estrecho de Ormuz

Irán volvió a atacar a Israel y el petróleo sube: la guerra desordena la apuesta diplomática de Trump

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Irán lanzó este martes una nueva serie de misiles contra Israel, un día después de que Donald Trump hablara de conversaciones “muy buenas y productivas” para encauzar una salida al conflicto. La ofensiva, reportada mientras Estados Unidos mantenía ataques sobre objetivos militares iraníes, volvió a correr el eje desde la diplomacia hacia la guerra abierta y reactivó el impacto inmediato sobre los mercados: el Brent subió hasta US$101,77 por barril, con el estrecho de Ormuz todavía bajo fuerte disrupción. En esa secuencia, el dato político ya no es solo la escalada militar, sino la fragilidad del relato de desescalada que intentaba instalar Washington.

La relevancia del episodio excede el frente bélico. Lo que quedó expuesto es una tensión de poder más profunda: mientras Trump busca mostrar margen de negociación, Irán niega que exista una vía real de diálogo y responde con misiles. Esa contradicción no solo complica cualquier intento de alto el fuego, también refuerza la percepción de que la guerra entró en una fase donde las señales políticas pesan menos que los hechos militares sobre el terreno.

La ofensiva iraní desmiente el clima de tregua

Según reportó Reuters, Irán lanzó oleadas de misiles sobre Israel apenas un día después de que Trump hablara públicamente de avances diplomáticos. Al mismo tiempo, el Mando Central de Estados Unidos dejó en claro que sus fuerzas seguían atacando “agresivamente” objetivos militares iraníes con munición de precisión, con una pausa limitada solo a ciertos blancos energéticos. La secuencia dibuja un cuadro nítido: no hubo cese de hostilidades, ni siquiera una moderación operativa que permitiera hablar de tregua en ciernes.

En ese marco, la ofensiva iraní funcionó también como mensaje político. No solo respondió a los ataques de Estados Unidos e Israel, sino que desacreditó la narrativa de una negociación inminente. Reuters consignó que Irán rechazó la versión de conversaciones con Washington y calificó esas referencias como falsas. Esa desmentida no es menor: cuando una parte niega el canal de diálogo y al mismo tiempo sostiene la presión militar, el margen de mediación se achica y el conflicto gana autonomía propia.

Ormuz, el cuello de botella que ya golpea a la economía global

La otra dimensión del conflicto se juega en la energía. El estrecho de Ormuz sigue severamente afectado y eso mantiene bajo presión a los mercados internacionales. Reuters informó que alrededor del 20% de los embarques globales de petróleo y gas natural licuado a través de ese corredor continúan perturbados, una cifra suficiente para convertir cada declaración cruzada en un shock de precios. El Brent escaló este martes hasta US$101,77, después de haber retrocedido el día anterior ante la expectativa de una distensión que no se concretó.

La dinámica del crudo muestra algo más que nerviosismo financiero. Expone que el mercado dejó de leer la crisis como un episodio puntual y empezó a incorporarla como una amenaza persistente sobre la oferta. Reuters también reportó que ejecutivos del sector y gobiernos energéticos advierten por daños de largo plazo en la cadena global de suministro, mientras distintas potencias intentan amortiguar la crisis con liberación de reservas estratégicas. Hasta ahora, ese colchón no alcanza para disipar el riesgo.

La correlación de fuerzas se endurece y la diplomacia pierde centralidad

En términos de poder, la nueva ofensiva de Irán endurece a todos los actores. Israel mantiene su línea de continuidad operativa y Estados Unidos no retiró la presión militar, aun cuando la Casa Blanca busca sostener una ventana política para negociar. Del otro lado, la respuesta iraní y la negativa a reconocer conversaciones con Washington refuerzan a los sectores que apuestan a resistir antes que conceder. El resultado es un escenario donde ningún jugador parece en condiciones de retroceder sin pagar un costo interno.

La escalada también reordena prioridades fuera de la región. La crisis en Ormuz reintroduce el factor energético en el centro de la agenda global y aumenta la presión sobre economías dependientes del petróleo y del GNL. No es un dato lateral: cuando el conflicto empieza a trasladarse al precio de la energía, deja de ser solo una guerra regional y pasa a tener consecuencias directas sobre inflación, logística y crecimiento.

Un conflicto sin tregua visible y con impacto abierto

Lo que habrá que seguir en los próximos días es si aparece algún canal diplomático verificable o si la política seguirá corriendo detrás de la dinámica militar. También será clave observar qué ocurre con el estrecho de Ormuz: mientras esa vía continúe bajo disrupción, el petróleo seguirá funcionando como termómetro de la guerra y amplificador de sus efectos económicos. Reuters advirtió incluso que, si la interrupción persiste, el Brent podría escalar mucho más allá de los niveles actuales.

Por ahora, la secuencia es menos ambigua de lo que sugieren los discursos. Hubo anuncios de diálogo, pero también nuevos ataques. Hubo gestos de pausa parcial, pero no un freno real a las operaciones. Y hubo una reacción inmediata del mercado, que volvió a leer el conflicto no como una crisis contenida, sino como una inestabilidad que todavía está lejos de encontrar un cauce claro.

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Chevron elogió a Milei y volvió a poner a Vaca Muerta en el centro de su mapa global

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En medio de la tensión global por la guerra en Medio Oriente y el impacto sobre los mercados energéticos, Chevron envió desde Houston una señal política que el Gobierno buscaba capitalizar: su CEO global, Mike Wirth, elogió las reformas de Javier Milei, destacó mejoras en las condiciones para invertir y colocó a Vaca Muerta entre los activos estratégicos de la compañía a futuro. La definición no es menor. Llega en el marco de CERAWeek by S&P Global, el principal foro del sector, y en un momento en que la administración libertaria intenta consolidar un relato de normalización económica capaz de atraer capital en áreas sensibles como energía, infraestructura y exportaciones. La incógnita es si ese respaldo empresario se traducirá en inversiones sostenidas o si, por ahora, funciona sobre todo como validación política internacional.

El elogio no fue a la geología, sino al cambio de reglas

Wirth no presentó a la Argentina como una novedad geológica. De hecho, dejó claro que el potencial de sus recursos nunca estuvo en discusión. “La geología es excelente”, dijo, y ubicó el problema histórico del país “arriba del suelo”: régimen impositivo, legislación laboral, restricciones a la importación de equipos y límites para exportar producción.

Ahí es donde el CEO de Chevron marcó el cambio. Según planteó, esas trabas empezaron a ser abordadas de manera sistemática, y por eso elogió al presidente Milei por “mejorar la capacidad de inversión” en el país. El mensaje tiene una lectura institucional precisa: el principal activo político que hoy ofrece el Gobierno al sector energético no es el subsuelo, sino la promesa de un entorno regulatorio más previsible.

En términos de poder, la intervención de Wirth refuerza uno de los ejes discursivos del oficialismo. Milei necesita mostrar que su programa de reformas no solo ordena variables macroeconómicas, sino que también modifica decisiones concretas de inversión en actores globales. Cuando una de las petroleras más grandes del mundo sugiere que Argentina mejoró su clima de negocios, el Gobierno gana una pieza de validación externa que vale más que una declaración de apoyo doméstica.

Vaca Muerta deja de ser un proyecto lateral y sube en la cartera global

La señal más relevante quizá no estuvo en el elogio político, sino en la forma en que Chevron reubicó a la Argentina dentro de su estructura operativa. Wirth mencionó al país junto a Bolivia, la cuenca Permian y Bakken como parte de una misma cartera de yacimientos no convencionales administrados bajo una estructura única. La lógica es clara: acelerar la circulación de tecnología, capital humano y mejores prácticas entre activos shale de distintos países.

Ese cambio de encuadre no es retórico. Si Vaca Muerta ingresa a esa arquitectura común, deja de ser observada como una apuesta marginal y empieza a ser gestionada como parte de un núcleo productivo donde Chevron espera mejorar productividad y costos. La propia empresa, según el texto base, prevé que Vaca Muerta desempeñe un papel más importante en su cartera de productos en los próximos años.

Para el Gobierno, esa definición funciona como un respaldo estratégico. En una economía que necesita dólares, exportaciones y señales de largo plazo, que una petrolera global asigne mayor centralidad a Vaca Muerta fortalece la narrativa oficial de que el sector energético puede convertirse en uno de los motores de la estabilización. También ordena expectativas dentro del propio mercado: si una firma de esa escala eleva el perfil de Argentina, otros jugadores miran con más atención.

El apoyo llega en un momento global inestable

El respaldo de Chevron no ocurrió en un vacío. CERAWeek estuvo atravesado por la crisis en Medio Oriente, el freno logístico en el Estrecho de Ormuz y el encarecimiento de combustibles y seguros en la cadena energética global. En ese contexto, el debate sobre inversión dejó de girar solo en torno al precio del crudo y pasó a concentrarse también en la seguridad de suministro.

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, abrió el evento con una definición alineada con ese nuevo clima: “El mundo necesita masivamente más energía”. En su exposición, vinculó el conflicto con Irán a la estabilidad de los mercados y remarcó que los precios todavía no habían subido lo suficiente como para provocar una destrucción significativa de la demanda.

A su vez, el CEO de Total Energies, Patrick Pouyanné, cuantificó la magnitud del problema: entre 10 y 11 millones de barriles diarios de crudo varados fuera de circulación en Ormuz, equivalentes al 20% del abastecimiento global destinado normalmente a exportación. En refinados, la interrupción ronda entre 4 y 5 millones de barriles diarios, mientras que en gas natural licuado también quedó detenido otro 20% del mercado mundial por la paralización de flujos desde Catar.

Ese cuadro vuelve más valioso cualquier activo energético que ofrezca previsibilidad fuera de la zona de conflicto. Ahí Vaca Muerta gana relevancia relativa. No porque pueda reemplazar de inmediato esos volúmenes, sino porque aparece como parte de un portafolio global menos expuesto a un corredor geopolítico hoy bajo máxima tensión.

El mercado mira menos el barril y más el cuello de botella

La conferencia también dejó una señal importante para entender el nuevo tablero: el mayor impacto de la crisis no se agota en el petróleo, sino que se traslada a combustibles, logística y seguros. El texto base señala que el diésel cotiza a USD 160 por barril y el combustible para aviones a USD 200, por encima de las referencias del crudo. Además, las primas de riesgo de guerra para petroleros en la zona saltaron de 0,25% a 5%, lo que puede llevar el costo de seguro de un buque a USD 5 millones por trayecto.

En la práctica, eso modifica la ecuación de competitividad global. Ya no alcanza con producir; también importa desde dónde se produce, por qué rutas se exporta y qué costo financiero y logístico soporta cada operación. En ese escenario, Argentina mejora su atractivo relativo como proveedor futuro de energía, aunque todavía deba resolver sus propios problemas de infraestructura, costos y estabilidad normativa.

Una validación que fortalece al Gobierno, pero no cierra el proceso

El elogio de Chevron fortalece a Milei en un terreno donde el oficialismo necesita resultados visibles: la captación de inversión real. También robustece el lugar de Vaca Muerta como activo estratégico en la agenda económica nacional y le da densidad internacional a una política que el Gobierno presenta como apertura y desregulación.

Pero la señal empresaria, por sí sola, no clausura nada. Que un CEO global valore las reformas no equivale automáticamente a una expansión inmediata de desembolsos. Tampoco elimina los problemas que el propio Wirth señaló: impuestos, legislación laboral, trabas operativas y condiciones de exportación. Más bien confirma otra cosa: que el potencial argentino sigue atado tanto a la calidad del recurso como a la persistencia de las reglas.

En las próximas semanas habrá que observar si este respaldo se traduce en anuncios concretos, aceleración de proyectos o nuevas definiciones sobre infraestructura y comercio exterior. Porque en energía, como en política, las señales importan. Pero el poder real se mide cuando esas señales empiezan a modificar decisiones.

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Irán desmintió a Trump y aseguró que no hay negociaciones: “Continuaremos la defensa”

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Irán contestó este lunes a los dichos del presidente Donald Trump que no mantiene contacto con Estados Unidos, ni directo ni por intermediarios, según un medio. Esa información surgió después de que Trump anunciaba que posponía los ataques prometidos en su ultimátum del sábado, cuando instó al desbloqueo del Estrecho de Ormuz.

Fars indicó que Trump retiró su amenaza de atacar centrales eléctricas iraníes tras conocer la represalia de Irán, que consistió en atacar todas las instalaciones de generación de energía en la región de Asia Occidental.

La agencia de noticias semioficial Tasnim, citando a un alto funcionario de seguridad iraní, también informó que Trump desistió de atacar la infraestructura crítica iraní después de que las amenazas militares de Irán se volvieran creíbles.

El funcionario afirmó que no hay negociación entre Irán y Trump, y agregó que otro factor importante para esta retirada fue el aumento de la presión sobre los mercados financieros y las amenazas contra los bonos en Estados Unidos y Occidente.

Desde que comenzó la guerra a finales del mes pasado, algunos mediadores enviaron enviado mensajes a Teherán, apuntó el funcionario, y agregó que la respuesta clara de Teherán fue que “continuaremos la defensa hasta lograr la disuasión necesaria”.

En una publicación del lunes en la plataforma de redes sociales Truth Social, Trump afirmó que Estados Unidos e Irán habían mantenido, durante los dos últimos días, “conversaciones muy buenas y productivas sobre una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio”.

“Basándome en el tono de estas conversaciones profundas, detalladas y constructivas, que continuarán durante toda la semana, he ordenado al Departamento de Guerra que posponga todos los ataques militares contra las centrales eléctricas y la infraestructura energética iraníes durante un período de cinco días”, declaró Trump.

El sábado, Trump había amenazado con “atacar y aniquilar” las centrales eléctricas iraníes si el estrecho de Ormuz no se abría en 48 horas.

También este lunes, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, habló por teléfono con su homólogo turco, Hakan Fidan, para discutir los últimos acontecimientos en Oriente Medio.

Araghchi se refirió a los “crímenes perpetrados por los agresores contra el pueblo iraní, especialmente los ataques contra escuelas, hospitales y zonas residenciales”, y expresó la determinación de Irán de defender “decisivamente” su soberanía nacional e integridad territorial.

Por su parte, Fidan destacó las consecuencias de la guerra en curso para la región, subrayando la necesidad de reducir las tensiones y fortalecer las relaciones entre Irán y los países de la región. 

Qué pasa en el Estrecho

Mientras tanto, el representante iraní ante la Organización Marítima Internacional (OMI), Ali Mousavi, afirmó que las embarcaciones, excepto aquellas de los “enemigos”, pueden transitar por el estrecho de Ormuz mediante arreglos coordinados previos de seguridad y prevención con las autoridades iraníes, informó la agencia semioficial de noticias Mehr. También subrayó que los compromisos marítimos internacionales deben estar en consonancia con el respeto a la integridad territorial de Irán y los derechos soberanos.

Irán, apuntó, está dispuesto a cooperar con la OMI y otros países para mejorar la seguridad marítima y proteger a los marineros. “La diplomacia sigue siendo prioridad para Irán. Sin embargo, es más importante que cese por completa la agresión, así como tener confianza y garantías recíprocas”, precisó Mousav.

Añadió que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán están en la “raíz de la situación actual en la región del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz”.

La voz parlamentaria

A su turno, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que las infraestructuras de energía y petróleo de toda la región serán destruidas “irreversiblemente” si Estados Unidos ataca instalaciones energéticas iraníes. Las declaraciones de Ghalibaf en la red social X se produjeron después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con “atacar y arrasar” las plantas de energía iraníes si el estrecho de Ormuz no era reabierto en las próximas 48 horas.

Ghalibaf escribió que cualquier ataque se convertiría en “objetivos legítimos (…) infraestructura vital e instalaciones energéticas y petroleras de toda la región”, incrementando los precios del petróleo por un período prolongado. Anteriormente, el principal comando militar de Irán, el Cuartel General Central Khatam al-Anbiya, emitió una advertencia similar, señalando que ataques contra infraestructuras de combustible y energía iraníes desencadenarían golpes contra instalaciones energéticas, tecnologías de la información y desalinizadoras de agua estadounidenses e israelíes en Asia Occidental.

En una publicación del 12 de marzo en X, el entonces secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani (quien moriría después en ataques estadounidenses-israelíes), advirtió que destruir la capacidad eléctrica de su país podría sumir a la región “en la oscuridad en media hora”. La campaña estadounidense-israelí, que comenzó el 28 de febrero, mató a figuras iraníes de alto rango, como el fallecido líder supremo Ali Jamenei, comandantes militares y civiles.Irán respondió lanzando múltiples ataques con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses por todo Medio Oriente.

En una declaración que detalla las posiciones de Irán en medio de los actuales ataques de Estados Unidos e Israel, el ministerio de Relaciones Exteriores señaló que aquel país siempre respetó la libertad de navegación y la seguridad marítima. Agregó que trabajó para defender estos principios en el transcurso de los años.

El ministerio destacó que luego de la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, se impuso una situación peligrosa en el Golfo y el estrecho de Ormuz, lo que ha afectado directamente la seguridad de la navegación regional.Irán reafirma su derecho legítimo a la autodefensa contra los “agresores”, por lo que atacó instalaciones y bases militares estadounidenses en la región, además de adoptar una serie de medidas para garantizar que aquellos y sus partidarios no aprovechen el estrecho para impulsar sus objetivos contra el país, añadió.

Apoyo en Irak

A todo esto, la Resistencia Islámica en Irak, un grupo paraguas de las milicias pro-iraníes de Irak, informó que había llevado a cabo 21 operaciones contra “bases de ocupación” en aquella nación y la región, durante el fin de semana.

En un comunicado, el grupo señaló que las operaciones se hicieron con “decenas de misiles y drones”, sin ofrecer más detalles sobre objetivos específicos ni víctimas.

El grupo reivindicó centenarios de ataques de este tipo durante los últimos días.

Entretanto, una fuente del Ministerio del Interior de Irak declaró bajo anonimato a Xinhua que varios ataques con drones tuvieron como objetivo esta madrugada la Base Victoria del Aeropuerto Internacional de Bagdad, si bien muchos fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea.

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Crece la volatilidad en el mercado de granos en medio del conflicto en Medio Oriente

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La guerra en Medio Oriente empezó a pegar de lleno en el mercado de granos y dejó una señal doble para la Argentina: mientras la volatilidad financiera se acelera en Chicago por la presión geopolítica, el país logra capitalizar una ventana comercial excepcional para el maíz y el girasol, con exportaciones que rompen récords y sostienen el movimiento interno de mercadería. El dato central no es solo productivo, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. En plena campaña 2025/26, con una oferta abundante y costos logísticos globales más altos por la crisis en el estrecho de Ormuz, la competitividad argentina gana espacio en el comercio internacional, aunque bajo una condición frágil: que el conflicto no deteriore todavía más el transporte marítimo ni profundice el desorden en los precios.

La novedad combina alivio comercial y riesgo sistémico. Por un lado, la cosecha récord y la demanda externa están permitiendo dar salida a volúmenes muy altos, especialmente en girasol y maíz. Por otro, la guerra y la acción de los fondos especulativos transformaron a los futuros agro en un terreno mucho más sensible a cualquier titular. En ese escenario, la Argentina aparece beneficiada por precios competitivos y por una ventana de exportación favorable, pero queda también expuesta a un mercado internacional cada vez más nervioso, donde una noticia diplomática o militar puede mover las cotizaciones con violencia en una sola rueda.

El girasol rompe todos los techos y acelera la comercialización interna

El caso más contundente es el del girasol. La campaña 2025/26 ya muestra una performance histórica en exportaciones y confirma que el complejo encontró una salida externa pocas veces vista. En el primer trimestre se embarcaron 391.000 toneladas de aceite, el mejor arranque aceitero de campaña desde 2005. Pero el dato más disruptivo está en la exportación de semilla de girasol, que alcanzó 421.136 toneladas en lo que va del trimestre: equivale a 12 veces la cifra del año pasado (31.688 toneladas) y casi 17 veces el promedio de los últimos cinco años para esta altura del calendario (25.000 toneladas).

Ese salto no es una curiosidad estadística. Cambia la lógica comercial del cultivo. Cuando se homogeneizan las exportaciones de aceites, pellets y harinas en semilla procesada equivalente, surge que ya se utilizaron 1,12 millones de toneladas de semillas para producir los derivados industriales exportados en lo que va de la campaña. El registro supera en más del doble el promedio del último lustro y es 1,7 veces superior al del año pasado a esta altura.

La magnitud de la demanda externa ya tuvo impacto interno. El mercado doméstico respondió con compras totales por 3,1 millones de toneladas, lo que ubica a la campaña 2025/26 como el segundo registro más alto del siglo, a la par de la 2007/08. En términos comparativos, el ritmo comercial corre 62% por encima del ciclo anterior y 111% más que el promedio de los últimos cinco años. No se trata solo de más exportaciones: se trata de una cadena que encuentra precio, fluidez comercial y ritmo de descarga en un momento donde la oferta es abundante.

Un mercado inusual: hasta un gran exportador compró girasol argentino

Dentro de esa dinámica aparece un dato con peso propio: la producción argentina logró ingresar en destinos que no son compradores habituales. En un hecho sin precedentes dentro del texto base, Bulgaria, uno de los mayores exportadores mundiales de semillas y aceite de girasol, apareció como destino del producto argentino y explicó el 37% de las compras de semilla en bruto.

Ese dato revela dos cosas a la vez. Primero, que la competitividad argentina no solo funciona en mercados tradicionales, sino también en plazas donde normalmente la lógica comercial iría en sentido inverso. Segundo, que el contexto global empuja a los importadores y procesadores a buscar mercadería donde haya precio y disponibilidad, incluso si eso altera esquemas históricos del comercio agrícola. Cuando un exportador estructural pasa a comprar, el mercado está enviando una señal sobre escasez relativa, oportunidades transitorias o reacomodamientos fuertes en la formación de precios.

El maíz aprovecha una ventana de competitividad y apunta a un récord exportador

El maíz ofrece otra foto relevante. La cosecha avanza al 14% a nivel nacional y, solo en marzo, ya se descargaron 3 millones de toneladas en los puertos del Gran Rosario, es decir, 1,4 millones más que en igual momento del año pasado. A la par, la comercialización interna muestra un ritmo firme: ya está comprometido el 30% de las toneladas esperadas para esta campaña, 10 puntos porcentuales por encima del ciclo pasado.

Sobre esa base, el programa exportador del primer mes de campaña se perfila para quebrar marcas. La previsión indica que marzo cerraría con más de 4 millones de toneladas exportadas, un récord para el arranque de campaña del cereal. La explicación central está en la competitividad del producto argentino. Aun con subas en los costos globales de los fletes marítimos, el maíz local sigue siendo presentado como el más competitivo del mundo dentro de la ventana que se extiende hasta el ingreso más fuerte de la oferta brasileña, previsto para junio/julio.

Ahí aparece una lectura política y económica concreta. La Argentina no está aprovechando solo una buena cosecha, sino una combinación excepcional entre volumen disponible, salida exportadora y timing comercial. En un momento de disrupción global, esa ventaja puede ser decisiva para sostener ingreso de divisas, actividad en terminales portuarias y dinamismo en la cadena comercial. Pero también es una ventaja con fecha de vencimiento: depende de cuánto dure la ventana frente a Brasil y de que la crisis internacional no encarezca aún más la logística.

Chicago sube, las primas FOB aflojan y el mercado local se sostiene

El comportamiento de los precios muestra ese equilibrio inestable. En Chicago, los futuros de maíz recibieron impulso por el conflicto en Medio Oriente y por el mayor posicionamiento de los fondos en commodities agrícolas. Desde que el escenario internacional empezó a tensionarse, el contrato de referencia del cereal subió 6%. Sin embargo, al mismo tiempo, las primas FOB del maíz argentino se debilitaron, en parte por la presión de oferta y en parte por el aumento en los costos de transporte marítimo.

El resultado es una especie de compensación. La baja de las primas resta, pero la suba en Chicago más que equilibró ese efecto, permitiendo que el precio de exportación a cosecha se revalorizara US$ 15 por tonelada desde enero. Esa mejora ayudó a sostener los valores en el mercado de futuros local, que promedian entre US$ 182 y US$ 186 por tonelada.

Ese punto es central para entender el momento. La Argentina gana competitividad por precio, pero esa ventaja no surge en un contexto de estabilidad, sino dentro de un mercado global donde sube la tensión, suben los costos y se vuelve más agresiva la operatoria financiera. El beneficio existe, aunque no descansa sobre bases tranquilas.

Ormuz cerrado y fondos especulativos: la nueva fuente de inestabilidad

La otra gran variable del escenario es la guerra. El texto base marca que el estrecho de Ormuz sigue virtualmente cerrado, con una caída del 94% en el tráfico de buques. Esa cifra no impacta solo en petróleo y energía. Repercute también en el costo del comercio internacional, en las expectativas de abastecimiento y en el comportamiento de los capitales especulativos que operan sobre materias primas.

En ese clima, la volatilidad dejó de ser un factor lateral y pasó al centro del negocio. La soja dio la señal más fuerte. Durante el lunes de esta semana, el futuro más operado en Chicago registró la mayor caída diaria desde julio de 2024, con una pérdida de US$ 20 por tonelada en una sola rueda, hasta activar el límite automático del CME. El disparador fue una noticia política: la postergación del viaje de Donald Trump a China.

El mercado venía descontando en precios la promesa de que China sumaría 8 millones de toneladas de soja a sus compras de 12 millones de esta campaña. La postergación del viaje se leyó como una señal bajista porque debilitó el sustento político de ese compromiso. La reacción fue inmediata. Y dejó una enseñanza clave: ya no hacen falta cambios estructurales en oferta o demanda para mover fuerte los precios. Alcanza con un titular de alto impacto geopolítico.

La soja expone el nuevo patrón: subas violentas, caídas bruscas y fondos con poder de fuego

La soja venía de tocar máximos de 21 meses el viernes pasado. Antes del rally comprador, cotizaba por debajo de US$ 390 por tonelada. Luego llegó a operar en US$ 451, una suba del 16% en siete semanas. Después, ante una sola noticia con sesgo bajista, cayó con fuerza. Ese patrón no es anecdótico: muestra que el mercado agro quedó sometido a un nivel de sensibilidad mucho mayor.

El texto remarca que la volatilidad anualizada en las últimas diez ruedas escaló a máximos desde julio de 2023 y que los fondos especulativos tienen un rol central. La posición neta comprada supera los 600.000 contratos entre granos y derivados, tras un aumento del 337% desde fines de enero. Ese volumen de apuestas le da a los fondos un poder decisivo para mover cotizaciones. Una toma de ganancias, un cambio de expectativas o una noticia internacional pueden desatar correcciones violentas en cuestión de horas.

En términos de poder de mercado, eso significa que la formación de precios ya no depende solo de rindes, clima o demanda física. También depende de la velocidad con la que el capital financiero entra y sale de posiciones largas sobre commodities. Para la Argentina, esa dinámica abre oportunidades de precios, pero también complica la toma de decisiones comerciales, porque el margen entre una rueda favorable y una corrección abrupta se achicó mucho.

Qué gana la Argentina y qué riesgo enfrenta

La campaña 2025/26 encuentra a la Argentina en una situación singular. Tiene volumen, tiene competitividad y, por ahora, tiene demanda externa. El girasol exhibe una performance histórica. El maíz se encamina a un arranque récord. Y los precios internacionales, aun con altibajos, siguen ofreciendo respaldo al negocio exportador. En ese plano, los sectores vinculados a la exportación y a la logística portuaria aparecen fortalecidos.

Pero el mismo contexto que habilita esa ventana también impone límites. El cierre virtual de Ormuz, la suba de fletes, la fragilidad diplomática y el peso creciente de los fondos especulativos pueden alterar en pocos días el escenario. Un agravamiento del conflicto podría disparar todavía más los costos logísticos. Un cambio brusco en las expectativas sobre Estados Unidos, China o Medio Oriente puede desarmar posiciones compradas y provocar bajas intensas. Y el ingreso de la oferta brasileña en junio/julio meterá presión sobre la competitividad del maíz argentino.

Un momento de oportunidad, pero sin red de seguridad

Lo que hoy muestra el mercado de granos no es una foto de bonanza lineal, sino una combinación de oportunidad y fragilidad. La Argentina está logrando colocar mercadería en volúmenes excepcionales y aprovechar un contexto favorable para el maíz y el girasol. Sin embargo, esa ventaja se construye sobre un sistema internacional alterado por la guerra, con rutas marítimas bajo presión y precios moldeados por fondos que amplifican cada shock.

Las próximas semanas serán decisivas. Habrá que mirar si el conflicto en Medio Oriente profundiza el bloqueo comercial, si Chicago mantiene el sesgo alcista o entra en una nueva fase de corrección, y si la competitividad argentina logra sostenerse cuando cambie la oferta global. Por ahora, el negocio exportador encontró aire. La pregunta es cuánto dura esa ventana en un mercado que ya no reacciona por ciclos previsibles, sino por sobresaltos.

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Trump anuncia tregua temporaria con Irán y el petróleo se desploma: el alivio del Brent abre una tregua precaria en la crisis

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El anuncio de Donald Trump de suspender durante cinco días los ataques contra centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes provocó este lunes un movimiento inmediato en el tablero geopolítico y en los mercados: el crudo Brent se hundió un 13%, perforó la barrera de los 100 dólares y llegó a negociarse en torno a 96 dólares por barril poco después de las 12.00, tras conocerse que Estados Unidos e Irán mantuvieron durante los últimos dos días conversaciones que el presidente estadounidense definió como “muy positivas y productivas”. El dato excede la lógica financiera. Después de casi cuatro semanas de ofensiva, amenazas cruzadas y presión militar sobre el estrecho de Ormuz, Washington ensaya una pausa táctica que descomprime el precio de la energía, pero deja abierta una pregunta más política que bursátil: ¿se trata de un primer paso hacia una salida negociada o de una tregua instrumental en medio de una escalada todavía viva?

El impacto del mensaje fue instantáneo porque tocó el corazón del conflicto: la infraestructura energética y la libre navegación en uno de los corredores más sensibles del planeta. Trump informó que ordenó a su Departamento de Guerra posponer los ataques por un período de cinco días, condicionado al resultado de las reuniones en curso. La decisión llegó después de que el propio presidente hubiera dado el sábado un plazo de 48 horas para que Irán abriera “totalmente” el estrecho de Ormuz, bajo amenaza de atacar sus centrales eléctricas. En otras palabras, la Casa Blanca pasó en pocas horas de la coerción directa a una ventana limitada de negociación. No es un cambio menor: cuando el mercado leyó que el riesgo inmediato sobre el suministro podía moderarse, el petróleo reaccionó con una caída abrupta.

De la amenaza sobre Ormuz a una pausa condicionada

La relevancia del anuncio se entiende por el contexto. Desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, la guerra dejó de ser un frente bilateral para convertirse en una crisis con impacto regional, energético y financiero. En ese marco, el estrecho de Ormuz se consolidó como pieza central: por allí transita el 20% de las exportaciones globales de crudo, lo que convierte cualquier amenaza sobre esa vía en una señal directa sobre inflación, abastecimiento y expectativas globales.

Trump buscó asociar la pausa militar a un avance diplomático. Según su mensaje en Truth Social, las conversaciones con Irán fueron “profundas, detalladas y constructivas” y continuarán durante la semana. Pero la tregua no implica desmovilización ni cierre de la ofensiva. El propio esquema que comunicó Washington deja claro que la suspensión depende del “éxito” de esas reuniones. Es decir, no se presentó como una desescalada consolidada, sino como una interrupción revocable.

La secuencia previa refuerza esa lectura. Teherán había advertido, según medios iraníes, que atacaría infraestructura energética de Estados Unidos si sus centrales eran bombardeadas. La Guardia Revolucionaria reiteró este lunes que no planea atacar centrales eléctricas de la región, aunque dejó establecido que, si la República Islámica sufre un ataque de ese tipo, “responderá de la misma manera”. Ese intercambio no describe una negociación madura; describe una correlación de amenazas donde ambas partes intentan fijar costos al adversario antes de cualquier eventual entendimiento.

El petróleo corrigió, pero no hubo una señal homogénea en todos los activos

El derrumbe del Brent fue la reacción más visible, aunque no la única. El WTI, referencia en Estados Unidos, se movía en dirección opuesta en la previa de la apertura oficial del mercado estadounidense, con una suba del 0,78%, hasta los 112,81 dólares. La divergencia revela un dato importante: el mercado no leyó la jornada como un cierre limpio del riesgo, sino como una reconfiguración todavía inestable de expectativas, con señales cruzadas entre alivio coyuntural y persistencia del conflicto.

El movimiento se trasladó además a otros activos. El oro caía 5,98%, hasta 4.223,25 dólares por onza, en lo que podía convertirse en su novena baja consecutiva, mientras la plata retrocedía 9,24%, hasta 61,66 dólares por onza, en su quinta jornada en negativo. En paralelo, el dólar volvía a fortalecerse. La combinación es consistente con una reasignación de refugio financiero: si el mercado percibe una reducción parcial del riesgo energético inmediato, la demanda por metales preciosos cede y la moneda estadounidense recupera centralidad. Sin embargo, esa dinámica no equivale a normalización. Más bien refleja un reacomodamiento ante una tregua de alcance todavía incierto.

La infraestructura energética se volvió el centro real de la guerra

El conflicto dejó de girar únicamente sobre capacidades militares o disuasión regional. La infraestructura energética se convirtió en blanco, amenaza y moneda de negociación al mismo tiempo. Por eso el anuncio de Trump tuvo semejante efecto. No habló de pausar ataques generales, sino de congelar por cinco días los golpes sobre centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes. Ese recorte de objetivos no es técnico: busca bajar la tensión justamente en el punto que puede desatar un desorden mayor en los mercados y en la seguridad regional.

La presión sobre Ormuz sigue siendo el otro componente crítico. Según lo informado, Keir Starmer abordó con Trump la necesidad de reabrir el estrecho al transporte marítimo y ambos coincidieron en que esa reapertura resulta esencial para la estabilidad del mercado energético mundial. El alineamiento entre Washington y Londres refuerza la idea de que el problema ya no se limita a la confrontación con Irán, sino a la contención de una crisis que amenaza la cadena global de suministro.

En paralelo, la escalada continuó en otros frentes. El CENTCOM anunció el ataque a una planta iraní de producción de motores utilizados en drones y aeronaves de la Guardia Revolucionaria, ubicada en la provincia de Qom. A la vez, Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait y Baréin reportaron nuevos ataques o interceptaciones durante la noche. Es decir, mientras Washington ofrecía una pausa condicionada sobre infraestructura energética, el teatro regional seguía activo. Esa coexistencia de tregua parcial y ofensiva periférica explica por qué el alivio del Brent no puede leerse todavía como una señal de estabilización profunda.

La señal política de Trump: contener el costo energético sin ceder la iniciativa

La decisión del presidente estadounidense también tiene una lectura de poder. Al ordenar una pausa de cinco días tras haber fijado un ultimátum de 48 horas, Trump intenta mostrar que conserva la iniciativa sobre los tiempos del conflicto. Primero elevó la amenaza. Luego abrió una compuerta de negociación. Ese mecanismo le permite ubicarse como actor que puede escalar o desescalar según la respuesta iraní y según el efecto buscado sobre los mercados.

Hay además una dimensión doméstica e internacional difícil de ignorar. En una guerra donde el precio del petróleo se volvió una variable política de primer orden, cualquier salto del crudo por encima de ciertos umbrales impacta sobre inflación, costos logísticos, expectativas de crecimiento y tensión social en múltiples países. La caída del Brent ofrece a Washington una ventaja táctica: al menos por unas horas, reduce la presión sobre el frente energético sin renunciar formalmente a la coerción militar.

Pero esa ventaja es frágil. La Agencia Internacional de la Energía, a través de Fatih Birol, advirtió que la situación es “muy grave” y que supera a las crisis energéticas de la década de 1970, en un escenario atravesado por el bloqueo de Ormuz y los ataques a centrales energéticas en Oriente Medio. La afirmación subraya que, más allá del desplome intradiario del Brent, la estructura de riesgo sigue intacta. Una conversación productiva no borra semanas de guerra ni neutraliza la capacidad de daño de los actores involucrados.

Irán mantiene la presión y busca negociar sin aparecer replegado

Del lado iraní, la estrategia parece orientarse a no quedar atrapado en una capitulación pública. La Guardia Revolucionaria rechazó la idea de que Teherán planee atacar centrales de la región, pero explicitó que responderá “de la misma manera” si Estados Unidos golpea instalaciones iraníes. Al mismo tiempo, se informó que Irán amenazó con minar “todo el golfo Pérsico” si sus islas son atacadas por Washington. La lógica es clara: abrir un margen de negociación sin renunciar a la capacidad de disuasión.

Ese punto importa porque condiciona cualquier escenario de alto el fuego. Una pausa negociada requiere algún tipo de reciprocidad verificable, pero también necesita que las partes no aparezcan debilitadas ante sus propias audiencias y aliados. Por eso el mensaje de Trump evita presentar el proceso como acuerdo cerrado, y por eso Irán mantiene un discurso de respuesta asegurada ante nuevos ataques. Ambos gobiernos están negociando, pero al mismo tiempo están cuidando la imagen de firmeza.

Repercusiones sobre energía, alianzas y gobernabilidad internacional

En términos de correlación de fuerzas, el freno temporal de los ataques fortalece en lo inmediato a los actores que venían reclamando contener el frente energético y asegurar la navegación. También otorga margen a los aliados que dependen del crudo de la región y necesitaban una señal de descompresión. La caída del Brent, por sí sola, ya funciona como un alivio político para esos gobiernos.

Sin embargo, la tregua deja bajo presión a todos los involucrados. Washington queda obligado a mostrar resultados de las conversaciones si quiere sostener el efecto estabilizador del anuncio. Teherán debe administrar la negociación sin que se interprete como retroceso forzado. Y los aliados regionales de ambos bloques seguirán midiendo hasta qué punto la pausa es real o simplemente un compás previo a una ofensiva más focalizada.

También habrá que observar el comportamiento del mercado en las próximas ruedas. Un rebote fuerte del crudo indicaría que el alivio fue leído como meramente táctico. Una consolidación por debajo de los 100 dólares sugeriría que los operadores empiezan a asignar mayor probabilidad a una contención del conflicto sobre la infraestructura energética. En cualquiera de los dos casos, el precio del petróleo seguirá funcionando como indicador político, no solo económico.

Un respiro de mercado, no una paz cerrada

La secuencia de este lunes dejó una imagen potente: una sola decisión presidencial alcanzó para derrumbar el Brent un 13% y alterar el mapa de activos globales. Pero también dejó en claro que la crisis sigue lejos de resolverse. Hubo conversaciones, sí. Hubo una pausa de cinco días, también. Pero el conflicto conserva todos sus puntos de combustión: Ormuz, la infraestructura energética, la capacidad de represalia iraní, la presión de los aliados y la persistencia de operaciones militares en la región.

La próxima semana será decisiva no tanto por lo que ya se dijo, sino por lo que efectivamente ocurra. Si las reuniones avanzan, el mercado podría consolidar la corrección y la diplomacia ganar espacio. Si fracasan, la pausa de cinco días puede quedar como un paréntesis breve antes de una nueva escalada sobre objetivos energéticos, con consecuencias mucho más amplias que las de una simple suba del barril.

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