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Reflexiones de un Ingeniero Forestal sobre la tierra: desafío estructural para el desarrollo sostenible y la soberanía

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La política de tierras como base del desarrollo territorial, el arraigo rural y la sostenibilidad de las economías regionales.

La política de tierras constituye uno de los pilares sobre los cuales se construyen el desarrollo territorial, el arraigo rural y la sostenibilidad de las economías regionales. En un país de profundas diversidades geográficas, productivas, ambientales y sociales como la Argentina, las decisiones relacionadas con el acceso, la tenencia, el uso y la protección de la tierra requieren políticas públicas estables, concebidas como políticas de Estado, con visión federal y planificación estratégica de largo plazo.

En ese marco, la tierra trasciende su condición de bien económico para constituirse en un recurso natural estratégico, estrechamente vinculado con la producción, la conservación de los ecosistemas, la seguridad alimentaria, la gestión del agua, el ordenamiento territorial y la soberanía nacional. Estas reflexiones procuran contribuir a ese debate desde la experiencia en la gestión pública y el ejercicio profesional de la ingeniería forestal, promoviendo una mirada integral sobre uno de los desafíos estructurales más relevantes para el desarrollo sostenible de la Argentina y, en particular, de la provincia de Misiones.

Ley N.º 26.737: una política de protección territorial

La Ley N.º 26.737, denominada _”Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de Tierras Rurales”, constituyó un importante avance institucional en materia de política territorial y administración estratégica del territorio nacional.

Su sanción fue producto de un amplio debate político y federal, reconociendo a la tierra como un recurso natural estratégico y estableciendo límites a la adquisición de tierras rurales por parte de personas físicas y jurídicas extranjeras.

El espíritu de esta norma no fue impedir inversiones ni aislar al país del mundo, sino preservar la capacidad del Estado para planificar el territorio, proteger recursos estratégicos y garantizar que el desarrollo económico sea compatible con el interés nacional.

Por ello, cualquier modificación de este régimen debería surgir de un debate amplio, federal y responsable, que contemple no solo las variables económicas, sino también las dimensiones sociales, ambientales, territoriales y geopolíticas.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la promoción de inversiones y la preservación de la capacidad soberana del Estado para administrar sus recursos estratégicos.

La cuestión de la tierra como desafío estructural

La cuestión de la tierra constituye uno de los desafíos estructurales más importantes para el desarrollo territorial, el ordenamiento del territorio y el fortalecimiento de la soberanía nacional, especialmente en provincias como Misiones.

El acceso, la distribución y la regularización de la tenencia no representan únicamente cuestiones jurídicas o administrativas. Son componentes fundamentales de una política de Estado orientada al desarrollo y al ordenamiento territorial.

La tierra no puede ser considerada exclusivamente como un activo económico o financiero. Es un recurso natural estratégico que sostiene la producción, preserva la biodiversidad, protege los recursos hídricos y forma parte de la identidad cultural y social de las comunidades.

La forma en que una sociedad administra este recurso condiciona su modelo de desarrollo, su equilibrio territorial y su capacidad de construir un futuro sostenible.

El territorio como construcción social

El territorio no es solamente un espacio físico; es el ámbito donde se articulan las relaciones sociales, económicas, culturales, políticas e institucionales. 

Cada comunidad construye sentidos de pertenencia a partir de su historia, su cultura y sus prácticas sociales. Por ello, un mismo espacio puede adquirir significados diferentes para los distintos grupos sociales o pueblos originarios que lo habitan.

Comprender esta dimensión resulta indispensable para diseñar políticas públicas capaces de armonizar producción, conservación ambiental, inclusión social y desarrollo.

La ecuación del desarrollo territorial

El desarrollo territorial sostenible depende de un conjunto de políticas que deben actuar de manera integrada.

La ecuación comprende los componentes básicos que permiten transformar la tierra en un factor de desarrollo económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental:

Acceso a la tierra + Distribución equitativa + Regularización dominial + Uso responsable basado en Buenas practicas de manejo y Conservación de los suelos.

A estas variables deben incorporarse otros instrumentos estratégicos:

– Planificación y ordenamiento territorial.

– Parámetros claros de tenencia.

– Uso del suelo según su aptitud.

– Mecanismos eficaces de control.

– Asistencia técnica y financiera.

– Infraestructura rural (vivienda, caminos, electrificación, conectividad, educación y salud).

– Fortalecimiento de la competitividad de las economías regionales.

Ninguna de estas políticas, por sí sola, resulta suficiente. Su eficacia depende de una visión integral del territorio y de una adecuada articulación entre los distintos niveles del Estado.

Tierra, soberanía y planificación estratégica

La extranjerización de la tierra no puede analizarse exclusivamente desde la titularidad registral de los inmuebles rurales. También requiere considerar el control efectivo sobre recursos estratégicos: accesos, cursos de agua, nacientes, costas, corredores ambientales, áreas forestales y territorios ubicados en zonas de frontera.

La soberanía en el siglo XXI no se limita exclusivamente a la delimitación física de las fronteras. También comprende la capacidad del Estado para decidir sobre el uso del suelo, garantizar el acceso al agua, proteger los ecosistemas, evitar concentraciones que generen posiciones dominantes y orientar el aprovechamiento de los recursos naturales en función del interés colectivo.

Por ello, el debate sobre la tierra es esencialmente un debate político: expresa distintas concepciones sobre el desarrollo, la propiedad, el territorio y el rol del Estado.

No se trata de rechazar inversiones ni de negar la importancia del capital privado para el crecimiento económico. El desafío consiste en promover inversiones productivas que generen empleo, innovación y agregado de valor, preservando al mismo tiempo la capacidad estratégica del Estado.

Una mirada geopolítica sobre los recursos estratégicos

En un escenario internacional marcado por crecientes disputas por el agua, los alimentos, la energía, los bosques y la biodiversidad, la tierra adquiere una relevancia estratégica creciente.

Por eso, la discusión no debería limitarse al funcionamiento del mercado inmobiliario rural, sino ampliarse hacia una pregunta fundamental: ¿Qué modelo de desarrollo y qué proyecto de país queremos construir?

El problema no reside exclusivamente en la nacionalidad de quien posee una determinada superficie, sino en la combinación de factores que pueden comprometer el interés nacional:

》La concentración territorial;

》La localización estratégica de determinados inmuebles;

》El acceso y control sobre recursos naturales; y

》La capacidad regulatoria del Estado.

La tierra como política de Estado

La tierra constituye uno de los principales activos estratégicos de una Nación. Su administración responsable permite fortalecer las economías regionales, proteger el patrimonio natural, promover un desarrollo equilibrado y consolidar la soberanía territorial.

En definitiva, la tierra es mucho más que un bien patrimonial o el objeto de un debate sobre intereses sectoriales. Constituye el soporte físico del desarrollo, la producción, la conservación ambiental y la identidad territorial de una Nación. Administrarla con visión estratégica no significa restringir el progreso, sino garantizar que ese progreso responda al interés general y fortalezca las oportunidades de las generaciones presentes y futuras.

El desafío de la dirigencia política es transformar la política de tierras en una verdadera Política de Estado: con visión federal, perspectiva intergeneracional y compromiso permanente con el interés nacional, el desarrollo sostenible y el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Solo desde una visión estratégica e integral será posible garantizar que la tierra continúe siendo un factor de producción, de cohesión territorial y de soberanía para la Nación.

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La industria sigue siendo central para el empleo, pero pierde escala en Misiones

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La industria manufacturera continúa siendo la principal empleadora formal de Misiones, pero los datos oficiales muestran que esa posición se sostiene sobre una base cada vez más reducida. Más allá de la estacionalidad propia de actividades como la yerba mate o el té, el empleo industrial exhibe una tendencia descendente que ya acumula tres años consecutivos y alcanza a la mayor parte del entramado productivo provincial.

Lejos de tratarse de un fenómeno aislado o concentrado en un puñado de actividades, la pérdida de puestos de trabajo atraviesa a buena parte de las cadenas industriales de la provincia. 

Al mismo tiempo, la elevada concentración del empleo en pocos rubros amplifica los riesgos: cualquier retroceso en la foresto-industria, la yerba o el té tiene efectos directos sobre la dinámica laboral de numerosas localidades del interior.

El problema, por lo tanto, no es que la industria haya dejado de ser relevante. Es exactamente el contrario: sigue siendo demasiado importante para Misiones como para naturalizar que año tras año funcione con menos trabajadores.

La industria misionera exhibe una caída que excede la estacionalidad. En enero de 2023, la industria manufacturera misionera registraba 20.287 trabajadores asegurados, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). En julio de ese año alcanzó un pico de 21.741 puestos, coincidente con el período de mayor actividad de la cosecha y el procesamiento de yerba mate y té. 

Desde entonces, la tendencia fue mayormente descendente. En abril de 2026, último dato disponible, el sector contabilizó 18.895 trabajadores. Esto implica una pérdida de 2.846 puestos respecto del máximo de julio de 2023, equivalente a una contracción del 13,1%. 

Frente a abril de 2025, la reducción fue de 1.312 empleos, es decir, un 6,5%; y respecto de noviembre de 2023, el retroceso alcanza a 1.425 trabajadores (-7,0%).

Si se mira el dato en promedios anuales, el empleo industrial promedió 20.929 trabajadores en 2023, bajó a 20.234 en 2024 y volvió a reducirse hasta 19.765 en 2025. En los primeros cuatro meses de 2026, el promedio se ubicó en apenas 18.477 puestos. Esta distinción es importante porque la industria misionera presenta una estacionalidad marcada, pero esa estacionalidad puede explicar ciertos movimientos dentro del año, pero no la tendencia descendente que se consolida desde 2023

La foresto-industria muestra dos velocidades. La cadena forestal es uno de los principales pilares productivos de Misiones, aunque su comportamiento interno dista de ser uniforme. El aserrado y cepillado de madera nativa pasó de 1.923 trabajadores en noviembre de 2023 a 1.135 en abril de 2026. La pérdida de 788 puestos (-41,0%) constituye la mayor caída absoluta entre todos los rubros industriales relevados en la provincia. 

En sentido contrario, el aserrado y cepillado de madera implantada incrementó su dotación en 147 trabajadores (+5,0%) y alcanzó los 3.066 puestos. Con ese volumen se consolidó como la segunda actividad industrial con mayor empleo de Misiones. La fabricación de pasta de madera también mostró un desempeño positivo: sumó 61 trabajadores (+4,5%) y llegó a 1.416 puestos.

Estos resultados muestran que no existe una contracción homogénea de toda la actividad forestal. Sin embargo, el crecimiento de la madera cultivada y la pasta celulósica convive con fuertes retrocesos en otros eslabones. 

La fabricación de hojas de madera para enchapado perdió 206 puestos (-27,0%); la producción de muebles de madera, 64 (-37,0%); y la instalación de maquinaria y equipos industriales redujo su personal en 52 trabajadores (-41,0%). A su vez, la fabricación de carpintería metálica cayó a la mitad, con 95 empleos menos.

El dato relevante es que el deterioro se concentra, en buena medida, en actividades vinculadas con una mayor transformación del recurso. 

Mientras resisten o crecen algunos segmentos de base, retroceden rubros como muebles, enchapados y carpintería, que permiten agregar valor, diversificar la producción y generar más empleo por unidad procesada. 

Por eso, el balance de la cadena no puede considerarse favorable únicamente porque la madera implantada exhiba una evolución positiva.

En la yerba y el té se observa una estabilidad relativa sobre una base frágil. La elaboración de yerba mate es el principal rubro industrial de Misiones. En abril de 2026 empleaba a 3.816 trabajadores, alrededor de uno de cada cinco puestos manufactureros de la provincia. Si se compara esa cifra con noviembre de 2023, la dotación permaneció prácticamente estable (+0,3%), aunque en la comparación interanual (es decir, vs. abril 2025) perdió 255 empleos (-6,3%).

También aquí la estacionalidad obliga a interpretar los datos con cautela. El empleo yerbatero pasa de promedios de entre 3.607 y 3.671 trabajadores durante noviembre y diciembre a cerca de 4.903 en julio. Esa diferencia refleja el peso de la cosecha y la molienda sobre la demanda laboral. Pero la elevada amplitud estacional también expone la sensibilidad del sector: cualquier deterioro en el nivel de actividad, los precios o el consumo repercute rápidamente sobre miles de empleos temporarios y permanentes.

El té presenta una trayectoria más claramente contractiva. Con 1.691 trabajadores en abril de 2026, la preparación de hojas de té perdió 125 puestos desde noviembre de 2023 (-6,9%) y otro 3,2% frente al mismo mes de 2025. No es la caída más profunda del entramado industrial, pero sí una reducción sostenida en una de las actividades más relevantes de la provincia.

El tabaco aparece como una excepción. La elaboración de productos de tabaco pasó de 248 trabajadores en noviembre de 2023 a 654 en abril de 2026, un incremento del 164%. Sin embargo, se trata de un rubro de menor escala y con oscilaciones pronunciadas, por lo que su expansión no alcanza para modificar el diagnóstico general ni permite afirmar todavía que exista una tendencia consolidada de crecimiento.

Hay un deterioro extendido y, a la vez, concentrado. El cuadro no se agota en las principales economías regionales. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, 57 de los 85 rubros industriales relevados en Misiones redujeron su dotación de personal, mientras que solo 23 la incrementaron. En la comparación interanual más reciente, 50 actividades registraron caídas y 31 mostraron aumentos.

La amplitud del retroceso permite descartar la idea de una crisis limitada a uno o dos sectores. La panadería industrial perdió 119 puestos desde noviembre de 2023 (-15,8%); la fabricación de calzado de otros materiales se redujo 94,3% y quedó con apenas 19 trabajadores; y otros rubros de escala media o pequeña también achicaron sus planteles. 

Hubo algunos pocos desempeños positivos (como la maquinaria agropecuaria y forestal o los envases de papel) pero parten de bases reducidas y no compensan las bajas de las actividades de mayor tamaño.

A la extensión del deterioro se suma un problema estructural: solo cinco rubros (yerba mate, aserrado de madera implantada, preparación de té, pasta de madera y aserrado de madera nativa) concentran el 58,9% del empleo industrial provincial mientras que los diez principales explican el 72,2% del total. Esa concentración otorga escala a cadenas históricas y profundamente arraigadas en la provincia, pero también limita la capacidad de amortiguar las crisis. Cuando una de ellas enfrenta problemas de demanda, costos, precios o competitividad, existen pocas actividades alternativas con suficiente tamaño como para absorber el impacto laboral. 

El desempeño provincial se inscribe en un escenario nacional igualmente adverso. Según la misma base de la SRT, la industria manufacturera argentina fue el sector que más empleo formal perdió en términos absolutos entre noviembre de 2023 y abril de 2026: 82.173 puestos menos. En ese período también dejaron de registrarse 3.617 empleadores industriales. La coincidencia entre la dinámica provincial y la nacional no elimina las particularidades de Misiones; por el contrario, las vuelve más relevantes. En la provincia, la industria no constituye una actividad más dentro de una estructura productiva, sino uno de los principales sostenes del empleo formal. Por eso, una contracción manufacturera de alcance nacional puede generar efectos económicos y laborales más profundos en la provincia.

El diagnóstico muestra una industria que conserva su centralidad, pero pierde escala. Esto se observa tanto en el descenso del empleo agregado como en la cantidad de rubros con menos trabajadores. Aunque existen excepciones positivas, todavía son insuficientes para revertir el resultado general.

El desafío para Misiones no pasa solamente por sostener a la yerba, el té o la foresto-industria (que sin duda, debe hacerlo), sino también por fortalecer los segmentos de mayor transformación y promover nuevas actividades capaces de ampliar la matriz productiva. La competitividad, el acceso al crédito, la infraestructura, la logística y la incorporación de tecnología son condiciones necesarias para que el sector recupere capacidad de inversión y generación de empleo. Pero más necesario aún es contar con una política económica nacional que acompañe a las economías regionales, en lugar de castigarlas.

En definitiva, que la industria continúe siendo el principal empleador formal de la provincia no debería ocultar el proceso de achicamiento que atraviesa. Misiones necesita preservar sus pilares productivos, pero también construir una base más amplia para que la próxima recuperación no dependa exclusivamente del comportamiento de los mismos sectores de siempre.

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Argentina ya supera las 380.000 hectáreas bajo certificación forestal con estándares PEFC

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La gestión forestal sostenible continúa ganando terreno en Argentina. Actualmente, el país supera las 380.000 hectáreas certificadas bajo el sistema PEFC, un crecimiento que refleja el compromiso creciente de empresas y productores forestales con estándares internacionales que promueven la producción responsable, la conservación de los recursos naturales y la mejora continua de las prácticas de manejo.

En total, 380.692,51 hectáreas cuentan hoy con certificación PEFC de Gestión Forestal Sostenible, distribuidas en cinco provincias estratégicas para el desarrollo forestoindustrial: Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe. La superficie certificada se encuentra respaldada por 10 certificados activos, cinco correspondientes a empresas individuales y cinco a esquemas grupales que integran pequeños y medianos productores forestales, ampliando el acceso a la certificación y fortaleciendo las economías regionales.

Más allá de la superficie alcanzada, uno de los aspectos más relevantes es el modelo de gestión que impulsa la certificación. Del total certificado, el 57% corresponde a áreas gestionadas con fines productivos, mientras que el 47% se administra activamente con objetivos de conservación de sus atributos ambientales y sociales, integrando biodiversidad, protección de ecosistemas y producción en un mismo esquema de manejo sostenible.

En la práctica, esto significa que nueve de los diez certificados vigentes combinan plantaciones forestales destinadas a la producción con áreas específicamente gestionadas para la conservación, mientras que otro certificado corresponde a bosques nativos manejados bajo criterios de producción y conservación sostenible.

“La certificación forestal es mucho más que un reconocimiento técnico. Representa una herramienta concreta para demostrar, con auditorías independientes y estándares internacionalmente reconocidos, que la producción forestal puede desarrollarse de manera responsable, equilibrando competitividad, cuidado ambiental y compromiso con las personas”, destaca Florencia Chavat, responsable de PEFC Argentina.

El estándar PEFC contempla requisitos que abarcan la protección y mejora de la biodiversidad, la conservación de áreas de alto valor ecológico, la prohibición de conversiones forestales, el respeto por los derechos de las comunidades y de los pueblos indígenas, el cumplimiento de la legislación vigente, la promoción de condiciones laborales adecuadas, la igualdad de trato, la mejora continua y la implementación de prácticas positivas para el clima, entre muchos otros aspectos.

Este enfoque integral permite que la certificación trascienda el ámbito forestal y genere valor para toda la cadena de suministro. La madera, el papel, el cartón, los pallets y otros productos forestales provenientes de bosques certificados ofrecen a las industrias una garantía de trazabilidad y abastecimiento responsable, cada vez más valorada por los mercados nacionales e internacionales.

El crecimiento de la superficie certificada también refleja una tendencia global: consumidores, empresas e inversores demandan cada vez mayor transparencia sobre el origen de los productos que utilizan y comercializan. En ese contexto, la certificación PEFC se consolida como una herramienta estratégica para acompañar el desarrollo sostenible del sector forestal argentino, fortaleciendo su competitividad y abriendo nuevas oportunidades comerciales en los mercados más exigentes.

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El sector foresto industrial presentó una agenda común para crecer

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Mientras gran parte del debate económico argentino gira en torno a cómo generar divisas, empleo y crecimiento federal, el sector foresto-industrial sostiene que una parte importante de esa respuesta ya existe. Con una de las mayores disponibilidades de recursos forestales de la región, capacidad para atraer inversiones, industria instalada, tecnología, conocimiento y una demanda internacional en expansión por productos renovables, Argentina cuenta con condiciones objetivas para ampliar su participación en los mercados globales, desarrollar nuevas inversiones y consolidar una bioeconomía con fuerte impacto territorial.

Ese fue el eje central del encuentro organizado por el Consejo Foresto Industrial Argentino (CONFIAR) en el marco de la Exposición Rural de Palermo, donde representantes de las principales entidades de la cadena compartieron diagnósticos, cifras y propuestas para demostrar el protagonismo del sector a la hora de aportar a una verdadera política de desarrollo.

Un recurso estratégico que todavía tiene margen para multiplicar su impacto

Con la coordinación general de Claudia Peirano, directora ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), el punto de partida estuvo a cargo de Pablo Ruival, presidente de la entidad, quien describió la magnitud del patrimonio forestal argentino y el potencial aún no desarrollado de la actividad.

Argentina cuenta con aproximadamente 1,36 millones de hectáreas de bosques cultivados, con elevados niveles de productividad y una disponibilidad creciente de madera proveniente de plantaciones sostenibles. Sin embargo, esa fortaleza todavía no encuentra un correlato en el comercio internacional.

Mientras el país exporta alrededor de 700 millones de dólares anuales en productos foresto-industriales, Uruguay supera los 3.000 millones, Chile ronda los 6.500 millones y Brasil supera ampliamente los 17.000 millones. Esta diferencia refleja tanto la brecha existente como el enorme margen de crecimiento disponible para la Argentina. Ruival sostuvo que el país dispone de condiciones naturales, productividad, experiencia técnica y estándares de manejo forestal capaces de posicionarlo entre los principales proveedores mundiales de productos forestales sostenibles, siempre que logre consolidar un marco de previsibilidad para nuevas inversiones.

Integrar producción forestal y ganadera: una oportunidad para producir más en la misma superficie

La mirada sobre el desarrollo territorial se amplió con la presentación de Ignacio Méndez Cunill, representante de la Comisión de Forestación y Bosques Nativos de la SRA, quien expuso el potencial de los sistemas silvopastoriles como modelo de integración entre forestación y ganadería. Lejos de representar actividades competitivas entre sí, explicó que ambos sistemas pueden complementarse, mejorando el aprovechamiento de la tierra, diversificando ingresos, favoreciendo el bienestar animal y fortaleciendo la sustentabilidad de los establecimientos productivos.

El desarrollo de estos modelos aparece, además, como una alternativa especialmente atractiva para numerosas regiones del país, al permitir combinar producción, conservación y agregado de valor dentro de un mismo esquema productivo.

Carbono: una oportunidad que trasciende el ambiente y abre nuevos negocios

La transición hacia economías bajas en carbono también ocupó un lugar central durante la jornada. Federico Moyano, representante de la Mesa Argentina de Carbono y presidente de ProSustentia, explicó que los mercados voluntarios de carbono se consolidan como una de las herramientas de mayor crecimiento a nivel internacional y representan una oportunidad concreta para que Argentina genere nuevas fuentes de ingresos asociadas a la captura y reducción de emisiones.

Los proyectos forestales se ubican entre los principales generadores de créditos de carbono a escala global, lo que abre posibilidades para atraer inversiones, fortalecer economías regionales y diversificar la rentabilidad del sector. Más allá del componente ambiental, el mercado de carbono fue presentado como una herramienta económica capaz de impulsar la innovación, el financiamiento y el desarrollo productivo, integrando a la actividad forestal dentro de una de las agendas de mayor dinamismo en la economía mundial.

Competitividad y agregado de valor: la oportunidad de industrializar más madera en Argentina

La competitividad fue otro de los ejes centrales del encuentro. Desde FAIMA, Daniel Vier, secretario general de la entidad, sostuvo que el crecimiento de la cadena requiere políticas de Estado capaces de brindar previsibilidad, promover inversiones y estimular el agregado de valor dentro del país. En ese escenario, destacó el potencial de la construcción con madera como una herramienta estratégica para ampliar el mercado interno, acelerar los tiempos de obra, incorporar innovación tecnológica y generar empleo industrial de mayor calidad.

Vier remarcó además que fortalecer la competitividad no solo implica producir más, sino también desarrollar nuevos mercados, incrementar las exportaciones y consolidar una industria capaz de transformar localmente un recurso renovable de enorme disponibilidad.

Cuando los residuos se convierten en energía y desarrollo

La bioenergía fue presentada como otro de los grandes vectores de crecimiento para la cadena. Osvaldo Kovalchuk, presidente de ASORA, mostró cómo la producción de pellets permite transformar subproductos forestales en un combustible renovable con creciente demanda internacional, promoviendo un mejor aprovechamiento del recurso y fortaleciendo la economía circular.

Además de reducir desperdicios, esta industria contribuye a diversificar la matriz energética, generar nuevas inversiones y ampliar las oportunidades de agregado de valor en origen, especialmente en las regiones forestales.

Innovación, celulosa y papel: un sector que acompaña la transformación de la economía

El recorrido por la cadena concluyó con la presentación de Juan Sackmann, presidente de AFCP, quien expuso el papel estratégico que cumplen las industrias de la celulosa y el papel dentro de la bioeconomía. La creciente demanda mundial de envases sostenibles, empaques renovables y materiales de origen forestal posiciona a esta industria frente a nuevas oportunidades de crecimiento, impulsadas por la sustitución progresiva de materiales fósiles y la expansión del comercio electrónico. En ese contexto, Sackmann destacó la necesidad de continuar incorporando innovación, eficiencia y sostenibilidad como pilares para fortalecer la competitividad de toda la cadena.

Una agenda común para transformar el potencial en desarrollo

En el cierre, el subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal de la Nación, Manuel Chiappe, destacó el valor estratégico de la foresto-industria para el desarrollo productivo del país y la necesidad de generar condiciones que favorezcan la inversión, la competitividad y el agregado de valor. También acompañó la jornada la directora nacional de Forestoindustria, Sabina Vetter, ratificando el acompañamiento institucional a una actividad considerada clave dentro de la agenda de bioeconomía.

Más allá de las particularidades de cada presentación, todos los expositores coincidieron en un mismo diagnóstico: Argentina posee recursos, conocimiento, capacidad industrial y oportunidades concretas para invertir y crecer, pero necesita consolidar un entorno competitivo que permita transformar esas ventajas comparativas en empleo, exportaciones, desarrollo regional e inversiones de largo plazo.

El encuentro dejó un mensaje compartido: la foresto-industria argentina ya no necesita demostrar que posee recursos, conocimiento técnico o capacidad productiva. El verdadero desafío consiste en convertir esas fortalezas en una estrategia sostenida que permita atraer inversiones, ampliar exportaciones, generar empleo de calidad y consolidar al sector como uno de los grandes motores de la bioeconomía nacional.

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Día del árbol: soluciones basadas en la naturaleza para enfriar las ciudades y potenciar el desarrollo

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Es una fecha que invita a reflexionar sobre el papel que tienen en nuestra vida cotidiana los árboles y en el desarrollo de soluciones concretas para los principales desafíos ambientales, productivos y sociales de nuestro tiempo.

Mucho más que un elemento más del paisaje, los árboles son protagonistas de las denominadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN): estrategias que aprovechan los procesos ecológicos para mejorar la calidad de vida de las personas, fortalecer la resiliencia de los territorios y generar beneficios económicos de largo plazo.

“Además de transformarse en bienes indispensables como madera, papel o energía, los árboles —tanto plantados como nativos— cumplen una función mucho más amplia: generar soluciones ecosistémicas para los desafíos más exigentes de nuestra era”, destacan desde la Asociación Forestal Argentina (AFoA).

Alivio térmico frente a las olas de calor urbanas

En las ciudades, los árboles se han convertido en aliados estratégicos frente al aumento global de las temperaturas. Estudios científicos demuestran que el arbolado urbano y los espacios verdes logran reducir la temperatura del aire entre 2 °C y 5 °C en áreas metropolitanas densas, mientras que la sombra proyectada mantiene el suelo y el asfalto hasta 12 °C más frescos en los meses de verano.

A través de la evapotranspiración —el proceso por el cual liberan vapor de agua a la atmósfera—, las masas forestales urbanas actúan como sistemas de “aire acondicionado” naturales, mitigando el efecto de isla de calor de manera eficiente, económica y accesible.

El motor de la bioeconomía: Construcción, embalajes y energía

Pero la importancia de los árboles trasciende el entorno urbano. Hoy asistimos a un cambio de paradigma global donde la bioeconomía y la economía circular encuentran en el recurso forestal a su mayor proveedor.

Por un lado, la madera gana protagonismo como el material constructivo del futuro en la arquitectura sostenible debido a su excelente eficiencia estructural y su capacidad única para almacenar carbono a largo plazo. Por el otro, las fibras celulósicas avanzan a paso firme en el reemplazo de los plásticos de un solo uso en envases y embalajes, al tiempo que los residuos de manejo forestal se consolidan como biocombustibles clave para la transición energética.

En este escenario, los proyectos vinculados a la forestación, el manejo sostenible y la restauración no solo protegen los recursos hídricos y la biodiversidad, sino que desempeñan un papel cada vez más dinámico en el financiamiento climático y los mercados de carbono, abriendo nuevas oportunidades de desarrollo y empleo para las comunidades rurales.

En un mundo que busca respuestas urgentes para crisis complejas, los árboles siguen demostrando que algunas de las soluciones más eficaces llevan siglos funcionando.

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