fertilizantes nitrogenados

Argentina pagó US$ 180 millones extra por fertilizantes y busca reducir su dependencia importadora

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El mercado argentino de fertilizantes quedó atrapado en el primer semestre de 2026 entre dos fuerzas contrapuestas: una fuerte suba de los precios internacionales y una menor disponibilidad de producto. El resultado fue una combinación que encareció la estructura de costos del agro y redujo los volúmenes importados, al punto de que las compras externas registraron su segundo peor desempeño desde 2019.

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Argentina importó durante los primeros seis meses del año 437.000 toneladas de fertilizantes nitrogenados, 767.000 toneladas de fosfatados y 39.000 toneladas de productos potásicos. La urea fue el producto que mostró la mayor caída en volumen, precisamente el insumo cuya cotización recibió con mayor intensidad el impacto de la crisis internacional.

En el primer semestre, las importaciones de fertilizantes fueron las segundas más bajas desde 2019. Radiografía del mercado de fertilizantes tras el conflicto de Ormuz. Inversiones y potencial de Argentina en producción de urea.

1. La lupa puesta sobre los mercados globales de fertilizantes

El conflicto desatado en febrero de este año en Medio Oriente tuvo severas consecuencias sobre el mercado energético global, trasladándose a una crisis igual de profunda en el de fertilizantes. Tanto el cierre del Estrecho de Ormuz como los ataques a la infraestructura petrolera regional tuvieron impactos importantes en los precios globales de productos energéticos que son insumos claves para la producción de fertilizantes. A su vez, las restricciones de flujos implicaron una contracción importante de la oferta mundial de fertilizantes e insumos clave salidos desde el Golfo Pérsico.

Los nitrogenados en general y la urea en particular, fueron los más golpeados por la crisis. Previo al conflicto, por el Estrecho de Ormuz pasaba cerca de un quinto del comercio de gas natural del mundo y la cuarta parte del comercio de urea global. Siguiendo al petróleo, el GNL se disparó tras desatada la crisis, generando un efecto dominó sobre los mercados que dependen de los hidrocarburos como insumo clave (como lo son la urea, el amoníaco y el azufre). Debido al uso intensivo de GNL en la producción de urea, el efecto en los costos fue directo, encareciendo el producto final.

Las decisiones de grandes productores y exportadores de urea también tuvieron gran peso: India, uno de los principales productores y mayor importador de este producto, detuvo momentáneamente su producción debido a la escasez de gas; China, uno de los exportadores clave, restringió sus exportaciones temporalmente para asegurar su abastecimiento interno. De esta forma, el mercado global de nitrogenados sufrió un fuerte estrangulamiento de oferta. Por lo tanto, como efecto dominó, el cierre del canal marítimo puso en jaque a la cadena de suministro de la urea tanto desde la producción hasta la logística, resultando en un salto del precio en dicho producto de más del 100% respecto al mes de enero, considerando que los valores ya tendieron a normalizarse.

En comparación con los máximos vistos en 2022, el precio de la urea no llegó a superar este umbral. Según el Banco Mundial, se identifican varios factores que limitaron parcialmente las subas: por un lado, los países productores del hemisferio norte ya habían asegurado gran parte de sus necesidades de campaña; en segunda instancia, el GNL subió menos que durante la guerra ruso-ucraniana; por último, debido al redireccionamiento de los suministros por fuera del Estrecho de Ormuz, aunque afrontando mayores costos logísticos.

En el caso del mercado de fosfatados, los productos están siendo afectados por una combinación de factores. La creciente estrechez en la oferta de azufre —un insumo esencial para producir roca fosfórica — elevó significativamente los costos industriales. Según la FAO, cerca de la mitad del comercio mundial de azufre se concentra en la región afectada por el conflicto. A ello se sumó la suspensión de la producción de amoníaco en Irán y de amoníaco y azufre en Qatar, luego de los ataques contra sus instalaciones. Como resultado, el precio del azufre llegó a duplicarse respecto de enero, contribuyendo a encarecer la producción de fosfatados. En ese período, el superfosfato triple (TSP) acumuló una suba del 39 %, mientras que el DAP aumentó un 27 %.

Sin embargo, el elevado nivel de precios del complejo fosfatado responde también a factores previos y de carácter más estructural. Desde fines de 2025, el mercado ya se encontraba bajo presión: en septiembre de ese año, el DAP había alcanzado valores incluso superiores a los observados durante la crisis reciente, mientras que el TSP posteriormente superó aquel máximo. Esta situación se explica por una oferta comercial de azufre cada vez más ajustada, la creciente competencia de la minería por ácido sulfúrico y las restricciones chinas a las exportaciones de MAP y DAP, que redujeron la disponibilidad de producto en el mercado internacional. Sobre esa base, la crisis de Ormuz profundizó el desequilibrio y amplificó la reacción de los precios que se mantienen firmes en el mercado.


2. Las importaciones de fertilizantes en el primer semestre de 2026, muestran el segundo peor desempeño desde 2019

En el marco de un ajetreado primer semestre para el mercado de fertilizantes, los volúmenes importados por Argentina sufrieron la disparada de precios globales. En conjunto, la importación de fertilizantes en el primer semestre tuvo su segundo peor año desde 2019. En el complejo nitrogenados, se compraron al exterior 437.000 t; en el rubro fosfatados, se adquirieron 767.000 t; en cuanto a los del tipo potásico, las importaciones fueron 39.000 t. La urea fue el producto que más cayó en volumen, lo cual es lógico pensando en que su precio fue el que más se disparó durante el periodo. Los fosfatados se mantuvieron prácticamente sin cambios entre años.

Cabe destacar que, el mínimo de 2023 se debió a la fuerte sequía que experimentó el país en ese año. Como se explica en el Informativo Semanal N° 2141, el consumo ese año sufrió mermas muy importantes, al igual que las importaciones, al hacerse visibles los resabios del desastre climático.

Medido en términos de valor, el primer semestre de 2026 marcó el segundo registro más alto de la historia con USD 1.762 millones, impulsado principalmente por precios de importación más altos.

La crisis de precios en los mercados globales, como se ve, no fue neutral para la Argentina. Lo peor del conflicto se vio en los meses de abril y mayo, cuando el petróleo alcanzó máximos no vistos desde la guerra ruso-ucraniana. Como se observa, durante esta etapa los precios CIF de importación promedio también llegaron a máximos desde la explosión del conflicto en Europa.

En general, la suba de precios supuso un sobrecoste importante para el sector. Si tomamos los precios promedio de importación del primer semestre de 2025 por producto con las cantidades importadas en esta primera mitad de este año, se arriba a un sobrecoste teórico de USD 180 millones en lo que va del año. Esto sin considerar que la suba de precios también generó una contracción en las cantidades importadas.

El reflejo de los precios excesivamente altos se observa con claridad en los últimos datos mensuales de importación. La importación de nitrogenados para junio es la más baja desde 2015 y 60% inferior al promedio del último lustro. Para los fosfatados la situación es similar: el tonelaje más bajo desde 2018, 34% por debajo del promedio quinquenal. 

Mirando hacia adelante, el desempeño importador en los meses que restan del año dependerá de lo que suceda con el conflicto en Medio Oriente. Argentina importa en promedio el 50% de su consumo de nitrogenados (en años de normalidad operativa) y el 80% en fosfatados. Teniendo en cuenta que, en promedio, tres cuartas partes de la importación de nitrogenados se produce en el segundo semestre del año, en la antesala a la siembra de los granos gruesos, la normalización del comercio y precios relativamente en niveles promedio será esencial para asegurar una rentabilidad de aplicación aceptable para la gruesa 2026/27. 


3. Nuevo RIGI: Argentina se encamina a dar un salto en producción de urea granulada

Por último, vale agregar que, en el sector agrícola los fertilizantes son un activo estratégico y fundamentales para garantizar la Seguridad Alimentaria en los países. En el caso de Argentina, se tiene una producción de fertilizantes entre 1,4 y 1,9 Mt según el año bajo consideración. En 2025, se alcanzó una producción de 1 Mt de nitrogenados, 0,4 Mt de fosfatados y 0,2 Mt de azufrados.

Sin embargo, los volúmenes de producción de fertilizantes a nivel doméstico no son suficientes para suplir toda la demanda interna, en línea con los importantes volúmenes de importaciones que realiza el país año tras año. Contemplando que el consumo de fertilizantes se ubica en torno a 5 Mt, se encuentra que solo el 30/35% se explica por producción local. A esto se agrega que, dada la presión impositiva actual en el sector, existe un subconsumo para reponer los nutrientes que se extraen.

Es en este marco que, la aprobación de un nuevo proyecto de inversión RIGI para la construcción de una nueva planta de producción de urea en Bahía Blanca ante la mayor producción de gas de Vaca Muerta, es una noticia que agrega expectativas muy positivas en post de mejorar el abastecimiento doméstico de este insumo estratégico para el agro argentino. Con una inversión por USD 2.700 millones, será la mayor planta de urea de Latinoamérica y una de las más grandes del mundo con la expectativa de aportar una producción anual de 2,1 Mt de urea. Es decir, el país podría dejar de ser un importador neto de este insumo y dependiendo de diferentes factores, abastecer una demanda creciente a nivel o local o encontrar posibilidades de exportación a otros países como el caso de Brasil, el cual es clave como importador mundial de este producto.

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Fertilizantes: la dependencia importada crece y el conflicto en Medio Oriente presiona sobre un insumo clave para el agro

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La importación de fertilizantes en Argentina alcanzó en 2025 su segundo mayor volumen del siglo, con 4,1 millones de toneladas, un 28% más que en 2024, cuando habían ingresado 3,2 millones. El dato, relevado por la Bolsa de Comercio de Rosario con base en cifras del INDEC, confirma algo más que un rebote de la demanda: muestra que el agro argentino profundizó su dependencia del componente importado en un momento en que el conflicto en Medio Oriente empezó a tensionar la cadena global de suministros. El dato más sensible está en los nitrogenados: el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa Argentina provienen de esa región. Y en paralelo, el precio FOB de la urea en Medio Oriente saltó de US$ 483 por tonelada a US$ 685, un aumento de hasta 42% que llevó las cotizaciones a niveles no vistos desde fines de 2022. La discusión ya no pasa solo por cuánto fertilizante compra el país, sino por cuánto margen tiene para sostener esa demanda si se encarece el acceso a uno de los insumos que apuntalan la producción agrícola.

Récord de importaciones y un mercado interno que consume más, pero depende más

El informe de la Bolsa rosarina muestra una doble dinámica. Por un lado, el consumo doméstico de fertilizantes siguió creciendo. Por otro, aumentó el peso de las compras externas para abastecerlo. Esa combinación describe una expansión del uso del insumo, pero también una mayor vulnerabilidad frente a shocks internacionales.

Según los datos oficiales, Argentina importó en 2025 un total de 4,1 millones de toneladas de fertilizantes. Sólo quedó por debajo del récord de 2021. La composición de esas compras revela con claridad dónde está concentrada la demanda: los fertilizantes nitrogenados, entre ellos la urea, explicaron 2,10 millones de toneladas, equivalentes al 52% del total importado. Los fosfatados, con MAP y DAP como principales productos, sumaron 1,87 millones de toneladas, es decir el 46%. Los potásicos aportaron apenas 85.000 toneladas, un 2% del total.

La comparación interanual también expone el ritmo del movimiento. Las importaciones crecieron 24% en nitrogenados, 33% en fosfatados y cayeron 1% en potásicos. Detrás de esa expansión hubo un estímulo productivo concreto: una superficie récord de trigo y el segundo máximo de hectáreas sembradas de maíz funcionaron como motores de la demanda. A eso se sumaron los récords productivos del trigo y la proyección de igual estatus para el maíz 2025/26, dentro de un contexto climático favorable para gran parte del país.

La señal es clara. Cuando el agro expande superficie y apunta a mayores rindes, la demanda de fertilizantes se acelera. Pero en esta oportunidad ese crecimiento quedó cada vez más atado al mercado externo.

La producción local no alcanzó y Profertil volvió a quedar en el centro del sistema

El otro factor que empujó las importaciones fue la menor capacidad de la producción nacional para sostener la oferta. El informe marca que durante el año pasado la planta de Profertil, principal productora nacional de urea granulada, atravesó dos paradas en su actividad.

La primera interrupción respondió al temporal que afectó a Bahía Blanca en marzo y obligó a frenar operaciones durante una semana. La segunda fue una parada técnica de varias semanas, un antecedente que, según la Bolsa, ya se había visto en 2021. El efecto fue directo: la producción local quedó parcialmente resentida y eso elevó la necesidad de importación.

En términos políticos y económicos, ese dato reabre una cuestión estructural. La matriz de abastecimiento de fertilizantes no depende sólo de la dinámica internacional ni del apetito del productor. También depende de la robustez de la capacidad local para responder cuando sube la demanda o cuando el contexto global se vuelve más inestable. Si una planta central reduce su operación, el sistema necesita compensar con más compras externas. Y eso, en un mercado tensionado, tiene costos.

El consumo crece, pero no al ritmo de la intensidad de uso

Los datos preliminares de Fertilizar y CIAFA muestran que 2025 habría registrado el tercer mayor consumo doméstico de fertilizantes del que se tenga registro. La estimación ubica el uso en 5,1 millones de toneladas, un 3% más que en 2024. Además, se trató del tercer año consecutivo de recuperación del consumo.

Sin embargo, el informe incorpora un matiz importante. Aunque el volumen consumido subió, la intensidad de aplicación no acompañó en la misma proporción. Desde Fertilizar remarcan que la cosecha récord de trigo convivió con una caída en las dosis aplicadas por hectárea. Es decir: el sistema logró mayor producción, pero no necesariamente sobre la base de una fertilización más intensiva.

Ese punto tiene implicancias de fondo. El aumento del consumo total no implica automáticamente un salto uniforme en manejo agronómico o reposición de nutrientes. Puede haber más demanda porque hay más superficie, pero con ajustes en dosis por unidad. En otras palabras, el mercado se expandió, aunque sin despejar del todo las discusiones sobre sustentabilidad productiva y eficiencia del uso de insumos.

Origen de las compras: una dependencia más diversificada en nitrogenados, pero con un foco sensible en Medio Oriente

La estructura de proveedores muestra dos mapas distintos. En los nitrogenados, Argentina presenta un origen más diversificado. En los fosfatados, la concentración es mayor.

Para los fertilizantes nitrogenados, los principales abastecedores en 2025 fueron Nigeria con 15%, Rusia con 13% y Argelia con 13%. Luego aparecen Omán, Turkmenistán y Qatar. En el caso de los fosfatados, el podio quedó en manos de China con 28%, Marruecos con 23% y Rusia con 14%.

La Bolsa resalta una diferencia relevante. Los tres mayores proveedores de fosfatados concentran 65% de las importaciones, mientras que en los nitrogenados la tríada principal suma 41%. Eso sugiere que los nitrogenados tienen una red de provisión relativamente más distribuida. Sin embargo, esa dispersión no elimina el riesgo geopolítico. Porque cuando se observa el mapa por regiones, aparece un dato decisivo: el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa Argentina provienen de Medio Oriente. Si se toma el universo total de fertilizantes, el 18,3% tiene origen en esa zona.

Ese porcentaje transforma una crisis regional en un problema local potencial. No por una hipótesis abstracta, sino porque casi cuatro de cada diez toneladas de nitrogenados importados dependen de un corredor hoy sometido a tensiones.

Medio Oriente, Ormuz y el insumo que impacta de lleno en el costo agrícola

La coyuntura internacional dejó de ser un ruido de fondo y pasó a ser un factor de presión concreta sobre el negocio de los fertilizantes. Según el informe, tras el estallido del conflicto en Irán, la paralización del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz ganó centralidad en la dinámica global del mercado. Por ese paso fluye un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes. Con la restricción a la movilidad en el canal, comenzaron a verse comprometidas las entregas.

La urea quedó particularmente expuesta. El informe señala que, luego de un ataque iraní a instalaciones de Qatar Energy, la empresa estatal qatarí suspendió su actividad y, con ello, sus exportaciones. El punto es sensible porque no se trata solamente de una interrupción logística. Parte de la infraestructura energética del Golfo Pérsico ya sufre disrupciones materiales que afectan el suministro.

La consecuencia se multiplica porque el gas es decisivo en la estructura de costos del fertilizante. Según la Bolsa, el gas representa más de la mitad del costo de la urea, dependiendo del país importador. Y además, el 80% de las exportaciones de gas de Qatar se concentraban en Asia, especialmente en India y China, dos jugadores centrales que son al mismo tiempo productores y demandantes de urea. Si el abastecimiento de gas se complica, también se encarece o limita la capacidad de producir fertilizante.

El informe enumera efectos inmediatos: el cierre de tres grandes plantas productoras de urea en la India, que dependían del GNL qatarí, y la decisión de China de liberar sus reservas comerciales nacionales de fertilizantes. Es decir, el conflicto no solo alteró expectativas; ya generó respuestas concretas de oferta y administración de stock en países clave.

La urea salta a precios de 2022 y Sudamérica empieza a sentir el traslado

El impacto en precios fue inmediato. El FOB de la urea en orígenes con fuerte peso exportador registró subas de hasta 42%. Apenas una semana después del inicio del conflicto, el valor en Medio Oriente había trepado de US$ 483 por tonelada a US$ 685 por tonelada. Para encontrar niveles similares hay que remontarse a fines de 2022.

La Bolsa agrega que, a tres semanas del comienzo del conflicto y sin perspectivas cercanas de resolución, las cotizaciones se mantienen estables en esos niveles superiores. Ese detalle importa porque no habla de un pico transitorio, sino de una meseta alta.

Además, el salto del FOB ya empezó a trasladarse a los valores de importación en Sudamérica. Para Argentina, ese movimiento no es menor. Dado el peso creciente del componente importado en el consumo nacional, cualquier suba sostenida en la urea impacta sobre la ecuación de costos del productor y, por extensión, sobre las decisiones de siembra, de dosis y de estrategia comercial.

Repercusiones: el mercado agrícola gana volumen, pero pierde margen de maniobra

La lectura política y económica del informe va más allá de la foto comercial. Por un lado, el dato de importaciones récord puede leerse como señal de dinamismo del agro: hubo más superficie, más demanda y un mercado que siguió comprando insumos. Pero al mismo tiempo, esa expansión dejó más expuesto al sistema productivo a factores que Argentina no controla.

En términos de correlación de fuerzas, el escenario fortalece a los proveedores externos y coloca bajo presión a toda la cadena local que depende de nitrogenados importados. También devuelve centralidad a la discusión sobre abastecimiento, infraestructura y producción local de insumos estratégicos. Si una parte significativa del consumo depende del exterior y, además, una fracción sensible de ese exterior está concentrada en una zona en conflicto, la autonomía del sistema se reduce.

En el plano económico, la amenaza no es solamente una suba del costo. También aparece el riesgo de retrasos, faltantes o compras a valores más altos en momentos clave de la campaña. Y en el plano institucional, el informe instala una advertencia sobre la fragilidad de una cadena que puede crecer fuerte en años favorables, pero resentirse rápido cuando coinciden interrupciones locales y tensión geopolítica.

Un escenario abierto para el agro: más demanda no garantiza estabilidad

La Argentina cierra 2025 con un mercado de fertilizantes más grande, pero también más condicionado por variables externas. El segundo mayor volumen de importación del siglo y el tercer mayor consumo doméstico muestran un agro activo, con expectativas productivas altas. Sin embargo, el contexto internacional alteró el tablero.

En las próximas semanas habrá que mirar dos planos al mismo tiempo. Hacia adentro, si la producción local logra recomponer capacidad y amortiguar parte de la dependencia. Hacia afuera, si el conflicto en Medio Oriente prolonga la presión sobre Ormuz, mantiene interrumpidas exportaciones clave y consolida a la urea en una franja de precios elevada.

La tensión no es menor: un insumo central para trigo y maíz quedó atravesado por una cadena global más frágil, costos energéticos en alza y una logística bajo presión. El agro argentino llega a esta etapa con más volumen y mejores perspectivas de producción, pero con menos colchón frente a un shock externo que recién empieza a mostrar hasta dónde puede escalar.

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