ERSA URBANO

Crisis del transporte en las provincias: cae la cantidad de pasajeros y se agrava la presión sobre el precio del boleto

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El transporte público de pasajeros en el interior del país enfrenta una crisis estructural que combina caída de usuarios, retiro del apoyo nacional y crecientes tensiones entre empresas y gobiernos provinciales. La decisión del Gobierno de eliminar el sistema de subsidios para las provincias dejó a los sistemas urbanos bajo una presión inédita: menos pasajeros, tarifas más altas y empresas que comienzan a abandonar servicios.

La situación quedó expuesta en las últimas semanas con dos episodios que sintetizan el escenario. En Rosario de la Frontera, en Salta, la empresa Aponte SRL anunció la suspensión definitiva del servicio tras una fuerte caída en el corte de boletos. En paralelo, en Chaco, la firma ERSA Urbano comunicó que dejará de operar el Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana (SITAM) a partir del 30 de abril.

El dato central no es solo la salida de empresas. Es el contexto en el que ocurre: el número de pasajeros transportados se reduce mes a mes, mientras los costos del sistema continúan subiendo. Esa combinación genera una ecuación que hoy parece difícil de sostener en buena parte del interior del país.

Empresas, provincias y el vacío que dejó la Nación

La crisis del transporte provincial se explica por una cadena de decisiones que comenzó con la retirada del Estado nacional del esquema de subsidios al interior. Mientras el Área Metropolitana de Buenos Aires mantiene asistencia estatal, las provincias deben sostener el sistema con recursos propios o trasladar los costos al boleto.

El conflicto de Chaco expone esa tensión. La empresa ERSA Urbano, que opera líneas como la 101, 107, 2, 9, 106, 204 y 205 entre Resistencia, Barranqueras, Fontana y Puerto Vilelas, anunció su retiro argumentando falta de rentabilidad y abrió un proceso preventivo de crisis.

El gobierno provincial rechazó esa justificación y anticipó sanciones contractuales, ejecución de garantías e incluso acciones judiciales para impedir la salida del operador. Según la administración provincial, entre julio de 2025 y marzo de 2026 se transfirieron más de $463 millones en asistencia financiera a la empresa. A ese monto se suman otros aportes: $500 millones en julio de 2025, $400 millones en noviembre de 2025 y $400 millones en febrero de 2026 mediante el programa “Chaco Subsidia”.

Las autoridades también recordaron que las unidades del sistema fueron adquiridas mediante créditos del Nuevo Banco del Chaco cuyas cuotas paga el propio Estado provincial.

El conflicto refleja una paradoja política: las provincias intentan sostener el servicio con recursos propios mientras las empresas reclaman condiciones de rentabilidad en un mercado que pierde pasajeros.

Menos pasajeros y más costos: la ecuación que presiona al sistema

Detrás de la crisis aparece una variable que atraviesa a casi todas las jurisdicciones: la caída sostenida de la demanda.

En Salta, los viajes pagos descendieron de 9,2 millones en enero de 2025 a 7,8 millones en enero de 2026. La reducción representa 1,6 millones de viajes menos en apenas doce meses, equivalente a una contracción del 16%.

El fenómeno también se observa en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde la baja oscila entre el 8% y el 22%, según datos del sector empresario.

Sin embargo, el impacto es muy distinto entre el AMBA y el interior. Mientras el sistema metropolitano mantiene subsidios nacionales, en las provincias el boleto mínimo supera los $1.500 en ciudades como Bariloche, Córdoba o Rosario.

En Tucumán, empresarios del sector estiman que la caída de pasajeros ronda el 32% respecto de 2025. Allí el gobierno provincial destina cada mes $4.900 millones para sostener el sistema, a lo que se suman $900 millones del municipio de San Miguel de Tucumán.

Ese esfuerzo financiero permite mantener políticas como el Boleto Estudiantil Gratuito y descuentos de hasta el 50% para docentes. Pero la presión sobre los costos sigue creciendo.

En el último mes, el litro de gasoil pasó de $1.500 a $1.795. Al mismo tiempo, el costo laboral acumulado desde enero alcanza el 18% tras la última paritaria con el gremio de choferes UTA. En el esquema de costos del sector, los salarios ya representan cerca del 60%.

El impacto social y la desigualdad territorial del ajuste

La crisis del transporte público no solo expone un problema económico. También revela una tensión política vinculada a la distribución territorial del ajuste fiscal.

En ciudades pequeñas o medianas, el transporte urbano cumple una función esencial para el acceso al trabajo, la educación y los servicios públicos. Cuando el sistema se debilita, el impacto se traslada directamente a la vida cotidiana.

En San Salvador de Jujuy, por ejemplo, el boleto más caro alcanza los $2.035. Para un trabajador que utiliza el colectivo diariamente, el gasto representa una proporción significativa del salario mínimo.

Las consecuencias ya se sienten en el mercado laboral del sector. En Chaco, la salida de ERSA pone en riesgo a más de 230 trabajadores y genera incertidumbre sobre la continuidad de los servicios que utilizan miles de usuarios.

La línea 904, que conecta Resistencia con Corrientes a través del puente General Belgrano, también podría verse afectada, aunque su operación depende de jurisdicción nacional.

El avance de nuevas formas de movilidad

Otro factor que explica la caída de pasajeros es el crecimiento de aplicaciones de movilidad, especialmente servicios de moto que compiten con precios flexibles.

En varias ciudades del norte del país estas plataformas capturan una parte creciente de los viajes que antes realizaban los colectivos. La tendencia se combina con cambios estructurales en los hábitos de movilidad, como el teletrabajo y la reducción de desplazamientos cotidianos.

La suma de variables configura lo que algunos actores del sector describen como una “multicausalidad”: crisis económica, nuevas formas de transporte, menor demanda y retiro del financiamiento nacional.

Un sistema en transición

La crisis actual plantea un interrogante de fondo sobre el futuro del transporte público en el interior del país.

Si las provincias deben sostener el sistema sin subsidios nacionales, el margen fiscal será cada vez más estrecho. Si las tarifas continúan aumentando para cubrir costos, la demanda podría seguir cayendo.

En varias jurisdicciones ya se analizan alternativas para evitar el colapso de los servicios, desde nuevas licitaciones hasta esquemas de subsidios provinciales más agresivos.

Pero el problema central permanece abierto: el transporte público funciona como un servicio esencial, aunque cada vez se lo somete más a la lógica del mercado.

El desenlace de esa tensión —entre servicio público y rentabilidad privada— comenzará a definirse en los próximos meses, cuando los gobiernos provinciales deban decidir cuánto están dispuestos a financiar para evitar que el sistema termine de vaciarse.

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ERSA anuncia su retiro del transporte urbano en Resistencia y abre un frente crítico para el sistema público del Chaco

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La crisis estructural del transporte urbano en el interior del país sumó un nuevo episodio de tensión institucional. La empresa ERSA Urbano confirmó que abandonará el sistema de colectivos de Resistencia el 30 de abril, una decisión que amenaza la continuidad de varias líneas estratégicas del servicio público y coloca bajo presión al gobierno provincial para encontrar una salida antes de que el sistema pierda una parte central de su operación.

La determinación se produce luego de que la compañía iniciara un proceso preventivo de crisis en la capital chaqueña, un mecanismo que en la práctica anticipa un escenario de inviabilidad económica. La salida impactaría de forma directa sobre más de 230 trabajadores y sobre una red de recorridos que conectan barrios de la capital con ciudades del Área Metropolitana del Gran Resistencia.

El anuncio, confirmado por el secretario general de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) Chaco, Raúl Abraham, abrió un interrogante político inmediato: si el Estado provincial logrará reordenar el sistema antes de que uno de sus principales operadores se retire o si el conflicto derivará en una crisis de movilidad con impacto social y laboral.

Un sistema metropolitano bajo presión

La eventual salida de ERSA no es un dato menor dentro del esquema de transporte del área metropolitana. La empresa opera actualmente varias líneas del Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana (Sitam), entre ellas 101, 107, 2, 9, 106, 204 y 205, que articulan la movilidad diaria entre la capital provincial y municipios cercanos.

Estos recorridos conectan Resistencia con Barranqueras, Fontana y Puerto Vilelas, configurando una red que sostiene buena parte de los desplazamientos laborales y educativos del conglomerado urbano.

La empresa también explota la línea 904, un servicio interprovincial que vincula Resistencia con Corrientes atravesando el Puente General Belgrano. Sin embargo, ese trayecto depende de jurisdicción nacional y no forma parte del sistema urbano provincial, lo que abre otro frente regulatorio si la compañía decide replantear su operación.

El problema de fondo es económico. Según explicó Abraham, la empresa argumenta falta de rentabilidad, una situación que —según el propio sector— atraviesa a la mayoría de las compañías del transporte urbano en ciudades del interior

El factor laboral y la presión sindical

El retiro de ERSA impactaría directamente sobre unos 230 trabajadores, entre choferes y personal vinculado a la operación del servicio. Ese número convirtió el conflicto en un asunto político de primer orden.

Desde la conducción chaqueña de la UTA advirtieron que la preocupación no se limita al empleo. El sindicato planteó que la eventual salida de la empresa también podría afectar a miles de usuarios que dependen de esas líneas para trasladarse dentro del área metropolitana.

La organización gremial reclamó una intervención urgente del gobierno provincial del Chaco para convocar a empresarios y representantes sindicales en una mesa de negociación que permita sostener la continuidad del servicio y preservar los puestos de trabajo.

En ese punto se juega una parte importante del conflicto. Si el Estado provincial logra reorganizar la operación —ya sea mediante una redistribución de recorridos entre otras empresas o con un esquema transitorio— el impacto podría amortiguarse. Si no ocurre, el sistema corre el riesgo de enfrentar un vacío operativo en pocas semanas.

Una crisis que excede a una empresa

La decisión de ERSA se inscribe en un debate más amplio que atraviesa al transporte público en el interior argentino. Las empresas del sector vienen señalando desde hace tiempo que el esquema tarifario y de subsidios genera desequilibrios estructurales, especialmente fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires.

En ese contexto, la salida de un operador relevante en Resistencia funciona como una señal de alerta sobre la sostenibilidad del modelo actual. No se trata solo de una empresa que se retira, sino de la fragilidad de un sistema que depende de subsidios, tarifas reguladas y costos operativos en permanente aumento.

Por eso el conflicto excede la escala local. Lo que ocurra en el sistema de transporte del Gran Resistencia puede anticipar tensiones similares en otras ciudades del país.

Un escenario abierto para el gobierno provincial

La decisión empresarial fijó una fecha concreta: 30 de abril. Ese plazo se convirtió ahora en el reloj político del conflicto.

En las próximas semanas el gobierno provincial deberá decidir si interviene para evitar la salida de la empresa, si reorganiza la operación del sistema o si abre un nuevo esquema de concesiones para cubrir los recorridos que quedarían vacantes.

La resolución no es menor. El transporte urbano define la movilidad diaria de miles de personas y al mismo tiempo concentra un volumen significativo de empleo formal dentro del sector de servicios.

La incógnita es si el retiro de ERSA será un episodio puntual dentro de la crisis del transporte o el primer síntoma visible de un reordenamiento más profundo del sistema en el interior del país.

Por ahora, la única certeza es la fecha anunciada. Todo lo demás —el futuro de los trabajadores, la continuidad de las líneas y el rol del Estado— todavía está en negociación.

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Justicia correntina imputó a propietario de firma de ómnibus ERSA por presunta evasión impositiva

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La Justicia Federal en Corrientes decidió imputar al propietario de la empresa de ómnibus ERSA Urbano, Juan Carlos Romero, por el presunto delito de evasión impositiva, por una deuda estimada en alrededor de 26 millones de pesos, y fue citado a brindar declaración indagatoria en julio próximo, informaron hoy fuentes judiciales.

El juez federal subrogante de Corrientes, Gustavo del Corazón de Jesús Fresneda, tomó la decisión en el marco de una causa presentada por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) contra la compañía ERSA Urbano S.A. por la falta de pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA) hasta julio de 2016.

El juez Fresneda, con intervención de la fiscalía federal de primera instancia de Corrientes, determinó citar a brindar declaración indagatoria a Romero para el 12 de julio próximo a la mañana, precisaron las fuentes.

También fue llamado a indagatoria Aitor Romero Noya, otro directivo de la firma, en la misma fecha pero una hora después de Romero.

La empresa ERSA cumple servicios de transporte de pasajeros de larga, media y corta distancia en diversos puntos del país, y es el licenciatario del municipio de Corrientes en el sistema urbano de movilidad.

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