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Uruguay bajo la lupa del FMI, resiliencia económica y necesidad de consolidación fiscal

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) concluyó su misión del Artículo IV en Uruguay, realizada entre el 8 y el 19 de septiembre de 2025, y presentó un balance preliminar que subraya la solidez macroeconómica del país frente a un contexto global incierto, aunque advierte sobre el aumento del déficit fiscal proyectado en 2025. La evaluación, liderada por Raphael Espinoza, reconoce la estabilidad del sistema financiero, la baja inflación y las abundantes reservas, pero plantea desafíos en materia de sostenibilidad fiscal y reformas estructurales.

La declaración del personal técnico al término de la misión del Artículo IV correspondiente a 2025

Una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), encabezada por el Sr. Raphael Espinoza, visitó Montevideo del 8 al 19 de septiembre para la realización de la consulta del Artículo IV de 2025. Al final de la visita, la misión emitió la siguiente declaración:

Contexto y coyuntura económica

La economía uruguaya sigue siendo resiliente en medio de la creciente incertidumbre mundial. Tras una grave sequía en 2023, la producción agrícola creció significativamente en 2024, sustentando el crecimiento en torno al potencial y contribuyendo a reducir el déficit de cuenta corriente a -1 por ciento del PIB. La apreciación significativa en términos reales de la moneda argentina también contribuyó a mejorar la posición externa en 2024 y aumentó los ingresos de turismo a comienzos de 2025. Con la brecha del producto cerrándose, la tasa de desempleo ha disminuido y los salarios reales están creciendo en línea con la productividad. El déficit fiscal del gobierno central, incluida la seguridad social (GC-BPS) aumentó en 2024 a 3,2 por ciento del PIB, lo que obligó a activar la cláusula de escape de la regla fiscal. Las reservas internacionales son abundantes y alcanzaron un nivel equivalente a 11 meses y medio de importaciones a fines de agosto de 2025.

La inflación se ha mantenido dentro del rango de tolerancia del Banco Central del Uruguay (BCU) durante más de dos años. El fortalecimiento global del dólar y la incertidumbre en torno al referéndum sobre la reforma jubilatoria contribuyeron a una depreciación del peso a fines del 2024, lo cual generó un aumento de la inflación. Esto motivó al BCU a subir tres veces la tasa de política monetaria. En 2025, tras el debilitamiento global del dólar, con la apreciación del peso y una caída de las expectativas de inflación, la inflación se redujo a 4,2 por ciento en agosto, por debajo de la meta del BCU, lo que justificó recortes de tasas en julio y agosto.

La incertidumbre en torno a la política comercial mundial ha tenido hasta ahora un impacto macroeconómico directo limitado. Esto se debe a las relaciones comerciales diversificadas de Uruguay y a su fuerte dependencia a las materias primas, cuyos precios se han mantenido estables. Uruguay mantiene un acceso favorable a los mercados financieros, respaldado por calificaciones crediticias de grado de inversión y spreads soberanos en mínimos históricos, actualmente los más bajos de la región.

Un nuevo gobierno asumió el cargo en marzo, con una agenda que busca equilibrar el crecimiento inclusivo con la estabilidad macroeconómica. La agenda prioriza el crecimiento económico sostenible, impulsado por la inversión privada y la mejora de la competitividad, al tiempo que amplía la protección social y se compromete con la prudencia fiscal y la baja inflación. En julio, el gobierno emitió nuevos lineamientos para la ronda regular de negociaciones salariales de dos años de duración, con el fin de impulsar los salarios de los trabajadores de ingresos bajos y contribuir a la desindexación. 

Perspectivas y Riesgos

Se prevé que el crecimiento se modere en 2025. 
Se espera un crecimiento de 2,5 por ciento en 2025 y 2,4 por ciento en 2026, impulsado por la recuperación de los salarios reales tras la pandemia y menor incertidumbre interna. Se espera que la inflación se consolide en torno a la meta de 4,5 por ciento, lo que permitiría al BCU contemplar una relajación gradual de la política monetaria si el contexto interno y las expectativas inflacionarias lo permiten. Se prevé que el déficit de cuenta corriente aumente levemente a 1,7 por ciento del PIB a mediano plazo, en línea con los fundamentos económicos.

Los riesgos macroeconómicos están equilibrados. Los escenarios negativos se derivan del entorno internacional, que está sujeto a shocks de política comercial y de precios de materias primas, de la incertidumbre regional, y de shocks climáticos. Las amplias reservas de liquidez, los largos plazos de vencimiento de la deuda, las condiciones favorables de endeudamiento y una creciente proporción de emisiones de deuda interna limitan los riesgos fiscales a corto plazo. Los riesgos sistémicos permanecen contenidos, debido a un ratio crédito/PIB bajo, amplia liquidez y capitalización bancaria, abundantes reservas de divisas y un nexo soberano-bancario limitado. Los escenarios positivos incluyen altos rendimientos agrícolas, precios favorables de las materias primas, nuevos acuerdos comerciales, oportunidades de ganar mercados y atraer inversiones, y efectos mayores a lo previsto de las reformas estructurales.

Políticas de estabilidad y crecimiento

Política fiscal

Se prevé que el déficit fiscal aumente en 2025 debido a la inercia fiscal. Dado que las opciones de política fiscal están limitadas por el calendario de transición de gobierno y las rigideces del gasto, se proyecta que el déficit del GC-BPS aumente a 4,1 por ciento del PIB en 2025 (3,7 si se incluyen los cuarentones), es decir, 0,9 puntos porcentuales por encima del déficit de 2024. Según la nueva administración, este aumento proyectado se debe principalmente a la postergación de gastos del año 2024, a pagos anticipados de impuestos, y a nuevos gastos comprometidos en los últimos años. Esta inercia hace que la posición fiscal sea ligeramente procíclica en 2025, dentro de un contexto de una brecha del producto casi cerrada.

El proyecto de ley de presupuesto quinquenal tiene por objeto reducir el déficit y estabilizar la deuda a mediano plazo por debajo de una nueva ancla de deuda prudencial. Contempla un aumento permanente del gasto e inversión social, que se financiará con un aumento gradual de los ingresos mediante la modernización y mayor eficiencia de la administración tributaria, la lucha contra el fraude fiscal, la implementación del impuesto mínimo global, y la racionalización de determinados impuestos. Estos esfuerzos contribuirían a mejorar el saldo primario estructural del GC-BPS, de -1,5 por ciento del PIB en 2025 y 2026 a 0,1 por ciento del PIB en 2029. La deuda neta se estabilizaría debajo de la nueva ancla prudencial, en torno al 63 por ciento del PIB frente al 58 por ciento del PIB en 2024. Este ajuste está sujeto a riesgos derivados del entorno macroeconómico y del contexto impositivo internacional, de demoras en la ejecución, y de presiones de gasto en el futuro. Se recomiendan más esfuerzos para situar la relación deuda/PIB en una trayectoria descendente a mediano plazo, subiendo gradualmente el saldo primario del GC-BPS hasta alrededor de 1/2 por ciento del PIB en 2029. Entre las opciones que existen están reducir los incentivos fiscales, moderar el gasto salarial y mejorar la eficiencia de los gastos.

La propuesta de reforma de la institucionalidad fiscal ayudará a consolidar los avances recientes en materia de credibilidad y promoverá la disciplina fiscal. Las mejoras, que están en línea con recomendaciones anteriores del FMI, incluyen metas vinculantes de la regla fiscal ancladas a un nivel prudencial de deuda neta sobre PIB, mecanismos correctivos sobre las desviaciones, y una mayor autonomía y un mandato ampliado del Consejo Fiscal. La puesta en marcha adecuada de esta reforma y el cumplimiento de las metas serán importantes para obtener los beneficios reputacionales esperados. Se prevé que el diálogo social sobre protección y seguridad social culmine con propuestas en abril de 2026, y será importante que cualquier propuesta de reforma sea coherente con el objetivo de garantizar la sostenibilidad del gasto social.

Política monetaria

El nombramiento del primer Presidente del BCU sin afiliación política marca un avance en la independencia de facto del banco central. Fundamental para la estrategia de desinflación ha sido el compromiso de llevar la inflación a la meta de 4,5 por ciento, respaldado por una política monetaria contractiva y una mejor comunicación del banco central, así como por el presupuesto y los lineamientos del gobierno para la negociación colectiva.

La política monetaria ha sido apropiadamente contractiva. Con expectativas de inflación más bajas, la tasa real de interés está por encima de la tasa neutral. Esto, junto con la apreciación del peso, ha ayudado a bajar la inflación. Las recientes reducciones de la tasa de política monetaria se justifican por una disminución de la inflación y de sus expectativas. Seguir destacando en las comunicaciones públicas que la meta de inflación es de 4,5 por ciento con un rango de tolerancia debería continuar ayudando a anclar las expectativas.

El BCU mejoró significativamente su marco de política monetaria, incluyendo su comunicación, pero esfuerzos adicionales podrían fortalecer aún más su credibilidad. El tipo de cambio debe seguir absorbiendo los shocks, y las intervenciones cambiarias deben utilizarse únicamente para responder a condiciones de mercado desordenadas. Para mejorar la transmisión de la política monetaria y fortalecer el sector financiero, el BCU comenzó a reformar su estrategia de desdolarización. Una primera propuesta de ley se centra en incrementar la competencia en el mercado de depósitos en moneda local. Para alinear la independencia de jure del BCU con la de otros bancos centrales de la región y así fortalecer aún más su credibilidad, se recomienda que la designación de los miembros del Directorio siga las mejores prácticas internacionales, incluyendo la designación por períodos fijos que no coincidan con el ciclo electoral.

Sector financiero

El sistema bancario está bien capitalizado, tiene alta liquidez, y es rentable. Los bancos uruguayos mantienen ratios de capital que casi duplican el requisito regulatorio mínimo, con una rentabilidad sólida y un bajo nivel de morosidad respaldado por provisiones adecuadas. Si bien la dolarización amplifica los riesgos de crédito y liquidez en divisas, estos riesgos están atenuados por un bajo nivel de endeudamiento de los hogares, una deuda empresarial moderada y con cobertura de riesgos, y abundantes reservas de divisas. La intermediación financiera sigue siendo baja, ya que el crédito privado representa solo un 31 por ciento del PIB, aunque ha aumentado 10 por ciento del PIB desde 2010. Los riesgos para la estabilidad financiera relacionados con la vivienda son bajos, debido a que el mercado de viviendas residenciales es relativamente pequeño y los precios son estables.

Las autoridades mantienen su compromiso de fortalecer el marco regulatorio y de supervisión. La regulación de los proveedores de servicios de activos digitales ha mejorado y el perímetro regulatorio se ha ampliado. La Superintendencia de Servicios Financieros debe continuar implementando su hoja de ruta para fortalecer su marco de supervisión basada en riesgos. Las iniciativas previstas buscan mejorar la gestión de datos y la presentación de información dentro del sistema de supervisión financiera. El Comité de Política Macroprudencial creado recientemente debería aprovecharse para fortalecer el marco macroprudencial. La nueva Estrategia Nacional de Lucha contra el Lavado de Dinero y otras iniciativas regulatorias en curso reforzarán la eficacia del marco Anti Lavado de Dinero y Contra el Financiamiento del Terrorismo de Uruguay y su alineación con las normas del Grupo de Acción Financiera Internacional.

Un mayor acceso al crédito y la desdolarización apoyarían el crecimiento y contribuirían a la estabilidad macroeconómica. El acceso limitado al crédito en moneda local y el desarrollo modesto de los mercados de capital menoscaban la contribución del sector financiero al crecimiento y limitan la eficacia de la política monetaria. Mejorar el acceso al crédito de empresas solventes —en especial en segmentos desatendidos como las PYMES—, manteniendo al mismo tiempo normas de crédito prudentes, combinadas con reformas regulatorias para facilitar la igualdad de condiciones, podría contribuir al desarrollo financiero.

Políticas estructurales

Tras un período de crecimiento lento, las reformas estructurales son fundamentales para impulsar el potencial económico de Uruguay. Reformas ambiciosas podrían dar frutos ya que Uruguay tiene brechas respecto a las economías avanzadas en términos de infraestructura, facilitación del comercio, barreras a la entrada y cuellos de botella regulatorios, concentración del mercado, capital humano y acceso al crédito. Las nuevas autoridades ya han anunciado medidas para reducir la burocracia, abrir nuevos mercados de exportación, así como modernizar las instituciones y los incentivos fiscales a la inversión, la promoción de las exportaciones y la innovación. También se están destinando más recursos para aumentar el capital humano, atraer talento extranjero y abordar la inseguridad. Para los próximos años, se recomienda intensificar el programa de reformas, por ejemplo simplificando los procesos de creación de empresas, la concesión de licencias y la tributación, reforzando la política de competencia, mejorando la calidad educativa y reduciendo la deserción escolar. El gobierno está reformando el marco de incentivos en las empresas públicas para alinear mejor los salarios con la productividad. Además, para sacar mejor provecho de las capacidades de las empresas públicas es importante asignar eficientemente recursos y fijar precios que reflejen los costos. El gobierno ha establecido una agenda para desarrollar mecanismos financieros para una mejor adaptación al cambio climático, un tema considerado política de Estado en el país.

Uruguay está ganando reconocimiento regional en innovación e Inteligencia Artificial (IA). Para maximizar los beneficios potenciales de la IA, sería recomendable cerrar las brechas digitales e integrar la innovación impulsada por la IA en la educación y la industria de una manera equitativa y ética. Además, apoyándose en los éxitos recientes en adopción de tecnología, se podrían diseñar programas para los trabajadores vulnerables a la IA.  

El mercado laboral uruguayo enfrenta importantes desafíos, como una flexibilidad limitada, un alto desempleo juvenil y el envejecimiento de la población. Las instituciones del mercado laboral han contribuido a lograr estabilidad y una desigualdad relativamente baja, además de permitir mecanismos de coordinación que ayudan a sortear las crisis. Sin embargo, las empresas perciben las prácticas de contratación y fijación de salarios como restrictivas. La introducción de medidas que permitan tener en cuenta la heterogeneidad de empresas en estas prácticas fortalecería la competitividad, contribuiría a una asignación más eficiente de recursos humanos y podría dinamizar las oportunidades de empleo. Los lineamientos propuestos recientemente por el gobierno para la negociación salarial están alineados con los objetivos de inflación y contribuyen a la desindexación, además de impulsar los salarios de bajo ingreso. Dadas las altas tasas de desempleo de las poblaciones vulnerables, se recomienda vigilar los posibles efectos de la nueva ronda salarial sobre el empleo de jóvenes y trabajadores poco calificados. El envejecimiento de la población plantea riesgos para el crecimiento y la sostenibilidad, resaltando el valor de las políticas que fomentan la participación en la fuerza laboral y la integración de la población migrante en el mercado laboral.

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Impuestos 2026: Ganancias y combustibles lideran el crecimiento según el Presupuesto

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El proyecto de Presupuesto 2026, enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, estima que la recaudación tributaria alcanzará los $90,3 billones, lo que representa un crecimiento nominal del 22,5% y real del 11% respecto a 2025. El esquema contempla un PBI en alza del 5% y un impacto diferenciado según tributo, con fuerte incremento en combustibles y CO₂ y la desaparición del Impuesto PAIS.

El Palacio de Hacienda fundamentó las proyecciones en un escenario de crecimiento del PBI del 5% y una inflación estimada en 10,1% anual. Bajo estas variables, el Gobierno espera que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) obtenga $90,3 billones en 2026, frente a los $73,6 billones que se calcula recaudar en 2025.

La mejora de los ingresos permitirá, según el Ejecutivo, compensar la pérdida de recursos generada por la eliminación del Impuesto PAIS (1% del PBI) y la rebaja en Bienes Personales (0,3 puntos del PBI).

El Presupuesto prevé además un superávit fiscal del 1,5% del PBI, menor al 2,2% estimado en los compromisos con el FMI, aunque en línea con un escenario de crecimiento más dinámico.

Los tributos que más aportarán en 2026

  • Impuesto a las Ganancias: aportará $16,5 billones, con un incremento nominal del 24,2% y real del 12,8%.
  • IVA neto de devoluciones: sumará $32,9 billones, con un alza nominal del 19% y real del 8%, consolidándose como el tributo más relevante.
  • Impuesto a débitos y créditos bancarios: se prevé una recaudación de $16,4 billones, lo que implica un crecimiento real del 10%. Pese a su peso, es uno de los tributos bajo debate para su eventual eliminación.
  • Retenciones a las exportaciones: generarán $9,9 billones, con un avance real del 11%, reflejando el repunte esperado del comercio exterior.
  • Derechos de importación: alcanzarán $6,5 billones, con una suba real del 17%, en línea con el aumento proyectado en compras externas.
  • Impuestos a combustibles líquidos y a emisiones de CO₂: serán los de mayor crecimiento, al pasar de $1,7 billones a $2,9 billones (+71% nominal, +55% real), por la aplicación de actualizaciones postergadas.

Desde el Ministerio de Economía se subrayó que la estrategia tributaria no descansa únicamente en mayores alícuotas, sino en la ampliación de la base imponible, la mejora en la administración y el impulso de la actividad económica.

En términos políticos, el esquema busca sostener un equilibrio delicado: recaudación creciente con menor presión fiscal selectiva, en un contexto de austeridad y renegociaciones con el FMI. La eliminación del Impuesto PAIS implica un giro relevante, ya que representaba una de las principales fuentes transitorias de ingresos en años previos.

Las proyecciones abren interrogantes sobre su viabilidad: analistas advierten que la recaudación depende fuertemente de que el crecimiento del PBI supere el 5% previsto y que la inflación se mantenga controlada. Además, sectores exportadores y bancarios podrían objetar el peso de los tributos que continúan elevados.

El debate parlamentario del Presupuesto 2026 será decisivo para confirmar estas metas, en un año donde el oficialismo buscará consolidar credibilidad fiscal sin frenar la recuperación económica.

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Las burbujas financieras de Milei duran meses y dependen del FMI, según un informe privado

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Un informe elaborado por el Área de Economía y Tecnología de la FLACSO junto con el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA-CTA) advierte que el intento del gobierno de Javier Milei por montar un nuevo ciclo de valorización financiera fracasó en su primera etapa. Según el trabajo, las burbujas especulativas impulsadas por altas tasas en pesos y la apertura del carry trade se desinflan en cuestión de meses, a diferencia de experiencias previas en las que estos procesos llegaron a sostenerse durante años.

El documento, firmado por el investigador del CONICET Pablo Manzanelli, concluye que la causa central es la imposibilidad de acceder al endeudamiento externo en un contexto de elevada carga de vencimientos y crisis heredada de la gestión de Mauricio Macri. “Estamos ante un programa por fuera de su tiempo histórico”, sintetiza el estudio.

Cuatro intentos fallidos y un salvataje del FMI

El informe detalla que entre diciembre de 2023 y agosto de 2025 hubo cuatro intentos frustrados de generar burbujas financieras a través de instrumentos como las LECAP y los plazos fijos en pesos, con rendimientos en dólares que en algunos casos llegaron al 18% mensual en los inicios.

La primera burbuja, sostenida por un superávit comercial de casi u$s19.000 millones entre diciembre de 2023 y junio de 2024, colapsó en apenas tres meses por la reducción de tasas y la escalada del dólar MEP y CCL. La segunda, apalancada en el blanqueo de capitales que generó un ingreso extraordinario de u$s23.300 millones, se desarmó a comienzos de 2025 con una pérdida de reservas de más de u$s5.000 millones.

El FMI intervino en abril de 2025 con un desembolso de u$s12.396 millones, lo que permitió frenar una corrida cambiaria y estabilizar transitoriamente el tipo de cambio. Sin embargo, esa asistencia no logró sostener el carry trade: en julio de este año se registraron rendimientos negativos de hasta -7,8% en dólares para las LECAP, tras la recomendación de JP Morgan de desarmar posiciones.

El talón de Aquiles: la deuda externa y la fuga de capitales

El estudio subraya que, a diferencia de las experiencias de la dictadura (1976-1981), la convertibilidad (1991-2001) y el macrismo (2016-2019), el actual programa no contó con un ciclo de endeudamiento externo que garantizara la sostenibilidad de la valorización financiera. Entre diciembre de 2023 y marzo de 2025, la deuda pública se redujo en u$s7.800 millones, lo que Manzanelli define como un “desendeudamiento forzoso”.

El único ingreso dinámico de divisas provino del sector privado, con u$s16.000 millones vinculados al blanqueo. No obstante, ese mecanismo muestra signos de agotamiento tras varios casos de default corporativo (Generación Mediterránea, Celulosa, Grobocopatel, entre otros).

La firma del acuerdo con el FMI en abril disparó además una formación de activos externos por u$s14.730 millones en apenas tres meses y medio, fenómeno que, aunque no se tradujo de inmediato en pérdida de reservas por la adopción de bandas cambiarias, presionó al alza sobre el tipo de cambio oficial.

De cara al futuro, el trabajo advierte que los vencimientos de deuda en moneda extranjera ascienden a u$s28.774 millones en 2026 y a u$s36.216 millones en 2027, niveles difíciles de afrontar incluso con la expansión prevista de las exportaciones energéticas.

Un escenario cada vez más frágil

El documento concluye que la estrategia de Milei “empeora los términos del problema” al desconocer la herencia de la crisis de deuda y generar compromisos crecientes en divisas que son difíciles de refinanciar. “Las burbujas financieras truncas, de apenas meses de duración, son el reflejo de la falta de condiciones estructurales para un nuevo ciclo de valorización financiera”, señala el autor.

En este contexto, el estudio plantea que cualquier alternativa de estabilización —sea desde las finanzas o desde la economía real— deberá enfrentar el desafío central de los vencimientos externos. Lejos de morigerarse, el problema “se agrava en el tiempo” y condiciona la viabilidad política y económica del programa oficial.

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El Gobierno flexibiliza el apretón monetario: menos encajes y más crédito para pymes

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Caputo y Bausili confirman que se relajará el “súper apretón monetario” con el objetivo de recomponer el crédito y sostener la actividad

En una señal política y económica luego de la derrota de La Libertad Avanza en las elecciones bonaerenses, el equipo económico encabezado por el ministro de Economía Luis Caputo y el presidente del Banco Central Santiago Bausili confirmó que se suavizará el apretón monetario aplicado en los últimos meses. La decisión incluye una baja de tasas de interés y una flexibilización en las exigencias a los bancos para recomponer la oferta de crédito al sector productivo, en especial a las pymes, golpeadas por la escasez de pesos.

El viraje se explica por dos factores: la presión política tras la derrota electoral y el impacto negativo que generó la política de tasas altísimas en la economía real.

Durante los últimos meses, el Banco Central había llevado las tasas de pases a niveles superiores al 60% anual, en línea con la estrategia de “súper apretón monetario” para contener la inflación y estabilizar el dólar dentro de la banda cambiaria acordada con el FMI.

El esquema había contribuido a mantener la calma en el frente cambiario —el dólar mayorista cerró ayer en $1.432, apenas por debajo del techo de la banda fijado en $1.460—, pero generó una fuerte contracción del crédito y asfixió financieramente a las empresas.

El apretón monetario era transitorio. Ahora vamos hacia una situación de mayor normalidad”, reconoció Bausili en una entrevista pública.

Medidas anunciadas: baja de tasas y alivio a los bancos

El Banco Central dispuso esta semana una reducción de diez puntos en la tasa de pases con las entidades financieras, además de disminuir los rendimientos de las Lecap en la última licitación.

En paralelo, el Gobierno anticipó que habrá una revisión de las exigencias de encajes diarios, que obligaban a los bancos a inmovilizar más del 50% de sus depósitos en el BCRA. Esta normativa había incrementado la volatilidad en el mercado y presionado al alza las tasas activas.

La medida apunta a que las entidades dispongan de más liquidez para prestar al sector privado a tasas más bajas, en un contexto donde las pymes y empresas industriales advertían por el corte en las líneas de financiamiento de corto plazo.

“Las compañías se encontraron con situaciones muy complicadas por la escasez de pesos y el nivel de tasas. Queremos que los bancos tengan mayor disponibilidad para acompañar la recuperación”, enfatizó Caputo.

El viraje en la política monetaria podría marcar un punto de inflexión en la relación con el sector productivo, aliviando el costo financiero en momentos de recesión. Sin embargo, analistas advierten que la decisión abre un nuevo frente de riesgos: si la baja de tasas no está acompañada por disciplina fiscal, podría reavivar la presión inflacionaria.

Por ahora, la estrategia del Gobierno descansa en la estabilidad cambiaria y en la credibilidad de la banda del dólar, cuyo techo en torno a los $1.460 funciona como ancla. El desafío será sostener esa calma sin perder el apoyo del FMI, que monitorea de cerca el cumplimiento de las metas monetarias y fiscales.

En lo político, el anuncio busca mostrar sensibilidad ante el voto de castigo recibido en Buenos Aires y enviar un mensaje de distensión hacia el empresariado y los gobernadores, que reclamaban un cambio de rumbo para evitar que la recesión erosione la gobernabilidad.

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Con el riesgo país a 1.108 puntos, el FMI tuvo que salir a mostrar su apoyo a Milei

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El riesgo país tocó un nuevo máximo en lo que va del 2025, expresando los crecientes temores de los inversores. El FMI tuvo que salir a apoyar al gobierno en X.

En un día complejo para los activos financieros argentinos, el riesgo país volvió a desbocarse y cerró en 1.108 puntos básicos, récord en casi un año. Con ese panorama y un aumento del dólar que lo llevó a pasos del techo de la banda, la vocera del FMI salió a mostrar su apoyo al gobierno a través de X.

Esta fue la expresión de la vocera del FMI, Julie Kozavk: “el personal del FMI colabora estrechamente con las autoridades argentinas en la implementación de su programa para afianzar la estabilidad y mejorar las perspectivas de crecimiento del país. El personal del FMI colabora estrechamente con las autoridades argentinas en la implementación de su programa para afianzar la estabilidad y mejorar las perspectivas de crecimiento del país”.

Y luego siguió: “Apoyamos su compromiso de garantizar la sostenibilidad del marco cambiario y monetario del programa, así como su continua adhesión al ancla fiscal y a la agenda integral de desregulación. Apoyamos su compromiso de garantizar la sostenibilidad del marco cambiario y monetario del programa, así como su continua adhesión al ancla fiscal y a la agenda integral de desregulación”.

El riesgo país en rojo

La suba del riesgo país muestra que las decisiones del gobierno luego de los resultados de las elecciones en la provincia de Buenos Aires no terminan de convencer a los inversores. Al mismo tiempo, la tensión con las provincias, que piden más recursos, mientras que el gobierno nacional debería disminuírlos para mantener la aclamada ancla fiscal, generan mayor desconfianza.

Mientras que ayer, lunes 08/09, el riesgo país había pasado los mil puntos pero luego cerró en 901 puntos básicos, hoy el temor de cese de pagos se disparó a 1.108 puntos básicos, el peor valor de este año y récord desde el 10/10/2024 cuando marcó 1.126.

Este aumento en el riesgo país incluso ocurre con una tendencia alcista en los bonos en dólares, que repuntaron hasta 4% luego de un lunes gris.

El dólar quedó al filo de la banda

El dólar mayorista cerró en $1.416,50, cerca del $1,471 que limita las bandas de flotación de la divisa. A pesar de las altas tasas de interés, la desconfianza toma protagonismo y empuja la demanda de dólares en el escenario preelector. Los inversores prefieren dolarizar sus ahorros hasta las elecciones de octubre, para resguardarse de cualquier cambio en el tipo de cambio.

El dólar minorista quedó en $1.432,84 mientras que el blue cerró en $1.385.

El dólar MEP y el CCL cerraron en $1.430,74 y $1.439,73, respectivamente.

Merval

El Merval sufrió una leve baja de 0,25%, que se suma a un desplome del 13,3% en pesos ayer. Las acciones tuvieron rendimientos diversos: Pampa Argentina aumentó 3,06%, YPF subió 2,95%, Loma Negra cayó (-0,13%), Grupo Galicia tuvo una cotización negativa de (-2,25%) y Central Puerto (-2,45%), por citar algunas empresas.

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