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El último turno en Dass: el día en que 150 trabajadores apagaron las máquinas y cerraron una historia de casi dos décadas en Eldorado

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No fue una jornada más. El ruido de las máquinas que durante casi veinte años marcó el ritmo de miles de familias de Eldorado se apagó definitivamente. Este viernes, la planta de Dass cerró sus puertas y con ella terminó una historia que supo convertir a la fábrica en uno de los mayores símbolos del empleo industrial de Misiones.

El último turno no estuvo marcado por la producción ni por las metas de fabricación. En lugar de cajas con zapatillas, hubo abrazos. En lugar de planillas de producción, despedidas. La empresa organizó un almuerzo para sus trabajadores y entregó un presente a cada uno de los 150 empleados que permanecían en la planta, un gesto que intentó poner un cierre digno a una decisión que desde hace meses parecía inevitable.

“Hola, mañana es el último día”, resumió ayer al ser consultado por Economis, Gustavo Melgarejo, delegado de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA). Detrás de esa frase se condensan meses de incertidumbre, negociaciones y una realidad que terminó imponiéndose: ya no había pedidos para fabricar.

Antes del cierre definitivo, los representantes sindicales mantuvieron una audiencia para definir las condiciones finales de la desvinculación. El eje estuvo puesto en garantizar las indemnizaciones, conocer el futuro del predio y dejar establecido un compromiso para que, si algún día la producción vuelve a Eldorado, los actuales trabajadores tengan prioridad para regresar.

Pero la preocupación va mucho más allá del acuerdo laboral.

Para muchos empleados, Dass no fue solamente un lugar de trabajo. Fue el proyecto alrededor del cual organizaron su vida adulta. Allí crecieron profesionalmente, formaron familias, accedieron a una vivienda o sostuvieron durante años la economía de sus hogares. Hoy, con el cierre consumado, el interrogante ya no pasa por la fábrica sino por el día después.

“No sé qué voy a hacer con mi vida”, reconoció Melgarejo días atrás. Su reflexión refleja el sentimiento de buena parte de sus compañeros. En una ciudad con escasas alternativas industriales, la pérdida del empleo formal deja un horizonte incierto. Algunos intentarán insertarse en actividades informales; otros evalúan migrar temporalmente a Brasil para trabajar en cosechas estacionales, aun cuando los salarios tampoco resultan alentadores.

La Municipalidad de Eldorado comenzó a elaborar un registro laboral para vincular a los despedidos con empresas que puedan requerir personal. Sin embargo, incluso desde el propio sindicato reconocen que la posibilidad de absorber a semejante cantidad de trabajadores especializados es muy limitada.

El cierre también representa el final de un ciclo para la industria misionera

Dass desembarcó en Eldorado en 2007, impulsada por políticas de promoción industrial articuladas entre los gobiernos nacional, provincial y municipal. En pocos años se convirtió en uno de los principales empleadores privados de Misiones y llegó a superar los 1.500 trabajadores, con picos cercanos a los 1.700 empleados y una producción diaria que alcanzó los 23.000 pares de zapatillas para marcas globales como Nike y Adidas.

La planta atravesó distintos ciclos económicos. Creció al calor del mercado interno, sufrió una fuerte retracción durante la apertura importadora de fines de la década pasada, recuperó parte de su actividad con nuevas inversiones en 2021 y finalmente quedó atrapada nuevamente por la caída de los pedidos y el avance del calzado importado.

Los propios trabajadores sintetizan el cambio con un dato contundente: mientras Adidas habría importado cerca de 12 millones de pares de zapatillas, la producción local no alcanzó el medio millón. Esa diferencia terminó dejando sin volumen suficiente a una planta diseñada para fabricar a gran escala.

Paradójicamente, el final deja una pequeña puerta entreabierta. Según explicó el sindicato, la empresa no desmanteló completamente las instalaciones ni retiró la maquinaria. El compromiso expresado por sus directivos fue mantener la infraestructura disponible ante la eventualidad de que un cambio en las condiciones del mercado permita retomar la producción.

Hoy esa posibilidad aparece lejana. Mientras tanto, las máquinas permanecen en silencio.

Para Eldorado, el cierre de Dass no representa únicamente la pérdida de una fábrica. Significa el final de un espacio donde miles de misioneros construyeron su identidad laboral durante casi dos décadas. Las indemnizaciones podrán cerrar el vínculo contractual, pero no reemplazan la rutina, el oficio, la pertenencia ni la certeza de volver el lunes al mismo lugar.

El último día de trabajo terminó con un almuerzo compartido. Sin embargo, para 150 familias, el verdadero desafío comienza cuando se apagan las luces de la planta y cada trabajador emprende el camino de regreso a su casa, esta vez sin saber dónde será su próximo destino laboral.

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El último turno en Dass: se apagarán las máquinas que durante casi dos décadas marcaron el pulso de Eldorado

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Este viernes 17 de julio cuando suene la sirena que anuncia el final del turno, no será una jornada laboral más. Será la última vez que las máquinas de Dass funcionen en Eldorado. Después de casi veinte años de producción, miles de historias compartidas y generaciones de trabajadores que hicieron de la fábrica su proyecto de vida, la planta cerrará definitivamente sus puertas.

El viernes no estará marcado por los objetivos de producción ni por los controles de calidad. En su lugar habrá abrazos, fotografías, un almuerzo de despedida organizado por la empresa y la entrega de un presente para cada uno de los 150 trabajadores que aún permanecen en la planta. Será un intento de ponerle un cierre humano a una historia que durante meses pareció inevitable.

“Hola… mañana es el último día”, resumió con una mezcla de resignación y tristeza Gustavo Melgarejo, delegado de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA). La frase, breve y sin dramatismos, refleja el estado de ánimo de quienes pasaron gran parte de su vida detrás de esas líneas de producción.

Antes de la despedida habrá una última audiencia entre el sindicato y la empresa. Allí buscarán dejar garantizado el pago de las indemnizaciones, conocer qué destino tendrá el predio y obtener un compromiso para que, si algún día la producción regresa a Eldorado, los actuales trabajadores sean los primeros convocados.

Pero el problema excede ampliamente la relación laboral.

Para cientos de familias, Dass nunca fue solamente un empleo. Fue el lugar donde crecieron profesionalmente, donde sostuvieron la economía de sus hogares y desde donde proyectaron su futuro. Ahora ese horizonte desaparece en una ciudad donde las oportunidades industriales son escasas.

“No sé qué voy a hacer con mi vida”, había reconocido Melgarejo. La preocupación atraviesa a toda la plantilla. Algunos buscarán insertarse en otras actividades, otros analizan cruzar la frontera para trabajar temporalmente en Brasil y muchos todavía no tienen una respuesta para la pregunta más inmediata: qué harán el lunes.

Mientras tanto, la Municipalidad de Eldorado puso en marcha un registro laboral para vincular a los trabajadores con empresas que puedan requerir personal. Es una respuesta necesaria, aunque insuficiente frente al cierre de uno de los principales empleadores privados que tuvo la provincia.

La historia de Dass también resume buena parte de la evolución de la industria argentina. La compañía desembarcó en Misiones en 2007 y, en sus mejores años, llegó a emplear a más de 1.500 personas y fabricar hasta 23.000 pares de zapatillas diarios para marcas internacionales como Nike y Adidas. La expansión del mercado interno impulsó su crecimiento, mientras que los cambios en el modelo económico, la caída de los pedidos y el aumento de las importaciones fueron reduciendo progresivamente su actividad.

Hoy la planta produce menos de 3.000 pares diarios, un volumen insuficiente para sostener la operación. Según relatan los trabajadores, las marcas dejaron de realizar pedidos y optaron crecientemente por abastecerse mediante importaciones.

Paradójicamente, el cierre deja una pequeña señal de esperanza. La empresa no retiró la maquinaria ni desmanteló completamente la planta. Según explicó el sindicato, los directivos manifestaron que, si las condiciones del mercado cambian, las instalaciones permanecerán disponibles para una eventual reactivación.

Esa posibilidad hoy parece lejana. Lo concreto es que mañana terminará una etapa que marcó la identidad productiva de Eldorado.

Porque las indemnizaciones podrán cerrar un vínculo laboral, pero difícilmente compensen lo que representa perder el lugar donde durante años se construyeron amistades, proyectos familiares y una rutina que organizaba la vida cotidiana.

Este viernes no cerrará solamente una fábrica. También terminará un capítulo de la historia industrial de Misiones, escrito durante casi dos décadas por miles de trabajadores que, hasta el último turno, siguieron apostando por mantener encendidas las máquinas.

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El último par: Dass baja la persiana en Eldorado y cierra un ciclo de casi dos décadas de industria en Misiones

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Hubo un tiempo en que el sonido de las máquinas de Dass marcaba el ritmo de Eldorado. Miles de personas entraban y salían de la planta ubicada en el Parque Industrial Alto Paraná. Familias enteras vivían de una fábrica que llegó a convertirse en el mayor empleador privado del norte de Misiones. En sus mejores años producía más de 22.000 pares de zapatillas por día para algunas de las marcas deportivas más importantes del mundo.

Ese tiempo terminó.

La empresa brasileña Dass anunció este lunes que cerrará definitivamente su planta de Eldorado el próximo 17 de julio, poniendo fin a una historia industrial de casi veinte años y dejando 150 trabajadores sin empleo. La comunicación fue realizada a los operarios durante la jornada y confirmó lo que desde hacía meses era un temor creciente: la fábrica ya no tenía volumen de producción suficiente para sostenerse.

El cierre constituye mucho más que la pérdida de 150 puestos de trabajo. Es el golpe final para una industria que supo generar casi 1.500 empleos directos, miles de ingresos indirectos y que durante años fue símbolo de la política de industrialización de Misiones.

La historia de Dass en Eldorado resume, casi como una radiografía, los vaivenes de la política industrial argentina.

La planta comenzó a producir en 2007 y vivió una expansión acelerada durante la década siguiente. En su momento de mayor esplendor llegó a emplear alrededor de 1.500 trabajadores, con una producción que abastecía a Nike, Converse, Fila, Umbro, Asics y posteriormente también a Adidas, luego del cierre de la planta de Coronel Suárez.

Durante esos años Eldorado dejó de depender exclusivamente de la actividad forestal. Miles de jóvenes encontraron su primer empleo formal dentro de la fábrica. Comercios, alquileres, transporte y servicios crecieron alrededor de una industria que parecía consolidada.

Pero el escenario comenzó a cambiar a partir de 2016. El primer gran golpe llegó durante la presidencia de Mauricio Macri.

La apertura comercial, la caída del consumo interno y el ingreso creciente de calzado importado golpearon de lleno a toda la industria nacional del sector. Mientras las marcas internacionales comenzaron a abastecerse crecientemente desde Asia y Brasil, la producción nacional perdió competitividad.

Dass fue una de las principales víctimas.

Entre 2016 y 2019 la planta pasó de casi 1.500 trabajadores a apenas 308, luego de sucesivas tandas de despidos que redujeron más del 80% de su dotación. El deterioro fue tan profundo que en varios momentos se creyó que la fábrica cerraría definitivamente. No ocurrió entonces.

Dass Eldorado

Los números de una caída histórica

La planta que llegó a ser símbolo industrial del Alto Paraná cerrará con apenas 150 trabajadores.

Inicio de operaciones
2007
Pico de empleo
1.500
trabajadores
Producción máxima
22.000
pares diarios
Empleo actual
150
trabajadores
Fecha de cierre
17 de julio
de 2026
Caída desde el pico
90%
del empleo industrial
Fuente: reconstrucción periodística en base a datos históricos de la planta, información sindical y comunicación empresarial.

Una recuperación que nunca terminó de consolidarse

Con el cambio de gobierno en 2019 la empresa logró evitar el cierre. El presidente Alberto Fernández vino a la planta como una muestra de respaldo. Hubo programas nacionales de asistencia durante la pandemia, reaparecieron órdenes de producción para Nike y se anunció una inversión de 25 millones de dólares destinada a ampliar la capacidad instalada.

La planta volvió a superar los 500 trabajadores y pareció iniciar un nuevo ciclo. Sin embargo, aquella recuperación nunca alcanzó la solidez de la década anterior.

La dependencia de insumos importados provocó nuevos problemas productivos durante 2022, cuando la empresa llegó a despedir más de cien trabajadores por falta de materiales, medida que luego fue parcialmente revertida tras la intervención sindical y del Estado.

Era una señal de una fragilidad estructural: la fábrica necesitaba protección frente al calzado importado, pero al mismo tiempo dependía de insumos provenientes del exterior para fabricar localmente.

La llegada del gobierno de Javier Milei encontró a Dass con una estructura mucho más pequeña que la de sus años dorados, pero todavía funcionando.

Sin embargo, el nuevo escenario económico aceleró un proceso que venía gestándose. La apertura comercial volvió a favorecer la importación de calzado terminado. Las grandes marcas internacionales comenzaron a reemplazar progresivamente la producción argentina por zapatillas fabricadas en Asia y otros países de menor costo.

Al mismo tiempo, el propio Grupo Dass consolidó su operación industrial en Paraguay. Es decir, mientras el mercado argentino se abastecía crecientemente con productos importados, parte de la producción regional migraba hacia un país con menores costos laborales, fiscales y logísticos.

El resultado terminó siendo inevitable. La planta de Eldorado quedó prácticamente sin órdenes de fabricación.

Durante los últimos meses la empresa aplicó retiros voluntarios, redujo turnos y fue achicando lentamente su operación hasta comunicar ahora el cierre definitivo.

Nike y Adidas cambian el mapa

El caso Dass también refleja una transformación más profunda. Durante años Argentina fabricó buena parte de las zapatillas que vendían las principales marcas deportivas. Hoy la tendencia es exactamente la inversa.

Las multinacionales priorizan importar productos terminados desde Asia o abastecerse desde plantas regionales, principalmente en Paraguay y Brasil. El costo argentino, la presión tributaria, la inestabilidad macroeconómica y la apertura comercial modificaron completamente la ecuación económica. El resultado es la sustitución de producción nacional por importaciones.

Los 150 empleos que desaparecen ahora son apenas el último capítulo de una sangría que comenzó hace casi una década. Desde su pico de aproximadamente 1.500 trabajadores, Dass perdió alrededor del 90% de su personal.

Cada uno de esos puestos sostenía consumo, comercios, servicios, alquileres y actividad económica en Eldorado. El impacto se extenderá mucho más allá de la planta. El Alto Paraná pierde uno de los pocos establecimientos industriales de gran escala que todavía permanecían activos. Cuando el próximo 17 de julio se apaguen definitivamente las máquinas de Dass, no sólo terminará una producción. También se cerrará un capítulo de la historia económica de Eldorado.

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