Felichità Helados

El boom comercial de Oberá suma otra inversión: llegó Felichità Helados & Co

Compartí esta noticia !

Oberá está cambiando de escala. No ocurre de un día para otro ni responde a una única gran inversión, sino a una sucesión de apuestas privadas que empiezan a modificar el mapa comercial de la segunda ciudad de Misiones.

En poco tiempo, la ciudad sumó la llegada de Café Martínez, una de las franquicias gastronómicas más reconocidas del país; inauguró Galería Amelia, el primer shopping obereño, con 43 locales y decenas de nuevas empresas; y ahora incorpora un proyecto que combina gastronomía, industria y comercio: Felichità Helados & Co., una heladería con fábrica propia que abrió dos locales prácticamente en simultáneo.

Son inversiones diferentes en escala y características, pero tienen un denominador común: empresarios que detectan mercado en Oberá y deciden poner capital allí.

El caso de Felichità agrega, además, una historia familiar.

“Nosotros venimos de un rubro totalmente diferente, pero nuestro primer trabajo fue en una heladería. Siempre fuimos curiosos y nos gustaba el mundo de la heladería”, cuenta Fernando Bankowski, uno de los impulsores del emprendimiento junto a su familia.

Aquella experiencia juvenil quedó guardada durante años hasta convertirse en una inversión.

“De grandes decidimos invertir y dijimos: ‘¿Por qué no?’. En Oberá tenemos heladerías, pero soñábamos con hacer algo distinto, algo lindo para la ciudad”, relata.

Para que el proyecto dejara de ser solamente una idea, Bankowski decidió profesionalizarse. Estudió la carrera de maestro heladero, se capacitó en producción y comenzó a trabajar en el diseño de un negocio que tendría una característica central: no limitarse a vender helados, sino fabricarlos en Oberá.

El proyecto comenzó a desarrollarse hace aproximadamente nueve meses. Después vino una aceleración notable: el primer local abrió hace apenas 15 días y este sábado se suma el segundo, sobre avenida Libertad 545, frente a una de las plazas más concurridas de la ciudad. La primera sucursal está ubicada en Gobernador Barreiro 989.

De la heladería a una pequeña industria

Detrás de las vitrinas está probablemente la inversión menos visible para el consumidor: la fábrica.

Felichità incorporó maquinaria italiana para elaborar sus propios helados, una decisión que implicó inversión en equipamiento, capacitación y aprendizaje técnico.

“Las máquinas para fabricar el helado son italianas y hacen un producto de muy buena calidad. La capacitación lleva mucho tiempo porque el manejo requiere atención y mantenimiento”, explica Bankowski.

La diferencia que busca el emprendimiento está en el proceso artesanal.

“No es industrial. Se mantienen mucho más los sabores, los aromas y los colores. Es un helado más sabroso”, sostiene.

Pero la apuesta tiene también una pata misionera. Buena parte de las materias primas utilizadas para la elaboración se adquiere en Oberá o dentro de la provincia.

“En todos los sabores que llevan fruta, el 80 por ciento de la receta es a base de fruta fresca. Utilizamos también agua mineral y tratamos de comprar todo acá: frutilla, naranja, limón, maracuyá, todas las frutas que podamos conseguir en Misiones”, detalla.

Tener la fábrica a pocos metros del mercado permite otra dinámica: producir constantemente y reducir al mínimo el tiempo entre elaboración y consumo.

“Estamos fabricando permanentemente. El producto sale de la máquina, hace el proceso que corresponde y ya va a la vitrina”, explica.

Es, en pequeña escala, otra expresión del fenómeno que empieza a observarse en Oberá: inversiones comerciales que derraman hacia servicios, proveedores, producción y empleo local.

La inversión comenzó con un equipo de siete personas. Con la apertura del segundo local, la plantilla ya está llegando a 12 trabajadores.

“Lo que más apostamos también es a la generación de empleo”, señala Bankowski.

Y en el proceso de selección encontraron una imagen que terminó mostrando algo bastante más profundo que las necesidades particulares de una heladería.

La empresa realizó una convocatoria abierta. No exigió experiencia previa y priorizó la predisposición para aprender y trabajar en atención al público.

La respuesta los sorprendió. “Teníamos casi 200 metros de fila de chicos con el currículum en la mano. Estuvimos prácticamente doce horas haciendo entrevistas y seleccionando personas. Fue uno de los días más fríos del año y, para completar, llovía”, recuerda.

La postal quedó grabada en los emprendedores.

“Eso te da una pauta de la necesidad de trabajo. Nosotros, poniéndonos en ese lugar, queremos generar más oportunidades, sobre todo para los jóvenes. Fomentar un poco más el trabajo”, reflexiona.

La anécdota expone las dos caras del momento económico: por un lado, capital privado dispuesto a invertir; por otro, una demanda laboral que excede ampliamente la capacidad de absorción de cada nuevo emprendimiento.

En Felichità, prácticamente 200 metros de jóvenes esperando una entrevista bajo el frío y la lluvia terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más contundentes de todo el proyecto.

Los locales fueron diseñados con algunos rasgos italianos y con servicios que apuntan a prolongar la permanencia del cliente: Wi-Fi abierto, música funcional, aire acondicionado, sanitarios y enchufes para cargar dispositivos, además de espacios preparados tanto para consumir allí como para llevar.

“Son comodidades básicas, pero hacen la diferencia”, señala.

El otro elemento es la atención personalizada. El equipo recibió capacitación específica y la propuesta incorpora complementos incluidos con cada helado: baño de chocolate y toppings a elección del consumidor.

“Ojalá que el término megaheladería fuera más por la atención que por el tamaño del local”, sintetiza Bankowski.

Felichità, volver al primer trabajo

El nombre tampoco es casual.

Felichità remite a felicidad en italiano, pero también conecta a la familia con aquella primera experiencia laboral en una heladería.

“Cuando contábamos las anécdotas de nuestro primer trabajo siempre nos reíamos. Sabíamos que nos trasladaba a momentos de felicidad”, cuenta Fernando.

La idea terminó definiendo la identidad del negocio: “Un pedacito de Italia en el corazón de Oberá”.

La familia Bankowski, junto a Pablo Koch, buscó combinar la tradición heladera italiana con una identidad deliberadamente obereña: desde los trabajadores hasta buena parte de las materias primas y proveedores.

El concepto es sencillo. Un helado puede transportar a un adulto hacia su infancia, acompañar una salida familiar o convertirse simplemente en un pequeño gusto después de un día complicado.

“Siempre transmite eso. Y para una persona que está pasando un mal momento, por ahí se da un gustito, come un postre y aminora un poco el mal trago”, describe Bankowski.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin