EFA Santa María Goretti

Ganado bajo sombra: un ensayo del INTA registró 20% más de carne en un sistema silvopastoril

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Un ensayo realizado durante dos ciclos productivos en la EFA Santa María Goretti de Andresito registró un 20% más de producción de carne en el sistema silvopastoril (SSP) que el sistema pastoril a cielo abierto. Con sensores, análisis de pasturas y seguimiento del ganado, investigadores del INTA, en colaboración con profesores y alumnos, estudian cómo la sombra y el mayor confort térmico impactan sobre el bienestar y la productividad animal.

¿Puede un ambiente más confortable traducirse en una mayor producción de carne? Esa es una de las preguntas que busca responder esta línea de investigación del INTA en sistemas silvopastoriles. Estos sistemas integran árboles, pasturas y ganado en una misma superficie. El componente forestal modifica el microclima y reduce la radiación solar directa y la carga de calor sobre animales, forraje y suelo. La investigación busca ahora medir con precisión estos efectos y determinar cómo repercuten sobre el desempeño productivo.

Uno de los sitios de estudio se encuentra en el campo de prácticas de la EFA de Andresito. Allí se compara un SSP de 3,7 hectáreas de Eucalyptus grandis y Urochloa brizantha, con un lote a cielo abierto de 4,3 hectáreas con pasto estrella y U. brizantha. Las evaluaciones abarcaron dos ciclos productivos consecutivos, entre 2024 y 2026, con novillos Brangus bajo pastoreo rotativo. El componente forestal tiene baja cobertura del suelo, -9,7 m2/ha de área basal versus más de30m2/ha de un sistema forestal puro- y proyectó un sombreamiento medio de 43%.

Adrián Moller, becario-investigador de INTA Montecarlo, integra el equipo de esta línea de investigación en sistemas silvopastoriles que tiene como referente a Luis Colcombet. Según explica, el objetivo es comprender de manera integral las relaciones entre árboles, pasturas, suelo, ambiente y animales, y generar conocimientos que contribuyan al diseño, manejo y adopción de estos sistemas.

Tecnología para medir el bienestar

Uno de los aspectos destacados del trabajo es el rigor de las mediciones. Miniestaciones meteorológicas HOBO registran automáticamente, temperatura ambiente, humedad relativa ambiente, velocidad y dirección del viento y temperatura de globo negro. Esta última permite estimar la carga de radiación que recibe el animal (sensación térmica).

Con esos datos se calcula el Índice de Carga Térmica (ICT), utilizado para determinar cuánto tiempo permanece el ganado en diferentes condiciones de confort o estrés calórico. Los registros analizados se toman en el período y horario más exigente del año, el verano entre las 10 y las 17 horas.

El seguimiento no termina allí. Los animales son pesados cada 90 días; la producción de forraje cortada en jaulas de exclusión, pesada y analizada en laboratorio. Paralelamente, las parcelas de inventario forestal permiten contar cantidad y medir diámetro y altura de los árboles y calcular el volumen de madera, además de relevar los porcentajes de sombreado.

Menos estrés durante las horas críticas, más producción

Los resultados muestran diferencias importantes. En el ciclo I, los animales del SSP permanecieron el 87% del período evaluado en condiciones de mayor confort térmico, mientras que a cielo abierto solo alcanzó 49%. En el ciclo II los valores fueron del 94% y 72%, respectivamente.

Al analizar conjuntamente los dos ciclos, solamente el 10% del tiempo evaluado en el SSP correspondió a situaciones de estrés térmico elevado, muy elevado o extremo, frente a 40% registrado a cielo abierto. Los resultados muestran así la capacidad de los árboles para modificar el ambiente pastoril y generar condiciones más favorables para los animales.

El dato más sorprendente surge al relacionar estas condiciones con la respuesta productiva, ya que la producción de carne fue 20% superior en el SSP respecto al sistema a Cielo Abierto. Sorprende también porque se alcanzó esa mayor producción de carne con menor producción de forraje. Dado que hay una calidad forrajera similar entre ambos sistemas, se infiere que la mejor respuesta animal estaría explicada principalmente por el mayor confort térmico.

Los resultados indican que, con un manejo silvícola adecuado, el sistema evaluado puede alcanzar desempeños animales similares e incluso superiores al manejo a cielo abierto. Esto sugiere que es posible encontrar niveles de cobertura forestal que permitan complementar la producción de árboles, pasturas y ganado sin que necesariamente exista competencia entre ellos. La tendencia cuestiona así la idea de que la sombra limita la producción ganadera. A ello se agrega la posibilidad de producir madera de calidad en la misma superficie.

Los avances obtenidos permiten “poner números” a un efecto observado a campo. La sombra no solo brinda refugio al ganado: modifica el ambiente en el que produce. El desafío es entonces seguir generando información para encontrar el equilibrio adecuado entre árboles, pasturas y animales con base técnica, para diseñar sistemas ganaderos más adaptados a Misiones.

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Yerba mate orgánica: Andresito consolida un modelo sustentable con apoyo del INTA y la EFA

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Comandante Andresito consolida su liderazgo en yerba mate orgánica con más de 300 hectáreas certificadas y un modelo sustentable que integra a productores, la EFA y el INTA

Comandante Andresito se posiciona como el principal polo de producción orgánica de yerba mate en Misiones. Con más de 300 hectáreas certificadas y un sistema de producción que combina manejo sustentable, valor agregado territorial y articulación institucional, el distrito avanza hacia un modelo que gana mercado y mejora la rentabilidad de pequeños y medianos productores.

Un ecosistema productivo basado en sustentabilidad y trabajo colectivo

El desarrollo de la yerba mate orgánica en Comandante Andresito es el resultado de un proceso sostenido que integra a productores, instituciones educativas y el INTA. Según explicó Rodrigo Kramer, profesor en Ciencias Agrarias y técnico de la AER INTA Andresito, la zona logró “certificar más de 300 hectáreas junto a los productores”, lo que la convierte en una de las áreas de mayor producción orgánica del país.

El avance comenzó con un grupo de Cambio Rural que, tras consolidarse, decidió continuar trabajando de manera colectiva, fortaleciendo tanto las prácticas productivas como las gestiones administrativas necesarias para sostener la certificación. La demanda creciente y la posibilidad de acceder a nuevos mercados generan un incentivo adicional: “Cada vez más productores buscan información. La producción orgánica abre nuevos mercados y mejora la rentabilidad”, afirmó Kramer.

El sistema se basa en técnicas que priorizan la salud del suelo y la biodiversidad, entre ellas el uso de cubiertas verdes, abonos naturales, control biológico de plagas y manejo ecológico del monte. Este enfoque, además de responder a exigencias ambientales, se vuelve una herramienta competitiva en un mercado donde la certificación orgánica tiene un peso creciente.

El rol de la EFA Santa María Goretti y las experiencias innovadoras en el manejo del cultivo

La EFA Santa María Goretti es un actor estratégico en la consolidación del modelo. Allí no solo se produce yerba mate orgánica, sino que además se forman jóvenes bajo una mirada sustentable que luego trasladan a los establecimientos familiares. “Los hijos de los productores llevan ese enfoque a sus casas. Eso genera un impacto enorme”, remarcó Kramer.

Entre las experiencias más destacadas aparece el uso de ovejas para el control de malezas, una práctica que reduce costos y mejora la eficiencia del manejo orgánico. Además del impacto agronómico, la estrategia aporta beneficios sociales: la carne producida se utiliza en el comedor escolar y genera ingresos complementarios para la institución.

El crecimiento del sistema también impulsó una estructura comercial más robusta. Cooperativas y secaderos certificados permiten dar respuesta a una demanda que aumenta tanto en el mercado interno como externo, consolidando una cadena con valor agregado local.

“En Andresito se está demostrando que es posible producir yerba mate de manera sustentable, amigable con el ambiente y rentable”, sintetizó Kramer, al destacar el impacto territorial del proceso.

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