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Caputo llevó al G20 el rumbo económico argentino y se reunió con Georgieva

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El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se reunió en Estados Unidos con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, en la antesala de una nueva reunión del G20. El encuentro estuvo centrado en la agenda económica argentina y en los avances que el Gobierno busca consolidar en materia de estabilidad y crecimiento.

“Gran encuentro con Kristalina Georgieva en el marco de las reuniones del G20. Aprovechamos para conversar sobre la agenda económica de la Argentina y los avances que estamos logrando para consolidar la estabilidad y fortalecer el crecimiento”, señaló Caputo a través de su cuenta de X.

La reunión adquiere relevancia porque se produce mientras el Gobierno intenta sostener ante los principales actores financieros internacionales el programa económico implementado desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia. El equilibrio fiscal, la estabilidad monetaria y las reformas estructurales constituyen los ejes que la delegación argentina busca presentar como señales de continuidad del rumbo económico.

La agenda argentina frente a las principales economías

Caputo participa de las reuniones de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20, donde expondrá sobre la evolución de la economía argentina y los lineamientos de la política económica oficial.

El ministro está acompañado por el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y el secretario de Política Económica, José Luis Daza. La delegación argentina buscará instalar la recuperación de la estabilidad macroeconómica como uno de los principales resultados del programa oficial y, al mismo tiempo, explicar la estrategia para sostener el crecimiento.

El temario internacional incorpora además cuestiones vinculadas con la evolución de la economía mundial, la deuda soberana, los desequilibrios globales, la educación financiera y la prevención del fraude. Para la Argentina, el escenario representa una oportunidad para sostener el diálogo con organismos multilaterales y gobiernos de las principales economías.

El encuentro con Georgieva se inscribe precisamente en esa estrategia. El FMI constituye uno de los principales interlocutores externos de la política económica argentina y el vínculo con el organismo resulta relevante para la evaluación internacional del programa fiscal y monetario.

Búsqueda de respaldo en Washington

Durante su estadía en Estados Unidos, Caputo también procura mantener un encuentro con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. El contacto cobra especial importancia por el respaldo que la administración de Donald Trump brindó durante el último año al programa económico argentino.

Ese vínculo también quedó asociado al apoyo financiero estadounidense que permitió al Gobierno atravesar períodos de tensión en los mercados y reforzar su posición frente a las presiones financieras.

Por eso, la agenda de Caputo excede la participación protocolar en el G20. El objetivo es mostrar ante los principales actores económicos internacionales que el Gobierno mantiene el compromiso con el equilibrio fiscal y la estabilidad monetaria, mientras busca profundizar las reformas económicas.

Para el ministro, el desafío consiste ahora en convertir esa estabilización en una plataforma de crecimiento sostenido. El mensaje que llevará al G20 combina así dos dimensiones: defender los resultados alcanzados desde el inicio de la gestión de Milei y mantener abierto el respaldo internacional necesario para avanzar con la siguiente etapa del programa económico.

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Replanteando el desarrollo

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Por Gordon Hanson, Dani Rodrik y Rohan Sandhu / F&D FMI – El futuro del desarrollo económico será muy diferente al de su pasado

La economía mundial está entrando en una nueva etapa en la que la seguridad nacional y los objetivos geopolíticos ocupan un papel mucho más importante en las agendas políticas gubernamentales. Incluso dejando de lado el declive del multilateralismo y el aumento de la protección comercial en las economías avanzadas, la industrialización orientada a la exportación ha perdido su brillo como vehículo de confianza para el crecimiento económico y la creación de empleo. El cambio climático sigue siendo una amenaza constante, mientras que la revolución de las energías renovables ofrece tanto esperanza como nuevas posibilidades de cambio estructural.

Adaptarse a estas disrupciones requiere una reconsideración sustancial de las estrategias de crecimiento tanto en países de ingresos bajos como medios. El enfoque debe cambiar de las industrias orientadas a la exportación hacia la gran mayoría de las personas en países de ingresos bajos y medios que trabajan en sectores de servicios tradicionales no comercializados. Mejorar la situación de los vendedores ambulantes, trabajadores de la industria colaborativa, microemprendedores y otros que no han sido tocados por los mercados globales hará más por las economías nacionales en desarrollo que, por ejemplo, montar smartphones. Los responsables políticos harían bien en adaptarse cuanto antes.

El objetivo del desarrollo económico no ha cambiado: una mayor productividad laboral y la oportunidad de obtener un ingreso digno. En el pasado, las estrategias de crecimiento exitosas enfatizaban capacidades fundamentales junto con el cambio estructural (Rodrik 2014). Los fundamentos se centraban en la gobernanza, las instituciones, los mercados integrados y el capital humano. El cambio estructural se logró mediante la industrialización: convertir a los agricultores rurales de subsistencia en obreros urbanos de fábricas. Cuanto más rápida es la industrialización, más rápido será el crecimiento económico resultante. Y cuanto mayor sea la inversión en fundamentos, mayor será la probabilidad de un crecimiento sostenible.

Patrones de empleo

Ese modelo solo ha llegado hasta cierto punto y puede que se desarrolle esencialmente para muchas economías en desarrollo. Consideremos los futuros patrones de empleo en el mundo en desarrollo. Basándonos en la demografía actual, la educación, el comercio y las tendencias de industrialización, podemos hacer algunas proyecciones aproximadas de la composición ocupacional. La Tabla 1 clasifica las ocupaciones en función de los requisitos educativos (colegio/no colegio) y la exposición al comercio internacional (expuesto/protegido) una década después para todas las economías en desarrollo, excluyendo China (que requiere un tratamiento separado dado su avance inicial en la manufactura). Listamos ejemplos de trabajos en cada celda.

Las cifras tienen implicaciones sorprendentes. Primero ten en cuenta que la mayoría de los trabajadores no tendrán estudios universitarios. En segundo lugar, más de tres cuartas partes estarán en ocupaciones que no están directamente expuestas a la economía internacional, ya sea a través del comercio o de la “deshorcabilidad”. Lo más importante es que aproximadamente dos tercios de la fuerza laboral del mundo en desarrollo estará en ocupaciones que no requieren educación universitaria y que no son negociables. Actualmente, estos son trabajos de muy baja productividad, predominantemente informales como la venta ambulante, el trabajo doméstico y de restauración, y la agricultura de subsistencia.

La conclusión ineludible es que los modos estándar de transformación productiva —es decir, la inversión en educación convencional y la industrialización orientada a la exportación— ya no pueden generar grandes cantidades de buenos empleos. Por tanto, estas estrategias no contribuirán mucho a las oportunidades de ingresos para la mayoría de los trabajadores en economías en desarrollo. En cambio, el desafío central del desarrollo económico actual es cómo aumentar la productividad en los empleos no comercializados, principalmente en servicios, que no requieren una educación universitaria estándar. Esa pregunta debería enmarcar todas las discusiones sobre el futuro de la estrategia de desarrollo.

Servicios no comerciales

A principios de este año, lanzamos la Iniciativa de Transformación Económica Global de la Escuela Kennedy de Harvard para ayudar a los responsables políticos a encontrar respuestas a este desafío del desarrollo económico. Nuestra conferencia inicial destacó nuevas investigaciones sobre la importancia de los servicios para el crecimiento económico y, especialmente, evidencias recientes de los académicos Tianyu Fan, Michael Peters, Youdan Zhang y Fabrizio Zilibotti que sugieren que existe un crecimiento significativo de la productividad en muchos servicios no comerciales tradicionalmente considerados estancados. Al mismo tiempo, nuestras discusiones revelaron que muchos líderes de economías en desarrollo siguen firmes en la importancia de la industrialización como vehículo para la diversificación económica, la transición verde, las exportaciones y el crecimiento. Al fin y al cabo, los servicios denotan en gran medida actividades de baja cualificación, baja productividad y supervivencialistas en la mayoría de los países.

La manufactura es importante por varias razones (recaídas de productividad y aprendizaje, atracción de inversión, seguridad nacional), pero ya no es la generadora de empleo que fue antes. Se ha vuelto considerablemente más intensivo en capital en la mayoría de los países y sectores. El crecimiento de la productividad en los enclaves industriales no es significativo para el desarrollo económico si no crea también empleos para el resto de la población. Y centrarse en sectores como los semiconductores, el montaje de smartphones o vehículos eléctricos no impulsará por sí solo mucho crecimiento. El enfoque debe estar en generar crecimiento de la productividad en actividades donde la mayoría de los empleos están y permanecerán. Necesitamos una versión actualizada de las políticas industriales que funcionaron bien para fomentar la industrialización, pero esta vez principalmente para los servicios no comercializados.

Esa estrategia tiene dos patas. Uno se centra en el lado de la oferta laboral, en la formación profesional y el desarrollo de la fuerza laboral. La otra se centra en la demanda de mano de obra, en mejorar la productividad de las empresas locales. Estas dos caras deben coordinarse para lograr el máximo impacto en el empleo productivo.

Nuestras proyecciones indican que para la mayoría de los trabajadores en economías en desarrollo, y en el futuro previsible, la transición al mercado laboral será un paso directo de la educación secundaria al mundo laboral. Una transición exitosa implica replantear nuestro enfoque en el desarrollo de la fuerza laboral. La educación secundaria en muchos países hoy en día hace poco para aumentar el poder de ingresos individual. Las clases no están orientadas a las habilidades ocupacionales que buscan los empleadores ni enseñan a la gente las habilidades blandas necesarias para encontrar buenos empleos y avanzar profesionalmente.

Oportunidades de cambio

Sin embargo, abundan las oportunidades de cambio. Muchas economías en desarrollo han hecho recientemente o están considerando hacer obligatoria la educación secundaria superior (para edades de 15 a 18 años). Esto abre una ventana para que la formación profesional y técnica en sistemas educativos reemplace los modelos fallidos del pasado. Existe evidencia creíble de que este tipo de formación puede ser eficaz en una amplia variedad de entornos. La digitalización continua de los datos de educación y empleo, incluso en países de bajos ingresos, permite diseñar, probar e implementar programas que respondan a necesidades específicas del mercado laboral regional de una manera que antes era inimaginable. En países de ingresos altos y algunos de ingresos medios, los programas profesionales y técnicos sub-bachillerato forman a trabajadores para buenos empleos en sanidad, construcción, servicios personales y soporte e infraestructura informática. Si se modifican adecuadamente, estos enfoques son fácilmente aplicables en todo el mundo en desarrollo (Hanson 2026).

En cuanto a la demanda, necesitamos políticas industriales más adecuadas para las empresas más pequeñas que dominan los servicios. Una estrategia busca animar a las grandes empresas a invertir en las capacidades de sus proveedores u otras pequeñas empresas. Por ejemplo, las empresas de plataformas pueden ayudar a empresas minoristas y de servicios de restauración, así como a trabajadores de plataformas que usan sus sistemas con asistencia técnica y de marketing. El gobierno puede impulsar a estas empresas a hacer aún más y puede trabajar con exportadores consolidados, operadores mineros y grandes minoristas para expandir y mejorar productivamente su red de proveedores locales. Muchos grandes empleadores cuentan con programas de formación exclusivos que pueden adaptarse para servir a una gama más amplia de empresas.

Otra estrategia proporcionaría a las micro y pequeñas empresas recursos públicos directos que aumenten la productividad. Muchos gobiernos ya ofrecen estos servicios, que van desde préstamos hasta formación en gestión. Pero estos programas normalmente no están orientados a la productividad y rara vez tienen en cuenta las limitaciones a las que se enfrentan las pequeñas empresas. La evidencia de intervenciones en economías en desarrollo sugiere que una formación gerencial cuidadosamente dirigida, la asistencia en marketing y la provisión de tecnología pueden aumentar la productividad y el empleo en empresas informales más pequeñas (Rodrik y Sandhu 2025).

Aprendizaje y experimentación

De estas nuevas políticas surgen varios mensajes clave, ya sea centrados en trabajadores o empresas. Primero, los empleos productivos son la clave para el desarrollo económico, y cuantos más haya, mejor. La tecnología, la innovación, las exportaciones e incluso el propio crecimiento son insuficientes si benefician solo a un segmento reducido de la fuerza laboral. En segundo lugar, el éxito en el ámbito del desarrollo dependerá en gran medida del destino de los servicios no comercializados. Estas actividades están dominadas por empresas más pequeñas, pero generan la mayor parte del empleo. Sin un aumento sustancial en su productividad, el desarrollo se estancará.

El éxito depende de una cultura de aprendizaje y experimentación. Los gobiernos no pueden elegir ganadores; No saben de antemano qué funcionará. Esta incertidumbre debe tenerse en cuenta en los programas gubernamentales. Los enfoques colaborativos e iterativos, abiertos a revisión y centrados en eliminar restricciones mediante el apoyo público, deben sustituir los programas de arriba abajo por subvenciones fiscales y parámetros fijos del programa.

Se dice que los generales siempre se preparan para luchar en la última guerra. Los profesionales del desarrollo deben evitar ese error y aceptar los nuevos enfoques que requieren las circunstancias cambiadas.

GORDON HANSON es el profesor Peter Wertheim de Política Urbana en la Universidad de Harvard y asociado de investigación en la Oficina Nacional de Investigación Económica.

DANI RODRIK es la Profesora Ford Foundation de Economía Política Internacional en la Harvard Kennedy School.

ROHAN SANDHU es el director fundador de la iniciativa Reimagining the Economy en la Harvard Kennedy School.

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Argentina a dos velocidades: el elogio del FMI a Vaca Muerta no alcanza a la economía real 

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El fuerte dinamismo del sector energético y minero en la Argentina convive con un mercado interno que no logra arrancar, configurando una economía “a dos velocidades” donde los beneficios macroeconómicos aún no se traslucen en el bolsillo de la población.  Así lo señala un análisis de coyuntura de la firma VT Markets, que pone el foco en el creciente contraste entre el desempeño del frente exportador y la debilidad del consumo en el país. 

El diagnóstico coincide con la reciente visita de la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, a Vaca Muerta. Durante el primer semestre del año, el petróleo se convirtió en el principal producto de exportación del país al desplazar a la soja, impulsando un salto del 61,7% interanual en el superávit comercial de energía y una suba del 42,5% en las ventas externas del sector. 

Sin embargo, la propia titular del organismo pidió públicamente que el desarrollo hidrocarburífero “impulse la economía real”.  Al evaluar la situación de los distintos sectores, Alfredo Marentes, Analista de Mercados de VT Markets, remarcó:”Existe un motor externo potente, pero un mercado interno que no arranca. Vemos una economía a dos velocidades donde energía, minería, agro e intermediación financiera lideran, mientras industria, comercio, construcción y logística permanecen rezagados, golpeados por un consumo interno débil y salarios que no logran recomponerse

El mecanismo de atracción de inversiones como el RIGI favorecen proyectos intensivos en capital pero con bajo encadenamiento productivo local, por lo que buena parte de los dólares que ingresan no necesariamente se traduce en empleo o actividad fuera de las provincias energéticas”.  El análisis advierte que consultoras privadas ya proyectan una caída desestacionalizada del PIB de entre 0,5% y 1% para el segundo trimestre, contrapuesta al avance del 0,7% registrado en los primeros tres meses del año. 

Si bien el riesgo país mostró una compresión notable y Fitch elevó la calificación soberana a “B-“, la atención de los analistas apunta a la sostenibilidad del esquema a mediano plazo.  “La preocupación de los mercados no es tanto por el presente, sino por la sostenibilidad política de un modelo que reparte sus beneficios de forma muy desigual”. 

Y agregó: “Si la recuperación no se percibe en el bolsillo de la mayoría, el riesgo es que la desconexión entre los indicadores macro y la economía cotidiana erosione el respaldo social a las reformas, justo el tipo de riesgo que los inversores terminan descontando primero en el precio de los bonos”, afirmó Marentes.  A este escenario local se le suma un frente de incertidumbre geopolítica en los Estados Unidos, donde las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre podrían reconfigurar la relación financiera. 

El apoyo del Tesoro norteamericano —reflejado en el swap de hasta USD 20.000 millones y la disposición a intervenir en el mercado cambiario— ha sido clave para contener la volatilidad cambiaria a finales de 2025. No obstante, dado que Donald Trump condicionó ese respaldo al desempeño electoral del oficialismo argentino, la pérdida de terreno del Partido Republicano en el Congreso estadounidense podría alterar esa dinámica.  

“Un mal resultado electoral de Trump debilitaría la capacidad para desplegar herramientas discrecionales del Tesoro sin mayor escrutinio de un Congreso que ya ha cuestionado el uso del Fondo de Estabilización Cambiaria para apoyar gobiernos extranjeros. Además, un gobierno debilitado internamente concentrará capital político en la agenda doméstica, reduciendo el ancho de banda disponible para sostener compromisos financieros externos”, concluyó Marentes.  

Con el horizonte político local despejado en el frente interno en 2026, las miradas se desplazan ahora hacia Washington. Aunque el escenario base sigue siendo la continuidad del apoyo estadounidense, la falta de despegue en la economía cotidiana combinada con los cambios en el mapa político en EE.UU. agregan una capa de incertidumbre que no estaba presente meses atrás. 

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Prototipo de cipayos asumidos

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Vergonzoso y totalmente apátrida el accionar del gobierno libertario, el cual prácticamente sin solución de continuidad persiste y profundiza la entrega total de soberanía, ubicándonos como cipayos subordinados totales al Bloque Atlantista, en particular a EEUU, Reino Unido e Israel.

Resulta muy claro, y a esta altura indudable, que Milei odia a Argentina y desprecia en grado visceral, a los argentinos.

Abundan declaraciones y acciones que permiten sostener, holgadamente, esa afirmación, como aquella expresión de “soy el topo que busca destruir el Estado desde adentro”. Es necesario recordar que SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, Y SIN NACIÓN NO HAY PATRIA. O sea que el presidente y sus secuaces, operan para hacer desaparecer a la República Argentina.

Si es por acciones brutalmente anti argentinas que muestran el genocidio económico, abundan, pudiendo citarse -sin agotar el frondoso listado-, el empobrecimiento masivo, el aumento de marginados que son expulsados a vivir en la calle, los salarios y jubilaciones con poderes adquisitivos degradados mes a mes, los hospitales públicos de importantes aportes a la salud pública y las prestigiosas Universidades Nacionales, soportando fuertes recortes presupuestarios, las imprescindibles obras públicas totalmente paralizadas, la apertura aduanera total que nos inunda con productos importados y derrocha divisas, y el alevoso e impagable endeudamiento externo; además de resignar soberanía en ríos interiores, en el Mar Argentino, entre otros hechos deleznables.

Claro está que, de mínima, libertarios y secuaces tienen el también muy apátrida objetivo, de hacernos involucionar, a la fuerza y como sea, al antes absurdo y hoy inviable, pseudo país de economía forzosamente primarizada, con población casi toda analfabeta y muy pobre, sin coberturas sociales y escasos sistemas sanitarios al alcance de esas mayorías, que éramos alrededor del 1900; y en lo geopolítico, en esos años fungíamos como dócil marioneta subordinada al por entonces muy poderoso Imperio Británico.

La oligarquía mega terrateniente, muy conforme con ese rol de subordinación total, demostrando y jactándose de practicar una anglofilia total, apenas salpimentada con huecas expresiones de patrioterismo declamativo.

Con una ferocidad solo asimilable a procesos de exterminio perpetrados por poderes imperiales brutales cegados por el odio, sin pizca de respeto al ser humano; libertarios y secuaces practican un genocidio económico, un desguace estatal total e irracional, y un alevoso industricidio y tecnicidio (desguace de entes técnicos y científicos); enmarcado todo en una vergonzosa genuflexión respecto a las potencias referentes del Bloque Atlantista.

A todo eso se agrega en casi ininterrumpida cadena, el accionar gubernativo, marcado por sucesivas medidas que crearon desde el comienzo de su gestión, el cuadro socio económico general desastroso, empobreciendo a las grandes mayorías de nuestro pueblo, en un siniestro proceso que puede definirse como de genocidio socio económico en plena perpetración.

Fueron causantes de muertes, por varias causas (interrupciones de tratamientos de enfermos oncológicos y de otras patologías severas); accidentes carreteros, provocados por el deterioro de nuestras rutas, carentes de todo mantenimiento; jubilados y pensionados, que por sus bajas retribuciones carecen de capacidad monetaria para adquirir sus medicamentos, e incluso problemas por la deficiente alimentación, por iguales causas; severos deterioros de salud y seguramente varias muertes, sufridas por el creciente número de argentinos que viven en las calles, los cuales además de la miserable situación, suelen soportar malos tratos, alentadas esas aberraciones por algunos intendentes libertarios y por el nulo accionar al respecto de los organismos nacionales.

La destrucción masiva intencional, se puede constatar en medidas sociales y laborales en contra de los asalariados, que nos retrotraen más de un siglo a las miserable condiciones sociales de aquel contexto semifeudal, “añorado” por oligarcas y sectores ultra conservadores y ultra liberales en lo económico; mientras que el R.I.G.I. y el R.I.G.I. acentuado, nos reducen a un rol de enclave económico apto para ser saqueado y destruido impunemente, en un contexto incluso peor a alevosas maniobras de apoderamiento de nuestras riquezas, perpetradas en el muy negativo período noventista (menemato y delarruato); y también superando las aberraciones en contra de los Intereses Nacionales, cometidas en la nefasta década infame (1930-1943).

Son tantas las acciones y conductas aberrantes, en continua y renovada ejecución, por parte del gobierno libertario y sus secuaces, que se podría escribir una enciclopedia; además del hecho evidente, que Argentina parece ser y padecer el experimento a nivel mundial, fogoneado por el Consenso de Washington y sus derivados, para evaluar y ejecutar cómo destrozar y desguazar totalmente a un Estado Nacional.

En mérito a la brevedad, se exponen solo algunas de esas acciones de cipayismo reconcentrado, que nos meten en el lodo de la ignominia y en la vergüenza, burlándose de los argentinos con sentido de Patria, dolidos y escandalizados por tales niveles de infamia y de pisoteo de soberanía con total desparpajo.

– Groseros insultos al presidente de Brasil, demostrando no solo el ya conocido nivel de ordinariez de Milei, sino también acentuando las profundas dudas acerca del estado mental del presidente libertario. El respaldo de su gabinete y colaboradores cercanos del verborrágico presidente, los hace cómplices de ese deplorable accionar de política exterior. Los insultos a Lula son la contracara de la genuflexión demostrada respecto a EEUU, el Reino Unido, e Israel.
– Banderas extranjeras enarboladas en nuestro Monumento a la Bandera, configurando eso una clara burla a Nuestra Enseña Patria, y una acción atrevida en el contexto de degradaciones intencionales a Nuestro Patriotismo.
– Cipayismo reconcentrado cabe calificar al accionar gubernativo en el muy sensible tema de Malvinas. La Ministra de Seguridad Nacional se refirió en tono despectivo, a “los mapitas de Malvinas”, avalando las presiones de la FIFA (ente que demuestra ser herramienta del accionar imperial del Bloque Atlantista), para evitar que el tema tomara estado público en esa vitrina gigantesca que es un mundial de fútbol. Cuando la conjunción de la hinchada argentina (o sea del pueblo), y el decidido accionar de nuestros jugadores, mostraron al mundo el cartel, el tema pasó a tener repercusión mundial. En vez de posicionarse en defensa de nuestros derechos nacionales, el presidente montó en cólera e insultó a jugadores e hinchas que tuvieron el coraje y patriotismo de exhibir esa improvisada bandera. Pero el cipayismo acentuado de libertarios y secuaces no parece tener límites, pues ordenaron sacar de los medios de transporte todo cartel o adhesivo vinculado a Malvinas, mientras que según trascendió, Cancillería se disculpó por el ya famoso “trapo de Malvinas” del Mundial (“disculparse” por defender nuestros derechos, contra la potencia imperial agresora, es de nulo criterio patriótico). También circula en las redes un video del año 2024, que muestra a una patriótica diputada exhibiendo en la cara de la embajadora británica, su remera con “la frase que incomoda a cipayos”, mientras que otros diputados alineados con la antipatria, intentaban disuadir a la valiente diputada Propato de mostrar la inscripción patriota.
– Se permite la apertura del consulado israelí en Ushuaia, mientras que la petrolera de ese país opera con anuencia británica en aguas de Malvinas, para extraer petróleo. Mutis por el foro, por parte del gobierno libertario, mientras también un buque de la Royal Navy surcó aguas argentinas, camino a Punta Arenas.
– Además de involucrarnos neciamente en los conflictos de Medio Oriente (dejando de lado la neutralidad que caracterizó con dignidad a la postura argentina), ahora Milei pretende enviar tropas a Panamá, para operar bajo mando de EEUU, sin haber pedido la debida autorización al Congreso.

Párrafo aparte para el cobarde accionar ferozmente represivo, de las fuerzas de seguridad, para golpear y agredir a jubilados, discapacitados, y otros sectores del pueblo, que acorde a sus derechos de exteriorizar sus fundadas protestas, se manifiestan por medio de pacíficas marchas.

Esos represores evidencian proceder igual que el Regimiento Cipayo, formado por tropas de India, que en épocas en que India era colonia británica, procedían con saña feroz agrediendo a su propio pueblo.

Tomando ese dato histórico, nuestro patriota Arturo Jauretche, creó el concepto de “cipayo” para definir a quienes obedecen órdenes foráneas, en contra de los Intereses Nacionales. Pero como los cipayos locales evidencian ser de escasas o nulas lecturas, igual que sus pobres razonamientos, dudo que tomen conciencia de su vergonzoso accionar.

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La República del Exabrupto: 12 trillones de nada

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Brasil enojado. Georgieva de visita. El FMI marcando el compás. Las encuestas dejando de sonreír. La vicepresidenta hablando de “insensateces e inventos”. Y, como postal de una semana difícil para el Gobierno, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional recorriendo Vaca Muerta enfundada en un mameluco de YPF, una imagen tan cargada de simbolismo político como inevitable. Como respuesta, una cadena nacional en la que Javier Milei convirtió una reforma del Banco Central en un festival de agravios, enemigos de siempre y una cifra tan descomunal como inútil: doce trillones de nada.

Fue una semana políticamente complicada para el Gobierno.

El presidente Javier Milei cruzó la frontera para participar de una actividad del bolsonarismo y terminó protagonizando un conflicto diplomático con el principal socio comercial de la Argentina. En Brasil hubo malestar por sus agravios a Luiz Inácio Lula da Silva y  al juez Alexandre de Moraes, una actitud que muchos, incluso dentro del bolsonarismo, dicen que terminó favoreciendo a Lula. Así una gira que, en un gobierno normal, debería fortalecer vínculos terminó profundizando tensiones.

Pero la cosa no terminó ahí, durante su visita a la Exposición Rural, Milei también se dedicó a insultar al exministro de Industria José Ignacio de Mendiguren, a la sazón productor rural, que amenazó con llevar a la justicia al presidente “porque alguien tiene que ponerle límites”, dijo.

El lunes, después del fin de semana “de fuego”, Kristalina Georgieva aterrizó en Buenos Aires, para supervisar en persona cómo marchan las cosas en el país que es el mayor deudor del organismo que preside. Su agenda incluyó reuniones oficiales, entre ellas una reunión de gabinete que la tuvo como protagonista principal y una recorrida por Vaca Muerta con casco y uniforme de YPF. La fotografía recorrió el país. Más allá de las interpretaciones que se puedan hacer, la escena tuvo un enorme peso simbólico: la máxima autoridad del Fondo Monetario Internacional caminando uno de los activos estratégicos de la Argentina, mientras el Gobierno insiste en minimizar la influencia del organismo sobre las decisiones económicas nacionales.

A ese escenario se sumaban otros datos poco alentadores. Las acciones argentinas retrocedieron, el riesgo país volvió a subir y aunque hacia el fin de esta semana la cosa se recompuso un poco, queda en evidencia la volatilidad del supuesto “milagro mileista”. Por otra parte, los indicadores de confianza (de la Universidad de San Andrés y de la Di Tella) mostraron un franco deterioro del gobierno y comenzaron a aparecer encuestas que reflejan desgaste en la imagen presidencial y una creciente preocupación social por la economía.

Como si fuera poco, horas antes de la cadena nacional ocurrió un hecho inédito.

La vicepresidenta Victoria Villarruel publicó un mensaje en el que manifestó su “genuina preocupación” por el estado del Presidente, cuestionó que reprodujera “insensateces e inventos” y habló de “persecuciones imaginarias”. Que semejante definición provenga de la segunda autoridad institucional del país no es una anécdota. Es la expresión pública de una crisis política dentro del propio oficialismo. Crisis que más tarde se agravó cuando el Jefe de Gabinete Diego Santilli le pidió la renuncia y Villarruel, ni corta ni perezosa, le recordó que ella fue electa por el voto popular y él formó parte “la casta” que vinieron a combatir.

En ese contexto, el Gobierno eligió convocar una cadena nacional para anunciar una reforma institucional de enorme alcance: la modificación del Banco Central.

Era la oportunidad para explicar una iniciativa trascendente. Para debatir el rol de la autoridad monetaria, sus objetivos y sus implicancias.

Pero, una vez más, el anuncio quedó opacado por el espectáculo.

La cadena terminó convertida en un  alegato contra Cristina Fernández de Kirchner, señalada una vez más como responsable de todos los males argentinos. También hubo descalificaciones hacia Mercedes Marcó del Pont, expresidenta del Banco Central y una de las economistas más reconocidas del país, cuya trayectoria académica y profesional merecería una discusión mucho más seria que el agravio presidencial.

Y cuando los insultos parecieron insuficientes, llegaron los números.

Los ilusionistas conocen un secreto elemental: cuanto más grande es el truco, menos tiempo dedica el público a preguntarse cómo funciona.

En política ocurre algo parecido.

Milei aseguró que desde la creación del Banco Central la Argentina acumuló una inflación superior a 12 trillones por ciento.

Una cifra tan gigantesca que parece diseñada para provocar asombro antes que comprensión.

Y como se dijo, nadie discute que sea posible construir matemáticamente un número inmenso acumulando más de noventa años de inflación, atravesando cinco signos monetarios, hiperinflaciones, convertibilidad, reformas monetarias y gobiernos de todos los signos políticos.

Lo que sí merece discusión es el sentido de semejante ejercicio.

Porque ese número no explica la inflación actual.

No permite evaluar una política económica.

No es un indicador utilizado para analizar la economía argentina.

No ayuda a entender absolutamente nada.

Sirve, eso sí, para construir un efecto político.

Es como sumar toda la lluvia caída desde 1935 para explicar el pronóstico de mañana. El resultado puede impresionar, pero carece de utilidad para comprender el presente.

Y quizá allí resida el verdadero problema.

La reforma del Banco Central terminó ocupando menos espacio que la necesidad de volver a construir enemigos. Los extranjeros, con un nuevo decreto presidencial en contra, Cristina Kirchner. Mercedes Marcó del Pont. El Banco Central. El pasado.

Todo debía encajar en un mismo relato.

Mientras tanto, los problemas concretos siguieron esperando respuestas. El Gobierno continúa negociando con un Fondo Monetario Internacional cuya influencia resulta cada vez más visible. Los mercados reaccionan con cautela. Los indicadores económicos envían señales contradictorias. Y la confianza, uno de los principales activos políticos de cualquier administración, comienza a mostrar fisuras.

Cuando eso ocurre, la tentación suele ser reemplazar la gestión por la comunicación.

Y la comunicación por la épica.

La República del Exabrupto ya no se limita a los insultos. Ha incorporado otro recurso: las cifras imposibles, los números desmesurados, las estadísticas convertidas en herramientas de propaganda.

Porque cuando un gobierno necesita explicar el presente con enemigos del pasado y números tan extraordinarios que dejan de tener significado, deja de intentar convencer.

Empieza a pedir un acto de fe.

Y la economía —como la democracia y la política— nunca debería depender de la fe, que mueve montañas pero no da de comer, ni paga las cuentas.

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