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La faena vacuna cae 10%, pero los feedlots acumulan hacienda para fin de año

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La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que la menor cantidad de animales enviados a faena convive con una oferta futura considerablemente acumulada dentro de los corrales de engorde. El dato publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario permite mirar hacia adelante está en el nivel de encierre: al 1° de septiembre, los feedlots alojaban 2,086 millones de vacunos, un 5,6% más que un año atrás y, según los registros del SENASA, un máximo histórico.

En lo que va del año se viene registrando un contundente ajuste en el nivel de faena. Sin embargo, los corrales de engorde aún sostienen niveles de encierre récord, que podrían aportar un volumen importante de animales terminados durante los próximos meses

De acuerdo con los datos recientemente publicados por la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario, entre enero y agosto la faena vacuna alcanzó las 8.130.170 cabezas, lo que representa una caída del 10% respecto de los registros de un año atrás.

El dato no sorprende, puesto que el mercado ya esperaba una baja significativa en los volúmenes faenados durante este año, frente a la clara necesidad de retención de determinadas categorías de animales que venían extrayéndose a tasas muy elevadas, en especial las hembras.

Asimismo, en paralelo, se profundizó un cambio en los sistemas de producción tendiente a alargar los ciclos de recría y engorde, que sin duda también ha afectado temporalmente la cantidad de animales disponibles para su ingreso a faena.

Pero ¿cuánto de esta baja en los niveles de faena responde a un cambio estructural, asociado a una mayor retención general del rodeo, y cuánto obedece a un bache temporal de oferta que, de ser así, debería comenzar a traducirse en una mayor salida de animales terminados durante los próximos meses?

Lo cierto es que agosto refleja el 14.º mes consecutivo en el que la cantidad de animales ingresados a faena resulta inferior a la registrada en igual mes del año previo, dando cuenta de una tendencia descendente que ya se extiende por más de un año.

A su vez, en este contexto de menor faena, la proporción de hembras resulta significativamente más baja que la registrada durante los últimos ciclos. En efecto, agosto marcó una participación de hembras del 43,1%, el menor porcentaje desde junio de 2021, cuando, como consecuencia de una drástica intervención sobre los mercados, se restringieron las exportaciones con el objetivo de limitar la faena.

Esta vez, sin necesidad de una intervención, el propio mercado parece haber comenzado a regularse, con una mayor retención orientada a preservar la capacidad productiva futura.

Paralelamente, coexiste otro tipo de retención temporal de hacienda, producto del cambio en los sistemas de producción, que lentamente retornan hacia esquemas que años atrás eran habituales en nuestra ganadería: la recría.

Desde el año pasado a la fecha se viene observando una intensificación muy marcada de estos procesos como etapa previa al ingreso a corrales de engorde y terminación.

Actualmente, los feedlots aportan cerca del 38% del total de animales que llegan a faena. Su participación viene creciendo de manera prácticamente ininterrumpida desde 2020, cuando su oferta representaba cerca del 30% de la faena total.

Es por ello que comprender la dinámica de los corrales resulta clave para proyectar los niveles futuros de faena y producción de carne.

Según los datos informados por el SENASA al 1º de septiembre de 2026, los feedlots alojaban un total de 2,086 millones de vacunos, un 5,6% más que lo registrado un año atrás. Esta relación positiva se viene reafirmando desde comienzos de año y, más precisamente, a lo largo de los últimos diez meses.

Sin embargo, la estadística de ingreso y salida de los corrales no muestra la misma performance.

Durante agosto, según los registros del SENASA, salieron de los corrales de engorde 431.280 animales terminados, esto es, un 7,3% menos que un año atrás. Del mismo modo, esta dinámica de menores salidas mensuales se viene repitiendo durante los últimos once meses.

En el caso de los ingresos, también se observa una performance inferior a la del año pasado, aunque con caídas más pronunciadas. Desde mediados de 2025 los feedlots vienen recibiendo mensualmente menos hacienda que un año atrás.

En agosto de este año ingresaron, según SENASA, 341.098 animales, un 14% menos que en agosto del año pasado.

Por lo tanto, al contrastar ambas series, vemos que mientras el nivel de stock reportado por los feedlots viene superando sistemáticamente los registros del año previo —al punto de marcar un récord histórico de encierre—, el movimiento de ingreso y salida de animales no refleja el mismo comportamiento.

La diferencia es relevante: mientras los ingresos cayeron un 14%, los egresos lo hicieron un 7,3%. Esta combinación, junto con el stock acumulado de los meses anteriores, ayuda a explicar por qué los corrales mantienen actualmente un nivel de existencias tan elevado pese a estar recibiendo menos animales. En definitiva, un comportamiento compatible con el alargamiento de los ciclos productivos que se viene reflejando en todo el sistema ganadero.

Esta dinámica también se refleja en el peso medio de los animales faenados.

En efecto, los datos de industrialización muestran un crecimiento sostenido en el peso medio de la res faenada. En agosto, este indicador alcanzó un promedio de 246 kilos por res, unos 11 kilos más que en el mismo mes de 2025 y el máximo histórico en más de 30 años. Este incremento -consistente con un alargamiento de los ciclos productivos de recría y engorde- permite compensar parcialmente la menor cantidad de animales faenados con una mayor cantidad de kilos producidos por animal.

Sin embargo, en los próximos meses el factor climático volverá a poner a prueba a los sistemas de producción, tanto pastoriles como de confinamiento.

Las perspectivas de un año Niño, con lluvias por encima de lo normal, podrían generar dificultades operativas en distintas zonas productivas. En los sistemas pastoriles, el exceso de precipitaciones puede afectar el acceso y utilización de los potreros, mientras que en los corrales de engorde también puede restringir la capacidad de recepción y reducir sus márgenes por menor utilización.

En este contexto, la estacionalidad histórica de los movimientos de los feedlots adquiere especial relevancia.

Los próximos cuatro meses —septiembre, octubre, noviembre y diciembre— serán determinantes para establecer cuánto de la hacienda actualmente encerrada terminará convirtiéndose en oferta efectiva de faena.

De acuerdo con el comportamiento histórico, los egresos de los corrales suelen alcanzar niveles elevados durante este período, con octubre entre los meses de mayor salida. En tanto, septiembre, noviembre e incluso diciembre presentan habitualmente niveles de ingreso algo más moderados, aunque todavía superiores al promedio general.

En definitiva, de sostenerse este comportamiento, durante los próximos meses los feedlots deberían estar entregando, en promedio, cerca de 400.000 animales mensuales.

Considerando el período septiembre-diciembre, esto implicaría una oferta potencial cercana a 1,6 millones de cabezas provenientes de los corrales durante los últimos cuatro meses del año.

Este volumen, sin embargo, no debe interpretarse necesariamente como una oferta adicional o extraordinaria. Se trata de una estimación de los animales que podrían salir de los corrales durante el período y que, en buena medida, responden al stock actualmente acumulado y a la dinámica de permanencia dentro del sistema.

Por lo tanto, será clave observar cómo evolucionan las salidas de los feedlots en relación con el nivel de faena total.

Si efectivamente la actual dinámica de mayor permanencia en los corrales comienza a traducirse en una mayor oferta de animales terminados, la participación del feedlot dentro de la faena debería crecer por encima del 38% actual.

En cambio, si su participación se mantiene en torno a los niveles actuales, una oferta de aproximadamente 1,6 millones de animales terminados provenientes de los corrales durante septiembre-diciembre implicaría una faena total para el período cercana a los 4,2-4,3 millones de cabezas.

Sumados a los 8,1 millones de animales faenados hasta agosto, estos volúmenes llevarían la faena anual a un rango de aproximadamente 12,3-12,4 millones de cabezas.

El verdadero interrogante, por lo tanto, no es únicamente cuánto de la oferta futura está actualmente encerrada, sino a qué velocidad esos animales comenzarán a transformarse en oferta efectiva de faena.

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Menos faena y más kilos: la ganadería argentina da señales de un posible giro hacia la retención

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La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que tres indicadores comienzan a alinearse en una misma dirección: menos animales enviados a faena, una participación decreciente de las hembras y un mayor peso promedio por cabeza. El cuadro todavía no alcanza para confirmar el inicio de una fase de retención, pero sí permite identificar una transición potencial después de varios años caracterizados por la reducción del stock bovino.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) entre enero y julio de 2026 se faenaron 7,1 millones de cabezas, un 9,5% menos que en igual período del año pasado y cerca de un 10% por debajo del promedio de los últimos cinco años. Se trata, además, del volumen más bajo para los primeros siete meses de un año en nueve años y la proporción de hembras cayó al 44,3% en julio. Junto con un peso de la hacienda en máximos y una tasa de extracción en disminución, la oferta parece alejarse de la fase de liquidación.

En el presente artículo se analizará el desempeño del sector bovino nacional durante los primeros siete meses de 2026, a partir de distintos indicadores de oferta y su posible relación con el ciclo ganadero en Argentina.


La faena de hembras entra en zona umbral

El volumen y la composición de la faena son la principal puerta de entrada para leer en qué fase del ciclo se encuentra la ganadería. En lo que va de 2026, ambos indicadores comenzaron a dar señales. La faena durante los primeros siete meses de 2026 se ubicó en 7,1 millones de cabezas. Esto representa una disminución del 9,5% en comparación con el mismo período del año pasado, y cerca de 10% menos comparado contra el promedio de los últimos cinco años para dicho período. Además, es el registro más bajo en nueve años. El contexto de los últimos años estuvo caracterizado por una fase de liquidación de stocks que comenzó en el año 2019. Entre 2018 y 2025, la cantidad de cabezas en Argentina cayó de 55,0 a 50,9 millones, es decir, hubo en el transcurso de esos años una reducción del rodeo de 4,1 millones de bovinos.

Con la mejora en los precios de la hacienda, que alcanzaron en el transcurso del año en curso récords históricos (medidos tanto en dólares corrientes como en pesos reales deflactados por IPC), sumado a la adecuada disponibilidad hídrica generalizada en buena parte de las áreas productivas, se han visto incrementados los incentivos para reducir la faena de hembras y orientar la estrategia productiva hacia una recomposición de stocks. Todavía no hay evidencia concluyente acerca de que nos encontremos ingresando en una fase de retención, pero sí se observa que algunos indicadores comienzan a alejarse de los umbrales que indican liquidación.

Un ejemplo de lo anterior es el dato de porcentaje de hembras sobre el total de la faena. Históricamente, valores de este indicador por encima del 47% han tendido a coincidir con las fases de liquidación, mientras que valores por debajo del 43% han sido más acordes a fases de retención. Durante el agregado de los primeros siete meses de 2026 el registro se ubica en 46,6%, un valor relativamente alto, pero dentro de la zona umbral entre fases. Además de eso, se observa una tendencia decreciente en el transcurso del año de la proporción de hembras en la faena. En el último mes con datos oficiales, que es julio, la proporción de hembras en la faena disminuyó hasta el 44,3%, siendo este el mínimo registro en 44 meses, el cual ubica al indicador en una “zona intermedia” entre las dos fases que caracterizan el ciclo. 

Desde luego, cabe aclarar que el registro de julio todavía no confirma una fase de retención: para ello el indicador debería ubicarse debajo del 43%, y luego sostenerse en esa zona durante varios meses consecutivos, algo que no ocurre desde 2017. Lo que sí muestran los datos es una zona de posible transición: la señal es coherente con la idea de que el ciclo podría estar comenzando a girar de la liquidación hacia la retención, aunque el cambio no está aún definido ni consolidado, para ello habría que ver si la tendencia se ratifica en los últimos meses del año.


Menos cabezas, pero mayor peso

Los mismos factores que incentivan a la retención de hacienda, es decir, la buena disponibilidad hídrica y los altos precios del kilogramo vivo, impulsaron también a extender el engorde y a enviar animales más pesados a faena. A partir de ello, el peso promedio por animal ascendió durante los primeros siete meses de 2026 a 238,2 kg gancho, superando en 7,6 kg por animal al registro del año pasado, y en 9,5 kg al promedio del último lustro. Este peso promedio es el máximo en los registros para el período considerado, con datos desde 1990.

Si se observan los datos mensuales, en lugar del promedio enero-julio, los datos son aún más alentadores: en julio de 2026, el peso promedio por animal ascendió hasta los 244,3 kg gancho, el máximo valor en los registros. Esta dinámica de mayor agregado de peso previo a la faena se ve también reflejada en las existencias que hay en los establecimientos de engorde a corral. Tal como indica el informe de Rosgan del presente informativo, las mismas alcanzaron las 2.131.785 cabezas al 1° de agosto, lo que representa un incremento interanual del 4,9% respecto del mismo mes del año pasado.


La tasa de extracción también cerca de un valor umbral

Un último indicador que resulta de interés para analizar el estado del ciclo ganadero es el de la tasa de extracción, que puede ser aproximada a partir de la relación entre la faena total durante un año y el stock de bovinos al comienzo de este. En Argentina, la bibliografía especializada indica que existe un valor umbral del 24%: niveles por debajo de esta cifra suelen asociarse a períodos de retención (como ocurrió entre 2011 y 2018, donde el promedio fue del 23,2%), mientras que valores superiores sugieren una fase de liquidación.

Si se realiza el ejercicio teórico de anualizar la faena en base a los primeros siete meses de 2026 y a la estacionalidad promedio de los últimos años, el resultado sería una faena anual de alrededor de 12,3 millones de cabezas en el año en curso. Frente a un stock de 50,9 millones de cabezas a fines del año 2025, esto daría como resultado una tasa de extracción de 24,3% durante 2026, prácticamente en el umbral que delimita el paso de una fase a otra. Si efectivamente se mantuviese esta dinámica hasta fin de año, sería posible que hacia fines de año los stocks presentasen una ligera suba, dado que esto es lo que ha sucedido generalmente en años con niveles de extracción similares. De darse esta situación, los stocks podrían ubicarse en un entorno cercano a las 51,1 millones de cabezas a fines de año. Cabe mencionar, sin embargo, que esto constituye solo un ejercicio teórico, dado que todavía restan verse los movimientos durante los últimos cinco meses del año.

En síntesis, los tres indicadores analizados —una faena en mínimos con una participación de hembras en descenso, un peso por animal en máximos históricos y una tasa de extracción ubicada apenas por encima de su valor umbral— apuntan en una misma dirección: la de una posible transición desde la fase de liquidación hacia una de retención. Ninguno de ellos alcanza todavía para confirmar el inicio de esa nueva etapa, que recién podrá darse por consolidada si la tendencia se sostiene en lo que resta del año. Será clave, por lo tanto, continuar monitoreando de cerca la evolución de estos indicadores en los próximos meses.

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