exportaciones agropecuarias

El Gobierno oficializó una baja gradual de retenciones

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El Gobierno nacional oficializó un nuevo esquema de reducción gradual y permanente de los derechos de exportación para las principales cadenas agroindustriales del país. A través del Decreto 423/2026, se estableció un cronograma que profundiza la rebaja de retenciones sobre soja, maíz, trigo, cebada, girasol y diversos subproductos industriales, con un horizonte de reducción que se extenderá hasta fines de 2028.

La decisión busca consolidar una señal de largo plazo para uno de los sectores que más divisas aporta a la economía argentina. El dato político y económico relevante es que la administración nacional abandona la lógica de reducciones transitorias y plantea un sendero previsible, elemento históricamente reclamado por productores, exportadores e industriales para planificar inversiones.

El decreto ratifica una definición estratégica del Gobierno: considera a las retenciones como un impuesto distorsivo y plantea una eliminación progresiva condicionada al sostenimiento del equilibrio fiscal.

La novedad no está únicamente en la reducción de alícuotas. El valor central para los mercados es la previsibilidad. La norma fija un cronograma explícito para los próximos años, permitiendo anticipar la carga tributaria futura al momento de tomar decisiones de siembra, industrialización o exportación.

Para la soja, principal complejo exportador argentino, el esquema prevé una reducción gradual desde los actuales niveles hasta llegar al 13% para el poroto de soja hacia diciembre de 2028, mientras que los aceites y harinas también seguirán una trayectoria descendente.

En paralelo, cultivos como trigo, cebada, maíz y girasol continúan transitando un sendero de reducción que en numerosos productos industrializados converge hacia niveles cercanos a cero o significativamente inferiores a los actuales.

Qué significa para las economías regionales

Aunque el impacto mediático suele concentrarse en la región pampeana, la medida tiene implicancias para múltiples cadenas productivas del interior.

La reducción de retenciones modifica la ecuación económica de los sectores exportadores porque aumenta el precio neto recibido por productores e industriales. En términos simples, una menor porción del valor exportado queda en manos del Estado y una mayor parte permanece dentro de la cadena productiva.

Para las economías regionales, el efecto más relevante no necesariamente será inmediato sobre los ingresos, sino sobre las decisiones de inversión.

Cuando un productor o una industria conoce con anticipación cuál será su presión tributaria durante los próximos tres años, mejora la capacidad de proyectar ampliaciones de capacidad instalada, incorporación de tecnología o apertura de nuevos mercados.

Biodiésel: una apuesta a nuevos mercados

Uno de los aspectos menos visibles del decreto, pero potencialmente más estratégicos, es el tratamiento diferencial para determinados biocombustibles.

El Gobierno dispuso una reducción específica para biodiésel elaborado a partir de materias primas distintas de la soja, como colza, cártamo, Brassica Carinata y Camelina Sativa, equiparando su tratamiento tributario al de los aceites vegetales.

La decisión responde a cambios regulatorios internacionales y busca ampliar oportunidades comerciales en mercados que demandan combustibles con menor huella ambiental.

Desde la perspectiva productiva, representa una señal para la diversificación de materias primas destinadas a la transición energética global.

El impacto sobre la industria exportadora

El beneficio no queda restringido al productor primario. Las reducciones alcanzan a harinas, aceites, alimentos balanceados, derivados industriales y múltiples productos con valor agregado. Esto mejora la competitividad de las plantas procesadoras y fortalece el incentivo a industrializar dentro del país en lugar de exportar exclusivamente materias primas.

Para los complejos agroindustriales, el efecto económico es doble: mejora el margen exportador. Incrementa la previsibilidad para inversiones de largo plazo. Reduce el costo fiscal asociado a la agregación de valor. Fortalece la competitividad frente a otros países exportadores. Favorece la planificación de campañas agrícolas futuras.

La baja de retenciones constituye una mejora concreta para la competitividad exportadora, pero no opera en aislamiento.

El efecto final dependerá de variables como el tipo de cambio, los costos logísticos, el acceso al financiamiento, la evolución de los precios internacionales y la demanda global de alimentos y biocombustibles.

Para el sector productivo, el principal valor del decreto es la previsibilidad. La agroindustria argentina convive desde hace años con cambios frecuentes en materia tributaria. La existencia de un cronograma explícito modifica el horizonte de planificación y reduce incertidumbre.

Lo que habrá que seguir de cerca es la capacidad fiscal del Gobierno para sostener el sendero comprometido. Si el programa se mantiene sin alteraciones, Argentina ingresará en un proceso gradual de reducción de la presión exportadora que podría redefinir la competitividad de varias cadenas agroindustriales durante la segunda mitad de la década.

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La cadena agropecuaria marcó un récord histórico y quedó 11,3% por encima del año 2024

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La cadena agropecuaria argentina alcanzó un récord histórico de actividad en diciembre de 2025, al registrar un crecimiento mensual desestacionalizado del 1,7%, lo que ubicó al sector 11,3% por encima del nivel observado en igual mes del año anterior. El dato confirma un cierre de año con alta intensidad productiva, impulsado principalmente por las labores agrícolas y algunos segmentos de la agroindustria, en un contexto de desempeño dispar entre rubros.

La medición surge del Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que releva mensualmente la evolución de la producción primaria, la agroindustria y el comercio exterior de origen agropecuario en Argentina.

El impulso agrícola y la agroindustria explican el máximo histórico

El principal motor del crecimiento mensual fue el avance de las labores agrícolas, que mostraron una suba del 3,3% respecto de noviembre. A este desempeño se sumaron incrementos en la molienda de cebada, que creció un 4,2%, y en la molienda de trigo, con una mejora del 0,9%.

En el segmento energético de origen agroindustrial, la producción de bioetanol registró un aumento del 3,6%, mientras que la producción de biodiesel avanzó un 0,6%. Estos movimientos aportaron al resultado general del índice, consolidando el peso de los biocombustibles dentro de la dinámica de la cadena.

La faena de porcinos también mostró una variación positiva, aunque moderada, con una mejora mensual del 0,3%, lo que contribuyó marginalmente al nivel récord de actividad alcanzado en diciembre.

Caídas sectoriales y señales mixtas en ganadería y exportaciones

Pese al máximo histórico del índice general, el informe de la BCR expuso desempeños heterogéneos dentro de la cadena. En particular, el procesamiento de soja y girasol presentó una caída del 2,7% en comparación con noviembre, reflejando una contracción en uno de los complejos industriales más relevantes del país.

El sector ganadero también exhibió retrocesos: la faena bovina disminuyó un 1,5%, la faena aviar cayó un 1,6%, y la producción láctea registró una baja del 0,6% mensual. Estas cifras moderaron el impacto positivo del avance agrícola y de algunas ramas industriales.

En cuanto al frente externo, el subíndice de agroexportación mostró una disminución mensual del 0,9%, explicada principalmente por una caída en los envíos de maíz. No obstante, el desempeño exportador fue parcialmente compensado por resultados destacados en otros complejos.

Exportaciones: récord del trigo y fuerte aporte del complejo soja

A pesar del retroceso mensual del subíndice exportador, el informe destacó que el complejo trigo alcanzó un volumen récord para un mes de diciembre, consolidando su aporte al comercio exterior agropecuario.

Asimismo, las exportaciones del complejo soja totalizaron 3,5 millones de toneladas, un volumen significativo que contribuyó a sostener el nivel de actividad general, aun en un contexto de caídas puntuales en el procesamiento industrial.

El récord alcanzado por el IACA-BCR en diciembre de 2025 confirma el rol central de la cadena agropecuaria en la actividad económica, tanto por su peso productivo como por su capacidad de traccionar sectores industriales y energéticos asociados. Al mismo tiempo, la dispersión de resultados entre rubros revela tensiones internas que condicionan la sostenibilidad del crecimiento agregado.

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Caputo anunció una baja de retenciones al agro para impulsar exportaciones

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El Gobierno redujo retenciones al agro, baja de alícuotas para granos y subproductos en busca de mayor competitividad exportadora

El Gobierno nacional anunció una baja permanente en los derechos de exportación aplicados a las cadenas de granos y subproductos, una medida que el ministro de Economía, Luis Caputo, presentó como “un nuevo paso en el camino del alivio fiscal para el sector agropecuario”. Las reducciones alcanzan a soja, maíz, trigo, sorgo, girasol y derivados, y forman parte del objetivo central del Ejecutivo de avanzar hacia un esquema de menor presión impositiva sobre el complejo agroexportador, responsable del 60% de las ventas externas del país.

La decisión se integra en la estrategia oficial de mejorar la competitividad, acelerar la generación de divisas y consolidar el crecimiento del sector en un contexto de ajuste macroeconómico y recomposición de incentivos productivos.

Las nuevas alícuotas: recortes en soja, granos finos y gruesos, y subproductos

En el anuncio, Caputo detalló las bajas que regirán a partir de la decisión oficial:

  • Soja: de 26% a 24%
  • Subproductos de soja: de 24,5% a 22,5%
  • Trigo y cebada: de 9,5% a 7,5%
  • Maíz y sorgo: de 9,5% a 8,5%
  • Girasol: de 5,5% a 4,5%

El ministro señaló que “eliminar las retenciones ha sido siempre una prioridad para el Presidente Javier Milei”, y que el Gobierno “seguirá haciendo todo lo posible por alcanzar este objetivo lo antes posible, en la medida en que las condiciones macroeconómicas lo permitan”.

El Ejecutivo enmarca la baja en una política de alivio fiscal progresivo, que busca mejorar el margen de rentabilidad de los productores, consolidar la industrialización de origen agropecuario y fortalecer el posicionamiento internacional de los principales complejos exportadores del país.

Contexto económico: por qué el Gobierno insiste en bajar retenciones

El Ministerio de Economía fundamentó el recorte en la necesidad de impulsar un sector que aporta aproximadamente el 60% de las exportaciones totales. Según el mensaje oficial, la reducción apunta a mejorar la competitividad internacional del agro, fomentar una mayor inversión productiva, acelerar la entrada de divisas, y estimular la actividad económica en las economías regionales.

La decisión se registra en un escenario de consolidación del programa de ajuste fiscal y desregulación económica, donde el Gobierno sostiene que un esquema impositivo más leve favorecerá el crecimiento del agro y su derrame en el mercado laboral y la producción industrial asociada.

El camino es claro: menos impuestos, más producción, más oportunidades y trabajo para todos los argentinos”, afirmó Caputo, retomando el mensaje central del Ejecutivo.

Impacto esperado y reacciones del sector agropecuario

El anuncio fue recibido en el sector como una señal alineada con las demandas históricas del campo, que viene reclamando desde hace años la eliminación total de los derechos de exportación.

La baja de alícuotas genera expectativas sobre mejoras en los precios recibidos por el productor, mayor liquidez para inversiones en tecnología y semillas, incentivos para aumentar el área sembrada, y mayor competitividad para la industria aceitera y molinera.

El efecto regional también será significativo, dado que la cadena agroindustrial tiene fuerte presencia territorial en la región pampeana y en provincias con actividad cerealera, oleaginosa y de subproductos.

Sin embargo, analistas del sector plantean que el impacto dependerá de la evolución simultánea de otros factores de la macroeconomía —tipo de cambio, costos logísticos, precios internacionales y tasas de financiamiento— que siguen condicionando las decisiones de inversión y comercialización.

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