exportaciones energéticas

YPF coloca US$1.200 millones y extiende su deuda hasta 2035

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YPF consiguió una señal relevante en los mercados internacionales: colocó bonos por US$1.200 millones a nueve años, con vencimiento en junio de 2035, y recibió ofertas por hasta US$2.200 millones. La operación se convirtió en la mayor emisión corporativa argentina desde 2015 y le permite a la petrolera mejorar el perfil de vencimientos mientras obtiene recursos para sostener su expansión.

La compañía realizó la colocación después de mantener durante dos jornadas reuniones con más de 50 inversores en Nueva York. La demanda alcanzó casi el doble del monto finalmente emitido, un dato que la conducción de YPF interpretó como una señal de confianza del mercado en la evolución de la compañía y en el desarrollo energético argentino.

“Esto es una señal enorme de la confianza que el mercado tiene en nuestra compañía, en nuestro presente y en el futuro que estamos construyendo”, afirmó Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, al comunicar la operación.

El bono fue emitido a una tasa de interés del 7,55%, mientras que la tasa efectiva alcanzó el 7,85%, que representa el costo real de la financiación para la empresa. Otro dato relevante aparece en el diferencial respecto de los bonos del Tesoro de Estados Unidos: fue de 300 puntos básicos, el menor “riesgo YPF” registrado hasta ahora en el mercado internacional. El antecedente inmediato era de 375 puntos básicos, alcanzado en diciembre de 2017.

Refinanciar hoy para liberar caja mañana

La operación tiene una doble función financiera. Una parte de los US$1.200 millones permitirá cancelar anticipadamente dos obligaciones negociables internacionales cuyos vencimientos estaban previstos entre 2027 y 2029. YPF reemplaza así compromisos relativamente cercanos por una deuda con vencimiento en 2035.

El movimiento no elimina el endeudamiento, pero modifica su estructura temporal. La petrolera extiende la vida promedio de sus obligaciones y reduce la concentración de vencimientos en los próximos años, al mismo tiempo que conserva recursos para financiar su crecimiento.

Los fondos restantes estarán destinados al Plan 4×4, la hoja de ruta con la que la compañía busca acelerar su desarrollo productivo. En términos financieros, la emisión combina entonces administración del pasivo con financiamiento de capital de crecimiento.

La diferencia es importante para una empresa que pretende aumentar su escala de producción: el acceso al mercado internacional no funciona únicamente como una fuente de liquidez, sino también como una herramienta para ordenar el calendario de pagos mientras se financian nuevos activos productivos.

Vaca Muerta aparece como el próximo salto

La estrategia financiera de YPF está vinculada con una apuesta de mayor escala: transformar el gas de Vaca Muerta en una fuente estructural de exportaciones.

Durante el Forbes Energy Summit 2026, Marín señaló que Argentina LNG constituye la principal prioridad estratégica de la petrolera y confirmó que la empresa preparaba la documentación para presentar el proyecto al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

El proyecto contempla procesar gas de Vaca Muerta, convertirlo en gas natural licuado y exportarlo desde la costa de Río Negro. YPF lo presentó en agosto junto con la italiana ENI y XRG, el brazo inversor de la emiratí ADNOC, con una inversión estimada en US$51.000 millones.

La iniciativa prevé una capacidad inicial de producción de 12 millones de toneladas anuales de GNL, con posibilidad de alcanzar 18 millones en una segunda etapa. Según las proyecciones mencionadas por la compañía, cuando llegue a su capacidad plena, prevista entre 2029 y 2031, podría generar exportaciones anuales por US$10.000 millones durante dos décadas.

Marín afirmó que la decisión final de inversión, conocida como FID, está prevista antes de fin de año. Esa instancia será determinante porque marca el momento en que los socios del proyecto definen si están dadas las condiciones para avanzar con el desarrollo.

Más equipos para sostener el crecimiento

La expansión financiera se corresponde con una aceleración de la actividad productiva. YPF pasó de operar con 12 equipos de perforación a fines de 2025 a contar con 16 en agosto de este año.

El objetivo de la compañía es cerrar 2026 con entre 18 y 19 equipos y alcanzar 21 equipos en febrero de 2027. La evolución de ese indicador es relevante porque refleja la capacidad de la petrolera para ampliar la actividad sobre Vaca Muerta y sostener el crecimiento de producción.

La nueva deuda aporta parte de los recursos necesarios para ese proceso. El desafío será que la expansión productiva permita generar los flujos suficientes para sostener una estructura financiera más larga y, al mismo tiempo, financiar nuevos proyectos.

En ese esquema, el Plan 4×4 aparece como el puente entre la administración financiera y el crecimiento operativo. La compañía busca aumentar escala, mejorar productividad y consolidar una plataforma capaz de sostener proyectos de exportación de largo plazo.

El mercado internacional mira algo más que a YPF

La colocación de YPF coincidió con otra operación significativa: Mercado Libre emitió bonos por US$1.000 millones con vencimiento en 2036. En conjunto, ambas emisiones representaron US$2.200 millones en el mercado internacional.

Pero para YPF el dato central está en las condiciones obtenidas. El diferencial de 300 puntos básicos frente a los bonos estadounidenses constituye una referencia sobre cómo el mercado está valorando el riesgo de la compañía y, en términos más amplios, la posibilidad de financiar proyectos vinculados con la expansión energética argentina.

El antecedente histórico también aporta perspectiva. La única colocación corporativa argentina superior a la actual fue realizada por la propia YPF en 2015, cuando obtuvo US$1.500 millones.

Ahora la petrolera consiguió US$1.200 millones con un plazo de nueve años y un vencimiento que se extiende hasta 2035. La combinación entre demanda, plazo y diferencial de tasa le permite reforzar su estructura financiera en un momento en que su estrategia apunta mucho más allá de la producción local de hidrocarburos.

De la deuda al financiamiento de una plataforma exportadora

La operación muestra una transformación en la lógica financiera de YPF. El acceso a deuda internacional no aparece solamente como una herramienta para cubrir necesidades inmediatas: también forma parte de una estrategia para financiar una expansión que tiene como horizonte Vaca Muerta, el crecimiento de la producción y la eventual exportación masiva de GNL.

El resultado dependerá de la capacidad de la compañía para convertir ese financiamiento en mayor producción, flujo de fondos y proyectos de exportación. En particular, Argentina LNG concentra una apuesta de escala que puede modificar la inserción energética del país si logra atravesar las próximas etapas de inversión.

Por ahora, YPF consiguió algo más concreto y medible: US$1.200 millones de financiamiento, una demanda de US$2.200 millones, un costo efectivo del 7,85% y el menor diferencial histórico frente al Tesoro estadounidense. La siguiente etapa será transformar ese acceso al capital en más barriles, más gas y, sobre todo, una mayor capacidad argentina para generar divisas a partir de Vaca Muerta.

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Marín anticipó exportaciones de GNL por US$10.000 millones anuales y US$29.000 millones de inversión

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El proyecto argentino para convertir el gas de Vaca Muerta en una plataforma de exportación de gas natural licuado (GNL) comienza a tomar dimensión no solo por el volumen de inversión comprometido, sino también por su potencial impacto sobre el ingreso de divisas y el empleo. El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, aseguró que la iniciativa permitirá generar exportaciones por unos US$10.000 millones anuales y crear alrededor de 20.000 puestos de trabajo.

“Vamos a exportar 10.000 millones de dólares por año. Esto va a generar 20.000 puestos de trabajo”, afirmó Marín en declaraciones al programa “Vamos Rivadavia”, conducido por Nelson Castro en Radio Rivadavia.

El planteo supone que la Argentina puede avanzar desde una posición de productor de hidrocarburos hacia un esquema de exportación energética de escala global. El gas producido en Vaca Muerta será procesado y licuado para ser transportado en barcos hacia mercados internacionales, particularmente Europa y Asia, donde existe una demanda estructural de energía.

Marín proyectó que el flujo exportador podría sostenerse durante unos 20 años. Bajo esa hipótesis, los US$10.000 millones anuales representarían aproximadamente US$200.000 millones acumulados durante dos décadas. La cifra, más que una proyección de corto plazo, muestra el objetivo de construir una fuente estructural de divisas para la economía argentina.

El proyecto se apoya además en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que busca ofrecer un marco de previsibilidad para inversiones de gran escala y facilitar la participación de capital extranjero. Para YPF, esa herramienta es relevante porque la infraestructura necesaria para desarrollar la cadena de GNL requiere desembolsos que exceden ampliamente la capacidad de financiamiento de una única compañía.

“Es un proyecto muy robusto, porque exportamos petróleo y gas. Y pueden haber inversiones extranjeras gracias al RIGI”, sostuvo Marín, al explicar el papel que tendrá el régimen en la etapa de financiamiento.

El punto inmediato, sin embargo, todavía no es la exportación sino conseguir el financiamiento necesario para poner en marcha las obras. Marín señaló que el proyecto se encuentra actualmente en esa etapa y estimó que el cierre financiero se producirá hacia fines de este año. A partir de 2027 comenzarían las obras de infraestructura.

La inversión prevista para los próximos cuatro años alcanza los US$29.000 millones, una escala que convierte al proyecto energético en uno de los mayores programas de inversión privada de la historia reciente argentina. Ese desembolso deberá financiar instalaciones de producción, transporte, procesamiento y licuefacción, además de la perforación de los pozos necesarios para sostener el volumen de gas requerido.

La relevancia económica del proyecto está precisamente en la integración de esa cadena. El desafío no consiste únicamente en producir más gas, sino en disponer de infraestructura suficiente para llevarlo desde Vaca Muerta hasta las instalaciones de procesamiento y posteriormente convertirlo en un producto exportable por vía marítima.

La apuesta por el GNL también busca superar una restricción histórica de la matriz energética argentina: la dependencia de la infraestructura regional para colocar excedentes de gas. La licuefacción permite transportar el recurso en barcos y acceder a mercados que no están conectados por gasoductos con el país.

Ese cambio abre una ventana comercial particularmente relevante porque permite diversificar destinos. Europa y Asia cuentan con mercados de gran escala y necesidades energéticas diferentes, mientras que el GNL se comercializa globalmente y puede ser redirigido según precios y demanda.

Marín planteó además una visión de largo plazo sobre la transformación de la matriz exportadora argentina. Afirmó que el país puede convertirse en el segundo exportador mundial de etanol, alcanzar el quinto lugar global en líquidos utilizados para garrafas y posicionarse como sexto exportador mundial de gas natural.

El desafío es convertir esas ventajas potenciales en capacidad exportadora efectiva. Para lograrlo, Argentina necesita resolver financiamiento, infraestructura, disponibilidad de equipos, desarrollo de proveedores y formación de trabajadores especializados. La magnitud de las inversiones también exige estabilidad regulatoria durante períodos que exceden ampliamente un mandato presidencial.

En ese punto, Marín buscó diferenciar el proyecto de las discusiones políticas coyunturales y remarcó que la estrategia de YPF está pensada en horizontes de largo plazo. “Nosotros estamos construyendo para el futuro y para las inversiones”, afirmó, al subrayar que la empresa trabaja con una perspectiva que trasciende las declaraciones de corto plazo.

La cuestión central será entonces la ejecución. Los US$29.000 millones previstos para los próximos cuatro años no representan solamente una cifra financiera: implican obras, contratos, empleo, demanda de bienes y servicios y oportunidades para proveedores argentinos.

Si el proyecto alcanza los volúmenes previstos, el efecto económico podría extenderse mucho más allá de Vaca Muerta. Una cadena de GNL de escala internacional puede generar actividad en Neuquén, infraestructura y logística en otras provincias y una nueva plataforma exportadora vinculada con el litoral marítimo patagónico.

Para la economía argentina, la oportunidad es doble. Por un lado, convertir los recursos de Vaca Muerta en una fuente sostenida de divisas; por otro, utilizar la inversión energética como motor para desarrollar capacidades industriales y tecnológicas locales.

La condición para que esa oportunidad se materialice es que el proyecto avance desde los anuncios hacia el financiamiento y luego hacia las obras. El cierre financiero previsto para fin de año será, por eso, el próximo hito relevante. Si se concreta, 2027 marcaría el comienzo de una etapa de inversión que podría redefinir el lugar de Argentina en el mercado energético global.

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Georgieva llega a la Argentina con un mensaje para los mercados: respaldo político al plan económico y una escala estratégica en Vaca Muerta

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La llegada de Kristalina Georgieva a la Argentina trasciende el carácter protocolar de una visita institucional. En un escenario donde el Gobierno de Javier Milei enfrenta el desafío de sostener la confianza de los mercados y garantizar el financiamiento del programa económico hasta 2027, la presencia de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional representa una señal política de alto impacto para los inversores internacionales.

La titular del organismo desembarcará este lunes 27 de julio luego de aceptar una invitación del presidente Javier Milei. Aunque la agenda oficial se mantiene bajo estricta reserva por razones de seguridad, se prevé una intensa actividad que incluirá reuniones con el Presidente, el ministro de Economía, Luis Caputo, integrantes del Gabinete y representantes del sector privado, además de una visita a Vaca Muerta, el principal activo energético del país.

La recorrida por la formación neuquina constituye uno de los hechos más significativos del viaje. Allí Georgieva visitará el área de Loma Campana, donde será recibida por el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín. El objetivo es conocer de primera mano el potencial de la principal reserva de hidrocarburos no convencionales de Argentina, que hoy concentra buena parte de las expectativas de generación de divisas para los próximos años.

Desde el Gobierno interpretan esa escala como un cambio de enfoque en la relación entre Argentina y el Fondo Monetario. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, sostuvo que el organismo ya no llega únicamente para evaluar la capacidad del país de cumplir con sus compromisos financieros, sino para analizar las perspectivas de desarrollo económico vinculadas al crecimiento de las exportaciones energéticas.

“Antes el Fondo venía a discutir si Argentina podía pagar. Ahora viene a discutir el plan de desarrollo económico argentino”, afirmó Santilli, quien confirmó que la directora gerente recorrerá Vaca Muerta como parte de su agenda oficial.

El simbolismo no es menor. Mientras la evaluación técnica del programa vigente continúa en manos de los equipos especializados del FMI, la presencia de Georgieva apunta principalmente a fortalecer el respaldo político al rumbo económico adoptado por la administración de Milei.

Durante la jornada del lunes, además de las reuniones en Casa Rosada, la titular del Fondo ofrecerá una exposición institucional en el Palacio Libertad ante empresarios, académicos y funcionarios, donde analizará las perspectivas de la economía mundial y el escenario para América Latina.

La vocera del organismo, Julie Kozack, explicó previamente que el viaje busca mantener un diálogo amplio con distintos actores políticos, económicos y productivos para conocer la evolución de la economía argentina más allá de los indicadores fiscales y financieros.

El contexto en el que se desarrolla la visita resulta especialmente sensible. Si bien el Gobierno exhibe avances en materia de inflación, equilibrio fiscal y recuperación parcial de la actividad, los mercados mantienen interrogantes sobre la sostenibilidad financiera del programa económico en el mediano plazo.

Las dudas se concentran especialmente en la capacidad del país para afrontar los compromisos de deuda previstos para los próximos años y en el impacto que podría tener el calendario electoral de 2027 sobre la continuidad del actual esquema económico. Con ese telón de fondo, la presencia de Georgieva funciona como una señal destinada a reforzar la percepción de respaldo internacional hacia el programa acordado con el organismo.

En ese sentido, la estrategia oficial busca mostrar que el potencial exportador de Vaca Muerta constituye una pieza central para superar una de las principales restricciones estructurales de la economía argentina: la escasez crónica de divisas.

La producción de petróleo y gas de la cuenca neuquina viene registrando máximos históricos, mientras avanzan proyectos de infraestructura como oleoductos, gasoductos y plantas de licuefacción destinados a multiplicar las exportaciones energéticas durante la próxima década.

Desde una perspectiva económica, ese desarrollo aparece como uno de los pilares sobre los cuales el Gobierno proyecta fortalecer la capacidad de generación de dólares genuinos, condición considerada indispensable para estabilizar la macroeconomía y cumplir los compromisos financieros asumidos.

La agenda internacional del Presidente continuará el martes, cuando viaje a Lima para participar de la ceremonia de asunción de la presidenta electa de Perú, Keiko Fujimori. Paralelamente, el jefe de Gabinete recibirá en Casa Rosada al embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, con el objetivo de profundizar la agenda bilateral en materia comercial y de inversiones.

Más allá de las actividades protocolares, la visita de Georgieva deja un mensaje con fuerte contenido económico: el respaldo político del FMI continúa vigente, pero el éxito del programa dependerá de la capacidad de Argentina para transformar estabilidad macroeconómica en crecimiento sostenido, aumentar las exportaciones y consolidar sectores estratégicos capaces de generar divisas de manera permanente.

En ese marco, Vaca Muerta aparece como mucho más que un yacimiento energético. Se convierte en el principal argumento con el que el Gobierno intenta convencer a los mercados de que el país puede sostener un nuevo ciclo de crecimiento apoyado en inversiones, producción y exportaciones, más allá del horizonte político de los próximos años.

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Arriazu ve una oportunidad histórica para Argentina: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”

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En medio de una de las etapas más complejas para la industria de la construcción, el economista Ricardo Arriazu eligió transmitir un mensaje que combinó diagnóstico duro y optimismo estratégico. Durante la 71° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), sostuvo que Argentina atraviesa una oportunidad histórica de crecimiento impulsada por el ordenamiento macroeconómico, el potencial exportador de la energía y la minería y una mejora sustancial de las cuentas externas. Sin embargo, dejó una advertencia que resume su mirada sobre el momento actual: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”.

La exposición estuvo marcada por una fuerte diferenciación entre el presente y el futuro de la economía argentina. Arriazu reconoció que la construcción atraviesa una situación crítica luego del desplome de la inversión pública y la ausencia de mecanismos de financiamiento de largo plazo, pero consideró que el sector podría convertirse en uno de los principales beneficiarios de un escenario de estabilidad económica sostenida.

“La participación de la construcción en el PBI llegó a ser del 25%, ahora está en el 3%, cuando el promedio mundial es del 6%”, señaló el economista, al describir la magnitud del retroceso. Según explicó, Argentina enfrenta además un déficit estructural en materia habitacional y un mercado hipotecario prácticamente inexistente. “Estamos invirtiendo menos que la depreciación de las viviendas”, afirmó, reflejando la pérdida de capacidad de acumulación de capital en uno de los sectores históricamente más dinámicos de la economía.

Para Arriazu, la recuperación de la construcción depende de una condición indispensable: la eliminación definitiva de la inflación. Sin estabilidad de precios, sostuvo, resulta imposible reconstruir el crédito hipotecario y desarrollar instrumentos financieros de largo plazo que permitan movilizar inversiones.

Mientras ese proceso madura, propuso avanzar con sistemas de financiamiento indexados, aunque reconoció las limitaciones actuales. “Hay que utilizar un sistema indexado, pero el salario no acompaña y los bancos no tienen fondeo”, explicó. En ese sentido, planteó la necesidad de crear mecanismos de compensación que permitan equilibrar la evolución de ingresos y cuotas.

El economista también apuntó contra la falta de instrumentos de ahorro de largo plazo, un problema que considera central para financiar el desarrollo. En particular, cuestionó el deterioro de herramientas como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los sistemas de seguros, históricamente utilizados para canalizar recursos hacia proyectos de infraestructura y vivienda. Su propuesta fue reducir la exposición del FGS a títulos públicos y direccionar parte de esos recursos hacia la actividad constructiva.

Sin embargo, la parte más contundente de su presentación estuvo vinculada a las perspectivas macroeconómicas. Arriazu aseguró que el país atraviesa una transformación estructural que podría modificar décadas de restricciones externas recurrentes. A diferencia de otros ciclos de crecimiento que terminaron en crisis cambiarias, sostuvo que la expansión actual podría apoyarse en una oferta genuina de divisas proveniente de sectores altamente competitivos a nivel internacional.

En esa línea, corrigió significativamente sus propias estimaciones sobre el desempeño externo de la economía. Mientras inicialmente proyectaba un superávit comercial de 13.500 millones de dólares para este año, ahora estima que la cifra podría alcanzar los 20.000 millones de dólares, acompañada incluso por un saldo positivo en la cuenta corriente.

La explicación se encuentra en el fuerte crecimiento de las exportaciones. Según sus cálculos, Argentina sumará este año alrededor de 20.000 millones de dólares adicionales por ventas al exterior, impulsadas principalmente por una cosecha agrícola récord y el avance de los complejos energético y minero.

Desde su perspectiva, el país está transitando un profundo cambio en la estructura productiva. Históricamente, explicó, el esquema económico argentino favoreció a determinados sectores mediante subsidios y protección, generando distorsiones que limitaron la competitividad general. La nueva etapa implica un proceso simultáneo de destrucción y creación de actividades económicas.

Allí aparece uno de los principales desafíos de la transición. Los sectores que actualmente generan dólares —energía, minería y agroindustria— demandan relativamente poca mano de obra, mientras que actividades intensivas en empleo como la construcción, el comercio y parte de la industria todavía enfrentan dificultades. “El problema es entrar en el péndulo del ajuste y salir de él. Hoy es clave cómo me adapto, cómo cambio hacia sectores que van a crecer”, planteó.

Respecto de la política cambiaria, Arriazu respaldó la estrategia oficial y consideró que una devaluación brusca hubiera puesto en riesgo todo el programa económico. “Devaluar hubiera tirado todo el programa al demonio”, afirmó, al tiempo que defendió la apreciación relativa del peso como una consecuencia natural de un proceso exitoso de estabilización.

Su argumento se basa en que los países que logran consolidar estabilidad macroeconómica suelen volverse más caros en términos internacionales. “Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”, sostuvo. Para el economista, el principal obstáculo que aún persiste no es económico sino reputacional: “Tenemos los mejores números macro de América Latina, pero también el riesgo país más alto porque fuimos estafadores seriales”.

Esa referencia apunta directamente a la necesidad de reconstruir credibilidad institucional y financiera luego de décadas de defaults, reestructuraciones y cambios permanentes de reglas de juego. En su visión, la reducción sostenida del riesgo país será la llave para destrabar inversiones masivas en infraestructura, vivienda y producción.

La apuesta de largo plazo está puesta en el sector energético. Arriazu proyectó que para 2030 Argentina podría exportar más de 30.000 millones de dólares anuales únicamente por energía, una cifra que transformaría de manera estructural la disponibilidad de divisas y modificaría una de las principales restricciones históricas al crecimiento económico.

Por eso, más allá de los problemas coyunturales que enfrenta hoy la construcción, el economista llamó a los empresarios a mirar el horizonte estratégico. Su mensaje final fue una síntesis de advertencia y esperanza: Argentina cuenta con recursos naturales, capacidad exportadora y condiciones macroeconómicas que podrían abrir un ciclo de crecimiento sostenido. La incógnita, según planteó, no está en las oportunidades sino en la capacidad política y social para aprovecharlas.

“Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”, concluyó.

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El peso argentino resiste el shock y entra en el top 5 de monedas más estables en medio de la guerra

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En medio de la escalada geopolítica en Medio Oriente y del salto en los precios del petróleo, el peso argentino aparece entre las monedas con mejor desempeño relativo frente al dólar. Mientras gran parte de las divisas del mundo registran fuertes depreciaciones por la búsqueda de refugio en activos seguros, la moneda local figura entre las cinco que menos se debilitaron desde el inicio del conflicto.

De acuerdo con datos de mercado, el ranking lo encabeza el shekel israelí, que se aprecia cerca de 0,7% frente al dólar. Luego se ubican el dólar canadiense, con una suba de 0,4%, y el dólar de Hong Kong, prácticamente estable. En cuarto lugar aparece la lira turca, con una depreciación de 0,3%, mientras que el peso argentino ocupa el quinto puesto, con una caída moderada de 0,4% desde el cierre de febrero.

Aunque el saldo es levemente negativo, el desempeño resulta destacado si se lo compara con el de otras monedas relevantes como el euro, el franco suizo o el yuan chino, que mostraron mayores caídas frente al dólar en medio de la incertidumbre global.

En América Latina, además, el peso argentino exhibe el mejor resultado relativo: divisas como el peso chileno, el sol peruano, el peso mexicano y el real brasileño acumulan depreciaciones que llegan hasta 5,3% en el mismo período.

Energía y materias primas, claves en la resistencia

Según el análisis de Guardian Capital, varias de las monedas que logran resistir la presión del dólar pertenecen a economías con fuerte vínculo con las materias primas, cuyos precios se dispararon tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una ruta por donde circula cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo.

En el caso argentino, la diferencia radica en el cambio estructural del sector energético. Gracias a la expansión de Vaca Muerta, el país pasó de ser importador a exportador neto de energía, lo que mejora la balanza comercial cuando el petróleo sube.

En ese escenario, los mayores precios internacionales del crudo anticipan más ingreso de dólares vía exportaciones, lo que contribuye a sostener al peso.

El flujo de dólares y las tasas, otro sostén

El economista Gustavo Ber sostiene que la relativa estabilidad del peso también se explica por el flujo de ingreso de divisas al mercado local, junto con tasas de interés elevadas que siguen atrayendo capitales financieros.

Estos factores ayudan a amortiguar el impacto del fortalecimiento global del dólar, impulsado por la búsqueda de refugio de los inversores en momentos de incertidumbre internacional.

Desde el equipo económico del Gobierno también minimizan el impacto del conflicto. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó desde Nueva York que la guerra en Medio Oriente no generó presión significativa sobre el mercado cambiario.

“Estamos ante uno de los mayores shocks externos de los últimos tiempos y el dólar no se movió. Lo importante es tener una macro sólida. En otro contexto, hubiera generado una debacle”, sostuvo.

La intervención del Banco Central

Los analistas de GMA Capital señalan que el comportamiento del peso también estuvo influido por la actividad del Banco Central en los mercados financieros.

Durante la última semana, la autoridad monetaria moderó el ritmo de compras de reservas, con un promedio cercano a US$62 millones diarios, mientras en el mercado de futuros de dólar se registraron volúmenes elevados de contratos en el corto plazo y una baja en las tasas implícitas, señales que sugieren intervenciones oficiales para limitar la presión alcista sobre el tipo de cambio.

Agro y energía: los dólares que vienen

Hacia adelante, el desempeño del peso dependerá en gran medida de cuánto se prolongue la tensión global. Sin embargo, el mercado anticipa que la oferta de divisas podría fortalecerse en los próximos meses.

La soja, principal fuente de ingreso de dólares del país, sube cerca de 6% desde el inicio del conflicto y acumula un avance de 17% en lo que va del año, con precios cercanos a US$450 por tonelada. Las exportaciones del complejo agroindustrial podrían ubicarse entre US$34.000 millones y US$36.000 millones en 2026.

A esto se suma el sector energético. En 2025 la balanza comercial energética registró un superávit récord de US$7.800 millones, y las proyecciones para este año, antes del conflicto, estimaban entre US$8.000 millones y US$10.000 millones. Con el petróleo en alza, el ingreso de divisas podría superar esas previsiones.

Un escenario todavía desafiante

Pese a la resiliencia reciente, el panorama cambiario sigue condicionado por la evolución del conflicto global. Si la tensión se prolonga, el equipo económico podría intensificar su presencia en el mercado de futuros de dólar para moderar eventuales presiones.

Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que la combinación de mayor oferta de dólares del agro, exportaciones energéticas en expansión y tasas altas continúe sosteniendo la estabilidad relativa del peso frente a un contexto internacional volátil.

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