FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

Caputo redujo la deuda flotante en $1 billón y volvió a mínimos históricos

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l Gobierno nacional logró en abril una señal fiscal que el mercado venía observando con atención: redujo en más de $1 billón la deuda flotante —los pagos devengados pero todavía no cancelados— y devolvió ese indicador a uno de los niveles más bajos de la serie histórica en relación al Producto Bruto Interno (PBI).

El dato aparece en un momento clave para el equipo económico de Luis Caputo. Tras el salto registrado en marzo, que había despertado sospechas sobre un eventual “pisado” de pagos a proveedores y organismos públicos, abril mostró una fuerte corrección y reforzó la narrativa oficial sobre la sostenibilidad del superávit fiscal.

Sin embargo, detrás de la mejora contable aparece una discusión más profunda: cuánto margen real tiene el Gobierno para sostener el ajuste sin entrar en conflicto con leyes aprobadas por el Congreso, reclamos sociales y necesidades de financiamiento de las provincias.

Qué es la deuda flotante y por qué el mercado la sigue de cerca

La deuda flotante representa gastos ya comprometidos por el Estado pero todavía no pagados. Funciona como un termómetro sensible para detectar si un Gobierno está utilizando atrasos administrativos para mostrar un resultado fiscal artificialmente mejor.

En marzo, la cifra había escalado a más de $4 billones, generando ruido entre analistas. Pero en abril el stock cayó a $2,79 billones, una reducción superior a $1 billón en apenas un mes.

Medido contra el PBI, el indicador volvió a niveles cercanos al 0,3%, muy por debajo del promedio histórico argentino, que ronda el 1%.

Para el mercado, el dato tiene una lectura central:
el Gobierno estaría sosteniendo el superávit sin recurrir masivamente al diferimiento de pagos.

Sebastián Menescaldi, director de Eco Go, resumió esa percepción al señalar que el nivel de deuda flotante “es mucho más bajo que el histórico” y que no se observa una situación donde el Ejecutivo esté ocultando problemas financieros mediante pagos postergados.

El corazón del ajuste: transferencias, obra pública y gasto operativo

El recorte se concentró principalmente en: transferencias, gastos figurativos, bienes y servicios, y erogaciones operativas del Estado. Solo en transferencias, la baja superó los $700.000 millones respecto de marzo.

Ahí aparece uno de los puntos más sensibles para las provincias y particularmente para el NEA Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa dependen en gran medida de: transferencias nacionales; programas específicos; financiamiento de infraestructura; y fondos discrecionales.

Cada ajuste en esas partidas impacta directamente sobre: obra pública, municipios, proveedores y actividad económica regional.

Por eso, aunque el mercado celebra la consolidación fiscal, en las provincias aparece otra lectura: el superávit nacional se construye parcialmente sobre una fuerte compresión del gasto territorial.

La baja de la deuda flotante refuerza además la estrategia económica central del Gobierno: mostrar que el equilibrio fiscal no es transitorio sino estructural. Ese punto es clave para sostener: la desaceleración inflacionaria; la baja del riesgo país; y la recuperación de activos financieros.

El problema es que la etapa más “fácil” del ajuste parece agotarse. El propio Fondo Monetario Internacional comenzó a advertir sobre presiones fiscales crecientes derivadas de leyes aprobadas por el Congreso y compromisos políticos pendientes.

El FMI pone el foco en las leyes que el Gobierno no quiere ejecutar

En el último Staff Report, el FMI identificó tres focos de presión potencial sobre la meta de superávit primario de 1,4% del PBI: Ley de Emergencia en Discapacidad; Financiamiento Universitario; y la Reforma laboral.

Según el organismo: discapacidad agregaría un costo de 0,15% del PBI; universidades otro 0,20%; y la reforma laboral 0,15%. La señal del Fondo es políticamente relevante porque expone un dilema creciente del oficialismo: cómo sostener el ancla fiscal sin profundizar tensión social e institucional.

El Gobierno ya comenzó a tomar decisiones defensivas. Una de ellas fue postergar la entrada en vigencia del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), previsto originalmente para junio.

Para el interior argentino, la discusión fiscal tiene efectos mucho más concretos que en la City porteña. En provincias como Misiones, el ajuste repercute sobre: universidades nacionales; programas sanitarios; obras de infraestructura; subsidios al transporte; y financiamiento productivo.

La provincia logró amortiguar parte del impacto gracias a una estructura fiscal relativamente ordenada y mayor autonomía tributaria respecto de otros distritos del NEA. Pero aun así, la retracción del gasto nacional empieza a sentirse sobre sectores económicos sensibles.

Hay un dato político adicional: la estrategia fiscal de la Nación obliga a gobernadores e intendentes a absorber costos sociales crecientes con menos asistencia federal.

Eso explica por qué muchos mandatarios provinciales comenzaron a endurecer posiciones frente al Gobierno aun cuando acompañan parcialmente el ordenamiento macroeconómico.

Superávit versus actividad: el equilibrio delicado

El programa económico de Javier Milei logró algo que pocos gobiernos argentinos pudieron sostener:
superávit financiero consistente durante varios meses.

Pero ahora empieza otra discusión: si el ajuste puede convivir con recuperación económica sostenida. El mercado hoy premia equilibrio fiscal; acumulación de reservas; y baja del riesgo país. Sin embargo, la economía real todavía exhibe fragilidades como el consumo débil; la inversión selectiva; la caída de ingresos públicos provinciales; y tensión en economías regionales.

En Misiones, por ejemplo, sectores como yerba, forestoindustria y comercio fronterizo siguen operando con márgenes estrechos pese a la estabilización financiera nacional.

El recorte de la deuda flotante demuestra que el Gobierno mantiene capacidad de control financiero sobre las cuentas públicas. Pero también marca el inicio de una etapa más compleja.

Hasta ahora, el ajuste avanzó principalmente sobre obra pública; transferencias; subsidios; y gasto operativo. La próxima fase podría requerir decisiones políticamente mucho más costosas reformas estructurales, redefinición de programas sociales y mayor tensión con provincias y universidades.

El interrogante que empieza a recorrer tanto al mercado como a los gobernadores es si el Gobierno podrá sostener simultáneamente superávit fiscal; desaceleración inflacionaria; recuperación económica; y gobernabilidad política. Porque mientras los números fiscales muestran orden, el verdadero desafío pasa a ser otro: cuánto tiempo puede sostenerse el equilibrio macroeconómico sin que aparezcan nuevas fracturas en la economía real y en el entramado federal argentino.

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El FMI pide subsidios focalizados y advierte que los controles de precios pueden agravar la crisis energética

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FMI – Los gobiernos pueden proteger hogares vulnerables, mantener abiertas las empresas y preservar las señales de precios sin presionar las finanzas públicas

Cuando los precios globales de la energía se disparan, los gobiernos se enfrentan a un dilema poco envidiable: proteger a personas y empresas mientras se limita el margen ya reducido en los presupuestos públicos, o dejar que los precios suban para todos y arriesgarse a una reacción social y política. Entonces, ¿cómo pueden los responsables políticos hacer lo mejor de ambos?

Por supuesto, no existe una respuesta única para todos porque el impacto de la guerra en Oriente Medio varía mucho entre países, reflejando dependencias energéticas, estructuras de mercado, políticas de protección social y espacio fiscal. Del mismo modo, algunos países se ven más afectados que otros por la alta incertidumbre sobre cuánto durará el shock y cuánto alimentará la inflación.

Los aumentos sostenidos en los precios de la energía pueden reducir drásticamente el poder adquisitivo de los hogares, lo que perjudica especialmente a las familias más pobres y pone a prueba a las empresas. Si no se aborda, esto puede causar daños duraderos al empujar a más personas a la pobreza y forzar el cierre de negocios.

Muchos países ya están respondiendo, pero el reto es hacerlo de forma eficiente y sin perjudicar más a las economías. Las medidas no diseñadas cuidadosamente pueden ser costosas económicamente y difíciles de deshacer. También pueden alimentar una inflación adicional, agravar las fragilidades fiscales o aumentar aún más los precios globales de la energía.

Para ello, es importante tener en cuenta un conjunto común de principios. La crisis energética es un choque negativo estándar de oferta: eleva los precios, pesa sobre la actividad y pone a los bancos centrales en una situación difícil. Las medidas fiscales tienen un papel que desempeñar, pero deben ser temporales, específicas, oportunas y adaptadas. Específicamente, deberían:

  • Que los precios de la energía nacional reflejen los costes internacionales.
  • Protege a los hogares vulnerables con apoyo temporal y dirigido.
  • Apoya pequeñas empresas viables con liquidez, no con controles de precios.
  • Reserva subsidios generales y topes de precios para sorpresas realmente excepcionales.

Estas prioridades se detallaron en nuestros informes de abril de 2026 de Perspectivas Económicas Mundiales y Monitor Fiscal, en los que también destacamos el impacto desigual dentro de los países.

Persistencia y precios

Una de las preguntas más importantes es cuánto dura la descarga. Si está dentro de rangos históricos, aunque sea grande, los gobiernos deberían permitir que los precios nacionales se ajusten a las condiciones del mercado internacional. La política fiscal debería basarse principalmente en estabilizadores automáticos, con los ingresos que se ven afectados a medida que la actividad disminuye, mientras que los gastos cubren la creciente necesidad de asistencia social existente. Para las economías que dependen de la energía importada, los precios de importación más altos implican una caída en la renta real (entre un 2 y un 3 por ciento del producto interior bruto en un corto periodo bajo el actual shock). Esto debe absorberse mediante una menor demanda interna.

Cuando los choques de precios son inusualmente grandes o disruptivos, pero probablemente temporales, los gobiernos pueden tener motivos para una política fiscal más activa—solo si pueden permitírselo. Aun así, la mayoría de los aumentos de precio deberían aprobarse de antemano, y cualquier intervención debería facilitar el ajuste en lugar de evitarlo.

Las señales de precio desempeñan un papel fundamental en la asignación de recursos escasos, fomentando un uso eficiente y evitando escasez. Al mismo tiempo, los precios más altos de la energía pueden tener efectos graves de inmediato, y estos se sienten de forma diferente tanto por individuos como por empresas. Eso significa que los objetivos del apoyo fiscal, y las herramientas para lograrlo, deberían reflejar esta distinción.

Protección de las personas

Las familias más pobres suelen gastar dos o tres veces más de sus ingresos en energía y alimentos en comparación con los hogares más acomodados, mientras que no tienen tantos ahorros. Protegerlos es importante para preservar la cohesión social y evitar un aumento de la pobreza.

Las transferencias de efectivo dirigidas, idealmente realizadas a través de los sistemas de asistencia social existentes, suelen ser la mejor manera de hacerlo porque preservan las señales de precios y limitan los costes fiscales. Si la cobertura es insuficiente, los gobiernos pueden complementar temporalmente los pagos o ampliar la elegibilidad, incluyendo a hogares de ingresos bajos y medios que corran riesgo de caer en la pobreza.

Para choques muy grandes pero temporales, medidas adicionales pueden incluir reembolsos puntuales o la expansión de los aumentos de precios a lo largo del tiempo, ayudando a los hogares a sobrellevarlo sin congelar los precios por completo. Como último recurso, si la seguridad alimentaria está en riesgo y las redes de seguridad no son suficientes, pueden ser apropiadas reducciones temporales de impuestos o subvenciones para los alimentos básicos si van acompañadas de un calendario claro y creíble para acabar con ellos.

Empresas de apoyo

Para las empresas, el soporte cumple un objetivo diferente: mantener en funcionamiento las empresas viables y evitar quiebras innecesarias. Debe abordar los problemas de flujo de caja a corto plazo, no cuestiones de viabilidad más profundas, y centrarse en negocios que por lo demás son sólidos o estratégicamente importantes, especialmente en sectores donde los costes más altos elevan rápidamente los precios al consumidor.

El apoyo temporal a la liquidez —como préstamos garantizados por el gobierno, líneas de crédito o aplazamientos a corto plazo de impuestos y seguridad social— debería ser la primera línea de respuesta. Esto se debe a que estas herramientas son económicamente menos costosas y más fáciles de deshacer. Las subvenciones directas o las inyecciones de capital es mejor evitar, dado su alto coste fiscal y la dificultad política para revertir.

Uso excepcional

Algunas herramientas políticas son más amplias y distorsionadoras. Los recortes del impuesto energético, los topes de precios o las subvenciones generales silencian las señales importantes de los precios, suelen beneficiar más a los hogares con mayores ingresos y son difíciles de eliminar. También pueden aumentar rápidamente los costes presupuestarios del gobierno y aumentar el riesgo de escasez, especialmente si los proveedores no reciben una compensación adecuada.

Las medidas generales para hacer frente al aumento de precios pueden justificarse si se cumplen simultáneamente un conjunto de condiciones específicas:

  • El choque de precios es claramente temporal.
  • Los precios más altos de la energía están alimentando rápidamente una inflación más amplia.
  • Las expectativas de inflación corren el riesgo de volverse descontroladas.
  • El sobrecalentamiento económico es limitado.
  • Las finanzas públicas tienen margen para asumir el coste.

Estas condiciones son difíciles de medir en tiempo real y, en cualquier caso, los controles amplios de precios tienen grandes repercusiones. Por eso, idealmente, debería evitarse el uso de herramientas de precios amplios y, si se utilizan, debería ser excepcional, temporal, transparente y estrictamente restringido. Los gobiernos deben sopesar cuidadosamente los sacrificios. Por ejemplo, los límites de precio son más fáciles de eliminar progresivamente, pero pueden provocar escasez. Las rebajas de impuestos suponen menos riesgos de oferta, pero son más difíciles de frenar y pueden provocar pérdidas persistentes en los ingresos. Por regla general, se deben evitar congelaciones totales de precio.

Restricciones fiscales

El espacio fiscal varía mucho entre países y ahora suele ser más restrictivo que en crisis pasadas debido a los mayores costes de deuda y de endeudamiento. Esto refuerza la idea de respuestas incrementales y cuidadosamente calibradas. En los países donde hay espacio fiscal, los gobiernos pueden tener cierto margen para suavizar aumentos severos pero temporales de precios mediante medidas específicas, transparentes y temporales.

Los países con espacio fiscal limitado y redes de seguridad social débiles están más limitados. Situaciones extremas en las que el aumento de precios amenaza el acceso a alimentos o energía pueden justificar el racionamiento para gestionar la demanda, pero esto tiene costes económicos muy elevados. Esto subraya por qué es importante evitar subvenciones generalizadas que agotan rápidamente los escasos recursos fiscales.

Compensaciones más marcadas

Incluso con marcos políticos mejorados, los compromisos políticos suelen ser más marcados en economías emergentes y en desarrollo. En comparación con las economías avanzadas, suelen contar con redes de seguridad social más débiles, mayores porcentajes del gasto de los consumidores en alimentos y energía, restricciones de liquidez más estrictas, expectativas de inflación más frágiles y un espacio fiscal más reducido en medio de mayores costes de endeudamiento. La presión política también puede impulsar a los gobiernos a actuar rápidamente ante shocks extraordinarios.

En cambio, las economías avanzadas están menos limitadas. Como resultado, deberían utilizar principalmente transferencias dirigidas existentes y estabilizadores automáticos, recurriendo a medidas discrecionales y basadas en precios solo en casos excepcionales.

Esta asimetría es importante a nivel global. Cuando los países más grandes o más ricos suprimen las señales de precios internas, la demanda global aumenta, los precios internacionales aumentan y las escaseces empeoran, perjudicando especialmente a los países importadores más pobres.

Secuencia de políticas

La cuestión clave no es si actuar, sino cómo actuar eficazmente: evaluar la persistencia en shock, ajustar herramientas y objetivos, distinguir el apoyo familiar y el de la firma, y adaptar las respuestas a las circunstancias.

Un enfoque disciplinado y bien secuenciado —que empiece con medidas específicas y temporales y escale si es necesario— puede ayudar a las economías a adaptarse a los choques de precios energéticos y alimentarios sin costosos errores políticos, tanto a nivel nacional como global.

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Caputo desafía a los mercados y relativiza el riesgo país: “No se arregla con reservas ni con un bono de USD 1.000 millones”

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El ministro defendió la estrategia del Gobierno y marcó límites a la presión financiera.

En Córdoba, ante empresarios reunidos en la Fundación Mediterránea, el ministro de Economía, Luis Caputo, expuso una tensión que atraviesa hoy al Gobierno: pese a la compra acelerada de reservas, el riesgo país se mantiene cerca de los 600 puntos básicos. Y lejos de anunciar un giro, eligió confrontar con el diagnóstico de los analistas. “Es más difícil de lo que se cree”, dijo, en un mensaje que buscó ordenar expectativas dentro y fuera del mercado.

El dato no es menor. El Ejecutivo incrementó las compras de divisas por encima del compromiso asumido con el Fondo Monetario Internacional —pasó de un 5% del volumen diario acordado a algo más del 30%—, pero esa señal no se tradujo en una baja sustancial del indicador que mide el costo del financiamiento externo. La pregunta que dejó flotando Caputo es si el mercado exige algo más estructural que acumulación de dólares o si, directamente, el acceso al crédito sigue condicionado por factores políticos y externos.

Reservas, acceso al mercado y el debate sobre la colocación internacional

Caputo apuntó contra quienes, semanas atrás, reclamaban mayor intervención del Banco Central para fortalecer reservas como condición para reducir el riesgo país. Ahora, sostuvo, esos mismos sectores proponen una colocación internacional, aunque sea por USD 1.000 millones, como gesto para validar acceso al mercado.

El ministro rechazó esa alternativa. “Esas son cosas coyunturales que no cambian nada”, afirmó. Según su lectura, el mercado no necesita demostraciones simbólicas de acceso, porque “lo único que sabe es si un país tiene acceso o no”. La diferencia, agregó, puede estar en la tasa, no en la posibilidad técnica de emitir deuda.

La definición tiene peso político. Implica que el Gobierno no se moverá por presión de corto plazo y que priorizará el equilibrio fiscal y la acumulación de reservas por sobre señales financieras que puedan interpretarse como concesiones.

El funcionario insistió en que la estrategia de compra de divisas continuará y que se ejecuta “sin afectar el precio”, considerando la profundidad del mercado. El mensaje apunta a despejar temores de distorsiones cambiarias, pero también a sostener la idea de que la política económica tiene coherencia interna más allá de la volatilidad externa, hoy atravesada por el conflicto en Medio Oriente.

Equilibrio fiscal como eje de poder

Caputo encuadró el debate financiero dentro de una narrativa más amplia: orden macroeconómico, reducción del gasto y eliminación del déficit. Aseguró que el Gobierno bajó el gasto 30% en términos reales y corrigió cinco puntos de déficit fiscal en un mes, sin recurrir a default ni a mecanismos extraordinarios.

En términos políticos, el mensaje es claro. El oficialismo busca consolidar el equilibrio fiscal como activo de poder, no solo como herramienta técnica. “El compromiso fiscal es indeclinable”, afirmó el ministro, y lo presentó como “el escudo más importante ante cualquier shock externo”.

Esa postura redefine la correlación de fuerzas con el mercado. Si el Gobierno mantiene superávit y disciplina fiscal, el riesgo país deja de ser —según esta lógica— un indicador exclusivamente interno y pasa a estar más vinculado a percepciones estructurales y al contexto global.

También defendió la continuidad de reformas y la baja de impuestos, condicionadas al crecimiento de la recaudación y la formalización del empleo. En ese marco, mencionó la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y la reducción de aportes patronales de 18 a 2 puntos, con el objetivo de transparentar costos y reducir litigiosidad.

Crecimiento, crédito y el desafío estructural

El ministro vinculó el problema del riesgo país con una debilidad más profunda: la falta de crédito y de mercado de capitales. Recordó que cuando el Gobierno asumió, el crédito al sector privado representaba apenas el 3% del PBI, frente a niveles superiores al 30% en economías comparables.

Para Caputo, el ahorro existe pero permanece fuera del sistema financiero. Sin crédito interno y con dependencia histórica del financiamiento externo, la baja del riesgo país no depende solo de decisiones puntuales, sino de reconstruir confianza de largo plazo.

Esa definición introduce un matiz estratégico. Si el problema es estructural, la solución no será inmediata. Y si el mercado exige pruebas adicionales, el Gobierno parece dispuesto a sostener el rumbo antes que modificar la hoja de ruta.

Un indicador bajo presión y un Gobierno que no cede

La exposición en la Fundación Mediterránea funcionó como mensaje político. Caputo no anunció cambios. Tampoco negó la dificultad. Admitió que el proceso es “más difícil de lo que se cree”, pero reafirmó la continuidad del esquema fiscal, la acumulación de reservas y la agenda de reformas.

El riesgo país cerca de los 600 puntos básicos refleja que la discusión sigue abierta. La clave estará en si el equilibrio fiscal y la acumulación sostenida de divisas logran alterar la percepción de acceso al crédito o si el mercado demanda un hito adicional.

Por ahora, el Gobierno elige resistir la presión coyuntural. El termómetro financiero no acompaña, pero la estrategia no se mueve. En las próximas semanas, la evolución del contexto internacional y la reacción de los inversores marcarán si la apuesta consolida autoridad o reabre el debate interno sobre cómo acelerar la baja del costo argentino.

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Caputo frena el nuevo IPC y tensa la relación con el FMI

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El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que el Gobierno no aplicará por ahora la actualización de la canasta con la que se mide la inflación y que el Índice de Precios al Consumidor continuará calculándose con la metodología vigente, basada en una estructura de consumos de 2004.

La nueva medición ya había sido comprometida ante el Fondo Monetario Internacional y era utilizada por el Banco Central de la República Argentina, que incluso incorporó su propio indicador complementario. La primera difusión oficial estaba prevista para el 10 de febrero, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos publicara el dato de inflación de enero. El desacuerdo interno en torno a este cambio derivó en la salida de Marco Lavagna, tras seis años al frente del organismo estadístico.

El compromiso con el FMI

El acuerdo firmado con el FMI en abril del año pasado establecía que el Gobierno debía avanzar en la implementación de la nueva metodología. El documento señala que “la asistencia técnica del Fondo seguirá apoyando a las autoridades en la implementación de las ponderaciones actualizadas del Índice de Precios al Consumidor” y agrega que “se espera que estas estén finalizadas e implementadas para la segunda revisión del programa”.

Originalmente, esa segunda revisión estaba pautada para noviembre de 2025, con supervisión de las metas a septiembre de ese año. Sin embargo, en la primera revisión del acuerdo se modificó el cronograma y la segunda quedó fijada para enero de 2026, evaluando el cumplimiento de los objetivos a diciembre. En ese marco, se espera que la misión técnica del FMI llegue al país en los próximos días.

En la primera revisión, realizada en agosto del año pasado, el Fondo había planteado que el INDEC debía publicar hacia fines de 2025 el nuevo IPC, actualizado en base a la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/2018 (ENGHO), con el objetivo de “reflejar mejor los cambios estructurales en los patrones de consumo y mejorar la calidad de los datos”.

No obstante, también quedó establecido que “el momento preciso de esta publicación se discutirá en el contexto de la próxima revisión”, es decir, la que se desarrolla este mes. Esa aclaración se alinea con la postura expresada por Caputo, quien sostiene que el cambio metodológico debe implementarse una vez consolidado el proceso de desinflación. En el oficialismo apuntan a que la inflación mensual comience con cero a mediados de este año.

La posición del Banco Central

En su Informe de Política Monetaria, el Banco Central explicó que la actualización del índice “busca reflejar las modificaciones en los patrones de consumo de los hogares”, tanto por cambios de precios relativos como por nuevos hábitos.

La nueva medición contemplaba no sólo un ajuste en las ponderaciones, sino también el relevamiento de una mayor cantidad de bienes y servicios. Según el análisis del BCRA, perderían peso relativo los alimentos, las prendas de vestir y las comidas fuera del hogar, mientras que ganarían participación distintos rubros de servicios.

Entre ellos, se destaca el caso de Alquileres y gastos conexos, cuyo peso en el índice podría duplicarse, pasando de alrededor del 3% al 6%. En ese sentido, el Banco Central sostuvo que lanzar el nuevo IPC en 2026, luego de una fuerte recomposición tarifaria, permitiría reducir el riesgo de sobreponderar gastos como electricidad y gas, un problema que se habría generado de aplicarse la actualización en años anteriores.

De acuerdo con la entidad monetaria, los cambios metodológicos “no deberían afectar significativamente la tendencia inflacionaria esperada”.

El indicador propio del BCRA

Más allá de la medición oficial, el Banco Central desarrolló su propio indicador de inflación subyacente (IPC-S), que excluye componentes volátiles como carnes y alquileres, a diferencia de la inflación núcleo que publica el INDEC.

Como referencia, en diciembre la inflación general fue del 2,8%, la núcleo del 3% y la subyacente del BCRA del 2,1%. En términos interanuales, las cifras fueron 31,5% para la general, 33,1% para la núcleo y 28,1% para el IPC-S.

La entidad remarcó que esta práctica es habitual entre bancos centrales, especialmente la exclusión de la carne por la elevada volatilidad de sus precios. “En el margen, el IPC-S del BCRA sugiere una tendencia inflacionaria más benigna que las medidas convencionales informadas por el INDEC”, señalaron, aunque advirtieron que a comienzos de 2026, cuando se revierta el efecto estacional de los precios de la carne, podría observarse el efecto contrario.

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El Comité Monetario y Financiero Internacional llama a fortalecer la resiliencia económica mundial

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El CMFI advirtió sobre riesgos globales y pidió consolidar políticas fiscales y monetarias firmes. El FMI y los ministros de Finanzas del G20 respaldaron fortalecer la sostenibilidad de la deuda y preservar la independencia de los bancos centrales para dotar de resiliencia económica.

En su quincuagésima segunda reunión, el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI) —el principal órgano asesor del Fondo Monetario Internacional (FMI)— advirtió sobre un escenario mundial marcado por una “profunda transformación” y “elevada incertidumbre”, y llamó a los países miembros a adoptar políticas fiscales y monetarias firmes, creíbles y coordinadas para “salvaguardar la estabilidad macroeconómica y financiera”.

El documento final, presentado por el presidente del CMFI, Mohammed Aljadaan, ministro de Hacienda de Arabia Saudita, y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, subraya que el crecimiento global, aunque resiliente, enfrenta tensiones crecientes por la desinflación desigual, los altos niveles de deuda y los conflictos geopolíticos.

“Adoptaremos políticas firmes que fomenten la confianza, generen resiliencia y salvaguarden la estabilidad macroeconómica y financiera”, sostuvo Aljadaan en la declaración de cierre, donde también reclamó una acción global coordinada para frenar los efectos económicos de las guerras y el cambio climático.

Riesgos macroeconómicos y necesidad de ajustes fiscales creíbles

El CMFI —que reúne a los ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales de 190 países miembros— reconoció que la economía mundial atraviesa un proceso de reconfiguración estructural debido a los cambios en las políticas comerciales, la digitalización y las transformaciones demográficas.

El comunicado subraya que, aunque el crecimiento ha resistido, “comienzan a manifestarse tensiones” en un entorno de “alto endeudamiento, bajo crecimiento y vulnerabilidades financieras”. El texto también destaca que la desinflación continuará, pero con fuertes diferencias entre países, lo que obliga a los bancos centrales a mantener su compromiso con la estabilidad de precios.

“Los bancos centrales mantienen su compromiso firme de mantener la estabilidad de precios, en consonancia con sus respectivos mandatos”, señala el documento, que también llama a preservar la independencia institucional para sostener la credibilidad y la confianza en los mercados.

En el plano fiscal, los ministros acordaron “consolidar el giro hacia los ajustes fiscales” con estrategias creíbles a mediano plazo, orientadas a garantizar la sostenibilidad de la deuda, mejorar la eficiencia del gasto y promover inversiones públicas y privadas que impulsen la productividad.

El CMFI también instó a los gobiernos a reforzar la supervisión de los riesgos sistémicos derivados de la inteligencia artificial, los activos digitales y las instituciones financieras no bancarias, aprovechando al mismo tiempo las oportunidades de la innovación tecnológica.

Deuda soberana, gobernanza del FMI y cooperación global

Uno de los puntos centrales del encuentro fue el tratamiento de las vulnerabilidades relacionadas con la deuda, especialmente en los países de ingreso bajo y economías emergentes. El comunicado destaca el compromiso de los miembros del CMFI con la aplicación “eficaz, integral y sistemática” del Marco Común del G20 para el tratamiento de la deuda, e insta a los acreedores privados a reforzar la transparencia y participar activamente en los procesos de reestructuración.

“Mantenemos nuestro compromiso de afrontar las vulnerabilidades de la deuda a escala mundial, lo que comprende seguir impulsando la aplicación del Marco Común de forma previsible, oportuna y ordenada”, afirma el texto aprobado por consenso.

El Comité también respaldó la labor del FMI y el Banco Mundial en la estrategia de tres pilares para asistir a países con fuertes presiones de deuda, que incluye apoyo a reformas estructurales, movilización de recursos internos y atracción de capital privado.

En materia institucional, el CMFI reafirmó su compromiso con un FMI sólido y basado en cuotas, celebrando los avances hacia la Decimosexta Revisión General de Cuotas, que busca reflejar de forma más justa el peso relativo de las economías en el contexto global.

Racionalizar y modernizar la estructura del FMI

Asimismo, se confirmó que el proceso deberá concluir a más tardar en las Reuniones de Primavera de 2026, de acuerdo con la Declaración de Diriyah.

“Reconocemos que la realineación de las cuotas relativas debe procurar reflejar mejor la posición relativa de cada país en la economía mundial, protegiendo las cuotas de los países más pobres”, expresa la declaración.

Por último, el Comité valoró las iniciativas para racionalizar y modernizar la estructura del FMI, con el fin de mejorar la eficiencia institucional, garantizar la sostenibilidad del Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza, y fortalecer la representación regional y de género dentro del organismo.

La próxima reunión del CMFI se celebrará en abril de 2026, nuevamente en Washington D. C.

Contexto político y representación

El encuentro contó con la participación de los ministros y gobernadores de los principales países miembros, entre ellos Luis Caputo, ministro de Economía de Argentina; Gabriel Galípolo, gobernador del Banco Central de Brasil; Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos; Kazuo Ueda, gobernador del Banco de Japón; Rachel Reeves, ministra de Hacienda del Reino Unido; François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia; y Gongsheng Pan, gobernador del Banco Popular de China.

Participaron también observadores institucionales de alto nivel, como Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo; Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial; Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC; Mathias Cormann, secretario general de la OCDE; y Pablo Hernández de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales.

El tono general del encuentro reflejó consenso en torno al fortalecimiento de la cooperación internacional, pero también una preocupación creciente por el aumento de los conflictos geopolíticos y sus efectos sobre los mercados energéticos, las cadenas de suministro y la estabilidad financiera.

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