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Bolivia le dijo ‘no’ al internet de Elon Musk

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Por Ana Ionova y María Silvia Trigo. Ana Ionova reportó desde Río de Janeiro, y María Silvia Trigo desde Santa Cruz, Bolivia, New York Times. Las páginas web se cargan a paso de tortuga. Las transmisiones de video fallan y se congelan. Fuera de las ciudades más grandes de Bolivia, a veces la señal de internet más cercana está a horas de distancia, por peligrosas carreteras de montaña.

Así que cuando Starlink, de Elon Musk, ofreció a Bolivia una conexión a internet rápida y asequible, transmitida desde el espacio, muchos esperaban que el país andino de 12 millones de habitantes lo celebrara. En cambio, Bolivia dijo no, gracias.

Starlink, el servicio de internet por satélite de SpaceX, la empresa espacial privada de Musk, ha realizado notables avances en Sudamérica, al extenderse a casi todos los países y llevar internet de alta velocidad a los rincones más remotos de la región, llegando incluso a indígenas aislados que viven en lo más profundo de la selva amazónica.

Sin embargo, el avance de Starlink se ha visto obstaculizado por Bolivia, que se negó a concederle una licencia de operación el año pasado. Expertos y funcionarios citaron su preocupación por el dominio descontrolado que el servicio ejerce en todos los lugares donde se ha establecido. En su lugar, el país optó por confiar en su propio vetusto satélite de fabricación china.

La decisión de rechazar Starlink ha desconcertado y enfurecido a la población de Bolivia, donde las velocidades de internet son las más lentas de Sudamérica y cientos de miles de personas siguen sin conexión. Sin conexión a internet, la gente suele tener dificultades para recibir educación y carece de acceso a empleos y ayuda rápida en caso de catástrofes naturales.

Pero al impedir la entrada de Starlink, Bolivia se ha unido a otras naciones que han empezado a dar la voz de alarma sobre SpaceX y la influencia política que Musk puede ejercer mediante su control de una red de telecomunicaciones utilizada por gobiernos, militares y personas de todo el mundo.

Starlink, que no respondió a las solicitudes de comentarios, también se ha enfrentado a bloqueos en el Caribe, Europa y Sudáfrica. Musk afirma que “no hay sustituto para Starlink” y utiliza X, la plataforma de redes sociales de la que también es propietario, para promover sus políticas de derecha. Además, ha sido explícito sobre el poder que ostenta.

“Los países se han dado cuenta de que no pueden confiar solo en un actor”, dijo Antoine Grenier, director global de espacio en Analysys Mason, una consultora con sede en Inglaterra.

Poco más de la mitad de los hogares bolivianos tienen internet de banda ancha, frente al 87 por ciento de Brasil y el 94 por ciento de Chile. Más del 90 por ciento de los bolivianos utiliza teléfonos móviles para conectarse a internet, pero en las zonas rurales, donde la señal puede ser irregular, muchos no tienen forma de hacerlo.

“A veces, la gente tiene que subirse a un árbol o a una roca para captar la señal”, dijo Patricia Llanos, profesora universitaria y geógrafa, quien a menudo dirige equipos de investigadores de campo en la región amazónica de Bolivia. “Es un gran problema para nosotros”.

En otras partes del mundo, Starlink ha ayudado a llevar internet a muchos lugares. En solo unos años, SpaceX ha lanzado más de 7300 satélites pequeños al espacio, y conecta a más de cinco millones de personas en 125 países.

Pero a pesar de su éxito en otros lugares, Starlink es visto con recelo por el gobierno de Bolivia.

La preocupación, según las autoridades y los expertos bolivianos, es que Starlink pueda dar paso a una competencia injusta y socavar la soberanía del país al ceder demasiado control a una poderosa empresa extranjera, la cual podría intentar utilizar su influencia para inclinar la normativa boliviana a su favor.

Starlink “tiene superioridad tecnológica” sobre los servicios de internet de Bolivia, dijo Iván Zambrana, director de la Agencia Boliviana Espacial, propietaria del satélite nacional de fabricación china y que lo opera desde su lanzamiento en 2013. Pero los reguladores deben establecer normas que garanticen que Starlink contribuye a la economía de Bolivia y “entren al mercado a competir en igualdad de condiciones” sin perjudicar a los proveedores locales de internet, añadió.

“Cualquier empresa que venga a hacer negocios en el país se va a llevar un pedazo del pastel, pastel que ahora mismo está entre los que estamos aquí”, dijo Zambrana en una entrevista.

El servicio de Starlink se ha convertido en un éxito en gran parte de Sudamérica, en gran medida porque puede resultar difícil y costoso llevar la infraestructura tradicional de internet a zonas remotas. En pueblos a los que solo se puede llegar en barco o por caminos de tierra, los kits compactos de Starlink ofrecen una forma más barata y práctica de conectar hogares, escuelas y hospitales a internet.

En Brasil, su mayor mercado en América Latina, Starlink ha crecido hasta superar los 250.000 suscriptores desde su llegada en 2022, según cifras de la empresa.

Pero Brasil ha empezado a buscar alternativas, al temer una dependencia excesiva de Starlink. El año pasado, después de que X, de Musk, desafiara las órdenes del Supremo Tribunal Federal del país de eliminar publicaciones de derecha en redes sociales que difundían desinformación, Brasil llegó a un acuerdo con SpaceSail, un rival chino que actualmente está desarrollando su propio sistema de internet satelital.

En Bolivia, Zambrana restó importancia a la necesidad de Starlink, e insistió en que el satélite chino que utiliza es fiable y proporciona cobertura de internet en todo el país. “No hay lugar donde no se presten estos servicios”, dijo.

Pero los expertos dicen que, en realidad, el viejo satélite no es rival para Starlink. Su señal es lenta y desigual, y la instalación de antenas y parabólicas en zonas rurales es cara y difícil.

Ahora, el satélite gestionado por Bolivia se acerca al final de su vida útil, y se prevé que podría quedarse sin combustible y desconectarse ya en 2028.

Bolivia todavía evalúa cómo sustituir el satélite, pero ha mantenido conversaciones preliminares con SpaceSail de China sobre la posibilidad de utilizar la red de satélites que está construyendo, dijo Hugo Siles, embajador de Bolivia en China.

“Hemos venido trabajando con China porque sentimos que hay una absoluta comodidad en cuanto a la normativa boliviana y respecto a la soberanía”, dijo Siles en una entrevista.

SpaceSail, que no respondió a una solicitud de comentarios, tiene previsto lanzar 648 satélites de órbita baja este año y hasta 15.000 para 2030, según cifras publicadas por el gobierno municipal de Shanghái, propietario de SpaceSail.

“Si alguien va a poder competir con Starlink en un futuro próximo, serán ellos”, dijo Gregory Falco, profesor adjunto de ingeniería mecánica y aeroespacial en la Universidad de Cornell.

Por ahora, la presión para conectar a los bolivianos es cada vez mayor, y los legisladores reconsideran si el país debe permitir que Starlink opere en él.

Starlink parece optimista sobre sus posibilidades. En su mapa de ubicaciones de servicio, incluye a Bolivia como uno de los países donde su internet satelital estará disponible en 2025.

Sería una buena noticia para Adrián Valencia, de 45 años, maestro de Quetena Chico, un pueblo de 1000 habitantes en la región meridional de Bolivia.

Valencia, quien dirige la única escuela secundaria del pueblo, que atiende a unos 200 alumnos, dijo que la mala conexión a internet del pueblo lo obliga a conducir seis horas hasta la ciudad más cercana para subir los videos educativos que graba para sus alumnos.

“El internet es pésimo”, dijo. Eso socava la educación y la alfabetización digital de sus alumnos. “Si no tenemos acceso a internet”, añadió, “es como si no supiéramos leer”.

Algunos hoteles locales incluso han pasado de contrabando enrutadores Starlink a través de la frontera desde el vecino Chile. Aunque la señal llega a partes de la frontera boliviana, Starlink suele cortar internet al cabo de unos meses.

Mientras Llanos, la geógrafa, preparaba recientemente un taller en una remota región forestal a siete horas de La Paz, ella también esperaba recurrir a Starlink, y pidió a sus colegas que le trajeran un enrutador. Sin embargo, no pudieron conseguir uno a tiempo, así que los 80 participantes utilizaron walkie-talkies para comunicarse durante la formación.

“Aunque tengamos un satélite en el espacio”, dijo Llanos, refiriéndose a la nave espacial china, “seguimos sin tener forma de conectarnos”.

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El vertiginoso fin del bromance entre Trump y Musk

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New York Times. Por fin había llegado el momento, y fue tan rastrero, vengativo, personal, mezquino, operístico, infantil, trascendental, desordenado y público como muchos siempre habían esperado que fuera.

“Algo es seguro”, publicó Elon Musk en X a mitad de su implacable ataque de horas contra el presidente Donald Trump, “¡Aburrido no es!”.

El choque de titanes había llegado, y se habían quitado los guantes.

La velocidad de la caída fue impresionante. Hasta hacía unos 14 segundos, Musk volaba en los aviones de Trump, se alojaba en sus residencias, se relacionaba con sus hijos. El viernes, Trump lo agasajó con un discurso de despedida en el Despacho Oval y le entregó una novedosa gran llave de la Casa Blanca.

Pero no todo iba bien. Musk se había estado preocupando por el amplio proyecto de ley de política interior que la Casa Blanca estaba impulsando en el Congreso. El jueves por la tarde el empresario empezó a escupir veneno.

“Sin mí, Trump habría perdido las elecciones”, escribió Musk en X. “Qué ingratitud”.

¡Más afilado que el diente de una serpiente!

Por lo general, cuando Trump tiene una pelea grande y desastrosa en público, es con alguien que necesita de él, un ser inferior que vive con el temor de que le desafíen en las primarias o de ser arruinado de algún modo. Pero ahora se estaba peleando con quien, en raras ocasiones, tiene influencia sobre él: influencia política y económica, y quizá incluso emocional. Cuando Trump dijo el jueves que estaba “muy decepcionado con Elon”, parecía que lo decía en serio.

Pero Trump, en tanto presidente de Estados Unidos, tenía cierta influencia propia.

Reflexionó en Truth Social que la “forma más fácil de ahorrar dinero en nuestro Presupuesto” sería acabar con las subvenciones y contratos gubernamentales de Musk. “¡Siempre me sorprendió que Biden no lo hiciera!”, añadió Trump, provocando que Musk estallara aún más.

Había un elemento cómico en sus idas y venidas: como Trump y Musk son dueños de sus propias redes sociales, ninguno de los dos respondió directamente al otro. Cualquiera que estuviera siguiendo la conversación desde casa (es decir, todo el mundo) tenía que alternar entre plataformas para seguir a estos vaqueros del teclado mientras se disparaban mutuamente.

“LAS CHICAS ESTÁN PELEANDO” fue uno de los principales términos en tendencia del jueves en la plataforma de Musk. La pelea tenía cierto aire a patio de colegio, y muchos se apresuraron a intervenir. “PICANTE”, publicó Laura Loomer. “Oye, @realDonaldTrump, dime si necesitas algún consejo sobre la ruptura”, publicó Ashley St. Clair, madre de uno de los hijos de Musk. Musk empezó a pulsar el botón “unfollow” en cuentas de aliados cercanos a Trump, como Charlie Kirk y Stephen Miller.

Cuatro horas después del inicio de la pelea, Kanye West surgió como pacificador. “Broooos por favor noooooo”, publicó en X con un emoji de dos personas abrazándose. “Los queremos mucho a los dos”.

Pero parecían haber quedado lejos de cualquier abrazo. Se había cruzado una línea de la que probablemente nunca se podría volver atrás. “Es hora de soltar la gran bomba”, escribió Musk poco después de las 3 p. m., ”@realDonaldTrump está en los archivos Epstein. Esa es la verdadera razón por la que no se han hecho públicos. Que tengas un buen día, DJT!”. La insinuación de que Trump está relacionado de algún modo con los delitos de Jeffrey Epstein fue especialmente explosiva, dado que gran parte de la base de Trump sigue tan animada por los sórdidos detalles de ese caso en particular.

“Algo para reflexionar”, escribió Musk en otra publicación especialmente mordaz. “A Trump le quedan 3,5 años como presidente, pero yo estaré aquí más de 40 años”.

Las preguntas se arremolinaban sobre la refriega: ¿Hasta qué punto podría Trump, quien ha demostrado no tener reparos en usar al gobierno como arma, ir realmente a por Musk? ¿Están Tesla y SpaceX a punto de ser presa del DOGE?

¿Qué pasaría con el Tesla rojo que Musk estacionó en la Casa Blanca, ese que a los jóvenes ayudantes de Trump les encanta conducir y desde el que publican fotos?

¿Tendría Musk que devolver su llave de la Casa Blanca?

El Tesla rojo que Trump compró a Musk estaba estacionado frente a la Casa Blanca el jueves.Credit…Doug Mills/The New York Times

El bromance relámpago entre Trump y Musk comenzó públicamente cuando el hombre más rico del mundo apoyó a Trump para presidente en julio. Musk se dedicó entonces a hacer campaña en favor de Trump.

Desde la elección, Musk ha parecido básicamente inseparable del presidente al ayudar a dar forma al gobierno federal, a tomar decisiones políticas y a reunirse con otros líderes del mundo como “primer amigo” de Trump.

Pero más recientemente, ha habido indicios de desacuerdo. En una ruptura pública anterior con el gobierno, Musk tachó al principal asesor comercial del presidente, Peter Navarro, de “imbécil” y “más tonto que un costal de ladrillos” en una serie de publicaciones en X, su sitio de redes sociales, en abril.

Musk empezó a criticar públicamente el proyecto de ley de política interior de Trump la semana pasada, diciendo en una entrevista en CBS News que estaba decepcionado por las dimensiones de la legislación y su impacto en el déficit.

A partir de entonces, las cosas han empeorado. El sábado, Trump dijo que retiraría la nominación de Jared Isaacman, empresario multimillonario y aliado cercano de Musk, para ser el próximo administrador de la NASA. Isaacman ha sido un ávido cliente de la empresa de cohetes de Musk, SpaceX, y su retirada fue vista por algunos como un repudio a la influencia de Musk.

El martes, Musk contraatacó en X al criticar un ambicioso proyecto de ley republicano de política interior que Trump había respaldado, calificándolo de “abominación repugnante”. El director ejecutivo de Tesla y SpaceX argumentó que el proyecto de ley, que se conoce oficialmente como Proyecto de Ley Grande y Hermoso (One Big, Beautiful Bill Act), podía ser grande o hermoso, pero no ambas cosas.

“Lo siento, pero ya no lo soporto”, publicó Musk. Añadió que la ley iba a “aumentar el ya gigantesco déficit presupuestario” y contrarrestaría el trabajo que había realizado para recortar el gasto público a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental conocido como DOGE.

El multimillonario también insinuó que podría ayudar a desafiar a los miembros del Congreso que apoyaran el proyecto de ley en las elecciones intermedias de 2026. “En noviembre del año que viene, despediremos a todos los políticos que traicionaron al pueblo estadounidense”, escribió.

Musk continuó el miércoles su campaña de guerra contra la legislación, publicando en X que acabaría con el proyecto de ley.

“Llama a tu senador, llama a tu congresista, ¡quebrar América NO está bien!”, escribió, refiriéndose a Estados Unidos. “MATEN EL PROYECTO DE LEY”.

Trump dio su primera respuesta pública a las publicaciones de Musk durante una conferencia de prensa el jueves, en la que señaló que estaba “muy decepcionado” con el multimillonario. El presidente también insinuó que habría ganado las elecciones sin la ayuda de Musk.

Musk replicó en X diciendo: “Sin mí, Trump habría perdido las elecciones, los demócratas controlarían la Cámara de Representantes y los republicanos estarían 51-49 en el Senado”.

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El auge y la caída de Elon Musk en Washington

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Por Shawn McCreesh, New York Times. Fue como una metáfora hecha realidad.

Tras 130 días enfrentando al gobierno federal, Elon Musk se presentó el viernes con un ojo amoratado en la Casa Blanca en su último día como “empleado especial del gobierno”. Si entrecerrabas los ojos, podías verlo: la órbita de su ojo derecho estaba hinchada y oscura. No hay duda, se trataba de un moretón.

Ahora, con su proyecto en Washington más o menos terminado, nunca estuvo cerca de recortar el billón de dólares del gobierno federal que había prometido. Sus negocios y su imagen pública quedaron algo maltrechos y, ahora, al parecer, también su rostro.

¿Alguien lo golpeó?

La lista de sospechosos es larga. Una lista abreviada de personas y grupos actualmente descontentos con Musk incluye: al menos dos de las varias mujeres con las que ha tenido hijos; prácticamente toda la burocracia federal; sus vecinos en un suburbio de Austin, Texas; los accionistas de Tesla; antiguos amigos; republicanos del Capitolio; su hija de 20 años; todas esas personas que han incendiado autos Tesla, e incluso algunos votantes de Trump.

Pero no fue ninguna de esas personas quien le hizo el moretón. Dijo que fue X, su hijo de 5 años.

“Estaba jugando con el pequeño X y le dije: ‘Adelante, dame un puñetazo en la cara’, y me lo dio”, explicó Musk después de que un periodista le preguntara si estaba bien.

Fue un momento extraño en una conferencia de prensa que, para empezar, ya era bastante rara. Momentos antes, Musk se había negado airadamente a responder a una pregunta sobre una investigación reciente de The New York Times en la que se detalla su consumo de drogas. Trump permaneció casi mudo mientras Musk lidiaba con esa pregunta. Después, el magnate de la tecnología explicaba por qué parecía golpeado.

Al presidente pareció divertirle. “No me había dado cuenta”, dijo mientras se giraba en su silla para ver mejor a Musk. “¿X fue quien hizo eso?”.

Trump ha pasado una cantidad considerable de tiempo cerca del niño en estos últimos 130 días. Él y Musk incluso llevaron a X a sentarse junto al ring con ellos en los combates del Ultimate Fighting Championship. Trump pensó en la explicación que se ofrecía para el moretón. “X podría hacerlo”, concluyó, sonando casi impresionado. “Si conocieras a X, sabes que podría hacerlo”. Por la forma en que el presidente dijo esto, nunca adivinarías que estaba hablando de un niño de 5 años.

Y así, Musk abandonó Washington, con el ojo tan magullado como su ego.

“En realidad no sentí gran cosa en ese momento”, dijo sobre el golpe que le dieron en el rostro, “pero luego supongo que sale un moretón”.

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Elon Musk renunció con críticas al plan de gastos de Donald Trump

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El magnate Elon Musk anunció su renuncia como asesor presidencial en el gobierno de Donald Trump, expresando su decepción por el proyecto fiscal y presupuestario recientemente aprobado por la Cámara de Representantes. En un mensaje publicado en su cuenta de X, Musk declaró: “Ahora que mi tiempo programado como Empleado gubernamental especial llega a su fin, quiero dar las gracias al presidente Donald Trump por la oportunidad de reducir el gasto despilfarrador”. 

Musk criticó el denominado “Gran y hermoso proyecto de ley”, señalando que aumenta el déficit presupuestario y socava el trabajo del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), una iniciativa que él mismo impulsó para reducir la burocracia y el gasto federal. En una entrevista con el programa CBS Sunday Morning, expresó: “Francamente, me decepcionó ver el enorme proyecto de ley de gastos, que aumenta el déficit presupuestario, no solo no lo reduce, y socava el trabajo que está realizando el equipo de DOGE”. 

Además, Musk indicó que planea centrarse en sus empresas, especialmente en la aeroespacial SpaceX, que recientemente realizó su noveno lanzamiento de prueba de un cohete con el objetivo de llevar a la humanidad a Marte. También mencionó su intención de enfocarse en X, xAI y Tesla, dejando de lado la política

El cargo de “Empleado gubernamental especial” que ocupaba Musk fue creado por el Congreso en 1962 y permite al Gobierno contratar trabajadores temporales para tareas específicas con fecha de caducidad. El plazo de Musk en este cargo finalizaba este viernes.

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Al principio, los residentes de la exclusiva calle cerrada en West Lake Hills, Texas, no sabían quién se había mudado a la mansión de 640 metros cuadrados y seis dormitorios de al lado.

Entonces llegaron los obreros de la construcción para levantar una valla de alambre de espino de casi 5 metros alrededor de la propiedad de 6 millones de dólares, que es una de las cuatro casas de la frondosa calle. También instalaron una cámara orientada hacia el exterior. A continuación, una flota de automóviles —muchos de ellos Teslas— empezó a estacionarse en la calle. Tres veces al día, un cambio de turno señalaba al personal de seguridad que entraba y salía de la casa. En una oportunidad, el conductor de un coche que pasaba gritó a altas horas de la noche que buscaba una fiesta en “casa de E”.

A nadie le agradaba el alboroto, ni el tráfico, ni la puerta que se abría y cerraba con teclado numérico para los trabajadores y los coches a todas horas. Así que incluso cuando se enteraron de boca en boca de que su nuevo vecino era Elon Musk, el hombre más rico del mundo, eso no impidió que algunos de ellos se quejaran ante las autoridades de West Lake Hills sobre su mansión.

Desde entonces, las quejas han escalado hasta convertirse en una protesta en torno a las ordenanzas municipales, los permisos y las excepciones conocidas como variantes, hasta el punto de que el asunto de la casa de Musk desembocó el mes pasado en una polémica reunión de la Comisión de Zonificación y Planificación. El debate se dirige a continuación a una sesión del Consejo Municipal de West Lake Hills, prevista para el 14 de mayo.

“El transporte de empleados del servicio a otras casas, dejando sus coches en nuestras tranquilas calles, llevando y trayendo la ropa sucia para lavarla en otras casas, tiene que acabar”, escribió Paul Hemmer, vecino y principal denunciante, a la Comisión de Zonificación y Planificación. La carta estaba firmada también por los ocupantes de las otras dos casas de la calle.

Durante los últimos meses, Musk, de 53 años, ha arrasado por todo Washington, haciendo caso omiso de las tradiciones establecidas y hackeando lo que consideraba burocracia federal innecesaria. Pero en su propio patio trasero, a las afueras de Austin, el multimillonario de la tecnología se ha visto envuelto en un laberinto de normativas locales y burocracia. Parece que nadie es lo bastante rico como para escapar de los vecinos.

Magnates como Mark Zuckerberg han llegado a veces al límite de su riqueza y sus conexiones en desacuerdos sobre sus casas de lujo. Lo mismo le ha ocurrido a Musk, quien hasta el momento está perdiendo contra la burocracia municipal en West Lake Hills. Él y sus empleados no obtuvieron permisos para una puerta metálica y la valla construida alrededor de la propiedad, lo que hizo que la estructura de alambre de espino fuera 3 metros más alta de lo permitido, según mostraron los registros locales. En total, la construcción infringió seis ordenanzas municipales. Después de que algunos vecinos protestaran, el equipo de Musk intentó obtener un permiso retroactivo para los proyectos.

Pero Jim Pledger, uno de los seis comisionados de la Comisión de Zonificación y Planificación de West Lake Hills, dijo que él y sus colegas votaron unánimemente el mes pasado en contra de recomendar que se concedieran al propietario —se cuidó de no nombrar a Musk— variantes para los proyectos. Si se hiciera una excepción, dijo Pledger, “incentivaríamos a la gente a incumplir las normas”.

Elon Musk posee una mansión en la pequeña localidad de West Lake Hills, Texas, a través de una sociedad de responsabilidad limitada.Credit… Jordan Vonderhaar para The New York Times

Pero Jim Pledger, uno de los seis comisionados de la Comisión de Zonificación y Planificación de West Lake Hills, dijo que él y sus colegas votaron unánimemente el mes pasado en contra de recomendar que se concedieran al propietario —se cuidó de no nombrar a Musk— variantes para los proyectos. Si se hiciera una excepción, dijo Pledger, “incentivaríamos a la gente a incumplir las normas”.

A menos que el Consejo Municipal no esté de acuerdo con esa decisión, Musk se enfrenta a la perspectiva de tener que derribar la valla y la puerta o cambiarlas para cumplir las normas de la ciudad.

Musk no respondió a las solicitudes de comentarios. Un administrador de la casa vinculado a la propiedad se negó a hacer comentarios.

La historia de Musk en Texas es relativamente reciente. El magnate de la tecnología, quien supervisa seis empresas, trasladó la mayoría de sus operaciones empresariales a este estado desde California a partir de 2021. Ha construido fábricas para su empresa de vehículos eléctricos, Tesla, su empresa de cohetes, SpaceX, y su empresa de construcción de túneles, The Boring Company, en los alrededores de Austin y la vecina Bastrop.

Musk también se mudó él mismo a Austin. Al principio quería construir casas para él y sus hijos (tiene al menos 13) en cientos de hectáreas que compró allí. Cuando el plan fracasó, buscó otras propiedades.

En 2022, Musk compró la casa de West Lake Hills a través de una sociedad de responsabilidad limitada, que recibió el nombre de la calle donde se encuentra la propiedad. La casa está en medio de un barrio residencial, al fondo de casi una hectárea de terreno en pendiente junto a una estrecha carretera pública, lo que dificulta la seguridad.

“Se supone que los castillos se construyen en las colinas, ¿no?”, dijo Anne Yeakel, residente de West Lake Hills desde hace mucho tiempo, quien vive a la vuelta de la esquina. “Eran compradores sofisticados, y si la seguridad era la directriz principal, esta no era la casa para ello”.

Musk y su personal no se presentaron a los vecinos. Pocos residentes lo han visto allí. Pero se corrió la voz rápidamente en la comunidad de 3400 habitantes, y en poco tiempo todo el mundo supo que se había mudado allí.

“Aquí todo el mundo lo sabe”, dijo Yeakel.

La mansión fue una de las tres que Musk compró en la zona en los últimos tres años para crear un complejo para sus hijos y sus madres. En un momento dado, Claire Boucher, conocida como la artista musical Grimes, vivió con Musk y sus tres hijos en la casa. Shivon Zilis, ejecutiva de neurotecnología que tiene cuatro hijos con Musk, vive a unos 10 minutos a pie. Musk también compró otra mansión de estilo toscano hace aproximadamente un año.

Los vecinos pronto comenzaron a sentirse frustrados por el alboroto constante en la casa. Veían entrar y salir a gente con fundas de pistola, mientras el equipo de seguridad aumentaba a la par que la preocupación por la seguridad de Musk. Aunque Texas tiene leyes permisivas en materia de armas, la actividad resaltaba.

“Yo llamo a ese lugar Fort Knox”, dijo Hemmer, un agente inmobiliario jubilado que vive al otro lado de la calle y es presidente de la asociación de propietarios del vecindario.

La casa estaba más tranquila los días en que Musk no estaba en la ciudad, dijeron los vecinos, sobre todo en los últimos meses, cuando vivía principalmente en Washington para asesorar al presidente Donald Trump. Ahora los residentes se preparan para el regreso de Musk, después de que dijera que pasaría menos tiempo en la capital.

A algunos vecinos les molestó especialmente la enorme valla que hay delante de la mansión, así como la gigantesca puerta metálica que hay al otro extremo de la propiedad, que parece servir de entrada para los empleados.

Hemmer, quien desde hace tiempo es propietario de un Tesla, se sintió tan frustrado con su vecino que empezó a sobrevolar la casa con un dron para comprobar si había infracciones municipales, y mantiene una cámara de video apuntando a la propiedad las 24 horas del día. El año pasado se quejó a los funcionarios de West Lake Hills de la valla de Musk, del tráfico y de que creía que el propietario tenía un negocio de seguridad en la propiedad.

El equipo de seguridad de Musk también se puso en contacto con el Departamento de Policía de West Lake Hills en relación con Hemmer, según los registros de la ciudad. Un funcionario de seguridad acusó a Hemmer el año pasado de salir desnudo en la calle, según los registros.

Hemmer negó que estuviera desnudo y dijo que estaba en su propiedad con ropa interior negra. Otra noche, dijo, estaba paseando a su perro completamente vestido y se detuvo cuando de repente necesitó orinar, lo que captó la cámara de Musk.

“Las cámaras me pillaron”, dijo Hemmer. “Da miedo que haya tipos sentados viéndome orinar”.

Tras repetidas protestas de Hemmer, los funcionarios de West Lake Hills descubrieron que Musk había infringido las ordenanzas municipales con la valla y la puerta. El mes pasado, la Comisión de Zonificación y Planificación debatió si concederle variantes para los proyectos.

Antes de la reunión, Tisha Ritta, experta en permisos que trabaja para la sociedad de responsabilidad limitada de Musk, escribió una carta a la comisión de urbanismo solicitando una exención de las normas municipales.

“Como funcionario público de alto nivel, el residente de la propiedad se enfrenta a continuas amenazas de seguridad, por lo que es imperativo adoptar medidas de seguridad proactivas”, escribió, según una copia de la carta. Ritta no respondió a las solicitudes de comentarios.

Hemmer y otros residentes escribieron su propia carta a la comisión de urbanismo, fustigando a su vecino por facilitar “el mal comportamiento en nuestra pequeña y tranquila calle cerrada”.

Durante un tiempo, Musk parecía encaminado a ganar la batalla vecinal. Los funcionarios de urbanismo y zonificación recomendaron que se concedieran a su propiedad “variaciones por dificultades”, que le permitirían mantener la valla y otros proyectos con solo pequeños cambios en la propiedad, según documentos municipales.

Pero en la reunión de planificación, los comisionados negaron a Musk las variantes. Cuando interrogaron a Ritta, esta culpó a un antiguo administrador de la casa de no haber conseguido los permisos para la construcción.

“Conocí al propietario apenas el año pasado, y desafortunadamente estaba bajo la dirección del administrador de la casa”, dijo, según una grabación de la reunión.

Hemmer también intervino en la reunión para decir que dudaba de que el propietario se hubiera equivocado.

“Si le sigues en las noticias, siempre es culpable de construir cosas y pedir permiso después”, dijo.

Una comisionada, no identificada en la grabación, dijo que no podía creer que el personal de West Lake Hills hubiera recomendado que el propietario recibiera alguna excepción.

“Estoy asombrada de que el personal esté planteando cualquier tipo de insinuación de que nos doblegamos en función de quien lo pide”, dijo.

La decisión de la comisión de urbanismo no pone fin al proceso. En la próxima reunión del Consejo Municipal de West Lake Hills, los miembros deberán decidir si siguen la recomendación de los comisionados sobre la mansión de Musk.

Si el Consejo Municipal vota en su contra, Musk podría demandar a la ciudad. Y si eso no funciona —y dado su historial de respaldo a candidatos— siempre estarán las próximas elecciones locales.

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