de intención de voto. Paolo Moncagatta y Oswaldo Moreno dijeron, por separado, la misma frase: “Lasso es un muy mal candidato”. Según Blasco Peñaherra, director de Market, una de las encuestadoras más grandes del Ecuador, el candidato que más posibilidades tendría de derrotar a Lenín Moreno es Paco Moncayo. Moncagatta coincide con él: “En segunda vuelta tiene más posibilidades Paco Moncayo. Es el candidato que permitiría volver a una paz, un escenario donde se haga una política no tan polarizada”.

Sin embargo, ninguna encuestadora le da a Moncayo más de un 14 por ciento. Matthew Carpenter, experto en comunicación, cree que vivimos una elección fraccionada, donde ningún candidato logra unir mensaje y audiencia: “Lo vimos en otras partes, como en Canadá el año pasado, cuando Trudeau logró unificar detrás de su mensaje a una audiencia. Lo mismo pasó en Estados Unidos con Barack Obama”.

Según Carpenter, en un país fragmentado como Ecuador, los ocho candidatos parecen insistir en sus votantes incondicionales pero no intentan penetrar en otros nichos: “Los candidatos saben que para sobrevivir lo único que tienen que hacer es hablarle a sus bases. Entonces no hay ningún esfuerzo de llegar a nuevos públicos con su mensaje”.

La campaña terminará el jueves 16 de febrero y parece que cualquier pronóstico podría sonar aventurado. Después de todo, vivimos en la época de las predicciones fallidas: en Estados Unidos con Trump, en Colombia con el referendo por el acuerdo de paz con las Farc y en Inglaterra con el Brexit.

Lo único seguro es que el 24 de mayo de 2017, Rafael Correa dejará de ser presidente de Ecuador. Y eso marcará el inicio de una nueva etapa en la siempre convulsionada historia política de este país.

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